Página principal

Pierre guichou


Descargar 2.25 Mb.
Página8/123
Fecha de conversión23.09.2016
Tamaño2.25 Mb.
1   ...   4   5   6   7   8   9   10   11   ...   123

SALMO 8

Domine, Dominus noster

Gloria a Dios, Señor del mundo, que se ha dignado

asociar al hombre a su dominio

La parte central del salmo, precedida o seguida de un estribillo o antífona que hacen de él un canto común de alabanza, es una meditación personal sobre la poderosa majestad de Dios creador y sobre la solicitud y bondad admirables que tiene por el hombre.

2a-10. La antífona, dirigida a Yavé, aclama su poder re­flejado en el universo entero: "Cuan magnífico es tu nombre en toda la tierra". El "nombre" es para los judíos la "natura­leza, el ser, la persona". El versículo, pues, significa: "qué sublime, qué grande y poderoso te manifiestas en el universo y a través de él". La imponente grandeza del universo revela la majestad de su creador.

2b-3. Pasaje difícil, acaso mal conservado o corrompido al añadírsele la antífona inicial. A pesar de su trascendencia, este Dios majestuoso se deja alabar por los niños, aun los recién nacidos, pero se mantiene fuera del alcance de sus enemigos, como en un refugio inaccesible.

4-5. Dios se preocupa especialísimamente del hombre, más aún que de los astros, joyas innumerables y maravillosas que sus dedos pulen y fijan en el cielo. ¿Cuál es pues el mis­terio que lleva en sí este ser frágil y efímero, para ser objeto de este favor indecible? ¿Qué es el hombre?

6-9. En virtud de su creación el hombre es apenas infe­rior a aquellos dioses de las leyendas orientales paganas, o, según la tradición griega de los LXX, está cerca de los ángeles, los seres espirituales que forman la corte celeste de Dios. El soplo que Dios le ha infundido (Gen 2, 7) es una chispa de la gloria, del esplendor y del poder que dimanan de Dios mismo, y que lo introducen en la esfera divina: por su vida profunda, por su espíritu el hombre trasciende el mundo ma­terial. Después de haberlo asociado a su ser divino lógicamen­te Dios le asocia a su obrar, a su actividad divina en el gobier­no del universo: al darle el alma espiritual Dios hace al hombre dueño y gerente del universo, aun de los elementos que disponen de una fuerza superior a la suya: "Procread y multiplicaos, y henchid la tierra; sometedla y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre los ganados y sobre todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra" (Gen 1, 28, 9, 7).



Himno al Padre que asocia

Al Hijo del hombre a su dominio

Nadie mejor que Cristo podía apropiarse las palabras del salmo. En efecto, al aplicarse, durante su entrada en Jerusalén, (Mt 21, 15-17) las primeras palabras de este salmo, invitaba implícitamente a los judíos a considerar todo el salmo como re­firiéndose a él. Esta aplicación vuelve a hacerla Pablo (1 Cor 15, 27; Ef 1, 22) y el autor de la carta a los hebreos (Heb_2,6-9).

2a-10. Jesús llama a su Padre Señor del cielo y de la tie­rra (Mt 11, 25). Por su inteligencia natural y sus luces sobre­naturales, Jesús descubre en todas partes la presencia y la actividad de su Padre; descubre signos manifiestos de sus per­fecciones en todas las realidades, por modestas que sean, hasta en el alimento de los pájaros y en el vestido de las modestas flores del campo: "¡Mirad cómo las aves del cielo no siembran... y vuestro Padre celestial las alimenta!... Mirad a los lirios del campo cómo crecen... ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana es arrojada al fuego, Dios así la viste..." (Mt 6, 26-30). En estos ejemplos escogidos al azar, vemos que para Jesús todo en el mundo es una muestra de la bondad y del poder de Dios. Con qué ardor no debió de cantar:

¡Cuan magnífico es tu nombre en toda la tierra!

¡Qué grande (admirable) eres en toda la tierra!
2b-3. El canto mudo de la creación (Sal 18, 2-5) no llega en importancia al canto humano, especialmente a la alabanza pura de los niños y de los que se les asemejara alabanza de una sinceridad y de un entusiasmo sin sombras. A los judíos, indignados por las aclamaciones de un grupo de niños en el templo, Jesús les responde con las palabras de este salmo: "De la boca de los niños y de los que maman has hecho brotar la alabanza" (Mt 21, 15-17). Por el contrario, Dios es inaccesible para los orgullosos: "Dispersó a los que se engríen con los pensamientos de su corazón, derribó a los potentados de sus tronos" (Lc 1, 51-52). Con un temblor de gozo espiritual ante los planes de Dios, Jesús exclama un día: "Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y discretos y las revelaste a los pequeñuelos (Mt 11, 25).

