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Por nuestra parte, no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído


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En Galilea. Segundo día de Peregrinación

El sol entra por la ventana anunciando un nuevo día. El espectáculo es preámbulo del día que nos espera. El programa previsto discurre prácticamente al bordea orillas del lago Tiberíades, el mismo que contemplo desde la habitación mientras el sol desplaza la oscuridad hacia poniente.


El alba cubre el cielo azul reflejando su estela en las tranquilas aguas del Mar mar de Galilea. Paz y silencio es la única sintonía a esta hora de la mañana. Me levanto haciendo la señal de la cruz acompañada de una pequeña broma a mi esposa: sus insufribles cosquillas en las plantas de los pies. Después de recuperarse de un despertar tan poco amable se calma contemplando también el horizonte cubierto por el lago y el color de un cielo totalmente despejado, con diminutas nubes a modo de destellos.
La expectación del primer día queda sustituida por una alegría compartida que se refleja palpablemente en el desayuno. Los periodistas, con las cámaras a punto y el bloc de notas preparado, subimos al autocar con dirección a los lugares donde Jesús transcurrió la mayor parte de su vida pública. Visitaremos el lugar de la multiplicación de los panes y de los peces; el Monte monte de las Bienaventuranzasbienaventuranzas; Cafarnaum, el Mensa Chisti y el río Jordán.
La carretera iba bordeando el Marmar de Galilea por su parte noroeste sobre unos valles que el tiempo había detenido. Cada uno hablabaTodos hablaban del día anterior, cuando uno de los peregrinos le indica a su acompañante la sensación de estar pisando los mismos lugares que Jesús hace 21 siglos. El otro le contestó: no “No sé si me estremezco siento mmás estremecimiento por lo que ocurrió que por el lugar dónde pasó. Ciertamente, —continuó—, meditar la vida de Jesús en su Tierra tierra es diferente y te trasporta a una visión complementaría, pero quiero que este viaje me sirva para profundizar en su aAmor más allá del lugar. Estoy seguro —, finalizó— de, que a partir de ahora la lectura del evangelio tendrá una dimensión más cercana”.
Asentí en mi interior el al contenido de aquella conversación, mientras sin darme cuenta el guía nos informaba de que acabábamos de llegar al lugar donde Jesús realizó el milagro de la multiplicación de los panes y los peces.

Tabgha
En la puerta de la Iglesiaiglesia, mientras esperábamos la salida de otro grupo, acudió como un rayo el especialista en historia con unos papeles en la mano, temiendo y temí que iniciara su discurso habitual. TemerosoUn tanto inquieto, lo acogí con cierta frialdad. Mi amigo, con una sonrisa de complicidad, me entregó un resumen escrito para que lo incluyera en la 2ª Parte del libro. No obstante, le animé a que me explicara algún detalle:
Tabgha, el sitio tradicional de la multiplicación de los panes y los peces, se encuentra cerca de la orilla noreste del Lago Kinéret (Marmar de Galilea), a 2,5 km.kilómetros al sur de Cafarnaúm y a unos 12 kilómetros km. al norte de Tiberíades. El nombre "Tabgha" es una contracción en árabe de la palabra griega HHeptapegon (el lugar de los siete manantiales). Algunos manantiales fluyen aún en esta zona, que se asocia también con las enseñanzas de las bienaventuranzas y la confirmación de la primacía de Pedro.

En el siglo V se reconstruyó y agrandó la iglesia ubicada en el supuesto lugar de la multiplicación de los panes y los peces, pero este edificio y las dos capillas próximas resultaron destruidas en el siglo VII, probablemente en tiempos de la invasión persa. El obispo Arculfo, que visitara el lugar en el año 670, sólo encontró una pradera sin rastros de edificios, con la excepción de algunas columnas alrededor de un manantial.

La pequeña capilla a orillas del lago fue reconstruidase reconstruyó un tiempo después, pero cuando llegaron los cruzados en 1099, la encontraron en ruinas. La reconstruyeronvolvieron a edificar, pero también esta capilla resultó destruida en 1187, después de la derrota de los Cruzados cruzados en Hittín. Reconstruida hacia 1260, fue totalmente arrasada por los mMamelucos en 1263.

