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Por nuestra parte, no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído


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Llegada a Jerusalén
A media tarde, después de adquirir las cremas dermatológicas de rigor en la tienda de Qmram, partimos ilusionados a Jerusalén, la ciudad prometida. El día había sido variado. Después de la vivencia del Mmonte Tabor, y viajando por el valle del Jordán, tuvimos tiempo de ocio en el Marmar Muerto y de cultura en Qmram. Pero llegaba el momento de pisar la ciudad de las ciudades.

Al atardecer, el guía y el chofer ponen uno tras otro la canción de Entrando en Jerusalén, mientras empezamos a divisar la típica orografía de la ciudad. La llegada se produce por el norte junto a la zona universitaria, en el monte llamado Scopus, Scopus el más alto de la ciudad desde donde se divisa una panorámica espléendida. El perfil y el contorno de la muralla, conservada en un estado magnífico, destacan formidablemente. El color uniforme de todos los edificios, incluidos los que están fuera de las murallas, otorga una homogeneidad nada monótona.


Antes de bajar del autocar, el guía nos reparte una copa de vino típico del lugar en señal de bienvenida. Mi corazón lo agradece por el brindis y por la recomendación médica de tomar una copita al menos una vez al día. Todo un detalle por parte de la organización, completado posteriormente con un recuerdo de la ciudad.
Bajamos junto a un mirador con la cámara en la mano para inmortalizar las imágenes de la ciudad. La cúpula dorada de la mezquita en el interior de la muralla resalta sobre el resto de la silueta, con el sol de poniente iluminando su esfera. La contemplo con admiración desde aquel observatorio turístico.
La Ciudad de la Paz, que según la etimología que procede del hebreo, parece dedesde esta altura ajena a las disputas históricas entre judíos, palestinos y árabes. ¡Qué contrasentido! Es la única ciudad Santa para las tres religiones monoteístas: la cristiana, la judía y la musulmana.
La historia de esta ciudad es interminable. Al acabar este pensamiento se acerca el inefable historiador con unas ansias irreprimibles de colaborar extensamente en la descripción detallada de esta compleja realidad. ¿Cómo vamos a hacerlo?, me pregunto para mis adentros. Al final, la 2ª Parte de las Ccrónicas van a tomar mayor volumen que el objetivo principal. Pero ¿Pero podremos obviar hacer algunala referencia a Jerusalén? ¿Cómo compendiar tanta información?
El historiador insistía en asumir el derecho a escribir sobre la ciudad y yo en persuadirle de que no se extendiera hacerlo extenso. No pareció aceptar la propuesta. Por fin se me ocurrió llevarleo hasta un rincón del observatorio. Me fijé en el horizonte, contemplando en silencio nuevamente las murallas. Al cabo de unos minutos me dicedijo:


  • ¿Qué miras, por qué me has traído hasta aquí?




  • Mira la Ciudad de la Paz, querido amigo. Si permanezco en silencio la paz no se turba. Cuando disputamos y discutimos deshonramos el lugar donde nos encontramos.







  • En efecto, hay silencios culpables y otros de complicidad. La complicidad con las murallas de Jerusalén que ahora divisamos me obliga a guardar la paz.




  • ¿Qué propones, entonces?




  • Pactar. Que sean los cascos azules los que regenten arbitren nuestros anhelosdeseos.




  • Ambos somos cristianos, ¿qué tienen que ver las disputas entre judíos y palestinos?.




  • Que no necesitamos ser diferentes para que la paz sea vulnerada.




  • Estás llevando las cosas a extremos insólitos.




  • El fuego empieza con una simple chispa.

Ambos guardamos silencio con los ojos clavados en el horizonte, por donde el sol iniciaba su despedida. Regresamos al autocar sin mediar palabra. Al llegar al hotel, acordamos vernos después de la cena para remediar nuestras diferencias.


