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Por nuestra parte, no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído


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Reunión del Equipo de Redacción
Después de cenar, mientras algunos fueron a visitar una factoría de diamantes, un grupo de peregrinos, como si de un equipo de redacción se tratara, nos reunimos espontáneamente en el hHotel para repasar y revisar el contenido de la crónica de este día lleno de vivencias y testimonios. En una jornada habíamos rememorado años de la vida pública de Jesús en la región de Galilea. Tabgha, Tiberíades y, Cafarnaúm quedaban en nuestra memoria espiritual y se trataba ahora de hacerlas cómplices con nuestros futuros lectores.
Nos reunimos por en pequeños grupos para tratar monográficamente cada lugar visitado. Al erudito historiador lo dejaron solo para que fuese redactando sus interminables referencias históricas llenas, a veces, de curiosidades. A míi me dejaron de comodín para que fuese incorporándome parcialmente en cada uno de los grupos a título de jJefe de rRedacción. Fue interesante la iniciativa porque me permitió escuchar diversos testimonios y conversaciones que certificaban la huella que estaba produciendo la visita a los lugares santos.
No cabe duda de que estar aquí es un privilegio incomparable. El grupo, más o menos homogéneo, es una muestra palpable de la universalidad y diversidad de la Iglesiaiglesia. Nos une la fe, el amor a Dios, aunque con formas distintas. Tiene Tenía razón mi amigo cuando destacaba el contenido del testimonio de Juan el Bautista por encima de su espiritualidad concreta, sea esta asceta o mística.
Al primer grupo que asistí estaban tratando sobre la Multiplicación de los Panes y los Peces. Uno de los redactores señalóa la generosidad de Jesús, que no contento con dar de comer a los allí presentes, los apóstoles tuvieron que recoger una gran cantidad de comida sobrante: doce cestos llenos, más los peces. De repente uno exclamóa en voz alta: ¡La generosidad de Jesús no entiende de números! De repente se produce una sonrisa seguida de un profundo silencio. Queriendo romper el hielo, ratifico la exclamación, indicando que, en efecto, Jesús tenía 5 defectos.
Dicho esto, el silencio se hizo todavía más profundo, percibiendo caras de sorpresa e incomprensión al mismo tiempo. Sin permitir que la duda inundara el lugar, me apresuré a matizar que la afirmación procedía de un cardenal ya fallecido y que fueron pronunciadas en unos ejercicios espirituales dirigidos a la curia romana, incluido al Papa Juan Pablo II. El más curioso de los redactores pidió si podía explicarlos, sin que ello significara incluirlos en la crónica.
Para descartar cualquier atisbo de perplejidad, entendí necesario explicar que se trataba del cardenal Nguyen van Thuan, obispo de Vietnam, del que ya hemos hecho referencia. En el año 2000, Juan Pablo II le encargóa impartir los ejercicios espirituales de cuaresma. Al comienzo de los mismos, Monseñor Nguyen van Thuan relatóa cómo a pesar de las duras condiciones de su prisión, su esperanza inquebrantable en Jesús despiertóa la admiración e incomprensión de los sus compañeros de prisión, incluidos los guardianes. Ellos, queríanieren comprender las razones de su esperanza. He aquí su respuesta y su testimonio, utilizando unos supuestos defectos de Jesús:

Los cinco defectos de Jesús44

En la prisión mis compañeros, que no son católicos, quieren comprender “las razones de mi esperanza”. Me preguntan amistosamente y con buena intención: ¿Por qué lo ha abandonado usted todo: familia, poder, riquezas, para seguir a Jesús? ¡Debe de haber un motivo muy especial!”. Por su parte, mis carceleros me preguntan: ¿Existe Dios verdaderamente? ¿Jesús? ¿Es una superstición? ¿Es una invención de la clase opresora?

Así pues, hay que dar explicaciones de manera comprensible, no con la terminología escolástica, sino con las palabras sencillas del Evangelio.

Primer defecto: Jesús no tiene buena memoria

En la cruz, durante su agonía, Jesús oyó la voz del ladrón a su derecha: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino (Lc. 23, 42). Si hubiera sido yo, le habría contestado: “No te olvidaré, pero tus crímenes tienen que ser expiados, al menos, con 20 años de purgatorio”. Sin embargo Jesús le respondióe: Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso(Lc. 23, 43). Él olvidóa todos los pecados de aquel hombre.

