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Programa Unidad 1: Mundo. El largo final del siglo XIX


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Historia

Primera Mitad del Siglo XX

4º año Secundaria



2013
Prof. Claudio Alvarez Terán





Programa

Unidad 1: Mundo. El largo final del siglo XIX




IMPERIALISMO, GUERRA, REVOLUCIÓN Y CONTRARREVOLUCIÓN EN EL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XX


  • REVOLUCIÓN DE LOS TRANSPORTES, IMPERIALISMO Y TRANSFORMACIÓN

  • IMPERIALISMO

        • Imperialismo Británico

        • Imperialismo Norteamericano

  • EL ORDEN NEOCOLONIAL EN LATINOAMÉRICA

        • División Internacional del Trabajo

        • La Edad de Oro 1880-1914

        • Población

        • Ofensivas Liberales

        • Clase Trabajadora y Movimiento Obrero

  • LAS REVOLUCIONES

        • La Revolución Mexicana

        • La Revolución Soviética

  • PRIMERA GUERRA MUNDIAL (1914-1918)

  • CONTRARREVOLUCIONES. ALTERNATIVAS A LA DEMOCRACIA LIBERAL

        • Fascismo en Italia

        • Nazismo en Alemania

        • Falangismo en España



Unidad 2: Argentina y Latinoamérica en tiempos de cambio




ARGENTINA. DE LA OLIGARQUÍA A LA DEMOCRACIA AMPLIADA


  • LA ARGENTINA AGROEXPORTADORA

        • Inmigración y Urbanización

        • El Régimen Oligárquico

  • CLASE MEDIA Y OPOSICIÓN

        • Radicalismo

        • El mundo del Trabajo

  • LA DEMOCRACIA AMPLIADA

  • EL GOLPE DE 1930

LATINOAMÉRICA. DECADENCIA BRITÁNICA, AUGE NORTEAMERICANO. 1914-1930




Unidad 3: De la Crisis de 1930 al Nuevo Orden Mundial




MUNDO EN CRISIS, MUNDO EN GUERRA





  • CRISIS ECONÓMICA DE 1930

  • LATINOAMÉRICA. SISTEMA DE SUSTITUCIÓN DE IMPORTACIONES (SSI)

  • SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

  • LOS GENOCIDIOS

        • EL GENOCIDIO ARMENIO

        • EL GENOCIDIO JUDÍO

ARGENTINA. DEL ESTADO CONSERVADOR A LA DEMOCRACIA DE MASAS





  • ARGENTINA (1930 – 1945). ESTADO CONSERVADOR y CLASE OBRERA

        • La Economía: crisis externa e impulso industrial

        • La Política. Gobiernos conservadores, fraude y factor militar.

        • Los sectores populares

  • ARGENTINA (1943 – 1955). PERONISMO

        • Revolución del 4 de Junio de 1943

        • Primera Presidencia de Perón

        • Segunda Presidencia de Perón



LATINOAMÉRICA. EL POPULISMO

Unidad 1: Mundo. El largo final del siglo XIX




IMPERIALISMO, GUERRA, REVOLUCIÓN Y CONTRARREVOLUCIÓN EN EL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XX



REVOLUCIÓN DE LOS TRANSPORTES, IMPERIALISMO Y TRANSFORMACIÓN

A finales del siglo XVIII en Gran Bretaña se produjo el despegue (take-off) de una revolución tecnológica que iba a cambiar al mundo, a cambiar las relaciones de poder en el planeta, que iba a dar forma a la Segunda Mundialización1: se trata de la Revolución Industrial.

La Revolución Industrial se inicia en Gran Bretaña porque solo en ese país existían allá por 1760 las condiciones necesarias para su realización, los tres factores que harían despegar la Revolución Industrial:


  • Capitales disponibles, dinero en abundancia para invertir en fábricas.

  • Burguesía sólidamente instalada en la sociedad. Los burgueses ingleses comparten por entonces el poder con la vieja nobleza británica.

  • Mercado interno suficientemente grande como para absorber las mercaderías que iban a surgir de la Revolución Industrial.

