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Pocahontas Ataca de Nuevo: Iracema o la Importancia de la Figura del Mestizo en la Sociedad Brasileña Actual


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Pocahontas Ataca de Nuevo: Iracema o la Importancia de la Figura del Mestizo en la Sociedad Brasileña Actual

Cristina Sánchez-Conejero




Abstract. Since the discovery of Brazil in 1500 there has been a great number of writings in Brazilian Literature that deal with the figure of the Indian. It is well known that, especially in the Romantic period, the Indian character is highly idealized in most literary works. It is in this context that Iracema by José de Alencar appears, which bears astonishing similarities to the Pocahontas legend narrated by John Smith in The Generall Historie of Virginia, New England and the Summer Isles. This paper has two main purposes: 1) to establish the parallels between Iracema and Pocahontas, both as literary works and in their social and historical significance; and 2) to divert the attention paid by Romantic writers from the Indian figure towards that of the mestizo as we see in Alencar’s work, whose mestizo character Moacir sets the preamble of the racial mosaic in Brazilian society today. In this sense, it is imperative to establish the relevance of Iracema as a XIXth century work with contemporary significance.

Desde el descubrimiento de Brasil en 1500 ha existido un gran número de escritos que tratan la cuestión de la figura del indio. Es bien sabido que, especialmente en el periodo romántico, el personaje indio resulta idealizado en la mayoría de las obras literarias. Es en este contexto en el que aparece Iracema de José de Alencar, que muestra asombrosas semejanzas con la leyenda de Pocahontas narrada por John Smith en The Generall Historie of Virginia, New England and the Summer Isles. Este estudio tiene dos propósitos principales: 1) establecer los paralelismos entre Iracema y la leyenda de Pocahontas, tanto como obras literarias como en su importancia social e histórica; y 2) desviar la atención prestada por los escritores románticos de la figura del indio hacia la del mestizo como vemos en la obra de Alencar, cuyo personaje mestizo Moacir sienta los preámbulos del mosaico racial en la sociedad brasileña actual. En este sentido, resulta imperativo establecer la relevancia de Iracema como obra decimonónica pero con relevancia contemporánea.

A partir del primer documento escrito sobre el descubrimiento de Brasil, existen testimonios literarios sobre la figura del indio. La Carta de Pero Vaz de Caminha ya contiene las primeras descripciones de los indios de Brasil en el siglo XVI, a los que muestra en su testimonio como “pardos, um tanto avermelhados, de bons rostos e bons narizes, bem feitos” (32). En pleno siglo barroco, el padre Antônio Vieira había descrito a la figura del indígena como victimizada por los colonizadores portugueses tal y como puede observarse en el Sermão de San António (1654). Un siglo más tarde, José Basílio da Gama nos había presentado en O Uraguai (1769) la idea del “buen salvaje” mediante el personaje de Cacambo y su lucha por la tierra que le pertenece. Con Antônio Gonçalves Dias en la primera mitad del siglo XIX asistimos a la idealización romántica del indio, con poemas como “Leito de fôlhas verdes” de Primeiros Cantos (1847), cuyo personaje principal es una joven india que, como Iracema, perece esperando a su amado. Descritos de forma realista, victimizada o idealizada, lo cierto es que la figura del indio no aparece como símbolo de la nación e identidad brasileñas hasta la producción del romance Iracema (1865) de José de Alencar.

Desde el momento en que los habitantes del Brasil decimonónico sienten necesidad de proyección de una identidad que los defina como brasileños y, a su vez, los diferencie de los portugueses colonizadores, empiezan a fluir por doquier romances donde la figura del indio aparece incuestionablemente venerada como héroe. Sólo basta echar una ojeada a O Guaraní (1857) o Ubirajara (1874), que forman parte junto con Iracema de la trilogía indianista de Alencar. Antônio Soares Amora ha resaltado en esta última obra la influencia del romance Átala. El crítico subraya en A Literatura Brasileira. El Romantismo cómo “de las fuentes literarias de Iracema, la más influyente en el espíritu de Alencar fue, sabidamente, Átala” (280). Naomi Lindstrom señala, además de esta fuente, la “literatura nacional” de James Fenimore Cooper, que a su vez fue influído por obras como el poema “The Lady of the Lake” (1810) de Sir Walter Scout.1 Seguramente, Alencar tendría en mente los Leatherstocking Tales, con novelas como The Pioneers (1823) o The Last of the Mohicans (1826). Soares Amora discute cómo, a partir de la “imitación artística” de Átala, Alencar creó un romance original. Sin embargo, el crítico centra exclusivamente su análisis de Iracema en una comparación con el romance de Chateaubriand, sin desarrollar las características que hacen de Iracema una obra original. Es lo que yo me propongo en este estudio. Dado el concepto de brasilidad que se deduce del romance alencariano, Iracema prueba ser mucho más que una “imitación artística” de Átala. Además, aparte de Átala y la obra de Fenimore Cooper, no pueden obviarse otras fuentes claras en la producción de Alencar, como la famosa leyenda de Pocahontas.