Durante 1.300 años, tierra y escombros recubrieron este lugar santo. En 1932, los arqueólogos Mader y Scheider descubrieron las antiguas bases y los mosaicos, en parte intactos, que fueron protegidos por una ligera construcción. En 1982, el cardenal--arzobispo de Colonia, Joseph Höffner, consagró una nueva iglesia sobre las bases bizantinas. Con esta ocasión ofreció una cruz procesional erigida a la derecha del altar. Una pequeña comunidad benedictina reside en este lugar.



Finalizada la explicación, llegó nuestro turno accediendo para acceder a la Iglesiaiglesia a través de un claustro presidido por un inmenso olivo situado en el patio central que invitaba a la meditación. Una vez en el interior de la iglesia, puede observarse, en el lateral izquierdo, las excavaciones arqueológicas, que descubren dando como resultado el descubrimiento de u un mosaico perteneciente a una iglesia del siglo V que se había construido a su vez sobre los cimientos de una capilla del siglo IV, tal como nos lo había narrado nuestro particular historiador. Los pisos de mosaicos de los dos cruceros describen con diseños fluidos diversas aves y plantas, en un paisaje del Nilo popular en el temprano arte romano y bizantino. El mosaico más famoso de Tabgha es el mosaico restaurado que se encontró enfrente del altar, que muestra dos peces flanqueando una cesta con hogazas de pan.
Mn. Emili, antes de entrar nos advierte que encontraremos un mosaico con cuatro panes junto a la roca debajo del altar. Había que hallar el quinto pan que cita el evangelio. Antes, no obstante, tomó el evangelio para leer y meditar sobre el milagro: “Los apóstoles se reunieron junto a Jesús, en Cafarnaúm, y le anunciaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él les dice: Venid vosotros aparte a un lugar desierto y descansad un poco’. Pues eran muchos los que iban y venían y no tenían tiempo de comer. Y se fueron en la barca aparte, hacia un lugar desierto. Y les vieron marcharse y muchos lo supieron. Y a pie, desde todas las ciudades corrieron hacía allá y se les adelantaron. Y al salir vio mucha gente y se compadeció de ellos porque eran como ovejas que no tiene pastor. Y empezó a enseñarles muchas cosas. Y habiendo llegado a ser avanzada la hora, acercándose los discípulos, le dijeron: El lugar es desierto y la hora avanzada: despídelos para que, vayan a las aldeas y a los pueblos del entorno a comprarse algo de comer’. El les respondió: Dadles vosotros de comer’. Y le dicen: ¿Dónde compraremos panes por doscientos denarios y les daremos de comer?’. Pero Él les dice: ¿Cuántos panes tenéis? Id a ver’. Y después de haberse cerciorado, le dicen: Cinco, y dos peces’. Y les mandó que hicieran recostarse a todos por grupos sobre la verde hierba y se acomodaron por zonas en grupos de cien y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces, levantó la vista al cielo, bendijo y partió los panes y los dos peces y dio a los discípulos para que los pusieran ante ellos. Y los dos peces también los repartió para todos. Comieron todos y se saciaron. Recogieron los fragmentos: doce canastos llenos; también los de los peces. Y los que comieron los panes eran cinco mil hombres. Inmediatamente obligó a sus discípulos a subir a la barca y a ir por delante hacia la orilla, hacia Betania, mientras Él despedía a la muchedumbre. Y habiéndoles dejado, subió al monte a orar”.25

Después de la reflexión de Mn. Emili, permanecí sentado como tantos otros, interiorizando el evangelio. Así como el día anterior en Caná y en Nazaret la presencia de Dios fue patente y hasta estridente, encontraba ahora una especie de áspera soledad.

Me levanté para hacer fotografías desde distintos ángulos: el altar; la roca donde Jesús depositó la cesta con los panes y los peces; el mosaico; pero la mente y el corazón estaban distraídos. Me volví a sentar y a levantar sin hallar respuesta. Mi esposa me advierte de que el quinto pan que faltaba estaba en la capilla lateral izquierda después de los mosaicos descubiertos por los arqueólogos en 1932. En efecto, allí estaba una pequeña capilla con el Sagrario. El mismo Jesús hecho Pan de Vidapan de vida. Allí, de rodillas, comprendí, -—como una luz abierta en la oscuridad-—, el sentido del evangelio.