Estos tres factores originales de Gran Bretaña se sumaron a la disponible tecnología del vapor para aplicarla en la industria textil generando una transformación fenomenal del mundo a partir de ese momento: la creación del Sistema Capitalista Industrial y convirtiendo a Gran Bretaña en el país más poderoso de la Tierra.

Con la Revolución Industrial Gran Bretaña iría a crear su Imperio comerciando con el resto del mundo.

Pero el proceso económico basado en la industria textil y el consumo interno de Gran Bretaña que se había iniciado allá por 1760 comenzó a perder fuerza y a declinar.

Una vez que esta fase basada en la industria textil, se consolida, el proceso económico británico ingresa en una meseta a la espera de alguna novedad que permitiese un nuevo despegue.

Alrededor de 1840 la Revolución Industrial estaba ingresando en un declive, pero pronto se sabría que este declive es solo el fin de la primera fase de la Revolución Industrial, porque alrededor de 1870 la Revolución Industrial británica entrará en una nueva fase, renovadora y con mayor potencia aún que la primera.

Cuando finaliza el Ciclo Textil al haberse saturado de productos el mercado británico y no disponer Gran Bretaña de nuevos mercados de fácil acceso en el mundo, la gran cantidad de capital (dinero) disponible por parte de los empresarios ingleses, va a ser invertido en una industria que ya existía desde hacía más de 25 años: el ferrocarril.

Otra vez, como sucediera con la máquina textil de vapor, no será la existencia de la nueva máquina en sí misma, en este caso el ferrocarril, la que generará una nueva base de despegue para lo que se habrá de conocer como la Segunda Fase de la Revolución Industrial, sino la decisión de los capitalistas británicos de poner en la construcción de ferrocarriles sus ahorros acumulados.

La novedad del ferrocarril es que permitirá acelerar el transporte de mercaderías y personas de manera segura y eficiente, cambiando las escalas productivas y geográficas y ampliando los espacios de las comunicaciones.

Detrás del ferrocarril se encolumnarán industrias como la siderurgia (hierro y acero) para el tendido de vías y la extracción de carbón para alimentar a las máquinas de vapor. La producción de hierro impulsa un profundo crecimiento al mismo tiempo que se dinamizan los mercados de capitales.

La producción británica de hierra se duplicó entre 1835 y 1845 y se triplicó entre 1850 y 1880, de igual modo la extracción de carbón se multiplicó también por tres en ese período.

Pero la construcción de ferrocarriles no va a ser la única novedad del desarrollo de esta segunda fase de la revolución industrial, sino que deberá sumarse la aparición de la tecnología del vapor en la navegación: el barco a vapor reemplazará al barco a vela.

El barco a vapor será fundamental para darle un nuevo impulso al comercio internacional y por lo tanto a la industria británica, ya que reemplazará lentamente al barco a vela, superándolo en velocidad, capacidad de carga y, por tanto, abaratando los costos de transporte.

Un barco a vapor podía en 1850 duplicar la cantidad de viajes transatlánticos que realizaba en similar tiempo un velero, y además podía llevar una carga enormemente superior en peso y volumen. Un velero tardaba 15 días en ir de Estados Unidos a Gran Bretaña, un vapor podía hacer la misma ruta en 8 días.

La conjunción de ferrocarril y barco a vapor darán forma a lo que se conoce como la Revolución de los Transportes

Mediante de esta conjunción de transportes el sistema comunicativo-comercial se logra ampliar sin límites, el único límite será a partir de entonces el mundo todo.

El procedimiento para lograrlo será el siguiente:



  • El barco a vapor permite transportar grandes cantidades de mercaderías hacia cualquier destino lejano, uniendo puerto con puerto incluso de un continente a otro con gran rapidez, y en mayores cantidades, abaratando los costos.

  • El ferrocarril complementará este trayecto uniendo por tierra los mercados con los puertos de manera rápida y eficaz, y más barata que el transporte en carretas.

Por consecuencia los mercados se unifican mundialmente y los productos se abaratan a partir de la reducción de los fletes y el aumento de la producción.

