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Presentación Graciela Selener XIX congreso Latinoamericano Flapag – 2 de Julio, 2011


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Presentación Graciela Selener

XIX Congreso Latinoamericano

Flapag – 2 de Julio, 2011
Graciela Selener es miembro y docente de AAPPG y de ApdeBA. También es la directora del departamento de niños en ApdeBA. Bs. Aires.

La presentación de un libro siempre es para celebrar, pero este especialmente representa el trabajo de un grupo de colegas chilenos que conforman la ACHPAG, Asociación Chilena de Psicoterapia Analítica de Grupos, y que vienen trabajando desde 1993 en el estudio, investigación y docencia en relación a lo grupal.

Para mí es una alegría adicional porque en 1999, en ocasión de la realización del Congreso de Flapag en Montevideo, conocí a algunos colegas de ACHPAG, quienes me invitaron a dictar un seminario sobre Psicoanálisis Grupal en Santiago, en dos oportunidades.

Ese fue el encuentro inaugural para el inicio de la construcción de un vínculo, que seguramente nos constituyó como sujetos que no existían antes de ese encuentro. Horas de intenso intercambio y creación de espacios de pensamiento, nos habilitaron a preguntarnos, a cuestionar sobre las prácticas y teorías vinculares.

Me siento, entonces, gratamente partícipe de la historia de ACHPAG.

En este libro, trece colegas chilenos se piensan como terapeutas trabajando en Psicoterapia de Grupo, situación nada fácil la de exponerse en la práctica clínica.

Distintos autores, diversas temáticas, diferencias conceptuales y teóricas permiten que los lectores nos interroguemos y a la vez acompañemos el recorrido que han hecho, en los distintos trabajos que constituyen el libro.

El epígrafe, con una cita de Käes que inicia el prólogo, nos marca un camino a recorrer: “La invención psicoanalítica del grupo es un desarrollo interno del psicoanálisis, en el que la cuestión del grupo está a la vez encontrada y todavía no creada.”

Este libro es una producción exploratoria conjunta a partir de diferencias.

Hernán Davanzo, como pionero de la Psicoterapia Grupal en Chile, desarrolla una interesante y exhaustiva perspectiva histórica sobre la Psicoterapia analítica de Grupo en Chile, que nos permite ubicarnos en los prolíficos desarrollos psicoanalíticos chilenos, ya a partir de 1910 a través de colegas interesados en la difusión del Psicoanálisis y en su conexión con la Universidad.

Cecilia Acle indaga sobre los Aspectos básicos del Encuadre en la Psicoterapia Analítica de Grupos, pero destaca planteos teóricos que tienen relación con el concepto de intersubjetividad desarrollado por las teorías relacionales y la de las Configuraciones Vinculares.

Nevio Del Longo profundiza en los conceptos de “Contratransferencia y reverie en la terapia de Grupo psicoanalítica”.

Tomando dos ejes: la matriz onírica en el grupo, y la matriz interpretativa, intenta demostrar como la función de “reverie” es fundamental para despertar la capacidad de soñar como para acceder al insight y a las transformaciones significativas de los individuos y del grupo.

Rosa Martínez y Cecilia Acle hacen un recorrido por los “Supuestos teóricos e implicaciones para la técnica de grupos de orientación analítica”.

Marcan las diferencias entre la mirada de Bion, apoyada en los Supuestos Básicos y en el Complejo de Edipo, y la del Psicoanálisis Vincular, centrado en la producción del grupo, en el presente y no sólo en la repetición de un pasado.

Edgardo Thumala, en su trabajo “Psicoterapia Analítica de Grupo y la perspectiva relacional e intersubjetiva”, intenta remarcar una mirada en la cual el otro es importante desde el inicio para la construcción de la mente y la conducta humana.

Con gran sinceridad, se muestra como un analista, que en épocas actuales de cambios y transformaciones, cuestiona sus puntos de referencia, y relata como los conceptos relacionales e intersubjetivos afectaron su práctica. Acepta la propia subjetividad como parte del encuentro clínico y pone énfasis en lo experiencial.

