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¿Puede la actividad plástica ayudar en el tratamiento de personas con trastornos mentales severos?


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Universidad de Chile

Facultad de Ciencias Sociales

Departamento de Psicología

Memoria para optar al Título de Psicólogo



¿Puede la actividad plástica ayudar en el tratamiento de personas con trastornos mentales severos?

Los efectos terapéuticos del Arte- terapia —

Alumna: Paulina Morales Häfelin


Profesora Patrocinante: Ps. Ruth Weinstein Aranda
Profesional Colaborador: Ps. y Máster en Arte- terapia Pamela Reyes Herrera

Detrás de las perturbaciones, en la mayoría de las veces, palpita una personalidad viva e intensa cuyos sentimientos son iguales a los de todos los seres humanos. Estos pacientes han conservado todas las calidades de la existencia humana, a menudo, las más sensitivas…”


H. Baruc, Le sentiment de la personnalité, la dépersonnalisation et la cénésthesie

La condición humana es que nuestro estado natural es como la más creativa, resiliente, ingeniosa e innovadora criatura del universo…Estos recursos humanos innatos son la clave para cualquier entendimiento holístico de la salud. Esto es también, ser inevitablemente confrontado a la pérdida, el daño, el dolor y el pesar. Las artes son cruciales en ambos lados de esta moneda: ellas median la celebración, la alegría y las producciones especiales, tan bien como permiten la expresión, contención y comprensión de los aspectos más oscuros y tristes de la vida”.


Malcolm Learmouth, Asociación Británica de Arte- terapeutas

ÍNDICE


RESUMEN……………………..……………………………………………………...……5

PALABRAS CLAVE………………………………………………………………...…......5
I. INTRODUCCIÓN……………………………………..…………………………………...6
II. OBJETIVOS…...………………………………………………………………….....……10

2.1 Objetivo General…………...……………….………………………………………..10

2.2 Objetivos específicos……………………………………………….……………….10
III. TRASTORNOS MENTALES SEVEROS………………………………………….......11

3.1 Definición……………………………………………………………….………….…11

3.2 Principales problemas y necesidades de las personas que tienen un Trastorno

Mental Severo (TMS)…………………………………………………..……………..…13
IV. EL ARTE- TERAPIA O TERAPIA ARTÍSTICA........................................................17

4.1 Definición y conceptos principales………….……………….……………….....…17
V. EL ARTE- TERAPIA CON TRASTORNOS MENTALES SEVEROS (TMS): ASPECTOS TEÓRICOS………………………………………………...………………20

5.1 El arte en la vida del ser humano de todos los tiempos…….……….........…….20


5.2 Actividad plástica y salud mental………………….………………...……..………24

5.2.1. El simbolismo de las imágenes……………………………..…………..29

5.3 Creatividad y proceso creador en la enfermedad mental severa…….…..….…30

5.3.1. Entendiendo la creatividad y el proceso creador…………………......30

5.3.2. Cuando el individuo con algún trastorno mental severo

logra crear una obra plástica………………………………………...…………34
VI. ¿QUÉ ES EL ARTE- TERAPIA CON PERSONAS QUE PADECEN

UN TRASTORNO MENTAL SEVERO?..................................................................36



6.1 La historia del arte- terapia con TMS………………………………..….…………36
6.2 Aspectos generales del arte- terapia como tratamiento en salud mental

y rehabilitación psicosocial para pacientes con TMS……………..……….………...37


  1. PUBLICACIONES RECIENTES RELACIONADAS CON LOS

EFECTOS TERAPÉUTICOS DEL ARTE- TERAPIA CON TMS……...…………….40

7.1 Efecto Terapéutico. Definición………………………………………….…………..40

7.2 Publicaciones basadas en observaciones clínicas………..………….………….41

7.3 Metaanálisis………………………………..……………………………….….….…54

7.4 Estudios de efectividad basados en la metodología cuantitativa y cualitativa

en forma complementaria……………………………………………………...…….….55
VIII. CONCLUSIONES Y DISCUSIÓN…………………………………………………...…58
IX. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS……………………………………………………64
APÉNDICE………………………………………………………………...………….…..69

RESUMEN

El arte- terapia, intervención que utiliza la actividad plástica en un entorno terapéutico, paulatinamente desde los años 50, se ha incorporado al tratamiento de población adulta con trastornos mentales severos (TMS). Los resultados de esta experiencia tienden a ser positivos. Pero, actualmente en el mundo, esta disciplina aún no logra validarse en el ámbito de la salud mental. Esta memoria consiste en una revisión bibliográfica de los fundamentos teóricos del trabajo arte- terapéutico con TMS y de publicaciones relevantes sobre sus resultados. Se concluye que esta disciplina con TMS posee una forma de trabajo justificada por un cuerpo teórico coherente y es incapaz de dañar a estos pacientes. Además, los efectos terapéuticos reportados por las publicaciones sistematizadas no son estadísticamente y clínicamente significativos, pero coinciden en que abarcan áreas como: ego (yo) o self, autoestima, relaciones interpersonales o interacción social, síntomas psiquiátricos (estado mental) y orientación de la realidad del paciente. Estas conclusiones servirían como base o hipótesis para que futuros estudios empíricos sobre resultados del arte- terapia con TMS, obtengan información definitiva que la consagren como una forma de terapia válida para estos pacientes.




