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La dimensión de seguridad de la Alianza de Civilizaciones
Máximo Cajal *
Janus 2009

Cuando, hace poco menos de cuatro años, el Presidente del Gobierno de España propuso a Kofi Annan, el entonces Secretario General de las Naciones Unidas, la puesta en marcha de un proyecto inédito, el lanzamiento de una Alianza de Civilizaciones que evite que se haga realidad la premonición de un “choque de civilizaciones”, esta idea, con raras excepciones, fue acogida con escepticismo, con incredulidad también, cuando no con manifiesta hostilidad. Entre los más críticos había de todo. Académicos, en primer término, perdidos en un debate estéril acerca de si cabía, o no, hablar de civilizaciones en plural; si únicamente existe una sola civilización o si, como afirma Samuel Huntington, hay más de una docena de ellas. Periodistas, que se preguntaban “contra quién” pretendía combatir tan heterogénea coalición, sin reparar en que lo que propone aquella iniciativa es un combate pacífico que hay que comenzar por librar en el interior de nosotros mismos. Había también políticos; españoles, en particular, que trasladaron inmediatamente a este nuevo, y para ellos bienvenido, teatro de operaciones sus muy exclusivas recetas sobre cómo acabar con el terrorismo.



Un proceso sostenido de institucionalización

Hoy, los hechos, siempre tozudos, desmienten tanto desapego. Setenta y cinco países y trece organizaciones internacionales, que son los que integran hasta ahora el Grupo de Amigos de la Alianza, ya han hecho suya esta empresa global, esta otra multinacional, al tiempo que, simultáneamente, ha ido consolidándose el proceso de su institucionalización. En abril de 2007, Ban Ki-moon, el nuevo Secretario General de la ONU, designó al doctor Jorge Sampaio como su Alto Representante para la Alianza. En enero de 2008, se reunió en Madrid su primer Foro, al que seguirá el segundo, en Turquía, en 2009 y otros, en años venideros, en Brasil, Qatar, Marruecos y Portugal. Nuevos pasos, todo ellos, que fortalecen la visibilidad y la credibilidad de lo que ya comienza a ser un instrumento eficaz al servicio de la comunidad internacional.

Este creciente protagonismo de la Alianza obedece al hecho de que el proyecto del Primer Ministro español no respondía a una ocurrencia pasajera producto de la improvisación, a una corazonada, ni fue simplemente un gesto para la galería como tampoco el desenlace final de un desapasionado debate académico. El paso dado el 21 de septiembre de 2004 fue el fruto de un análisis de la realidad, la propia y la mundial, y de una visión comprometida en la que se daban cita, íntimamente ligadas, la ética y la política. Pero esta doble faceta tampoco era una novedad. Porque, si bien es cierto que respondía a la certidumbre de que para combatir la lacra del terrorismo, para abortar la amenaza de aquella confrontación planetaria con que nos ha intimidado el profesor de Harvard, es preciso y urgente actuar de manera conjunta, y hacerlo además ateniéndonos estrictamente a unos principios de moral internacional, estos elementos estaban ya presentes en el programa electoral del Partido Socialista y en el discurso de investidura que había pronunciado José Luis Rodríguez Zapatero el 7 de abril de aquel mismo año. Sucedía también que la positiva acogida dispensada a la Alianza de Civilizaciones respondía a la existencia de una demanda previa, de una expectativa latente, a escala internacional. El “Marco Conceptual”, aprobado en junio de 2005, que sirvió de base doctrinal a los trabajos del Grupo de Alto Nivel, ya puso de manifiesto tanto la oportunidad de la propuesta cuanto su componente de seguridad:

Los acontecimientos de los recientes años han intensificado la sensación de que existe una creciente disparidad e incomprensión mutua entre las sociedades islámicas y occidentales. (…). Por lo tanto es necesario crear una coalición amplia para contrarrestar la tendencia al extremismo y evitar un deterioro de las relaciones entre las sociedades, que incluso podría amenazar la estabilidad internacional.