Iracema fue publicada en 1865, dos siglos después de que el capitán John Smith pisara tierra powhatana en 1607 y nos dejara en The Generall Historie of Virginia, New England and the Summer Isles (1624) su testimonio escrito sobre su encuentro con la princesa india Pocahontas. La historia relatada por John Smith presenta ya claros rasgos románticos que también aparecerán en el romance de Alencar. Para empezar, la historia de Pocahontas está considerada como una leyenda, donde la imaginación del narrador y del pueblo que la recrea juega un papel crucial. No se sabe a ciencia cierta cuánto de verdad hay en la historia relatada por Smith. Como apunta The Association for the Preservation of Virginia Antiquities en “Pocahontas,” “the first meeting of Pocahontas and John Smith is a legendary story, romanticized (if not entirely invented) by Smith (1). Otros medios no literarios como el cine, tampoco han contribuído a ofrecer una visión más verídica sobre los hechos. David Morenus, en su artículo “The Real Pocahontas,” resalta al respecto como la película de Disney Pocahontas ha recreado de manera ficticia gran parte de los hechos en el film:

The physical appearance of Pocahontas and John Smith in the movie are fabricated to please modern tastes [. . .] Pocahontas and John Smith are depicted as being young adults at the same time. Pocahontas was only a girl of twelve (or young) when she met the veteran adventurer John Smith [...]. (2)


Iracema, del mismo modo, se trata de una leyenda. De hecho, el romance es subtitulado Leyenda de Ceará, y Alencar explica en el primer capítulo de Iracema cómo lo que va a relatar es “uma história que me contaram nas lindas várzeas onde nasci [...]” (23). La figura de Martim como representante del colonizador europeo que llega a tierras brasileñas sí existió como datan los textos de la historia. Ahora bien, el resto del romance, la figura de Iracema y el romance entre ella y Martim fue pura invención de Alencar. De una manera absolutamente romántica, Alencar problematiza el confrontamiento colonizador / colonizado a través de los personajes de Martim e Iracema, con la muerte necesaria de esta última. En este sentido, Iracema puede considerarse una alegoría de la colonización portuguesa en Brasil.

Junto a este carácter legendario de las dos obras, resulta importantísima la atención confererida al personaje como ente individual, especialmente en su vertiente psicológica, tanto en Pocahontas como en Iracema: la primera aparece descrita desde las cartas testimoniales de John Smith como un ser tremendamente emotivo, al igual que en la película de Disney, que nos ofrece en todo momento el estado psicológico de la princesa india, feliz y enamorada cuando conoce a John Smith; triste y melancólica cuando éste debe volver a Londres; y furiosa y orgullosa al mismo tiempo en el momento en que se vuelve a encontrar a Smith en la ciudad inglesa ocho años después cuando, en realidad, ella lo creía muerto. Esta marcada atención al personaje es la misma con la que Alencar envuelve la descripción de Iracema. Son abundantes las referencias que a lo largo del romance existen sobre el estado emocional de la princesa india. Si al principio de su encuentro con Martim “o coração de Iracema está como o abati n’agua do rio” (47), cuando Iracema sufre el abandono del marido, “[...] sentiu que lhe chorava o coração” (71), hasta que la pérdida de la felicidad termina consumándola porque “a tristeza escurece a vista de Iracema, e amarga seu lábio” (91). Como la propia Iracema explica a Martim, “Iracema perdeu sua felicidade, depois que te separaste dela” (90). Y de tristeza termina muriendo la virgen de los labios de miel.

