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Ponencia para segundo debate al proyecto de ley 160 de 2005 CÁmara


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PONENCIA PARA SEGUNDO DEBATE AL PROYECTO DE LEY 160 DE 2005 CÁMARA.

Pliego de Modificaciones y Texto aprobado en Primer Debate en Comisión por la cual se crean los comités pro celebración del bicentenario del Grito de Independencia de la República de Colombia, se autorizan obras de infraestructura y se dictan otras disposiciones.

Bogotá, D. C., 26 de abril de 2006

Doctor


CARLOS ARTURO QUINTERO MARIN

Presidente Comisión Cuarta Constitucional

Honorable Cámara de Representantes

E. S. D.


Referencia: Ponencia para segundo debate al Proyecto de ley número 160 de 2005 Cámara.

En cumplimiento de la designación de la Mesa Directiva de la Comisión y en estricto acatamiento al reglamento del honorable Congreso de la República, procedemos a rendir la ponencia para segundo debate al Proyecto de ley número 160 de 2005 Cámara, por la cual se crean los comités pro celebración del bicentenario del Grito de Independencia de la República de Colombia, se autorizan obras de infraestructura y se dictan otras disposiciones.



Consideraciones especiales

Las motivaciones para invocar en pro de la aprobación por parte del Congreso de la República de Colombia, al Proyecto de ley número 160 de 2005 de Cámara, por la cual se crean los comités pro celebración del bicentenario del Grito de Independencia de la República de Colombia, se autorizan obras de infraestructura y se dictan otras disposiciones, con la adición propuesta en su artículo 8°, resultan obvias, y en beneficio de ellas podemos decir y argumentar:

1. Que ciertamente el 20 de julio de 1810 es para los colombianos un hito histórico de gran significación, y para hablar de él como fecha de la Independencia del Nuevo Reino de Granada es necesario relacionarlo con otros movimientos revolucionarios sucedidos con anterioridad a la fecha que se pretende enaltecer y honrar con la aprobación del proyecto de ley en comento.

2. Que quizás el acontecimiento más importante para los revolucionarios de América lo constituyó la Independencia de Estados Unidos, que hinchó de entusiasmo y patriotismo a la juventud que, aunque de origen español, no gozaban de iguales privilegios que los españoles de la península, pues estaban manchados con el pecado de la tierra. Esta juventud deseaba ocupar posiciones de gobierno, tener igual tratamiento y derechos políticos, los cuales les eran restringidos.

3. Que fue bajo estas circunstancias donde en el Nuevo Reino de Granada aparecen como respuesta a la invasión del territorio español del emperador Bonaparte, los movimientos revolucionarios en las Indias, y como una diáspora de los acontecimientos de la metrópoli, se organizan en estos territorios las juntas de gobierno integradas por nobles españoles y burócratas del reino para ofrecer adhesión a Fernando VII y guerra contra Napoleón. Y eso fue lo que sucedió el 20 de julio de 1810 en la Plaza Mayor de Bogotá.

El historiador Javier Ocampo López en la Nueva Historia de Colombia dice que el primer momento de las juntas americanas se presentó en los años 1808-1809 cuando se formaron juntas a imitación de las organizadas en la metrópoli. Sus fines inmediatos implicaron la salvaguardia del territorio americano para el Rey Fernando VII, ante la posibilidad de que la madre patria llegara a ser ocupada totalmente por Napoleón. Así se celebraron las juntas de México, Montevideo, Buenos Aires, Chiquisaca, La Paz y Quito. Esta última de gran importancia para los acontecimientos políticos del Nuevo Reino de Granada.

4. Como a su turno las autoridades coloniales recibieron una circular emanada del Ministro de Negocios Exteriores de Napoleón, fechada el 7 de mayo de 1808, en la cual se comunicó el cambio de dinastía en España y el ascenso al trono del rey José I Bonaparte (Pepe Botellas), y como respuesta a tan insólita circular la burocracia colonial dirigida desde la metrópoli, organizó la “Jura de Fernando VII”. Para estos efectos fue comisionado el Capitán de Fragata Juan José Pando y en efecto esta jura tuvo lugar en Santafé de Bogotá el 11 de septiembre de 1808, en Popayán el 29 de octubre de ese mismo año, y después en Purificación, Medellín y otras ciudades importantes.

5. Hubo un segundo movimiento de insurrección americana entre 1809 y 1810. Estas sediciones se manifestaron en Charcas, el 25 de mayo; luego en La Paz, el 16 de julio; y en Quito el 10 de agosto cuando los quiteños realizaron un típico golpe de estado dirigido por los marqueses de Selva Alegre, el de Miraflores, el Solanda y el de Villa Orellana. Este último de gran significación porque Quito reclamó el derecho a gobernarse por sí mismo sin deferir este derecho a la junta suprema de Sevilla en España. Todas estas sediciones fueron motivadas por el menosprecio que los españoles peninsulares, poseedores de la burocracia del reino habían sentido contra los descendientes de españoles radicados en las tierras de Indias llamados despectivamente criollos, por el pecado de haber nacido en América. Esta desigualdad fue la mayor motivación de los criollos contra los españoles peninsulares, quienes a su vez motejaron aquellos como chapetones. Sobre ese particular Camilo Torres y Tenorio en su famoso Memorial de Agravios dirigido por el Cabildo de Santafé a la Junta Central de España, se expresa así en 1809:

Las Américas, señor; no están compuestas de extranjeros a la nación española. Somos hijos, somos descendientes de los que han derramado su sangre por adquirir estos dominios a la Colonia de España… Tan españoles somos, como los descendientes de don Pelayo, y tan acreedores por esta razón, a las distinciones, privilegios y prerrogativas del resto de nación” (Cita número 29, Javier Ocampo López, de la Nueva Historia de Colombia, Tomo 2, Pág.33).

No sería posible ignorar en esta exposición de motivos la importancia histórica, aún olvidada, del Grito de Independencia de las Ciudades Confederadas del Valle del Cauca y de Cauca, a saber: Ansermanuevo, Buga, Cali, Caloto, Cartago y Toro, que tuvo lugar el 3 de julio de 1810, anticipándose en el tiempo al Grito de Independencia de Santafé de Bogotá.

Esta junta fue presidida por don Joaquín de Caicedo y Cuero y el ejército organizado por esta de las ciudades amigas o confederadas fue comandado por el General José María Cabal.

De él dice el Coronel Alberto Andrade A., que el General José María Cabal, prócer de la independencia (pp. 196-199) “…es quizás el más aleccionador porque en su condición de General en Jefe le permitió mostrar aquí todas sus virtudes: capacidad para el manejo de los hombres, autoridad ejercida con tino y con prudencia, conocimientos para la toma de decisiones, valor personal para influir en sus soldados, serenidad para juzgar las situaciones, buen criterio para asimilar los factores y las circunstancias de los problemas y por último, fortaleza de voluntad para no flaquear en la empresa nada fácil de mantener el espíritu, acicatear el patriotismo e iluminar la fe aún de los no combatientes en la causa sagrada de la Patria vacilante”.

“Su condición superior en ámbito militar se demuestra además porque tuvo bajo sus órdenes aquí a gentes de mucha valía: a Serviez, Carlos Montúfar, Pedro Monsalve, Margueitio, Ignacio Torres y otros que fueron luego destacados conductores militares en la continuación de la lucha y en la consolidación de la República, Joaquín Paris, José Hilario López, Liborio Mejía, José María Córdoba, a más de algunos quizás menos brillantes, pero igualmente gloriosos: Alejo Sabarain y José María Espinosa”.

Este es el prócer que en el sur del Nuevo Reino de Granada, fulge con luz propia como científico, hombre culto que estudió en Europa y, comprometido con las ideas de la Libertad, tomó las armas a favor de la Patria para sellar con su muerte el glorioso homenaje a sus puros ideales que hizo del patíbulo un altar para la Independencia.

