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Por nuestra parte, no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído


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Tierra Santa
Crónica de Peregrinos
Parroquia Espíritu Santo
Junio 2008

Por nuestra parte, no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Act. 4, 20)



ÍNDICE

Prólogo
Tenemos unas páginas delante de nosotros que han sido escritas con fe, con corazón y con agradable erudición.
Son un recuerdo entrañable para quienes tuvimos el gozo de ir a Tierra Santa, la tierra de Jesús, uniéndonos a la celebración de los 75 años de vida de nuestra Parroquia del Espíritu Santo de Barcelona. El libro ha sabido encontrar un estilo amable y lleno de buen sabor a la Tierra de Jesús, a la amable Galilea y a la bíblica Jerusalén.
Nuestra pParroquia ha organizado en este año una peregrinación a peregrinaciones a Montserrat (mayo), a Tierra Santa (junio), Roma (septiembre) y a la Catedral de Diocesana de Barcelona (noviembre), como puntos importantes de las raíces de toda comunidad parroquial católica.
Con estas líneas, quienes fuimos —-50 feligreses-—, y quienes las lean, podrán encontrar el placer de entrar en la vida de Jesús y de tantos creyentes que allí han mejorado su corazón cristiano. La Parroquia del Espíritu Santo de Barcelona ha celebrado así sus 75 años desde que la fundó el obispo y mártir de Barcelona, Mons. Irurita, el año 1933.
En junio de 2008 estuvimos allí e i. Invitamos a otros a poder visitar esta tierra entrañable.
Un libro que ayuda a recordar, celebrar y sentirse más cercano al Jesús de ayer y al del que nos acompaña.
Miquel Venque, pbro, Rector de la Parroquia del Espíritu Santo de Barcelona

Preámbulo
En 1872, el Padre Carlos María de Heredia inició la obra “Memorias de un rReportero de los tTiempos de Cristo”, sin duda, una de las más singulares vidas biografías de todas las que se han escrito sobre Jesús. Ayudado por un hipotético periodista del Boston Graphic (diario imaginario de la ciudad de Boston en Estados Unidos), asume el encargo de relatar la vida de Jesús, desde un punto de vista periodístico.
Antes de partir hacia Tierra Santa, toma una gran cantidad de información en la biblioteca de la ciudad que le ayude a formarse una opinión más o menos rigurosa de la vida y mensaje de Jesús. Le cedieron en una primera entrega más de doscientas obras escritas en ocho lenguas diferentes. En las estanterías de la Boston Library le esperaban otras dos mil más. Su madre le animó a que llevara a cabo el encargo, si bien él le pidió: “... ahora te toca pedir mucho a Nuestro Señor para que yo escriba algo digno de Él”.
Ocho días después, el afanado periodista, parte desde New Nueva York a Palestina con un paquete regalo de su novia. Durante la travesía, ya en su camarote, toma el bulto en el que venía una tarjeta que decía: “Para un reportero de los tiempos de Cristo”. Lo abrió, y con sorpresa, encontró una túnica y una gran toga romana.
Hasta aquí la génesis del libro del Padre padre Heredia. Nada que ver con la peregrinación organizada por la Parroquia del Espíritu Santo, o tal vez sí...

Introducción
En efecto, con motivo del 75º aniversario de la Parroquia del Espíritu Santo, el Consejo Pastoral organizó, entre otras actividades, una peregrinación a Tierra Santa a la que asistimos cincuenta miembros de esta iglesia particular viva en la fe, acompañada por su rector, Mn. Miquel Venque, y el vicario, Mn. Emili Gil.
Y aquí viene la similitud con la obra del Padre padre Heredia. Días antes de partir, el rector y dDirector y r - Redactor del Boletín de la Parroquia (como si fuese el Boston Graphic), encarga un reportaje de las vivencias que, a buen seguro, se manifestarán entrecompartirán los peregrinos. Desde ese mismo momento, el periodista que asume el trabajo, inicia una fase de documentación previa, reza, piensa, medita y encomienda la tarea para que fuese digna a los oídos de Nuestro Señor. Finalmente decide que la cCrónica sea se construyam a partir deediante la aportación vivencial de todos los que hemos tenido la gracia y el don de pisar la tierra en la que vivió Jesús. Es una crónica anónima, o mejor dicho, firmada con el nombre de todos y cada uno de los peregrinos. Se simultanea la primera persona del singular con la primera del plural. En cualquier caso el trabajo debe considerarse en plural, con independencia de que existan vivencias comunitarias y, cómo no, de carácter individual.
El reportero del Boston Graphic, en la obra del Padre padre Heredia, ya en Jerusalén tiene la suerte de encontrar unos cien pergaminos que relatan los acontecimientos vividos por un imaginario Rafale Ben Hered, contemporáneo del propio Jesús, y que le sirven para remitir a la redacción el testimonio de quien tuvo la oportunidad de conocer los detalles que María guardaba en su corazón, como nos relata el propio Evangelio.
La capa romana y la túnica de nuestro reportero, es semejante también a los prejuicios y anhelos de cualquier peregrino. Antes de partir, imaginas cómo será el viaje, con quién deberás compartir, te preocupas de cómo será la seguridad del país, compras guías turísticas, cómo será el hotel, te preguntas por la afinidad o no del propio grupo, por los momentos previstos de silencio, por la comida; en fin, tanto por lo superfluo, mezclado con tintes de espiritualidad, como de lo innecesario. Llevas contigo, en tu maleta particular, la túnica de Jesús, pero también la toga romana. El corazón de Jesús debe luchar, una vez más, con la curiosidad. El amor y la historia parecen ser dos objetivos contrapuestos.
A algunos les preocupaba el hecho de ser un número tan demasiado elevado de peregrinos que, hecho que pudiera dificultar la agilidad de movimientos; a otros, la diversidad en la manifestación espiritual o el necesario recogimiento ante lugares donde Jesús manifestó su condición humana y divina. La preocupación frente a la esperanza se hacía patente en algunos peregrinos, como la tuvieron los apóstoles frente a la multitud antes de la multiplicación de los panes y los peces en Tabgha.
Objetivamente, la peregrinación podía tener el peligro de convertirse sólo en un viaje, tal vez de sumo interés histórico, pero un simple viaje al fin y al cabo. ¿Seríamos capaces de volver revestidos con la túnica dejando la toga romana junto al sepulcro de Jesús?
El reportero del Boston Graphic, en relación a esta cuestión, escribe a la redacción alguna respuesta oída de a la gente contemporánea de Cristo: “Creo yo que la esperanza en la redención de Israel existe, sin embargo, en todo corazón israelita; pero más bien bajo la forma política más que la religiosa. Como Roma lo domina todo, es cordialmente odiada de por todos, y, naturalmente, esperan que alguno venga a sacudir este yugo. Y como nuestras profecías, por otra parte, hablan de ese libertador, sí, piensan en Él, pero desde el punto de vista político más bien que del religioso. No merecemos que venga; aquí también casi todos piensan de esa manera”.1.
Con sentimientos encontrados preparamos la peregrinación de forma individual, si bien tanto Mn. Miquel como Mn. Emili fueron los encargados de la preparación previa, a través de su oración y la de la de cada uno de nosotros. La delicadeza espiritual de los sacerdotes de nuestra pParroquia se demostraría posteriormente en los lugares santos. Sólo las almas dedicadas por completo al Señor son capaces de adelantarse a nuestras necesidades. Gracias a los dos que pedimos que esta referencia se incluya incluyera sin censuras en la crónica, sea por obediencia y respeto a la libertad de opinión de los periodistas redactores de estas memorias.