La exposición de su clínica aclara los desarrollos anteriores.

Tomás Charlín trabaja sobre las “fantasías de rotura” descritas por Anzieu en el proceso inicial de un grupo.

Reflexiona sobre los distintos cambios en el encuadre y ruptura de “La piel psíquica grupal” en viñetas clínicas muy esclarecedoras acerca de la etapa inicial de un grupo terapéutico. En los comentarios de estas viñetas profundiza teóricamente en los conceptos de fantasías de rotura y yo piel de Anzieu, y encuadre de Blejer.

Macarena López, en su trabajo “Algunas reflexiones en torno a los grupos terapéuticos y al trabajo en grupo de terapeutas en un programa de adicciones”, revisa viñetas, relatos y escritos de pacientes y realiza un interesante abordaje de los pacientes adictivos a nivel grupal, valiéndose de un rastreo bibliográfico que esclarece sobre esta patología. El recorrido por autores como Blanca y Coletti, Mc. Dougall, Dupetit y Steiner, aportarán conceptualizaciones esclarecedoras acerca de los pacientes adictos.

La autora refuerza la importancia del grupo para constituir una segunda piel en este tipo de pacientes, y reflexiona sobre la dinámica del funcionamiento en el grupo de terapeutas. La dificultad discriminatoria de los pacientes, muchas veces toma a los terapeutas, que deben manejar su contratransferencia frente a las mentiras de los pacientes, rupturas al encuadre, etc.

Silvia Gonzalez Vera, en su trabajo “La retraumatización en los procesos psicoanalíticos: ventajas de la psicoterapia analítica de grupo”, realiza un minucioso rastreo bibliográfico revisando el concepto de trauma a partir de Freud y las principales corrientes posteriores, como M. Klein, Bion, Winnicott, Ferenczi.

Tomando a Ferenczi, la autora remarca los efectos retraumatizadores que puede tener el analista en el tratamiento de sus pacientes.

En este sentido, en una Psicoterapia Analítica de Grupo, dice la autora, “la participación de otras subjetividades posibilitan la emergencia de perspectivas vedadas para el analista o no desarrolladas por las limitaciones que le impone su propia historia acotada a un número finito de experiencias”. Distintas viñetas clínicas ilustran estas conceptualizaciones.

Patricia Bustos Krumm reflexiona sobre el “Desamor en Pareja”, situando el análisis en las nuevas condiciones de producción de subjetividad coexistiendo con viejos paradigmas. Cambian las familias y también la práctica clínica con familias y parejas.

Las diversas configuraciones vinculares, características de la época, la dificultad de construir con otro, el desamor en la pareja, le plantean a la autora la necesidad de precisar el concepto de vínculo de pareja, e investigar sobre estas temáticas.

Como hipótesis desarrolla la idea de desamor como inherente a todo vínculo, en especial a la pareja. Recorre conceptualizaciones de Ruffiot, Käes, Moguillansky y Seiguer y Spivacow, para luego, a través de algunas viñetas, abordar temas como El otro, los conflictos intersubjetivos, la dinámica del poder en la pareja, el malentendido, las familias de origen, la llegada de los hijos.

Exponiendo su practica clínica, refuerza la idea de la importancia de crear situaciones de pensamiento, donde habita la palabra necesaria para la simbolización de los sentimientos de desamor y, de esta manera, aliviar el sufrimiento.

El interesante concepto del desamor como fuerza contraria a la construcción de vínculos quizás´, podría pensarse a la manera de la idea de resistencia a la vincularidad que plantea Isidoro Berenstein, descripta como una resistencia a devenir otro con otro, resistencia a dar lugar a la presencia que remite a la ajenidad del otro.

El tema de la “Psicoterapia Grupal y la Tortura” es abordado por María I. Castillo y Germán Morales a traves de la experiencia del trabajo terapéutico en ILAS (Instituto Latinoamericano de Salud Mental y Derechos Humanos) de Chile.

