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Por nuestra parte, no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído


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El Monte de Olivos
Mientras nos dirigíamos a la Iglesiaiglesia de la Agonía, pudimos contemplar el valle de los Olivos situado al oriente de la ciudad, en el monte de Kidros. Más hacia oriente se encuentra el inmenso cementerio considerado el más antiguo del mundo. Los que allí descansan eternamente tienen sus tumbas dirigidas al tTemplo, a las murallas de la ciudad santa, lo más cerca posible del mMonte del Templo, esperando el día de juicio.
En este lugar se detenía Jesús cada vez que entraba y salía de Jerusalén. El olivo y Jesús se unen en una amistad inseparable. “Y saliendo de allí, se dirigió, según costumbre, al monte de los Olivos; y le siguieron también los discípulos”89. Confieso que el olivo es mi árbol preferido. Hace ya algunos años, cuando mi suegro cultivaba su huerto de olivos, junto con mi esposa y yo le ayudábamos en la labor de la recolección de las olivas. Las horas que pasábamos entre sus ramas me acercaban espiritualmente a Jesús, recordando las que pasó junto a ellos frente a Jerusalén.
El olivo es un árbol amable, de formas caprichosas y desiguales, caracterizando así la diversidad frente a la unidad. Jesús se refugia en su hermosura. Su fruto: el aceite y las aceitunas son excelentes, tanto posr sus propiedades como por su gustosabor. Jesús se siente tranquilo entre sus hojas, que le resguardan del sol y por la noche le acompañan con su música cuando el viento agita sus hojas.
En mi refugio particular situado en el pre-—Pirineo, estamos preparando un bancal para plantar unos cuantos olivos. Hace ya muchos años que vengo albergando esta ilusión. la vengo albergando. Es un árbol agradecido y longevo. Árbol milenario con una gran capacidad de sufrimiento. Alimenta a las abejas cuando en primavera explotan sus flores. Alimentan a los pajarillos cuando en otoño sus frutos empiezan a nacer. Se dejan podar para dar mejor y más fruto en la siguiente cosecha. Así en Jesús, sufre cuando le niego el agua que sus raíces necesitan; permanece fielmente a mi lado para cobijarme del sol y refrescar las noches de verano; engalana mis ojos con sus blancas y diminutas flores; me regala el fruto permitiendo que lo triture para encontrar lo más íntimo de sí mismo; y se renueva constantemente en la eucaristía para darse siempre nuevo.
Pasear por el mMonte de Olivos fue una experiencia impresionante. Cuántas veces, ayudando a mi suegro, me sentaba a los pies del olivo, mientras tomábamos el almuerzo, antes de continuar la labor de la cosecha. ¡Cuántas veces, no habría hecho lo mismo Jesús con sus amigos, los apóstoles! “Durante el día enseñaba en el Templo, por la noche salía a pasarlo al raso, en el monte de los oOlivos”90.
El mMonte de los Olivos es uno de los lugares más sagrados de la ciudad. Allí encontramos parte de los lugares que hemos visitado: La iglesia de la Ascensión, la del Pater Noster, Dominus Flevit y Getsemaní, entre otras. Zacarías lo enmarca como el lugar donde tendrá la remisión de los muertos, por eso entierran los judíos allí a sus difuntos. En este cementerio existen más de 150.000 tumbas.
Jesús prepara aquí su destino final: la cruz. Desde aquí se prepara para la entrada triunfal en Jerusalén. Después de la Cena se retira a orar en el mMonte de Olivos. Aquí prenden a Jesús, y Él demuestra mostrando lasu bondad a con sus discípulos no permitiendoal no permitir que leos arresten también a ellos. De aquí se dirige a la cCasa de Caifás y después a la de Pilatos. En el Mmonte de Olivos se escribe gran parte del misterio de la Pasión de Cristo. Desde aquí, mirando a Jerusalén, nos contempla a todos con amor a todos nosotros. Recuerdo las palabras de Benedicto XVI: “la IglesiaIiglesia acompaña a Jesús al monte de los Olivos: la IglesiaIiglesia orante desea vivamente velar con Jesús, no dejarlo solo en la noche del mundo, en la noche de la traición, en la noche de la indiferencia de muchos”91.

La Iglesiaiglesia de la Agonía

Getsamaní
Llegamos a la Iglesiaiglesia de la Agonía entrando por el huerto de Getsemaní. Un pequeño huerto con olivos centenarios fueron el umbral de nuestra llegada. Nos detuvimos unos minutos antes de entrar en la iglesia. El jardín está vallado y no se permite el acceso a los visitantes. ¡Me hubiese gustando tanto tocar uno de ellos! Nos contentamos con verlos de cerca.
En una de las esquinas, la que da al norte de la iglesia, hay un olivo plantado en 1964 por Pablo VI que contrasta con el resto por su juventud., En otra de las esquinas, la más próxima a la entrada de la bBasílica, existe un inmenso olivo milenario contemporáneo de los tiempos de Jesús, según se ha podido comprobar científicamente a través de la prueba de carbono 14.
La espera se conjugaba con la contemplación del lugar. Estábamos Aagrupados en la esquina, y Mn. Emili aprovechó para leernos un pasaje del evangelio: “Entonces llega Jesús con ellos a una granja llamada Getsemaní, y dice a los discípulos: Sentaos aquí, mientras voy allá para orar. Y llevando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a ponerse triste y a sentir abatimiento. Entonces les dice: Triste sobremanera está mi alma hasta la muerte; quedad aquí y velad conmigo. Y adelantándose un poco, cayó sobre su rostro, y oraba diciendo: Padre mío, si es posible, pase de Mmí este cáliz; más no como Yyo quiero, sino como quieres Ttú. Y viene a los discípulos y los halla durmiendo, y dice a Pedro: ¿Así no pudisteis velar una hora conmigo? Velad y orar, para que no entréis en tentación; el espíritu, sí está animoso, mas la carne es flaca. De nuevo por segunda vez, habiéndose apartado, se puso a orar, diciendo: Padre mío, si no es posible que pase este cáliz sin que yo lo beba, hágase tu voluntad. Y viniendo otra vez, los halló durmiendo, porque estaban sus ojos cargados. Y habiéndolos dejado, retirándose de nuevo, oró por tercera vez, repitiendo de nuevo las mismas palabras. Entonces viene a los discípulos y les dice: Ya por Mmí, dormid y descansad. ¡Ea! Ha llegado la hora, y el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores. Levantaos, vamos; mirad que está aquí cerca el que me entrega92.
En medio de otros visitantes, intentamos recoger nuestro espíritu para meditar la lectura del evangelio. “Imposible”, me lamenté. Tardamos aún en entrar en la iglesia, momento que aproveché para contemplar de nuevo el olivo milenario, el árbol que probablemente se mantuvo despierto y atento ante el sufrimiento de Jesús en aquellas terribles horas. Antes de entrar en la iglesia, de nuevo el ensayista historiador desea explicar las características del lugar. Le indico que no es el momento más adecuado. La lectura de aquel fragmento del evangelio tiene mi espíritu en vilo. Por una vez, y sin que sirva de precedente, accede a mi petición añadiéndose a mi religioso silencio.
Por fin, entramos en la iglesia donde se estaba celebrando la Eucaristíaeucaristía. Frente al altar se encuentra la roca donde Jesús postró su cuerpo elevando la súplica al Padre: “Padre mío, síi es posible, pase de Mmí este cáliz; más no como Yyo quiero, sino como quieres Ttú”. Al ver el lugar, el corazón se sobresaltóme dio un vuelco de por la emoción. Me arrodillé en unos de los laterales para estar más cerca de la roca y hacer oración.
La iglesia, conocida como Iglesiaiglesia de las Naciones por las contribuciones recibidas de allende, es una de las más hermosas de Jerusalén custodiada por los franciscanos. Me lamenté nuevamente de no disponer de más tiempo para rezar. La oración de Jesús, al igual que en el desierto, es un diálogo a solas con el Padre:, a solas, de tú a tú. Y es en la oración donde Cristo aleja los engaños de la tentación demostrando que la oración es un encuentro con la esperanza.
Nos avisan de que debemos regresar al autocar. Prometo volver algún día a rezar a solas como lo hizo Jesús, postrando el rostro en aquella roca para que el mismo Señor bendiga mi vida y la de mi familia. Para que entienda el dolor en la alegría y el sufrimiento en la esperanza.