Según los datos de The Association for the Preservation of Virginia Antiquities en “Pocahontas,” la princesa india muere de neumonía o posible tuberculosis, también muy joven. Resulta extremadamente significativo el hecho de que tanto en la leyenda de Pocahontas como en la de Iracema se haya utilizado la figura de una mujer, románticamente idealizada, con un destino fatal ya marcado. La muerte de las dos heroínas se hace necesaria para la conformación de un nuevo pueblo americano. Para ésto es menester la figura de un hijo mestizo: Thomas en el caso de Pocahontas y Moacir en el caso de Iracema. Es cierto que es la figura del indio (o india, en este caso) la que se resalta a lo largo de las dos obras como rasgo distintivo del pueblo americano del momento: junto con la naturaleza exótica, el indio en la leyenda de Pocahontas era lo que distinguía mayoritariamente al americano del inglés colonizador. Y el indio en Iracema era lo que, precisamente, daba carácter original a la identidad del mayor pueblo en el continente sudamericano que luchaba por la proyección de una imagen que los diferenciara de los portugueses colonizadores. Por esta razón, debido a su posición de colonizador, difícilmente iba el portugués colonizador a ayudar a proyectar esta imagen. Y los esclavos africanos tampoco podían representar el carácter de lo brasileño, empezando por el hecho de que, además de ser esclavos, no eran nativos de las tierras brasileñas, sino que fueron traídos allí por los portugueses como mano de obra esclava. Por tanto, es así que comienza a venerarse la figura del indio durante la época romántica dado su carácter autóctono del Brasil. Es el indio quien va a marcar la pauta diferenciadora para la creación de una identidad propia y en base a quien tendrá lugar la reafirmación del carácter nacional en Brasil. Esta figura del indio está inspirada por las ideas de la filosofía de Rousseau a favor del hombre en su estado natural y del sentimiento. En contra del progreso y los avances de la civilización, la justicia creada por la sociedad civilizada es lo que, según Rousseau, priva al hombre de su libertad inherente. Como señala el filósofo,

el paso del estado de naturaleza al estado civil produce en el hombre un cambio muy notable, sustituyendo en su conducta el instinto por la justicia, y dando a sus acciones la moralidad que les faltaba antes. [...]

[...] Lo que el hombre pierde por el contrato social es su libertad natural y un derecho ilimitado a todo cuanto le tienta y que puede alcanzar” (qtd. in Tejedor Campomanes, 314-315).

Se trata, en definitiva, de la idea del “buen salvaje” a la que se refiere Tejedor Campomanes en su Historia de la filosofia en su marco cultural: “ El hombre primitivo (“natural”) vivía en aislamiento, imagina Rousseau: no poseía una sociabilidad natural ni (contra Hobbes) vivía en guerra contra los otros. Era el “buen salvaje”: inocencia natural (no hay pecado original), ausencia de moral, bondad innata, igualdad” (286).

Es cierto que este culto a la figura india del “buen salvaje” como héroe de la nación brasileña fue un hecho a lo largo del movimiento romántico. Sin embargo, no podemos olvidar que es la figura del mestizo la que va a marcar el paradigma fundamental que define la sociedad brasileña actual. Se trata del “Third Space” o hibridismo del que habla Homi Bhabha y a través del cual sólo pueden entenderse las culturas de un pueblo: “hibridity [...] it is the ‘inter’—the cutting edge of translation and negotiation, the in-between [...] that carries the burden of the meaning of culture” (209). Por ejemplo, el carácter híbrido multirracial de los Estados Unidos hoy sólo se explica a partir de la mezcla de razas como las que tuvieron lugar entre Pocahontas y el colonizador John Rolfe con quien se casa, o la famosa Marina con Hernán Cortés, cuyo hijo representa el primer mexicano que hoy ocupa junto con otros hispanos el mayor grupo minoritario en los Estados Unidos. Si a esto se une el hecho de que además de indios, existían en las plantaciones norteamericanas esclavos africanos que fueron traídos posteriormente, las grandes oleadas de inmigrantes desde los comienzos del siglo XX llegadas a los Estados Unidos procedientes de todas partes del mundo, junto con la suspensión de las leyes contra los matrimonios interraciales en 1969, tenemos como resultado la heterogeneidad que caracteriza hoy al continente norteamericano.2 Según los datos ofrecidos por Michael Howard y Roger Louis en The Oxford History of the Twentieth Century,

