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Por Fernando Álvarez Montalbán Introducción


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Hacerse el sueco”.

Estereotipos culturales en el lenguaje popular español.
por

Fernando Álvarez Montalbán

Introducción

Supongo que en todas las lenguas hay expresiones relativas a otros pueblos y otras culturas. En las que yo conozco normalmente se presentan ciertos estereotipos aparentemente aceptados por los hablantes sin ningún tipo de condicionamientos. Las expresiones acuñadas se utilizan de un modo mecánico sin pretender referirse conscientemente a los pueblos o culturas a los que se alude. Se utilizan simplemente para ilustrar ciertas conductas sociales o ciertas características del ser humano. Son, pues, metáforas de uso público.


Utilizamos estas expresiones proverbiales, estos modismos de la lengua, sin pararnos a pensar en su origen, en su significado original. Y si nos detenemos a pensar en ello, nos damos cuenta de que desconocemos la razón de su existencia. Sin embargo, en ocasiones, no estaría de más conocer su origen y su legitimidad, ya que en la mayoría de estos modismos presentamos etiquetas más bien negativas sobre el pueblo o la cultura a que aludimos. Aunque a menudo soslayadas por una cierta ironía o pretensión humorística, no dejan de intentar criticar e incluso ridiculizar una actitud. Parece ser más normal cuando hablamos de alguien, hablar mal; para hablar bien mejor callar. Por todo ello, y para evitar susceptibilidades y situaciones políticamente incorrectas, tal vez convenga en ocasiones ser conscientes de lo que decimos.
La expresión “Hacerse el sueco” parece un buen ejemplo de lo dicho. La utilizamos cuando queremos dar a entender que alguien se hace el sordo o finge no entender para, de ese modo, evitar asumir una responsabilidad. La utilizamos sin pensar ni por un momento en su posible razón de ser1, sea esta, el carácter de los habitantes de Suecia o de los ciudadanos de Sueca (Valencia), las propiedades del “zueco”o del “zoquete”, o bien, como veremos en este trabajo, las posibles ventajas de ser sueco.
La expresión está bastante extendida por el conjunto del mundo hispanohablante y se utiliza siempre con el mismo significado2. Se conoce tanto en Centroamérica y Caribe como en los países sudamericanos. Su uso, sin embargo, no es tan común en ningún país de Hispanoamérica como en España.
Cuando empecé a pensar sobre el posible origen de la expresión “Hacerse el sueco” no me chocó demasiado su existencia. Me imaginaba que habría un montón de modismos donde se utilizaran diferentes gentilicios de muchos pueblos y culturas. En seguida, descubrí sin embargo, que la realidad era otra. No hay tantos pueblos presentes en los proverbios de uso frecuente en español3. En realidad, son muy pocos. ¿Por qué, entonces, existe este modismo “Hacerse el sueco”, estando Suecia tan alejado de España? Parece lógico hablar de lo que uno conoce, de sus vecinos, de todo aquello que nos es ajeno, pero nos toca de cerca. Pero, ¿qué relaciones históricas o culturales pueden haber tenido España y Suecia para llegar a acuñar un proverbio sobre Suecia? ¿Qué sucesos han hecho a los suecos merecedores de esas ganas de escurrir el bulto a que alude la expresión? ¿Existen en otros idiomas expresiones similares donde el pueblo sueco aparece representado como prototipo de gente que no quiere enfrentarse a una situación determinada? ¿O tal vez son otros los argumentos a considerar y la explicación haya que buscarla por otros derroteros?
Procedimiento y criterios

Con estas consideraciones empecé a investigar sobre el tema, consultando diferentes tipos de fuentes: antologías de frases hechas, corpus literarios, manuales de historia, páginas de internet, bloggs, consultas a investigadores, colegas, amigos y conocidos. Con todo ello conseguí hacerme una posible idea de los posibles orígenes de la expresión “Hacerse el sueco”, y aun sin encontrar a ciencia cierta ninguna explicación definitiva, sí creo haber encontrado alguna explicación “nueva” que al menos a mí me resulta más atractiva y convincente que otras teorías más reputadas sobre el origen de la expresión en cuestión.


Un elemento decisivo a la hora de fijar la mayor o menor legitimidad de las interpretaciones que siguen ha sido encontrar cuándo empezó a utilizarse la expresión “hacerse el sueco”. La búsqueda de testimonios escritos y su posible interpretación a la luz de acontecimientos históricos, además del sentido común, han sido los criterios a los que me he atenido.
Antigüedad de la expresión

Según las fuentes que he consultado no parece haber constancia escrita de la expresión antes del siglo XIX, concretamente hacia mediados, cuando empieza a aparecer en obras literarias. La existencia de estos testimonios anula lógicamente las teorías que sitúan el origen de la expresión en épocas más modernas. Volveré a ello al comentar alguna de estas teorías. Paso ahora a citar las primeras fuentes encontradas.