La tumba de María
En un santuario sencillo se encuentra, según la tradición, la tumba de la Virgen María y la de sus padres Joaquín y Ana. También se le conoce como la Iglesiaiglesia de la Asunción, ya que al haberla preservado Dios indemne al pecado original, no estaba sujeta a la corrupción de la carne y fue conducida directamente al cielo. Cuarenta y cinco escalones conducen a la capilla, donde se encuentra la tumba de María.
La iglesia, construida sobre otra bizantina, contiene múltiples lámparas características que dan al lugar un aire misterioso y hermoso a la vez. María, de nuevo, se presenta ante nosotros. Su presencia es permanente. Cada día cuando rezamos el rRosario participamos con Ella en el camino de Jesús. María nos está acompañando en cada visita, como lo hiciera con los discípulos después de la muerte de Jesús. Ella, antes de partir, quiso permanecer a su lado para animarles en la fe. María es la gran animadora de la fe. En Ella se concentra y amalgama el aAmén de la oración. “Todos perseveraban unánimemente en la oración, con las mujeres, con María, la Madre de Jesús, y con los parientes de Ééste”93.
Dice la tradición, que María murió en presencia de los apóstoles y que cuando Tomás pidió abrir su tumba, ésta se encontraba vacía. Los apóstoles concluyeron que fue llevada en cuerpo y alma a los cielos.
Ya dentro de la capilla, todos adoramos la tumba de María, aguardando unos instantes frente a ella para dar gracias a Dios por habernos dado una Madre. Toda madre quiere estar con sus hijos y Ella nos espera en el cielo. “Y una gran señal fue vista en el cielo: una Mujer vestida de sol, y la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas, la cual llevaba un Hijo en su seno”94.
Me detengo de pie frente a la entrada de la capilla donde se encuentra la tumba de María. Pienso en el estudio que hace ya muchos años hice sobre la Asunción de la Virgen a los cielos, para reunirse de nuevo con su Hijo. Unos cuantos jóvenes acabamos editando un resumen de horas y horas de estudio. Y hoy y ahora, me encuentro en el lugar donde María partió para reseérvarnos un lugar junto a la Sagrada Familia. El último dogma proclamado por la Iglesiaiglesia, es precisamente el de la Asunción. El 1uno de noviembre de 1950 Pio XII, hablando “ex cáthedra”, proclama: “...declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo”95.
Siento una emoción tremenda al pensar también en mi madre, ya fallecida. Sé por la fe que también mora en el cielo y junto a María. Ambas me esperan a que un día me reúna con ellas acompañado de mi familia. Ella murió con su mano acariciando la mía y la de mi hermana. María murió y ascendió a los cielos acariciando nuestros corazones. Decía Juan Pablo II: “que María nos muestre el destino final de quienes ‘“oyen la Palabra de Dios y la cumplen’” (Lc. 11,28).

Tenemos que partir de nuevo, el guía nos avisa del siguiente destino. Nos quedan nuevos lugares donde la presencia de María se hará palpable en la historia de la salvación. Cuando Dios pensó en María, pensó también en la dignidad de la mujer, hoy tan utilizada. Precisamente Juan Pablo II llegó a afirmar: “en la Asunción de la Virgen podemos ver también la voluntad divina de promover a la mujer. De manera análoga con lo que había sucedido en el origen del género humano y de la historia de la salvación, en el proyecto de Dios el ideal escatológico debía revelarse no en un individuo, sino en una pareja. Por eso, en la gloria celeste, junto a Cristo resucitado hay una mujer resucitada, María: el nuevo Adán y la nueva Eva". Para concluir, el Papa aseguró que "ante las profanaciones y el envilecimiento al que la sociedad moderna somete a menudo al cuerpo, especialmente al femenino, el misterio de la Asunción proclama el destino sobrenatural y la dignidad de todo cuerpo humano"96.



