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Primer congreso latinoamericano de historia economica


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La economía americana

En América las reformas borbónicas abarcaron todos los aspectos de la vida colonial: la reforma fue administrativa, pero también fue institucional, expansiva hacia la frontera como observamos en el proceso de fundación de nuevos pueblos, incluso de negros - como Esmeralda en el límite entre Ecuador y Colombia o Emboscada en Paraguay. Fundamentalmente se centraron en el ajuste fiscal, el proceso efectivo de secularización y por consiguiente la progresiva participación del estado en áreas de salud y educación que habían estado anteriormente en el ámbito eclesiástico y agregamos, la Real Pragmática de Matrimonios que afectaba la relación padres e hijos al respecto constituyendo todas políticas que afectaron profundamente la vida colonial.

La idea generalizada de que después del impulso de dominación territorial, se produjo la desaceleración del proceso fundacional a partir de 1620 y a partir de aquella fecha se generó una profunda siesta en el Siglo XVII, la siesta de los últimos y decadentes Austrias, no se ha mantenido en la historiografía americana. Se supone que, a partir de 1750 se produjo la resurrección de un acelerado proceso de renovación y modernización, es decir, los tiempos borbónicos. Se supone por consiguiente que los Borbones inauguraron en América un proceso de cambio económico y social que promovió el impulso colonizador, la renovación y modernización a partir de 1750 posición que ha sido revisada y desestimada. No caracterizamos ya al proceso del siglo XVII como de crisis en América Hispánica, y se ha modificado la caracterización del siglo XVIII desde una perspectiva económica y social. En esta última tendencia se han desarrollado estudios tanto del crecimiento de la economía americana a fines del siglo XVII y comienzos del XVIII, como aquellos que específicamente revisaron el impacto económico y social de las reformas borbónicas previamente analizadas desde la documentación oficial. (PEREZ HERRERO, 1992, 231-315)

Dicha renovación historiográfica indica que el largo siglo XVIII comienza en las últimas dos décadas del siglo anterior, cuando ya se perciben los cambios que lo caracterizaron en su primera mitad. En primer término, el aumento espectacular de la producción, que se puede observar en la dinámica de los intercambios interiores e interregionales y en la mayor capacidad de arrastre de los centros de producción, los núcleos urbanos y la expansión de tierras de cultivo hacia las fronteras. En algunos casos se observó incluso la subdivisión de la tierra en pequeñas parcelas a las que accedieron, sectores sociales medios. Una de las consecuencias observadas es la reorientación de las regiones hacia el exterior, lo que significó la ruptura de la articulación previa del conjunto y la relaciones entre las distintas regiones. Se señala particularmente que el crecimiento hacia el exterior, provocó el empobrecimiento de los espacios interiores. Es decir que en América también se observa la diversidad y diferenciación regional en el crecimiento, produciendo la fragmentación de los mercados, el reposicionamiento de regiones anteriormente relegadas que se ubicaron como foco de organización regional, tal es el caso de Buenos Aires, de Chile y de Caracas que comenzaron entonces a consolidar sus elites. Se produjo asimismo la crisis de los centros manufactureros por la competencia de productos europeos a precios más bajos, el quiebre de la especialización y la disminución del consumo de lana, sebo y tintes. Aquel proceso fue muy visible en Puebla en México como también en el interior del territorio del Río de la Plata, crecimiento que benefició a las elites locales americanas, particularmente en la primera mitad del siglo.