Un concepto “blando” de la seguridad

No sorprenderá por otra parte que, por su origen, el desencadenante más inmediato de semejante planteamiento fueran los atentados terroristas cometidos en Madrid unas semanas antes y que, en consecuencia, en su trasfondo no sólo estuviera, desde el primer momento, la convicción de la necesidad vital de hacer frente a la violencia terrorista. También lo estaba la de que era preciso combatirla por otros medios e indagar en las raíces profundas de tanta sinrazón; la de buscar la manera de desactivar los mecanismos que llevan a muchos, mujeres y hombres, a morir matando invocando para ello causas trascendentes y contra quienes, precisamente por ello, no cabe aplicar con éxito cualesquiera medidas disuasorias o de represalia. A la vista de los desastres de la guerra, aquella era una visión blanda de la seguridad fundamentada en consideraciones morales, pero también en la certeza de que el recurso a la cirugía militar no es el único remedio, ni siquiera el primero, que la garantiza. La acompañaba una clara conciencia de que es imperativo hacer más, hacer algo nuevo y concreto, pues es sobre las mentes y sobre los corazones donde hay que actuar con carácter preventivo.

Se sumaba a esta percepción el convencimiento moral y la constatación práctica de que no todo es lícito en la lucha antiterrorista. De que es imperativo huir de los atajos procesales y de los limbos judiciales; evitar caer en la tentación de una ingeniería leguleya que pone al desnudo la inconsistencia del discurso moralizador de Occidente. Lo denunció en su momento Desmond Tute, calificándolo como una “relajación del habeas-corpus”. A este enfoque moral de la seguridad respondía también la intervenciónde Rodríguez Zapatero ante la Asamblea General de la ONU:

Resistiremos al terrorismo. Nuestra historia es nuestro aval. (…). Pero lo haremos siempre desde la legalidad nacional e internacional. Lo haremos desde el respeto a los Derechos Humanos y a las Naciones Unidas, y sólo así. (…). La convicción de que es así, desde la legalidad, y sólo así, como se gana el combate al terrorismo.

El contexto político

Pero por mucho que en el origen de la Alianza de Civilizaciones subyazcan razones que son propias del país donde se gestó – la situación geográfica y la propia Historia de España –, el paso que dio el Presidente del Gobierno de España debe ser contemplado con la necesaria perspectiva. Porque no se entiende correctamente su planteamiento si no se sitúa en el marco temporal, en la precisa coyuntura histórica y en el contexto político interior e internacional en que germinó y acabó materializándose, tradu-ciéndose en actuaciones gubernamentales, en decisiones políticas concretas, una vez que las circunstancias lo hicieron posible, es decir a partir del triunfo del Partido Socialista. La primera de ellas, con su fuerte mensaje de coherencia política, fue la retirada de las tropas españolas de Iraq en cumplimiento del compromiso electoral contraído. Después vino la Alianza de Civilizaciones.



Una apuesta por el multilateralismo

Detrás de esta propuesta política hay ciertamente un propósito de moralización de las relaciones internacionales. Frente a la reticencia, cuando no aversión, hacia la ONU –“el escepticismo acerca de la legitimidad y la eficacia del derecho y de las instituciones internacionales para alcanzar tanto la seguridad como la justicia” al que se refirió Francis Fukuyama en “America at the Crossroads”– la Alianza de Civilizaciones representaba, por sí sola, una apuesta decidida por el sistema de las Naciones Unidas, por un multilateralismo eficaz y más democrático, por la legalidad internacional. Aunque sólo por su simbolismo, es también testimonio de esta opción el hecho visible de que fuera presentada precisamente en Nueva York, en el foro universal por excelencia, y no en Madrid, su cuna, o en Bruselas, en Berlemont o en Evère, las sedes de la Unión Europea y de la OTAN.

No menor simbolismo tuvo la invitación formulada al Primer Ministro turco a copatrocinar la Alianza de Civilizaciones juntamente con su colega español. La respuesta positiva que dio Recep Tayyip Erdogan en junio de 2005 perfeccionó la simetría de este proyecto al tiempo que completaba su alcance político y estratégico, su dimensión de seguridad también, y daba mayor coherencia a su discurso. España y Turquía, por su parte, asumieron conjuntamente una doble responsabilidad, la tarea de impulsarla y de respaldar las iniciativas adoptadas en este terreno por el Secretario General de las Naciones Unidas, junto con un insoslayable papel de ejemplaridad, en la medida en que se han convertido en el banco de pruebas de la credibilidad de la iniciativa que ambos auspician.

