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Plan puebla panama por Horacio Labastida


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PLAN PUEBLA PANAMA

Por Horacio Labastida


Los efectos depredadores de la globalización del gran capital en las regiones subdesarrolladas, son bien conocidos ahora como resultado de los amplios estudios que se han hecho de manera particular en Latinoamérica. La unión con el poder económico trasnacional, que en los gobiernos latinoamericanos se maneja como una integración equitativa y fructífera de los capitales foráneo y local, tiene tres efectos indeseables: desnacionaliza a los subdesarrollados, impone una superexplotación al succionar la plusvalía ampliada que absorben compañías nacionales y no nacionales, y sujeta el poder político local al poder político extranjero. Pero hay más. La descrita descripción estructural tiene la expresión ideológica que en términos generales es conocida con el nombre de neoliberalismo, y viene de inmediato una interrogación clave, ¿cuál es el conjunto de imperativos del gran capital que se expresan en esta ideología del actual capitalismo trasnacional? Estos imperativos o categorías políticas se hayan en el Consenso de Washington, cuyos perfiles trazaremos enseguida.

Valga consultar el breve ensayo de John Williamson1, el cual parte de una cuestión central. La gigante deuda exterior que soportan las naciones latinoamericanas, exige que pongan su casa en órden, a fin de cumplir con sus pagos y continuar siendo sujetos de crédito. Al efecto, los deudores tendrán que someterse a la rigurosa condicionalidad de las reformas económico-políticas reclamadas por os acreedores, reformas que se corresponden con ideas que sobre el particular predominan en el Capitolio de Washington, entre los ministros del gobierno, la tecnocracia de las instituciones internacionales financieras, las agencias económicas del Tío Sam, los jefes de su reserva federal y los intelectuales de peso o think tanks oficiales. Sin contar con el asentimiento ciudadano, la puesta en práctica de las reformas depende de acuerdos entre agentes extranjeros y autoridades locales. Ejemplo típico es el Tratado de Libre Comercio que México suscribió con Canadá y Estados Unidos. Williamson acentúa diez instancias políticas del Consenso de Washington, a saber: eliminar el déficit fiscal porque es fuente primaria de la dislocación macroeconómica en forma de inflación, pagos incompletos y capital golondrino, para lo cual deberán disminuirse o eliminar subsidios, concentrar el gasto educativo en los niveles primarios por sobre universitarios, y los de salud, a la prevención de la enfermedad y al auxilio de discapacitados, medidas ligadas a las propuestas de privatización o entrega de las funciones públicas al capital privado; esta conclusión no está incluida en el comentario de Williamson. Además, hay que promover la reforma fiscal aumentando impuestos, dejar que el mercado determine la tasas de intereses del dinero y las del intercambio monetario (tasas fluctuantes), evitando la interferencia gubernamental. Por otra parte, el Consenso de Washington declara un respeto absoluto a la propiedad y sus derechos por considerarlos esencia misma de la buena marcha del sistema capitalista. Aconseja también una desregulación semejante a la introducida en Estados Unidos por los presidentes Carter y Reagan. Vienen enseguida exigencias torales que, con la privatización, constituyen los mandamientos arquetípicos del Consenso de Washington: libre comercio, apertura total a la inversión extranjera directa e integración de la economía local con la imperial.

Si comparamos los dichos arquetipos con las políticas de México y América Latina, exceptuada Cuba por supuesto, el resultado salta de inmediato a la vista: Las políticas que han puesto en marcha los distintos gobiernos traducen tales arquetipos sin más ni más. ¿Acaso el Plan Puebla Panamá y los inminentes convenios del ALCA no son caras de la misma medalla?

Sería imposible entender las profundas significaciones del Plan Puebla-Panamá si lo colocáramos fuera de su contexto histórico e ideológico. El contexto histórico comprende la dependencia de México del capitalismo trasnacional representado por el gobierno de Washington. El contexto ideológico es el Consenso de Washington.

¿Cuáles son los rasgos centrales del Plan Puebla-Panamá?