Tomé el fragmento del evangelio que figuraba en una hoja que había en la salida de la iglesia, junto a una pequeña reseña histórica. El grupo se había dispersado y tuve tiempo de sentarme en el claustro mirando al olivo para meditar el texto con mayor atención:



  • Jesús muestra la delicadeza con sus discípulos: “Venid vosotros aparte a un lugar desierto y descansad un poco”’. Jesús comprende el esfuerzo del hombre, invita a la soledad, al recogimiento, a huir de la estridencia. La oración y el desierto (el recogimiento) son para Jesús inseparables. Contemplando el extraordinario paisaje de los alrededores, resalta con mayor claridad el amor que Jesús tiene a sus amigos. Quiere que participen y disfruten de la naturaleza creada por Dios.

¿Cuántos días, Señor, me olvido de la oración cotidiana alojando mi alma lejos del desierto del Sagrario?

  • El evangelio narra cómo los discípulos dicen a Jesús que “‘El lugar es desierto y la hora avanzada: despídelos para que, vayan a las aldeas y a los pueblos del entorno a comprarse algo de comer”’. Los discípulos después de recibir la invitación al descanso le piden a Jesús que despida a la multitud.

¿Cuántas, veces Señor, me acomodo en mi espiritualidad y despido al prójimo aunque tenga necesidad del amor de Dios?

  • La bendición y multiplicación del pan es el preámbulo de la Eucaristíaeucaristía que hace extensible a todos: “Comieron todos y se saciaron”. Con ello Jesús recuerda que la Eucaristíaeucaristía no es sólo para algunos elegidos. Les hace recostar sobre la hierba como recordando la necesidad de prepararse convenientemente para recibir el pan del cielo. No vale tomarla sin haberla orado, sin haberla deseado, sin sentir la necesidad de recibirla.

¿Cuántas veces, Señor, te recibo mientras mi mente se instala en otros corazones ajenos al tuyo?

El misterio de la multiplicación de los panes y los peces lo comprendí mejor una vez de regreso a Barcelona. En la comunión del domingo posterior recordé el extraordinario libro que leí y medité hace ya algunos años del Cardenalcardenal vietnamita Nguyen Van Thuan, titulado: “Cinco panes y dos peces”. Es sin duda un testimonio único que vale la pena reseñar sucintamente. El Obispo obispo Van Thuan nos reparte sus panes y peces en siete meditaciones, mediante su palabra y su testimonio para que nos alimentemos de ese amor a Dios, de esa confianza constante en su presencia, de su esperanza rebosante. Hay que decir previamente que el Cardenalcardenal Van Thuan fue nombrado arzobispo coadjutor de Saigón (hoy Ho Chi Minh) en 1975. Pocos meses después fue arrestado pasando y pasó 13 trece años en la cárcel, 9 nueve de ellos en régimen de aislamiento. Una vez liberado fue obligado a abandonar Vietnam y se trasladó a Roma. Hombre muy cercano a Juan Pablo II, éste lo nombró presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz. Falleció en 2002. Durante su cautiverio se las ingenió para escribir y celebrar la Misa misa sin que sus guardias lo supieran. Ambas cosas las tenía prohibidas. Cada díaTodos los días, con unas gotas de vino y otras de agua, celebraba la Eucaristíaeucaristía, siendo en la que sus manos eran el altar y cáliz del Señor. Uno de sus escritos fue precisamente la meditación sobre el milagro de la multiplicación de los panes y los peces. En su libro nos dice:



  • La primera lección, el primer Pan, que podemos aprender es vivir el presente, no dejar pasar el tiempo esperando a la espera de cosas sino actuar.

El Cardenalcardenal, preocupado por dejar su rebaño sin pastor les escribe cartas diarias, que más tarde se traducirán en la edición de su primer libro. Está encerrado y prisionero en una cárcel, una celda, pero es una persona libre gracias al apoyo incondicional de Dios en su vida.

  • El segundo Pan nos habla de escoger a Dios y no las obras de Dios, de vivir la opción de Cristo.

  • El tercer Pan es el del silencio para orar. Orar en un diálogo con Jesús. Cada persona ora diferente, en momentos diferentes y por motivos diversos. Pero todas y cada una de nuestras palabras o pensamientos son escuchadas. Que nuestro día a día se convierta en oración sencilla y humilde, con nuestros actos y vivencias cristianas.

  • El cuarto Pan nos muestra el significado y valor de la Eucaristíaeucaristía. El Obispoobispo Van Thuan celebraba la misa todos los días en su celda con tres gotas de vino y una gota de agua en la palma de su mano. No tenía ni cáliz ni patena. La Eucaristíaeucaristía era para él un auténtico Pan de Vida, alimento de esperanza en su camino y en el de los cristianos que le acompañaban, porque muchos revivieron su fe, otros se convirtieron, todos en manos de Dios, gracias a su testimonio.



  • El quinto Pan: Amaos los unos a los otros como yo os he amado. Cuando el Obispoobispo Van Thuan reconoció que tenía que ver en sus guardianes el amor de Dios, empezó una etapa nueva, en la que se convirtió en maestro y amigo de sus enemigos, enseñando la fe cristiana.



  • El primer Pez nos habla de María, su primer amor, pilar fundamental en su vida. Todo con María, por María y en María. Como niño que busca a su madre, así confía y reza a María, se pone en sus manos y le pide “ven a vivir en mí”.



  • El segundo Pez es la última lección, la invitación a hacernos un poquito más santos, leer los consejos que propone y aplicarlos en nuestras vidas diarias, sin descuidar los catorce pasos en la vida de Jesús y las oraciones. Estar disponibles, amar al prójimo, hacer felices a los demás, ser y hacer unidad, vivir la Eucaristíaeucaristía, ser caritativo… son algunas recomendaciones sencillas que podemos realizar para alegrar la vida a los demás, y a nosotros mismos.

Ahora sí, ahora comprendo el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces. Volveré a leer este pequeño libro en el que ya me dejódejé más de una lágrima entre sus hojas. Testigo de esperanza, el Cardenalcardenal Van Thuan, ha sido el testimonio que necesitaba para vislumbrar mejor el acto de amor que Jesús tuvo con la muchedumbre y con sus amigos, los discípulos. Él mismo, una vez satisfechos, se retiró a orar al desierto. Esta Ésta es la invitación constante que hace Jesús, para volver al día siguiente a buscar al hombre para anunciarle la salvación.

Partimos, después, hacia el monte de las Bienaventuranzasbienaventuranzas donde se erige una preciosa iglesia ena la falda de una ladera orientada hacia el Marmar de Galilea, el lago Tiberíades.



El Monte de las Beatitudes

El lugar es precioso, la vista tranquiliza el ánimo, el lago actúa como fondo azulado rodeando las montañas que se alejan por el horizonte. Jesús parece elegir la belleza de la creación que acompaña a sus palabras. Lleva a sus discípulos y a la gente a lugares donde el espacio está llamando a Dios. Me recuerda el valle tranquilo del pueblo que frecuentamos en familia.

Por encima del lago, muy cerca de Cafarnaúm, se encuentra la colina arbolada conocida como el monte de las Beatitudes Monte de las Beatitudes. Según la tradición, se trata del sitio donde Jesús pronunció el Sermón de la Montaña.

Visitamos la capilla de la iglesia para adorar al Santísimo custodiado en el sagrario instalado en el altar central. Desde niño, el Sermón de la Montaña, ha sido el pasaje del evangelio que más me ha impresionado, junto al del Hijo Pródigo. Tenía a mi lado a uno de los peregrinos que, como si fuese un hermano gemelo, asentía a mis comentarios. Me miró con complicidad y me dijo: “¿Qqué diferencia existe entre los mMandamientos y las bBienaventuranzas?”.

Sorprendido por esta pregunta comparativa, contemplé el altar dónde donde íbamos a celebrar la Eucaristíaeucaristía, justo delante de la iglesia, al aire libre, divisando el Marmar de Galilea que posaba al fondo. Me senté en un lateral con la pregunta dando vueltas por la cabeza en aquella capilla natural, donde en las cercanías, Jesús, reunió a la gente y a sus discípulos para cantar lo que conocemos como el Sermón de la Montaña. Sentía en mi corazón un profundo deseo de vivir, de rememorar en aquel santo lugar la proclamación de las Bienaventuranzasbienaventuranzas, del contrasentido aparente que puede tener en una mentalidad tan dada a la reivindicación. En ese momento, Mn. Emili lee el evangelio de Sansan Mateo:

Viendo a la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo:

“‘Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”’

Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.’