Algo análogo sucede con la pecadora que derramó perfume en sus pies: Jesús no le preguntóa nada sobre su pasado escandaloso, sino que dice dijo simplemente: Quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor(Lc. 7, 47).

La parábola del hijo pródigo nos cuenta que éste, de vuelta a la casa paterna, prepara en su corazón lo que dirá: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros (Lc. 15, 18-—19). Pero cuando el padre lo ve llegar de lejos, ya lo ha olvidado todo; corre a su encuentro, lo abraza, no le deja tiempo para pronunciar su discurso, y dice a los siervos, que están desconcertados: Traed el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en la mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida; se había perdido y ha sido hallado (Lc. 15, 22-—24).

Jesús no tiene una memoria como la mía; no sólo perdona, y perdona a todos, sino que incluso olvida que ha perdonado.

Segundo defecto: Jesús no sabe matemáticas

Si Jesús hubiera hecho un examen de matemáticas, quizáquizás leo hubieran suspendido. Lo demuestra la parábola de la oveja perdida. Un pastor tenía cien ovejas. Una de ellas se descarría, y él, inmediatamente, va a buscarla dejando las otras noventa y nueve99 en el redil. Cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros (Lc. 15, 47).

Para Jesús, uno equivale a noventa y nueve99, ¡y quizáquizás incluso más! ¿Quién aceptaría esto? Pero su misericordia se extiende de generación en generación...

Cuando se trata de salvar una oveja descarriada, Jesús no se deja desanimar por ningún riesgo, por ningún esfuerzo. ¡Contemplemos sus acciones llenas de compasión cuando se sienta junto al pozo de Jacob y dialoga con la samaritana, o bien cuando quiere detenerse en casa de Zaqueo! ¡Qué sencillez sin cálculo, qué amor por los pecadores!

Tercer defecto: Jesús no sabe de lógica

Una mujer que tiene diez dracmas pierde una. Entonces enciende la lámpara para buscarla. Cuando la encuentra, llama a sus vecinas y les dice: Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido (Lc. 15, 89).

¡Es realmente ilógico molestar a sus amigas sólo por un dracma! ¡Y luego hacer una fiesta para celebrar el hallazgo! Y además, al invitar a sus amigas ¡gasta más de un dracma! Ni diez dracmas serían suficientes para cubrir los gastos...

Aquí podemos decir de verdad, con las palabras de Pascal, que “el corazón tiene sus razones, que la razón no conoce”

Jesús, como conclusión de aquella parábola, desvela la extraña lógica de su corazón: Os digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un sóolo pecador que se convierta(Lc. 15, 10).

Cuarto defecto: Jesús es un aventurero

El responsable de publicidad de una compañía, o el que se presenta como candidato a las elecciones, prepara un programa detallado, con muchas promesas.

Nada semejante en Jesús. Su propaganda, si se juzga con ojos humanos, está destinada al fracaso.

Él promete a quien leo sigue: procesos y persecuciones. A sus discípulos, que lo han dejado todo por Éél, no les asegura ni la comida ni el alojamiento, sino sólo compartir su mismo modo de vida.

A un escriba deseoso de unirse a los suyos, le responde: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza(Mt. 8, 20).

El pasaje evangélico de las bienaventuranzas, verdadero autorretrato de Jesús, aventurero del amor del Padre y de los hermanos, es de principio a fin una paradoja, aunque estemos acostumbrados a escucharlo: Bienaventurados los pobres de espíritu..., bienaventurados los que lloran..., bienaventurados los perseguidos por... la justicia..., bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos (Mt. 5, 3-—12).

Pero los discípulos confiaban en aquel aventurero. Desde hace dos mil2000 años y hasta el fin del mundo no se agota el grupo de los que han seguido a Jesús. Basta mirar a los santos de todos los tiempos. Muchos de ellos forman parte de aquella bendita asociación de aventureros. ¡Sin dirección, sin teléfono, sin fax...!

Quinto defecto: Jesús no entiende ni de finanzas ni de economía

Recordemos la parábola de los obreros de la viña: El rReino de los cCielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Salió luego hacia las nueve y hacia mediodía y hacia las tres y hacia las cinco.., y los envió a sus viña”. Al atardecer, empezando por los últimos y acabando por los primeros, pagó un denario a cada uno (Mt. 20, 116).