Tres documentos oficiales son llave maestra para encontrar la respuesta, a saber: el texto que difundió la Presidencia de la República sobre el Plan Puebla-Panamá, Capítulo México, en el que aparte de sintetizarse las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas que enmarcan el proyecto en el sureste mexicano, se definen sus objetivos y estrategias. En segundo lugar se toma nota, del Plan-Puebla en la presentación que en Los Pinos hizo el presidente Vicente Fox durante el acto que celebró en el auditorio Adolfo López Mateos, en marzo del 2001. Y n tercer lugar se ha tenido a la mano el amplio documento (junio del 2001) del Grupo Técnico Interinstitucional para el Plan Puebla-Panamá, en el que participan entre otros, el Banco Centroamericano de Integración Económica, el Banco Interamericano de Desarrollo, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y sin duda, por atrás o coadyuvando, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Este documento fue aprobado en buena parte en la reunión formalizadora del Plan, celebrada en San Salvador (junio del 2001). No obstante el verbalismo adjetivo que caracteriza las explicaciones sobre lo que se pretende hacer con el Sureste de México y Centroamérica, en las que abundan metáforas literarias más vacuas que sustantivas, es posible señalar los siguientes aspectos troncales del Plan Puebla-Panamá.

Primero.- La idea muy repetida es la de promover el desarrollo económico y social de la región coordinando la explotación de los recursos naturales, abundantes y variables en cada país, a fin de que su aprovechamiento sea orientado al bienestar de las poblaciones y a una prosperidad general insertada de manera positiva en otros planes regionales –el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, por ejemplo- y con la inminente Asociación del Libre Comercio en América (ALCA).En las floridas presentaciones del Plan hay una permanente insistencia en colocar al lado del material, el desarrollo humano, puesto que al margen del crecimiento del empleo se prevé dotar al ciudadano de aptitudes técnicas que le permitan participar como actor y receptor del futuro pastel mesoamericano. Se habla entonces de la importancia del capital humano al lado del capital económico, manifestándose respecto del primero una especial preocupación por conocer en detalle y estadísticamente el comportamiento de las migraciones que mucho tienen que ven con la mano de obra y los grandes problemas del bracerismo centroamericano y mexicano en los Estados Unidos. En este país hay una inclinación a eliminar los aspectos caóticos de dichas inmigraciones y controlarlas en función de los intereses mercantiles que absorben esta fuerza de trabajo, cuyas remuneraciones son muy ventajosas para quienes la contratan.

Sin detallarlas, los documentos hablan de las enormes riquezas de la región utilizadas ya algunas de estas por importantes empresas en los campos del monocultivo de productos de exportación y de la bioprospección, comprendido lo relativo al uso de medicinas tradicionales. Carlos Fazio hace referencia a la riqueza acuífera, mineral, petrolera, a la biodiversidad y las posibilidades hidroeléctricas, así como entre otra más, las contempladas en la Cuenca del Usumacinta (La Jornada, 10-I-2001), planes estos que obligarían modificar en beneficio empresarial las garantías sociales sancionadas en la Constitución de 1917. Sobre la enorme riqueza y variedad de recursos naturales en la vasta región que abarca el Plan, el Instituto de Investigaciones económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México ha emprendido estudios hasta donde es posible exhaustivos, que esperamos conocer en breve tiempo.

Segundo.- Como la intensa promoción del desarrollo requiere grandes inversiones de capital para hacerla viable, sus promotores señalan dos fuentes vinculadas con dos aspectos del problema. Habría disponibilidades gubernamentales en lo relativo a la infraestructura –carreteras, ferrocarriles, aeropuertos, irrigación, puertos de altura y cabotaje, etc.-, y capitales privados para fundar y multiplicar los negocios y operaciones financieras que oxigenen la explotación de abundantes riquezas naturales. Esto aparece de manera expresa en los documentos mencionados y en forma más detallada en análisis financieros del programa, cuestiones estas ineludibles que inducen algunas reflexiones.

Los gastos gubernamentales en infraestructura y publicidad para atraer riqueza privada saldrán de los ingresos fiscales del Estado y de créditos que se obtengan a través de negociaciones con bancos multilaterales y privados, aumentándose naturalmente el tamaño de las deudas gubernamentales que de un modo o de otro se solventan con los tributos ciudadanos. Es decir, el enorme volumen de eos gastos se nutrirá en las haciendas públicas, muy probablemente angostando programas sociales, aumentando los impuestos y difiriendo la satisfacción de demandas vitales en países muy pobres del área mesoamericana. Nada de esto e dicen en los textos oficiales del Plan.

