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Proyecto de vida


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PROYECTO DE VIDA

Por: LUIS EDUARDO GÓMEZ LONDOÑO.

“... y puso los cimientos sobre roca...” (Lucas 6, 46ss)



  1. INTRODUCCIÓN

Cuando hablamos de proyecto de vida queremos entender aquí, aquel espacio que el ser humano en algún momento de su vida debe asumir para que, de acuerdo con un ambiente adecuado, pueda lograr llegar a la profundidad de su interior, conocerse, aceptarse, amarse, perdonarse, reconocerse y protegerse. Se trata de un pensarse, de un creer en sí mismo, de un dedicarse tiempo para, que con una carta de navegación, identificar, con alguna claridad meridiana, tanto el recorrido, como el norte de la vida individual.


Pero, ¿cómo se haría esta carta de navegación?, o ¿quién la hará? o ¿dónde está ya escrita?.

Partimos de la base que desde la antropología teológica, “nuestro destino ya está determinado”, en términos de: “por lo demás sabemos que en todas las cosas interviene Dios, para bien de los que le aman, de aquellos que han sido llamados según su designio. Pues a los que de antemano conoció, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo”. (Romanos 8, 28-30), en otro texto leemos: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo; por cuanto nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados a su presencia en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medios de Jesucristo...” (Efesios 1, 3-5).


De modo que Dios Padre nos ha destinado a reproducir la imagen de su hijo Jesucristo, (leer Rom.) y esto quiere decir que Dios nos ha elegido para que durante nuestra vida lleguemos a la perfección: “lo que pedimos es vuestro perfeccionamiento” (2ª Corintios 13, 9). En términos teológicos esto quiere decir, buscar la santidad, la cual se logra cuando tenemos “los mismos sentimientos de Cristo” (Filipenses 2, 5), es decir, que: “el hombre, desde su creación, está llamado a la comunión con Dios y, más específicamente, a revestir la imagen de Jesús resucitado.”1.
Entendemos el proyecto de vida como una construcción constante, donde la base fundamental es la persona de Jesús de Nazaret y desde ella se puede iniciar todo ese proceso de edificación de la propia existencia, leamos en términos de San Pablo, el cómo concibe esta construcción.
“Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento. Y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica.
Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.

Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día lo declarará , pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego lo probará.


Si permaneciera la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si viene él mismo será salvo, aunque así como por fuego.

¿No sabéis que soy templo de Dios, y que el espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es”.


(Cfr. 1 Cor 3,10-17)

Para construír la propia existencia en la óptica cristiana, significa asumir la experiencia con Jesús muerto y resucitado, como algo absolutamente personal, vivencial que tuvo San Pablo, y ahí, si nos queda más fácil hablar de: la importancia de poner a Cristo como la única Roca firme en la construcción de la edificación de nuestro proyecto de vida.




  1. EL PROBLEMA DEL HOMBRE-MISTERIO

Surge una pregunta, por un lado ¿será que somos seres corpóreos? Por otro lado ¿será que somos seres espirituales? Por otro lado ¿será que somos el resultado último de la evolución?, entonces, ¿Qué somos? “es claro que nosotros nos experimentamos como una unidad, aunque con una pluralidad de aspectos irreductibles entre sí. Pero la consideración de estos diferentes aspectos es posterior a la unidad de nuestro ser, y no puede en ningún momento atentar contra ésta. Nuestro psiquismo y nuestra corporalidad van unidos y se condicionan mutuamente. Somos incapaces de pensarnos sin nuestro cuerpo, no podemos distanciarnos de él. La misma fe en una nueva vida más allá de la muerte no nos libra de que nos enfrentemos a esta última con el temor de la destrucción de todo nuestro ser. No existe una subjetividad humana separada del cuerpo; éste ni es, ni puede ser para nosotros un “objeto” como lo son las cosas exteriores”2.


