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Presentación Reunion de Cultura, Malba, Marzo 24 2008


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Presentación Reunion de Cultura, Malba, Marzo 24 2008.
Señor Presidente de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, Dr. Gregorio Badeni, Señor Académico Gabriel De Broglie

Señores funcionarios de organismos nacionales, provinciales y municipales

Señores representantes de la Embajada de Francia en Argentina,

Señores Académicos

Señoras y señores,

Es para mi un gran honor inaugurar estas Primeras Jornadas sobre Artes, Humanidades y Ciencias que organizan las Academias Nacionales de Ciencias Morales y Políticas y de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales bajo el lema “la cultura es una”, simbolizada en el puente holandés que adorna del programa. En esta ocasión se propone explorar la actividad creativa desde los diversos campos de la actividad intelectual.

Esta convocatoria nace en coincidencia con la visita a la Argentina del Académico Gabriel de Broglie, Canciller del Instituto de Francia, y expresa un homenaje a la tradición secular del Instituto de Francia en las Artes, las Humanidades y las Ciencias. Con estas Jornadas se desea establecer una actividad académica periódica para la búsqueda de una comprensión armoniosa de la cultura desde el ámbito de las Academias que se proyecte a la sociedad.

Aprovecho para expresar nuestro agradecimiento al Presidente de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, Dr. Gregorio Badeni, por haber aceptado desde un principio nuestra propuesta de organizar esta jornada, al MALBA-Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, por haber cedido gratuitamente sus instalaciones y abrir las puertas en este día feriado. A la Comisión Organizadora, especialmente a los académicos Jorge Emilio Gallardo y Jorge Crisci por el esfuerzo, tenacidad e hidalguía con la que llevaron a cabo todas las acciones necesarias para que este encuentro tenga éxito.

A los expositores, a los conferencistas y moderadores, al público en general.

Cada persona trata, conciente o inconcientemente, de vivir en armonía consigo mismo, con la naturaleza y con el medio cultural. Esta actitud que encierra la búsqueda de felicidad, se promueve cuando se tiene la posibilidad de realizar un trabajo creativo, útil tanto para el individuo como para el bienestar de la sociedad, y se le asegura libertad para dar respuesta a las preguntas sobre su origen y su destino. Que esta meta se alcance dependerá de la posibilidades y de la calidad de la educación que se le ofrezca.

La educación, derecho fundamental de la persona, implica conocimiento de uno mismo y del otro, tanto del que está cerca como del que está lejos. Conlleva la realización de la persona, el aprecio del progreso en todas sus facetas, la motivación para la participación en la aventura del hombre sobre el planeta, comprendiendo al mundo que lo rodea con sus alegrías y sus torpezas, el conocimiento y su presencia como actor de la historia, vislumbrando un futuro con libertad para amar, para pensar, para expresar ideas y creencias, para establecer un patrón ético y una escala de valores, para relacionarse respetuosamente con quienes piensan diferente.

Educar con libertad y en la responsabilidad que implica ser libres es una tarea que conjuga lo individual y lo colectivo, el individualismo y la solidaridad, la razón y el sentimiento, en un equilibrio armonioso y dinámico. En este marco de una educación integral, cuya meta es la sabiduría, la enseñanza de las ciencias de la naturaleza excede los objetivos de la instrucción como simple elemento de información.

En este marco la educación procurará así la formación de un pueblo pensante capaz de acceder a ser no solo a parecer. El ser se puede lograr únicamente a través de la cultura y el desarrollo cultural de la persona se alimenta de la educación.

Las Ciencias de la naturaleza juegan un rol importante en la sociedad de nuestro tiempo y, por ende, en nuestra cultura. Su desarrollo y avance despierta la curiosidad, impulsa al intelecto en la búsqueda de respuestas a las preguntas sobre nuestro origen y destino, genera y promueve el espíritu crítico y el cuestionamiento sensato hurgando en la realidad compleja, afianza el derecho del hombre a pensar con libertad, lo hace humilde frente a lo desconocido, y lo dispone al servicio del otro. Hoy se vive un tiempo fascinante dominado por el fruto de las investigaciones científicas y de los avances tecnológicos. El progreso de la tecnología está estrechamente ligado con el avance de la ciencia.

Las situaciones beneficiosas o perjudiciales que resulten del uso que de las ciencias hace el hombre, dependerán de su nivel cultural, indispensable para poder efectuar una correcta evaluación de los aportes de las Ciencia y de las consecuencias éticas. Esto reafirma la importancia del conocimiento científico como parte de la cultura.

En este entorno conviene destacar que los objetivos profundos que dan valor a las ciencias se han ido tergiversando progresivamente en la medida que los beneficios reales o posibles de las ciencias se priorizan frecuentemente por su valor económico. La confusión de valor con precio desmerece atributos fundamentales de la labor científica creativa que hacen a la libertad y responsabilidad del científico, a los parámetros de calidad para la evalucación de su trabajo, la importancia de la espontaneidad y de lo imprevisto en la labor creativa. Cuestiones importantes en la controbución de la ciencia a la cultura.