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.’

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.’



Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.’

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.’

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.’

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.’



Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. AlegráosAlegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros”.26

Los 50 peregrinos estábamos reunidos alrededor del altar, algo parecido a lo que ocurrió hace más de 2.000 años cuando la gente rodeó a Jesús para escuchar sus palabras. ¿Qué debieron pensar cuando oyeron: b”Bienaventurados los que lloran, los mansos, los pobres de espíritu […]”? ¿Qué me dice personalmente hoy Jesús, cuando identifica la felicidad con las bienaventuranzas? Creo que a todos los allí reunidos nos invadía el mismo sentimiento. Contraste ciertamente inexplicable ante unos ojos superfluos.

Después de la comunión y de la acción de gracias, mi amigo se acercó para recordarme la pregunta formulada antes del inicio de la Eucaristíaeucaristía. Se unió a nosotros el impenitente erudito en historia y, por último, otro peregrino que nos acabó ilustrando acerca del monte de las Beatitudes.


  • Toma el evangelio de Mateo o el de Lucas y continúa leyendo los versículos siguientes. Jesús, en este mismo lugar habla de “la sal de la tierra y la luz del mundo”,27, de la oración en secreto,28, del Padrenuestro,29, de abandonarse a la Providencia,30, de no juzgar.31. En resumen, todo un programa de vida, nos recordó el mismo que había lazando la pregunta acerca de la diferencia con los mMandamientos.

  • Por mi parte añadí una pregunta más: ¿Qqué distinta es esta montaña de la del Sinaí, donde Moisés recibió las tablas de la Ley? Dos lugares elevados. En este lugar de belleza extraordinaria, Jesús nos habla de la sencillez. En el monte Sinaí, en medio de un desierto, Moisés recibe las leyes impresas en piedra donde predomina la prohibición.

  • “¡No, no es así!”, contestó mi interlocutor. La pregunta que hice al principio no fue gratuita. Jesús viene a dar cumplimiento a la escritura, al Antiguo Testamento. No hay contradicción entre el Padre y el Hijo. SanSan Gregorio de Niseno, en sus famosas 8 ocho hHomilías sobre las bBienaventuranzas, las circunscribe bajo la Santísima Trinidad, porque en ellas se está reflejando Jesús, hijo del Padre y fruto del Espíritu Santo. Permíteme que recuerde las palabras que aquí mismo pronunció Juan Pablo II hace ahora más de 8 ocho años dirigiéndose cuando se dirigía a la jJuventud:

“Los diez mandamientos del Sinaí pueden parecer negativos: “"No habrá para ti otros dioses delante de mí. [(...]) No matarás. No cometerás adulterio. No robarás. No darás testimonio falso..." (Ex. 20, 3; 13--16). Pero, de hecho, son sumamente positivos. Yendo más allá del mal que mencionan, señalan el camino hacia la ley del amor, que es el primero y el mayor de los mandamientos: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. [...](...) Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mt. 22, 37. 39). Jesús mismo dice que no vino a abolir la Ley, sino a cumplirla (Mt. 5, 17). Su mensaje es nuevo, pero no cancela lo que había antes, sino que desarrolla al máximo sus potencialidades. Jesús enseña que el camino del amor hace que la Ley alcance su plenitud (Ga. 5, 14). Y enseñó esta verdad tan importante aquí, en este monte de Galilea.

“Bienaventurados -—dice-— los pobres de espíritu, los mansos, los misericordiosos, los que lloráis, los que tenéis hambre y sed de justicia, los limpios de corazón, los que trabajáis por la paz y los perseguidos.". ¡Bienaventurados! Pero las palabras de Jesús pueden resultar extrañas. Es raro que Jesús exalte a quienes el mundo por lo general considera débiles. Les dice: "Bienaventurados los que parecéis perdedores, porque sois los verdaderos vencedores: es vuestro el reino de los cielos". Estas palabras, pronunciadas por élÉl, que es "manso y humilde de corazón" (Mt. 11, 29), plantean un desafío que exige una profunda y constante metanoia del espíritu, un gran cambio del corazón.