El estancamiento de la primera fase de la Revolución Industrial había llegado a su fin, Gran Bretaña había logrado resolver las limitaciones de su propio mercado interno ampliándolo al mundo entero mediante los nuevos transportes a vapor: el tren y el barco.

Todo el mundo se transforma en un gran mercado, el mercado es el mundo.

Un Nuevo Orden Económico nace.


Las mercaderías inglesas, muy baratas por su producción masiva a nivel industrial, cruzarán los océanos en los rápidos barcos a vapor para ser vendidas en América, en Asia y en África, los llamados países periféricos.

De regreso, los barcos ingleses no volverán vacíos, se llevarán hacia Europa las producciones típicas de los países latinoamericanos, asiáticos o africanos (cereales, carnes, minerales, frutas, azúcar, etc) dando forma a lo que se conocerá como División Internacional del Trabajo.

La División Internacional del Trabajo consiste en que cada país exporte la producción que mejor y más abundantemente produce y reciba a cambio lo que no produce.

Básicamente, se refiere a que los llamados países de la periferia (América Latina, Asia, África, Europa Oriental) produzcan materias primas, y los llamados países centrales (Europa Occidental y América del Norte) produzcan manufacturas industriales.2

El principio central de este proceso es el Librecambio, idea que impondrá Inglaterra, es decir, ningún país debe poner ninguna barrera a la compra y venta de productos, ningún impuesto, ninguna restricción aduanera.

El librecambio es la premisa imprescindible del Nuevo Orden Económico liderado por Gran Bretaña.



Como decíamos el desarrollo del ferrocarril y el barco a vapor crecerá de tal manera que producirá a su vez un incremento fabuloso en la producción de hierro, carbón y acero (recientemente inventado), estos tres elementos son conocidos en la ciencia económica como "Industria Pesada". La Industria Pesada será un pilar esencial que posibilita a partir de 1875 el despegue de la segunda fase de la Revolución Industrial.

Pero la gran novedad de esta etapa es que Gran Bretaña, la primera potencia mundial, la reina del comercio y la fábrica del planeta, ya no estará sola en el rol de país productor y exportador de manufacturas industriales como había sido durante todo el siglo anterior ya que en la propia década de 1870 comenzarán a aparecer otros países que buscarán participar de este fenomenal negocio.

La novedad será entonces el comienzo de la Competencia Comercial Internacional

Dos rivales industriales competirán a partir de entonces con Inglaterra por el comercio mundial: Alemania y Estados Unidos.

Inglaterra verá, a partir de ese momento, como Estados Unidos y Alemania, y en menor medida Francia, comienzan a introducirse lentamente en sus hasta entonces monopólicos mercados. Los precios comenzarán a bajar y las ganancias británicas a disminuir.

Alemania y Estados Unidos romperán con el principio del Librecambio e impondrán restricciones a la circulación de productos ingleses.

A partir de la competencia comercial nacerá una nueva expresión del Capitalismo: el Imperialismo

Imperialismo es básicamente una forma de dominio, dominio político y comercial a través de la división entre los países industrializados del mundo como mercado y como proveedor de materias primas, incluso mediante la ocupación militar de naciones.

Para evitar el enfrentamiento por la competencia comercial los países centrales industrializados o pre-industrializados se repartirán el mundo como mercado en posesiones formales o informales. Formales especialmente en África y Asia que serán ocupados militar y políticamente por las potencias, en tanto en el caso de América Latina la ocupación será de carácter informal, el llamado Imperialismo Económico, donde las potencias establecen control política sobre las elites gobernantes asegurándose la continuidad del vínculo comercial entre sus países.

A través del imperialismo la economía capitalista se incorpora a todos los rincones del mundo.

Un hecho fortuito sumó un elemento adicional a los factores que dieron forma a la dinamización de la economía mundial a partir de 1870: el descubrimiento de oro en Australia y California.

Este hecho inyectó una profunda corriente de capitales en el sistema, que ya tenía un volumen alto de dinero disponible, y reactivó una región abandonada desde el siglo XVII: El Océano Pacífico, que alrededor del siglo XVII había dejado paso al dominio del eje Atlántico a partir de la relación entre Europa y América.