El desarrollo de la ciencia moderna desde la Ilustración estuvo asociado con un conjunto de valores humanos como la libertad de pensamiento, la discusión crítica, la aceptación de las demostraciones racionales, la importancia del hecho experimental controlado. Estas últimas, siguiendo a Galilei en sus Discorsi, determinan el nivel de credibilidad de la ciencia, que depende de la reproducibilidad de los experimentos y la rigurosidad matemática de los resultados. De estos últimnos, aún los menos creibles, sirven como fuente de discusión para el propio desarrollo del conocimiento científico. En lo humano, apreciar los límites de las “verdades científicas” es una manera de reconocer nuestra ignorancia frente a lo desconocido y de mantener vivo el espíritu crítico frente a la razón.

Consecuentemente, las ciencias de la naturaleza no puedem soslayar los aspectos que se orientan hacia los dominios del saber relacionados con las disciplinas humanísticas y vice versa. Las disciplinas humanísticas teniendo su preocupación primera en lo referente a la persona humana, la libertad, las posibilidades del desarrollo de la sociedad, la inteligibilidad de la naturaleza y de la historia, y las relaciones ciencia y fe, aquellas disciplinas deberán siempre, de algún modo solicitar los resultados de la ciencia. Su vitalidad y significado para la humanidad se reflejará profundamente en su habilidad por incorporar estos resultados.”

Esta interrelación se extiende también al Arte y las Ciencias. Las ciencias de la naturaleza ofrecen ejemplos paradigmáticos impregnados de estética, tales como la relación entre los números primos y la música, la belleza de ingeniosos y concluyentes razonamientos matemáticos; el maravilloso desarrollo de las formas, la autoorganización de la materia, el reconocimiento molecular, que aparecen en otras disciplinas. Los científicos experimentan como otros verdaderos creadores, artesanos, docentes, humanistas, religiosos, tienen la fortuna de gozar y compartir cada día la belleza y el encanto de sus trabajos. En fin, la ciencia se pude describir entonces como una sinfonía inconclusa, siempre faltan partes importantes de la música. Su avance involucra la integración del estudio de las ideas, los acontecimientos y las personas que forman parte de la verdadera historia de las ciencias.

El desenvolvimiento del conocimiento en el siglo XX rebasó las expectativas de las ciencias clásicas. La revolución científica contemporánea que se inició con la teoría cuántica, la teoría de la relatividad, continuando con el advenimiento de nuevas cosmologías, el descubrimiento de la estructura del ADN, hasta las expectativas actuales de la biología y sus aplicaciones, ha permitido una mayor comprensión de la complejidad de la naturaleza. Se ha privilegiado la conceptualización teórica, se ha incorporado al sujeto cognoscente como parte del proceso que lleva a la definición de lo “científico”. Por otra parte, se ha problematizado el saber científico preguntándose acerca de los límites, insalvables acaso, de la ciencia; del significado de la incertidumbre; del origen del universo, de la vida y de la especie humana. El planteamiento de estas cuestiones lleva a que el desarrollo en distintos campos de pensamiento tienda hoy hacia la búsqueda de un esquema integral del conocimiento. En este esquema de la razón emanan las fuerzas impulsoras para enfrentarse con lo desconocido, los enfoques del humanismo contribuyen al compromiso personal con las preocupaciones últimas que resultan premisas útiles para iluminar el camino de la comprensión, esto incluye llegar a plantear ciertas proposiciones sobre la base de una evidencia inadecuada con una intencionalidad de significado.



Una educación generadora de cultura es la base para crear conciencia del valor de las ciencias y de sus aplicaciones. Cuando se extingan las conductas desaprensivas con respecto al conocimiento como bien social, entonces, la sociedad se convencerá de que el cuidado del medio, por ejemplo, es un deber moral; habrá lugar para el desarrollo de tecnologías limpias que tomen como referencia al hombre, se mantendrá el aire respirable, el agua bebible y la tierra fértil. Estaremos así más cerca del significado de la libertad de la creación, del sentido de la evolución, de la felicidad del hombre en el pensar y en el hacer. Podremos disfrutar de la naturaleza y de las ventajas del desarrollo tecnológico, sin confundir estas últimas con los valores del mundo basados en un vértigo consumista pendiente de novedades intrascendentes. La persona podrá decir: puesto que conozco, sé, y sabiendo, puedo elegir. Será el encuentro con la libertad comprometida con el sentido de responsabilidad en el uso del conocimiento. El saber se acercará a la Sabiduría, destino del hombre.

Muchas gracias por vuestra atención


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