Belén. Palestina

A mediodía partimos hacia Belén, en la región de Palestina. Nos advierten sobre la necesidad de llevar pasaporte. A muy poca distancia de Jerusalén llegamos a la misma tierra dividida por el hombre. Una impresión enorme nos produce al llegar hasta el paso fronterizo. Unos inmensos muros dividen ambos territorios. La imagen es tétrica e indignante a los ojos de Dios. Si Jesús estuviera hoy entre nosotros lloraría por ese muro como lo hizo mientras miraba Jerusalén desde el mMonte de los Olivos. El muro, construido de norte a sur y a través de una parte de Jerusalén, medirá 700 kilómetros de largo y entre 50 y 100 metros de ancho cuando esté terminado medirá 700 kilómetros de largo y entre 50 y 100 metros de ancho. Es una estructura compleja que incluye alambradas de espino, zanjas, zonas de arena fina para detectar huellas, torres de vigilancia, caminos asfaltados a cada lado para permitir patrullar aque patrullen los tanques, así como zonas adicionales de defensa y áreas restringidas de diversa profundidad. El diseño del trazado responde al objetivo de rodear los más de 50 asentamientos donde vive un 80% de colonos, incluyendo extensas áreas de tierra alrededor de ellos. Esto creará permitirá una continuidad dela ampliación de los asentamientos con Israelisraelís mientras la zona queda separada dicha zona del resto de Cisjordania.



Nos avisan de que tenemos que cambiar de autocar ya que en el vehículo en el que viajamos no tiene permiso para traspasar la frontera. Allí nos espera otro de la ciudad de Belén, en a la que estamos a punto de entrar. Mi amigo el historiador está a punto de iniciar una descripción de la historia del conflicto palestino-—israelí. Le invito a hacerlo en la 2ª Parte, si bien, aunque antes de escribir hay que rezar, y mucho, por estas tierras y estas gentes que sufren el odio y la incomprensión mutua.
Estamos frente a un contrasentido: Las Naciones Unidas declara ilegal el muro, el Tribunal de la Haya hace lo propiotambién y, mientras el Banco Mundial apoya financieramente la su construcción. Nuestro viaje no tiene tintes políticos, pero Jesús aborrece la injusticia que aboca al hombre a separarse de Dios. Nos duele tener que entrar a en Belén entre muros, alambradas y guardias de seguridad.
La ciudad está situada al sur de Jerusalén cerca del desierto de Judea, construida sobre una prominencia rocosa de unos 777 metros por encima del nivel del mar. La ciudad está rodeada por de colinas cultivadas en terrazas, cubiertas con viñedos, olivos, almendros e higueras. Su nombre hebreo Bethlehem significa “la casa del pan”, porque debajo de la ciudad se encuentran los campos donde tuvo lugar, según el libro de Ruth, la revelación de su amor a Boaz. Su hijo, Obed, fue el abuelo del Rey David, quien también nació en Belén y fue ungido por primera vez allí, hace tres mil 3000 años.
Una vez en el interior de la ciudad observamos el gran contraste entre la opulencia de Jerusalén y la escasez de Belén. El nuevo guía nos acoge con amabilidad. Antes de iniciar las visitas programadas nos dirigimos a comer en un restaurante local, mejor acomodados que en otras ocasiones aunque con la misma gastronomíacomida. La dieta impuesta por los médicos de Barcelona se hacía de fácil cumplimiento teniendo en cuenta los menús diarios. ¡Ay, mi paella!, suspiraba un mimado peregrino dirigiéndose a su esposa.


