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Primer Congreso Latinoamericano de Historia Económica Cuartas Jornadas Uruguayas de Historia Económica


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Primer Congreso Latinoamericano de Historia Económica

Cuartas Jornadas Uruguayas de Historia Económica

Montevideo, 5 al 7 de Diciembre de 2007

Simposio Nº23:
RELACIONES EXTERIORES Y PROCESOS DE INTEGRACIÓN EN AMÉRICA LATINA DESDE LA POSGUERRA A LA ACTUALIDAD.
Coordinador:

Andrés Musacchio (Fac. de Ciencias Económicas de la UBA, Rca. Argentina)

Propuestas y estrategias del gobierno venezolano de Hugo Chávez para la integración y cooperación energética de América Latina y el Caribe.

Silvia Quintanar

Departamento de Relaciones Internacionales

Facultad de Ciencias Humanas

Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires

rodlope@speedy.com.ar
Propuestas y estrategias del gobierno venezolano de Hugo Chávez para la integración y cooperación energética de América Latina y el Caribe.
Silvia Quintanar(*)
El renacimiento de la OPEP y la recuperación del control de PDVSA
En diciembre de 1998 la mayoría del pueblo venezolano eligió a Hugo Chávez presidente asumiendo en 1999.

Como ha expresado el autor norteamericano Kenneth Waltz los Estados a menudo utilizan instrumentos políticos para obtener resultados económicos, pero de igual manera utilizan instrumentos económicos para obtener resultados políticos. Es así que el presidente Chávez no ha inaugurado una nueva estrategia en política internacional, habiendo sido, por otra parte, moneda corriente en su propio país, utilizar el “arma petrolera” para obtener influencia política.

Chávez se propuso dos objetivos la recuperación del control de PDVSA y la recuperación de los precios internacionales del crudo.

El esfuerzo del primer año del gobierno fue dedicado a la recuperación de los precios del petróleo, que al momento de asumir estaba por debajo de los 9 dólares el barril. La cesta venezolana es siempre un 15% más barata debido al alto espesor de su crudo. Si se toma en cuenta que el petróleo representa históricamente un alto porcentaje de las exportaciones de Venezuela –en los últimos diez años, un promedio de 77, 8% era evidente que la mejora de los precios se traduciría en fuerte activación de la economía venezolana.

La concepción de que el petróleo es un arma diplomática no es nueva en Venezuela. Tal vez tuvo su expresión más simbólica durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez (1974-79), quien montó una hábil estrategia internacional teniendo, por un lado, altos precios del crudo y una fortalecida Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), y por el otro la ola internacional a favor de la cooperación sur-sur y el papel venezolano como actor de peso en el ámbito de América Latina y el Caribe.

El segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez (1989-93) y el de Rafael Caldera (1994-99, así como el transitorio de Ramón J. Velásquez –entre uno y otros después del juicio a Pérez-, coincidieron en distanciarse de la OPEP. Sostuvieron políticas petroleras que en muchas ocasiones contradecían la visión de conjunto de la organización, e incluso manejaron como escenario la posibilidad de que Venezuela abandonara la entidad, que justamente ayudó a fundar.

La postura llevada también al terreno de la producción de crudo tuvo consecuencias negativas, pues el petróleo hasta inicios del año 99 tuvo sus niveles de precios más bajos desde los años 70. Esto fue consecuencia de la sobreproducción en la que se embarcaron algunos socios de la OPEP y otros productores, en claro incumplimiento con las cuotas establecidas por la propia organización para sus 11 países miembros.

La llegada de Chávez al poder y el nombramiento de Alí Rodríguez como ministro de Energía significaron retomar una relación más estrecha y un diálogo más cercano, que confluyeron en una verdadera voluntad política de fortalecer a la OPEP.

Venezuela y Arabia Saudita redefinieron en 1999 una mesa de diálogo para recortar la producción, espacio al que integraron a México, y a través del cual se tendieron puentes hacia productores no socios de la OPEP como Noruega y Rusia.

Este papel relevante fue un motivo de peso para que Chávez convocara en Caracas, en septiembre de 2000, la realización de la segunda Cumbre de la OPEP de soberanos, jefes de Estado y de Gobierno. Es significativo que haya sido sólo la segunda cita de este tipo en 40 años, hecho significativo de historia y que haya sido celebrada 25 años después de la primera de Argel (1975).