Si Jesús fuera nombrado administrador de una comunidad o director de empresa, esas instituciones quebrarían e irían a la bancarrota: ¿cómo es posible pagar a quien empieza a trabajar a las cinco de la tarde un salario igual al de quien trabaja desde el alba? ¿Se trata de un despiste, o Jesús ha hecho mal las cuentas? ¡No! Lo hace a propósito, porque explica: “¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?”.

Y nosotros hemos creído en el amor

Pero preguntémonos: ¿Ppor qué Jesús tiene estos defectos? Porque es aAmor (Jn. 4, 16). El amor auténtico no razona, no mide, no levanta barreras, no calcula, no recuerda las ofensas y no pone condiciones.

Jesús actúa siempre por amor. Del hogar de la Trinidad Éél nos ha traído un amor grande, infinito, divino, un amor que llega -—como dicen los Padres-— a la locura y pone en crisis nuestras medidas humanas.

Cuando medito sobre este amor mi corazón se llena de felicidad y de paz. Espero que al final de mi vida el Señor me reciba como al más pequeño de los trabajadores de su viña, y yo cantaré su misericordia por toda la eternidad, perennemente admirado de las maravillas que Éél reserva a sus elegidos. Me alegraré de ver a Jesús con sus defectos, que son, gracias a Dios, incorregibles.

Los santos son expertos en este amor sin límites. A menudo en mi vida he pedido a sor Faustina Kowalska que me haga comprender la misericordia de Dios. Y cuando visité Paray-—le-—Monial, me impresionaron las palabras que Jesús dijo a Santa Margarita María Alacoque: “Si crees, verás el poder de mi corazón”

Después de la lectura de los cinco defectos, leídos gracias a la conexión por Internet de que disponíamos los redactores, se produjo un silencio lleno de paz y sosiego. Es un resumen espléndido de la carta de Sansan Pablo a los Corintios que tan implícitamente resumió Sansan Agustín: “Ama y haz lo que quieras”. Uno de los redactores, exigió que se publicaran los defectos de Jesús en las crónicas, a pesar de su extensión.

Me incorporé a otro grupo que debatía sobre Las Bienaventuranzasbienaventuranzas. Hablaban sobre su contenido. Eran los mismos que en la visita se unieron para discernir la significación teológica y la comparación con los diez mandamientos. Después de escucharles atentamente, les expliqué, con la correspondiente extrañeza, el cuarto defecto de Jesús.

Después de los comentarios que tal afirmación provocó y superada la sorpresa, los componentes del grupo iniciaron un interesante debate con preguntas coómo: ¿Qquién puede entender hoy las bienaventuranzas?; ¿Ccómo pueden tener cabida en un estado de derecho?, ¿Nno son, acaso, una revolución?; ¿Ccómo se compaginan con la dDeclaración uUniversal de los dDerechos hHumanos?; ¿Qquién puede vivirlos en su integridad?; ¿Nno serán una utopía?; ¿Ccómo es posible que vengan precedidas de “bienaventurados” o “dichosos”, qué tiene que ver la felicidad con ellas?

Ciertamente la controversia estaba servida. Temí, teniendo en cuenta el calado de las preguntas, que estas crónicas acabaran siendo una especie de Suma Teológica o un libro del tamaño de Don Quijote con infinidad de folios y más folios. Sólo la generosidad de la dirección de Boston Graphic y la benevolencia de los lectores harán posible la extensión no pretendida inicialmente. Hay que significar que estas crónicas se escriben a base de vivencia espiritual y no como un libro programado. Las almas padecen de los mismos defectos de que Jesús, entre otros, no saben de matemáticas y son un tanto aventureras.

¿Cómo contestar con brevedad, pero sobre todo con claridad, a los interrogantes anteriores? Uno de los componentes del grupo, ya abuelo, nos advierte que uno de sus nietos asistió a la Jornada Mundial de la Juventud en Toronto en el año 2002 con Juan Pablo II. El discurso del Papa a los jóvenes fue tomando como lema Las Bienaventuranzasbienaventuranzas. Mi nieto, junto con sus amigos, vino entusiasmado. Tal vez podríamos leer aquel discurso.