Otra novedad la constituirá la aparición de dos nuevas formas de energía que reemplazarán lentamente el predominio del vapor a partir del siglo XX: el petróleo y la electricidad, que habrá de generar nuevas industrias como la automotriz, la aviación, la química, etc.

La renovación de industrias en los países centrales darán forma a una nueva organización del trabajo en la fábrica: lo que se llamará producción en serie, “fordismo” o "taylorismo".

La producción en serie significa que cada obrero en la fábrica se ocupa de hacer solo una parte del trabajo de producción, en una secuencia de momentos similares que se encadenan en serie desde el comienzo de la fabricación hasta la obtención del producto final (este proceso se puede observar brillantemente en la película "Tiempos Modernos" de Charles Chaplin).

El fordismo impulsará no solo a la producción masiva de bienes sino también multiplicará la cantidad de industrias, fundamentalmente en Europa y Estados Unidos, e incrementará la cantidad de obreros industriales que comenzarán a unirse en sindicatos y buscando mayores espacios de poder.

Aquel pequeño empresario burgués que con su propia fábrica diera forma a la primera fase de la revolución ahora va a ser reemplazado en esta segunda fase por las grandes empresas con capitales enormes, sociedades anónimas sin un dueño único, que darán forma a lo que se conocerá como los monopolios o "trusts".

Enormes empresas que se involucran en un rubro productivo del mercado y lo dominan casi por completo.

En este escenario en el que las potencias centrales amplían sus mercados a expensas de los países periféricos, y las empresas crecen y crecen incesantemente a partir de la aparición del petróleo y la electricidad y la reorganización de los procesos de trabajo por medio del fordismo; el Estado también deberá modificar su rol.

El factor estatal se podrá observar con fuerza en Alemania que alcanza su desarrollo industrial orientado por el Estado, y en Estados Unidos, que si bien no ejerce como guía de manera tan fuerte como en Alemania, el Estado juega un rol esencial en su despegue.

Como resultado de esta etapa la sociedad es cada vez más una sociedad burguesa.

La forma de vida de la burguesía va siendo adoptada por casi todos los sectores de la comunidad.

Ya no serán burgueses solamente los empresarios, comerciantes o banqueros, también lo serán los profesionales, los obreros especializados, los maestros, los empleados del Estado (un nuevo grupo que acorde con el crecimiento de las estructuras del Estado cada vez ocupará mayor importancia social).

Todos estos grupos, diferentes entre sí, darán forma a una nueva clase, también burguesa, pero que se diferencia de la clase alta y de la clase obrera baja: la clase media.

Ya la sociedad no estará dividida solo en ricos y pobres, se irá generando entre ambos una inmensa capa media que no es ni rica ni pobre, pero que socialmente se identificará con la forma de vida burguesa, al mismo tiempo los ingresos de los obreros comienzan a mejorar y con ello sus niveles de vida. Comienza a crearse la sociedad de consumo.

Mientas los obreros siguen creciendo en número, al mismo tiempo que se genera un fenomenal proceso de urbanización que mejorará las viejas ciudades haciéndolas más habitables.

Ante la aparición de estas nuevas clases, los obreros y las clases media, la burguesía, que detentaba el poder con exclusividad, deberá comenzar a abrir canales de participación política a estos nuevos sectores y a conceder mejoras laborales, es el tiempo de la "democratización" de la sociedad. Será en este marco en el que habrán de surgir los partidos socialistas y obreros y con ello el sistema político comenzará a representar a todas las vertientes sociales y no solo a la clase burguesa.

También será este el tiempo de las grandes migraciones intercontinentales.

Primero habían sido las migraciones del campo a las ciudades y de las ciudades chicas a las grandes a finales del siglo XVIII, en esta etapa de fínales del siglo XIX será el tiempo de la migración de un país a otro, y de un continente a otro continente.

Millones de personas se trasladan en el mundo de un lugar a otro, esencialmente desde Europa al nuevo continente americano.

El mundo parece conducirse a un progreso sin fin, a mejoras constantes, es el tiempo del positivismo, con una fórmula que parece asegurar el éxito: orden y progreso.