La Iglesiaiglesia de la Natividad
Después de comer, nos dirigimos a la Iglesiaiglesia de la Natividad, lugar donde nació Jesús y que tantas veces he visto en reportajes fotográficos. Mientras nos dirigíamos a la Iglesiaiglesia, observo las calles de Belén y los campos lejanos que circundan la ciudad. Pienso en el momento que un par de días antes habíamos vivido en Nazaret, en la Iglesiaiglesia de la Anunciación donde las lágrimas limpiaban mi corazón de tanta alegría al ver la gruta donde el arcángel Gabriel le anunció a María la encarnación de Jesús. Ambos lugares los unía mentalmente en una misma vivencia personal.
Una gran plaza da la bienvenida a la entrada angosta y pequeña de la Iglesiaiglesia regentada por las Iglesias católica y ortodoxa griega. La entrada principal a la basílica se encuentra en el lado oeste. Dos de las entradas originales del siglo VII fueron tapiadas. El portón norte está disimulado por un contrafuerte; el portón sur, por una pared del adyacente monasterio armenio. El tamaño del restante portón central fue reducido varias veces y la actual entrada tiene sólo 1,2 metros de altura.
A ambos lados del gran del coro de la basílica, unos tramos de escaleras desgastadas conducen a la capilla de la Natividad, situada debajo del Aaltar Mmayor. En un pequeño nicho, en la pared de la cueva, se encuentra el Aaltar de la Natividad. Una estrella de plata en mármol blanco marca el lugar del nacimiento de Jesús. Sobre el altar hay lámparas de aceite de plata suspendidas que permanecen encendidas día y noche.
Tenemos que aguardar turno hasta poder entrar en la capilla. Siento una emoción contenida hasta que llega el momento. Inclinado el cuerpo para entrar, me arrodillo ante el lugar del nacimiento introduciendo mi mano izquierda dentro de la estrella. Hago que mi anillo de casado toque también aquel santo lugar, mientras el pensamiento hecho oración se dirige hacia a mis hijas. Levanto la cabeza y encuentro la inscripción: “Hic de Virgine Maria Jesús Christis natus est”. De nuevo mis lágrimas se esparcen por el blanco marmol que rodea la estrella. “Estando ellos allí se le cumplió a Eella el tiempo, y dio a luz a su Hhijo primogénito, le envolvió en pañales y le reclinó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada”97.
La fe de María mostrada en Nazaret ante el arcángel Gabriel se pone ahora a prueba. No tienen posada. ¿Qué Dios permitiría que su hijo naciese en un establo? ¿Qué piensan en aquellos momentos María y José? María, de la estirpe de David, la escogida por Dios, tiene que ver cómo su hHijo nace en un establo. ¡Dios quiere nacer pobre! ¡Dios quiere nacer a la intemperie, liberado de cualquier comodidad!
El misterio de la Natividad sobrepasa mi capacidad de asombro. Dios no es un mensaje; Dios no es una doctrina; Dios no es ética ni una moral. Dios se hace persona. Dios se acerca, se aproxima al hombre a través de María. Dios no es una filosofía. Dios, como dice Sansan Juan, es aAmor. aAmor engendrado por la libertad bondadosa de María. Ella tiene entre sus brazos al Hijo del hombre. En sus manos está el destino de Jesús y los planes de Dios. Ella lo conserva hasta que llegue su hora. Ella lo prepara para cumplir las palabras del ángel Gabriel. Dios se pone en las manos de María, Dios se pone en mis manos. Todo este misterio, en apenas unos minutos, para gozar en esta pequeña capilla, donde la puerta de entrada es pequeña como grande su humildad. En este lugar hace más de 2000 años el cielo y la tierra se unieron eternamente.

Es necesario un corazón sencillo para comprender el misterio de Belén. Resuena nuevamente el relato de Lucas: “lo envolvió en pañales”, amplificando así la humildad y la disponibilidad de Dios. Un niño se abandona en los brazos de su madre. Jesús, se abandona humildemente entre pañales. El misterio de Belén inaugura una nueva lógica en el mundo. Vuelvo a recordar uno de los cinco “defectos” de Jesús del según el Cardenalcardenal Nyguyen van Thuan: Jesús no tiene lógica.


José y María, no encontraron posada en la ciudad. No hubiera habría tenido que ser difícil encontrarla ya puesto que María había nacido en Belén. Pero los hombres estamos tan ocupados con nuestras cosas que carecemos de espacio para albergar a Jesús en nuestra particular morada. Repletos de anhelos superfluos, perdemos el sentido de la sencillez y de la humildad.
Aquí quisiera permanecer también por más tiempo. Necesito meditar “in situ” el gran misterio de la salvación. Un padre espera con ansíias y amor el nacimiento de su hijo. Me gustaría permanecer aquí para renacer con Jesús en los brazos de María, pero el guía es impenitente impaciente y nos avisa de nuevo que el tiempo ha concluido. Continuaré en Barcelona. Estoy acumulando horas para el regreso... pero ciertamente estoy seguro que el viaje se iniciará cuando éste finalice.
Algunas semanas después, estaba en el minúsculo pueblecito del pPirineo de Lérida repasando las notas y las vivencias acumuladas durante los días de la peregrinación. Me detuve en Belén. Levanté los ojos y por la ventana observé la montaña cubierta de nubes. La naturaleza se mostraba pudorosa. Pensé en Jesús, que esconde su nacimiento en una posada para anunciarse así advirtiendo sólo a los sencillos, a los pastores. Tomé un texto de Hans Van Urs Baltasar y me quedé absorto en los andamios de aquellas nubes que escondían la cima del Montsec. Las nubes iban desapareciendo para mostrar con descarosin pudor la belleza del lugar. La meditación del texto de Hans Von Urs despejaba también las nubes del misterio de Belén. Él describe el relato del evangelio de Lucas con una realidad y objetividad alejada de los artistas que pintan cuadros con una aureola sobre la cabeza del niño. Jesús era un niño normal, sin señales de gloria, envuelto en pañales: “Él ha dejado su gloria detrás y ha entrado en el mundo oscuro, hacia la insignificancia aparente del niño, hacia la falta de libertad de las restricciones y ataduras humanas, hacia la pobreza de la cuna”. Y finaliza el gran teólogo su meditación con una llamada y una viva realidad: “Emmanuel, Dios con nosotros: ‘“De Uuna vez por todas Dios ha empezado en este viaje hacia nosotros, y nada, hasta el fin del mundo, lo parará de venir hacia nosotros y a permanecer en nosotros’”.