De todas formas sabemos que estamos frente a una gran realidad: “el hombre es un misterio para sí mismo. De ahí que nuestro saber acerca del ser humano es y será siempre fragmentario, y ello es así porque el hombre no puede ser “definido”, es decir, no puede ser limitado, ya que está llamado a lograr la plenitud sólo en Dios. Esclarecer por completo el misterio del hombre sería sólo posible si pudiéramos dejar de tener en cuenta esta dimensión trascendente a este mundo, pero con ello no haríamos otra cosa más que destruirlo. El misterio del hombre nos remite al misterio de Dios ya que sólo tenemos acceso a este último en cuanto se nos ha revelado como salvador y planificador del hombre en su hijo Jesús”3
Esto de pensar en el ser humano es toda una empresa: “en la historia de más de diez mil años somos nosotros la primera época en que el hombre se ha convertido para sí mismo radical y universalmente en un ser “problemático”: el hombre ya no sabe lo que es y se da cuenta de que no lo sabe. Solamente haciendo tabla raza de todas las tradiciones referentes a este problema, contemplando con sumo rigor metodológico y con extrema maravilla a ese ser que se llama hombre, se podrá llegar nuevamente a unos juicios debidamente fundados.” 4
A ese problema, que se llama hombre, existen varias respuestas, escuchemos la voz de A. Camus: “Existe un solo problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzga si la vida merece o no merece ser vida, se responde a la cuestión fundamental de la filosofía. Lo demás, por ejemplo, si el mundo tiene tres dimensiones, si el espíritu tiene nueve o doce categorías, son cuestión secundaria. Son un juego, antes hay que responder... yo nunca he visto morir a un hombre por defender el argumento antropológico. Galileo, a pesar de que había descubierto una verdad importante, abjuró de ella muy fácilmente apenas vio en peligro su vida. En cierto sentido hizo bien, la verdad es que esta verdad no merecía que aceptare la hoguera. Es completamente indiferente cuál de estas dos, la tierra o el sol, es el que gira alrededor del otro. Se trata de una cuestión realmente útil. Pero veo por el contrario que muchas personas mueren porque juzgan que la vida no es ya digna de ser vivida, y paradógicamente veo a otras que se hacen matar por ciertos ideas o ilusiones que constituyen su razón de vivir (lo que se llama una razón para vivir constituye al mismo tiempo una óptima razón para morir). Por tanto pienso que el sentido de la vida es cuestión más urgente. Bien, sabemos que “el hombre no vive solamente de economía, de política, de tensiones sociales. La experiencia del vacío y de la nada no es más que un modo negativo de protesta y de repulsa de una civilización que debería servir al hombre, pero que lo ahoga en sus aspiraciones más profundas y personales”.5
Ahora a este problema, que se llama hombre, escuchemos la voz del filósofo Karl Wojtyla, “el hombre-persona está expresado por la experiencia. La experiencia deviene de la integración de las cuatro dimensiones humanas fundamentales: la conciencia, la acción, la libertad y la común participación. Toda experiencia humana, que aparece como una única experiencia de personalización, a su vez resulta de la suma de las cuatro experiencias de dimensionalización: la conciencia lleva a la “experiencia vivida”. La acción, a la “experiencia del yo actúo”; la libertad, a la “experiencia del yo quiero algo”; y, la comunión participación, a la “experiencia del otro”6.
De modo que frente al problema del hombre-misterio, podemos afirmar que, ser persona significa ser abierto, a sí mismo, a los demás, al universo y a la trascendencia. El misterio del problema del hombre se resuelve cuando el hombre asume su ser de misterio como un problema y ante la admiración de su realidad inefable, asume el reto de iniciar el recorrido de su existencia, adentrándose en las profundidades de su interior y desde allí, lanzarse en la construcción de su proyecto de vida.


  1. LA CONSTRUCCIÓN DEL PROYECTO DE VIDA

Gracias a las sencillas líneas anteriores, recordamos la realidad misteriosa del ser humano, que ciertamente es: “más que piel, más que lo que desea, más de lo que tiene, más que lo que aparenta...”, es decir, el ser humano ya, en sí mismo es todo un proyecto, pero a su vez, cada individuo debe asumir éste como propio, y hacer de su existencia toda una aventura fascinante que se recorre con el norte de la carta de navegación de su propio proyecto de vida.


Pero, qué es entonces el proyecto de vida?

El proyecto de vida son aquellas bases teóricas que una persona tiene, desde donde va orientando sus decisiones de acuerdo a los criterios claros que ha venido construyendo gracias a su red de relaciones primarias (familia – escuela – sociedad), y en algún momento de su vida, asume todos aquellas experiencias y valores en un solo argumento que, organizado, se presenta como una herramienta básica para, interpretar su pasado, fortalecer su presente y lanzarse hacia el futuro, con la plena convicción de que el éxito o el fracaso de su vida no dependen de agentes externos, sino de sus propias decisiones, ya que se ha lanzado a la realidad de tomar su vida entre sus propias manos, en eso de: yo soy el único responsable de mi vida! Para elaborar un proyecto de vida sólido, hay unos caminos básicos que hay por recorrer.


Hacia el amor a sí mismo:

Para lograr “salirme” e ir hacia el otro, es indispensable “entrarme”, lo primero para la construcción del proyecto de vida, es silenciarme. ¿Qué es eso? No es otra cosa que lograr escuchar los sonidos del silencio, llegar a tal silencio exterior e interior, que me aproxime a escuchar los latidos de mi corazón, cuando esto se logra, se va por buen camino hacia el encuentro conmigo mismo. El sujeto tiene el deber de profundizar en la inmensidad del océano de su interior y el silenciamiento ha de ser la primera herramienta para lograr dicha finalidad; allí, en ese profundo, se da el encuentro: Con su propia historia personal, marcada por esos momentos vividos, incluso desde el momento mismo de la concepción, pasando por el tiempo de gestación, crecimiento-desarrollo, hasta el glorioso día del nacimiento, pasando por la primera y la segunda infancia, la pubertad, la adolescencia, la juventud, etc; es un recorrido que se ha de hacer de una forma personal e intransferible, desde aquí, se inicia a asumir la vida entre las propias manos.