En nuestro viaje no encontramos pergaminos ni papiros antiguos, pero sí el testimonio de cincuenta peregrinos que, animados por la fe y la oración, sintieron como ardían sus corazones en la fracción del pan como los discípulos de Emaús después de la resurrección. La Eucaristíaeucaristía diaria ha sido el encuentro y reencuentro íntimo de cada uno de nosotros con Jesús. “Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se abrieron sus ojos y loe reconocieron; pero Él desapareció de su lado. Y se dijeron uno a otro: No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?’. Y levantándose al momento, regresaron a Jerusalén y encontraron allí reunidos a los Once y a sus compañeros, que decían: Es verdad; el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón. Y ellos contaban lo del camino y cómo le habían reconocido en la fracción del pan”.2
No es habitual que en una introducción el escritor adelante la conclusión final, pero el amor de Dios urge. Estos improvisados periodistas del Boletín de la Parroquia del Espíritu Santo tienen el gozo de compartir con el resto de los feligreses las vivencias de unos días inolvidables. Recordamos de forma especial a aquellos que queriendo venir no pudieron hacerlo por múltiples motivos, algunos de última hora. Agradecer, cómo no, la oración de los que aquí se han quedado. La peregrinación ha sido de todos y para todos. Cuando sSan Lucas escribe el último párrafo del pasaje del evangelio que acabamos de citar, sin duda, nos está apremiando a anunciar la resurrección del Señor: “contaban lo del camino y cómo le habían reconocido en la fracción del pan”.
Las páginas que siguen a esta Introducción se han escrito con el corazón de un peregrino abierto a la voz del Señor, al igual que aquella muchedumbre se apilaba en la ladera del mMar de Galilea, para escuchar las Bienaventuranzasbienaventuranzas. Íbamos, fuimos al encuentro del Señor, que se hacía presente de nuevo en las mismas tierras de hace más de dos mil años. La imaginación no nos ha jugado una mala pasada, la comunión de cada día destruía cualquier alucinación emocional. Un peregrinaje donde la emoción ha estado presente en tantos momentos que ahogaba cualquier atisbo de sensiblería. A nuestra edad, el corazón tiende a petrificarse, además nuestra profesión temporal de periodistas no podía permitir que la objetividad nos abandonara.
Sansan Pablo, que, bien podría decirse fue uno de los primeros periodistas a tenor de las cartas que escribió a las primitivas iglesias, las iniciaba siempre con un saludo y una acción de gracias. Nosotros, continuadores de la labor de Pablo, queremos también adherirnos al saludo que dirigió, por ejemplo, a la iIglesia de Corinto: “Pablo, llamado por voluntad de Dios a ser Apóstol de Cristo Jesús, y el hermano Sóstenes, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que le invocan, en todo lugar, el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, suyo y nuestro: a vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo”.3. Dejaáremos la acción de gracias para el epílogo.
Por último, una advertencia al lector de estas Crónicas: encontrarán personajes simulados, como el erudito periodista especialista en historia y teología o al narrador improvisado que mezcla supuestos diálogos. Sólo las vivencias de los peregrinos son ciertas. Hemos querido, todos los periodistas, adornar el relato a modo de novela para dotar de cierto ritmo a los innumerables momentos vividos cerca del Señor. No queremos con ello distraer la atención espiritual, más bien al contrario, como lo hizo el propio Jesús con las parábolas, para ayudar de forma sencilla a viajar juntos en este peregrinaje. Pretendemos que los que se han quedado en Barcelona viajen con nosotros a la tierra de Jesús. Ojalá la literatura se convierta en cómplice íntimo de los que amamos a la Parroquia del Espíritu Santo.
Las Crónicas se han dividido en dos Secciones al objeto de separar los ámbitos y objetivos propuestos, agilizando así su lectura. No obstante, sería aconsejable compaginar ambas secciones en la medida en que los textos incorporados complementan perfectamente las vivencias de las Crónicas. El contenido es el siguiente:
Sección Crónicas. Se relata, de forma cronológica y novelada, las visitas realizadas, que e incluye: (i) detalles del lugar, (ii) explicación del acto realizado y, (iii) la vivencia personal y comunitaria. Se acompañan en muchos casos con abundantes citas de los evangelios y de otros autores que nos han ayudado a comprender mejor cada santo lugar visitado.