No es menos espectacular el proceso de explosión demográfica particularmente en los sectores étnicos que se extendió hasta 1830. Son un ejemplo de ello México que estuvo cerca de duplicar el número de habitantes (130.000); la Habana (84.000) y Buenos Aires (42.540/55). Lima por el contrario perdió población motivado por un fuerte sismo de 1746 (64.000) El crecimiento poblacional en América, fue generalizado aunque regionalmente desigual y produjo la reducción de los núcleos de autosuficiencia característicos del siglo XVII y la resignificación de los núcleos urbanos que actuaron como redefinidores de los espacios interiores. Ello generó el abaratamiento de la mano de obra y amplió la posibilidad de obtener mano de obra asalariada. Por otra parte, aumentó en forma considerable la demanda de bienes y servicios creciendo los flujos migratorios del área rural y de los pueblos de indios a las ciudades. Como contrapartida se activó el flujo migratorio de las castas hacia áreas rurales. El aumento de población no actuó sin embargo como multiplicador económico, ni generó el aumento de la productividad y a su vez el proceso de baja del salario generó también la baja de la capacidad de compra. La conclusión inmediata de este análisis es que el crecimiento económico precedió al proyecto borbónico que sólo se centró en dar un impulso acelerador a la minería. Recordemos que este era el centro dinamizador de la economía y que en la producción minera se concentraron las políticas del estado. Recordemos asimismo que la producción minera desciende a partir del tercer cuarto del siglo XVIII y en el caso surandino descansa en la apropiación de la mano de obra indígena mitaya. Por otra parte se produjo la ampliación de la base social tributaria, a partir de la expansión de las fronteras, y la transformación de los colonos en consumidores y proveedores de materias primas.

El hecho es que, hacia fines de siglo se observa mayor pobreza y deterioro del nivel de vida, extracción del circulante que superó la amonedación, una inflación que redujo la capacidad de compra de los salarios, el pago en especies, la disminución de la inversión y la falta de renovación tecnológica, unido a una mayor presión tributaria que redujo la renta. Entre los que menos tienen se produjo la retracción del consumo, la búsqueda de circuitos alternativos utilizando las conexiones familiares y la vuelta al autoconsumo. Esta suma de variables sumó intranquilidad, motines, represión. En síntesis, el siglo XVIII, de las luces, la riqueza y el orden, es el siglo en el que convivió otra realidad menos triunfalista, un camino que llevó a la Corona -por la falta de percepción de los desajustes internos en el orden económico y social- a la generación de desequilibrios establecidos con las elites locales y a la dominación coactiva de la creciente masa de población americana. El proceso de pérdida de autoridad estaba indudablemente en camino

El Reglamento de Libre Comercio de 1778 y las guerras que permitieron la reactivación comercial en algunas áreas no llegó a tiempo para impedir la desarticulación del comercio exterior, la minería y la producción agraria de las haciendas americanas y el ingreso de mercaderías baratas del contrabando generó la ruina de las manufacturas locales. Como dice Alberto Martín refiriéndose a España

La incapacidad de su aparato productivo, y en especial de su sector industrial, para responder convenientemente al reto planteado por el aumento de la demanda de mercancías de los mercados americanos fue causa y efecto a la vez de dicho fracaso” (MARTIN, 2000 p 695)


4.- Las burguesías hispánicas y americanas

En España:

En Madrid se concentraban los cinco gremios mayores (sedería, joyería, mercería, especiería y droguería, paños y lienzos) de 375 comerciantes que disfrutaban de un régimen de monopolio en sus tratos y comenzaron entonces a diversificar sus inversiones. Arrendaron alcabalas y actuaron como banco de depósito, a mediados de siglo constituyeron compañías de comercio por acciones para emplear los fondos cuyo objetivo era traficar y realizar operaciones financieras, importar mercancías extranjeras o comprar productos del interior para su reventa o exportación y en algún caso arrendaron manufacturas reales. Obtuvieron sus mayores ganancias en el comercio, las operaciones financieras y los asientos, en tanto la monarquía obtuvo fuentes de crédito barato y abundante de nobles, eclesiásticos y funcionarios con lo que estos y los comerciantes se mantuvieron en la esfera de la circulación y de la especulación financiera sin incursionar en el ámbito de la producción.

En 1763 los grandes comerciantes se fundieron en la Compañía General de Comercio la que tejió una densa red de agencias y sucursales en España, Europa y América, y estableció además factorías en África. Amplió sus negocios en seguros, fletes de barcos así como negocios bancarios admitiendo el giro y el descuento además del depósito transformándose en banco de crédito y banco industrial. Acumulación y concentración de capitales les permitió operar 210 millones de reales (1777) favorecidos por la concentración en Madrid de rentas y tributos de los grupos privilegiados y de los sueldos de altos funcionarios que permitía al capital mercantil oportunidades de expansión únicas. Exigieron 45.000 reales para la participación en el comercio madrileño suma que las veintidós compañías de Bilbao y las de Cataluña no alcanzaban a reunir. Otras burguesías en cambio como la de Santander y las vascas pudieron adquirir sus acciones.

En síntesis las burguesías periféricas actuaron como simples intermediarias en el comercio internacional. Tampoco demostraron interés por la producción de las áreas en las que se implantaron. Cuando Cádiz se transformó en cabecera de la Carrera de Indias los comerciantes extranjeros predominaban aliados con una nutrida burguesía local, testaferros o comisionistas de firmas mercantiles extranjeras. Comerciaban con productos manufacturados extranjeros lo que no impidió que existiera un margen de acumulación de beneficios ligada asimismo a las exportaciones agrarias de la gran propiedad latifundista de Andalucía destinadas a la demanda colonial americana. En Valencia también los comerciantes extranjeros dominaban la distribución de productos industriales y la burguesía local prefirió la exportación de productos agrarios generando la modernización de la explotación agrícola y aplicando en esa orientación los beneficios acumulados a través de la usura, el contrabando y el arrendamiento de rentas y derechos feudales. La única burguesía que se desembarazó de la tutela y mediatización extranjera fue la bilbaína que expulsó a comerciantes ingleses y holandeses del tráfico de importación y exportación. Aquellos comerciantes consagraron su preponderancia en el norte de España para el tráfico con Castilla pero no modificaron la estructura de dicho comercio exportando lana, hierro y vino e importando tejidos, productos coloniales y pesca salada orientada al interior. En su orientación americana se destacó la creación de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas radicada en San Sebastián importadora de azúcar, cacao y café, enviando al mercado americano aceite, vino, aguardiente, trigo, manufacturas europeas y hierro vasco seleccionándose la apertura del puerto en 1778. Santander por su parte contó con el poyo de la Corona que le otorgó exenciones, construyó el camino de Reinosa (1753) y con el objetivo de romper el monopolio bilbaíno sobre la lana creó la Real Compañía de San Carlos que logró su objetivo durante sólo seis años. La apertura del puerto en 1778 la orientó hacia el tráfico colonial de intermediación exportando trigo y harinas (de Francia, el Báltico y Estados Unidos y de las harinas castellanas) consolidando una burguesía mercantil que actuó también como proveedora del ejército y la armada, (ferretería y curtido de cueros) contratista de obras públicas y arrendataria de rentas reales.

Cataluña merece una mención especial porque fue la única región española en iniciar con éxito la primera fase de la industrialización. Iniciada con modestos capitale, generó un particular trasvase de capitales entre las áreas rurales y los sectores mercantiles y manufactureros como un esfuerzo colectivo de inversiones diversificadas. El comercio, seguros, préstamos fletes, construcción naval fueron el centro de las inversiones que se extendió asimismo a los talleres artesanales y la multiplicación de la red de tiendas o botigas que consolidaron sus propios circuitos de intercambio. El comercio catalán impulsó indirectamente o a través del capital comercial la producción agraria y manufacturera originando el cambio en las relaciones de producción, propiciando la moderna industria algodonera, multiplicando sus intercambios con el mercado europeo y americano y articulando su propio espacio regional y su conexión con los mercados interiores.
Los grupos de poder en Hispanoamérica:

Una de las características fundamentales de los grupos de poder en Hispanoamérica a fines del siglo XVII es la progresiva autonomía que adquirieron a partir de la venta de oficios, la generalización de las composiciones o pagos a la corona y la concentración del poder en cabildos que los acogían y controlaban. Paulatinamente se acentuó además el control de las audiencias o sea de la Justicia Real. El poder y las posibilidades que brindaba la economía americana se concentró por consiguiente, en grupos de hacendados y comerciantes. Protagonistas asimismo de la revigorización de las economías americanas hicieron abuso de los símbolos de poder y de prestigio a través de la ostentación. La regionalización y ruralización de las elites y la relación con contactos exteriores hacia los circuitos legales y fundamentalmente a los ilegales caracterizó el proceso. La plata, se había transformado en un sector poco rentable en función del aumento de costos y descenso de los beneficios a pesar de la provisión mitaya de la mano de obra. Este proceso de redefinición de las relaciones de poder significó para España la reducción de la recolección de impuestos, de la remisión de plata, y el recorte de los ingresos reales y de su capacidad de control. La privatización de la administración de los intereses de la monarquía en el contexto de un sistema contractual de pactación y reciprocidad propios del Antiguo Régimen disminuyó a la vez la lealtad al monarca y el sistema de autoridad vinculado al gobierno de la metrópoli. En síntesis se produjo un proceso de autonomía política y económica creciente.

La expansión del poder real, las medidas de ordenamiento fiscal y administrativo y la política reformista del siglo XVIII generó indudablemente la reacción adversa al sistema por cuenta de los grupos de poder americanos porque se trataba de defender los intereses locales y personales. La corona no solo estaba dispuesta a desarticular el antiguo pacto de gobernabilidad entre la Iglesia, la Corona y los grupos locales, sino también el centro de los poderes locales representados por los cabildos. Permanecieron sin duda las prácticas anteriores y los grupos locales captaron a los nuevos funcionarios de la corona pero el cambio en el juego de fuerzas internacionales y la transformación de las interrelaciones internas entre los espacios americanos provocó paulatinamente cambios importantes. En ese sentido generó la adaptación de los grupos locales a fin de participar activamente en la obtención de beneficios y retener a la vez el poder que habían logrado. Las posibilidades que las nuevas políticas de la corona establecieron fueron plenamente utilizadas por los grupos locales. Los comerciantes entre los cuales se encuentran los que provienen de una constante inmigración española, fueron particularmente los protagonistas de dicha transformación y por cierto todas las elites americanas estuvieron imbuidas de los principios desarrollados por los reformistas peninsulares. (PEREZ HERRERO, 2002 p 299-333)
4.- La Ilustración española

Metodológicamente varios son los problemas que nos plantea identificar y caracterizar a “los ilustrados” y su trascendencia en la cultura. MESTRE SANCHIS, (1993, p 9) escribió “la Ilustración abarcaría el movimiento cultural aproximadamente de 1680 a 1780, pues la Revolución y los cambios mentales y sociales subsiguientes darían paso a una nueva etapa histórica”. Otros autores como Argemi D´Abadal, plantearon otra temporalidad de los cambios y observan que su ideario se prolongó en el siglo XIX impactando en la dinámica económica y social donde

“…tanto la existencia de precursores, como por el hecho del que el pánico a la Revolución Francesa y los avatares políticos posteriores retrasaron la culminación hasta bien entrado el siglo XIX, partiremos de la idea de que la ilustración en nuestro país [España] comenzó con Feijóo y acabo en el trienio liberal. “ (ARGEMI D´ABADAL, 1988, p 14)

Feijóo, admirado por Benedicto XIV, reflexionó criticando la cultura, la sociedad y la economía, que, como expresa Chiaramonte nos permite

“…explicarnos entonces la tolerancia en España hacia la critica reformista de un Feijóo en la primera mitad del siglo, la endeblez de la iglesia ante la política reformista de la monarquía …”,

(CHIARAMONTE (1997, p 24)

ideas que sedimentaron en el gobierno de Carlos III con Campomanes político y pensador que analizó los contrastes entre el oscurantismo del siglo XVII y los venturosos logros de la administración borbónica, haciendo un panegírico de las “políticas modernizadoras” fundamento de la proyección económica a ambos lados del Atlántico, una tesis histórica que trascendió en el tiempo.