La realización de la cumbre pudo apuntarse como un éxito diplomático para Chávez. El tono de la “Declaración de Caracas” fue decididamente a favor del diálogo con los países consumidores y eso también es un hito, además de recuperar la OPEP su rol de interlocutor de peso en el escenario mundial. Si la cumbre fue un éxito en términos de relanzamiento de la OPEP, eso estuvo íntimamente relacionado con la personalidad de Chávez. No debe olvidarse la gira, intensa y agotadora, que lo llevó a cada uno de los 10 países de la organización, para hacer las invitaciones, personalmente, para la cita de Caracas.

En el marco de esa gira justamente demostró una independencia diplomática importante con su histórica visita a Irak, así como la no menos simbólica a Libia. Con estos dos encuentros Venezuela puso marcada distancia de la órbita de Estados Unidos en política exterior.

Criticado por su acercamiento a este mundo “donde no se respeta la democracia”, Chávez fue claramente irónico al decir que la OPEP no era un club en defensa de la democracia, sino una instancia de coordinación de políticas petroleras de países cuyas economías están estrechamente ligadas al crudo. (Cánsales, Andrés, 2000).

A las alianzas “incómodas” de Chávez en el escenario político internacional debe agregarse el acercamiento entre Venezuela e Irán, dos grandes productores petroleros que se ofrecieron apoyo mutuo ante el acoso que sienten desde Estados Unidos y sellaron en marzo de 2007, veinte acuerdos de cooperación económica y técnica durante la visita a Caracas del mandatario iraní Mohamed Jatami. Los acuerdos impulsados desde que Chávez visitó Teherán en 2006, sugieren negocios entre las petroleras estatales PDVSA y NICC de Irán.

Con el impulso de la reunión de Caracas y los acuerdos logrados, la OPEP vuelve a recuperar protagonismo regulando la oferta de petróleo a nivel mundial por lo que se elevan efectivamente los precios del crudo.

La militancia de Venezuela en el terreno internacional con el petróleo contribuyó en gran medida a producir una recuperación del precio del petróleo que pasó de 7 dólares a 16 primero y luego a una cifra cercana a los 30 dólares al año siguiente.

Paradójicamente fueron las acciones de guerra norteamericanas en Medio Oriente las que llevaron el precio del barril del petróleo a un precio superior al que los países de la OPEP consideran justo. Desde el cuarto trimestre del 2003 el país ha acumulado cuatro años de alzas, lo que ha aumentado el PBI venezolano.

El segundo objetivo planteado por el gobierno de Chávez fue la recuperación del control de PDVSA inmersa en la llamada “apertura petrolera” de los años 9noventa.

En palabras de Alí Rodríguez: …si analizamos los tres esquemas de la “apertura”, como son los convenios operativos, las llamadas asociaciones estratégicas y los convenios de ganancias compartidas, nos encontramos con una constante en todos los casos: una drástica reducción de la contribución por concepto de regalías y también por concepto de impuesto sobre la renta. Y eso traía, incluso, una disparidad si hablamos en términos de competencia, con la producción de la propia PDVSA, de acuerdo con la vieja ley de hidrocarburos. (…)

Producto de esa misma estrategia PDEVSA se convirtió en el adalid de la máxima producción posible –de una estrategia que podríamos llamar “volumétrica”, confrontándola a los precios y considerando que, mientras volumen de petróleo se podía producir, mayores ingresos tendría el país; ignorando que no estamos solos en el escenario mundial, que hay otros productores también y que si Venezuela –como lo hizo- incrementaba unilateralmente su producción, otros lo iban a hacer también, con el resultado de un colapso de los precios. Estamos hablando muy particularmente del último gobierno de Rafael Caldera”. (Rodríguez, 2004: 30)

En su primer año de gobierno el presidente Chávez convocó a una Asamblea Nacional Constituyente que dictó una constitución, que, entre otras cosas, recuperó el control nacional de PDVSA, parcialmente privatizada y en manos de un directorio que respondía a los intereses norteamericanos, su principal cliente.

La embestida estadounidense contra Venezuela llegó justamente cuando el gobierno bolivariano presentó, por vía de una Ley Habilitante, un paquete de 49 normas legales vitales para la implementación de un proceso de cambios, entre los cuales los hidrocarburos tenían un lugar de vital importancia.