4-5. La carta a los hebreos aplica explícitamente todo el pasaje a Jesús y equivalentemente es aplicado por 1 Cor 15, 27 y Ef 1, 22. Al usar en su propio favor el pasaje anterior, Jesús invita discretamente a los judíos a aplicarle todo el sal­mo, especialmente esta segunda parte. Además, al hablar a sus enemigos de la glorificación del Hijo del hombre, Jesús hace alusión al versículo "lo has coronado de gloria y de honor", y ellos lo entienden, tal como se deduce de su pregunta toma­da también de este pasaje: "¿Quién es este Hijo del hombre?" (Jn 12, 23-24).

Cristo es auténticamente el hombre (Jn 19, 5), el Hijo del hombre, el hijo de Adán (Lc 3, 38), insignificante en compara­ción con el universo, pero objeto de una especial solicitud del Padre, que le da toda su gracia (Lc 3, 22) y la asistencia de más de doce legiones de ángeles si fuera preciso (Mt 26, 53).

6. Adán, apenas inferior a los dioses paganos o a los án­geles, había recibido una chispa de la gloria divina. Cristo, segundo Adán, reducido por Dios transitoriamente y por su libre elección a la condición débil y mortal de los hombres pecadores (Fil 2, 6-8; Heb 2, 9; 10-18), ha merecido por su obediencia suprema ser coronado de gloria y esplendor divi­nos, ser penetrado y transfigurado totalmente por esta gloria divina (Fil 2, 9-11; Heb 2, 7-9). "Vemos al que Dios hizo un poco menos que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y honor por haber padecido la muerte" (Heb_2, 9). Cristo resucitado es el esplendor de la gloria divina (Heb 1, 3), la imagen perfecta del Dios invisible, el primogénito auténtico de toda creatura, muy superior al primer Adán (Col 1, 15).

7-9. Cristo resucitado, perfecto y último Adán (1 Cor 15, 45), que participa de la gloria divina, participa plenamente del dominio divino sobre todo el universo regenerado, material y espiritual (Ef 1, 10; Apoc 5, 9; Col 2, 15; Heb 5-14). Co­mentando el v. 7 el autor de la carta a los hebreos declara: "Pues al decir que "se lo sometió todo" es que no dejó nada que no se le sometiera. Al presente no vemos aún que todo le esté sometido" (Heb 2, 8). Le será sometido todo cuando haya vencido a su último enemigo, la muerte, en la resurrec­ción final: "Cuando le queden todas las cosas sometidas, en­tonces el mismo Hijo se sujetará a quien a él todo lo sometió, para que sea Dios todo en todas las cosas”(1 Cor 15, 28).
Que es el Hijo del hombre?

Le has coronado de gloria y honor.

Le diste el señorío sobre las obras de tus manos...

Himno de los cristianos al Padre

que los asocia al dominio de Cristo

Nosotros, en cuanto hombres, podemos apropiarnos este himno para agradecer al creador el habernos dado gratuita­mente superioridad y supremacía naturales sobre el mundo en­tero. Como cristianos debemos cantarlo para agradecer al Padre el habernos hecho participar de la superioridad y supremacía naturales de Cristo que se ha dignado extender a nosotros sus privilegios de verdadero y perfecto Adán.

Cristo, en efecto, nos da a sus discípulos el poder de des­pojarnos de las señales de Adán pecador para revestirnos del nuevo Adán, el hombre nuevo con todos sus privilegios: "Des­pojaos del hombre viejo con todas sus obras y vestíos del nuevo que sin cesar se renueva para lograr el perfecto conoci­miento según la imagen de su creador... Cristo lo es todo en todos" (Col 3, 9-11).

"Vestíos del hombre nuevo, creado según Dios en justicia y santidad verdaderas" (Ef 4, 24). Por esto, nosotros participamos ya desde aquí abajo de la gloria divina: "Yo les he comu­nicado la gloria que tú me has dado" (Jn 17, 22).

En el cielo Dios se propone coronar a su Iglesia de gloria y de esplendor divinos: "Me mostró la ciudad santa... que tenía la gloria de Dios... Su brillo era semejante a la piedra más preciosa" (Apoc 21, 10-11).

Con su gloria Jesús nos comunica su poder sobre el mun­do, como lo anuncia a sus apóstoles: "En verdad os digo que vosotros, los que me habéis seguido, en la regeneración, cuan­do el Hijo del hombre se siente sobre el trono de su gloria, os sentaréis también vosotros sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel" (Mt 19, 28; Apoc 20, 24). Unidos a Cristo, en la tierra por la gracia y en el cielo por la gloria, te­nemos poder para gobernar al nuevo Israel, la Iglesia, colabo­rando con ello a regir el mundo entero, hasta el punto de llegar a poder regir a los mismos ángeles como lo dice san Pablo a los corintios: "¿Acaso no sabéis que los santos han de juzgar al mundo?... No sabéis que hemos de juzgar aun a los ánge­les?" (1 Cor 6, 2-3).

¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes?

¡Le has hecho un poco menos que un dios!


1   ...   4   5   6   7   8   9   10   11   ...   123


La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje