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Por nuestra parte, no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído


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Mensa Christi
A escasa distancia de Cafarnaúm se encuentra la iglesia que conmemora la Primacía de Pedro. Otro lugar para meditar sobre la confianza de Dios en el hombre. Jesús había resucitado, los apóstoles habían regresado a su labor cotidiana: la pesca. Todo, en apariencia, continuaba como antes de conocer a Jesús. La esperanza y la fe parecían reservadas en un lugar oculto.
La entrada al lugar, custodiado por los franciscanos, da pie a situarse en la historia que narra el evangelio. Un camino rodeado de árboles y cipreses nos conduce hasta la iglesia, que besa el Lago de Tiberíades. A la derecha se encuentran dos altares al aire libre en recuerdo de las visitas de Pablo VI y Juan Pablo II. En una de ellas un grupo de peregrinos estaba celebrando la Eucaristíaeucaristía.
Justo antes del lago, llegamos a la capilla construida en basalto negro. Bajo el altar se encuentra la roca donde Jesús con sus apóstoles cenaron los peces que habían pescado. El lugar se le conoce como Mensa Christi, es decir, la Mesa de Cristo”mesa de Cristo”. Una vez que todo el grupo accedió al interior de la capilla, Mn. Emili leyó el pasaje del evangelio que describimos trascribimos entero por su importancia:
Después de esto se manifestó Jesús a sus discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro le dice: “‘Voy a pescar”’. Le contestaron ellos: “‘También nosotros vamos contigo. Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.
Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: “‘Muchachos, ¿no tenéis pescado?”.’ Le contestaron: “‘No”.’ Él les dijo: “‘Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis”.’ La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: “‘Es el Señor”.’ Cuando Simón Pedro oyó “‘eEs el Señor”’, se puso el vestido —–pues estaba desnudo- y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.
Nada más saltar a la a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan, díceles Jesús: “‘Traed algunos de los peces que acabáis de pescar”.’ Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: “‘Venid y comed”.’ Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: “‘¿Quién eres tú?”’, sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Esta Ésta fue la tercera vez que Jesús se manifestó a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos.
Después de haber comido dice Jesús a Simón Pedro: “‘Simón hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?”. Le dice él: “‘Si, Señor, tu sabes que te quiero”.’ Le dice Jesús: “; Apacienta mis corderos”. ’ Vuelve a decirle por segunda vez: “‘Simón hijo de Juan, ¿me amas?”. ’ Le dice él: “‘Si, Señor, tu sabes que te quiero”.’ Le dice Jesús: “‘Apacienta mis ovejas”.’ Le dice por tercera vez: “‘Simón hijo de Juan, ¿me quieres?”.’ Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: “‘¿Me quieres?”,’ y le dijo: “‘Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero”.’ Le dice Jesús: “‘Apacienta mis ovejas.35
Después de escuchar atentamente la lectura del evangelio y de las reflexiones de Mn. Emili, nos quedamos unos cuantos peregrinos arrodillados junto a la roca donde Jesús compartió el almuerzo con sus discípulos. Nuevamente la delicadeza de Jesús se pone de manifiesto: les espera en la orilla cuando amanece.
Me viene a la memoria la salida de sol que divisaba ayer desde la habitación del hotel: un espectáculo hermoso. Les prepara unas brasas para que sus amigos se repongan después de unas horas de infructuoso trabajo hasta que Jesús les dice que busquen a la derecha de la barca. Les espera en la orilla como hacen los verdaderos amigos. Quiere compartir el alimento para que posteriormente lo identifiquen con la Eucaristíaeucaristía. Jesús va a su encuentro en las circunstancias cotidianas.
Este lugar recuerda la llamada universal de Jesús a cada uno de nosotros: “Yo os haré pescadores de hombres”, junto a la Eucaristíaeucaristía y bajo la Primacía de Pedro. Este lugar no es sólo la historia de Pedro, el recuerdo de la Primacía de la Iglesiaiglesia, sino la llamada personal que de nuevo Jesús nos dirige: “¿mMe amas más que éstos?”. Pregunta frente a tantas negaciones o evasiones que con frecuencia adornan mi testimonio olvidado. Aquí, en este lugar, pido perdón a Jesús y le repito tres y mil veces: ¡Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero!
Ya en el exterior, contemplo la iglesia mientras muchos de los peregrinos se bañan los pies a orillas del lago. ¡Qué felicidad verlos a todos tan contentos! No es para menos. Ayer vivimos la confianza de Dios, que renunciaba renunciado a su poder para depositarlo en el seno de María y la santidad de José. Ahora, en este lugar, vemos como después de la resurrección y antes de la Ascensión, renueva esa confianza en el hombre en la figura de Pedro y los discípulos que le acompañaban. Jesús, delega en los hombres, ¡qué gran misterio!, la continuidad de la obra salvífica de Dios. Y aquí estoy, mojándome los pies, mientras los ojos de Dios se dirigen a la derecha de la barca para que arrastre la red a la orilla donde Él se encuentra. Recuerdo las palabras de Benedicto XVI: “Para convertirse en pescadores con Cristo es necesario antes ser pescados por Él”.36
El tiempo transcurre muy deprisa y de nuevo debemos acudir al autocar, pero antes, me retiro hacía hacia la orilla para contemplar la iglesia y la piedra que surge como parte de los cimientos y que llega hasta el centro del altar ya en su interior. Piso la roca, me siento frente al lago e imagino el amanecer y a Jesús que me espera cuidadosamente desde la orilla, respetando mi libertad pero atento a mis necesidades. Me despido con una lágrima de felicidad por ser tan amado por Dios, porque Dios no tiene memoria y a cada negación Él responde con un amor sin reproches.


