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Prólogo al libro: Arquitectura Contemporánea en México de Antonio Toca Fernández. Rafael López Rangel


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Prólogo al libro:

Arquitectura Contemporánea en México



de Antonio Toca Fernández.
Rafael López Rangel
Estamos seguros que los textos que aquí se presentan -escritos por A. Toca en está década de los ochenta- van a despertar interés de aquellos que están atentos y se preocupan por a situación y el destino de la arquitectura latinoamericana. Y no lo decimos solamente porque en su "puesta a prueba" en forma aislada han tenido un éxito singular, sino porque ya reunidos -no obstante algunas inevitables reiteraciones- presentan un signifícativo panorama de una manera de pensar nuestra arquitectura que se inscribe en la línea crítica, tan buscada ya desde principios de los setenta.
Esa búsqueda, se sabe, no es casual. No es tampoco el producto de un mero prurito teórico o de un deliberado capricho por enfrentar en el cómodo campo del discurso verbal, paradigmas que rigieron durante décadas a construcción de la modernidad urbano-arquitectónica de América Latina. La búsqueda emerge de una crisis descomunal, que al rebasar los ámbitos específicamente arquitectónicos -al grado de poner en duda sus propios límites- mostraron dramáticamente la ineficacia de principios que confundieron el radicalismo formal de las vanguardias con la posibilidad de un cambio social radical. Pero no sólo eso, porque si así fuera, sólo los arquitectos identificados con las demandas populares y los movimientos de liberación nacional, estaríamos desencantados. Los mesiánicos llamados del Movimiento-Moderno, y su expresión concreta en América Latina han sido incapaces de producir un entorno construido sano, de transformación positiva del medio ambiente y han contribuido a la degradación acelerada de la naturaleza, del propio parque construido y de las condiciones materiales de vida de millones de seres humanos.
Esto, junto a ya proverbiales agresiones a las culturas locales, expresadas en la tan lamentada pérdida de identidad, ha dado como resultado que importantes sectores de arquitectos se hayan propuesto llevar a cabo una revisión crítica de las prácticas establecidas. Y junto a ésta se ha impuesto la necesidad de una revisión a las teorizaciones que las han sustentado.
Por si lo anterior no bastara, a casi dos décadas de evidenciada la crisis, en el transcurso mismo del derrumbe del Estilo Internacional Funcionalista, se ha producido ya un caudal de propuestas disímbolas, englobados las más en los fáciles términos de posmodernismo y tardomodernismo. Es entonces cuando se presenta la polémica total, sólo desentrañable si la ubicamos ideológicamente junto a la identificación social de sus protagonistas.
Antonio Toca participa, con una elegancia inusual en los ensayos de este tipo en nuestro medio, en esa polémica. La sola mención de los temas que aborda, muestra no sólo un interés personal de abarcar un amplio espectro sino la amplitud real de la problemática: destacan, Por cierto, sus participaciones a nivel ibero y latinoamericano. Con ello se comprueba una vez más algo que ya se advertía a fines de los sesenta y que se concreta en aquella célebre compilación auspiciada por la Unesco: América Latina en su Arquitectura (1).
Ese esfuerzo tuvo un significado histórico:
a) Fue un reconocimiento continental de los lazos de unión entre la arquitectura, la edificación en su conjunto y prácticas que se asumían en forma aislada como la de la planificación y el diseño. b) La consideración de la unidad de la problemática arquitectónica de América Latina dentro de la unidad de los procesos culturales de ésta. c) La convicción de la implicación de los procesos urbano-arquitectónicos en los sociales. d) La necesidad de la historia, para entender nuestro presente (2).
Era evidente que emergía otra manera de ver nuestra realidad latinoamericana, ya bien diferente a la que quiso imponer el llamado desarrollismo impulsado por la "Afianza para el Progreso" (ALPRO) en la década de los sesenta, que en el ámbito de la cultura priorizaba los valores del consumo, la mercantilización y la transnacionalidad como símbolos de una modernidad regida por los países centrales.
En los años setenta se abre la conciencia latinoamericana y en nuestro campo, las preocupaciones expresadas en "América Latina en su Arquitectura", adquieren pertinencia y consustancialidad. Se van desarrollando así líneas de investigación que durante toda la década intentaron -muchas veces con éxito- caracterizar la amplia problemática de los asentamientos humanos, la edificación y la arquitectura dentro de los procesos de la dependencia de nuestros países (3).