Blacks, numbering 30 million in 1990, were around 12 per cent of the population. A total of 22 million people at that time told the Census Bureau that they were Hispanic; this was 9 per cent of the population, a percentage that was rapidly increasing. Legal immigrants, most of them Asian or Latin American, were arriving by the 1990s at a rate of close to a million per year. Many others came illegally. (166)

Del mismo modo, la multiplicidad surgida de la mezcla racial es la que hoy define la población en Brasil, de tal modo que David Hess señala en The Brazilian Puzzle cómo “‘diversity’ is really not the best word for describing Brazil and Brazilians; ‘mixture’ is better. Brazil is a nation of the mixing of races (miscegenation), religious (syncretism), and cultures (diasporas, borderlands)” (2). Si echamos un vistazo a los datos ofrecidos en “Brasil,” en la actualidad, aproximadamente el 40% de la población brasileña es mestiza o mulata, el 54% descendiente de europeo y el 6% está formado por inmigrantes asiáticos. Este 40% representado por habitantes mestizos o mulatos es lo que verdaderamente confiere un carácter único a Brasil como nación, ya que, como apunta Edward Bradford Burns en Nationalism in Brazil,

Gilberto Freyre has emphasized, in his classic study The Master and the Slaves, that the combination of three races, European, African, and Indian, resulted in the formation of a unique civilization. Nowhere in the hemisphere—nowhere in the world, for that matter—have the three races mixed together so freely and so extensively. Each has made contributions to the national language, diet, institutions, traditions, mores, and folklore. The result is a society distinct from any other in the world. (6)

La unión de Iracema con Martim y el nacimiento de Moacir resulta esencial para definir la situación de la población actual brasileña. Aunque se trate de una leyenda, sus rasgos alegóricos hacen referencia a los hechos históricos reales que ocurrieron en el hostil encuentro entre colonizador y colonizado. Moacir, primer mestizo en Brasil y, por extensión, el primer brasileño, significa “hijo del sufrimiento”.3 La misma Iracema concede a su hijo ese nombre: “Tu és Moacir, o nascido de meu sofrimento” (94). Precisamente, es éste sufrimiento el que va a ser necesario para el surgimiento de una nación nueva marcada por el mestizaje a través del sacrificio de Iracema. Ella representa el antiguo concepto de la nación norteamericana. Por este motivo, para el surgimiento del nuevo patrón racial que perdura hasta la actualidad, se hace necesario el sacrificio de Iracema. La heroína romántica está condenada a un destino mortal. Al igual que Pocahontas, Iracema debe morir para conceder paso a una nación brasileña moderna. Pocahontas, que desconoce los peligros de la sociedad civilizada, muere de neumonía en su regreso de Londres a Virginia, e Iracema perece de tristeza por el abandono de su amado colonizador.

Sin embargo, antes de morir, la princesa tabajara deja en brazos de Martim a su hijo mestizo—“Recebe o filho de teu sangue” (100)—de la misma manera que ya lo había hecho Pocahontas mientras agonizaba en su viaje de vuelta a Virginia: “All must die. ‘Tis enough that the child liveth” (qtd. in “Pocahontas,” 3). Si Thomas viene a representar la heterogeneidad racial que en la actualidad existe en los Estados Unidos, Moacir es el exponente máximo del mosaico racial que hoy por hoy, define Brasil. Es Moacir hijo del sufrimiento, del dolor de Iracema y, más importante, del dolor de toda una nación castigada desde el momento del descubrimiento en el siglo XVI por las injusticias de la colonización portuguesa, las guerras contra los indios, expropiación de tierras y esclavitud. Robert Levine nos informa cómo a comienzos del siglo XIX, “when the Portuguese Court delayed its return from Brazil, officials in Lisbon became hostile to Brazil, speaking with scorn of its backwardness and its multiracial population, and refusing to ship tax receipts to Brazil,” lo cual “helped create in the colony a sense of Brazilian nationalism, paving the way for feelings of cultural pride” (58). De ahí la atención de Alencar por el personaje de Moacir y su implicación simbólica de “brasilidad” como equivalente a mestizaje, que al mismo tiempo se corresponde con el hibridismo o “Third Space” de Bhabha. En palabras de Bradford Burns,