Este recorrido habrá que hacerlo con sinceridad, serenidad, y con gran actitud de perdón, me debo perdonar a mi mismo, a mis padres, a mis hermanos, a mis profesores, a todo aquel que en algún momento por algún motivo me haya hecho algún daño, debo reemprender la marcha de mi vida en el presente, descargándome de todo aquello que me pesa del pasado, no se trata entonces de arrastrar un pasado pesado, sino de llevar un pasado sereno, lleno de un cúmulo de experiencias, positivas y/o negativas, pero igual, muy significativas para mi vida, máxime si estoy en la tarea, no menos fácil, de esbozar el proyecto de vida.
Todo lo anterior dirigido a: saberse aceptar como se es, tarea fenomenal: conservar la paz interior, a pesar del pasado y del presente. De tal manera que “un proyecto de vida debe estar basado en el conocimiento y la información: sobre el propio sujeto, sus intereses, aptitudes y recursos económicos. Sobre las posibilidades y expectativas del núcleo familiar de pertenencia, sabe la realidad social, económica, cultural y política en la que se vive”7
Lo primero que hay que evitar en estos cimientos del proyecto de vida es la ignorancia sobre el pasado, o lo que es más grave, el desinterés o la indiferencia o rechazo por aquello que es absolutamente propio: la historia de vida.
Luego de asegurar dicho recorrido, puedo iniciar a hacer un balance de valores, antivalores, cualidades, defectos, virtudes, temores, miedos, angustias, es decir, casi prodíamos utilizar aquí la matriz DOFA, para tomar conciencia de las debilidades y fortalezas, de las oportunidades y las amenazas, si esto se hace de una manera sistémica, se encontrarán seguramente realidades muy valiosas sobre las cuales se continuarán construyendo el proyecto de vida. En otras palabras, hablar del primer peldaño para la construcción del proyecto de vida, donde la base es Jesucristo (Cfr. la introducción), es hablar de amor a sí mismo.
Cuando nos referimos a este amor, hacemos alusión al encuentro novedoso del yo con el sí mismo, y desde ahí, a valorar lo que se es como persona, como sujeto. “la afirmación de la vida, la felicidad, crecimiento y libertad propios, está arraigada en la propia capacidad de amar, esto es, en el cuidado, el respeto, la responsabilidad y el conocimiento. Si un individuo es capaz de amar productivamente, también se ama a sí mismo; si sólo ama a los demás, no puede amar en absoluto... la persona egoísta sólo se interesa por sí misma, desea todo para sí misma, no siente placer en dar, sino únicamente en tomar. Considera el mundo exterior sólo desde el punto de vista de lo que puede obtener de él: carece de interés en las necesidades ajenas y de respeto por la dignidad e integridad de los demás. No ve más que a sí misma; juzga a todos según su utilidad; es básicamente incapaz de amar... el egoísmo y el amor a sí mismo, lejos de ser idénticos son realmente opuestos. El individuo egoísta no se ama demasiado, sino muy poco; en realidad, se odia. Tal falta de cariño y cuidado por sí mismo, que no es sino la expansión de su falta de productividad, lo deja vacío y frustrado. Se siente necesariamente infeliz y ansiosamente preocupado por arrancar a la vida las satisfacciones que él se impide obtener.”8
Podemos hablar de la necesidad de un egoísmo sano, en cuanto es un actuar en pro del bien de sí mismo (lo que podríamos llamar la auto-estima), egoísmo solidario, abierto al amor a los demás, diferente del egoísmo solitario, que sólo piensa en sus intereses al punto de asfixiarse y hasta perder incluso el sentido de su propia vida.

Leamos a Gonzalo Gallo, qué nos aporta al respecto:9


“Algunos desprecian a los demás

porque ante todo se desprecian a sí

mismos.
Viven en guerra consigo mismos

por su origen, su hogar, su figura y

hasta por la forma de la nariz.
Ese auto-desprecio los impulsa a

ser agresivos y a vivir como eternos

descontentos.
Necesitan aprender a aceptarse

y valorarse por sus dones, no por

hechos superficiales o por su

apariencia.


La mayoría de los grandes

hombres aceptaron limitaciones de

todo orden y las superaron con

entereza.


Haz continuo inventario de tus dones

en lugar de quejarte de las

privaciones o deficiencias.
Ámate para poder amar.

Apréciate para que te aprecien. Te

tratan según la imagen que

proyectas de ti mismo.


Al oír cantar a Nelson Ned o a

Roberto Carlos, nadie piensa en el

enano o el que tiene prótesis: ellos

proyectan estima y superación.


Ámate, acéptate y fortalece la

autoestima. Con valoración, tienes

motivación y acción”.


  1. HACIA LA PROYECCIÓN DE LA VIDA

Consciente que hablar de proyecto de vida implica coger la vida entre mis propias manos, también asumo que pensar en proyecto de vida es visualizar mis propios sueños. Para soñar es necesario haber estado primero despiertos. Conocedor de mi historia, logrando ese aprender a aceptarme, a amarme, a perdonarme, a valorarme, a reconocerme, desde aquí a manera de una plataforma, me podré lanzar hacia el futuro, con los pies muy ubicados en la tierra.


Podríamos hacer el ejercicio, en términos empresariales, de organizar bien “la sociedad limitada”, la empresa del “si-mismo”, tu cédula, tu razón social, que te identifica en este mundo. cuál es tu misión, tu visión, tus creencias, tus objetivos, valores, propósitos, justificación, etc. Llevando tu vida personal hacia la calificación de la excelencia; leamos este texto:

“LO NECESARIO PARA EL VIAJE DIARIO”





  • Un borrador para borrar todo lo que nos haga daño.

  • Un detergente para quitar las manchas de las máscaras que usamos.

  • Unas tijeras para cortar todo aquello que nos impida crecer como persona.