A pesar de que en la década de los ochenta los temas de la dependencia pierden vigor como la única explicación de la realidad latinoamericana, dejaron un poderoso sedimento que ha adquirido naturaleza de proyecto político: la posibilidad del desarrollo autónomo y soberano de las naciones de América Latina.
Esta cuestión implica dos propuestas que involucran sustancialmente a los procesos culturales: ¿Pueden los países nuestros llevar a cabo la construcción de su modernidad en forma soberana? ¿La modernidad puede construirse sobre la base de la elevación continua de las condiciones materiales de vida de la población o requiere del sacrificio de ésta?
En la base de ambas preguntas se encuentra un debate que va adquiriendo ahora grandes proporciones en casi todos los ámbitos: y en los más diversos niveles: el referente a la identidad de las naciones latinoamericanas. Sin embargo, la segunda pregunta va más allá de la primera, ya que inquiere por el contenido social de la identidad. De esa manera la polémica acerca de la identidad rebasa ahora la neutralidad formalista para involucrarse en la conflictualidad social. Y por ello mismo no existe una posición al respecto, sino varias.
Los procesos urbano-arquitectónicos se involucran en esas cuestiones y se va configurando así, en su campo, una red problemática organizada en torno a tres ejes, relacionados entre sí: identidad, modernidad y crisis. Aquí tampoco las respuestas son iguales, por discrepancias ideológicas o confusión, pero en lo que si existe consenso, por fortuna, es en la necesidad de discutirlos.
Naturalmente, la necesidad de la investigación histórica se presenta como imperativa para enfrentar tal tarea y con ello se refrenda1a inquietud de principios de los setenta. Sólo que ahora, junto a las visiones de conjunto -que no dejan de darse, aunque menos- se han estado desarrollando, con más fuerza, estudios locales de procesos locales con lo cual la problemática se asume en forma más específica (4). Con la indudable ventaja de que trabajos de este tipo pueden ser útiles en la transformación positiva de sus realidades inmediatas, y con ello la "búsqueda de la identidad” se verá ligada a la misma cotidianidad de la vida ciudadana. Y uno de los temas en los que esas investigaciones han tenido aplicación reciente, ha sido el del tratamiento de los centros históricos, verdadera piedra de toque en el colapso del Movimiento Moderno.
Aunque la problemática de la identidad -engarzada a la de la modernidad y la crisis- recorre una buena de sus escritos, es en su ponencia para el III Seminario de Arquitectura Latinoamericana (Manizales, 1987) en donde muestra una posición más directa y definida, coincidente, en principio, con los planteamientos más avanzados que se han hecho al respecto:
“Para América es indispensable luchar por un movimiento cultural amplio y firme que, sumado a la, defensa de la autonomía social y económica, permita avanzar en la consolidación de alternativas modernas y creativas que ayuden a conformar un amplio frente de resistencia ante el implacable avance de una sociedad tecnológica totalmente deshumanizada y uniformizada”.
Junto a este llamado de militancia cultural, Toca subraya una convicción que tiene ahora un importante sector de arquitectos latinoamericanos: ni Estilo Internacional-Funcionalista, ni Posmodernismo. Aquel, afirma nuestro autor, "ha fracasado como proyecto cultural” al negar el avance tecnológico del Modernismo y asumir la historia de etapas pre-industriales. Por eso, nos sigue diciendo, "ante esta imposibilidad de asumir el futuro, el posmodernismo se debate en un círculo vicioso". Toca se pronuncia por un movimiento que -desechando esas opciones- mire al futuro.
Para dar una salida, nuestro autor se adhiere al llamado regionalismo crítico -basándose en K. Frampton y A. Tionis (5)- término con el cual se engloban obras que proponen vincularse a las características que respeten los antecedentes históricos de la cultura local.
Con esto, Toca nos hace ver la vigencia de la confrontación contemporánea, entre el Estilo Internacional y su neutralidad, corrientes y pensamientos que siendo modernos han buscado esa expresión local-regional, como, en América Latina, Rogelio Salmona, Eladio Dieste, Luis Barragán y otros.
Los diversos sentidos de la historia en la Cultura Arquitectónica. La polémica acerca de la identidad remite a la polémica acerca de la historia, y Toca también asume ésta puntualmente al coincidir con el regionalismo crítico y rechazar el "regionalismo historicista", que consiste -entre otras características similares- en la copia escenográfica de modelos históricos. Nuestro autor reconoce, aunque fuertemente condicionada frente al "peligro posmoderno” la necesidad de que la arquitectura recupere la historia. Así lo manifiesta en otro de sus escritos: “Evolución de la Arquitectura y de la Crítica en México: 1900-1984”. Este texto, como lo verá el lector, culmina con el deseo, compartido por la mayoría de los arquitectos latinoamericanos, de "tener una voz y un rostro propios".
Naturalmente, lo que se nos presenta aquí, y parece la clave para salir del actual desconcierto también ampliamente reconocido a pesar de las convicciones expuestas, es el problema de los diversos sentidos que se le han dado y se le dan a la historia. Junto a éste, se toma ineludible discutir más ampliamente la naturaleza cultural del llamado posmodernismo, ya que no sería equivocado pensar que hemos estado metiendo en un mismo saco, posiciones disímbolas, con las consecuencias que esto conlleva.
Cabe recordar, en primer lugar, que ha habido situaciones históricas propicias para el desarrollo de movimientos culturales nacionalistas, de búsqueda de identidad. Y es algo ahora reconocido que las propuestas que se hacen, expresan y representan a las fuerzas sociales que intentan hegemonizar, o hegemonizan a la sociedad en su conjunto. Esas fuerzas les imprimen a esas propuestas un sentido que está vertebrado por la historia política de la etapa en que actúan y que está también condicionada por los grupos que intervienen en su formación. Esto explica que se hayan dado diversas formas de entender la identidad y la historia misma de la cultura y en nuestro caso de la arquitectura. Y así, historia para qué, para quiénes y cómo es entendida, son cuestiones determinantes en el planteamiento de líneas culturales. No es casual, por ejemplo, que el referente virreinal en la arquitectura, dado por medio de la toma de modelos de elementos barrocos y churriguerescos, se haya buscado en México impulsado por una línea -la vasconceliana concretamente- que para defender su proyecto cultural, nacionalista, llegó a enfrentar la hispanidad y su obra misionera, a la "barbarie" sajona y tampoco resulta extraño que tal hecho se diera en la primera etapa de la cultura posrevolucionaria. No es explicable -y Toca mismo lo señala cuando habla del proceso mexicano- que en esa misma etapa y bajo el mismo dirigente cultural los pintores concibieran un nacionalismo basado en as costumbres populares y la prehispanidad sin descartar los llamados socialistas. La distinta naturaleza ideológica de arquitectos y pintores determinaron los diversos enfoques, aquí unos y otros sostenían visiones distintas de la historia. Ambas visiones fueron aceptadas por el régimen, en su momento, en aras del consenso, en esa etapa de la “reconstrucción nacional" posrevolucionaria.
Se pueden multiplicar los ejemplos pero no es el caso. El caso es dejar constancia del carácter histórico de la categoría de identidad. Pero es necesario puntualizar, que al menos en la etapa contemporánea una vez que el combate contra la copia de los modelos académicos decimonónicos, inocula contra ésta a generaciones enteras de arquitectos, lo que se ha dado por lo general para producir el referente histórico, ha sido una reinterpretación morfológica o de carácter tipológico de arquitecturas anteriores. Y tal cosa se ha hecho, determinada por las situaciones sociales a que nos hemos referido, con un sentido moderno, conservador, o "posmoderno".
Con la arquitectura vernácula sucede, en los niveles profesionales algo similar: ahora, por lo regular, más allá de las "copias", se reinterpreta de múltiples formas. La eficacia cultural actual de algunas reinterpretaciones -como las de Luis Barragán- ha sido reconocida ampliamente. En este caso, sus referentes conventuales y hacendarlos, emparentados a través de ciertos detalles con arquitecturas provincianas, son sentidas con añoranza por influyentes sectores clientelares y han sido avaladas por la crítica nacional -que aunque no es prolija, existe- y la internacional. Evidentemente, la indudable poética barraganiana, con su connotación de bucólico y místico aislamiento es contrapuesta por la crítica al caos edilicio actual, a la universal neutralidad del International Style y a algunas extravagancias post-racionalistas. En este sentido, ahora es válida -aunque corre el peligro de que la conviertan en arquitectura made in Mexico- como propuesta de identidad, pero evidentemente no es la única.
Hacia una arquitectura latinoamericana. Para nosotros el aprovec4amiento de las propuestas hechas hasta ahora debe constituir una parte de la actitud requerida para lo1rar un proyecto cultural -arquitectónico latinoamericano-. Este tiene que darse, más allá de cualquier neutralidad, en base a una serie de condiciones y en términos de contenidos definidos dentro de una pluralidad verdaderamente democrática. El llamado casi-militante de Toca en el III Seminario de Arquitectura Latinoamericana debe así irse traduciendo en términos de políticas culturales internas de nuestros países, enraizados en proyectos sociales progresistas. Sólo de ese modo concebimos que pueden darse propuestas que sean realmente una expresión colectiva. Sobraría decir que vista así la búsqueda de la identidad, tendríamos en el consenso una condición de la misma. De esa manera, el sentido de la colectividad no sería dado sólo por las características formales, sino por las propias condiciones de la existencia. Salta a nuestro recuerdo el laureado proyecto de mejoramiento del barrio de Tepito -premio UIA, Varsovia 1981- realizado por estudiantes y profesores de la escuela de Arquitectura Autogobierno-UNAM. Se trató de un rescate integral de la identidad barrial que se enfrentaba a un plan estatal de "regeneración urbana" tipo zoning funcionalista que eliminaba las bases productivas- comerciales tradicionales, fundamental fuente de ingreso de la mayoría de las familias del barrio y priorizaba la vivienda. Además, como sucede en planes de este tipo, destruía la forma arquitectónica existente (las vecindades) y la estructura urbana, para imponer habitaciones colectivas verticales y criterios de supermanzanas. Por si fuera poco, el “Plan Tepito" estatal implicaba la expulsión de un buen número de familias. U triste experiencia latinoamericana en estas operaciones urbanas ha demostrado que al mismo tiempo que agreden a las culturas locales constituyen -por lo general- grandes negocios inmobiliarios que terminan sacrificando a los residentes originales para ser sustituidos por otros, de más altos ingresos. El “Plan de mejoramiento para el barrio de Tepito” tuvo una fuerte connotación política ya que se realizó por medio de, la vinculación estrecha de la organización barrial y los estudiantes y profesores universitarios. Ahí la lucha por la identidad implicaba el respeto a las actividades básicas de la economía familiar, y el mejoramiento de sus formas urbanas de vida, incluyendo a la vivienda (7). Aunque el Plan no se concretó, generó tal consenso, que su sola presencia detuvo la piqueta estatal y coadyuvo a la toma de conciencia barrial, que volvió a manifestarse fuertemente ante los eventos suscitados por los sismos de septiembre de 1985. Cabe mencionar que este ejemplar proyecto no se quedaba -como suele acontecer- en la abstracción de un discurso verbal. Tan no era así que una de las consideraciones del dictamen del premio de la UIA, subrayaba su "rescate de valores culturales” (8).
Para nosotros, en consecuencia, una condición básica para que una propuesta de identidad sea genuina y trascienda socialmente, es su capacidad de aportación y participación, incluso a futuro, en una política cultural de amplio espectro y de gran envergadura, que esté inscrito en un proyecto social democrático y popular. Naturalmente, no se, excluye la pluralidad, aunque ésta no debe entenderse como la proliferación indiscriminada de lo que Toca llama los "monumentos a uno mismo", sino como la real participación de las fuerzas sociales que intervienen en la constitución de la sociedad democrática. Por lo demás estamos convencidos de que la arquitectura latinoamericana entendida como un proceso cultural contemporáneo está ya debatiéndose por constituirse en una unidad compuesta por diferencias específicas, según: la particularidad de sus problemáticas socio-culturales; las coyunturas de la historia política de cada país; las tradiciones locales y las condiciones del medio físico y las posibilidades tecnológicas entendidas como las acciones técnicas a desarrollar que no impliquen deterioro ecológico y freno alas fuerzas productivas locales, regionales y nacionales.
Más allá del posmodernismo. En realidad, la discusión acerca del “posmoderno” empieza apenas -y apenas- en Amética Latina. Y esto, a pesar de que desde fines de los sesenta, entraron en órganos de difusión de la cultura arquitectónica los primeros ejemplos post-racionalistas. Y no obstante que una década más tarde circulaban ya varios de los libros de autores hoy considerados posmodernos. L Kahn, Venturi, A. Rossi, R. Krier, etc. Pero es mas, durante los setenta, los pos-racionalismos arquitectónicos aparecen ya en nuestras ciudades, y ahora, sin ningún recato frente a las criticas académicas proliferan edificios que rompen abiertamente con los otrora intocables principios del Estilo Internacional Incluso, prestigiados arquitectos que se caracterizaban por su apego a este ahora abrazan a las modas internacionales o se lanzan a una búsqueda más genuina fuera de los moldes del Movimiento Moderno. Hasta el gobierno mexicano, en esa masiva operación arquitectónica de consenso que se llamó Programa de Renovación Habitacional Popular, les vendió '”posmodernismo" de bajo costo y con facilidades de pago a más de cuarenta mil familias de damnificados.
¿Y que pasa con la crítica escrita o -peor aún- con la “teoría”? En este desfase entre realidad constructiva y elaboraciones académicas el posmodernismo es un fantasma que recorre las aulas, los auditorios de congresos y los cubículos de nosotros los teóricos latinoamericanos.
Resultaría apasionante extendernos en este tema. Pero ya a estas alturas del presente escrito no es en rigor, pertinente.
Remitimos a los interesados a otros trabajos al respecto (9). Aquí sólo esbozaremos nuestra opinión general:
1.- El llamado posmodernismo arquitectónico es un término que se ha venido utilizando para designar a un conjunto de corrientes y posiciones que se enfrentan a los paradigmas del Movimiento Moderno Funcionalista. Se trata de toda una actitud cultural que busca, con el recurso del referente histórico, la recuperación del carácter polisema de la arquitectura.
2.- Dentro del “Posmodernismo”, caben diversas tendencias, algunas de ellas disímbolas ideológicamente.
Aquí, con mayor razón los diversos usos y concepciones de la historia, separan a tendencias y propuestas que sólo comparten una actitud muy general. Y así, la historia es vista por algunos arquitectos "posmodernos" como mero objeto de juego arbitrario y escenográfico, pero también es asumida por otros como memoria colectiva, como una necesidad de reafirmación ciudadana e incluso nacional (10). En este caso, los valores que se toman en cuenta no son banales sino trascendentes y tienen especial vocación para ligarse a proyectos culturales -y políticos- de importancia. Entre estos polos, se dan lógicamente, líneas intermedias.
Cuando Toca critica ácremente al posmodernismo lo hace seguramente pensando en las líneas banales, los pastiches y kitsch, que han sido piedra de escándalo en no pocos ámbitos de la cultura arquitectónica, y en eso estamos de acuerdo. Pero no habría que descontar a otros que seguramente aportan y sugieren elementos valiosos, incluso para nuestra búsqueda de identidad.
Comentarios finales. No cabe duda que uno de los méritos de los textos de A. Toca es su capacidad de despertar opiniones apasionadas, como las que hemos estado vertiendo. Están sus ideas indudablemente en el ámbito de la actual polémica. Su estilo ensayístico y su indudable no ortodoxia son muestra de que estamos en un período de emergencia de una problemática no tenida ni vislumbrada siquiera en la etapa "feliz" de nuestra modernidad arquitectónica, cuando estábamos convencidos de que diez millones de mexicanos, con sus arquitectos y urbanistas no podíamos estar equivocados. El derrumbe de los paradigmas que nos sostenían no ha sido aún sustituido por prácticas y teorías que tengan una vía convincente como para decir que vamos por el buen camino. En medio de una crisis sin precedentes, atados por las implacables normas del poder económico internacional y totalmente limitados hasta la inanición por querer cumplirlos, nos preguntamos qué hemos hecho de nuestra cultura, de nuestras ciudades, de nuestra arquitectura. Las respuestas tradicionales -que llegaron incluso a postularse como "eternas"- no nos sirven, por la elemental razón de que no fueron dadas para entender los problemas que ahora tenemos. Por ello es sugerente Toca cuando habla de muerte de la utopía al referirse a la caoticidad de nuestras ciudades, pero sobre todo de la más grande del mundo. Y también lo es cuando valora a Manuel Amabilis y más a Juan Segura o intenta ubicarlos en la búsqueda de una modernidad con identidad, sin cuestionarlos -como lo hizo tantas veces- porque no, coincidían con los esquemas que estuvieron vigentes y que fueron intocables durante la etapa "feliz" del funcionalismo desarrollista mexicano.