PALABRAS CLAVE: arte- terapia, trastornos mentales severos (TMS), actividad plástica, creatividad, efectos terapéuticos.

I. INTRODUCCIÓN

A partir de los años 50 aproximadamente, el arte- terapia o terapia artística como intervención para población adulta con trastornos mentales severos (TMS), se ha ido convirtiendo en un complemento del tratamiento habitual que recibe esta población (farmacoterapia, psicoterapia o terapia de apoyo, rehabilitación psicosocial, principalmente). Este fenómeno ocurre primero en Europa, para luego expandirse a otros países del mundo, incluido Chile. Este florecimiento del arte- terapia con personas que sufren TMS, se debe a las experiencias positivas obtenidas a nivel terapéutico con la utilización de esta disciplina en estos pacientes, quienes poseen complejos problemas y necesidades que no siempre se atenúan con el solo uso de medicación. Por lo tanto, el arte- terapia comienza a ser ampliamente elegida como parte del tratamiento de esta población, según lo cuentan algunas encuestas (Ministerio de Salud del Reino Unido, 2000). Sin embargo, es una disciplina que aún no logra la aceptación necesaria en el ámbito de la salud mental, siendo una situación que se experimenta a nivel mundial. Lo que se requiere es una labor de definición y unificación de criterios, para lo cual hacen falta investigaciones académicas por parte de las universidades, vía importante para lograr el reconocimiento institucional del arte- terapia en los diferentes países (5º Congreso de ECARTE [European Consortium for Arts Therapies Education] sobre arte- terapia, 1999, Septiembre citado en Vassiliadou, 2001). Es por ello, que la presente memoria intentará ser un aporte en la línea investigativa del arte- terapia, específicamente de aquel enfocado a personas con TMS, al intentar acercarse a definir el rol que cumple esta intervención en el tratamiento de esta población. Este hecho aportaría al desarrollo y consolidación de esta incipiente profesión tanto en Chile, como en el resto del mundo.

Al hablar de trastornos mentales severos (TMS), se está considerando el ámbito de la psicosis principalmente, por lo tanto, las dificultades que presentan quienes padecen estos trastornos son de la gravedad de: “incapacidad para distinguir realidad interna y externa, pérdida del sentido de realidad, (...) alteraciones importantes en las funciones mentales y en la conducta, graves dificultades en la comunicación” (Reyes, 2003, p. 229). Todo ello, repercute seriamente en la calidad de vida de estas personas, quienes generalmente, son marginadas y estigmatizadas por la sociedad. El motivo por el cual se escoge en esta memoria a las personas que tienen un TMS, tiene que ver con una característica relacionada con lo anterior: el abandono que sufren desde el punto de vista humano, tanto en el ambiente de la salud mental, como en el medio social. Es que son personas que padecen trastornos tan complejos y graves, que generalmente, su tratamiento se centra en la farmacoterapia, siendo pocos los profesionales del área que se atreven a realizar un trabajo más cercano a la psicoterapia con estos pacientes (Wood, 2002). Mientras tanto, en la sociedad son personas rechazadas e incomprendidas. De este modo y considerando, sobre todo, las limitaciones verbales que presentan estos pacientes, siempre ha sido un desafío realizar un trabajo psicoterapéutico tradicional (usando el lenguaje verbal) con personas con TMS, incluso muchos de estos profesionales de la salud mental han descartado esta posibilidad por considerarla casi insostenible. Así, para “muchas escuelas de psicoterapia, la psicosis o la propensión hacia ella, son criterios de exclusión definitivos” (Lakeman, 2006), a pesar de conocerse recientemente, datos alentadores respecto de la costo- eficacia de los enfoques psicoterapéuticos en el manejo de la psicosis, en combinación con la farmacoterapia (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2001). Sin embargo, se han comenzado a realizar mayores esfuerzos en salud mental, para mejorar el tratamiento integral necesario para estos pacientes. Este panorama se ha dado en varios países, fundamentalmente en aquellos más desarrollados, sobre todo en las últimas dos décadas, dándose énfasis en el área de la rehabilitación. Pero, en Chile esto ha tardado más en ocurrir, puesto que los verdaderos intentos en este ámbito se iniciaron recién hace unos diez años atrás, por lo que todavía queda mucho que hacer para llegar a conferir el tratamiento integral más óptimo a quienes tienen TMS y así, mejorar verdaderamente la calidad de vida de estas personas (Psicosis: diagnóstico, etiología y tratamiento, 2003).