  • Según el Corpus Corde de la Real Academia Española4, la primera manifestación de la expresión “Hacerse el sueco” aparece en 1841, en la obra de teatro “Dios los cría y ellos se juntan”, de Manuel Betrón de los Herreros. El fragmento es el siguiente:

BALBINO (O yo he perdido la brújula o no es la primera vez que veo la

catadura de ese ciudadano.)
CIRIACO (a Macaria.) El mismo. Mírale. Aquel buena púa...
BALBINO (Pues la vieja, aunque la ropa no corresponde a su alcurnia...Sí, es

ella, es ella.)


CIRIACO (Alto) ¡Balbino!
BALBINO ¡Tía Macaria!
MACARIA (Aparte a Ciriaco) ¿A qué pronuncias su nombre? Valía más

hacerse el sueco.


BALBINO Ventura como la mía... ¡Un abrazo!
MACARIA (Rechazándole) Poco a poco, que esa es mucha llaneza...
BALBINO Yo estoy en Babia. ¿Ya nos la echa la palurda de señora?
MACARIA Es que lo soy.
BALBINO Tía Malaria, ¿usted se burla?
CIRIACO No tal. Mi esposa y señora en lo que dice se funda, pues si el

hábito hace al monje... Ya no hay monjes, pero se usa el refrán.

Quiero decir que si mirando se juzga lo que se ve claro está, y

excusada es la pregunta.


BALBINO ¡El bueno del tío Ciriaco! Siempre el mismo.
CIRIACO No me gusta que me llamen tío. ¿Entiendes?
No es necesario conocer la relación entre estos personajes para entender perfectamente que a Macaria por alguna razón no le apetece hablar con Balbino y por ello le reprocha en voz baja a Ciriaco el haberle llamado. Ella hubiera preferido, disimular, fingir no haberle visto, es decir hacerse el sueco, para, de ese modo, evitar encontrarse con Ciriaco.


  • De la misma época consta una cita del escritor Juan Eugenio de Harzenbuch (1806-1880), que Pancracio Celdrán recoge en su antología5

“El galán a quien se dirige la intimación indirecta, o se escurre prudentemente haciéndose el sueco, o se arma la broma y se luce un hombre a los ojos de su dama sin que haya efusión de sangre.”


Por si nos quedaban dudas de lo que la expresión quería decir, Harzenbuch nos lo dice expresamente: “escurrir el bulto”, en este caso, para evitar un conflicto, una pelea, un duelo que además puede ser violento y que encierra tal vez peligro de muerte.


  • Por la misma época, aproximadamente, José María Sbarbi (1834-1910), en su Florilegio o ramillete alfabético de refranes comparativos y ponderativos de la lengua castellana, explica el significado de la expresión “Hacerse el sueco” con estas palabras6:

“Fr. fam. con que se nota al que se hace el desentendido en alguna conversacion ó en el asunto de que se está tratando, con alusion á ser el disimulo y la envidia cualidades características de la clase del pueblo en Suecia, segun informes de los viajeros más autorizados y fidedignos.”




  • La antología “Cantares y refranes geográficos de España”, de Gabriel María Vergara Marín, publicada en 1906, nos concreta algo más el sentido de la expresión:

“Dos súbditos pierde España

cuando se presta dinero,

el que lo da, se hace inglés

y el que debe, se hace sueco.”7
Seguimos entendiendo el significado de la expresión. En este caso “hacerse el sueco” es sinónimo de no asumir la responsabilidad del pago de una deuda, acepción de uso muy común en todos los bares de España. Lo que queda menos claro es lo de “hacerse inglés”. No deja de ser curioso que ambos pueblos, inglés y sueco, aparezcan juntos en un mismo poema en español. Uno se pregunta cuándo Inglaterra y Suecia han sido súbditos de España y cuál ha podido ser la relación entre Suecia e Inglaterra. Intentaremos más adelante responder a estas preguntas por considerar muy relevantes sus posibles respuestas en el intento de explicar el origen de la expresión “hacerse el sueco”.
Teorías sobre el origen de “Hacerse el sueco”

Menciono en primer lugar algunas teorías que me parecen menos relevantes, bien por carecer de argumentos convincentes o bien por ser simplemente imposibles debido al factor tiempo. Dejo para el final tres interpretaciones que, juntas o por separado, bien podrían haber dado origen a la expresión que nos ocupa, haciendo hincapié en la última que es, sin duda, la menos conocida y al mismo tiempo la que me parece más atractiva y la que a mi entender resulta más convincente y realista, tanto por su lógica como por su documentada base histórica.


1. La ciudad de Sueca

Según esta interpretación, “hacerse el sueco” haría alusión a la ciudad valenciana de Sueca y no al país escandinavo. Al parecer, los suecos de Sueca, cultivadores de arroz, campesinos, eran tildados de paletos cuando iban a la capital, a Valencia. Ya fuera porque no entendían o porque no querían entender, el caso es que su comportamiento habría dado lugar al proverbio que nos ocupa.