Sección Apéndice. Se destina esta Sección a incluir textos, doctrina, discursos y homilías que complementan espiritualmente los principales lugares visitados. La limitación del volumen de estas Crónicas impide hacer un trabajo más exhaustivo. No es posible condensar en un libro todo el material disponible. La lectura de esta sSección es independiente del Diario del Peregrinaje, y se aporta a modo de complemento.
Adicionalmente, se incluyen datos de carácter histórico y un reportaje fotográfico a modo de apéndice o anexo final.


Sección 1ª

Crónicas de la Peregrinación


    1. Inicio de la Peregrinación

A las 5 de la mañana4 la emoción, alertada por el despertador, cubría todo nuestro cuerpo. Como niños ilusionados, salimos de casa, no sin antes abrazar a nuestros seres queridos que dormían tranquilos. Les hicimos la señal de la cruz en acción de gracias, como si nuestro viaje fuese un trayecto sin retorno. Nos los llevamos empaquetados en un lugar reservado en el corazón.

Recordamos el Salmo 122, tantas veces cantado en nuestras eEucaristías, y que ahora resultaba de una trascendencia desconocida: “Me alegré cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor. Ya están pisando nuestros pies, tus umbrales Jerusalén. Jerusalén está edificada como ciudad bien unida entre sí. Allá suben las tribus, las tribus del Señor, la asamblea de Israel, para alabar el Nombre del Señor”.5

Y en la capilla del Santísimo de la Parroquia del Espíritu Santo, -— como si fuésemos una pequeña tribu -—, nos encontramos los peregrinos y periodistas para celebrar la eEucaristía antes de partir a Jerusalén. Fue, sin duda, el preámbulo de lo que nos esperaba. Una vez concluida la acción de gracias, nos dirigimos al autocar dirección al aeropuerto, donde nos aguardaba un largo trámite antes de acceder a la zona de embarque. Con el pasaporte en la mano y un montón de ilusiones esperábamos el momento de partir a Tel Aviv. Uno de los periodistas escribió en su diario las distintas expresiones que cada peregrino tenía en su rostro, mientras los miraba con atención en la sala de espera. Los había tímidamente sonrientes, otros conversaban iniciando una primera aproximación, uno de los sacerdotes leía un libro espiritual. En cualquier caso, la expresión común, fue la de expectación. Expectación llena de curiosidad, de incertidumbre, de índice de un libro por escribir. La labor de periodista obligaba a fijarse en los más mínimos detalles.