Sobre el Grito de Independencia en Santafé de Bogotá, dejó don Francisco José de Caldas, mártir de la Independencia, hijo de Popayán, el siguiente testimonio que se transcribe textualmente así:

“Día 20 de julio. Don José Llorente, español y amigo de los Ministros opresores de nuestra libertad, soltó una expresión poco decorosa a los americanos; esta noticia se difundió con la rapidez y exaltó los ánimos ya dispuestos a la venganza. Grupos de criollos paseaban alrededor de la tienda de Llorente con el enojo pintado en sus semblantes. A este tiempo pasó un americano, que ignoraba lo sucedido, hizo una cortesía de urbanidad a este español; en el momento fue reprendido por don Francisco Morales, y saltó la chispa que formó el incendio y nuestra libertad. Todos se agolpaban a la tienda de Llorente; los gritos atraen más gente, y en un momento se vio un pueblo numeroso e indignado contra este español y contra sus amigos. Trabajo costó a don José Moledo aquietar por este instante los ánimos e impedir las funestas consecuencias que se temían… Olas de pueblo armado refluían de todas partes a la plaza principal; todos se agolpaban al palacio y no se oye otra voz que ‘cabildo abierto. Junta’… A las 6:30 de la noche hizo el pueblo tocar a fuego en la catedral y en todas las iglesias para llamar a todos los puntos de la ciudad el que faltaba… Don José María Carbonell, joven ardiente y de una energía poco común, sirvió a la patria, en la tarde y en la noche del 20, de un modo nada común: Corría de taller en taller, de casa en casa; sacaba gentes y aumentaba la masa popular; él atacó a la casa de Infiesta, el lo prendió y él fue su ángel tutelar para salvarle la vida. Carbonell ponía fuego por su lado al edificio de la tiranía, y nacido con una constitución sensible y enérgica, tocaba en el entusiasmo y se embriagaba con la libertad que renacía, entre las manos… “(Cita número 7 del Diario Político de Santafé de Bogotá, agosto 10 a febrero 11 de 1811, Santafé, 1810-1811. Fondo Quijano Otero, Biblioteca Nacional de la Nueva Historia de Colombia, Tomo 2, Pág.60).

Como resultado de este amotinamiento, el virrey Amar y Borbón permitió la conformación del cabildo extraordinario en el cual don José Acevedo y Gómez, el tribuno del pueblo, y el grupo de criollos revolucionarios, eligieron los vocales que integrarían la Junta Suprema de Gobierno que presidiría el virrey, y como vicepresidente se aclamó a don José Miguel Pey. En el acta que se firmó el 20 de julio de 1810, el pueblo reasume la voluntad popular, sin abdicación para ninguna otra persona que la de “su augusto y desgraciado monarca don Fernando VII”, con la condición de que “venga a reinar entre nosotros y conforme a la constitución que le dé el pueblo”. Esta acta estableció que el nuevo régimen quedaría sujeto a la Suprema Junta de Regencia de España, por lo que en realidad no puede decirse que el 20 de julio de 1810 fuera un grito de independencia absoluto.

El 26 de julio de 1810, seis días después de la efeméride que hoy enaltecemos, la Junta Suprema del Reino se declaró independiente del Consejo de Regencia y dejó cesantes en sus cargos a todos los funcionarios del anterior gobierno, y se creó el movimiento autonomis ta en representación de la monarquía con independencia total en sus decisiones, conservando empero, todos los dominios para el “deseado Fernando VII”. Este movimiento autonomista pasó luego a la Declaración absoluta de la Independencia, cuando la revolución se radicalizó.