[...] the newly arrived European [...] generally accepted the prevailing “mentality and morality” of the New World—in other words, he adapted to the new conditions. Consequently, the new arrival ceased to be a European, and became a “moral mestizo” [...]. His sons became both moral and physical mestizos. In his place appeared a new man, the combination first of the European and the Indian, and later, of the European, the Indian and the African. Thus, the Brazilian as an individual appeared centuries before Brazil emerged as an independent nation. (7-8)

Efectivamente, las mezclas raciales y sus consecuentes parámetros en la conformación de una identidad brasileña que estaban teniendo lugar desde el siglo XVI tanto en Norteamérica como en Sudamérica, sucedieron mucho antes de la independencia de Brasil en 1822 y el posterior sentimiento nacionalista que ésta conlleva. De ahí, la especial atención conferida a la figura del indio y, después de éste, a la figura del mestizo, más próxima a la realidad actual. Por esta razón, Moacir emerge como un personaje singular en Iracema. Si Iracema es la mujer romántica por excelencia, Moacir es el representante de la identidad brasileña actual. Iracema ha sido considerada por mucho tiempo como una obra romántica, y la mayoría de sus estudiosos se han centrado más en el personaje de Iracema—por exponer ésta los rasgos más acusados del Romanticismo, aparte de ser protagonista del romance—que en el de Moacir. La obra sí es indudablemente romántica, pero a través de la figura de Moacir, Alencar confirió a su romance una relevancia claramente actual. De este modo, el autor cearense se presenta no sólo como hombre de su época plenamente imbuído en las corrientes del Romanticismo, sino que además, Alencar fue un visionario al sentar los preámbulos que definen la sociedad brasileña actual, con la figura del mestizo a caballo entre su herencia europea e india al mismo tiempo. Como apunta David Treece en Exiles, Allies, Rebels,

With the birth of the archetypal mestiço Brazilian, Moacyr, all that remains is for him to grow to maturity, to emerge from his exile between two lands, two peoples; [...]

The mestiço child of Iracema and Martim, Moacyr, is more than simply the first citizen of a remote provincial settlement; he is the symbol of an entire Brazilian people that has been alienated from its mestiço identity and divorced from its indigenous roots. (194-95)

Esta toma de conciencia de una identidad mestiza característica de Brasil anticipa la cuestión nacionalista del país. El sentimiento de nacionalismo ya había surgido en el siglo XVI con lo que Hess y Da Matta denominan “nativismo colonial,” que se extendió hasta el siglo XVIII, dando paso en el XIX a un “nacionalismo defensivo,” donde por primera vez, la población del Brasil empieza a darse cuenta de la peculiaridad de su país y a desconfiar especialmente de todo lo extranjero.4 El propio Alencar devotó sus esfuerzos a la proyección de una imagen brasileña a través de la literatura, no sólo mediante el uso del tópico del indianismo y las descripciones de la selva tropical, sino además, ofreciendo un lenguaje típico de Brasil, como puede apreciarse en el léxico tupí de Iracema, lo cual conecta con la idea de “print capitalism” de Benedict Anderson, la importancia de la imprenta y la directa relación entre la publicación de textos en una lengua específica y el nacionalismo de un país.5

Conscientes de esta peculiaridad de la nación brasileña, sus habitantes no sólo se enorgullecen de ella, sino que además, crean una literatura de acuerdo a los rasgos propios de su país como ya puede verse en los textos de Los Primeiros Cantos de Gonçalves Dias. Son los primeros atisbos de una literatura nacionalista en cuyos orígenes se hallaba la figura heroizada del indio en la epoca romántica. En las mismas muestras de literatura indianista encontramos ya retazos del individuo mestizo que hoy día conforma el 40% de la población en Brasil. Iracema de Alencar sería el ejemplo perfecto. Por tanto, la relevancia de estos romances indianistas se halla no sólo en la exaltación mitológica del indio, sino también en la importancia que estas obras tienen en una sociedad brasileña como la de principios del XXI mediante la presentación de la figura del mestizo. Es en la significación e interés actual de estas obras donde radica precisamente su importancia a la hora de examinar estos textos desde el siglo XXI.