En el lLago Tiberíades
Antes del almuerzo, nos dirigimos a visitar el lLago Tiberíades en un barco de la compañía Holyland Sailing. El viaje era sugerente y nos hacía una ilusión tremenda navegar por las mismas aguas donde Jesús y sus discípulos pasaron tantas horas.
El lago en forma de arpa, corresponde al ensanchamiento del río Jordán que desemboca en el Marmar Muerto. La franja que da al mar Mediterráneo es, en su mayor parte llanura. Hacia el este se forma una cadena montañosa de 130 km.kilómetros de longitud por 30 kilómetros km. de anchura y unos 500 metros. de altura sobre el nivel del mar y que desciende al este para formar el valle del Jordán, una depresión de unos 300 kilómetros km. por los que discurre este río en la que se encuentran el lago de agua dulce llamado mar de Galilea (o lago Tiberíades) y el mar Muerto, un lago salado que se encuentra en el punto más bajo de la Tierra (400 metros. bajo el nivel del mar). Más al este se alza una cordillera de rocas calizas de unos 400--500 metros. de altura sobre el nivel del mar. Al norte limita con Siria y al sur con el desierto donde habitaban los beduinos. La región de Galilea fue anexionadase anexionó a Israel en el año 102 a. C. por de la mano de Aristóbulo y pronto llegaron muchos judíos para repoblarla, ya que es la zona más fértil, con un clima subtropical de abundantes lluvias. Allí crecían, según Flavio Josefo, palmeras, datileras, higueras, olivos, nogales, etc. Se cultivaba trigo, vid y lino. En el mar de Galilea abundaba el pescado y los pescadores, entre ellos estaban Simón, luego llamado Pedro, que sería la cabeza visible de la IglesiaIglesia primitiva.
El historiador no desaprovechó la ocasión para transcribir la referencia anterior. Cuando estábamos a punto de recordarle que su espacio estaba reservado en el anexo, se adelantó para anunciarnos que en 1986 dos hijos de un pescador de la zona noroeste descubrió una barca del siglo I, plenamente autenticada, que sirve como modelo de la que probablemente utilizó Jesús. Ante la noticia no conocida e inesperada, le animamos a que continuara con el relato:
La embarcación del siglo I fue descubierta en 1986 a 300 metros. de la aldea Magdala, de donde era oriunda María Magdalena. "No podemos saber si Jesús empleó esta barca o no, pero probablemente la vio", explicó Marina Banai, portavoz del museo que alberga la embarcación.
Su descubrimiento por dos hijos de un pescador de la costa noroeste supuso toda una hazaña y razón de orgullo para esa granja comunal israelí. "El mar retrocedió de forma extraordinaria, sabíamos que íbamos a encontrar barcazas antiguas, pero nunca imaginamos que encontraríamos algo tan hermoso", narró uno de los hermanos Luftan, los que la descubrieron.
Tras una fuerte sequía en ese año, que provocó el descenso de las aguas del lago, los hermanos rastrearon su fondo en busca de vestigios antiguos tal como hicieron otros lugareños, y cuando encontraron varios clavos sujetos a unos trozos de madera. Eran parte de la nave, que logró sobrevivir resistir al paso del tiempo gracias a que quedó sepultada y protegida por el barro, lo que impidió que el oxígeno descompusiera la madera del armazón.
"Es un auténtico milagro, porque las embarcaciones de madera no sobreviven en agua dulce tantos siglos, es la barca más antigua hallada en estas circunstancias", explicó Banai.
La embarcación fue extraída recuperada por expertos y voluntarios de la Dirección de Antigüedades de Israel tras una extraordinaria excavación arqueológica que duró once días y requirió titánicos esfuerzos y no poca creatividad. Para facilitar su transporte y evitar que la madera se desintegrara, fue cubierta con un caparazón de poliuretano espumoso y fibra de vidrio, que protegió su débil y anegado casco.
Durante catorce años, fue minuciosamente limpiada en una piscina especialmente especial que se construyóconstruida en el kibutz para su conservacióntal efecto, donde fue sometida a una solución química que deshizo la costra y deshidrató la madera con una cera sintética, endureciendo así su casco.
De 8,2 metros. de largo por 2,3 de ancho y 1,2 de altura, se exhibe hoy en día a una temperatura de 21 grados centígrados y un 60 % por ciento de humedad ambiente y gracias a un armazón de acero que apuntala sus endebles vigas.