Debo reconocer que no he pasado a indagar mucho más sobre esta interpretación por considerarla bastante peregrina y cogida por los pelos. Ignoro si alguien ha investigado más sobre ella.
2. El zueco

Posiblemente la teoría más aceptada y reputada remonta el origen de la expresión “Hacerse el sueco” a la época de los romanos. Según esta interpretación, “sueco” no tendría nada que ver con el pueblo nórdico, sino que derivaría de la palabra latina “soccum”, especie de zapato bajo de madera que en castellano habría evolucionado a la forma “zueco”. En palabras de Alberto Buitrago, este calzado era


“usado por los actores cómicos griegos y latinos, a diferencia de los trágicos, que usaban una especie de botas altas llamadas coturnos. El soccum era, pues, el calzado que caracterizaba a los personajes graciosos, los que representaban a personas vulgares o de poco entendimiento. De ahí que “hacerse el sueco” signifique “no entender” o no enterarse, y de ahí también que de soccum pudiera haberse derivado socarrón.”8
Me cuesta aceptar esta teoría por varias razones. La primera es que no se explica cómo una práctica teatral de más de 2000 años de antigüedad puede haber acuñado una expresión en castellano, cuando este idioma nació varios cientos de años más tarde. La segunda es que, en caso de que fuera éste el origen, no se explica por qué no aparece “hacerse el sueco” en la literatura clásica española, sino que no es hasta el siglo XIX cuando la expresión está documentada por primera vez.
Una tercera razón que me hace desechar la teoría del “zueco” es puramente filológica: la construcción “hacerse el sueco”, queriendo significar “hacerse el zueco”, no encaja para nada en la estructura gramatical del español. Todas las expresiones construidas con el reflexivo “hacerse” y con el significado de “representar algún tipo de papel o aparentar cierta actitud” incorporan un adjetivo; nunca un sustantivo. Los ejemplos de “hacerse” seguido de sustantivo tienen un significado mucho más concreto, en el sentido de darse, otorgarse, producirse algo a uno mismo y suelen, además, ir acompañados de un artículo indeterminado y no determinado.9
3. El zoquete

Otra interpretación similar a la del “zueco”, recogida también por Alberto Buitrago, pondría el origen de “hacerse el sueco” en la palabra árabe suqât, ”deshecho, objeto inútil”, que habría dado en castellano “zoquete”. Según Buitrago, esta acepción


“se documenta en español a mediados del siglo XVI con el significado de “pedazo de madera o pan sobrantes” y que, por medio de una metáfora explicable, habría originado el de ”persona de poco entendimiento, torpe, inútil”, con el que suele emplearse hoy”.10
Las razones que me hacen desechar esta teoría coinciden con las expresadas más arriba para el caso del “zueco”, es decir, su origen dista mucho en el tiempo de su uso y su construcción va en contra de la estructura gramatical del español.
4. El desconocimiento del idioma

Según Luis Junceda, el origen del modismo es oscuro, en lo cual estamos totalmente de acuerdo. En lo que ya diferimos es en su vano intento de explicación que se queda en un mero apunte prejuicioso y falto de sustancia. Así lo explica él mismo:


“No está nada claro, antes al contrario, el origen de este modismo, con el que se da a entender que alguien desoye adrede lo que se le dice. Las hipótesis que se barajan resultan poco o nada plausibles, por lo que en definitiva lo más razonable acaso sea pensar que ese proverbial desentendimiento que se atribuye al hombre sueco venga determinado ni más ni menos que por el hecho de desconocer el idioma en que se le habla, y más si, como ocurre a menudo entre nosotros, creyendo que así habrán de entendernos mejor, alzamos destempladamente la voz.”11
Para ese viaje no hacían falta alforjas.
Otros ejemplos relacionados también con el desconocimiento del idioma sitúan el origen de “hacerse el sueco” en el contexto del turismo extranjero en España durante los años 60 y, muchos años antes, en el comportamiento de los prisioneros suecos durante la guerra de los 30 años y en la actitud de los marineros suecos en el Cádiz del siglo XVII-XVIII. Todos ellos aparecen comentados más adelante.
5. El turismo extranjero en España durante los 60

El sueco parece ser, según esta interpretación, el prototipo del turista playero, queriendo tipificar con este epíteto al extranjero rubio que no entiende español y que, por ello, no comprende cuando un español le dirige la palabra. “Hacerse el sueco” sería por tanto actuar de la misma manera que un “guiri”, es decir hacerse el sordo o no querer entender cuando se le habla. Hasta aquí, bien, el problema es que esta expresión, como hemos visto, ya estaba en uso más de un siglo antes.