A partir de la recuperación de la democracia en 1990, se crearon comisiones de verdad, que recabaron muchos testimonios y permitieron esclarecer sobre las violaciones a los derechos humanos y propusieron políticas reparatorias.

Los autores definen a la Tortura como una situación límite, en la que un sistema político somete a una persona, a una experiencia extrema de dolor físico y psíquico bajo condiciones de absoluto desamparo.

Proponen el espacio terapéutico grupal para el tratamiento de pacientes traumatizados extremos. Entendiendo que la subjetividad dañada se puede reconstruir en el espacio intersubjetivo creado por los miembros del grupo y el terapeuta.

Ejemplificaron con viñetas clínicas impactantes y conmovedoras de grupos de mujeres y grupos de hombres, torturados y maltratados en los años de la dictadura chilena. En estos casos de traumatismos severos, los autores remarcan la importancia de la intersubjetividad, la creación de nuevas representaciones en relación a las situaciones vividas, la función del analista y los demás miembros del grupo en la producción de nuevos contenidos que pongan palabras “a los vacíos y a las angustias sin nombre”.

Pilar Cubillos, en su trabajo sobre grupo analítico con adolescentes, recalca el beneficio que genera en los adolescentes este tipo de dispositivo que actúa como lugar de transición y continente para la elaboración de los duelos y separación de los padres.

En este sentido, profundiza en autores como Meltzer, Neri, Ferro, Glasserman, para pasar luego a analizar las características de un paciente llamado Jorge, que genera dudas en la terapeuta con respecto a su inclusión en un grupo, evaluando los beneficios para el paciente y el grupo. Finalmente, incorpora a Jorge en un grupo terapéutico, cuestionándose luego sobre esta incorporación, por la posibilidad de que se transforme en un chivo expiatorio.

En las reflexiones finales, la autora considera que Jorge, el paciente que incorpora al grupo, fue muy beneficiado y parece no haber dificultado al resto de los miembros en la elaboración de sus problemáticas.

A Bárbara Ortuzar también la convoca el tema de los pacientes adolescentes en su trabajo.

Cambio de Paradigma: implicaciones del Psicoanálisis Relacional en la Psicoterapia con adolescentes. “Este cambio de paradigma se refiere al cuestionamiento de uno de los conceptos básicos en psicoanálisis: el de pulsión – estructura versus el de relación – estructura”. “Esto ha significado estudiar a fondo y con más congruencia al “otro” como una verdadera presencia interactiva y como una presencia intrapsíquica e interna”.

La autora hace un recorrido por autores relacionados y remarca la importancia de la intersubjetividad centrándose en la relación como paciente.

Ejemplifica con el análisis de pacientes adolescentes, con cuyos padres la autora realiza un relato parental donde identifica datos del desarrollo del paciente, de la historia familiar y de la pareja, pero el objetivo central es descubrir el tipo de relación de los padres con el adolescente.

Emerge una alianza de tres adultos para comprender a un adolescente que consulta, dice la autora, quien tiene como fundamento las teorías del Modelo Relacional donde la mente surge de manera didáctica e interactiva.

Trece analistas que integran una institución como ACHPAG, evidentemente crean espacios para pensar, en una actitud exploratoria, que los lleva a producir un libro donde lo común es la Psicoterapia Psicoanalítica de Grupo y Vínculos, indagada a través de conceptualizaciones y temáticas diversas.

Conviven, entonces, lo común y lo singular de cada autor, en la expresión de temáticas y prácticas específicas que denotan claramente las problemáticas en relación a lo vincular, que predominan en Chile, pero también en toda Latinoamérica.
¡Felicitaciones!
Graciela Selener

Presentación del Libro “Psicoterapia Psicoanalítica de Grupos & vínculos”.