En abril de 2002 y en parte motivado por el intento de Chávez de remover el la cúpula de PDVSA se produjo un golpe de estado, con apoyo norteamericano que tuvo breve duración. Chávez fue restablecido en el poder pero la nómina mayor de PDVSA llevó adelante el llamado “sabotaje petrolero” entre noviembre de 2002 y enero de 2003. La paralización derribó la producción de petróleo.

Después de esa fecha el gobierno recupera definitivamente el control de la empresa estatal de petróleo, el proyecto de Chávez es integrar el mercado energético latinoamericano, asociando las empresas estatales de los distintos países. Su proyecto es diametralmente opuesto al predominante en los años noventa y que para el caso regional adquirió forma en los lineamientos del Banco Mundial y el Proyecto Hemisférico de Integración Energética, incluido en el ALCA y anunciado por el presidente norteamericano Clinton en la Cumbre de Miami.

Pero al mismo tiempo que se desactivaba el proyecto hemisférico se ponía en marcha impulsada por Brasil y su presidente Fernando Enrique Cardoso, desde la Primera Cumbre de Presidentes de América del Sur realizada en Brasilia en septiembre de 2000, la llamada Iniciativa de Integración Regional Sudamericana (IIRSA), elaborada por el Banco Interamericano de Desarrollo, contando con el compromiso de los gobiernos sudamericanos.

Aunque mostrada con una impronta diferente en la que los gobiernos parecían recuperar su rol estratégico en el desarrollo del sector, en realidad el modelo energético de integración subyacente en la IIRSA que impulsa Brasil, es el del BID, de consolidación de las reformas estructurales y reguladoras emprendidas durante la primera mitad de esa década, unificación de marcos regulatorios, apoyo al sector privado y la integración de los mercados energéticos de las subregiones que emergen como producto de las reformas –en este caso Sudamérica-, con un papel transitorio del Banco, aprovechando su poder de convocatoria y sus asesorías como facilitador de la transición al mercado, el tránsito del Estado empresario al Estado regulador. En esta estrategia se consolida el Banco como agente catalizador en el financiamiento directo del sector privado (BID, 2000).

Estos propósitos son explicitado en el documento del BID:“Estrategia para el sector energía”, elaborado en marzo de 2000 y pueden verse replicados en los documentos de la IIRSA. En la iniciativa sudamericana el tema de la energía se encuentra mencionado bajo la forma de “proceso sectorial”. En el documento oficial del 20 de junio de 2002, denominado Condiciones Básicas para el Desarrollo de un Mercado Energético Regional Integrado. Proceso Sectorial sobre Marcos Normativos de Mercados Energéticos Regionales, consta. “El objetivo de largo plazo de este proceso sectorial es desarrollar un mercado energético regional por medio de un proceso gradual. En una primera instancia se busca el incremento de la eficiencia de la infraestructura de interconexión internacional existente por medio de la armonización de la normativa que regula a las transacciones internacionales. En el mediano plazo se busca que las transacciones se basen incrementalmente en mecanismos de mercado y que las regulaciones disminuyan progresivamente las distinciones entre actores locales y otros actores de la región para lograr finalmente la apertura total de los mercados”. (IIRSA, 2002).
La diplomacia petrolera de Chávez comienza en el Caribe
Ya desde los años 70 Venezuela había identificado al Caribe como una “zona vital” desde el punto de vista de sus intereses estratégicos y económicos y había desarrollado un creciente protagonismo en la región. Tendió a privilegiar como interlocutores a algunos miembros del CARICOM. Mientras que con Trinidad y Tobago (país productor de gas e hidrocarburos orientado al mercado estadounidense) establecía una esporádica competencia por el liderazgo en la región, con Jamaica hubo coincidencias en los planes de cooperación sur-sur, en tanto que con Guyana la relación continuó marcada por el reclamo venezolano del Esequibo. (SERBIN, 2006: 77).

Mucho antes de la llegada al poder de Hugo Chávez, sucesivos gobiernos utilizaron los recursos petroleros como un instrumento para impulsar un cambio en las percepciones y ganarse la voluntad de los países del Caribe anglófono, a través de mecanismos como el Pacto de San José, firmado junto con México, de asistencia petrolera a la región. Ni siquiera Cuba escapó a este esquema: por un acuerdo con la URSS que apuntaba a bajar los costos de transporte, Venezuela proveía de petróleo a la isla en volúmenes similares a los que este país enviaba a Europa.