Por lo tanto, parece relevante ofrecer otras alternativas de tratamiento a estas personas, que logren humanizarlas y considerar sus necesidades específicas propias del trastorno que sufren, pero además, aquellas que aparecen cuando la enfermedad disminuye o está inactiva y que se relacionan con sus deseos de reinserción en la comunidad y el cumplimiento de sus objetivos personales. De este modo, el arte- terapia surge como un camino para quienes tienen un TMS. Esta disciplina utiliza la práctica artística visual (pintura, dibujo, collage, escultura, etc.) en un entorno terapéutico (Dalley, 1987), constituyéndose en una herramienta terapéutica alternativa de acceder al mundo interno de las personas con TMS. Salta la barrera del lenguaje verbal (afectado en los TMS) para intentar una comprensión del paciente, valiéndose de la imagen o el arte visual (medio no verbal) para construir un puente comunicativo entre paciente y terapeuta. Según la bibliografía disponible, la implementación del arte- terapia en este grupo, les reporta grandes beneficios que repercuten en su calidad de vida. Por ello, junto con aumentar su incorporación en el tratamiento de personas con TMS, comenzó a ser un área interesante de investigación, fundamentalmente para el arte- terapia misma y para una disciplina relacionada, la psicología. Este impulso fue más fuerte en los años 90, como parte de un intento de esta joven disciplina de validarse entre aquellas ya consagradas en el ámbito de la salud mental.

De esta manera, existen publicaciones hasta la fecha, que abordan aspectos ligados a los efectos terapéuticos del arte- terapia dirigida a pacientes adultos con TMS. Por este motivo, parece relevante sistematizar aquellos artículos que hacen visible el trabajo de los arte- terapeutas y los resultados alcanzados en personas con TMS. El objetivo es aprovechar los datos descritos, construyendo una base desde la cual dirigir futuras investigaciones de carácter empírico que, definitivamente, validen el arte- terapia con estos pacientes como una disciplina que interviene en forma beneficiosa en su tratamiento. Esta memoria teórica intenta realizar dicha sistematización de los datos referidos en las publicaciones más enriquecedoras en términos de resultados del arte- terapia en TMS, emprendidas hasta hoy, además de exponer los fundamentos teóricos que sustentan esta disciplina, para así poder responder las preguntas principales de la presente memoria: ¿Puede la actividad plástica visual ayudar en el tratamiento de personas con TMS?, ¿Cuáles son los efectos terapéuticos del arte- terapia como intervención para este grupo?

La bibliografía de primera y segunda fuente seleccionada, sigue los criterios relacionados con la temática de este estudio, las contribuciones en cuanto a efectos terapéuticos y el enfoque teórico de la psicología que permite explicar estos efectos y conceptos relacionados. El enfoque teórico principal escogido para este estudio, incluye corrientes posteriores a Freud, como el grupo británico (Donald Winnicott, Michael Balint) y la corriente post- kleiniana (Wilfred Bion, Donald Meltzer). Son elegidas por sus abordajes de los trastornos mentales graves, la psicoterapia con estos pacientes y sus concepciones sobre creatividad, que coinciden con las principales concepciones encontradas por la autora sobre arte- terapia en personas con TMS y que también serán descritas en esta memoria, lo que le otorga coherencia a esta estudio teórico. Sin embargo, la preponderancia de los enfoques post- freudianos de la psicología en este estudio, no excluyen la consideración de ideas pertenecientes a otros enfoques (como el humanista, por ejemplo) para sustentar el trabajo arte- terapéutico con TMS, puesto que la actual memoria trata fundamentalmente de esta disciplina, la cual trasciende los alcances de cualquier teoría sobre psicoterapia y psicología. Es de este modo, como el arte- terapia para pacientes con TMS, tiene sus orígenes en diversas disciplinas (psicología, arte, educación artística, etc.), las cuales integra de diversos modos. Así, se genera una forma de intervención terapéutica nueva que, según la bibliografía encontrada, parece aportar beneficios en muchos aspectos a los pacientes que trata, sobre todo a quienes sufren un trastorno mental severo, hipótesis que se intentará comprobar en la actual memoria.