Con la ayuda de Internet accedimos al texto que, una vez leído, se tomó la decisión de incorporarlo como anexo en su 2ª Parte. Protesté ante aquella relegación de unas palabras que contestan plenamente a las cuestiones planteadas. No es importante, alegué, lo que nosotros podamos escribir, sino dejar el espacio para quien pueda mostrarnos mejor el rostro de Jesús. Dicho esto, se acordó añadir el texto en esta Sección,45 a pesar de que otra meditación ya se había incorporado en la 2ª Parte. No hay duda de que las Bbienaventuranzas no se agotan en síi mismas:

“Queridos jóvenes:



  1. Lo que acabamos de escuchar es la Carta Magna del cristianismo: la página de las Bienaventuranzasbienaventuranzas. Hemos vuelto a ver, con los ojos del corazón, la escena de entonces. Una multitud de personas se agolpa en torno a Jesús en la montaña: hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, sanos y enfermos, llegados de Galilea, pero también de Jerusalén, de Judea, de las ciudades de la Decápolis, de Tiro y Sidón. Todos están a la espera de una palabra, de un gesto que les dé consuelo y esperanza.

También nosotros nos hallamos reunidos aquí, esta tarde, para ponernos a la escucha del Señor. Os miro con gran afecto: venís de las diversas regiones de Canadá, de Estados Unidos, de América central, de América del sur, de Europa, de África, de Asia y de Oceanía. He escuchado vuestras voces jubilosas, vuestros gritos, vuestros cantos, y he percibido las profundas expectativas que laten en vuestro corazón: ¡Qqueréis ser felices!

Queridos jóvenes, son numerosas y atractivas las propuestas que se os presentan desde todas partes: muchos os hablan de una alegría que se puede obtener con el dinero, con el éxito, con el poder. Sobre todo os hablan de una alegría que coincide con el placer superficial y efímero de los sentidos.



  1. Queridos amigos, a vuestro anhelo joven de ser felices, el anciano Papa responde con una palabra que no es suya. Es una palabra que resonó hace dos mil años. La acabamos de escuchar esta tarde: "Bienaventurados...". La palabra clave de la enseñanza de Jesús es un anuncio de alegría: "Bienaventurados...".

El hombre está hecho para la felicidad. Por tanto, vuestra sed de felicidad es legítima. Cristo tiene la respuesta a vuestra expectativa. Con todo, os pide que os fiéis de él. La alegría verdadera es una conquista, que no se logra sin una lucha larga y difícil. Cristo posee el secreto de la victoria.

Ya conocéis los antecedentes. Los narra el libro del Génesis: Dios creó al hombre y a la mujer en un paraíso, el Edén, porque quería que fueran felices. Por desgracia, el pecado trastornó sus proyectos iniciales. Dios no se resignó a esta derrota. Envió a su Hijo a la tierra para devolver al hombre la perspectiva de un cielo aún más hermoso. Dios se hizo hombre -—como subrayaron los Padres de la IglesiaIiglesia-— para que el hombre pudiera llegar a ser Dios. Este es el cambio decisivo que la Encarnación imprimió a la historia humana.



  1. ¿Dónde está la lucha? La respuesta nos la da Cristo mismo. Sansan Pablo escribió: "Siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino que (...) tomando condición de siervo (...), se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte" (Flp. 2, 6-—8). Fue una lucha hasta la muerte. Cristo la libró no por sí sino por nosotros. De aquella muerte ha brotado la vida. La tumba del Calvario se ha convertido en la cuna de la humanidad nueva en camino hacia la felicidad verdadera.

El "Sermón de la Montaña" traza el mapa de este camino. Las ocho Bienaventuranzasbienaventuranzas son las señales de tráfico que indican la dirección que es preciso seguir. Es un camino en subida, pero Jesús lo ha recorrido primero. Y Éél está dispuesto a recorrerlo de nuevo con vosotros. Un día dijo: "El que me siga no caminará en la oscuridad" (Jn. 8, 12). En otra circunstancia añadió: "Os he dicho esto para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado" (Jn. 15, 11).

Caminando con Cristo es como se puede conquistar la alegría, la verdadera alegría. Precisamente por esta razón Éél os ha dirigido también hoy un anuncio de alegría: "Bienaventurados...".

Acogiendo ahora su cruz gloriosa, la cruz que ha recorrido, juntamente con los jóvenes, los caminos del mundo, dejad que resuene en el silencio de vuestro corazón esta palabra consoladora y exigente: "Bienaventurados...".