Dr. Juan Francisco Jordan Moore


Médico UC. Psiquiatra, Psicoanalista formado en el Instituto de Psicoanálisis de la APCh de la cual fue en diversos períodos Presidente, Vice-Presidente, Secretario y Analista Didacta. Miembro del Comité Editorial del International Journal of Psychoanalysis en calidad de Editor Delegado para America Latina durante 10 años. Actualmente Psicoanalista de la IARPP Internacional y del Capítulo Chileno de la IARPP. Profesor Asociado Adjunto de la Escuela de Psicología de la UC donde ha participado y participa en  diversos post titulos en Psicoanálisis Relacional e Intersubjetivo. 
Presentar un libro es como asistir a un bautizo. Alguien o algo ha nacido … bueno … reconocemos su existencia ante la Asamblea dándole así carta de ciudadanía.

Comenzaré entonces este comentario por el nombre del recién nacido; “Psicoterapia Psicoanalítica de Grupos & Vínculos”. Al reflexionar me doy cuenta de que el título es una referencia a la psicoterapia psicoanalítica de todo; grupos y vínculos incluye toda las relaciones posibles de imaginar entre los humanos a las cuales pudiera aplicarse el conocimiento psicoanalítico, aplicación a la que denominamos psicoterapia. Pero indudablemente el libro no podría haberse llamado “Psicoterapia Psicoanalítica de Todo” fuera de que no está de acorde con el sentido común, suena feo, por lo tanto podemos pensar, algo hay que se acota con el nombre a pesar de que al mismo tiempo es tan general. Y que puede ser lo que se acota, que puede ser lo que se quiere resaltar con el nombre? Propongo leer la copula conjuntiva como se solía hacer en la Grecia antigua. “Y” significaba “es decir”. Por ejemplo “Ser y Tiempo” se leería “Ser, es decir, Tiempo”. Entonces leeríamos “Psicoterapia Psicoanalítica de Grupos, es decir; vínculos.” Podemos pensar que los autores quieren resaltar que lo primordial en los grupos, lo que constituye los grupos son los vínculos, como decir que esa es su materia prima. Media novedad dirán muchos. Razonable reacción. Pero, momento, entonces existirá en el psicoanálisis otra manera de concebir la materia prima a partir de la cual se constituyen los grupos. Veamos otro posible nombre psicoanalítico para el libro “Psicoterapia Psicoanalítica de Grupos y Pulsiones” y volvamos a aplicar la lectura anterior del sentido de la y entonces tenemos “Psicoterapia Psicoanalítica de Grupos, es decir, pulsiones”. Este nuevo título haría justicia a la concepción freudiana del grupo y de los vínculos esto es fenómenos secundarios a las vicisitudes de los movimientos pulsionales, en última instancia, manifestaciones de fuerzas universales en pugna, las pulsiones de vida y de muerte.

Loa diversos capítulos del libro recogen una diversidad en la cual se puede apreciar la existencia de estos dos paradigmas, el pulsional y el vincular. Al decir de los mismos editores dentro de la diversidad de autores se observa “una perspectiva personal histórica de quién ha promovido la PAG en Chile, Hernán Davanzo, hasta los intentos de integración del psicoanálisis relacional, Bárbara Ortuzar, desde una mirada clásica sobre el encuadre, Cecilia Acle, hasta su comprensión en un grupo que no sobrevivió de Tomás Charlín; desde la teoría del trauma y sus implicancias en lo grupal de Silvia González hasta la experiencia del trabajo terapéutico con víctimas de la tortura de María Isabel Castillo y Germán Morales; desde una mirada sobre los adolescentes en un grupo terapéutico, de Pilar Cubillos, hasta una maciza reflexión sobre el desamor en pareja de Patricia Bustos, desde los fundamentos teóricos de la técnica en PAG de Cecilia Acle y Rosa Martínez hasta la contra transferencia y la función de reverie de Nevio Del Longo; desde la mentira en grupos de adictos de Macarena López hasta la PAG y su ligazón con el psicoanálisis intersubjetivo de Edgardo Thumala. Cabe resaltar que todos los capítulos incluyen viñetas clínicas por lo tanto además de las voces de los terapeutas encontramos las voces de los pacientes. Estas voces, y usando la formula de los editores, van desde la voz del paciente que cuestiona un encuadre pasando por el dolor de un adolescente con una madre alcohólica, o la perdida de dignidad de los adictos, hasta la voz desgarrada de quienes han sido sometidos a la tortura por quienes sufrieron la violación de sus derechos humanos durante la dictadura.