El presente estudio tendrá una orientación teórica y se enmarca dentro de la metodología cualitativa, adquiriendo un carácter documental, exploratorio y descriptivo. Se utilizará la metodología cualitativa, puesto que lo central es producir datos descriptivos acerca del fenómeno del arte- terapia en pacientes que padecen trastornos mentales severos (TMS), sobre todo en cuanto a los efectos terapéuticos que tiene en este grupo (Taylor & Bogdan, 1994). Esta memoria será documental, ya que la información se recogerá de documentos publicados como libros, tesis y artículos científicos (tanto en versiones escritas como electrónicas). El carácter exploratorio, se debe a que el tema del arte- terapia en pacientes que padecen trastornos mentales severos, ha sido poco estudiado hasta la fecha, existiendo escasas publicaciones específicas, sobre todo en idioma español (la mayoría son en inglés). Por último, este estudio será de tipo descriptivo, porque intentará especificar propiedades importantes del fenómeno del arte- terapia en personas con trastornos mentales severos, al ser analizado principalmente, en torno a los efectos terapéuticos que esta intervención tendría en esta población (Dankhe, 1986 citado en Hernández, Fernández & Baptista, 1991).

Por tanto, la herramienta metodológica principal que se utilizará para lograr los objetivos de esta memoria, será la revisión bibliográfica de fuentes primarias y secundarias. Con ello, se pretende aclarar lo que se entiende por arte- terapia en el ámbito de los TMS, además de recopilar aquella información sobre los efectos terapéuticos de esta intervención en este grupo. Todo esto, podría ayudar a la configuración de futuras investigaciones empíricas en la materia, que consideren las teorías presentadas, además de los datos descritos en las publicaciones que se sistematizarán en esta memoria. El objetivo último, es dar un paso más en el camino hacia el conocimiento del arte- terapia con TMS como una intervención que beneficia a quienes participan de lo que en este ámbito se denomina, “hacer arte”.



II. OBJETIVOS




2.1 Objetivo General


  • Describir y plantear desde la psicología los efectos terapéuticos del arte- terapia como forma de intervención en el tratamiento de pacientes con trastornos mentales severos.


2.2 Objetivos específicos





  • Definir el concepto de trastorno mental severo (TMS), abarcando las dificultades y necesidades específicas de los pacientes que lo padecen, mediante material bibliográfico actualizado.




  • Describir el arte- terapia en general, considerando sus orígenes en la historia de la salud mental y principales conceptos relacionados, a través de la revisión de bibliografía.




  • Plantear, mediante una revisión bibliográfica, los fundamentos teóricos del arte- terapia a partir de los cuales, entregar una base conceptual que explique el trabajo enfocado a pacientes que sufren trastornos mentales severos y sus resultados.




  • Describir el arte- terapia con personas que padecen trastornos mentales severos, enfocándose en su historia y consideraciones generales sobre su forma de intervención, todo ello a partir de la revisión de bibliografía.




  • Sistematizar la información registrada en la bibliografía especializada referida a los efectos terapéuticos alcanzados en pacientes que padecen algún trastorno mental severo al recibir arte- terapia, para finalmente establecer los efectos específicos de esta disciplina en este grupo.

III. TRASTORNOS MENTALES SEVEROS

3.1 Definición
Las personas que padecen un trastorno mental severo, son un grupo que requiere de una atención prolongada por parte de los servicios de salud mental, en su gran mayoría, durante toda la vida. Se sabe que se trata de personas que se encuentran afectadas por los más graves trastornos mentales establecidos por la psiquiatría, por lo que se está hablando de un sector muy vulnerable de la sociedad, necesitado de tratamientos adecuados que no sólo logren atenuar los síntomas, sino que además dignifique a estas personas. Por esta razón, es importante delimitar correctamente esta población y así poder identificar sus reales necesidades, para luego establecer programas de tratamiento que puedan brindarle una ayuda eficaz (Asociación Española de Neuropsiquiatría [AEN], 2002). Es así, como se procederá a entregar una definición de trastornos mentales severos.

Según la AEN (2002), sólo recientemente la literatura sobre salud mental comienza a utilizar el término trastorno metal severo (TMS) “para referirse a los trastornos mentales graves de duración prolongada y que conllevan a un grado variable de discapacidad y disfunción social” (p. 5). Anteriormente, se utilizaba la palabra cronicidad para aludir a dichos trastornos, la cual poseía una connotación negativa y estigmatizante. Sin embargo, hasta el día de hoy no se han establecido criterios consistentes y homogéneos que definan el TMS y que puedan ser usados para determinar su morbilidad y su prevalencia, para así lograr cuantificar y planificar servicios adecuados para las personas que lo padecen (AEN, 2002).

Debido a lo anterior, en la actual investigación, se considerará aquella definición que la AEN (2002) encontró como la más representativa y que ha alcanzado un mayor consenso respecto a los trastornos mentales severos. Dicha definición fue emitida por el Instituto Nacional de Salud Mental de EEUU (NIMH) en el año 1987 e incluye tres criterios o dimensiones de inclusión principales:


  1. Diagnóstico: Se incluyen los trastornos psicóticos funcionales (quedando excluidos los de origen orgánico) y algunos trastornos de la personalidad.