  1. Reunidos en torno a la cruz del Señor, contemplémoslo a Éél: Jesús no se limitó a proclamar las Bienaventuranzasbienaventuranzas; también las vivió. Al repasar su vida, releyendo el Evangelio, quedamos admirados: el más pobre de los pobres, el ser más manso entre los humildes, la persona de corazón más puro y misericordioso es precisamente él, Jesús. Las Bienaventuranzasbienaventuranzas no son más que la descripción de un rostro, su Rostro.

Al mismo tiempo, las Bienaventuranzasbienaventuranzas describen al cristiano: son el retrato del discípulo de Jesús, la fotografía del hombre que ha acogido el reino de Dios y quiere sintonizar su vida con las exigencias del Evangelio. A este hombre Jesús se dirige llamándolo "bienaventurado".

La alegría que las Bienaventuranzasbienaventuranzas prometen es la alegría misma de Jesús: una alegría buscada y encontrada en la obediencia al Padre y en la entrega a los hermanos.



  1. Jóvenes de Canadá, de América y de todas las partes del mundo, mirando a Jesús podéis aprender lo que significa ser pobres de espíritu, mansos y misericordiosos; lo que significa buscar la justicia, ser limpios de corazón, artífices de paz.

Con la mirada fija en él, podéis descubrir la senda del perdón y de la reconciliación en un mundo a menudo presa de la violencia y del terror. Durante el año pasado hemos experimentado con dramática evidencia el rostro trágico de la malicia humana. Hemos visto lo que sucede cuando reinan el odio, el pecado y la muerte.

Pero hoy la voz de Jesús resuena en medio de nuestra asamblea. Su voz es voz de vida, de esperanza y de perdón; es voz de justicia y de paz. ¡Escuchémosla! Escuchemos la voz de Jesús.



  1. Queridos amigos, la IglesiaIiglesia hoy os mira a vosotros con confianza y espera que os convirtáis en el pueblo de las bienaventuranzas.

Bienaventurados vosotros, sivosotros si sois, como Jesús, pobres de espíritu, buenos y misericordiosos; si sabéis buscar lo que es justo y recto; si sois limpios de corazón, artífices de paz; si amáis y servís a los pobres. ¡Bienaventurados vosotros!

Sólo Jesús es el verdadero Maestro; sólo Jesús presenta un mensaje que no cambia, sino que responde a las expectativas más profundas del corazón del hombre, porque sólo él sabe "lo que hay en el hombre" (Jn. 2, 25). Él sabe lo que hay en el hombre, en su corazón. Hoy Éél os llama a ser sal y luz del mundo, a escoger la bondad, a vivir en la justicia, a ser instrumentos de amor y de paz. Su llamada siempre ha exigido elegir entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas, entre la vida y la muerte. La misma invitación se dirige hoy a vosotros, que estáis aquí, a las orillas del lago Ontario.



  1. ¿Qué llamada elegirán seguir los centinelas de la mañana? Creer en Jesús significa aceptar lo que dice, aunque vaya en contra de lo que dicen los demás. Significa rechazar las seducciones del pecado, por más atractivas que sean, y seguir el camino exigente de las virtudes evangélicas.

Jóvenes, escuchadme, responded al Señor con corazón fuerte y generoso. Él cuenta con vosotros. No lo olvidéis: Cristo os necesita para realizar su proyecto de salvación. Cristo necesita vuestra juventud y vuestro generoso entusiasmo para hacer que resuene su anuncio gozoso en el nuevo milenio. Responded a su llamada poniendo vuestra vida al servicio de Éél en los hermanos. Fiaos de Cristo, porque él se fía de vosotros.”

Después de la lectura, el que más preguntas había formulado a las Bienaventuranzasbienaventuranzas, con el corazón compungido pero alegre, agradeció la referencia que había hecho el peregrino-—abuelo. Permitidme, nos dijo a todos, que haga una acción de gracias a Jesús por las palabras de Juan Pablo II, de las que me hago eco:



  • Igual que hace 2000 mil años, he estado en el Monte, llegado desde Barcelona, buscando y anhelando la felicidad.




  • En lugar de ponerme a la escucha del Señor, he preferido lanzar interrogantes.




  • He buscado la alegría por el sendero de las respuestas, en lugar de la llamada de Las Bienaventuranzasbienaventuranzas.




  • En lugar de acercar mi cruz a Las Bienaventuranzasbienaventuranzas, la desafío con mis dudas acerca de la justicia.