Se inicia a partir de esta fecha una época de terribles vacilaciones políticas y el viacrucis de los mártires de la magna empresa libertaria. El nuevo sistema político fue objeto de ardorosas impugnaciones internas por el poder y sobre vino la insurrección violenta de los partidarios de un gobierno centralista contra los que preferían un gobierno federalista, como el de los Estados Unidos, y declaró la guerra. Esta etapa se conoce con el nombre de la Patria Boba, sobre cuyas desventuras cinco años después el rey de España pretendió retomar sus colonias americanas, encomendando para esta misión al Pacificador don Pablo Morillo, quien sembró de mártires el suelo de esta patria en Cartagena, Bogotá y Popayán, razón suficiente para que en memoria de estos mártires se enciendan fuegos eternos en cada una de estas ciudades, donde reposan sus restos mortales.

El 20 de julio de 1810 es para los colombianos una efeméride que debemos apreciarla no solo como un hito histórico con el cual se inició nuestra independencia del dominio español, sino que debe servirnos para renovar en estos momentos de angustia que vivimos los colombianos, nuestros propósitos de libertad, de unidad política y territorial, de entendimientos serios para volver sobre el tiempo transcurrido otra vez a repensar en la patria. En una patria que sea grande en los sacrificios, grande en la fe, grande en la paz y grande en el destino de su pueblo, con un solo territorio, una sola bandera, un solo escudo y un solo himno nacional.

Por esta patria grande e inmortal, es por lo que pedimos el apoyo de la honorable Cámara de Representantes a favor del proyecto de ley que hoy se somete a consideración.

El proyecto de ley en mención ya fue estudiado y aprobado en primer debate, en la sesión de la Comisión Cuarta Constitucional del día 15 de diciembre de 2005, en la cual no se hicieron comentarios, ni modificaciones.



Proposición

Por las anteriores consideraciones, solicitamos a la plenaria de Cámara de Representantes aprobar en segundo debate al Proyecto de ley número 160 de 2005 Cámara, por la cual se crean los comités procelebración del bicentenario del Grito de Independencia de la República de Colombia, se autorizan obras de infraestructura y se dictan otras disposiciones, con el pliego de modificaciones para segundo debate.

De los honorables Representantes:

Wellington Alfonso Ortiz Palacios, Luis Eduardo Vargas Moreno y Erminsul Sinisterra Santana, Representantes a la Cámara

PLIEGO DE MODIFICACIONES PARA SEGUNDO DEBATE AL PROYECTO DE LEY NUMERO 160 DE 2005 CAMARA

por la cual se crean los comités procelebración del bicentenario del Grito de Independencia de la República de Colombia, se autorizan obras de infraestructura y se dictan otras disposiciones.

Modifíquese el artículo 8°: Quedará así:



Autorízase al Ministerio de Hacienda apropiar las partidas presupuestales para las vigencias fiscales de 2007, 2008, 2009, 2010, que el Gobierno Nacional estime necesarias para la dotación de sendos pebeteros de fuegos eternos en homenaje perpetuo a los mártires de la Independencia de la Patria, así:

Uno en el Parque de los Mártires, anteriormente conocido como la Huerta de Jaime, donde reposan los restos mortales de los próceres fusilados en 1816 en Bogotá, D. C. Otro fuego eterno en la ciudad de Cartagena donde reposan los restos mortales de los próceres fusilados en esa ciudad heroica; el otro en la ciudad de Popayán, en el Panteón de los Próceres, donde se encuentran los restos mortales del sabio Francisco José de Caldas y de Camilo Torres y Tenorio, entre otros. Un cuarto pebetero en la Plaza de Joaquín de Caicedo en la ciudad de Cali en homenaje al prócer Joaquín de Caicedo y Cuero, prócer de la independencia, quien fuera fusilado junto con diez compañeros más el 26 de enero de 1813 por orden del Presidente de Quito don Toribio Montes.

Estos fuegos eternos serán custodiados permanentemente por las Fuerzas del Orden Nacional.

De los honorables Representantes:



Wellington Alfonso Ortiz Palacios, Luis Eduardo Vargas Moreno y Erminsul Sinisterra Santana, Representantes a la Cámara


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