  2. Duración de la enfermedad y del tratamiento: Tiempo superior a los dos años, descartando así, los casos que, pese a presentar síntomas o diagnósticos de gravedad, aún tengan un tiempo corto de evolución y por lo tanto, un pronóstico no muy claro todavía.

  3. Presencia de discapacidad: Se refiere a la existencia de una disfunción moderada a severa del funcionamiento global (laboral, social, familiar), medido a través del GAF (Global Assesment of Functioning) o Escala de Funcionamiento Global. Se trata de una discapacidad o dificultad que produce limitaciones en el desempeño de roles sociales y en la interacción con los demás, lo cual trae como consecuencia la estigmatización, el rechazo social, la marginación, el desempleo, y el aislamiento social, entre otros (NIMH, 1987 citado en AEN, 2002).

De esta forma, tomando en cuenta la definición de trastorno mental severo presentada, las enfermedades mentales consideradas bajo esta denominación, serían aquellas que se incluyen en el apartado de esquizofrenia y otros trastornos psicóticos, según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM- IV). En este grupo se encuentran: la esquizofrenia; el trastorno esquizofreniforme; el trastorno esquizoafectivo; el trastorno delirante; el trastorno psicótico breve; el trastorno psicótico compartido (folie à deux); el trastorno psicótico debido a enfermedad médica; el trastorno psicótico inducido por sustancias y el trastorno psicótico no especificado (APA, 1995).

El DSM- IV (1995) describe los trastornos mencionados sobre la base del cumplimiento de ciertos criterios diagnósticos, como se detalla en el cuadro 1. del Apéndice.

Los síntomas característicos de los trastornos mentales severos implican una amplia gama de disfunciones cognitivas y emocionales incluidas la percepción, el pensamiento inferencial, el lenguaje y la comunicación, la organización comportamental, la afectividad, la fluidez y productividad del pensamiento y del habla, la capacidad hedónica o de experimentar placer, la voluntad, la motivación y la atención (Psicosis: diagnóstico, etiología y tratamiento, 2003). Todo ello repercute en un deterioro de la calidad de vida de quienes padecen estos trastornos.

En cuanto a los trastornos de la personalidad, la AEN (2002) sostiene que su inclusión en la definición de trastorno mental severo es objeto de discusión. Esto ocurre, porque existen dificultades en el diagnóstico de los trastornos de personalidad, además de una baja especificidad y consistencia para su identificación y una variabilidad del curso y pronóstico de éstos. Pero, se sabe que algunos trastornos de la personalidad cursan con síntomas psicóticos y graves alteraciones de la conducta, los que muchas veces persisten a lo largo de toda la vida del paciente. Por ello, estas personas utilizan extensamente los servicios de salud mental, reuniendo condiciones suficientes para que los trastornos de la personalidad que sufren, sean incluidos en el grupo de los trastornos mentales severos. Según este planteamiento de la AEN (2002), ciertos trastornos de la personalidad serían también un TMS. Pero, debido a la relatividad y a la multiplicidad de factores necesarios para su diagnóstico, no serán descritos y abordados con detalle en la presente memoria.

Finalmente, es necesario decir que, pese a que los TMS pueden desencadenarse en la niñez y adolescencia (antes de los 18 años) en una individuo, en este estudio se considerará aquel grupo de “adultos” que los padecen, debido a que la información recopilada incluye sólo a esta población y a que cualquier TMS en edad temprana, suele variar en cuanto a la sintomatología y a las intervenciones recibidas. Estos cambios ocurrirían, al sumarse factores ligados a estas etapas iniciales del desarrollo humano (Estudio longitudinal de primeros episodios psicóticos en niños y adolescentes, 2006).



3.2 Principales problemas y necesidades de las personas que tienen un Trastorno Mental Severo (TMS)
Además de contar con una definición clara de los trastornos mentales severos, es esencial identificar los problemas y necesidades de las personas que los sufren. Todo ello, con el objetivo elaborar y justificar programas de intervención que mejoren su calidad de vida y que en el actual estudio, se centra en el tratamiento arte- terapéutico.

La Asociación Española de Neuropsiquiatría (AEN, 2002) sostiene que las personas que padecen un trastorno mental severo (TMS) presentan problemas muy complejos que no es posible reducir a la sintomatología psicopatológica involucrada, ya que además existen repercusiones en variados aspectos de la vida de estos, como lo son el funcionamiento psicosocial y la integración en la comunidad.

En un intento por establecer los elementos comunes presentes en quienes sufren un trastorno mental severo, la AEN (2002) plantea las siguientes dificultades principales derivadas del padecimiento de los síntomas propios de cada TMS:


  • Mayor vulnerabilidad al estrés, dificultades para afrontar las demandas del ambiente.

  • Déficit en sus habilidades y capacidades para manejarse autónomamente.