Vosotros, los jóvenes, comprendéis por qué es necesario este cambio del corazón. En efecto, conocéis otra voz dentro de vosotros y en torno a vosotros, una voz contradictoria. Es una voz que os dice: "Bienaventurados los orgullosos y los violentos, los que prosperan a toda costa, los que no tienen escrúpulos, los crueles, los inmorales, los que hacen la guerra en lugar de la paz y persiguen a quienes constituyen un estorbo en su camino". Y esta voz parece tener sentido en un mundo donde a menudo los violentos triunfan y los inmorales tienen éxito. "Sí —", dice la voz del mal— , "ellos son los que vencen. ¡Dichosos ellos!"32


  • Es un fragmento de su discurso, pero permíteme de nuevo que recoja la súplica que el Papa nos lanzó desde aquí mismo. No tendría sentido describir lo visto, escribir la vivencia si ésta no compromete nuestra vida:

“Ahora os corresponde a vosotros ser apóstoles valientes de este reino”.

“Ahora, en el alba del tercer milenio, os toca a vosotros. Toca a vosotros ir al mundo a predicar el mensaje de los diez mandamientos y de las bienaventuranzas. Cuando Dios habla, habla de cosas que son muy importantes para cada persona, para todas las personas del siglo XXI, del mismo modo que lo fueron para las del siglo I. Los diez mandamientos y las bienaventuranzas hablan de verdad y bondad, de gracia y libertad: de todo lo que es necesario para entrar en el reino de Cristo. ¡Ahora os corresponde a vosotros ser apóstoles valientes de este reino!

Jóvenes de Tierra Santa, jóvenes del mundo, responded al Señor con un corazón dispuesto y abierto. Dispuesto y abierto, como el corazón de la más grande de las hijas de Galilea, María, la madre de Jesús. ¿Cómo respondió ella? Dijo: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra" (Lc. 1, 38).”

Sin apenas tiempo para profundizar en la conversación que estábamos teniendo, el guía nos recuerda que es la hora de tomar de nuevo el autocar para dirigirnos al siguiente lugar previsto. Lamentamos el escaso tiempo de que disponemos para redactar nuestras crónicas. Esperamos que la dirección del Boston Graphic no sea demasiado exigente con estos pobres y aficionados periodistas. Acordamos entre todos, continuar nuestra charla una vez regresemos al final del día al hotel. ¡Nos habían quedado tantas cosas por hablardecir!

De todos modos, uno de los peregrinos--reporteros se me acerca camino del autocar, y haciendo gala de una memoria extraordinaria me aconseja recuperar una homilía que Juan Pablo II pronunció en un viaje a Sudamérica hace ya bastantes años, sobre las Bienaventuranzasbienaventuranzas. Con el compromiso asumido, una vez en Barcelona, localicé el texto de aquella homilía33 que reproducimos en la 2ª Partesegunda parte. No cabe duda de que el material disponible es enorme y no podemos incorporar todos los textos disponibles, pero éste me ayudó a comprender mejor las revolucionarias palabras de Jesús. Juan Pablo II, inicia la homilía recogiendo unas palabras de Pablo VI, que trasladamos ahora como muestra, que esperemos fomente el interés por leer y meditar el texto completo:

“Acabamos de escuchar uno de los pasajes del Evangelio que más ha conmovido al mundo a lo largo de los siglos: las ocho Bienaventuranzasbienaventuranzas del Sermón de la Montaña.

Con expresivas palabras se refirió el Papa Pablo VI a este pasaje, presentándolo como “«uno de los textos más sorprendentes y más positivamente revolucionarios: ¿Quién se habría atrevido en el curso de la historia a proclamar ‘“felices’” a los pobres de espíritu, a los afligidos, a los mansos, a los hambrientos, a los sedientos de justicia, a los misericordiosos, a los puros de corazón, a los artífices de la paz, a los perseguidos, a los insultados…? Aquellas palabras, sembradas en una sociedad basada en la fuerza, en el poder, en la riqueza, en la violencia, en el atropello, podían interpretarse como un programa de vileza y abulia indignas del hombre; y en cambio, eran proclamas de una nueva “civilización del amor”.”