Durante la Guerra Fría buena parte del activismo venezolano se explica por la necesidad de contener la influencia cubano-soviética, en sintonía con los intereses de Estados Unidos. (SEBIN, 2006: 81)

Chávez produjo cambios significativos en la política exterior, tanto en sus temas y objetivos prioritarios, crecientemente signados por una visión ideológica y geopolítica y por la reivindicación del nacionalismo bolivariano, como por el estilo que le imprimió el presidente, muy activo y de alta visibilidad en el ámbito internacional. Pero más allá del elemento personal, lo central es que la disponibilidad de recursos posibilitó el despliegue de una agresiva diplomacia petrolera que ha ido desarrollando progresivamente una crítica a los postulados del Consenso de Washington y a las iniciativas de EEUU en la región, como el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y los tratados de libre comercio. Al mismo tiempo, Chávez fue articulando un nuevo mapa regional de alianzas y vínculos, entre los que se destacan la estrecha relación con Cuba (profundizada después del frustrado golpe de abril de 2002) y los nexos con los gobiernos progresistas y movimientos de izquierda en América Latina y el Caribe.

Aunque ha habido cambios significativos, el uso del petróleo como herramienta privilegiada de la política exterior no sólo ha persistido, sino que se ha potenciado, sobre todo debido al alza internacional de los precios de este producto. La diplomacia petrolera ha alcanzado niveles sin precedentes y ha permitido canalizar muchas de las aspiraciones de Chávez. (SERBIN, 2006: 82).

Entre las constantes de la política exterior venezolana se destacan los rasgos de excepcionalidad basada en la disponibilidad de abundantes recursos petroleros, el rol decisivo del presidente en la implementación de la política exterior y un marcado protagonismo en el ámbito mundial que a veces sobrepasa las posibilidades de desempeño de un país en desarrollo. Muchos de los elementos tradicionalmente presentes en la política exterior de Venezuela se encuentran potenciados en la visión personal de Chávez acerca del papel de su país –y el suyo propio- en el proceso de transformación de la región y del sistema internacional. A esto debe agregarse ciertos elementos introducidos por Chávez. En primer lugar, su concepción militar-estratégica del sistema internacional donde el componente de diferenciación y confrontación juegan un papel importante y en segundo lugar, la visión esencialmente bolivariana en la cual la soberanía nacional y la idea latinoamericanista constituyen factores cruciales.

Desde un primer momento, esta visión de Chávez ha desplazado a las concepciones de la política exterior venezolana imperantes en los 80 y principios de los 90, centradas en la cooperación internacional, el intercambio comercial y la promoción de acuerdos y esquemas de integración basados en el libre comercio. (SERBIN, 2006:83).

Fue a partir del golpe de abril de 2002 cuando el nuevo enfoque comenzó a desplegarse con más fuerza. La alianza caribeña en contra del ALCA y de la hegemonía norteamericana comienza a fin de 2001 pero lo cierto es que se apoya en una serie de iniciativas previas enmarcadas en la tradicional diplomacia petrolera.

En 1999 el gobierno de Chávez planteó ampliar el Acuerdo de San José e incluir Cuba y otros países de las Antillas. Sin embargo esta iniciativa no prosperó. Es en este contexto que surge el Acuerdo de Cooperación Energética de Caracas y el de Cuba, ambos en el año 2000.

El Acuerdo de Cooperación Energética de Caracas complementó el Programa de Cooperación Energética o Acuerdo de San José, a través del cual Venezuela y México suministraban desde 1980, 160.000 barriles diarios a la región, 80.000 cada uno, incluyendo un esquema de cooperación financiera. Desde su creación este acuerdo ha sido renovado anualmente.

Los Jefes de Estado y de gobierno de diez países de Centroamérica y el Caribe suscribieron el Acuerdo de Cooperación Energética de Caracas. El 19 de octubre de 2000. En la primera etapa fueron diez los países que suscribieron los acuerdos bilaterales con Venezuela: Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Jamaica, Nicaragua, Panamá y República Dominicana1.

Los diez acuerdos varían fundamentalmente por los volúmenes de crudo o productos refinados que recibirán los países en función de sus características, de la estructura energética y de consumo de cada país.