  • Dificultades para interactuar socialmente, pérdida de redes sociales de apoyo (que en muchos casos se limita sólo a su familia) y situaciones de aislamiento social.

  • Dependencia elevada de otras personas y servicios sanitarios y/o sociales.

  • Dificultades para acceder y mantenerse en el mundo laboral, lo que supone un obstáculo para su plena integración social, además de favorecer la dependencia económica, situaciones de pobreza y marginación.

Sin embargo, la AEN (2002) advierte acerca de la generalización de estas dificultades en la población con TMS, ya que a pesar de ser comunes, se concretan en cada individuo “de un modo particular e individualizado en función de la interacción (diacrónica y sincrónica) de múltiples factores biológicos, psicológicos, familiares y sociales que concurren en la historia de vida de cada uno de ellos y asimismo, en función de la atención” (p. 11) que reciben y servicios a los que tienen acceso.

Así, los problemas y necesidades de las personas que tienen un TMS, son múltiples y variados. En primer lugar, ante todo se trata personas y ciudadanos, que como tales, comparten con el resto de la población problemas y necesidades comunes, como lo son la alimentación, higiene, salud, alojamiento, seguridad, convivencia, afecto, sexualidad, apoyo social y familiar, trabajo, etc. En segundo lugar, son personas que sufren una enfermedad mental y que, por lo mismo, presentan dificultades y necesidades específicas vinculadas al trastorno que sufren (AEN, 2002).

En cuanto a las necesidades específicas de estas personas, se considerarán aquellas planteadas por la AEN (2002):


Atención y tratamiento de la salud mental: Las personas que sufren algún trastorno mental severo (TMS) necesitan adecuados procesos de diagnóstico y de tratamiento psiquiátrico que permitan controlar su sintomatología psicopatológica, prevenir la aparición de recaídas o controlarlas, así como mejorar su funcionamiento psicológico. El tratamiento utilizado, consiste generalmente, en farmacoterapia (medicación) junto con psicoterapia (muchas veces terapia de apoyo), el cual en la mayoría de los casos, se implementa en un primer período (crítico) de hospitalización y luego durante un tiempo de estabilización donde el paciente ya no está interno, pero sigue en tratamiento.
Atención en crisis: Hasta los pacientes que están recibiendo un adecuado tratamiento psiquiátrico experimentan recaídas frecuentes. Entonces, la atención en crisis a través de la hospitalización breve (en muchos casos), es necesaria para la estabilización psicopatológica y hacer posible la recuperación del nivel de funcionamiento.
Rehabilitación psicosocial y apoyo a la integración social: A pesar del buen control de los síntomas que se puede obtener (generalmente, con el tratamiento farmacológico y psiquiátrico), muchos pacientes con TMS mantienen déficits y discapacidades que perturban su funcionamiento autónomo e integrado en la sociedad. Así, los servicios y programas de rehabilitación psicosocial son esenciales para la adquisición y recuperación de habilidades necesarias para la vida en la comunidad. El apoyo flexible y continuado es útil para incentivar una integración social efectiva en el ámbito social y familiar.
Rehabilitación laboral y apoyo a la integración en el mundo del trabajo: La integración laboral es clave para facilitar la autonomía, independencia e integración social de cualquier persona. La mayoría de las personas con algún TMS están desempleadas o excluidas del mundo laboral. Por tanto, son necesarios programas de rehabilitación laboral orientados a la adquisición de hábitos laborales, habilidades que faciliten el acceso al mercado laboral y programas de formación ocupacional.
Alojamiento y atención residencial comunitaria: Sobre todo para quienes carecen de cobertura familiar, es importante contar con viviendas y atención residencial que cubran las necesidades de alojamiento, cuidado y supervisión. Así, se favorecerían la autonomía y la mejor calidad de vida para el paciente, disminuyendo el uso inadecuado de la atención hospitalaria, las internaciones indefinidas, los reingresos hospitalarios, las situaciones de marginación sin hogar y la sobrecarga de algunas familias.
Apoyo económico: Muchas personas con TMS tienen dificultades para alcanzar la mínima autosuficiencia económica, debido a sus escasas posibilidades laborales. Entonces, es importante garantizar la cobertura de sus necesidades económicas mínimas, sobre todo cuando no se cuenta con el apoyo monetario de sus familias, a través de programas y medidas sociales elaborados para este fin.
Protección y defensa de sus derechos: Los problemas psiquiátricos y psicosociales de quienes tienen TMS, así como las barreras y desventajas sociales que experimentan, hacen de ellos un grupo indefenso y vulnerable ante posibles abusos y situaciones de desprotección para el ejercicio de sus derechos civiles como ciudadanos. Por lo tanto, se necesita promover y asegurar la defensa y protección de sus derechos, tanto en programas de atención y rehabilitación, como en la vida diaria.
Apoyo a las familias: Cuando el paciente cuenta con una familia, es el principal recurso de cuidado y soporte comunitario para él. Pero, la convivencia entre ellos puede tener dificultades y conflictos, que en muchos casos, pueden llevar a la familia a sentirse desbordada. Por tanto, es necesario brindar a las familias de pacientes con TMS, apoyo, información, educación, asesoramiento, para dotarlas de estrategias y recursos para mejorar la convivencia, además de hacerlos parte de la rehabilitación del familiar enfermo.
En función de los principales problemas y necesidades de las personas con TMS, se debieran elaborar las políticas de intervención en salud mental más adecuadas para este grupo. Como se ha visto, los ámbitos que necesitan ser cubiertos son tan diversos, que lo más eficaz es realizar intervenciones multidisciplinarias que utilicen el aporte de la psiquiatría, la psicología (psicoterapia individual, grupal, familiar, psicoeducación, terapia de apoyo), la terapia ocupacional, enfermería, asistencia social, etc. (AEN, 2002).