El Informe que el Grupo de Alto Nivel presentó en Estambul el 13 de noviembre de 2006 recogía la opinión unánime de sus veinte miembros de que la cuestión palestina es un factor decisivo de la creciente fisura entre las sociedades musulmanas y occidentales, conflicto que solamente podrá resolverse mediante una solución justa, digna y democrática basada en la voluntad de todos los pueblos implicados en el mismo. Pero en la Alianza hay también una dosis de utopía que en modo alguno está reñida con este sobrio diagnóstico sobre la situación mundial, sobre Oriente Medio en particular.

Como bien el doctor Jorge Sampaio, su Alto Representante, en el seminario celebrado en Buenos Aires, en abril pasado, en torno al tema “La Mujer y la Alianza de Civilizaciones: oportunidades y desafíos”, la tarea que ésta se ha impuesto en su programa de acción representa la afirmación de una voluntad colectiva de cambiar el mundo. Al límite, su objetivo es el de realizar el sueño kantiano de la paz universal.

Informação complementar
cronología
16.03.2003 – “Cumbre de las Azores”

19.03.2003 – Invasión de Iraq

11.03.2004 – Atentados terroristas en Madrid

14.03.2004 – Elecciones generales en España

15.04.2004 – Discurso de investidura de José Luis Rodríguez Zapatero

21.09.2004 – Intervención del Presidente del Gobierno de España ante la Asamblea General de las Naciones Unidas proponiendo una Alianza de Civilizaciones

30.06.2005 – Marco Conceptual

14.07.2005 – Lanzamiento formal de la Alianza por el Secretario General de la ONU

25.08.2005 – Términos de Referencia para el Grupo de Alto Nivel

02.09.2005 – Nombramiento del Grupo de Alto Nivel

13.11.2006 – Presentación del Informe del Grupo de Alto Nivel

26.04.2007 – Designación del doctor Jorge Sampaio como Alto Representante para la Alianza de Civilizaciones

15/16.01.2008 – I Foro de la Alianza

20.03.2008 – El Alto Representante presenta su Informe Anual al Secretario General de la ONU



Marzo 2003 vs. Marzo 2004
Tan sólo doce meses separan marzo de 2003 – cuando se produjo el encuentro del Presidente Bush y de los Primeros Ministros Blair y Aznar en las Azores, seguido inmediatamente de la invasión de Iraq –, del 11 de marzo de 2004, en que los terroristas golpearon en la capital de España. Tres días más tarde tuvieron lugar las elecciones generales. Fue a lo largo de aquel año decisivo cuando fructificó, basada también en las lecciones extraídas de la propia experiencia, aquella nueva manera de luchar contra el terrorismo, de combatirlo por otros medios, sin dejar de lado las inexcusables consideraciones de seguridad. Rodríguez Zapatero lo dejaría bien sentado en Nueva York medio año más tarde en unas pocas palabras que, al mismo tiempo, llevaban implícita una descalificación en toda regla de los principios llevados a la práctica internacional por el pensamiento neoconservador todavía entonces dominante:
La seguridad y la paz sólo se extenderán con la fuerza de las Naciones Unidas, la fuerza de la legalidad internacional, la fuerza de los derechos humanos, la fuerza de la democracia. (…). La fuerza frente a quienes manipulan o quieren imponer cualquier religión o creencia. La fuerza de la educación y la cultura. (…). La fuerza del diálogo entre los pueblos.

* Máximo Cajal

Diplomata jubilado em 2002. Embaixador na Guatemala, Suécia e França. Representante Permanente do Conselho do Atlântico Norte. Cônsul-geral em Nova Iorque, Lisboa e Montpellier. Secretário-geral de Política Exterior (1985-1988). Subsecretário de Assuntos Exteriores de Espanha (1991-1994).



Referências bibliográficas

Huntington, Samuel – The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order, Simon&Schuster, 1998.

Fukuyama, Francis – America at the Crossroads, Yale University Press, 2006.

Informe del Grupo de Alto Nivel, Marco Conceptual: http://www.unAoC.org









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