Arq. Rafael Lopez Rangel.

NOTAS

1) Roberto Segre, relator, América Latina en su Arquitectura Unesco-SXXI, México-Madrid-Buenos Aires (1975). Esta obra, fue uno de los resultados de una decisión de la Unesco (Conferencia General. París 1966) para determinar las características de las culturas latinoamericanas. En el libro sobre la arquitectura participaron Daircy Ribeiro (Brasil), Jorge E. Hardoy (Argentina), Diego Robles Rivas (Perú), Roberto Segre, (Cuba), Francisco Bullrich (Argentina) Graciano Gasparini (Venezuela), Max Cetto (México), German Samper (Colombia), Gui Bonsiepe (Chile), Enrico Tedeschi (Argentina), Emilio Escobar L. de Mola (Cuba). En ella se abordó, por parte de relevantes críticos latinoamencanos, una gama que comprendía diversos niveles de 1a cultura material latinoamericana: desde el diseño de objetos hasta la planificación urbano-regional.


2) Creemos interesante transcribir los dos puntos esenciales de las intenciones de la Unesco, que también fueron punto de partida para la caracterización de la arquitectura:

a) Considerar a América Latina como un todo, integrado por las actuales formaciones políticas nacionales. Esta exigencia ha llevado a los colaboradores del proyecto a sentir y expresar su región como una unidad cultural, lo que ha favorecido en ellos el proceso de autoconciencia que el proyecto tiende a estimular ya que sólo los intelectuales latinoamericanos son llamados a participar en él;

b) Considerar la región a partir de su contemporaneidad, remontándose en el pasado, eso sí, cuando sea necesario para comprender el presente. Este recaudo ha obligado a los colaboradores a enfrentar las ardientes cuestiones de la actualidad, en cuanto suceden en la región o tienen repercusión en ella.
3) Entre otros:

Castells, Manuel. Imperialismo y urbanización en América Latina G.G. Barcelona, 1973.

Martha Eschteingart. Urbanización y Dependencia en América Latina SIAP, Buenos Aires, 1976.

Hardoy Jorge E. Las ciudades en América Latina. Paidós, Buenos Aires, 1972.

Carlos Tobar. La urbanización en América Latina, Instituto Torcuato di Tella, Buenos Aires, 1.969.

Morse, Richard M. Las ciudades latinoamericanas, Sep. Setenta, México, 1973.

Yujnovsky, Oscar. La estructura interna de la ciudad. El caso latinoamericano. SIAP, Buenos Aires, 1971.

Bullrich, Francisco. Arquitectura Latinoamericana, 1930-1970. Sudamericana, Buenos Aires, 1969.

Utria, Rubén D. El problema de la vivienda y el desarrollo de América Latina. Fondo Editorial Común. Caracas, 1969.

Bayon, Damián y Paolo Gasparini. Panorámica de la arquitectura latinoamericana, Lumen, Barcelona, 1977.

López Rangel, Rafael. Arquitectura y Subdesarrollo en América Latina, Universidad Autónoma de Puebla, Puebla, 1975.

Segre, Roberto, Las estructuras ambientales de América Latina. Siglo XXI, México, 1977.

López Rangel, Rafael y Segre, Roberto, Tendencias Arquitectónicas y caos urbano en América Latina, G.G. México 1986.

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Salinas Fernando, La Arquitectura Revolucionaria del Tercer Mundo. En Ensayos sobre la Arquitectura e ideología en Cuba Revolucionaria, Cuadernos de Tecnología. Serie 4, La Habana, 1970.
4) Entre otros:

Moreno Toscano, Alejandra (coordinación), Ciudad de México. Ensayo de la Construcción de una Historia, Ed. SEP-INAH, México, 1978.

Ortiz, Federico F,. Juan C. Mantero/Ramón Gutiérrez, La Arquitectura de¡ Liberalismo en la Argentina, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1968.

López Rangel, Rafael, Los Orígenes de la Arquitectura Técnica en México 1920-1932 Ed. UAM, México, 1984.

Waissman, (coordinadora general) Ramón Gutiérrez/Alberto Nicolini/Federico F. Ortiz/Alberto S. J. de Paula, Documentos para la Historia de la Arquitectura Argentina, Ediciones Summa, Buenos Aires, 1978.

Legorreta Jorge, El Proceso de Urbanización en Ciudades Petroleras, Centro de Ecodesarrollo, México, 1983.


Nolasco Armas, Margarita, Cuatro Ciudades: El Proceso de Urbanización Dependiente, Proyectos Especiales de Investigación, INAH-SEP, México, 1976. Padrón, Miguel, El Desarrollo de las Ciudades en Cuba. La transformación del Ambiente Urbano, Ed. Centro de información de la Construcción, La Habana, 1981.