El arte- terapia, se instala como una alternativa válida en este escenario que sostiene la necesidad de una atención multidisciplinaria para la población con TMS. Si bien, es una disciplina relativamente nueva en Chile (sobre todo en el tratamiento de personas con TMS) y un poco menos incipiente en Europa y EEUU, ya es posible vislumbrar sus aportes y beneficios. El problema, es que en el ámbito nacional, en la última década de la salud mental, se ha demostrado que no existen las condiciones de infraestructura y el personal especializado necesario para llevar a cabo una intervención integral para los pacientes con TMS (Psicosis: diagnóstico, etiología y tratamiento, 2003).

La ventaja es que el arte- terapia integra arte y terapia en su quehacer, por lo que abarca muchas problemáticas y necesidades propias de quienes tienen un TMS, lo que ahorraría en otras intervenciones. Entonces, el arte- terapia se ubicaría en el ámbito de atención y tratamiento de esta población, al brindarles una clase de terapia o psicoterapia de apoyo (Greenwood, 1997), intervención muy bien tolerada por estas personas. Además, puede cubrir necesidades de rehabilitación psicosocial, al facilitar la adquisición o restablecimiento de habilidades a través de la realización de un objeto de arte (Charlton, 1987). Así, el arte- terapia constituiría un gran aporte al tratamiento integral de este grupo, sin tener que recurrir a profesionales de todas las áreas necesarias para ello.
IV. EL ARTE- TERAPIA O TERAPIA ARTÍSTICA

4.1 Definición y conceptos principales
En el presente estudio, el arte- terapia o terapia artística será considerada como, la utilización de la práctica artística visual (pintura, dibujo, collage, escultura, etc.) en un entorno terapéutico o de tratamiento (Dalley, 1987). En definitiva, como una forma de terapia que integra el ejercicio del arte visual con el saber psicoterapéutico apoyado en áreas como el psicoanálisis, la psicología humanista y la terapia guestáltica, entre otras (Reyes, 2003). Sin embargo, es importante aclarar que el arte abarca actividades que utilizan una serie de materiales como medios de expresión en la realización de una obra artística. De este modo, es posible enmarcar dentro del fenómeno artístico a disciplinas como la danza, la música, el teatro y la actividad plástica. Pero, es esta última, la que se abordará en la actual memoria por ser la actividad que, principalmente, es referida en la bibliografía específica reciente sobre arte- terapia y trastornos mentales severos a la que tuvo acceso la autora de esta memoria. Sara Paín (1994), considera que la actividad plástica es aquella que objetiva la representación visual en el terreno figurativo, utilizando para ello la transformación de la materia. Por lo que a este ámbito pertenecerían el dibujo, la pintura, el grabado, el modelado, la confección de títeres, el collage, etc.

El arte y sobre todo el hacer arte o la actividad artística, poseería inevitablemente ciertas cualidades terapéuticas (las cuales serán develadas en otro apartado de esta memoria), al margen del contexto en que el proceso creador se lleve a cabo (Dalley, 1987). La creación de una pintura en un contexto meramente estético, puede resultar relajante para el artista, satisfactorio, frustrante, pero también suavemente terapéutico, pese a que el objetivo final consiste en producir y lograr una “buena pintura”, es decir, a que las consideraciones estéticas tengan una importancia fundamental. En este caso, el producto final es una meta en sí misma y la pintura es exhibida en cuanto obra de arte, pasando a segundo plano el proceso de crearla. Sin embargo, estas circunstancias no anulan las propiedades terapéuticas del arte, pero las limitan y no aseguran el cambio psíquico de quien crea (Dalley, 1987).