Tercero.- En los documentos respectivos no se niega que la integración de la zona Puebla-Panamá sea parte de la internacionalización económica que se viene registrando en América, Europa y Asia. El Plan Puebla-Panamá sería, en este sentido, un pionero de la integración latinoamericana y de la integración posterior de Centroamérica y Sudamérica con Norteamérica. El Tío Sam está haciendo ahora gestiones para adelantar y poner en marcha la comunidad prevista en la ALCA.

Cuarto.- El Grupo Técnico Institucional para el Plan Puebla-Panamá, sugiere una organización administrativa que ponga en marcha las iniciativas que configuran el Plan, organización aprobada e lo fundamental. Habría una instancia central, la Comisión Ejecutiva del Plan Puebla-Panamá, encargada de vigilar su marcha, evaluar el avance de los proyectos y decidir sobre los asuntos importantes del desarrollo, reportando a los Presidentes de la región las negociaciones que se lleven a cabo. También se sugieren comisiones especializadas en cada una de las iniciativas del Plan, que informarán a la Ejecutiva los resultados obtenidos en sus ramos. Por último, el Grupo Técnico Interinstitucional asesoraría y apoyaría el trabajo de las comisiones y atendería las solicitudes expresas de los comisionados presidenciales, sin perjuicio de incorporar mecanismos de consulta y seguimiento como sistemas de gestión, divulgación y consulta. Como ya se indicó antes, en el Grupo Técnico Institucional están aparte del Banco Centroamericano de Integración Económica, los bancos regionales y multilaterales que desde su creación intervienen en nuestros países. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional fueron acordados en la Conferencia de Bretón Woods (1944) y el Banco Interamericano de Desarrollo nació en 1959, año victorioso de las guerrillas de Fidel Castro en la patria de José Martí.

Con el perfil del Plan Puebla-Panamá trazado con sus características fundamentales, vuelve de inmediato la pregunta que se planteó con anterioridad, ¿acaso el Plan Puebla-Panamá y los próximos convenios de la ALCA podrían escapar al régimen hegemónico del capitalismo trasnacional, representado por la alta burocracia de los Estados Unidos de Norteamérica, y consecuentemente a los imperativos del Consenso de Washington? No hay ningún indicio en el pasado y en el presente que nos permita sugerir que en el futuro inmediato y mediato la naturaleza del capitalismo cambiará su lógica de ganancias y acumulación, porque es indudable que la desaparición de estos elementos resultaría en el instantáneo ocaso del capitalismo, y esto no va a suceder por el montaje del Plan Puebla-Panamá. Y una cosa más no difícil de decir. Al imaginar cascadas de dinero hacia Puebla-Panamá y sus fuentes brotantes –los caudales de los gobiernos y bancos regionales y mundial junto con los superempresarios y socios locales-, alimentando los recursos naturales y humanos de las zonas del Plan, sería imposible desvincular del Consenso de Washington, y la resultante es previsible. La economía animada por esas inversiones se enmarcaría en los criterios de libre comercio, afluencia directa del capital extranjero e integración del Plan con la ALCA y el Tratado de Libre Comercio en Norteamérica, gestándose prosperidad para las clases prósperas y empobrecimiento de las pobres, por virtud de la superexplotación que en todo caso sella la vinculación del capitalismo metropolitano y el capitalismo dependiente y propio del subdesarrollo 2 . Las grandes inversiones privadas y públicas en infraestructura y empresas que se prevén para el desarrollo Puebla-Panamá, primordialmente buscarán aumentar sus excedentes, crecer y acumular riqueza, y no favorecer el bien común más allá de la conversión del hombre en capital humano, o sea en instrumento cualificado en la producción y circulación de los bienes. Encontrar al hombre en la idea de capital humano es deshumanizarlo, o sea cosificarlo. Por otra parte, no es la primera vez que gobiernos o elites del dinero piensan en la explotación de la riqueza de Centro América y el Sureste mexicano. Aparte de la referencia que hace a los trabajos de Dávila, Kessel y Levy recogidos en El Sur También Existe, Un Ensayo sobre desarrollo Regional en México (2000), José Gazca Zamora en su artículo Plan Puebla-Panamá: ¿Una oportunidad de desarrollo para las regiones marginadas? 3 , relaciona los programas que se han formulado o iniciado en el Sureste, con resultados anémicos, haciendo notar en sus conclusiones la contradicción que existe entre la nacionalidad global que maneja el capital internacional y la racionalidad local no necesariamente armonizada con la primera.