Chiaramonte discurre acerca de la evolución del pensamiento de la intelectualidad borbónica hispana del siglo XVIII basada en la importante influencia de los economistas itálicos Genovese, Filangieri y Galiani, cuyas ideas coptaron a Jovellanos y al grupo de “ilustrados” que lo rodeaba durante los reinados de Carlos III y Carlos IV. Aquella influencia impactó en España y trascendió a los grupos intelectuales de América hispana.

Será pues Jovellanos a fines del siglo XVIII, tal vez el más “liberal” de los pensadores “ilustrados” que acompañaron a los Borbones, el político que dio fundamento a las transformaciones emprendidas en al ocaso del Antiguo Régimen.

Haciendo una lectura sobre las rupturas y continuidades (BERNAL, 1993), Chiaramonte analizó la incoherencia de la historiografía que lleva a

Enfrentarnos con el problema de discernir si esos comienzos deben ser atribuidos al efecto de la irrupción del pensamiento ilustrado, al de la enseñanza jesuita o al de alguna otra corriente” el inicio de la modernidad de la cultura colonial.” (CHIARAMONTE, (1997p 23)

El intento de demostrar la íntima relación positiva del crecimiento económico y el libre comercio (1760 y 1824) marcado por la relación de los intercambios, tuvo su base en el Simposio organizado hace poco más de veinte años por el Banco Exterior de España, donde sin embargo a pesar de los esfuerzos de los organizadores tal como sostiene Marínez Vaca

...ni la agricultura, pese a las harinas castellanas y aguardientes catalanes, ni el sector industrial, salvo los textiles de Cataluña hay indicios de un claro desarrollo ligado al mercado colonial…”

Tanto Fradera (1999, , pp 71-93), Oliva Melgar (1993, pp 85-108) y otros autores señalan las contradicciones y ambigüedades que alimentaban el sistema. Frente a la disyuntiva de menores ingresos fiscales motivada por menores exportaciones de productos nacionales españoles, aun obviando la procedencia y maximizando los ingresos fiscales, los políticos de la época como ya en otras ocasiones había ocurrido, optaron por la última alternativa. Fontana profundizó el análisis del comercio citando las ideas del dominio “centrípeto metropolitano” afirmando que las mismas son consecuencia de

“…la incorrecta percepción de las realidades de la economía americana….condicionada por unos recursos en los metales de Indias era una parte importantísima pero estaba lejos de serlo todo… lo que permite pasar directamente del fracaso político a la sombría imagen de una decadencia general…” (FONTANA , 1982, p XIII-XIV)
El eje central de análisis de las políticas borbónicas hasta las reformas Carolinas y sobre todo el tratado de Libre Comercio, atraviesa el pensamiento de “los ministros”, la administración y los particulares, poniendo claramente en evidencia que los “cambios” y transformaciones como sostiene García Baquero son consecuencia de

...dos siglos de vigencia de un sistema mercantil absolutamente inoperante [que] habían terminado por convertir a las colonias españolas en una especie de condominio de las principales potencias europeas, de suerte que si España llegó al siglo XVIII conservando intacto su imperio, ello se debió básicamente, a la tolerancia de esos países a los que le resultaba mas rentable…” (GARCÍA-BAQUERO / MARTÍNEZ SHAW ,1986)

Aquella política se agrava como sostiene MARTÍNEZ VARA, (1994, p 202) con la pérdida del control del comercio colonial cuyo origen y comienzo, se fundan en la Guerra de Sucesión y el posterior tratado de Utrecht que llevan implícita la concesión a las hoy llamadas “compañías privilegiadas”, el “asiento de Negros” y la facultad de comerciar libre de impuestos en las ferias de Veracruz y Portobelo, complementada con el comercio ilícito en los Asientos como el de Buenos Aires