  • Un pájaro para que nos enseñe a volar alto y cantar con libertad.

  • Una tinaja para añejar el cariño y madurar el amor.

  • Un frasco transparente para conservar la sonrisa, y sin tapa para escuchar su alegre sonido.

  • Unas llaves para abrir las puertas que conducen a los espacios de libertad.

  • Unos lentes correctores de la visión de la vida de que nos permita observar con amor a nuestro prójimo y a la naturaleza.

  • Una ardilla para que nos indique como trepar por las ramas del árbol de la sabiduría.

  • Unas agujas y lana para tejer sueños e ilusiones.

  • Un cofre para guardar todos los recuerdos que construyen y dan vida.

  • Una cremallera que permita abrir la mente cuando se desee encontrar la respuesta a cualquier problema que se enfrente.

  • Otra cremallera para cerrar la boca cuando debamos hacerlo, y otra para abrir el corazón y así dejarlo ver de los demás.

  • Un reloj sin punteros para dedicar todo el tiempo al amor.

  • Los zapatos de la ética y la moral para pisar firme y seguro por doquiera que vamos; la brújula de la prudencia para no perder el rumbo.

  • Una balanza para pensar y sopesar todo lo vivido o experimentado.

  • Un espejo para admirar dos de las obras más perfectas de Dios: El hombre y la mujer.


Anónimo.
De modo que proyectarme en la vida, implica tener claridad meridiana de lo que yo soy como sujeto, como persona, el saber qué quiero y para donde voy, en una palabra, “si un hombre determina con claridad sus objetivos, su mente se encarga de lograrlos”10
Hay que tener los objetivos claros, “usted no puede dirigirse a un lugar sin determinarlo. ¡no! seleccione primero el lugar y así llegará a él. No es salir a perderse, es salir bien desde el principio. La vida puede verse como una sucesión de lugares, a los que se va llegando poco a poco, obteniendo éxitos pequeños y llenándose de felicidad. Cada espacio superado es un peldaño más que lo acerca al sitio a donde quiere llegar y se construye en parte de su proyecto de vida. Fíjese metas a corto, mediano y largo plazo... 11 lanzarme a proyectar la vida, es toda una aventura fascinante que hay que recorrer personalmente, es toda una aventura hacia la búsqueda de la sabiduría, leamos este texto:

VIVE CON SABIDURÍA QUIEN OFRECE


“Perdón, no resentimiento.

Amor, no odio.

Entusiasmo, no aburrimiento.

Aceptación, no rechazo.

Alegría, no tristeza.

Amistad, no hostilidad.

Bondad, no crueldad.

Comprensión, no reproches.

Confianza, no temor.

Sabiduría, no ignorancia.

Integridad, no corrupción.

Paz, no violencia.

Ayuda, no egoísmo.

Fidelidad, no deslealtad.

Honradez, no deshonestidad.

Humildad, no prepotencia.

Libertad, no cadenas.

Madurez, no insensatez.

Moralidad, no deshonor.

Nobleza, no vileza.

Soluciones, no problemas.”
Anónimo.
Veamos algunas ideas claves que nos pueden ayudar a fortalecer el proyecto de vida:

Su vida tiene un propósito y un significado, cultive al amor hacia sí mismo y hacia los demás, acéptese incondicionalmente, acuérdese de su propia historia personal, es más importante ser, que tener o aparentar, tenga expectativas, valores, esté abierto a nuevas ideas, exprésele a los demás, lo importante que son ellos para usted, si no está seguro, piense positivamente, crea en usted mismo, evite enfrentar los problemas solo, fortalezca sus creencias religiosas, haga lo que dice que va a hacer, evite ser agresivo con su familia y amigos, las cosas pequeñas significan mucho, haga de lo ordinario algo extraordinario, desarrolle intereses comunes con las personas que ama, ríase, no permita que su vida dependa de una sola cosa, aprenda a comunicarse, estar ocupado es mejor que estar aburrido, la satisfacción es relativa, conserve cerca a su familia, aprenda a darle un adecuado uso al computador, a la televisión, disfrute de lo que tiene, piense en términos concretos, sea un apoyo para la gente, no se culpe, sea conciliador, disfrute del contacto con los animales, haga su trabajo por vocación y con pasión, fortalezca su capacidad de liderazgo, nunca haga a un lado sus principios por alcanzar sus metas, duerma bien, coma bien, descanse bien, logre algo cada día, sea flexible, sea su propio admirador, únase a un grupo, sea positivo.


Ayude siempre que pueda, siempre hay una alternativa, sea amable, no descuide ningún aspecto de la vida, escuche música, deje que sus metas lo guíen, no olvide divertirse, haga las cosas a conciencia, no se ahogue en problemas imposibles de resolver, disfrute de las cosas sencillas, concéntrese en la esperanza y no en las tragedias del mundo, busque un pasatiempo, darse tiempo para adaptarse al cambio, concéntrese en lo que realmente le importa, acepte que no existe la satisfacción completa, no permita que otros le fijen sus metas, usted es una persona, no una cosa, un estereotipo, sepa qué lo hace feliz y qué lo entristece, lea, tenga un propósito; el dinero no compra la felicidad, aprenda a perdonar y a perdonarse. 12
Proyectarse es entonces asumir la historia, la misma que hay que superar: “el punto de gravitación de la historicidad no está en el pasado, sino en el futuro. Historicidad significa: tener un futuro. Precisamente porque hay un futuro lleno de nuevas posibilidades, el pasado puede presentarse en su figura de pasado, esto es, como aquello que es solamente una realización parcial y provisional que tiene que ser superado y recuperado a niveles superiores” 13.
Hacia el futuro tendremos que llegar, asumiendo el pasado con toda libertad y viviendo el presente con honestidad.
Asume tu vida desde la comisión cristiana.