Llegamos al hotel, establecimiento mucho mejor que el de los días anteriores en Tiberias, denominado llamado Hotel Moriah. Después de la cena, en plena fiesta judía, salimos por la noche a recorrer la ciudad en una visita nocturna. Rodeamos la ciudad a través de sus murallas exteriores, contemplando las diversas puertas de entrada sin bajar del autocar. Fue un preámbulo que llenó de intensidad el deseo de recorrerlas a pie al día siguiente. Empezamos por la puerta de Damasco, la pPuerta de las Basuras, y así otras más.
En una de las paradas, mi amigo el historiador se me dirigióe casi en silencio indicándome que para evitar una narración extensa, tal vez podríamos ir dando pinceladas históricas a medida que visitásemos durante los próximos días vayamos visitando los lugares santos.
De acuerdo, le dije velozmente. Pero él, tomando de inmediato la palabra, se estrenó con la descripción de cada una de las puertas, sin darme tiempo a reaccionar:
Puerta de Sión: Lleva el primer nombre bíblico de la ciudad. También conocida como puerta de David. Adyacente al mMonte Sión, conduce directamente a los barrios armenio y judío.


Puerta de las Basuras: El nombre de esta puerta proviene de las basuras vertidas aquí en la antigüedad, donde el viento predominante alejaba los olores de la ciudad. Esta puerta da acceso directo al mMuro oOccidental (Muro de los Lamentos) y al Pparque Arqueológico.


Puerta Dorada: Esta puerta, al este del mMonte del Templo, es quizás la más conocida. Llamada también pPuerta de la Misericordia, lleva siglos fue tapiada hace siglos por los judíos, que esperan esperando su milagrosa apertura cuando llegue el Mesías y resucite a los muertos.


Puerta de los Leones: Debe su nombre a las estatuas de mirada feroz que la flanquean. Aunque eEn realidad son tigres, el símbolo heráldico del sSultán Beybars del sSiglo XIII. Conocida también como pPuerta de Sansan Esteban, primer mártir cristiano que, según la tradición, fue lapidado en este lugar. Conduce a la Piscina de Betesda y a la Vía Dolorosa.


Puerta de Herodes:
Su nombre nada tiene que ver con el famoso rey judío. En hebreo y árabe, esta puerta en el lado norte que conduce a los mercados de la cCiudad vVieja, es llamada también Puerta puerta de las Flores (quizás por el relieve esculpido). En árabe, hay una palabra muy similar que significa “despertar”, lo que podría hacer referencia al cercano cementerio y a la esperanza de la resurrección.


Puerta de Damasco
: La más impresionante de las puertas de Jerusalén se encuentra también en el lado norte. Su nombre en árabe, “Bab El Amud”, hace referencia al alto pilar que aquí se encontraba y que puede ser visto en el mapa de Madaba. Siempre está muy concurrida debido principalmente a los bulliciosos mercados de su alrededor. Bajo esta puerta del siglo XVI los arqueólogos han encontrado parte de la que fue construida por el eEmperador Adriano en el siglo II.


Puerta Nueva:
Es la única entrada que no forma parte del diseño original del siglo XVI. Fue abierta en el periodo de declive del imperio otomano para facilitar a los peregrinos cristianos un rápido acceso a los lugares santos.
Puerta de Yafo: Entrada para peregrinos judíos y cristianos que desembarcaban en el puerto de Yafo, de ahí su nombre. Acceso principal a la cCiudad vVieja. Conduce directamente a los barrios cristiano y judío y a la Torre de David, antigua ciudadela, hoy museo que muestra la historia de la ciudad.


  • Gracias por la síntesis, espero que en el futuro el resto de los relatos también sean tan breves. Ahora, acabemos de disfrutar de la visita antes de retirarnos a descansar.




  • Gracias, a ti, por tu comprensión.

Al final del trayecto no hubo reunión del eEquipo de Rredacción, todos estábamos cansados por el largo viaje, el calor sofocante del desierto y las horas de sol tomadas en el Marmar Muerto. Antes de dormir, repasé las notas del día para la redacción en Barcelona de las cCrónicas en Barcelona.


Ciertamente, el día no había tenido momentos y lugares de especial relevancia espiritual, a excepción del monte Tabor, sin embargo una profunda paz embargaba mi alma y mi cansancio. Me dormí cantado el Ssalmo 122:
¡Oh, qué alegría cuando me dijeron:

vamos a la casa de Yahvé!

¡Ya estamos, ya se posan nuestros pies

en tus puertas Jerusalén!



    1. En Jerusalén. Cuarto día de pPeregrinación

Deseosos de iniciar la visita a los lugares santos de la ciudad de Jerusalén, empezamos el cuarto día de peregrinación. En el restaurante, a primera hora de la mañana, todavía vemos cóomo los judíos continúan celebrando la fiesta semanal, mientras entre nosotros comentamos la jornada de ayer y el apretado programa previsto para hoy.


Con uno de los matrimonios con los que más veces coincidimos en el restaurante, valorábamos valoramos la monotonía de la comida diaria, a pesar de la variedad del bufet libre. Ambos nos manteníamos a base de ensalada y arroz, suspirando y suspirábamos comernos por comernos una tortilla de patatas como las que hacen nuestras respectivas esposas. Ellas, como sindicato que son, nos acusaban de niños mimados a pesar de nuestra edad. “En el fondo tienen razón, -—pensamos sin manifestarlo-—, que nos dejamos mimar por quien más cuida de nosotros. ¿Por qué renunciar a ello?. Bien pensado, también podríamos pedirles que nos preparen preparasen una paella de marisco. En fin, tendremos que esperar a llegar a Barcelona y disfrutar entre tanto de las interminables ensaladas, arroces aburridos y … un poco de fruta”.
Quisiera destacar con esta anécdota la excelente sintonía entre todos nosotros. No recuerdo ni una sola nota negativa, si bien es cierto que en ocasiones hicimos sufrir a Mn. Emili por nuestra impuntualidad tan española. Espero que nos haya disculpado y no descarte en un futuro próximo organizar otro viaje con los más jóvenes de la pParroquia. Y sin con ellos tampoco se desanima, que piense en otro peregrinaje para nosotros. Llevamos sólo 3 tres días y tengo la sensación de haberme perdido la ocasión de disfrutar espiritualmente de los lugares visitados y de los que por cuestión de tiempo hemos pasado de largo por cuestión de tiempo. Por ello, hoy especialmente, rezaremos porque Mn. Emili mantenga la paciencia y se anime a organizar nuevos viajes. Deseamos también que su paciencia no se convierta en caridad, señal de que nuestra impuntualidad y falta de disciplina ha sobrepasado lo tolerable.
Ya en el autocar nos dirigimos a lo alto del mMonte de los Olivos, fuera de las murallas de la ciudad. De nuevo nos encontramos en la esta montaña tan familiar en la vida de Jesús.