El colofón salta a la vista. En la medida en que el Plan Puebla-Panamá está sujeto en lo económico y en lo político a la hegemonía del capitalismo trasnacional que se cobija en el poder del gobierno norteamericano, el Plan no connota un camino para el desarrollo de los pueblos del Sureste mexicano y de Centroamérica. Por el contrario, la infraestructura que se construya menguará los recursos hacendarios en el área de la política social, y la masiva inversión que requiere el laboreo de los abundantes recursos naturales de la región, sujetos por su naturaleza a la necesidad ineludible de generar excedentes que garanticen su reproducción, operará en el sentido de acrecentar la riqueza de los negociantes con las plusvalías que generen los obreros, las clases medias y los campesinos. Con literaturas exuberantes, autores y defensores del Plan, prometen elevar el patrimonio de los pueblos y apuntalar su desarrollo material y espiritual, pero la verdad que acredita la historia es distinta. La lógica del capitalismo multinacional impone la transferencia de la fortuna nacional a las arcas extranjeras al tomarse los recursos locales y hacer de sus ciudadanos simples instrumentos de la producción y la productividad. En el caso de México, anota Gastón García Cantú, “la experiencia del pasado demuestra, ampliamente el significado de la asociación libre en la constitución del porfiriato; como este gobierno fue, de hecho, el modelo latinoamericano de una semicolonia: exportación de materias primas para la industria, apropiación de las regiones agrícolas más ricas del país, dependencia comercial, descapitalización creciente, organización de un vasto sistema represivo, dictadura política y abatimiento de las fuerzas creadoras de la población”4 . Las cosas no han cambiado mucho. A la exportación de materias primas se ha agregado un amplio tejido de maquiladoras que trabajan para surtir las necesidades de la industria foránea, con base en la energía de obreros mal pagados y poco protegidos. Continúa la apropiación de regiones agrícolas ricas, muy acentuadamente desde que en forma ilegal se modificó el artículo 27 constitucional y se autorizó la intervención empresarial en ejidos y parvifundios. La dependencia comercial es obvia: la quiebra de la industria nacional es uno de los factores que contribuyen a generalizar y acentuar nuestra sujeción comercial a la importación. Igual que antes, México padece una fuerte represión y una constante decisión política ajena a las demandas de la población. Nada ha cambiado porque la dependencia es hoy mayor que ayer, y esta dependencia contaminará las actividades mesoamericanas que cobija el Plan Puebla-Panamá.

¿Qué podríamos agregar sobre las implicaciones militares del Plan Puebla-Panamá? En lo que está a nuestro alcance vale una breve prognosis. El abuso en el tratamiento de los pueblos inducirá protestas, movimientos de resistencia, disensiones ideológicas y políticas, huelgas, exigencias en el mejoramiento de las condiciones del trabajo y un ascendente rechazo a las estructuras de dominio del gran capital. Para enfrentar el repudio, las autoridades locales con el apoyo y dirección del extranjero, replicarán los diversos arquetipos de la guerra de baja intensidad que se han montado en el pasado y en el presente con el objeto de abatir la justa oposición de las familias, sin perjuicio de metamorfosear esta guerra soterrada en acciones bélicas abiertas si tales medidas se hacen necesarias, a juicio del señorío metropolitano.

Nada de lo que ocurre y de lo que pueda suceder en el futuro es tranquilizador, aunque no debe olvidarse jamás que el hombre, sumando en su conciencia los valores de verdad y bien, puede contribuir en la historia a que los ideales de una colectividad justa y alegre dejen de ser ideales y se conviertan en realidades concretas, cotidianas para todas y cada una de las familias, sin excepción alguna, así lo sintieron y pensaron héroes tan grandes como los egregios poblanos Aquiles y Carmen Serdán y el eminente comiteco Belisario Domínguez. Su memoria multiplica el valor y las esperanzas en el corazón de los mexicanos de hoy.

Conferencia del autor, pronunciada en el Salón de Proyecciones del Colegio Carolino, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, a las 17.00 horas, del 25 de julio de 2002.

1 John Williamson, Wat Washington Means by Police Reform: How Mucho Has Happened?, Washington, 1990.

2 Theotonio Dos Santos, Socialismo o Fascismo, Buenos Aires, 1972.

3 Revista Diversa, México, diciembre 2001-4.

4 Gastón García Cantú, Las invasiones norteamericanas en México, Era, México, 1971.





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