Bueno: y esto qué significa?


Esto quiere decir que a el cristianismo no se distingue de los demás modelos de vida por las obras exteriores que realiza, pero sí por su interioridad de creyente: por su fe en Jesús de Nazareth. Esto es lo específico en el cristiano. El creyente hará quizás las mismas cosas que el no creyente, pero sus motivaciones se basan en la fe. La cosmovisión en la cual encuadra su compromiso, procede de la fe, y el sentido de su vida se lo ha dado la fe”. 14
De modo que externamente no se diferenciaría un cristiano y otra persona, pues al fin de cuentas como seres humanos somos todos iguales, y éste ha de ser un axioma fundamental en nuestra red de relaciones: como seres humanos poseemos la misma dignidad de personas. De ahí la importancia de sentir y conocer que yo, y los demás que me rodean, no somos cosas que se pueden manipular, sino personas, y como tales, debemos respetarnos. Ah! y el respeto inicia cuando yo lo ejerzo hacia mí mismo.
Bien: somos personas,15 y desde lo interno no se nos “nota” en primera instancia nuestra esencia, o mejor nuestros valores, pero en el obrar, sí que se nos debe notar que somos distintos a los demás.
Lo que nos distingue de los otros, en particular, es entonces lo de adentro, nuestro interior, nuestro ser profundo. 16
Cuenta una leyenda que hace mucho tiempo los dioses tenían en sus manos la sabiduría, y habían decidido no entregársela los humanos porque muy seguramente ellos no iban a saber administrarla; entonces en reunión, las divinidades tomaron la iniciativa: dijo uno de ellos: “instalaremos la sabiduría en lo más alto de las nubes;” y dijo el gran Dios: “hasta allá llegará el hombre”. “Ah! (replicó el otro dios): entonces instalémosla en las profundidades del mar”, y dijo el gran dios: “hasta allá llegará el hombre”.
Todos preocupados por el asunto, decidieron dejar para el otro día la decisión.
A la mañana siguiente, el dios junior le dice al gran dios: “señor, creo tener la solución.” “Te escucho,” dijo: y “si ponemos la sabiduría en la profundidad del interior del hombre”?... Ah! qué maravilla, “exclamó el gran dios:” “hasta allá no llegará el hombre”! Entonces todos los dioses a una sola voz decidieron que el lugar de la sabiduría sería entonces el interior del hombre.
Qué hacer entonces? Nos toca a cada uno de nosotros tomar la vida en nuestras propias manos; esto de la existencia, es algo fundamental que no podemos darnos el lujo de transferir, o de delegar para que los otros nos resuelvan la pregunta más importante de nuestro ser: Qué sentido tiene mi vida?17
Decíamos que desde fuera no se no notará en primera instancia si somos cristianos o no. Pero cuando iniciemos nuestras obras, inmediatamente se notará nuestra manera de proceder; a fin de cuentas, “por sus frutos los conoceréis” (Cfr. Lc. 6, 43-45).
El proyecto de vida del cristiano-franciscano se basa en tener los mismos sentimientos de Cristo (Cf. Ef. 5), en pensar, en sentir, y en obrar como Jesús.
Nuestra cosmovisión se basa en que todos los seres humanos somos hermanos, porque somos hijos de un mismo padre, Dios18 (Cfr. Rom 8,16). De ahí que debamos acógernos, respetarnos, ayudarnos, sentir que realmente el otro no es un distante, un lejano, sino que es un cercano, un inmediato, un próximo: mi prójimo... es más, mi hermano.19 Francisco de Asís entendió esto cuando al renunciar a todo, hasta a su apellido paterno,20 sólo permitió que Dios fuera su Padre, y nadie más ocuparía ese lugar en su vida. Al santo de Asís experimentar el rostro paterno-materno de Dios, inmediatamente sintió que el otro era su cercano, su hermano, a quien deberá abrazar, como si realmente fuera hermano de carne y sangre.
Esta cosmovisión cristiana-franciscana me ayuda a mirar la realidad de una forma jerarquizada, donde lo que interesa fundamentalmente es el ser y no el tener. Donde mi mirada no está en lo inmanente, en lo de aquí abajo, sino en lo trascendente, en lo de allá, arriba, de tal manera que el cristiano recibe una invitación muy personal como la que le hizo Jesús a Nicodemo: “hay que nacer de lo alto” (Cfr. Jn. 3).
Jesús ha de ser el centro de nuestra vida;21 un Jesús vivo, real, fascinante, líder, que predica primero con sus obras y después con su palabra. Un Jesús que por encima de las instituciones, de las tradiciones, de las leyes, de los doctores y letrados, de los sumos sacerdotes y sus ritos, lo que le interesa es salvaguardar la dignidad de la persona humana, es decir, reconocer que el otro es también hijo de Dios, que debo respetar y acoger.
Jesús nos ofrece un nuevo orden de las cosas: nos presenta un nuevo y definitivo paradigma, a partir del amor-ágape, para hacer de mi vida y del mundo el auténtico semillero que Dios creó, en armonía y en justicia – paz – amor – y bondad para todos.
Cuando hablamos de nuestro proyecto de vida cristiano- franciscano, estamos hablando de interiorizar tres palabras claves en la vida de Jesús, palabras que para nosotros se convertirán en todo un camino para recorrer.
La primera palabra que Jesús proclamó en su vida pública fue: “convertíos”.
Esto de la metanoia, es toda una invitación a cambiar de rumbo, y nuestro proyecto de vida no puede basarse sólo en lo que el mundo posmoderno-neoliberal- desenfrenado nos ofrece, o mejor nos quita! No ha de basarse en el tener, en justificarlo todo para conseguirlo todo; en el utilizar a las personas y cosificarlas: en permitir que por todos los costados lo que se respire sea esclavitud!. No! Nuestro proyecto de vida es un mirar hacia adentro. Es un valorar la inmensidad de la riqueza que hay en mi interior; es dejar a un lado la tentación del ruido, del acelere, de la productividad, del ritmo permanente, para aceptar la invitación de Jesús: “mira que estoy a la puerta y llamo: si me abres, entraré y cenaré contigo” (Cfr. Ap. 3,20). Si tú, en el silencio de tu vida le abres todo tu ser a Jesús, él mismo te llenará tu vida de sentido, ya que él nos ha dicho: “yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn.10,10)
La conversión es, en términos de hoy, una evaluación constante de nuestro proceso personal de calidad total, producto del encuentro con Jesús,22 en pro de la excelencia; eso en cristiano se llama Santidad.23
Todos estamos llamados a cambiar, todos necesitamos cambiar. Como seres vivos estamos en constante movimiento, pues la idea es que orientemos nuestra vida hacia el norte por excelencia: Jesucristo el Señor.
Francisco de Asís sí que entendió esto y después de una juventud llena de placer, de juego, de música, de ambiciones, etc., se da cuenta de que a pesar de tenerlo todo, se siente absolutamente vacío, ah! es que le faltaba llenar su vida de Dios!24