Me fijé, también, en mí mismo como buscando una comparación con el resto de peregrinos observados. Mi corazón estaba inquieto y preocupado por sí si el guión de mi “película” no cumplía con las expectativas soñadas. Sabía que la expectación no cumplida ocasiona decepción. De nuevo, la lucha entre la satisfacción y la esperanza se ponía de manifiesto.
Llegamos a Tel Aviv a media tarde, donde nos esperaba Sergio, el guía local, y un autocar que nos acompañaría durante todos los días, con Moti, el chofer chófer discreto, simpático y eficiente. El aeropuerto, de construcción moderna, y la ciudad cosmopolita a lo lejos, nada hacía presagiar que habíamos llegado a la tierra de Jesús. Tomamos la carretera N444 dirección a Galilea, concretamente hacia Tiberias, ciudad que toma el nombre del mMar de Galilea. Durante el trayecto, recibimos la explicación inicial para situarnos de en lo que serían los próximos días de peregrinación.
La vista desde el autocar en las casi dos horas que tardamos en llegar, divisaba mostraba pequeñas ciudades de construcción oriental, minaretes que sobresalían del conjunto de la poblaciónde edificaciones; tierras sembradas de olivos y viñas. La mezcla de culturas era fácil divisarlasadvertirla: judíos, musulmanes y palestinos convivían como desafiando su propia realidad. Algunos muros perimetrales a lo largo de la autopista, separaban núcleos de población palestina, que se alzaban para evitar que los automóviles recibieran impactos de objetos sólidos arrojados desde las poblaciones cercanas. El paisaje, a medida que nos acercábamos al norte, iba transformándose en frondoso, con una vegetación más mediterránea.
Cerca ya de Tiberias, el guía nos iba mostrando a lo lejos la población de Nazaret y un poco más allá, el monte Tabor. Nuestra expectación iba creciendo, hasta que Mn. Emili inició el rezo del Santo Rosario justo unos kilómetros antes de divisar Tiberias y el lago que da nombre a la ciudad. Creo que fue un rRosario rezado con fervor; unidos a la Virgen, mientras observábamos el pueblo donde el ángel se le apareció para darle la Buena Nueva. ¡Qué gran misterio!
Las letanías fueron el coro oportuno cuando el monte Tabor nos observaba desde lo alto. Allí, donde Jesús fue amado particularmente por Dios Padre. La expectativa, continuaba intacta que el Rosario se encargó de moldear como sólo Dios es capaz de hacerlo con los corazones duros y tercos, continuaba intacta. Dios actúa con suavidad, sin estridencias, sin violencias. Dios sugiere, Dios invita, Dios propone, Dios te ama.
Una vez en el hotel, sencillo pero con unas vistas impresionantes sobre el lago Tiberíades, me senté frente a la ventana de la habitación para observar el atardecer mientras el sol se retiraba a poniente dejando reflejado en sus aguas una estela de despedida. En el lado opuesto, la tenue luna reemplazaba el lugar de la luz y el sofocante calor, dando respiro al cansancio del hombre. ¡Cuántas veces, Jesús habría retenido en sus pupilas este aquel paisaje! Una postal en movimiento que el tiempo había conservado intacta.
Reunidos al anochecer en el comedor, antes de descansar observamos, como periodistas que éramos, un hecho de delicadeza humana digno de destacar: la convivencia y la no acepción de personas. Esta circunstancia fue la tónica de todas las jornadas. Todos con todos, nadie buscaba la compañía de personas concretas, un lugar vacío en cualquier mesa era una invitación a compartir la cena o el almuerzo con el otro. Jesús también compartió la mesa con sus amigos, todos eran sus amigos con independencia de su condición.
Después de la cena varios periodistas nos quedamos en la sala del hotel para compartir nuestros apuntes. La curiosidad de los que se dedican a la prensa, ya se sabe, es muy alta. Aunque aficionados, habíamos asumido nuestro papel con responsabilidad, aunque n. No esperábamos que el dDirector del Boston Graphic compensara económicamente nuestro trabajo. Sabemos que Mn. Miquel no cuenta con medios materiales, así que trasladó la retribución al propio evangelio, que es desde donde se abonan los supuestos honorarios debidos: el ciento por uno. [...] recibirá cien veces más y heredará la vida eterna.6.
Satisfechos con la paga diferidadiferida, uno de los improvisados periodistas aludió al origen de la ciudad de Tiberias, fundada por Herodes Antipas, hijo de Herodes el Grande, en el año 20 d. C., en honor de Tiberio. La construcción de la ciudad fue en contra de las costumbres judías, profanándose multitud de tumbas y creando una competencia con la otra ciudad, Sepphoris, que, creo visitaremos mañana, según consta en el programa. De todos modos, la ciudad toma su importancia por el lago, o Mar mar de Galilea (Kineret). Tiene 21 km.kilómetros de largo y 11 km. de ancho, con una circunferencia de 51 kilómetros km. y, se encuentra a 210 m.metros por debajo del nivel del mar. Durante la época de Jesús, muchas ciudades lindaban con el mar donde floreció el nacionalismo judío. Aquí se pescaban grandes cantidades de pescados que eran distribuidosde peces que se distribuían por todo el Imperio Romanoromano.
No podemos abordar toda la historia de la ciudad en tan poco espacio como el que nos ha concedido el director del particular Boston Graphic, es decir, el Boletín Parroquial. No obstante, citar, únicamente para los que posteriormente más adelante quieran dedicar tiempo a estudiar, que fue el lugar de residencia de sabios judíos que siguieron a la segunda gran revuelta en Judea, denominada la rRevuelta de Bar Kojbá.