  • Pido perdón por no descubrir el rostro de Jesús en Las Bienaventuranzasbienaventuranzas, único modelo de pobreza, de humildad, de limpieza de corazón.




  • En lugar de que Las Bienaventuranzasbienaventuranzas sean el reflejo de mi testimonio, me preocupo por entenderlas antes que vivirlas en Cristo.




  • Doy gracias porque Las Bienaventuranzasbienaventuranzas es son el mensaje de paz y de amor que no cambia ni se acomoda a las modas.




  • Acepto, las propuestas de Jesús aunque vayan en contra de lo que dicen los demás.




  • Gracias, Señor, por fiarte de mí. Dame fuerzas y fe para que yo también deposite toda mi confianza en Tií.

Todos nos añadimos a la manifestación pública de nuestro querido peregrino haciéndola oración sentida. La visita al mMonte de las Beatitudes había sido fructífera, ¡Dios quiera que la llamada de Jesús nos acerque más a Él!


Me incorporé a otro de los grupos que trataban sobre el Bautismo y la visita al río Jordán. Allí se encontraba el otro peregrino con el que debatí sobre la figura de Juan. Casi todos llevaban botellas de agua tomada del río para llevarla a España como recuerdo. Mn. Emili nos aconsejó que para la conservación se hirviera antes de guardarla. Nos indicóa que hizo lo mismo en su último viaje. Ahora la tiene congelada hasta que pueda utilizarla para bautizar a sus sobrinos.
Algunos recordaron el bautismo de sus hijos. Por el bautismo los incorporamos al pórtico de la IglesiaIiglesia. El rito del sacramento es un signo que se inicia con la bendición del agua recordando la obra de salvación. Continúa con la renuncia a Satanás y la Profesión de fe. La unción con el sSanto Crisma, la imposición de la vestidura blanca y la entrega del cirio, simbolizan la liberación del pecado y el nacimiento a la nueva vida de Cristo mediante la luz del Señor.
Cuando me disponía a dirigirme a otro grupo, se acerca mi buen amigo con el que hablamos de Juan en el río Jordán, entregándome una nota con la condición de que la leyera antes de ir a dormir. Lo miré fijamente adivinando en su rostro un mensaje de cariño. La introduje en el bolsillo del pantalón con más curiosidad que anhelo.
Por último, me incorporé al grupo que trataba de resumir las visitas a la iglesia de la Primacía de Pedro y a Cafarnaún. Cuando llegué, estaban hablando sobre la figura de Sansan Pedro. Uno de ellos comentóa la vivencia de catolicidad que vivió junto a la roca donde Jesús compartió el almuerzo, -—entre otros discípulos-—, con Pedro, —entre otros discípulos—, confiriéndole posteriormente la primacía sobre la IglesiaIiglesia, tal como nos señala el Concilio Vaticano II: El Papa, obispo de Roma y sucesor de Sansan Pedro, es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles46
Si queréis podemos hablar de Pedro, alegó una de las peregrinas, pero necesitaríamos disponer de mucho tiempo y ya es casi medianoche. Permitidrme, simplemente manifestar mi deseo de regresar de nuevo a Cafarnaúm para meditar con calma la acción de Jesús, y por supuesto la de Pedro. Aquí se producen, entre otros muchos acontecimientos, la curación de uno de los siervos de un centurión. Antes de la comunión, cuando pronunciamos las mismas palabras que el centurión: Señor, no te molestes, que yo no soy digno de que entres en mi casa. Por eso no me he atrevido ni ir a ti; pero di sólo una palabra y mi siervo quedará sano47, no hay duda de que pienso en la humildad y la fe de aquel hombre para recibir a Jesús. Quisiera resaltar, antes de retirarnos a dormir, lo que un sacerdote me dijo acerca de este pasaje del evangelio. Dejo la reflexión para cada uno de nosotros.


  • Es la única vez que Jesús cura sin tocar, sin mirar, sin ver al enfermo. Lo cura simplemente a través de la Palabra.




  • El centurión era romano y, por consiguiente, pagano, sin embargo la gracia de Dios se apodera de su corazón. La gracia puede contra las más altas murallas (voluntarias o ignorantes) que el hombre pueda construir como refugio de sí mismo.




  • La humildad manifestada públicamente delante de los judíos, siendo él romano, conmueve el corazón del Maestro. Jesús lo recordará más tarde: Porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado48




  • La fe del centurión es lo que emociona a Jesús, y no la fe condicionada a tras presenciar el milagro.