Siguiendo con Dalley (1987), se puede decir que cuando el proceso creador ocurre en un entorno terapéutico, como el que existe en arte- terapia, las propiedades terapéuticas del arte son potenciadas. Esto sucede, porque en este contexto existen propósitos claros de corrección o de tratamiento que se intentan alcanzar en presencia del terapeuta, para lo cual se utiliza el proceso creador como medio de comunicación no verbal. Aquí, lo fundamental son la persona y el proceso creador en el que se sumerge el paciente para alcanzar los objetivos terapéuticos, a diferencia de lo que ocurre con el arte en un contexto estético centrado en el producto final, la obra de arte.

En cuanto al contexto terapéutico y al aporte del arte en él, Tessa Dalley (1987) dice lo siguiente: “La actividad artística proporciona un medio concreto –no verbal- a través del cual una persona puede lograr una expresión al mismo tiempo consciente e inconsciente y que puede emplearse como valioso agente de cambio terapéutico” (p. 15). Entonces, el proceso creador ayuda a lograr los objetivos que toda terapia persigue: provocar cambios fundamentales y permanentes ante un desequilibrio humano, en la personalidad o la en forma de vivir (Ulman, 1961 citado en Dalley, 1987). Así, la terapia se diferencia de “las actividades diseñadas únicamente para brindar una distracción con respecto a los conflictos interiores; actividades cuyos beneficios, por lo tanto, en el mejor de los casos son momentáneos” (Ulman, 1961 citado en Dalley, 1987, p. 15).

Al respecto, Margaret Naumberg (1958) dice que el arte en la terapia artística es una manera de enunciar sentimientos mezclados y vagamente comprendidos, en un intento de darles claridad y orden. El terapeuta colaboraría en esta tarea al contener y, posteriormente, sólo si el paciente lo permite, discutir con él aquellos contenidos internos plasmados en su obra de arte visual, con lo que éste lograría obtener una intuición intelectual y emocional acerca de la situación de sí mismo expresada (Dalley, 1987).

Por otro lado, el arte- terapia o terapia artística comienza a construirse como tal, al interior de los hospitales generales y los centros psiquiátricos, según lo registra la bibliografía disponible. De esta manera, Dalley (1987) cuenta que el arte considerado como terapia se inició en dichos lugares casi por azar. Específicamente, este hecho se remonta a la experiencia de la artista Adrian Hill, quien pasó su convalecencia en un sanatorio durante la Segunda Guerra Mundial. En este lugar, Hill “se dedicó a sus propias pinturas para liberarse del aburrimiento embrutecedor y compartió con otros pacientes los reconfortantes efectos de la actividad creativa en épocas de estrés” (Dalley, 1987, p. 43). Así, accidentalmente, algunos de estos pacientes comenzaron a dibujar y a pintar terribles escenas de guerra o utilizaron sus pinturas como pretexto para hablar de su sufrimiento y de sus temores de enfermedad y de muerte. Fue de este modo, como Adrian Hill sin saberlo, se convirtió en terapeuta artística. Ella escribió dos libros, Painting out illness (Pintando afuera la enfermedad) y Art versus illness (Arte contra enfermedad), en los cuales relata su campaña para introducir el arte en los hospitales de toda Inglaterra.

Luego, quienes primero realizan un trabajo que ellas mismas denominan terapia artística, fueron Margaret Naumburg en los Estados Unidos y Edith Kramer en Gran Bretaña. Ambas plantearon enfoques de la terapia artística muy diferentes entre sí. Por su parte, Naumburg en los años 40, fue la primera psicoterapeuta que incorporó el arte visual como herramienta central en su trabajo. Ella enfatiza el aspecto psicoterapéutico del proceso involucrado en la terapia artística y la actividad artística la combina con la elaboración verbal como herramientas que ayudan al insight. Por otro lado, se encuentra la artista y educadora Edith Kramer, quien comienza su trabajo en la década de los 50 en Inglaterra. Ella concentra su trabajo como terapeuta artística en la práctica del arte, enfatizando las propiedades integrativas y curativas del proceso creativo en sí mismo, el que no requería de elaboración verbal del paciente (Rubin, 1988 citado en Araya, Correa & Sánchez, 1990).

A partir de estas dos terapeutas artísticas, pioneras en su campo, se definen dos corrientes principales dentro de esta naciente disciplina: aquella interesada principalmente, en el elemento psicoterapéutico de la terapia artística, heredera de la postura de Naumburg y aquella centrada en el aspecto artístico, que deriva del trabajo de Kramer (Araya, Correa & Sánchez, 1990). Sin embargo, ambas corrientes comparten la utilización del arte o, más bien, de la actividad artística como herramienta que ayuda a promover la salud mental de las personas que sufren algún desequilibrio psíquico.




Dibujo realizado por un paciente con TMS en arte- terapia.

V. EL ARTE- TERAPIA CON TRASTORNOS MENTALES SEVEROS (TMS):

ASPECTOS TEÓRICOS

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