Una variante de esta interpretación, igualmente imposible por la misma razón, es la de la turista sueca, prototipo de la extranjera en general, y como tal, objeto del deseo reprimido de los duros años de la postguerra. La turista, harta de los acosos continuados del macho ibérico, optaba por cerrar los oídos, es decir “se hacía la sueca”, para con esta actitud intentar poner punto final a los ofrecimientos varios. Si lo conseguía o no, sería ciertamente un buen tema de investigación.
6. La guerra de los 30 años (1618-1648)

Según esta teoría, la expresión “hacerse el sueco” dataría de la guerra de los 30 años, donde las diferencias religiosas enfrentaron a Suecia y España. Su origen habría nacido de la actitud de los prisioneros suecos ante los crueles interrogatorios de los soldados españoles, donde los suecos, al no poder responder a las preguntas de los españoles por no entender el idioma, eran finalmente puestos en libertad. Esta feliz consecuencia era lógicamente aprovechada por prisioneros de otros países, es decir, que soldados de otros países se hacían pasar por suecos para conseguir asimismo la libertad. El problema de tan aguda interpretación es que nos deja sin explicar de qué modo los soldados holandeses, por poner un caso, sí estaban en condiciones de entenderse con los españoles. Dice mucho en favor de los conocimientos de español de los diversos soldados de otros países y muy poco en favor de los suecos. O es que quizás los españoles dominaran todos los idiomas de la época con excepción del sueco. Para mayores luces sobre este tema me remito a las prosaicas explicaciones de Herman Lindqvist a favor de esta teoría.12


Independientemente de lo peregrino de esta teoría hay otros datos dignos de consideración que dan testimonio de la importancia de la guerra de los 30 años en el posible origen de una cierta actitud sueca que hubiera acuñado la expresión que nos ocupa. En alemán existe una expresión parecida, “Die dummen Schweden” (= ”los tontos suecos”), que parece remontarse igualmente a esta guerra de los 30 años y cuyo origen incierto goza de diferentes interpretaciones. Según algunas, los soldados suecos acuartelados en Alemania eran bastante tontos y fáciles de engañar. Según otras, los suecos serían tontos en el sentido de “malos, crueles”13 y haría alusión a su comportamiento cruel durante la guerra. Por último, hay otras teorías que interpretan el vocablo alemán “dumm” en el sentido de “sordo”, poniéndolo en relación con el antiguo adjetivo sueco “dymmel”14.
Como vemos hay una cierta coincidencia entre la expresión alemana y la expresión española en el sentido de considerar a los suecos como tontos o sordos. Y no deja de ser curioso que ambas expresiones puedan tener su origen en algún episodio o en alguna actitud desarrollada durante la guerra de los 30 años.
7. La “pretendida” neutralidad sueca

Pretendida o no, la neutralidad sueca es, como luego veremos, una característica recurrente a lo largo de los siglos. Sin embargo, fijar el origen de la expresión en la segunda guerra mundial, como algunos pretenden, no tiene sentido, ya que “Hacerse el sueco” está ya documentado, como hemos visto, un siglo antes del estallido de la segunda guerra mundial.


Tras salir victoriosa de la guerra de los 30 años Suecia alcanzó un claro predominio en el mar Báltico y entró con pleno derecho en la política internacional europea. Sin embargo, esta hegemonía no duró demasiado y pronto Suecia se vio incapaz de competir con estados más potentes, como Rusia e Inglaterra. Ante esta coyuntura, y para salvaguardar sus intereses económicos y comerciales, Suecia se concentró en evitar todo tipo de conflictos que pusieran en peligro su independencia y su comercio, practicando una política de no alineación en tiempos de paz y de pretendida neutralidad en tiempos de guerra.
Esta pretendida neutralidad se consolidó en la época de Bernadotte, más tarde Carlos XIV, que reinó de 1818 a 1844, basando su política en la amistad con Rusia y Gran Bretaña, las dos grandes potencias que en aquel momento dominaban la escena política en el norte de Europa y en el Báltico. Concretamente, en 1834, la corte de Estocolmo proclamó una declaración de neutralidad manifestando que
“los recursos limitados de Suecia descartan cualquier idea de una guerra de conquista y exigen que nos concentremos completamente en la defensa de nuestro territorio y en el desarrollo de nuestras instituciones sociales”. Esta declaración ha sido considerada posteriormente como el origen del acta de neutralidad y no-alineación de Suecia.”15
Esta política de no alineación que perdura hasta hoy ha permitido a Suecia ser el estado europeo que ha vivido más tiempo en paz, concretamente desde 1814, con la unión política sueco-noruega (tratado de paz de Kiel). Desde entonces, con independencia de la pérdida de Noruega en 1905, Suecia ha mantenido las fronteras naturales actuales.16
8. Las relaciones comerciales entre España y Suecia

Abrimos ahora nuevos caminos en la búsqueda del origen de la expresión “hacerse el sueco” y lo hacemos navegando por los mares del comercio. Partimos en esta singladura de un dato recogido por Pancracio Celdrán, que tiene relación con la comercialización por parte de Inglaterra de los vinos de Jerez:


“A finales del XIX, el Jerez se consumía más en Inglaterra que en España, por lo que los comerciantes de aquel país recalaban en los puertos de Cádiz y del Puerto de Santa María para llevarse los toneles. Como era tiempo de inestabilidad política y las relaciones anglo-españolas no siempre eran buenas, los barcos ingleses solían enarbolar bandera sueca para evitar problemas y asegurarse el suministro del preciado vino, es decir, los ingleses se hacían los suecos”17.
A parte de la importancia que se le quiera dar a este dato y a su posible relación con el origen de “hacerse el sueco”, hay dos argumentos que me parecen de bastante peso: el primero es la cercanía en el tiempo entre la realidad de estos hechos y las primeras fuentes donde este modismo aparece documentado; el segundo es que en la citada antología de Vergara Marín de 1906 se recoge la expresión “hacerse el sueco” en referencia directa con una alusión al pueblo inglés. Por ello, me ha parecido de justicia buscar algún posible suceso concreto que haya dado origen o al menos contribuido a acuñar esta expresión. Iniciamos, pues, una singladura

que nos lleva al puerto de Cádiz a principios del siglo XIX. Antes de levar anclas, quiero destacar los elementos que condicionan este viaje.