Quiero destacar esta voz sufriente que se va configurando cada vez con más fuerza en el libro para confrontarla con la definición que da Freud del otro y que los editores colocan al fin del prologo aludiendo al debate que dejó Freud en suspenso cuando señala que “en la vida anímica individual aparece siempre integrado el otro como modelo, objeto, auxiliar o adversario.” ¿Querrá decir Freud con ese ‘siempre’ que el otro siempre está presente en la vida anímica sin más o que las posibilidades en que el otro aparece son solo las que señala en el listado ? Sea como sea, a mi me llama la atención que lo que se omite en la lista es el otro como sufriente, a decir del último libro de Donna Orange, el otro como el extraño que sufre. La omisión es llamativa en alguien que se dedica a escuchar a seres humanos que sufren y esto tiene a mi modo de entender mucho que ver con el uso que podamos hacer de las teorías en nuestra práctica clínica y simultáneamente cuáles, a cada uno de nosotros, nos acercan a escuchar a este extraño sufriente y cuáles nos alejan de esta escucha. El libro deja abierta esta interrogante al lector, ya que lo que presenta es como la transición entre dos paradigmas, como si ese es el estado actual epistemológico de la Psicoterapia Analítica de Grupos en estos momentos, en nuestra realidad.

Como lector me veo estimulado a dar una respuesta, para mi una práctica que basa su metodología de recolección de datos en una escucha empática sostenida posibilita más oír esta alteridad sufriente que aquella que privilegia una escucha neutral para la recolección de datos, una teoría que entiende lo traumático en términos de fallas relacionales tempranas, me acerca más a este extraño que la que entiende lo traumático como la perforación de una barrera anti estímulos por un exceso de excitación. Me refiero así a la metáfora freudiana de la vesícula viva rodeada de una barrera antiestímulo formada por materia viva que ya ha muerto. Me inscribo junto a los autores que han planteado que esta barrera antiestímulo son justamente relaciones. La metáfora freudiana que define un sujeto rodeado por materia muerta describe como primario lo que ya es un sujeto traumatizado quién ha debido negar parte de su experiencia ante una falla relacional, un sujeto ya desvitalizado que ha reaccionado a una falla en su sostén vincular aislándose de su entorno sostenedor. Este libro viene a recordarnos que somos primero en un grupo, que estamos, para bien o para mal, primariamente abiertos a las influencias de los otros, a sus simpatías y antipatías, y que podemos generar y usar las teorías en nuestra práctica cotidiana de modo que nos abran o nos cierren a contemplar ésta vulnerabilidad. Nos recuerda que a pesar de nuestras mejores intenciones teóricas y técnicas podemos retraumatizar a nuestros pacientes, porque las relaciones a las cuales estamos expuestos y de las cuales formamos parte, son, por su propia condición, impredecibles. Por lo tanto bien hacemos en considerar a nuestras teorías como falibles y protegernos así del demonio que nos estimula organizar nuestros pedazos de verdad en sistemas que presentan estos pedazos como si fueran verdades mucho más abarcativas.
Para finalizar quisiera felicitar y agradecer a los editores, autores y a la editorial por el esfuerzo que ha logrado traer a la luz un libro que hace tiempo era necesario y que rescata el lugar central de una práctica relacional, la psicoterapia de grupos, que por razones ligadas justamente a la organización de verdades parciales en totales, es decir, razones ideológicas, había estado relegada a un lugar de menor validez en nuestro mundo psicoanalítico.