A ese leproso que antes Francisco ni siquiera determinaba, ahora después de iniciar un profundo proceso de conversión, se abaja de su orgullo, lo acoge y lo besa: es que ya empezaba a tener los mismos sentimientos de Cristo.25


Cuando se da el encuentro real con Jesús de Nazaret, la vida cambia;26 es imposible permanecer indiferente. De modo que dentro de nuestro proyecto de vida personal, desde
un enfoque cristiano-franciscano, el ENCUENTRO es fundamental: somos “seres- en -relación- con,”27 y el primer nivel de encuentro es lograr llegar a la profundidad de tu ser. Cuando tú valoras tus momentos de silencio y de soledad, estás valorando la posibilidad de conocerte a ti mismo, de saberte, de ser sincero contigo mismo, de tener más carácter. No nos podemos seguir engañando a nosotros mismos: tal vez por la circunstancia que sea, ha sido necesario que llenemos nuestras relaciones, nuestros encuentros de máscaras, pero frente a nosotros mismos no queda sino una opción: desvelarnos, desnudarnos, enfrentar nuestra propia existencia. Ahí, en este estado, nos corresponde asumir todo nuestro pasado, aceptarlo para transformarlo, pero no estamos solos: Jesucristo está en lo profundo de nuestro ser, y aparece en medio de toda esa oscuridad, como la única luz victoriosa (Cfr. Jn. 9,5) que debe iluminar todos los estados de nuestra existencia.
Aquí estamos frente a la necesidad de la metanoia, frente a la necesidad del cambio, de la conversión. Y nos hemos mirado a nosotros mismos como a un espejo;28 ahora toca obrar: qué debo cambiar dentro de mi vida, de lo que siento, pienso, hago, para lograr mi armonía, mi felicidad, mi paz, para sentir que mi vida está llena de sentido?
Ponte en pie, levanta la cabeza, ten mentalidad de triunfador; haz de la crisis una oportunidad! Estás creciendo: ¡qué bien¡... a fin de cuentas como seres humanos, estamos permanentemente en movimiento.
Pero... concretamente eso de la conversión por dónde se empieza? Tengamos en cuenta la primera palabra que predicó Jesucristo en su trono! Es decir, en la cruz: “Padre, perdónalos” (Cl. 23,34). Lo que sucede es que esto de la conversión debe seguir el proceso del perdón. Hemos quedado en que nos vamos a encontrar con nosotros mismos, que en la profundidad de nuestro interior está Dios, que El nos invita y nos ayuda en ese caminar de la conversión y una forma muy práctica empezar el proceso, es a través del perdón (Cfr. Mt. 18, 21-35).
Bueno: y qué es el perdón? Tu has dicho : “yo perdono pero no olvido:” ¡cómo te parece que esto no es perdón! Entonces qué será? Hoy afortunadamente hay mucha literatura sobre el tema, pero nosotros podemos quedar en que perdonar es un verbo que se conjuga desde el “recordar en paz”. Es imposible olvidar esas heridas, pero sí es posible sanarlas, logrando que la cicatriz sea lo más “estético”. Pero... no estamos solos: Jesús, a quien hemos encontrando en la profundidad de nuestro corazón, será quien nos ayude a levantarnos,29 a sanar estas heridas. Cómo lograrlo? Invítalo!30 dile que tú ,hasta este momento, no haz sido capaz de pensar siquiera en la posibilidad del perdón, pero que sientes la necesidad de armonizar tu existencia y lo vas a lograr por medio de este reto del perdón.
Hazte algunas preguntas, como por ejemplo, qué te tienes qué perdonar a ti mismo, qué le tienes que perdonar a tu mamá, a tu papá, a tus hermanos, a tus familiares, a tus profesores, qué herida profunda tienes de tu primera relación afectiva,...
Todas estas preguntas, allá en el silencio del encuentro contigo, iluminado por la claridad de Jesús, van teniendo respuesta y vas entonces armonizando tu ser.
Para dónde vamos con estas líneas? Hemos tratado de traer la primera palabra de Jesús: al comenzar su ministerio público: “convertíos” (Mc. 1, 56); al estar en el madero de la cruz)“Padre, perdónales”. Ahora, demos un paso adelante:
Qué podría resultar de ese proceso conversión-perdón? Inmediatamente surge el efecto de la resurrección, misterio central de nuestra fe!.
La primera palabra que Jesús pronunció después de la resurrección, según san Mateo, precisamente fue: “alegraos” (Mt, 28.9).
De tal modo que el efecto que produce la conversión y el perdón es una profunda ALEGRÍA.
La conversión, como metanoia, hace entonces referencia al “cambio interior del sentimiento, de propósitos, y de la voluntad”31; dicho cambio hace que el ser humano renuncie al rencor, la venganza, el odio, hacia la persona que le ha hecho daño, y con la ayuda de la misericordia 32de Jesucristo, produzca frutos de perdón y de amor.