  1. Hasta hace muy poco, antes de la llegada del ferrocarril y de la construcción de carreteras, la inmensa mayoría de las transacciones comerciales se realizaban por mar.

  2. El comercio marítimo siempre ha sido ajeno a adscripciones nacionales. En palabras de Manuel Bustos Rodríguez

“Ello quiere decir que, cuando les interesaba, los comerciantes podían utilizar para sus negocios, desde nombres supuestos, hasta barcos con bandera de conveniencia o neutrales, pasando por la adscripcióon a un país diferente del propio, aunque unido a él por una cierta comunidad cultural (...) El problema de identificación suele agravarse en tiempos de guerra. Es entonces cuando el camuflaje tiene más fuerza y, por ello, las dificultades para conocer el verdadero origen de comerciantes, barcos y mercancías son mayores.”18




  1. La relación comercial entre Suecia y Cádiz está documentada desde finales de la Edad Media, siendo varios los productos que durante los siglos han sido objeto de transacción. Aunque, el volumen de este comercio nunca ha sido demasiado elevado, es de destacar la estabilidad de las relaciones comerciales entre España y Suecia a pesar de las guerras en que uno o los dos países se vieron envueltos.

  2. La proverbial neutralidad sueca ha sido sin duda una garantía para la feliz consecución de las transacciones comerciales.

  3. La rivalidad tradicional que España mantenía con Inglaterra y la desigual alianza con Francia lleva a España a buscar alianzas con los Estados del Norte para mejorar el saldo de la balanza comercial.19

  4. En el siglo XVIII se estableció en Cádiz la casa comercial sueca de Juan Jacobo Gahn (m. en Chiclana en 1800). Esta casa gozaba de ciertos privilegios en la exportación de maderas del Báltico. Según una Real Orden de 12 de julio de 1783, se declaraba libre de todo derecho la madera extranjera que se introdujese para la construcción de navíos de la Marina Real o de los particulares.

  5. La colonia comercial sueca establecida en Cádiz se aprovechó de la neutralidad sueca para ofrecer sus servicios, bajo bandera neutra, a los distintos contendientes, en sus transacciones comerciales a su paso por el Estrecho.

“Los dividendos de la compañía llegaron a ser elevados durante las épocas de conflicto bélico (el 40% e, incluso el 100%)”.20


Con la base de estos elementos parece imposible no fantasear sobre la posibilidad de que el origen de la expresión “hacerse el sueco” tuviera algo que ver con la situación del comercio marítimo entre la Corona española, concretamente en el puerto de Cádiz, y otros estados europeos, concretamente Inglaterra. Y ya puestos, profundizando en el tema, no es difícil encontrar argumentos de más peso.


  1. Durante el siglo XVIII, Suecia y España intentaron en diversas ocasiones establecer un acuerdo formal comercial, sin llegar a conseguirlo. Por una parte, había una gran desigualdad entre un mayor comercio activo por parte de Suecia en los puertos españoles y un casi inexistente comercio español en Suecia. Por otra parte, los españoles no se sentían satisfechos con la postura de Suecia en relación a unos supuestos agravios realizados por los ingleses a los españoles. Según un despacho, fechado en 1746, Jean Gustav Real, secretario del monarca sueco, da cuenta del estado de las negociaciones, explicando que

“los españoles se sentían ofendidos al no haber actuado los suecos con celeridad y en su apoyo, ni tomado satisfacion de los insultos que han experimentado de parte de los ingleses. De haber actuado de otro modo, se habría efectuado mucho tiempo ha este tratado de comercio pero que los españoles entendían que habían desaprovechado la opotrunidad y – decía el embajador – ya era ocioso hablar de esta manera tanto mas que la salud no me permite aplicarme a ella. Real añadía que ignoraba por completo las razones por las que los suecos no habían reaccionado a su favor y tomado satisfacion de los agrabios que habían hecho los ingleses a su bandera pero que le aseguraba que esto no quedaría en el olvido, entendiendo, y así se lo hacía ver al embajador español, que ello no constituía obstáculo para que se mantuvieran las negociaciones”. 21


Según este testimonio, parece claro que los ingleses interfieren de modo interesado obstaculizando las relaciones entre Suecia y España, y que los suecos por alguna razón no supieron o no quisieron enfrentarse a los ingleses. Antes bien, dejaron pasar los posibles agravios haciendo oídos sordos.


  1. Los intentos de acuerdo comercial se frustan totalmente en 1800 cuando Suecia se alinea con Inglaterra en contra de Napoleón.