IMPERIALISMO

Entre 1875 y 1914 todo el mundo extraeuropeo quedó bajo el control de alguna potencia de manera formal o informal. Asía, África y América Latina se transforman en territorios del Imperialismo.

La palabra Imperialismo es aceptada de buena gana por las potencias centrales, ya que el viejo concepto de Imperio no podía definir claramente la novedad que significaba este dominio basado en motivaciones económicas.
Qué es Imperialismo?

El término “imperialismo” se incorpora al léxico británico en 1870 y se vuelve común recién en 1890. Hasta 1914 el término imperialismo es asumido con orgullo por las potencias capitalistas, ya que recién luego de ese año comenzará a tener una carga negativa y peyorativa.

El Imperialismo es visto por los analistas marxistas como una nueva fase del capitalismo, que sirve para organizar la hipercompetencia comercial entre naciones repartiéndose el mundo como mercado. Se procede a repartir el mundo entre las grandes potencias industriales de Europa y Estados Unidos para asignar mercados para cada una.

En cambio, para los teóricos liberales, el Imperialismo es un fenómeno político que no tiene raíces económicas ya que para el liberalismo el sistema capitalista no genera rivalidades irreconciliables.

Resumiendo, para la teoría marxista Imperialismo ES Capitalismo, para la teoría liberal no existe relación entre el Imperialismo y el Capitalismo.

Más allá de optar por una u otra perspectiva, lo que queda claro es que Imperialismo es el dominio directo o indirecto de parte de una Nación Estado sobre otra Nación Estado. Es una relación de dominio/sometimiento entre naciones.

Otra forma de entender esta relación puede sintetizarse en base a los conceptos de riqueza y mando.

Mientras los países dominantes captaban su riqueza en el exterior y ejercían el mando desde dentro, los países sometidos tenían su riqueza en el interior pero el mando se ejercía desde el exterior.

El Imperialismo se muestra como la consecuencia lógica de un sistema económico internacional, que inicia en el siglo XIX y que se encaminará en el siglo XX a la competencia entre las poderosas economías industriales y que derivará en la tragedia de la Primera Guerra Mundial.
¿Para qué Imperialismo?

Las razones que llevaron a la división imperialista tienen su fundamento en que el sistema capitalista entró en una profunda crisis por efecto de la sobreproducción y la falta de mercados. Este problema se agudizaba ya que la crisis industrial de los países capitalistas (fundamentalmente Gran Bretaña) ponía en peligro la paz social, toda vez que aumentaba el desempleo y alimentaba los focos de conflicto social de los obreros en los países europeos..

La expansión imperialista europea y norteamericana aparece entonces como una salida alternativa a la crisis que amortiguará la creciente ola de movimientos obreros.

La apertura de los mercados de Asia, América Latina y África a las producciones europeas y norteamericana permitirá poner en marcha nuevamente las fábricas y por lo tanto disminuir el desempleo y disolver el malestar social.

El Imperialismo se convierte en la metodología que las potencias industriales utilizarán para crecer y convertirán al imperialismo en la grandeza de la patria. Cuánto más imperialista un país, más potente será, por lo tanto la idea predominante es que ningún país que pretenda ser poderoso podía dejar de ejercer acciones imperialistas de dominio sobre países periféricos.

Resultaba necesario entonces para las potencias capitalistas industriales descomprimir sus problemas internos abriéndose hacia el exterior, haciendo del mundo un solo mercado, incorporando lentamente al sistema capitalista a las naciones que aún no habían ingresado a este modelo económico, pero incorporándolas al sistema no como productores de manufacturas industriales sino como proveedores de materias primas; es decir, ingresan a través de una inserción subordinada en el sistema.

Países latinoamericanos como Argentina, asiáticos como la India o africanos como el Congo ingresan al sistema comercial mundial como productores de materias primas y compradores de manufacturas industriales.

Las razones que dan forma al imperialismo pueden entonces resumirse en las siguientes:



  1. Presión del capital por encontrar inversiones más rentables.

  2. Abrir nuevos mercados para colocar la sobreproducción industrial y de ese modo descomprimir la creciente conflictividad social en los países centrales.