A fin de cuentas, desde el BAUTISMO el cristiano ha recibido las semillas de la vida eterna: las semillas del amor y del perdón. Nos dice Jesús: “ en verdad, te digo: el que no nazca de lo alto, no puede ver el reino de Dios” (Jn.3,3); nacer de lo alto será del “agua y del espíritu” (Cfr Jn 3,56). O sea, nacer de la vida de la gracia de Dios por medio del bautismo. Desde ese día, el cristiano se ha sumergido en las aguas de la verdadera vida.
Al experimentar el perdón, (que en óptica cristiana no tiene límites)33 lo que se está viviendo es una profunda alegría. Ya lo alaba san Francisco de Asís en el cántico de las criaturas: “Loado seas mi Señor, por aquéllos que perdonan por tu amor”.34
Mirar tu proyecto de vida, desde la óptica cristiana-franciscana, implica un proceso fundamental de excelencia, de calidad; en términos cristianos, de santidad.35 Dicho
proyecto, al atravesar por la conversión, llegando al auténtico perdón, puede experimentar la auténtica alegría.
Bien, a la altura de nuestras líneas, lo que hemos querido proponer es un camino para llegar a la felicidad. Mediante el proyecto de Dios con nosotros y con nuestra realización personal, llegará nuestra felicidad.
Terminamos esta presentación con un texto que nos puede iluminar este propósito: la felicidad: “la felicidad no es un destino al que se llega para siempre, sino un camino que se transita cada día. La felicidad no es una vida sin problemas, sino una existencia en la que la fe y el amor convierten cada adversidad en una oportunidad.
La felicidad está en la alegría espiritual y no tanto en los goces externos que pasan como el viento. La felicidad la disfrutamos en el cultivo de buenas relaciones y no en la acumulación de costosas posesiones. La felicidad se identifica con una conciencia tranquila y con esa paz interior que disfrutan los que son amigos de Dios, de los demás y de la creación.
No aplaces la felicidad: elige ser feliz ya, como lo sugiere el famoso músico y pianista Arthur Rubinstein: “la mayoría de las personas tienen un concepto poco realista de la felicidad y dicen: sería feliz si fuera rico, si tuviera salud, si ése ser me amara. Si... Luego al alcanzar un objetivo descubren otro “si”. Yo por mi parte, amo la vida incondicionalmente”.
Para san Francisco de Asís la verdadera alegría consiste en: tener paciencia y en no perder la calma.
Entre tanto, el santo de Dios, cambiado su vestido exterior y restaurada la iglesia ya mencionada, marchó a otro lugar próximo a la ciudad de Asís; allí puso mano a la reedificación de otra iglesia muy deteriorada y semiderruida; de esta forma continuó en el empeño de sus principios hasta que dio cima a todo.
De allí a otro lugar llamado Porciúncula, donde existía una iglesia dedicada a la bienaventurada Virgen madre de Dios, construida en tiempo lejanos y ahora abandonada, sin que nadie se cuidara de ella. Al contemplar el varón de Dios en tal estado , movido a compasión, porque le hervía el corazón en devoción hacia la madre de toda bondad, decidió quedarse allí mismo.
Cuando acabó de reparar dicha iglesia se encontraba ya en el tercer año de su conversión. En este período de su vida vestía un hábito como ermitaño, sujeto con correa; llevaba un bastón en la mano y los pies calzados.
Pero cierto día leía en esta iglesia el evangelio que narra cómo el Señor había enviado a sus discípulos a predicar; presente allí el santo de Dios, no comprendió perfectamente las palabras evangélicas; terminada la misa, pidió humildemente al sacerdote que le explicase el evangelio. Como el sacerdote le fuese explicando todo ordenadamente, al oír Francisco que los discípulos de Cristo no debían poseer ni oro, ni plata, ni dinero; ni llevar para el camino alforja , ni bolsa, ni pan, ni bastón; ni tener calzado , ni dos túnicas, sino predicar el reino de Dios y la penitencia, al instante saltando de gozo, lleno del Espíritu del Señor, exclamó: “ Esto es lo yo quiero, esto es lo que yo busco, esto lo que en lo más íntimo del corazón anhelo poner en práctica”.
Rebosando de alegría, se apresura inmediatamente el santo Padre a cumplir la doctrina saludable que acaba de escuchar; no admite dilación alguna en comenzar a cumplir con devoción lo que ha oído. Al punto desata el calzado de sus pies, echa por tierra el bastón y, gozoso con una túnica, se pone una cuerda en lugar de la correa.
Desde este momento se prepara una túnica en forma de cruz para expulsar todas las ilusiones diabólicas; se la prepara muy áspera, para crucificar la carne con sus vicios y pecados; se la prepara, en fin, pobrísima y burda, tal que el mundo nunca pueda ambicionarla. Todo lo demás que había escuchado se esfuerza en realizarlo con la mayor diligencia y con su reverencia. Pues nunca fue oyente sordo del Evangelio sino que, confiando a su feliz memoria cuanto oía, procuraba cumplirlo a la letra sin tardanza.36