Comentario Dr. Patricio Olivos


Médico cirujano PUC. Especialización en Clínica Psiquiátrica Universitaria U.CH. Médico psiquiatra. Terapeuta en Psicoterapia analítica de Grupo de 1978 a 1989. Ex Director Instituto Psiquiátrico “Dr. José Horwitz” y Profesor de Psiquiatría U. de Chile. Coordinador Grupo de Trabajo de Psicoterapia Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía (SONEPSYN).
Cuando me solicitaron comentar este libro publicado por la Asociación Chilena de Psicoterapia Analítica de Grupos (ACHPAG) acepté gustoso, recordando mi experiencia como terapeuta en la modalidad, primero con pacientes psicóticos en el Hospital Diurno del Instituto Psiquiátrico, y luego durante 8 años con pacientes de la consulta privada, la mayoría del tiempo en coterapia con Susan Mailer.

La Asociación ya había publicado cuatro capítulos sobre Perspectiva Grupal Psicoanalítica y el Cambio Psíquico en el libro Avances en psicoterapia y cambio psíquico, (2005. Sociedad Chilena de Salud Mental), y la aparición de este libro revela crecimiento y madurez, y una vocación de seguir aportando al desarrollo de la psicoterapia grupal y vincular.

Hernán Davanzo, pionero y sostenedor de la psicoterapia analítica de grupo en Chile, nos da primeramente una perspectiva histórica. En la Cátedra de Ignacio Matte Blanco fue el Dr. Ramón Ganzaraín quien se encargó de estudiar los aportes de la psicoterapia analítica de grupo (PAG), para la atención ambulatoria del policlínico. Ganzaraín y Davanzo fundaron en 1961 la primera Sociedad Chilena de Psicoterapia de Grupo. La renuncia de Matte Blanco a la Cátedra, la reforma universitaria y las vicisitudes del psicoanálisis en los Servicios de Psiquiatría, así como la ida de Ganzaraín como didacta al Instituto Psicoanalítico de Topeka, EEUU, desmantelaron la Sociedad en 1968. Sin embargo Davanzo y también Ganzaraín mantuvieron actividad como supervisores y formadores, hasta que en 1993 se formó un grupo de estudios que, dado el interés que despertó en otros profesionales, devino en la Asociación (ACHPAG).

Cecilia Acle hace una revisión de los aspectos básicos y las funciones del encuadre en la psicoterapia analítica de grupos (PAG), desde lo establecido por Freud como arreglos espacio-temporales y de dinero, reglas de abstinencia, atención libre y flotante, neutralidad y asociación libre para el paciente, hasta la mirada relacional (Mitchell, Benjamin) y la teoría vincular. Esto le sirve para plantear los aspectos técnicos asociados al encuadre, en lo que constituye casi un manual, muy práctico, derivado de su experiencia, con ejemplos clínicos.

En otro capítulo Cecilia Acle y Rosa Martínez presentan conceptos básicos de dos teorías psicoanalíticas de las que se derivan herramientas técnicas para trabajar en psicoterapia de grupos. Aquellos de Bion, con los Supuestos Básicos y su elaboración de los desarrollos de Melanie Klein sobre posición esquizo-paranoide y posición depresiva para entender ciertos fenómenos grupales, y que adquirieron un lugar central en su teoría grupal. También sus ideas de la actitud del terapeuta “sin memoria y sin deseo”, y del terapeuta en estado de “rêverie” que va poniendo en palabras el cúmulo de emociones del grupo.

Presentan también el desarrollo del psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, con los conceptos de Pichón Rivière, Marcos Bernard, Puget y Berenstein, en que lo específico del psicoanálisis vincular es el análisis de la producción del conjunto como tal, sea una pareja, un grupo u otra configuración vincular. Se dirige a la relación de cada uno con el conjunto, en presencia del conjunto. Y lo vincular es entendido principalmente como el trabajo sobre las diferencias y la ajenidad, debido a que el funcionamiento psíquico habitual, que a veces puede ser considerado defensivo, intenta encontrar semejanzas ante cada emergencia del otro como diferente al sí mismo.