  3. Obtención de colonias para proteger las inversiones comerciales (Guerra de los Boers en Sudáfrica, por ejemplo, para asegurar el paso del océano Índico al Atlántico. O el caso de la India, convertida en la más importante colonia británica, y punto estratégico que controlaba las rutas terrestres al interior de Asía, así como las rutas marítimas del Océano Índico).

  4. Ideal de “Puertas Abiertas” a la penetración económica. Presión de las potencias industriales para que los países periféricos adopten políticas de libre comercio. Esa presión se hace “convenciendo” a las elites gobernantes, o a través de la ocupación directa del país.

Las potencias capitalistas necesitaban de los productos exóticos: caucho amazónico, petróleo oriental, estaño asiático, cobre chileno, cereales y carnes rioplatenses, frutos tropicales, etc.

Por ello los países periféricos se especializaron en la explotación de estos productos y se ligaron al sistema imperialistas desde una posición subalterna proveyendo materias primas a las potencias y alcanzando, durante esta etapa, altos niveles de prosperidad, pero que solo se redujeron a enriquecer a una pequeña parte de la población, la elite que gobernaba, en la que confluían los intereses políticos y económicos, las llamadas oligarquías (sectores dominantes).

Pero esta prosperidad fue solo un espejismo, ya que una vez que el sistema se desmoronó los países de la periferia sufrieron una brutal caída, mientras que las potencias centrales continuaron su camino de desarrollo industrial.3

El mayor éxito del Imperialismo se registró en Gran Bretaña, por su tradicional relación entre exportación de productos manufacturados e importación de materias primas.

Por el contrario en países europeos menos dinámicos en materia industrial (Bélgica, Holanda, Italia, Francia) el imperialismo funcionó como un sustituto de su inferioridad económica mediante la simple explotación de las colonias adquiridas.

Un rasgo recordable del Imperialismo es su costado cultural, ya que se convirtió en un fenómeno de penetración cultural llevando la occidentalización de la vida a las elites del mundo subdesarrollado y esas elites fueron las encargadas de conducir a sus naciones hacia la inserción capitalista en el nuevo orden económico bajo la consigna de “civilización”.

Hay que recordar que a fines del siglo XIX los pueblos no europeos eran considerados inferiores, indeseables, débiles, bárbaros, adecuados para la conquista.

Por ello los pueblos occidentales consideraban un deber asistir y educar a los “inservibles” pueblos no occidentales, civilizarlos. Al decir del poeta británico R. Kipling, esa era “la carga del hombre blanco”, era su responsabilidad guiar a estos pueblos bárbaros hacia la civilización.

Y la metodología era el Imperialismo, vivido sin culpas a comienzos del siglo XX, como un orgullo.

El problema del Imperialismo estuvo dado por su propia lógica capitalista: en un mercado se compite en la búsqueda de beneficios. Y en un mercado mundial se compite mundialmente.

Si el mundo se dividió entre grandes potencias industriales ocupando cada una un sector “cerrado” para su propio beneficio (Estados Unidos en Centroamérica, Gran Bretaña en la India, parte de África y en América Latina, Alemania en parte de Asía y de África, Francia en el sudeste asiático y en África, Japón en parte de Asia y en el Pacífico, etc) la competencia entre estas potencias conduciría a un mundo sumamente explosivo y riesgoso: el mundo de la Primera Guerra Mundial, la guerra interimperialista.


IMPERIALISMO BRITÁNICO

Gran Bretaña fue la potencia que inició el camino del Imperialismo.

El país en el que nació el capitalismo industrial fue también el que puso en marcha en su más clara expresión el sistema imperialista para darle salida a sus productos industriales a nuevos mercados en todo el mundo y proveerse de las ansiadas materias primas de esos mismo países.

Dijimos que el Imperialismo tenía una alternativa de dominio directo, mediante la ocupación militar y política, o de dominio indirecto, mediante la utilización de las elites gobernantes para implementar políticas favorables al imperialismo británico.