La Iglesiaiglesia de la Ascensión
Llegamos a lo alto del mMonte de Olivos, hoy lugar muy edificado en un barrio más bien pobre. Allí se encuentra la capilla donde la tradición señala, desde el siglo IV, el lugar de la Ascensión del Señor a los cielos.
El único testimonio conservado en el evangelio que nos indica que la Ascensión tuvo lugar en el mMonte de los Olivos nos lo presenta Sansan Lucas, quien ubica el sitio junto al camino de Betania. En la segunda mitad del siglo IV, año 380, la noble romana Poemenia mandó construir en este lugar un edificio de planta circular a cielo descubierto y conocido con el nombre de Imbomon Imbomon, el cual fueque posteriormente fue destruido por los persas en el siglo VII. Durante la época de los cruzados el conjunto sufrió una serie de alteraciones;, levantándose se alzó un convento que fue encomendado a los Canónigos Regulares de Sansan Agustín. Todo fue destruido en el siglo XIII por los musulmanes a excepción de la parte central desde donde, según la tTradición, Jesús se elevó delante defrente a sus discípulos y dejando su huella marcada en la piedra.
Sobre estas ruinas, los cruzados diseñaron la Iglesiaiglesia de la Ascensión, de forma octogonal, sobre una plataforma a la que se llega a través de una escalinata de 20 escalones. Sus arcos decorados, creaban un patio interno que también estaba abierto. Dentro de la capilla, debajo del altar, se halla la roca sagrada en la cual que la tradición ve la huella dejada por del pie de Jesús cuando ascendióen su ascensión al cielo. Hoy en día es una mezquita, cubierta por los musulmanes, es una mezquita, si bien se permite que las diferentes confesiones cristianas celebren cada año la fFiesta de la Ascensión.
La visita es demasiado breve como para saborear admirar plenamente el santo lugar. No obstante, ya en el interior y a los pies de la roca, Mn. Emili nos lee el evangelio: “Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo: Y sucedió que mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos, después de postrarse ante Éél, se volvieron a Jerusalén con gran gozo, y estaban siempre en el tTemplo bendiciendo al Señor”57 Nos quedamos un rato de pie contemplando la roca debajo del altar y todos, uno a uno, fuimos tocando con nuestra mano el santo lugar, mientras compartíamos y rememorábamos el gozo de los apóstoles.
Con la excusa de fotografiar el exterior amurallado, aproveché para aislarme un rato del grupo y pensar en aquel otro pasaje de los Hechos de los Apóstoles: “Y dicho esto, fue levantado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos. Estando ellos mirando fijamente el cielo mientras se iba, se les aparecieron dos hombres vestidos de blancos, que les dijeron: “Galileos, ¿qué hacéis mirando eal cielo? ÉEste que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo”58
Con este texto presente me pregunto a mí mismo, ¿por qué estoy mirando eal cielo? Me gozo emociono de por la Ascensión, sí, sé que Él es el Camino, la Verdad y la Vida, no cabe duda de que con su ascensión me enseña que, viviendo en verdad también podré seguir el mismo camino hasta el cielo. Sin embargo ¿por qué te fuiste? Hasta que mis ojos no se cierren, te necesito aquí. Mi fe necesita de la presencia.
Me incorporé al grupo, que bajaba por una calle empinada camino del autocar, todavía con el pensamiento y las dudas que había dejado sentido entre los muros de la Iglesiaiglesia de la Ascensión. Una vez enAl llegar a Barcelona, volví a la pregunta y a las dudas. Confieso que este viaje se está prolongando mucho más allá de lo que imaginaba. Es una meditación constante de la presencia de Dios. Muchas de las cosas que aquí se recogen son fruto de la oración posterior.
En casa, escribiendo estas cCrónicas, tomé el evangelio y abriéndolo al azar, buscando una cita concreta, me encontrédi con otra que no buscaba: “Os conviene que Yyo me vaya, porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré”59. Esta cita la reservé en mi corazón para la acción de gracias de la comunión del día siguiente. Una vez más, se demostró que la palabra de Dios opera por sí misma.
La comunión del día siguiente fue un momento de especial unión espiritual, desvelándose las dudas depositadas junto a la roca desde donde Jesús tomó impulso para ascender al cielo. Desde allí, mi futura morada, Dios lo quiera, me espera, me mima y me ama: “En la casa de mi Padre hay muchas mansiones, si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté Yyo estéis también vosotros”60 Y en la comunión entendí que Jesús no me abandonaba, su cuerpo estaba ahora en el mío.