La Iglesiaiglesia de Santa Catalina de Alejandría
Desde el interior de la Iglesiaiglesia de la Natividad, se accede directamente a la Iglesiaiglesia de sSanta Caterina, construida en 1881. Desde esta iglesia se transmite cada año la Mmisa de la Natividad del Señor, presidida por el pPatriarca latino de Jerusalén. En uno de los altares laterales se encuentra la figura del Niño Jesús en pañales, donación del eEstado español. Vemos cóomo la iglesia la están adornando la iglesia para una boda, mientras pero tenemos tiempo para rezar junto al altar y continuar agradeciendo al Señor la peregrinación. Vuelvo a tener presente a mis hijas y a mi familia.
La entrada principal de la Iglesiaiglesia la precede un claustro con la efigie de Sansan Jerónimo en el centro del patio. En la gruta existe una capilla en su honor, ya que aquí permaneció traduciendo la Biblia del hebreo y griego a la versión que conocemos como Vulgata latina.
Una hermosa coincidencia encierra parte de la historia de la iglesia. sSanta Catalina de Alejandría, mártir en manos del emperador Maximino en el siglo III, resaltó su fe y elocuencia. La suya fue una batalla entre el poder político y el poder que emana de Dios. En cierto momento, sentada frente a los ancianos y filósofos, éstos la quisieron convencer de que adorara al sol, identificado por el dios Apolo, con la argumentaciónel argumento de que el astro rey es el que rige las estaciones del año, fertiliza los campos, pinta las flores y produce los metales en las entrañas de la tierra. Catalina respondió: "Si el sSol es el más hermoso de todos los astros, toda la luz con que brilla se la debe a la magnificencia de Dios". Nuestra santa añadió que el mismo Ssol se oscureció cuando Jesús murió en la cruz. La verdad es que sSanta Catalina dijo muchas más cosas que convencieron no solamente al filósofo más anciano, sino a todos los que participaban en aquel debate, y que rehusaron contradecirla. El emperador Maximino, furioso, les condenó a muerte a todos ellos y después sometió a Catalina al martirio en la rueda de molino llena de clavosclaveteada.
Mientras escribía estas notas, el laborioso historiador se me acercó para recordar que esta sección estaba reservada exclusivamente para las vivencias del grupo. “En efecto”, -le contesté impertérrito-, “la vida de los santos son es el modelo que la IglesiaIiglesia nos muestra para imitarlos. No puedo relegar a la 2ª Parte esta referencia, ya que es plenamente espiritual”. Frunció el ceño, encaminándose hacia el sagrario, supongo que para desahogarse.
Tenemos también a Sansan Jerónimo, doctor de la IglesiaIiglesia. Su vida, estuvo llena de dificultades, primero a causa deen una juventud disipada y después por ser incomprendidoa en el ambiente eclesial de su época. Erudito de gran talla, se le compara con Sansan Agustín, Sansan Ambrosio y Sansan Gregorio Magno. Autor de la traducción y exegeta de la Biblia. Secretario del Papa Sansan Dámaso, vivió la última etapa de su vida en Belén. En el año 383, mientras residía en Roma escribe: “De perpetua virginitate beatae Maria”, defendiendo la virginidad de María y rechazando que hubiese tenido otros hijos.
En este lugar convive parte de la historia de la Iglesia, desde el síSÍ silencioso de María, a la elocuencia de Santa Catalina, pasando por la capacidad intelectual de Sansan Jerónimo. Todos ellos se complementan en un mismo lugar. ¡Qué casualidad!, el destino ha unido la virginidad de María con la defensa de la Madre de Dios realizada por san Jerónimo, tres siglos más tarde, realizada por Sansan Jerónimo acerca de la Madre de Dios.