36 GUERRA, José Antonio. San Francisco de Asís



Madrid. 1991 p. 154 –155.


BIBLIOGRAFÍA





  1. GEVAERT, Joseph. El problema del hombre. Introducción a la antropología filosófica. Sígueme, Salamanca. 1981. p.360




  1. LADARÍA , Luis F. Antropología teológica. P.V.G. Roma. 1983. p.425




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  1. MARTINA CASULLO, María. Proyecto de vida y decisión vocacional. Paídos. Buenos Aires. 1994. p.306.




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  1. GUERRA, José Antonio. San Francisco de Asís

Madrid. 1991 (p. 1091).


1 LADARÍA, Luis F. Antropología Teológica. Roma. PVG. 1983. P.125

2 LADARÍA, Luis F. Op. Cit. P. 111

3 LADARÍA, Luis F. Op. Cit. P.110

4 M. Scheler en: GEVAERT, Joseph. El problema del hombre. Sígueme, Salamanca 1981 p. 12-13.

5 GEVAERT, Joseph. Op. Cit p.17.

6 La persona según el Papa. La peregrinación filosófica de Wojtila. En: ARTEAGA VILLA, Victor. Ensayo literario dominical, El colombiano, Medellín, 9 de noviembre de 2003. P 4-5.

7 MARTINA CASULLO, María. Proyecto de vida y decisión vocacional. Paidós. Buenos Aires. 1994 p. 20

8 FROMM, Érick. El arte de amar. Paidós. Barcelona, 1982. P. 64-65

9 GALLO GONZÁLEZ, Gonzalo. Cuatro amores. Cali. Carvajal. 1992. p 119.

10 DUQUE LINARES, Jorge. Proyecto de vida. E Duque. Santa fe de Bogotá. 2000 p. 134.



11 Ibidem p.135

12 CFR. NIVEN, David. Las 100 recetas de la gente feliz. Bogotá, Norma. 2003 p. 7-10

13 GEVAERT, Joseph. Op. Cit p. 239

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1 14 GONZÁLEZ – CARVAJAL, Luis. Ésta es nuestra fe. Teología para universitarios. Sal terrae 1989 p. 155

15 Persona en: Diccionario enciclopédico de Teología moral. Ed. Paulinos 1980. p 832-836

16 Cfr. Mt. 15, 18-20. Gál. 5, 13-23.


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17 ALFARO, Juan. De la cuestión del hombre a la cuestión de Dios. s l: Verdad e imagen. 1997p.13-28

18 Le lettere di san Paolo. s.l: Ed. Paoline. 1992. p.309-315.

19 VIVES, José. Los padres de la iglesia. Ireneo de lyon. Barcelona: Hérder 1981. Pp.129-151

20 GUERRA, José Antonio. San Francisco de Asís. Escritos. Bibliografías, documentos de la época 1991. p.150


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21 GOFFI, Tulo. Corso di morale. Vita nuova in Cristo. Credere in Gesú Cristo. Ed. Querianiana. 1983 p.152-156

22 Juan Pablo II, Exhortación post-sinodal Ecclesia in América, n.3

23 LUMEN Gentium Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Capítulo V.

24 GUERRA, José Antonio. Idem. .p.141-146

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25 Ibid. p.151

26 Ibide p.154-155

27 ALFARO, Juan. Idem. p.219-238

28 Sant. 1, 22-27


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29 Lc.7, 36-50



30 Lc. 24,29

31 ADNES, Pierre. La penitencia. B.A.C. 1981. p.11

32 BONNARD, Pierre. Evangelio de san Mateo. Madrid. 1983 pp 413-416


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33 Mt. 18, 21-35

34 GUERRA, José Antonio, Idem p.789

35 Ef. 4, 20-24

36 GUERRA , José Antonio. Idem p.86


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