“Las represalias francesas no se dejaron esperar. Por de pronto se prohibió en 1806 la entrada de buques suecos en los puertos españoles por la amistad de la Suecia con Inglaterra.”22


A partir de aquí, las relaciones entre Suecia y España se deterioraron hasta el punto de que “una Real Orden, fechada en 1808, un día antes de que estallara el motín de Aranjuez, ordenaba la salida de “todos los vasallos suecos del Reino” en el plazo de un mes”. Así justifica la medida el Secretario de Estado español, Pedro Cevallos, en un escrito dirigido a Carl Gustav Adlerberg y fechado en agosto de 180623:
“Muy Sr. mío: Continuaban las relaciones de amistad entre la Suecia y la España en aquel grado de estrechez que corresponde a la situación topográfica de las dos Naciones, quando S.M. Sueca determinó unirse hostilmente a la Gran Bretaña. Este paso bien que no autorizase la interrupción de las relaciones no dexó sin embargo de resfriarlas, produciendo en seguida la sospecha de que Inglaterra se valiese de la Bandera Sueca para facilitar las introducciones fraudulentas de generos de su comercio24; y como la experiencia acreditase no haber sido temerarios estos recelos se redoblaron las precauciones de los Empleados; pero todo fue inútil, y nada bastó para cortar un contrabando que arruinaba las fábricas Nacionales, y producía al enemigo de la España abundantes fondos con que sostener y prolongar una guerra emprendida por la Gran Bretaña con violación y desprecio de quanto á los ojos de la Política y de la humanidad es más sagrado y respetable” ...
Este testimonio, fechado en 1806, no puede ser más explícito. Está claro que las relaciones comerciales entre España y Suecia se ven directamente amenazadas por la interferencia de Inglaterra que, izando la bandera sueca en el mástil de sus barcos, pretendía hacerlos pasar por suecos a los ojos de las autoridades españolas. Parece evidente deducir que los ingleses “se hacían los suecos”. Los versos de 1906, citados al principio de esta monografía (“Dos súbditos pierde España/ cuando se presta dinero,/ el que lo da, se hace inglés/ y el que debe, se hace sueco”), resultan así más lógicos y comprensibles.
Conclusiones

Como hemos visto hay diferentes posibles explicaciones al origen del modismo “hacerse el sueco”. Sin embargo, ninguna de ellas resulta del todo convincente ya que no parece probable demostrar científicamente su validez. Cada cual es libre de adoptar la interpretación que más le guste.


Independientemente del origen exacto, no cabe duda de que existe una cierta analogía lingüística entre el término “sueco” y los adjetivos “tosco”, “tonto” y “sordo”. Es posible que la relación no aluda para nada al pueblo escandinavo, sino que haya derivado del latín “soccus” y de un cierto rol de los actores cómicos del teatro romano. En mi opinión, es un argumento legítimo, pero realmente difícil de sustentar por las razones más arriba presentadas.
En caso de que la expresión aluda directamente al pueblo sueco, el problema es saber si ha habido en algún momento de la historia (entre el siglo XV y el siglo XIX) algún episodio concreto en el que el comportamiento del pueblo sueco o de algún representante del mismo haya dado lugar a la expresión “hacerse el sueco”, o si esta actitud sueca de “hacer oídos sordos” ha sido un recurso recurrente a lo largo de los tiempos. ¿Cómo saber si representa algo realmente típico de la idiosincrasia sueca o, si, por el contrario, no es más que el fruto de un estereotipo lingüístico?
Lo que yo he pretendido en este trabajo, además de presentar una interpretación menos conocida pero no por ello menos posible, es plantear una nueva pregunta: ¿qué pasaría si la la expresión “hacerse el sueco”, no hubiera nacido de un episodio o de un comportamiento más o menos “tonto” por parte de los suecos y susceptible de ser imitado por otros pueblos para ganar algo con ello, sino de una situación o de una actitud en la que la clara ventaja sueca fuera motivo de envidia y de transacción política y económica por parte de otros pueblos? Si, como se puede interpretar de las fuentes mencionadas, la armada inglesa pudo sacar beneficios en su comercio con Cádiz a principios del siglo XIX izando en sus navíos bandera sueca, estaríamos viendo cómo los ingleses “se hacen los suecos” para escurrir el bulto y evitar conflictos con la armada española. Que esta suplantación era conocida por Suecia parece claro a la luz de la correspondencia diplomática entre España y Suecia citada en este trabajo. Y que Suecia se beneficiaba económicamente de esta suplantación, es decir que Inglaterra le pagaba por “cerrar los ojos” y “hacer oídos sordos”, parece perfectamente posible a la luz de los versos recogidos por Vergara Marín en 1906, citados más arriba: “Dos súbditos pierde España/ cuando se presta dinero,/ el que lo da, se hace inglés/ y el que debe, se hace sueco”.
Con esta perspectiva, cambiaría parcialmente el carácter del modismo, sin por ello modificar en nada su significado. Seguiríamos hablando de “hacer oídos sordos”, “escurrir el bulto”, “no querer asumir la responsabilidad que a uno le toca”, pero habría una nueva dimensión: uno se desentiende de sus obligaciones no como hacen los suecos, sino para ganar unos privilegios que sólo tenían los suecos. El cambio es, sin duda, interesante y abre nuevos horizontes ...
Partiendo de aquí, sería interesante para todos los que, como yo, vivimos en Suecia, investigar hasta qué punto el claro eco negativo de la expresión “hacerse el sueco” contribuye a alimentar la impresión, generalizada entre la comunidad hispana en Suecia, de que los suecos resultan grises y aburridos porque no se mojan ni exteriorizan sus sentimientos. Este aparente autocontrol y esta falta de espontaneidad, que quizás sea el resultado lógico de la discreción y la educación, se muestra a los ojos de los hispanos como un síntoma de que la procesión va por dentro. Pero, éste es otro tema.