Compuesta por doce tipos de madera -—principalmente de cedro y roble-—, es un modelo típico de las antiguas construcciones de caparazón típicas mediterráneas, empleada tanto para el transporte de personas -—hasta 15-— como para la pesca. Junto a ella se encontraron utensilios de cocina y lámparas de aceite. Banai apuntó que pese a que los responsables la conocen como la "barca antigua de la Galilea", no es casual que el hallazgo haya pasado a denominarse la "barca de Jesús".
Con la información recibida y una sonrisa que alegró a nuestro interlocutor para el resto del viaje, nos dispusimos a embarcar en una nave de madera. Nuestra ilusión enseguida se tornó convirtió en frustración cuando observamos que la compañía organizó había organizado la travesía más como una distracción turística que como un rato espacio de relajación espiritual. Primero sonó “Els segadors mientras se izaba la bandera catalana. Posteriormente, música autóctona presta para ser bailada por los asistentes. Ciertamente no esperábamos esta aquella sutileza turística amenizada con la venta de recuerdos varios.
Intentando huir de aquel ruido que rompía con la anhelada armonía anhelada de la contemplación, me abstraíabstraje mirando a lo lejos el Monte de Beatitudes o la capilla de la Supremacía. El paisaje, sin apenas cambios urbanísticos, perduraba retrotraía la visión y el testimonio de tantos recuerdos que narranarrados en el evangelio. Durante la travesía, cuando estábamos en medio del lago, Mn. Emili tomó, en medio del lago durante la travesía, tomando el evangelio y nos narró uno de ellos: “Este día, al atardecer, les dice: ‘”Pasemos a la otra orilla”.’ Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con él. En esto se levantó una fuerte borrasca y las olas se irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: “‘Maestro, ¿no te importa que perezcamos? Él habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar. ‘”¡Calla, enmudece!”’ El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: ‘¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe? Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros. “‘Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?”’”37
Después de la reflexión, me alejé hasta popa, para meditar las palabras que acabábamos de oír. Me fijé en nuestros dos sacerdotes, que, absortos, miraban el horizonte y las tranquilas aguas del lago. Seguro que estaban también pensando en Jesús. Como cuando subido endesde la barca hablaba a la gente aglutinada reunida en la orilla (Lc. 5,3); o cuando Jesús caminaba sobre las aguas poniendo a prueba la fe de Pedro (Mt. 14, 22 y ss); o cuando esperaba en la orilla a sus discípulos después de la resurrección (Jn. 21, 11 y ss).
Jesús se desenvuelve en los lugares cotidianos de los apóstoles confiriendo con elloasí la máxima dignidad al trabajo diario. El trabajo de cada día es compatible con el testimonio. Jesús, aAsí lo explica Jesús con su pedagogía del ahora y del momento. La fe no puede relegarse a lo privado. Jesús amalgama la vida interior, la vida de recogimiento, la vida de silencio, con el anuncio. Tiberíades, que ahora contemplo, me habla de ello.
Jesús, después de predicar, se retira al monte a orar. Esta es una constante del en el evangelio que hace extensible a sus discípulos. En muchos pasajes vemos cóomo Jesús manda despedir a la gente para retirarsepara retirarse a orar. Al día siguiente regresa de nuevo para encontrarse con aquellos que le siguen: los que tienen fe, los que quisieran tenerla, los curiosos, los indiferentes o los que buscan motivos para culparlo.
Hoy, el tiempo se ha detenido y, la invitación que nos hace Jesús en el lago es la misma. ¡Gracias, Señor, por hablar de nuevo en medio del ruido turístico que aleja las almas de tus susurros! ¡Gracias por recordarme la necesidad de navegar por las aguas del testimonio, para arrastrar, con las redes de tu amor, tantas almas como viven a la izquierda de la barca donde no encontrarán nunca la felicidad de las bienaventuranzas!
Saliendo del embarcadero me adelanté en solitario pensando en los momentos vividos. Mi espíritu, -—apegado al del Señor-—, recorría internamente las vivencias de aquellas gentes que se agolpaban junto a Jesús, según nos narra el evangelio. Me imaginaba a los discípulos atónitos ante la sencillez y grandeza del Maestro. No dejaba de pensar en las delicadezas del Señor con sus amigos. No me cansaré de repetir y de escribir esta cualidad de Jesús.