A diferencia del Acuerdo de San José, que no da facilidades financieras especiales para la cancelación de la factura petrolera, el Acuerdo de Cooperación Energética de Caracas, establece que Venezuela tiene previsto venderles a los países centroamericanos y caribeños 78.500 barriles diarios de petróleo adicionales a los que suministra mediante el Acuerdo de San José, a través de planes de financiamiento a 15 años de plazo, con un año de gracia para el pago del principal y una tasa de interés del 2% anual para la porción de la factura financiada. A estas facilidades se suma la posibilidad de intercambiar en forma directa petróleo y derivados por bienes y servicios producidos en las naciones receptoras. (RUIZ CARO, 2006: 47)

Se ha determinado que el Acuerdo de Cooperación Energética de Caracas funcionará en paralelo al de San José. Según el gobierno venezolano, el nuevo acuerdo energético, no fue diseñado para liquidar el Pacto de San José, sino para completarlo. Se ha señalado, sin embargo, que con el tiempo, el Acuerdo de San José se ha vuelto bastante rígido, pues no facilita su modificación para incorporar a otros países. El gobierno de Venezuela considera además, que “no debe condicionarse a los países suscriptores del convenio, el empleo de bienes y servicios venezolanos” 2

El Acuerdo de Cooperación Energética de Caracas establece que su aplicación será exclusiva para los entes públicos avalados por los gobiernos de Venezuela y el país con el cual se suscriba. Establece, también, que la facturación de las ventas realizadas a los entes públicos designados por el país suscriptor, se hará sobre la base de precios referenciados al mercado internacional. Asimismo, que los pagos de intereses y de amortización de capital de las deudas contraídas por los países beneficiarios, podrán realizarse mediante mecanismos de compensación comercial, siempre y cuando sea solicitado por el gobierno de Venezuela. Los acuerdos son renovados anualmente. (RUIZ CARO, 2006:47

Poco después el 30 de octubre de 2000, Chávez y Fidel Castro firmaron el Convenio Integral de Cooperación entre Venezuela y Cuba que, aunque estaba basado en el acuerdo anterior, incluía dos importantes elementos adicionales: una duración de cinco años3 y la inclusión del trueque de bienes o servicios como mecanismo de pago del suministro petrolero, manteniendo los mismos condiciones del acuerdo del 19 de octubre. El suministro previsto inicialmente era de 53.000 barriles diarios. Este convenio fue ampliado más tarde: actualmente, Venezuela envía a Cuba entre 90.000 y 98.000 barriles diarios que cubren más del 50% de las necesidades de la isla. El precio máximo fijado desde 2005 es de 27 dólares por barril, es decir mucho más bajo que el precio internacional. Esto implica un subsidio de precios.

Como parte del acuerdo petrolero Cuba otorgará a Venezuela servicios médicos, medicinas, tecnología médica, servicios educativos y algunos productos como el azúcar para saldar parte de las compras de petróleo. Asimismo, se considera, la prestación de otros servicios y tecnologías que estén a su alcance para apoyar el programa de desarrollo económico y social de Venezuela. Estos programas serán definidos cada año precisando el monto monetario, las especificaciones, regulaciones y modalidades en las que serán entregados. Estos bienes y servicios serán pagados de acuerdo al precio mundial del petróleo y sus derivados (RUIZ-CARO, 2006: 48)

En el acuerdo se establece el compromiso de Venezuela de proveer a Cuba bienes y servicios que comprenden asistencia y asesoría técnica proveniente de entes públicos y privados. El gobierno venezolano está interesado en participar en planes de exploración petrolera en Cuba. Asimismo se considera la posibilidad de establecer una asociación estratégica entre ambos países para reactivar la refinería de la ciudad cubana de Cienfuegos, construida con tecnología de la Ex -URSS. (RUIZ-CARO, 2006:48).