Fernando Álvarez Montalbán

(madrileño de origen y sueco de hecho, vamos que me he hecho el sueco)
Estocolmo, 7 de mayo de 2008

Bibliografía
Bragado Bretaña, Reinaldo Hacerse el Sartre (foro de Internet)

Buitrago, Alberto (2004) Diccionario de Dichos y Frases hechas, Espasa-Calpe

Celdrán, Pancracio (2004) Diccionario de frases y dichos populares, Alderabán Ediciones

Junceda, Luis (2002) Diccionario de refranes, dichos y proverbios, Espasa-Calpe

Lindqvist, Herman (1990) Caramba säger dom aldrig, Nordstedts,

R.A.E. Corpus Corde

Ramos Santana, Alberto (coord.). (2000) Comercio y navegación entre España y Suecia (siglos X-XX), III Encuentro histórico Suecia-España Servicio de publicaciones, Universidad de Cádiz

Retortillo, José Luis El derecho diferencial de bandera y Las ordenanzas de aduanas

(hojas cedidas por Javier Maestro Bäcksbacka)



Martínez Ruiz, Enrique; de Pazzis Pi Corrales, Magdalena; Torrejón Chaves, Juan (coordinadores) (2001) Encuentros históricos España- Suecia. Los ejércitos y las armadas de España y Suecia en una época de cambios (1750-1870). Universidad de Cádiz,

Fundación Berndt Wistedt, Fundación municipal de cultura, Ayuntamiento de San Fernando.



Bloggs y páginas de internet con opiniones varias de personas “anónimas” de diferentes nacionalidades y también de algunos escritores de peso, como, por ejemplo, Mario Vargas Llosa y Amando de Miguel.
Anexos
Anexo 1. Significados y traducciones suecas

Anexo 2. Otras expresiones alusivas a pueblos y culturas

Anexo 3. Expresiones con “Hacerse”

Anexo 1
Significados …



- Desentenderse de las responsabilidades

- Desentenderse de lo que es desagradable

- Escurrir el bulto

- Esforzarse por pasar desapercibido, ya sea por razones de timidez, discreción, modestia o

bien por mera frescura



- Fingir no enterarse de algo

- Fingir no ver, no oír o no entender para evitarse una incomodida

- Hacerse como el Tío Lolo (expresión caribeña)

- Hacerse el desentendido

- Hacerse el distraído

- Hacerse el loco

- Hacerse el longuis

- Hacerse el Sartre. (En un foro de Internet, el escritor cubano Reinaldo Bragado Bretaña

recoge una anécdota de Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir sentados en el café Floridita

de La Habana, según la cual, Sartre hacía oídos sordos a la presentación que otro escritor

cubano, Luis Aguilar León, hacía de la realidad cubana. A esta reacción, Reinaldo Bragado

la bautiza como “hacerse el sartre”).


- Hacerse el sordo

- Hacerse el tonto

- Hacerse que la virgen te habla

- No darse por aludido

- No pagar cuando se debe

- No trabajar. (Con esta extraña acepción, aparecida en un foro de internet, se pretende decir

que la jornada laboral sueca es muy corta, afirmación que puede generar algún debate

interesante.


- Ser un poco jeta

y traducciones suecas




- Göra sig svensk (Herman Lindqvist)

- Göra sig dummare än man är (Herman Lindqvist)

- Hålla masken (el arte de mentir, de guardar las apariencias, virtualidad frente a realidad

(según el artículo de Carlos Vidales “¡Aprendamos a hablar sueco!”)



- Låtsas som om man inte bryr sig

- Låtsas som om man inte förstår

- Låtsas vara svensk

- Spela dum

- Spela svensk

- Spela ovetande

- Uppträda som en svensk



Anexo 2
Otras expresiones alusivas a pueblos y culturas


¡Buen punto filipino!