Jesús no sólo muestra la amistad, Él mismo se hace amigo. Y el amigo permanece atento siempre a la necesidad del que ama. Los llama por su nombre, les invita a descansar, a retirarse. Prepara el almuerzo, advierte de los peligros y se entrega a si mismo.
Y pensando en la amistad llego hasta al autocar y, allí, inesperadamente, me regalan unas cerezas que una de las peregrinas había comprado a un vendedor ambulante. Estaban exquisitas, ¿cómo sabía que es era mi fruta preferida? Tal vez no lo sabía, pero los detalles de amistad tienen la facultad de sorprender.
En el Río Jordán
Después de almorzar junto al lago Tiberíades, nos dirigimos al último trayecto del día: el río Jordán. Antes de bajar del autocar, nuestro historiador aprovechó el descuido del resto de miembros de la redacción para situarnos informarnos sucintamente del sobre el lugar que íbamos a visitar:
El río Jordán se alimenta en el norte por la fusión de las nieves del Monte Hermón, por las precipitaciones del invierno y de las sugerencias kársticas de los Montes Antílibano. Recorre más de 320 kKilómetros. para atravesar una distancia de sólo 104 Kmkilómetros. en línea recta hasta desembocar en el Marmar Muerto. Si bien su agua es dulce se va salinizando a medida que se aproxima a su la desembocadura.
Dos son los lugares en los que según la tradición se produjo el bautismo de Jesús, tal como nos narran los cuatro evangelistas. Uno, el más antiguo, trata del año 455 en el lugar conocido con el nombre de Sansan Jerásimo, en honor del al santo, y dondee la que existe se levanta una iglesia ortodoxa. El segundo lugar, conocido por el nombre de Yardenit, más al norte, muy cerca de las ruinas de una iglesia bizantina, desde donde hace siglos que se recuerda el bautismo de Jesús.
Nuestro grupo llega precisamente a las puertas de este segundo lugar. Caminamos escasos metros hasta divisar el río en un paisaje lleno de eucaliptos que rodean la ribera de río. El lugar es precioso y contrasta con mis pocas “simpatías” por Juan el Bautista. Reconozco la dificultad de empatía con su figura: enjuta, austera, sacrificada, enigmática, dura y a la vez humilde. Contraste que no dudo en reconocer pero que mi fe advierte como difícil.
Con este pensamiento llegamos hasta un lugar preparado en forma de grada, junto al río, para recibir la renovación de las promesas del Bautismo. Mn. Emili, en medio de toda la gente que visita el lugar, abre el evangelio para recordarnos el pasaje del bautismo de Jesús: Entonces aparece Jesús, que viene de Galilea al Jordán donde Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: ‘Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?’ Jesús le respondió: ‘Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia’ Entonces le dejó.
Bautizado Jesús, salió luego del agua; y se abrieron los cielos y vio al Espíritu Santo de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. Y una vez que salía de los cielos decía: ‘Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.’”38
A Lla lectura fue seguida por le siguió una reflexión atentamente escuchada por el grupo y por la gente que allí se encontraba. Inmediatamente Después pasamos nos dirigimos a la orilla junto al del río mientras donde Mn. Emili nos imponía impuso el agua en sobre nuestras cabezas. Renovar las promesas del bautismo fue otro de los momentos especiales de estedel viaje. Recordé, en aquel instante, el bautismo de nuestras hijas, y el que junto acon mi esposa hicimos como padres a nuestro primer hijo, perdido en por un aborto espontáneo en casa.
De nuevo se nos presentaba un espacio para la meditación, si bienaunque el lugar carecía de capilla para una oración más recogida. Opté por sentarme en un lugar donde toda la visión era la hermosura del verde río, un reflejo de los altos eucaliptos que le acompañaban a ambos márgenes. Se sentó a mi lado uno de los peregrinos que no formaba parte del equipo de redacción habitual. Sin mediar introducción me preguntóa: “¿Qué opinas de la figura de Juan el Bautista? ¿Qué opinas del bautismo?”
Atónito ante la pregunta y acordándome de mi opinión poco favorable a sobre la figura de Juan, le contesté con una evasiva diplomática:


  • Es difícil resumir ambas preguntas. ¿Y tú qué opinas?




  • Probablemente no coincidamos en las respuestas, pero la renovación de las promesas del bautismo es un hecho habitual en nuestras celebraciones litúrgicas, sin embargo hoy es un acto y una vivencia especial. Cuando Mn. Emili derramaba el agua sobre mi cabeza, he pensado en Juan y en Jesús. De ahí la pregunta.




  • En confianza, prefiero hablar del bautismo antes que de Juan. Entiendo y amo el sacramento como fundamento de toda fe, pero a Juan lo identifico con el profeta Elías, hombre de extrema austeridad.




  • Entiendo. Si te parece, tú me hablas sobre el sacramento y yo lo haré sobre Juan. Hace ya muchos años, cuando estudiaba historia, me interesó la figura de Juan, tal vez por los mismos motivos que acabas de explicar. Después de estudiar y meditar sobre su vida y su testimonio, alcancé a entender un poco sobre su misión. Su nacimiento es contemporáneo al del mismo Jesús. El ángel Gabriel anuncia a María los planes de Dios al tiempo que hace lo mismo con Zacarías y su esposa Isabel, prima de la Virgen. Dios prepara la historia de la salvación uniéndolos en el destino. Durante la vida oculta de Jesús, Juan, como precursor, prepara el anuncio de su llegada. De hecho, con el bautismo de Jesús se inicia la vida pública. Jesús no quiere iniciar la predicación sin pasar por el bautismo recibido de las manos de Juan.




  • Sé todo esto y comprendo la unión íntima entre uno y otro. Pero su estilo de vida, la aridez con la que lo presenta el evangelio me aleja del espíritu de las Bienaventuranzasbienaventuranzas, de la multiplicación de los panes y los peces, de las delicadezas de Jesús con sus discípulos. Jesús come con pecadores y se aloja en sus casas. A Juan lo veo comiendo langostas y miel silvestre mientras duerme en el desierto. Perdona la simplicidad y la confianza desmedida, insólita en un creyente y probablemente heterodoxa, pero así me resulta la figura de Juan. Sólo cuando salta dentro del seno de Isabel y ella proclama: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno39, es cuando encuentro amable a Juan.




  • Ja, ja, perdona que me ría. No te lo tomes a mal, pero tu percepción gráfica me ha resultado simpática. Pero disculpa, tal vez prefieras hablar primero del sacramento del bautismo.




  • Gracias, ante todo, por escuchar pacientemente mis limitaciones teológicas. No creo haber hablado nunca de ello con nadie, sin embargo, no me ha resultado violento sincerarme sobre estas cuestiones contigo, a pesar de que apenas te conozco. Prefiero que despejes mis dudas tu primero, o al menos lo intentes. Intuyo que hablando sobre Juan no será necesario que después lo hagamos sobre el bautismo.




  • Como prefieras, pero ahora debemos regresar al autocar. Antes, permíteme que entierre esta bolsa junto al ciprés que besa el río Jordán en su margen izquierdo. Lo prometí al salir de Barcelona.




  • ¿Puedo preguntarte ¿qué hay en su interior?







  • Esperaré impaciente tu enigma. Mientras tanto puedes hablarme de Juan.




  • En el fondo es sencillo hablar de Juan si partimos de la realidad primera. Hijo de la vejez y del milagro, fue el último profeta que anunció la venida del Mesías. Se conservó puro viviendo en el desierto preparándose, con oración y penitencia, para el momento del anuncio del rReino de los cielos. Penitencia significa un cambio profundo en el alma; y Reino la aceptación del reinado de Cristo sobre todos los hombres. Con esta preparación, su anuncio produce produjo una inmensa impresión, y acudieron acudiendo hasta él muchísimas personas, hasta en la ribera del río donde nos encontramos. Y aquí les bautizóa, mediante la inmersión completa en las aguas del Jordán. Mediante A través de este lavatorio exterior, excitóaba en las almas el deseo de una purificación moral. A pesar de la multitud que acudióía a Juan, éste no se vanagloriaba, sino que anuncióa con más ímpetu la venida de Jesús.

¿Has parado atenciónHas reparado en que qué tanto el evangelio de Lucas como el de Marcos se inician con la concepción de Juan? ¿Has pensado porqué Zacarías permanece mudo desde que el ángel Gabriel le anuncia la concepción de su esposa Isabel hasta el nacimiento de su hijo Juan? ¿Por qué, el ángel, le priva del habla a Zacarías ante por sula incredulidad del ante el anuncio de la paternidad?