Gran Bretaña hizo uso de ambas alternativas, el dominio indirecto en América Latina y el dominio directo en África, Asia y Oceanía.

La gran posesión imperialista británica será la India.

Gran Bretaña tomó control directo de la India en 1857 y a partir de ese momento convirtió a ese país en su principal proveedor de materias primas y en un centro de distribución comercial para todas sus colonias en África, Asia y Oceanía.

Fue tal la importancia de la India en el esquema imperialista británico que creó países en torno a ella para protegerla de eventuales ataques, como Afganistán o el actual Pakistán.

El otro gran bocado imperial en Asia era la China, pero China no será posesión de ningún país industrial en particular sino de todos ellos en general.

China conservó nominalmente su independencia, pero fue repartida comercialmente entre todas las potencias, y a Gran Bretaña le correspondió el control sobre la estratégica Hong Kong, además de diversos puertos sobre la costa.

En el caso de África, el primer objetivo británico fue el control del Canal de Suez, que une el Mediterráneo con el Océano Índico, por eso tomó con Francia control sobre Egipto, que aunque conservó su independencia nominalmente, pasó a ser un eslabón más de la cadena imperialista británica.

En lo que respecta al África Subsahariana, Gran Bretaña participa de la Conferencia de Berlín, en la cual en 1880 las potencias se reparten el territorio africano.

A Gran Bretaña le correspondió todo el sur africano (controlando le Cabo de Hornos que une el océano Atlántico y el Índico) y buena parte de África Central.

Finalmente en Oceanía ocupó los dos mayores países: Nueva Zelanda y Australia.

De este modo se puede observar como Gran Bretaña se preocupó de asegurarse la posesión de buena parte de la fuente de materias primas del mundo, sino también se aseguró el control de la mayor parte de las zonas estratégicas de la geografía naval del mundo porque de ese modo lograba controlar el comercio global.

El Imperialismo informal británico estuvo claramente expresado en Latinoamérica, sobre todo en el Cono Sur, ya que será en esta zona sudamericana en la que Gran Bretaña establecerá un control total del comercio y la política latinoamericana, siendo la Argentina el más claro ejemplo de ello.



Los países latinoamericanos se convirtieron en activos proveedores de materias primas a Gran Bretaña y en ávidos compradores de productos industriales.

En este caso Gran Bretaña no ocupó directamente los países sino que se aplicó a asegurarse la lealtad total de las elites gobernantes latinoamericanas, quienes a partir de allí serán las más fieles protectoras de los intereses comerciales británicos, aún cuando en muchos casos esos intereses se volvieran contrarios al interés nacional.


IMPERIALISMO NORTEAMERICANO

En 1865 el General Lee, comandante de los estados sureños rebeldes, capitula incondicionalmente ante el General Grant, comandante de los ejércitos del norte.

Con este acto se pone fin a una guerra civil que dividió a los Estados Unidos durante cinco años con el resultado de alrededor de 600.000 muertos.

El fin de la guerra civil consagra la Unidad política de los Estados Unidos cuyas banderas había levantado el presidente Lincoln.

El norte industrializado victorioso en la guerra impulsa este sello para la totalidad del territorio. Estados Unidos contará a partir de entonces con un enorme mercado interno donde vender los productos, una extensa red ferroviaria dispuesta a través de todo el territorio de costa a costa, precediendo la llegada de los colonos creando ciudades y desarrollo, y una importante concentración de capitales.

Todo está dispuesto para el despegue de los Estados Unidos hacia su objetivo de convertirse en una potencia mundial.

Es el tiempo de los ricos, el tiempo de los grandes empresarios y los monopolios. Es el tiempo de lo que la historia norteamericana recordará como los “magnates ladrones”, la primera clase industrial norteamericana, el imperio de la “plutocracia4”.

Respecto al territorio, los Estados Unidos van completando su conformación definitiva con la incorporación de Hawai como Estado número 50 en 1900. Hawai significaba un eslabón fundamental para la expansión comercial estratégica que se planteaba en dirección al Asia, especialmente a la China.

Corría el tiempo del Imperialismo

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