Nevio del Longo escribe sobre Contratransferencia y rêverie en la terapia de grupo psicoanalítica, mostrando cómo la función de rêverie de grupo -la acogedora y disponible función materna que contiene y restituye en forma confortante las partes escindidas y percibidas como “peligrosas”, tanto individuales como del grupo-, es fundamental tanto para despertar la capacidad de soñar como para acceder al insight y a las transformaciones significativas de los individuos y del grupo.

Edgardo Thumala hace una historia de los orígenes y desarrollo de la terapia grupal psicoanalítica mostrando como, desde muy temprano, esta ha utilizado conceptos relacionales, intersubjetivos. Y luego muestra cómo estos conceptos han influido en su práctica como terapeuta, en un relato muy personal del cambio de actitud básica; cambio del foco de las intervenciones; el énfasis en lo experiencial; el compartir el análisis y el uso de la autodevelación, el juego, los cuentos y el humor.

Tomás Charlín describe su primera terapia de grupo como terapeuta usando como referente teórico a Didier Anzieu con sus conceptos de “fantasías de rotura” y su antagonista “ilusión grupal” como el resorte dialéctico fundamental de la vida inconsciente de los grupos. Los muestra con su material, así como la formación de la Piel Psíquica Grupal que logra contener y mantener el grupo, hasta que cambios en el encuadre rompen esta piel, originando la terminación del grupo.

Macarena López reflexiona en torno a su experiencia con grupos terapéuticos y en el trabajo en grupo de terapeutas en un programa de adicciones. El grupo como elemento terapéutico parece especialmente relevante en la generación de pensamiento, reflexión, sostén y apoyo mutuo. La experimentación y análisis de alternativas novedosas y la detección activa de trampas y mentiras, favorecen progresos y la emergencia de la subjetividad e individualidad en pacientes muy alejados de su sentir. El trabajo en grupo de los terapeutas resulta indispensable para lidiar con una patología donde abundan la desesperanza y la desconfianza. A pesar de múltiples dificultades, decepciones, desilusiones y recaídas, se puede lograr algo creativo y constructivo.

Pilar Cubillos describe vívidamente la participación en un grupo terapéutico para adolescentes de un muchacho aislado, odioso y paranoide, con déficit de las funciones parentales de contención y que intentaba defenderse en un retiro narcisístico de frialdad y superioridad, renegando de sus necesidades afectivas. El grupo terapéutico, a diferencia de un grupo de pares en donde se idealiza la confusión, gracias al encuadre y la presencia del terapeuta adulto como líder de un grupo de trabajo pudo constituirse en una experiencia transicional, y ayudarle a comprender sus confusiones en un contexto afectivo, impactando positivamente en su desarrollo.

Silvia González hace una revisión del concepto de trauma en la obra de Freud y las principales corrientes posteriores en la historia del psicoanálisis. Y tomando a Ferenczi como guía, plantea la posibilidad de la retraumatización en todo proceso psicoanalítico a partir de la posición que el terapeuta toma (consciente o inconscientemente) en relación al trauma. Ferenczi, enumera “los pecados del psicoanálisis”, uno de los cuales puede ser el no reconocer fallas en el actuar del terapeuta, no mostrar ante ello una real “contricción”, sino reaccionar con desagrado, silencio, enojo al sentimiento de haber querido lo mejor y recibir a cambio sólo reprensiones. Para Ferenczi la desmentida de lo ocurrido por parte de la madre (analista) es el factor que hace patógeno el trauma.

Silvia González plantea que la Psicoterapia Analítica de Grupo presenta ventajas en relación a los tratamientos bipersonales al proveer una relación más horizontal y democrática donde los efectos retraumatizadores que pueden tener las fallas del terapeuta son contrarrestados por la participación del resto de los integrantes. La multiplicidad de subjetividades en la PAG amplía la posibilidad de identificaciones y la internalización de nuevos modelos de funcionamiento. Al mismo tiempo, facilita el desarrollo de la capacidad para reconocer la diferencia y subjetividad del otro, indispensable para el establecimiento de vínculos sanos y reparar los efectos traumáticos provocados por las figuras primarias.