Segre, Roberto. La Arquitectura de la Revolución Cubana, Universidad de la República Facultad de Arquitectura, Montevideo, 1968.

Diez años de arquitectura en Cuba Revolucionaria. Cuadernos Unión, La Habana, 1970. Castro, María de los Ángeles, Arquitectura en San Juan de Puerto Rico (Siglo XIX) Ed. Universidad de Puerto Rico, Río Piedras, 1980.

April, Jacques, El Impacto del 9 de abril sobre el Centro de Bogotá, Centro Cultural Eleazar Gaitán, Bogotá, 1983.

Campo, Urbano, La Urbanización en Colombia, Biblioteca Marxista Colombiana, Amadillo, Bogotá 1977.

Martínez Carlos, Bogotá Sinopsis de su Evolución Urbana, 1536-1900, Ed. Escala, Bogotá, 1983.

Goldberg, Mariano, Guía de Edificaciones Contemporáneas en Venezuela, Caracas, la. parte, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad central de Venezuela, Caracas, 1980.

Achig, Lucas, El Proceso Urbano de Quito, Ed. Centro de Investigaciones Ciudad, Quito, 1983. Gross, Patricio/Mario Pérez de Arce/Marta Viveros Santiago, Espacio Urbano y Paisaje, Ed. Universidad Católica de Chile, Santiago, 1981.

Waissman, Marina, (coordinadora) Documentos para una Historia de la Arquitectura Argentina Ed. Summa, Buenos Aires, 1978.
5) En efecto, Toca citando a Tzonis afirma:
"En este sentido, el uso del término regionalismo crítico puede ser útil porque apunta a una dirección y una manera de hacer arquitectura en la cual se enfatiza la importancia de la relación entre lugar-cultura y arquitectura. Esta actitud intenta superar, tanto las limitaciones de los movimientos culturales populistas que han sido privilegiados por varios dictadores, como los regionalismo historicista.
6) Ver, Plan de Mejoramiento para el barrio de Tepito. Programa de vivienda Tesis profesional Taller 5. Escuela Nacional de arquitectura- Autogobierno UNAM. México, sept. 1982. Los autores fueron: Artesa Aguilar, Raúl Arredondo, Francisco Javier González, Raúl Ortiz-Urguidi, Enrique Pineda, Calixto Serna, Luis Alfonso Vanegas. Junto a este trabjo, se elaboraron otros tres, que trataban otros tantos aspectos del Plan. Para dar una mejor idea del sentido de la propuesta, en materia de vivienda el Plan proponía: “Alargar la vida de las vecindades de habitabilidad de las viviendas. Hacer posible la participación directa o indirecta de los Tepiteños en la rehabilitación” (pag. 215).

7) Ver la alusión que se hace de ésta en la Tesis mencionada en la cita anterior.

8) López Rangel Rafael. ¿El Posmodernismo, gran pastiche? En: Más Allá del Posmoderno (compilación de Antonio Toca) Ed. G.G. México. También J.F. Lyotard, La condición postmoderna, Ediciones Cátedra, Madrid 1984, la. edición en francés, La condition postmoderne Ed. Minuit París 1979.

9) En un artículo titulado "La política de la teoría: posturas ideológicas en el debate postmodernista” de Fredric Jameson (Revista de Estética 7-1988 Editada por la Escuela de Artes Estéticas del centro de Arte y Comunicación. Buenos Aires). “El problema del postmodernismo -la descripción de sus características fundamentales, si ante todo existe, si el concepto es de alguna utilidad o si por el contrario se trata de una mistificación- es a la vez un problema estético y político. Las distintas posturas que lógicamente se adaptan a su respecto, cualesquiera sean los términos en que se los exprese, anteceden siempre perspectivas de la historia, donde la valoraci6n de momentos social que vivimos es objeto de uña afirmación o de un repudio escncialmente político”



10) En realidad hay un número enorme de ejemplos. Bástenos decir aquí que no son lo mismo las referencias neo-renacentistas/chippendale de Philip Johnson-John Burgee del edificio ATT, o los exotismos escenográficos de Hans Hollein (oficina de Viajes Austriaca, Viena) etc. etc. que la utilización que hacen Venturi Rouch de referentes populares en la casa Tucker (N. York), o las obras de A. Rossi -quien busca la permanencia de la memoria colectiva- o de R. Krier con sus grandes proyectos urbanos.


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