El más erudito de los periodistas, manifestó su desacuerdo de forma tajante: “Si Mn. Miquel no nos deja espacio para escribir, que amplíe su Boletín Parroquial”. El resto asentimos con una mirada de complicidad, temiendo que nuestra paga diferida nos fuera retirada... Después del silencio que prosiguió a tal afirmación, retomó de nuevo la palabra para continuar describiendo sucintamente la ciudad de Tiberias, indicando que se trata de una ciudad apacible con fuentes termales y clima moderado. En el siglo III iii va a ser nombrada Colonia Romana. Fue considerada en un primer momento ciudad impura por parte de los judíos de la época ya que fue construidase había construido sobre un cementerio. Tal impureza con el tiempo va a desaparecerdesaparecerá. Desde una perspectiva judía, Tiberíades se va a convertirconvertirá en una de las cuatro ciudades sagradas junto con Jerusalén, Hebrón y Safed. A lo largo de los siglos II ii y III iii, va ase convirtió convertirse en un importante centro de estudios judíos, llegando y llegó a ser el lugar donde se compila  la Misná, las leyes orales  judías. Aquí se van  añadir las vocales a la escritura hebrea “las masoras” y se va a acuñar la palabra nNasi” (presidente) para la suprema autoridad religiosa. Guarda las tumbas de rabinos famosos, como  lo son rRabí Meir, el hacedor de milagros, rabí Akiva y, sobre todo, del rabí universal Maimónides. Fue sede de diversas comunidades cristianas. Los cruzados dejaron su huella en la actual Iglesia iglesia de Sansan Pedro, construida en forma de barca a orillas de lago. Los turcos ocuparon la ciudad por varios cientos de años, dejando en la que igualmente dejaron su improntaa en ella. Bizantinos, cCruzados, tTurcos, eEscoceses, fFranciscanos, todos ellos marcan un poco la historia de Tiberíades.
En las orillas del lago se encuentran igualmente las ruinas de Cafarnaúm, la ciudad que Jesús va a tomar como centro de su predicación. El nombre de la mismaSu nombre es de origen semita: Kfar (= Ccasa) y NNahum, nombre propio, vendría significando a ser “la cCasa de Nahum. Está situada en la orilla norte del Lago de Tiberíades, y era atravesada por la VIA MARIS, el camino romano hacia Siria, la atravesaba, el camino romano hacia Siria, por lo cual disponía de una guarnición militar y de un puesto de aduana.
Desde el siglo ii II antes de la era actuala. C., había habitantes en la zona, los cuales se agrupaban en pequeños grupos familiares, disponiendo para su servicio y vida de diversas instalaciones comerciales y agrícolas, al igual que de una importante sinagoga. La agricultura y la pesca eran las actividades principales de sus habitantes, sin descuidar el comercio. Prueba de lo primero son los restos arqueológicos encontrados donde se muestran los frutos de la tierra plasmados en columnas de piedra y el hecho de que la que podríamos llamar empresa familiar de Pedro y de los Zebedeos en la pesca estuviera ubicada aquí. Mateo, recaudador de impuestos, residía igualmente en la ciudad. El paso aduanal hacia Siria lo ameritaba.
Curaciones por parte de Jesús se van a llevar a cabo eEn la demarcación de la ciudad, Jesús llevó a cabo curaciones, unao de los las más importantes va a ser la curación de la hija de Jairo. Va a destacar desde un primer momento la casa de Pedro y su familia, en torno a la cual desde el siglo iv IV se reúne la comunidad en la llamada Domus Ecclesia,  construyéndose en la que se construye un lugar de culto en la misma. A partir del siglo x i, XI la ciudad es abandonada y permanece en ruinas hasta mediados del siglo xix, XIX en que los franciscanos compran el terreno y comienzan una laboriosa tarea de descubrimientos e investigaciones arqueológicas, las cuales que dan como resultado  el desenterramiento de la magnífica sinagoga construida hacia el siglo ivIV sobre las ruinas de un edificio del siglo iI. Los restos encontrados por doquier dan a entenderrevelan que la población vivía, además de la pesca y la agricultura, del proceso de estos granos, como lo demuestra la abundancia de molinos y utensilios para el procesado de alimentos. Cafarnaúm ha quedado en la historia sacra como la ciudad de Pedro y de la vida pública de Jesús.
En un descuido del periodista que trasladaba tan larga explicación, levantó la mano el menos tímido de nosotros para interrumpirle y recordarle que la síntesis es un don remarcable y necesario. De nuevo el silencio se apoderó de nuestra conversación, hasta que una sonrisa seguida de otra carcajada dio por finalizada la sesión y nuestras plumas se fueron a descansar hasta el día siguiente, que se avecinaba como apasionante. No obstante, tomó la palabra el más prudente para alabar la larga y magnífica explicación recibida, si bien sugirió que todas las referencias históricas se incluyeran en una segunda parte de estas crónicas, al objeto de separar la vivencia espiritual de las cuestiones históricas y, facilitar así, una lectura más homogénea y temática. Todos nos miramos expectantes ante la reacción del erudito, cuando éste asintió espontánea y humildemente a la propuesta. Un respiro de alivio llenó el espacio de la sala.
Regresé de nuevo a la habitación pero antes de disponerme a dormir, contemplé de nuevo la vista oscurecida del lago y pensé las ocasiones que Jesús, al atardecer, se reunía con sus apóstoles: “Al llegar la tarde, bajaron sus discípulos al mar, subieron a una barca y se dirigieron a la otra orilla, a Cafarnaúm. Había ya oscurecido, y Jesús no se había reunido aún con ellos. El mar estaba agitado por un viento fuerte. Habían remado unos cinco kilómetros, cuando vieron a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y les entró miedo. Pero Él les dijo: Soy yo, no temáis.7.
Mis ojos se cerraron hasta el día siguiente.

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