Pasados unos minutos entramos todos juntos ena la capilla del Santísimo a rezar el Rrosario. Allí, de nuevo, se halla el grupo de peregrinos dispuestos a rezar a María. Una oración comunitaria que viví con intensidad. Parte del rosario lo recé de rodillas, adorando a Jesús y agradeciendo a Dios por haberme dado como madre a María. Por mi mente transcurría la visita al lugar del nacimiento. Ese misterio que más tarde meditaría con profundidad en Barcelona.
Recordé cómo la vocación de padres emana de un deseo espiritual, ensalzando así la propia humanidad. Recordé el nacimiento de nuestras dos hijas y del hijo que perdimos al poco de casarnos. Ellas han sido realmente un don vivo de Dios, por intercesión de María, y no simple y únicamente por un deseo puramente humano. La vocación ha realizado en nosotros la plenitud humana de la paternidad. María tuvo en sus manos el destino de Jesús. En nuestras manos han estado el destino de nuestras hijas que, entre pañales, tenían su libertad por estrenar.
Aquel rosario estaba lleno de la presencia de María, como pocas veces la he experimentado. Hacía unas semanas que había recibido como regalo el libro titulado El Señor de Romano Guardini. Fue un regalo de alguien a quién no conozco. En la vida espiritual toda casualidad es fruto de la providencia. En una conversación con un compañero del despacho hablamos de Jesús y de distintos autores cristianos. Coincidimos en algunos, sobre todo en referencia a los autores preferidos de su padre. Al cabo de unos días le regalé el último libro escrito por Jean Guitton, que no conocía, para que se lo entregara a su padre. Unos días después, su padre me hizo llegar el libro de Guardini. Y es en este libro, en sus primeras páginas, se va desgranando la figura de la Madre.
El destino de María se configura sobre el de su hijo. El fFiat de María se desarrollará por momentos oscuros e inexplicables. Se inicia con el trance de explicar a José el misterio de la Encarnación; continúa con las estrechecesz y pobreza del nacimiento del hijo durante; en la huida a Egipto por temor a Herodes. El inicio de su vida está lleno de peligros, hasta que finalmente puede regresar a casa. Pero cuando Jesús cumple 12 años, en el tTemplo, Ella tiene que sufrir la angustia de no encontrarlo y soportar el reproche de Jesús ante la pregunta de la Madre. No es de extrañar que ante la respuesta incomprendida de Jesús, el evangelista diga: “Su madre conservaba en su interior el recuerdo de todo aquello”. Pasan 18 años más en silencio, sin detalles, hasta que Jesús inicia su misión abandonando su casa y sus padres, si bien es María quien precipita la hora en Caná de Galilea.
Pero María, unida siempre a Jesús, continúa sin comprender algunas cosas, como cuando Jesús contesta ante el piropo de una mujer: “Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron. Pero Él dijo: Más bien, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen”98. La respuesta de Jesús en Caná de Galilea resulta también un cierto misterio: “¿Quién te mete a ti en esto, mujer?”99. Sin embargo Jesús, accede a la petición de su madre. Más adelante, María, tendrá que escuchar: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?”100.
Romano Guardini va descifrando el aparente contrasentido hasta que llega el momento culminante de la cruz: “Mujer, ahí tienes a tu hHijo, luego dice al discípulo: Ahí tienes a tu mMadre”101. Al final se comprende la actitud de Jesús. Muchas veces no alcanzo a comprender porque no espero, porque no confío. La impaciencia y la falta de fe generan en mí la duda permanente.
Jesús vive en esa lejanía, sustraído de su madre. Pero, “su mMadre guardaba todas estas cosas en su corazón”102. Guardaba en su corazón el Fiat, la respuesta al ángel, porque Ella creía. “María creyó; y creyó en un tiempo en el que, desde luego, nadie creía aún, en el sentido más pleno y auténtico de la palabra”103.
Sí, verdaderamente, “dichosa tú, que has creído”104.

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