La Iglesiaiglesia del Pater Noster
Desde la Iglesiaiglesia de la Ascensión llegamos a la del Pater Noster. La Iglesiaiglesia se construyó por orden de Constantino a petición de su madre, la reina Helena. En el año 614 los persas la destruyeron y fue reconstruida por los cruzados en el siglo XII. En 1868, la princesa Aurelia de Bossi, prima de Napoleón III, compró el lugar y lo donó a Francia, donde levantó el monasterio de carmelitas en 1875.
Todo el atrio está lleno de inscripciones de cerámica con el Ppadrenuestro en infinidad de idiomas, desde el arameo hasta el esperanto. A la gruta se accede a través de unas escaleras por una puerta casi subterránea. En el interior, una gruta de piedra, recuerda, según la tradición, el lugar donde Jesús enseñó la oración más bella: el Ppadrenuestro. Recogidos y en silencio Mn. Emili toma el evangelio de Lucas: “Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan ensenó a sus discípulos. Y les dijo: Cuando oréis, decid: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras culpas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tención, más líbranos del mal”.61

La oración y la reflexión posterior fueron seguidas con un piadoso silencio impresionados todos por el lugar y por la oración que Jesús nos enseñó. Una oración sencilla, simple, que contiene todo el evangelio. Rezar esta oración en aquel lugar fue otro de los regalos de este viaje. Como siempre, fue una lástima del escaso tiempo de que depusimos para gozar en la presencia del Padre por medio del Hijo. Recuerdo que el Padre Antonio Pacios,62 al que conocí y traté en mi juventud, llamaba habitualmente a Dios: mi Papá. Lo hacía con tal dulzura y cariño que acercaba la figura de Dios al terreno humano sin perjuicio de su divinidad. A María, la llamaba: mi Mamá. Cuando rezo el Ppadrenuestro me acuerdo de él, porque a Dios es al único Señor que llamamos de tú.