Cafarnaúm34
Llegamos a una de las ciudades más nombradas en los evangelios, donde hoy solamente quedan restos de la antigua ciudad muy bien conservados. Se accede a través de un largo paseo rodeado flanqueado por de árboles que desemboca en lo alto de una ribera, junto al Marmar de Galilea. Era una de las ciudades más importantes situadas en el lago Tiberíades, gracias a su ubicación estratégica en el cruce de las principales rutas de la región. Alcanzó a tener una población estimada de unos cinco mil5.000 habitantes.

Aquí pasaron muchos de los hechos que nos narran los evangelios: la llamada a los apóstoles; la curación de la madre de Pedro y del sirviente del Centurión, entre otras; la resurrección del niño; y las primeras confrontaciones con los escribas y los fariseos. Aquí nació Pedro, conservándose y se han conservado los restos de lo que fue su casalos restos de lo que fue su casa, debajo de la actual iglesia erigida en su honor.

Mateo ejerció como recaudador de impuestos. Aquí se reunían para sus negocios mercaderes de toda la orilla del lago. Era un sitio ideal para que Jesús difundiera su doctrina. Por eso lo escogió como centro de sus actividades apostólicas durante más de dos años. Con razón puede considerarse a Cafarnaúm como su segunda patria chica. El Evangelio le llama «su» ciudad.

Cerca de Cafarnaúm pasaba la Vía Vía del Mar, del Mar que desde tiempos remotos unía Mesopotamia con Egipto. Los romanos la modernizaron. Se llamaba Vía del Marmar porque iba bordeandobordeaba la costa mediterránea hasta lo que hoy es el Canal de Suez. Tenía ramificaciones que iban a todas partes. Al ser centro de comunicaciones era un buen lugar para que Jesús lo hiciera centro de sus actividades apostólicas.

Jesús se alojó en la casa de Pedro. En ella curó a su suegra de un fuerte ataque de fiebre. La fiebre era muy temida en la antigüedad, pues con frecuencia era la anunciadora de la muerte. La fiebre alta podía ser indicio de disentería, paludismo, etc.

La casa de Pedro estaba en la Calle calle Mayor, entre la sinagoga y la orilla del lago, equidistante de una y otra cincuenta 50 metros, y en la misma acera de la sinagoga. Tenía un patio interior al que daban las habitaciones. Había una que fue objeto de culto a través de los siglos. Probablemente la que utilizó Jesús. Delante de la puerta de la casa hay una rotonda y una escalera exterior a la casa por la que subieron a la azotea los que descolgaron al paralítico delante de Jesús. Sobre los muros de la casa de Pedro, en el siglo V, se edificó una basílica octagonal que ha proporcionado 131 inscripciones, en varias lenguas, con invocaciones a Jesús y a Pedro. Fragmentos de platos encontrados en viviendas contiguas llevan grabada la señal de la cruz. Bajo el pavimento de la “Casa de Pedro” se han encontrado anzuelos de pescar.

Parece cierto que esta monumental sinagoga de Cafarnaúm, del siglo IV, fue edificada encima de la del tiempo de Jesús, construida por el centurión romano que mandaba la guarnición que custodiaba el puerto y la ciudad. Este centurión pronunció las palabras “«Señor, yo no soy digno de [...], que rezamos antes de la Comunióncomunión.

La sinagoga del siglo IV se hizo con piedra blanca. La del siglo I, sobre la que ésta fue ésta construidase construyó, era de piedra basáltica de color negro. Las dos tienen la misma estructura de tres naves. Posiblemente Jesús estuvo entre estas piedras alguna conoció a Jesús. Él predicó repetidas veces en la sinagoga de Cafarnaúm, pero el gentío que acudía a escucharle no cabía en la sinagoga, y tenía que predicar al aire libre, en la apacible orilla del Marmar de Galilea.



En los días de Jesús, en Cafarnaúm se fundía el vidrio. Toda una vajilla de cristal, hasta catorce piezas, fue hallada en 1984 por los arqueólogos franciscanos Corvo y Loffreda. Fechada con toda seguridad como del siglo I, quizás se utilizara en el banquete con que el publicano Mateo obsequió a Jesús.
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