La Palabra, la gracia de Dios unidos a la fe y la humildad, son los ingredientes que el alma necesita para dejarse curar por Jesús. Todos los del grupo guardamos un respetuoso silencio ante la sencilla reflexión de un hecho tan conocido y desapercibido a la vez.


Me retiro discretamente del grupo mientras pienso lo poco que medito lLa Palabra. En los evangelios se encuentra la Carta Magna, como dice Juan Pablo II, que descubre el Camino, la Verdad y la Vida.
Concluido el trabajo del equipo de redacción, nos reunimos de nuevo todos juntos para felicitarnos por la redacción de las cCrónicas, suscitando confiando en la bondad del dDirector del Boletín Parroquial para que las encuentre dignas de publicación. No pretendemos abordar todos los temas, queremos deliberadamente que sea un libro inacabado cuyo epílogo sea escrito por los lectores finales.
Buenas noches a todos y que Dios nos bendiga. Amén.
Ya en mi habitación, tomé la nota del amigo de Juan el Bautista, donde venía anotado: “Ga. 3,27. Si con ello no tienes suficiente puedes consultar el número 1227 y 1244”
Perplejo, entendí la primeras de las notas referidas al capítulo 3 de la carta de Sansan Pablo a los Gálatas, ¿pero, ¿y la segunda? Mi amigo es definitivamente enigmático. De todos modos le tendré que decir que esto no se hace a estas horas. Sin desfallecer, -—sabía que no podría dormir sin antes descifraba el jeroglífico-—, bajé al hall del hotel para conectarme a Internet. Señalé en Google el número 1227. Ninguna de las entradas hacía presagiar el resultado, sólo me enteré de que este número coincidía con el año del nacimiento del Papa Nicolás IV. Indagué quée relación podía existir entre el Papa y la nota. Después de varios minutos buscando, concluí que nada tenía que ver. Opté por leer la carta de Sansan Pablo a los Gálatas, desistiendo de mirar el 1244: ya que todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo habéis sido revestidos.
Subí a la habitación sin saber cuál era la solución al enigma. Me estiré tumbé en la cama divisando observando la oscuridad del lago ligeramente iluminado por una luna tenue. Para mis adentros pensaba en el efecto del bautismo, en el rito, en la simbología sacramental. Bautizados y revestidos de Cristo, me repetía. La muerte del pecado y la entrada en la vida de la Santísima Trinidad. ¿Tendrá algo que ver la nota con el otro enigma de la bolsa que enterró en el río Jordán? No podía dormir.
Me levanté y de nuevo regresé al hall del hotel. El recepcionista pensaría debió de pensar que era uno de esos adictos internautas adictos. Volví al buscador tecleando el 1244. El resultado fue penoso, correspondía al Real Decreto que regula los aparatos de presión arterial. Por cierto, ésta iba en aumento.
Intenté de nuevo circunscribir acotar mejor más la búsqueda tecleando el año 1244. Esta vez supe que fue la fecha en que los musulmanes recuperaron el control de Jerusalén. Esta vez busqué por punto 1244, infructuosamente también. Al final, como por inspiración comprobé si se estaba refiriendo a uno de los puntos del Catecismo de la Iglesiaiglesia. En efecto, allí encontré la plena relación con la carta a los Gálatas: La primera comunión eucarística. Hecho hijo de Dios, revestido de la túnica nupcial, el neófito es admitido "al festín de las bodas del Cordero" y recibe el alimento de la vida nueva, el Cuerpo y la Sangre de Cristo”.
Volví rápidamente a la habitación: creía haber encontrado el misterio. Mi amigo había enterrado junto al Jordán la toga romana. En efecto, por el bautismo somos revestidos de la gracia de Dios. Hay que despojarse de los harapos, de las togas romanas para investirse, como a los niños en el rito del bautismo, con la vestidura blanca.
Esto me recordó que en este viaje, al igual que el reportero del Boston Graphic, llevamos en un paquete la toga y la túnica. Para enterrar la primera y revestirse de la segunda. Mi amigo ha encontrado el río Jordán como el lugar más adecuado para este cambio de vestuario: la conversión de mente y de corazón. ¿Cuándo encontraré, también, yo mi río Jordán? Con este pensamiento los mis ojos se cerraron como si los cubriera la túnica blanca los cubriera.

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