Después de la visita y de la meditación en la gruta, dispusimos de más tiempo para hacer fotografías en los distintos murales de cerámica buscando cada uno el de su patria particular. Entramos en la Iglesiaiglesia donde mi esposa aprovechó para escribir una nota en el libro que, al efecto, estaba en un atril a los pies del presbiterio. Y allí pudimos quedarnos un rato a los ojos de Jesús Eucaristíaeucaristía. Frente al sagrario quise meditar sobre cada una de las partes de la oración, pero las ideas se amontonaban y el ruido de la gente visitando que visitaba la iglesia no invitaba al recogimiento. Me quedé en la primera palabra de la primera frase: Padre. Fue la única que me dio tiempo a vislumbrar, en la meditación, el alcance de su significado. El resto lo dejé para el regreso a Barcelona.
Pero antes de considerar la palabra Padre, pensé en la gracia de saber cómo rezar. Jesús enseña a sus discípulos cómo orar. He aquí la primera lección en la que debo interiorizar. La palabrería inunda con demasiada frecuencia mis ratos de oración. El pPadrenuestro es un compendio del evangelio que hace presente la advertencia de Sansan Pablo: “Y asimismo el Espíritu acude en ayuda de nuestra flaqueza, porque no sabemos orar como es debido...”63Jesús enseña esta oración después de haberse retirado a orar en la montaña, que es el lugar habitual de silencio y de recogimiento. Rezar con las mismas palabras pronunciadas por Jesús, y no las que fabrico con frecuencia a medida de mis necesidades, es la propuesta que Jesús me hace. Una oración en primera persona del plural: personal y comunitaria.
Una oración sencilla que se inicia con una invocación y siete peticiones, de las cuales tres se dirigen a Dios y cuatro a nosotros. He aquí el orden de la oración: primero Dios y después el nosotros. Primero su aAmor y después por irradiación aquello que nos conviene. Al igual que los Mandamientosmandamientos, el pPadrenuestro se resumen en dos partes fundamentales: el amor a Dios y el amor al prójimo.
Empezaba a ser la hora de continuar el viaje y las visitas programadas. Al salir al atrio de la Iglesiaiglesia, uno de los reporteros me invitaó a meditar esta aquella noche, después de la cena, sobre las interioridades profundidad del Ppadrenuestro como en su día lo hicimos con la de lass Bienaventuranzasbienaventuranzas. Acepto la invitación con cierto temor.
Ya en el autocar, camino del mMonte de Olivos, se nos acerca otro de los redactores advirtiéndonos de lo arduo que representaría resultaría intentar hacer apenas una aproximación al contenido de la oración. No somos teólogos ni sacerdotes y cabe la posibilidad de que erremos por omisión e incompletay no logremos perfilar bien cualquier las referencias que podamos hacer sobre a esta materia. Nuestra misión en estas Ccrónicas es trasmitir nuestra vivencia más allá de las reflexiones espirituales.
Con esta conclusión y sin desconvocar la reunión para después de posterior a la cena, permanecí dubitativo en el autocar mientras nos dirigíamos al siguiente destino. En cada una de las paradas siguientes continué pensando en la oración que Jesús nos enseñó y en cada una de sus partes. La referencia que viene a continuación es fruto de varias meditaciones aisladas y puestas adoptadas como propósito al salir de la Iglesiaiglesia del Pater Noster. Sin duda, son parciales e incompletas, pero son las nuestras.
Padre nuestro que estás en el cielo
Qué cambio el de Jesús: dirigirse a Dios como Padre en lugar de hacerlo como Creador, Señor, Omnipresente, Redentor o Rey, tal como lo hizo Moisés. Los que somos padres sabemos lo que significa serlo. Un padre es para toda la vida; un padre es darda la vida por sus hijos; un padre es buscarbusca el bien permanente del hijo; un padre vigila amorosamente a su hijo; un padre se desvela por las noches y reza durante el día; un padre desea que sus hijos le pidan cosas. Vemos todo ello en la referencia del evangelio de Mateo: “Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden?”64
Jesús nos enseña a dirigirnos a Dios como Padre porque nos tiene como por hijos. “Mirad qué amor nos tiene el Padre que nos llamamos hijos de Dios, y lo somos”65. He aquí un misterio de amor que redescubrí -—y me adelanto a los acontecimientos del viaje-— en la cueva de los pastores en los alrededores de Belén. Dios es mi Padre desde el mismo momento que Jesús se engendra en el seno de María por acción del Espíritu Santo. De ahí parte mi regeneración tras ser lavado por el bautismo. A medida que profundizo en esta realidad mi corazón se hace pequeño y agradecido. ¡Cuánto es el amor de Dios! Dios demuestra que es mi Padre enviando a su Jesús, el Hijo del hombre.
Me invita a rezar en la primera persona del plural. ¡Qué fácil me resulta orar en singular! ¡Qué difícil me resulta rezar pensando en los otros! El “nosotros” me acerca a la comunión de con los demás hijos de Dios para salir de mi propio “yo”, tal como me recuerda Sansan Juan Crisóstomo: “Dios escucha con agrado al cristiano que ruega no sólo por él mismo, sino por los demás; ya que rogar por sí mismo es natural, pero rogar por otro es obra de la gracia; rogar por sí es una necesidad, pero rogar por otro brota del amor”66 Qué bien sabemos esto los que como hijos aturdíamos a nuestros padres con peticiones personales y qué pocas veces nos acordábamos de las necesidades de nuestros hermanos. Rezar en “nosotros” es rezar con la IglesiaIiglesia.
Está en los cielos porque está en todas partes. La presencia de Dios llena el espacio y no se reserva exclusivamente a nuestros ratos de oración personal con Él. La oración del pPadrenuestro abarca mi vida y mi tiempo. No hay el un Dios del cielo y el un Dios de la Tierra. No puedo tener dicotomías entre mi vida de oración y mi quehacer diario. “Si subo al Cielo, allí estás tú; si bajo a los abismos allí te encuentras”67
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