Cabe agregar que la nueva refinería de Cienfuegos se va a reactivar en el mes de diciembre de 2007, luego de haber permanecido cerrada por 14 años. Estará a cargo de una empresa mixta, constituida por PDVSA Cuba Sociedad Anónima y Comercial CUPET Sociedad Anónima (PDV-CUPET, S.A.). Se convertirá así en la planta con mayor capacidad de Cuba y en torno a ella se espera construir un polo petroquímico, fabricación de fertilizantes y una planta regasificadora.
La Iniciativa PETROAMERICA del Presidente Chávez
Al mismo tiempo que el presidente Chávez concurre a la reunión de Brasilia y apoya la IIRSA, impulsada por el país anfitrión, principal aliado latinoamericano, realiza una insistente llamada en pos de una idea de PETROAMÉRICA, que paradójicamente ya había sido imaginada por los presidentes Cardoso y Carlos Andrés Pérez.

Para el presidente Chávez la energía es el principal eje sobre el cual impulsar un proceso de integración en América Latina y el Caribe.

PETROAMÉRICA es una propuesta del gobierno venezolano para la integración energética de América Latina y el Caribe. Según un estudio del Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela de 2003, se trata del “proyecto de creación de una empresa multinacional que estaría conformada por el conjunto de empresas estatales de la región, destinada a atender proyectos de inversión que promuevan la integración energética a la vez que garanticen el incremento del valor agregado del petróleo crudo y gas, con la producción de subproductos petroquímicos necesarios para impulsar el desarrollo sostenible de América Latina y el Caribe”4

Dicha iniciativa de integración energética asume que la integración regional es un asunto de Estados, lo cual no implica la exclusión de sectores empresariales privados “El quid radica en concebir la integración como un asunto de Estado a fin de que el esfuerzo esté guiado por una voluntad política, con visión económica y con vocación social. Esto, ciertamente, por muy altruista que puedan ser nuestros sectores privados, no es su razón de ser. En cambio sí debe ser la del Estado.”5

Por ello, los acuerdos de integración energética enmarcados en PETROAMÉRICA plantean la integración de las empresas estatales de América Latina y el Caribe para la instrumentación de acuerdos y realizar inversiones conjuntas en la exploración, explotación y comercialización del petróleo y gas natural.

Desde esta perspectiva se asigna una importancia estratégica al sector energético, con una política de Estado, que trace los objetivos principales, evalúe las necesidades de largo plazo y coordine a los diferentes participantes. Es creciente la opinión respecto a que la cuestión energética no puede manejarse sólo con criterios comerciales y de eficiencia empresarial, sino que debe ser el fruto de una política que incluya, por supuesto, al sector privado, pero alineándolo con las necesidades del país. (RUIZ-CARO, 2006: 22)

En este sentido, se observa cierta tendencia a rescatar un papel más activo del Estado en las actividades energéticas, lo que no implica, monopolio estatal de la actividad. En declaraciones de Alí Rodríguez: “tiene que haber acuerdo entre los países a niveles gubernamentales que sirvan de guía para los acuerdos empresariales” (…) “Lo que nos dice nuestra experiencia es que es perfectamente posible entenderse con las empresas, siempre que tengas bien claros tus derechos y los ejerzas y siempre y cuando les hagas entender a las empresas que hay algo que se llama soberanía para tomar decisiones, de nuestros Estados, de nuestros gobiernos. Mientras respeten este principio, todo es negociable.

Eso en primer lugar, como principio rector. En segundo lugar, que los negocios para que sean negocios tienen que ser buenos negocios y para que sean buenos negocios tienen que ser buenos para ambas partes. No se trata de negarles su legítimo derecho a obtener una justa ganancia por el riesgo, por la inversión. Pero tampoco se nos puede negar a los que estamos del otro lado de la línea del negocio, en primer lugar como propietarios, que no aceptamos imposiciones” (RODRÍGUEZ, 2004:71).

Para Chávez PETROAMÉRICA es una idea en formación que evoluciona de acuerdo con las circunstancias que enfrentan los países de la región y el desenvolvimiento de los mercados petroleros internacionales. En la medida que se ha ido concretando, se fue diversificando en mecanismos de alcance subregional, cada uno de ellos d características propias, en los que Venezuela ha ocupado siempre un papel protagónico (MAYOBRE, 2006: 160).

La Iniciativa PETROAMÉRICA es concebida como una alianza estratégica entre las operadoras energéticas públicas a fin de fortalecerlas y convertirlas en instrumentos eficaces y eficientes para garantizar la seguridad en el suministro energético de la región, así como su integración posterior. Se trata de un proceso que intenta desarrollarse en forma progresiva y que empezará a concretarse a través de acciones y acuerdos bilaterales o subregionales.


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