A mí plin, que soy de Lalín

Arder Troya

Barcelona es bona si la bolsa sona

Beber como un cosaco

Boca española no habla sola

De Madrid al cielo

Despedirse a la francesa

Donde fueres haz lo que vieres

Engañar como a un chino

Enterrar el hacha de guerra

Estar en Babia

Estar más caído que teta de gitana

Estar más chupado que la pipa de un indio

Estar negro

Fumar como los indios cabreados

Fumar la pipa de la paz

Guay del Paraguay

Hablando del ruin/rey de Roma por la puerta asoma

Hacer el indio

Hacer el martirio chino

Hacer las Américas

Inglés, pirata es 

Ir de Guatemala a Guatepeor

Ir de la Ceca a la Meca

Ir en fila india

Irse por los cerros de Úbeda

Justicia catalana

La picha española nunca mea sola

Los catalanes, de las piedras hacen panes

Los últimos de Filipinas

Más se perdió en Cuba

Naranjas de la China

No donde naces sino donde paces

París bien vale una misa

Pasar una noche toledana

Poner una pica en Flandes

Ponerse flamenco

Quedarse a la luna de Valencia

Quien fue a Sevilla perdió su silla; quien vino de Gijón se la quitó

Quien tiene un tío en Graná ni tiene tío ni tiene ná

Revolver Roma con Santiago

Salga el sol por Antequera

Salir de Málaga y entrar en Malagón

Salir por los cerros de Úbeda

Ser la obra de El Escorial

Ser un gitano

Ser un hijo de… la Gran Bretaña

Ser un judío

Ser un lujo asiático

Ser un trabajo de chinos

Ser un vándalo

Tener más trampas que una película de chinos

Todos los caminos conducen a Roma

Trabajar como un negro

Valer un Potosí

Zamora no se ganó en una hora



Anexo 3
Otras expresiones con “hacerse”


Hacerse (algo a alguien) cuesta arriba

Hacerse como el tío Lolo (México)

Hacerse cruces

Hacerse de nuevas

Hacerse de rogar

Hacerese el/la distraído

Hacerse el/la duro

Hacerse el/la estrecho

Hacerse el harakiri

Hacerse el/la ignorante

Hacerse el/la interesante

Hacerse el longuis

Hacerse el mártir

Hacerse el sueco

Hacerse humo

Hacerse (a alguien) la boca agua

Hacerse la ilusión de

Hacerse la picha un lío

Hacerse lenguas

Hacerse mala sangre

Hacerse una composición de lugar

Hacerse un hueco

Hacerse un lío

Hacerse un ovillo

Hacerse un taco

Hacerse unas gachas

Hacérselo (con alguien)



1 En realidad, aunque he recogido opiniones de diversas personas de diferentes países, carezco de pruebas determinantes que aseveren esta afirmación. Sería bueno realizar una encuesta entre hispanohablantes de variado perfil para confirmar o no su verosimilitud.

2 Ver anexo 1

3 Ver anexo 2

4 www.rae.es

5 Celdrán (2004, p. 436)

66 Recogidas en el portal www.ide3.com y basadas probablemente en la edición impresa de 1873

7 Celdrán (2004, p. 436)

8 Buitrago (2004, p. 378)

9 Ver anexo 3

10 Buitrago (2004, p. 378)

11 Junceda (2002, p. 275)

12 Lindqvist (1990, p. 43)

13 Una de las acepciones suecas de la palabra ”dum” es justamente ”malo”, es decir ”poseedor de maldad”.

14 Antiguamente, el Miércoles de Ceniza se conocía en sueco como “dymmel onsdag”, es decir “miércoles sordo” por alusión a la tradición de envolver en tela el badajo de las campanas para amortiguar el sonido y crear un ambiente más acorde con el carácter de recogimiento de la Semana Santa.

15 Gunnar Åselius, Los conceptos suecos de la guerra, 1750-1870 , en Martínez Ruiz, Enrique; de Pazzis Pi Corrales, Magdalena; Torrejón Chaves, Juan (2001, p. 305)

16 Kent Zetterberg, La organización del Ejército y la Armada en Suecia, 1890-1905, en Martínez Ruiz, Enrique; de Pazzis Pi Corrales, Magdalena; Torrejón Chaves, Juan (2001)

17 Celdrán (2004, p. 436)

18 Bustos Rodríguez, La colonia comercial sueca en el Cádiz del siglo XVIII. Los Bolh, recogido en Ramos Santana, Alberto (2000, p. 150)

19 Carrasco González, Cádiz y el Báltico. Casas comerciales suecas en Cádiz (1780-1800), en Ramos Santana, Alberto (2000)

20 Bustos Rodríguez, La colonia comercial sueca en el Cádiz del siglo XVIII. Los Bolh, en Ramos Santana, Alberto (2000, p. 148).

21 Martínez Ruiz y de Pazzis Pi Corrales, Guerra y Comercio. La propuesta de un tratado comercial Hispano-Sueco a mediados del siglo XVIII, en Ramos Santana, Alberto (2000, p. 247)

22 Maestro Bäcksbacka, Las relaciones de comercio y navegación entre Suecia-Noruega y España en el siglo XIX, en Ramos Santana, Alberto (2000, p. 301-381)

23 Maestro Backsbacka, Las relaciones de comercio y navegación entre Suecia-Noruega y España en el siglo XIX, en Ramos Santana, Alberto (2000, p. 421).

24 El enmarcado en negrita es mío.





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