Hoy día, siguiendo a los descendientes de europeos, es la figura del mestizo la que domina los porcentajes actuales de la población en Brasil. Muy poco queda ya del indio mitificado durante el período romántico. Las estadísticas ofrecidas por Sandra Cadwalader en “Native Americans” de 1990 reflejan las cifras minúsculas de nativos americanos a finales de los noventa: en los USA casi dos millones o un 0.8% de la población total estadounidense; y en Brasil, la población cuyos antepasados son al 100% nativos americanos constituyen un 0.2% de la población total brasileña. Sin embargo, el mestizo en Brasil ocupa, junto con el mulato, aproximadamente el 40% de la población, hecho que subraya la relevancia actual de una obra como Iracema, que todavía hoy sigue influenciando a lectores en cuanto a la idea de una sociedad interracial o mestiza. Como subraya Naomi Lindstrom en el prólogo a Iracema. A Novel by José de Alencar, con la lectura de Iracema “[...] North American readers will be reminded of the way that narratives of Pilgrims and Indians [...] have been elaborated to give the diverse U.S. population the sense of possessing a common past” (xiii).

Estos lectores pensarán en obras como The Generall Historie of Virginia, New England and the Summer Isles o la película Pocahontas. Además, aparte de esta doble influencia entre los relatos de John Smith y el romance de Alencar, Iracema emerge como una obra de relevancia actual por su proyección de una identidad brasileña marcada por el mestizaje, el “Third Space” al que se refiere Bhabha. Cavalcanti Proença lo resume en su obra José de Alencar na literatura brasileira de la siguiente forma: “O índio e seu descendente mestiço sintonizam com a terra, são a própia América” (42). Así, como observa Bhabha, “by exploring this hybridity, this ‘Third Space,’ we may elude the politics of polarity and emerge as the others of ourselves” (209).


Notas

1 Véase Iracema. A Novel by José Alencar, xiii.
2 Leonard Dinnerstein apunta en “Immigration” como “despite the increasing severity of the U.S. laws regulating immigration, many people around the world still hope to immigrate to the United States. About 3.6 million foreigners were on waiting lists to enter the United States as legal immigrants in 1997.”
3 Refiérase a la nota explicativa de Iracema, 113.
4 Para mayor información sobre las etapas del nacionalismo brasileño, consúltese The Brazilian Puzzle, 8.
5 Según Anderson, “the convergence of capitalism and print technology on the fatal diversity of human language created the possibility of a new form of imagined community, which in its basic morphology set the stage for the modern nation” (46). Para más información, véase Imagined Communities.

Obras citadas

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das Letras, 1997.
Anderson, Benedict. Imagined Communities. New York: Verso, 1991.
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Bhabha, Homi. “Cultural Diversity and Cultural Differences.” The Post-Colonial Studies

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Bradford, Edward. Nationalism in Brazil. New York: Frederick A. Praeger, 1968.
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Cadwalader, Sandra. “Native Americans.” Encarta 98 Encyclopedia. CD-ROM.

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Camarinha, Mario, ed. Basílio da Gama, O Oruguai. Rio de Janeiro: AGIR, 1964.
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Freyre, Gilberto. The Master and the Slaves. A Study in the Development of Brazilian

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Howard, Michael, y Roger Louis. The Oxford History of the Twentieth Century. Oxford:

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Cristina Sánchez-Conejero is an Assistant Professor at the University of North Texas. She obtained her PhD from the University of California, Santa Barbara in Hispanic Languages and Literatures with a thesis entitled “Nuevas identidades en el cine y la literature de las autonomías (1980-2000): retos ante la globalización y la era cibernética.” In addition to Contemporary Peninsular Literature and Cinema, she is interested in Lusophone and Latin American Literature and Cinema, as well as Literary Theory and Media Studies. Some of her recent publications include: “El hombre vasco global: El hombre solo (1994) de Bernardo Atxaga y La muerte de Mikel (1984) de Imanol Uribe” (Bulletin of Spanish Studies, 2004), “Buenos Aires, ciudad posmoderna en el poemario Ciudad de Fernández Moreno” (Hispanófila, 2004), “A Reliquia, multiplicidad de discursos y revisión histórica: una lectura posmoderna” (Espéculo, 2002-2003). She is currently working on a manuscript on Spanish Literature and Cinema and can be reached at csconejero@spanport.ucsb.edu.



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