  • Estoy de acuerdo, mi querido amigo. No dudo de la importancia de Juan en la historia de la salvación. También he meditado muchas veces el “fiat” de María ante la propuesta del ángel Gabriel comparada en comparación a con la respuesta incrédula de Zacarías. También sé que las primeras palabras que pronuncia Zacarías es son el Benedictus. Bendito el Señor Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo ... Y tú niño, serás llamado profeta del Altísimo; pues irás delante del Señor para preparar sus caminos, para dar a su pueblo el conocimiento de la salvación en la remisión de sus pecados, por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, por las cuales nos visita cual sol naciente de lo alto, para alumbrar a los sentados en tinieblas y sombras de muerte, y enderezar nuestros pies por el camino de la paz.40 Pero insisto que su figura me resulta un tanto alejada.




  • Puede que tengas razón, pero en unos ejercicios espirituales, el director de la tanda nos preguntó: “¿Qqué coincidencias encuentras en tu vida con respecto a la de Juan? La reflexión me desconcertó y no se despejó hasta el día siguiente cuando el director, conociendo nuestras dudas, nos descubrió ciertos rasgos, sin acabar de describirlos, como si quisiera provocarndo una mayor y profunda reflexión personal. Se limitó a decirnos: “‘Éél fue delante de Jesús preparando sus caminos; recomendó la conversión de corazón y de mente; antes de predicar practicó la oración y la penitencia”’. Después de estas afirmaciones acabó enigmáticamente con otra pregunta personal: “‘T¿te adelantas a anunciar el evangelio o te escondes detrás?; ¿es tu testimonio explícito o superficial?; ¿antes de hablar a los hombres de Dios, hablas con Dios de los hombres?”’

Como podrás comprender, estas nuevas preguntas despejaron la primera duda e introdujeron en mi interior otras de compromiso personal que afectaban a mi propia conversión. ¿Entiendes?




  • Creo que voy entendiendo, ¿pero su carácter...?




  • Juan puso el dedo en la llaga cuando denunció primero la opresión social pero inauguró posteriormente la nueva profecía: En medio de vosotros hay uno a quien no conocéis”,41 la del tiempo de la IglesiaIiglesia, que no consiste en anunciar una salvación futura y lejana, sino en revelar la presencia escondida de Cristo en el mundo. En arrancar el velo de los ojos de la gente, sacudirle la indiferencia, repitiendo con Isaías: Existe algo nuevo: ya está en marcha; ¿no lo reconocéis42

De todos modos, tienes razón, Juan sorprende por su austeridad, pobreza, vestido, comida y vida en el desierto. También porque no tiene respetos humanos ni pelos en la lengua: ataca tanto la hipocresía de los fariseos como la impiedad de Herodes. Es el joven que se considera indigno de desatar las sandalias del verdadero Mesías. Juan no es celoso cuando ve que sus discípulos le dejan para seguir a Jesús. Hay que tener mucho carácter para no ser más diplomático con la opresión y la injusticia.




  • Creo que cada vez voy entiendo más.




  • No pretendo modificar la figurar de Juan el Bautista, simplemente quiero destacar algunos rasgos de sus virtudes. A ti te corresponde el resto. Permíteme que señale las palabras de Juan Pablo II en su viaje a Jordania en el año 2000: “Buscamos una guía que nos muestre el camino. Y viene a nuestro encuentro la figura de Juan el Bautista, la voz de uno que clama en el desierto (Lc. 3, 4). Él nos pondrá en el camino que debemos tomar si nuestra "carne verá la salvación de Dios" (Lc. 3, 6). Guiados por él, recorremos nuestro camino de fe de manera que veamos más claramente la salvación que Dios ha realizado a través de una historia que se extiende desde Abraham. Juan el Bautista fue el último de los profetas que mantuvo viva y nutrida la esperanza del pueblo de Dios. En él el tiempo del cumplimiento estaba próximo”43




  • Te agradezco el esfuerzo y las explicaciones que estás haciendo para entender mejor la figura de Juan, pero no creo haber modificado mi opinión. Lo siento.




  • No te preocupes, no pretendía modificar tu opinión, sino que entendieras a Juan.

Ambos subimos al autocar de, regreso al hotel, con una mirada de complicidad, sabiendo que la fe unía nuestras diferencias.
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