Lo ejemplifica con una sesión grupal en que un paciente repite su descalificación del proceso terapéutico y la participación de sus compañeros, hasta que finalmente la terapeuta no puede mantener su trabajo contenedor e interpretador y reacciona con rabia directa, quedando luego con culpas y preocupación por el paciente. En la siguiente sesión grupal sale indirectamente el tema, que es recogido por la terapeuta, el propio paciente y el grupo, que adquieren gran vitalidad y trabajan sobre ello con beneficio para todos.


María Isabel Castillo y Germán Morales escriben sobre Psicoterapia Grupal y Tortura, mostrando primero los hitos sociales en el proceso reparatorio en las personas que sobrevivieron a la tortura ejercida durante la dictadura militar, y luego dando cuenta de su labor terapéutica efectuada en el ILAS, señalando que en las traumatizaciones extremas el reconocimiento tanto en el espacio público como en el espacio terapéutico es indispensable para que ocurra una transformación del contexto socio-político e intersubjetivo de los pacientes. Con viñetas de su trabajo en grupos terapéuticos muestran como esta es una modalidad privilegiada en el tratamiento de pacientes traumatizados extremos, al constituirse el espacio terapéutico grupal en un espacio potencial que permite la experiencia de mutualidad y reconstruye la confiabilidad del espacio “entre”, entre el sujeto y el ambiente, entre el sujeto y el otro. En un proceso que articula la historia fragmentada y pone palabras a los vacíos y a las angustias sin nombre, se va reconstruyendo la subjetividad dañada, con el grupo como “el lugar que permite la experiencia de estar vivo”.
Patricia Bustos nos habla del desamor en la pareja. Precisa primero el vínculo de pareja: un acontecimiento, un encuentro amoroso: hay dos unos que tienen un vacío en común, y pueden generar un “dos” en su encuentro, la pareja, que antes no existía, y ambas subjetividades no volverán a ser iguales. Y hacen un pacto, nunca enunciado, un acuerdo inconsciente para reprimir, desmentir o rechazar las mociones insostenibles dentro de un vínculo. Patricia piensa en el desamor como un proceso inherente a la pareja. Un proceso de desidealización progresiva que ocurre en toda pareja cuando se va reconociendo al otro como persona total. Que no siempre lleva a la separación. Ambos miembros de la pareja pueden seguir sosteniendo el pacto denegativo, o, empezar a hacer conscientes algunos elementos de él, por diversos motivos. Los más frecuentes: la presencia del otro, con aspectos semejantes, diferentes y ajenos; problemas para concienciar conflictos intersubjetivos; la dinámica del poder en la pareja; el malentendido; las familias de origen; asincronía y discontinuidad; la llegada de los hijos; la incertidumbre. Y ejemplifica estos motivos con breves viñetas.
Finalmente Bárbara Ortúzar nos presenta el cambio de paradigma desde el psicoanálisis clásico hacia el Modelo Relacional, y las consecuencias de este cambio en la psicoterapia con pacientes adolescentes, y en aquellas intervenciones terapéuticas (vinculares) que incluyen a sus padres. Para ello examina los aportes de Emilce Dio Bleichmar, Heinz Kohut, Daniel Stern, Stephen Mitchell, Robert Stolorow, George Atwood. Se pregunta entonces “¿cuáles serían las características deseables del terapeuta de adolescentes, inserto en este nuevo paradigma?”. Para responder , y para ilustrar algunos de los conceptos de este nuevo paradigma que nos ha presentado, nos presenta un caso clínico de un paciente adolescente y de las sesiones vinculares que realizó con su padre.
En suma, este es un libro sin desperdicio, del que aprendemos mucho, no sólo por sus contenidos sino por la actitud comprometida de sus autores con su trabajo clínico, por sus reflexiones, y sobre todo porque en los ejemplos y a través de todo el libro vemos y sentimos encarnada lo que nos invitan a conocer: la Psicoterapia Psicoanalítica de Grupos y Vínculos.
Dr. Patricio Olivos Aragón


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