Por el Capitulo 34 del Asiento de negros se le concedio a la Compañia poder despachar de tiempo en tiempo los navios? de150 toneladas a los puertos de las Indias donde estan establecidas sus factorias con vestidos, medicinas provisiones y pertrechos navales, dando haviso de ellas al Consejo y que no podran venderlos sino en caso de necesidad de navio español

An contravenido a este Cap. introduciendo a la sombra de el por el Puerto de Buenos aires gruesas porciones de efectos valiéndose para ello de las ensenadas, riachuelos, y caletas que tiene aquel espacio rio. Sin que vastasen a emvarasarlo las providencias dada por el Governador y fixiarles R.s quienes a vista de este desorden intentaron el año de 1726 fondear un navío que llego con parte de los apresados víveres y no queriendo consentir en el rejistro se hizo a la vela y passo a Guareserse de la Colonia del Sacramento Dominio del Rey de Portugal de donde volvio a Inglaterra de uno suceso daría quenta D.n Bruno de Zabala”

(AGI, Indiferente 2785)

de la carta instructiva suscripta a los Factores o Directores nombrados por S.M. en los puertos de Indias para Intervenir en la introduccion y venta de esclavos y demas dependenzias de la Compañia del Asiento de negros de Inglaterra.



La inobservancia de los capítulos 1º 26 y 29 del Asiento de negros que se estipulo con el Rey Británico en el año pasado de 1713 y los abusos que a su sombra se han experimentado con perjuicio universal dan motivo a estrechar.…” (AGI, Indiferente 2785)

La evolución económica de las “compañías privilegiadas”, vieron con el avance del siglo XVIII menguar los resultados económicos. Su durabilidad, persistencia y concreciones, solo podemos fundarlas en las relaciones personales e influencia política de los gestores. Centrado en la idea de “territorialidad exclusiva” para el comercio de Indias, con condiciones especiales previamente establecidas las “compañías privilegiadas” fueron fundadas para el desarrollo comercial e introducción en América de los excedentes productivos hispanos.

La ideología dominante a mitad del siglo XVIII en la península tendió a la monopolización y el control de las vías comerciales. Tal vez el escrito de José de Carbajal y Lancaster Primer secretario de Estado del despacho y Presidente de la Real Junta de Comercio, dirigido al Rey en 1752, sea la síntesis del pensamiento dominante en los grupos de poder en la España de la época. Dice el documento

“[Las compañías privilegiadas son]...valuartes y muros inexpugnables en que se funda, y con razón, su mejor defensa la Monarquía. Sin ellas quedará el comercio tan lánguido como antes estaba, y con ellas puede florecer tanto que, acumulando riquezas, se llegue no solo a la independencia, sino a poner terror a los enemigos. Si ellas se aumentaran abundará el dinero, que es la verdadera sangre del Estado multiplicara el Real erario sus ingresos y conseguirán todos los vasallos la felicidad que vuestra majestad le quiere derramar…” ( CARBAJAL Y LANCASTER, 1789,)

No debemos soslayar que el siglo XVIII, los conflictos europeos, se dirimieron económica y territorialmente en suelo americano. España hipotéticamente poseedora del monopolio comercial en sus espacios ultramarinos, vio como, al margen de sus ideales, la dinámica mercantil redibujaba el mercado Atlántico, pasando a dominarlo las potencias económicas apoyadas en su potencial naval, encabezadas por Inglaterra y seguidas por Francia, y Holanda que se hallaban en un franco proceso de expansión comercial.

Ya desde el siglo XVII hubo una búsqueda de mayor captación de recursos de las colonias dados los ingentes costos fiscales que demandaba la administración y sobre todo el control de los territorios ultramarinos. La mayor parte de los ingresos de los territorios americanos provenían de los impuestos y estancos, y fueron necesarios además, forzar los donativos y préstamos que llevaron a decir a Marichal “la sociedad novohispana estaba gimiendo bajo el sistema impositivo más riguroso y extenso de su historia”. (MARICHAL, 1999, p 64)

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