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Philip k. Dick


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Tiempo de Marte

PHILIP K. DICK

Título original: Martian Time-Slip

Autor: Philip K. Dick

Traducción: F. Sesen

Portada: Enrich

Printed in Spain - Impreso en España

Depósito legal: B-23082

Distribuidor Exclusivo para España y Exterior

Organización Distribuidora ibérica - ODI


Amaro García, 15 - Madrid (5)

Industrias Gráficas Miralles - Torns, 2 - Barcelona - 14.



Índice


Índice 3

TIEMPO DE MARTE 4

Introducción 5

CAPÍTULO I 11

CAPÍTULO II 18

CAPÍTULO III 29

CAPÍTULO IV 40

CAPÍTULO V 50

CAPÍTULO VI 61

CAPÍTULO VII 71

CAPÍTULO VIII 81

CAPÍTULO IX 89

CAPÍTULO X 98

CAPÍTULO XI 109

CAPÍTULO XII 119

CAPÍTULO XIII 130

CAPÍTULO XIV 140

CAPÍTULO XV 147

CAPÍTULO XVI 156



PORQUE EN MARTE EL AGUA ES MUY ESCASA...


El sindicato de fontaneros es inmensamente poderoso. Su presidente, Buenmiembro Arnie Kott, es duro, sentimental, corrompido, supersticioso y un tirano. Participa en casi todos los tinglados comerciales del planeta y no quiere permitir que nadie —incluyendo en este nadie a las NU— le prive de su derecho de explotar a sus paisanos americanos y a los nativos marcianos por igual.

Nada puede detener a Arnie Kott en su tarea de despojar al planeta y a sus habitantes en beneficio propio... hasta que se ve atrapado en los enfermizos meandros del cerebro apesadumbrado de un muchacho...


TIEMPO DE MARTE


La novela que describe lo que podría ser un planeta si trasplantáramos a él los prejuicios, las rencillas, las ambiciones de nuestra actual humanidad.

En TIEMPO DE MARTE el argumento tiene ritmo, un ritmo creciente, obsesionante, que se desenvuelve en un «crescendo» alucinante e implacable, hasta un final que el lector agradece como la única liberación posible que pueden lograr los personajes dentro de aquel mundo agobiante y denso en que los metiera su autor. Una gran novela de ciencia-ficción humana para los lectores más sensibles del género.



Introducción

A partir de cierto punto el sendero se nivelaba, ensanchándose. Todo estaba en penumbra. El frío y la humedad traspasaban el ambiente, como si estuvieran atravesando una gran tumba. La vegetación raquítica y perniciosa que nacía en la superficie de las rocas tenía cierto aire de muerte, como si la hubieran envenenado en el momento de crecer. Mas adelante, un pájaro muerto yacía en el sendero, y sus restos putrefactos podían haber estado varias semanas en el lugar; no sabría decirlo. Tenía un aspecto momificado.



CAPÍTULO 15
Arnie Kott está en el camino de regreso de una variante psicótica del pasado reciente.

El escenario es Marte, parcialmente colonizado, y los colonos viven a lo largo del sistema de canales, donde se logra una magra fertilidad.

La tela de araña de la civilización se ha extendido al máximo sobre una absoluta desolación y no existe ninguna garantía de poder mantenerla. Por otra parte, las grandes potencias de la Tierra amenazan constantemente la estabilidad del planeta. Han descuidado a Marte durante muchos años, concentrando grandes sumas de dólares y esfuerzo humano en proseguir sus exploraciones hacia diversos lugares del Sistema Solar; parece llegado el momento en que han decidido intervenir en forma activa en el equilibrio de la colonia.

Detrás de esta trama existe otra, aún más complicada, de las relaciones humanas. Hombres y mujeres, niños, ancianos y pardos —los nativos autóctonos, pero no indígenas de Marte— dependen, aunque a desgana, unos de otros. Cuando el pobre Norbert Steiner se suicida, todo el mundo siente los efectos de su acto.

Detrás de estas dos tramas hay una tercera que se entrevé indirectamente. Es la telaraña que enlaza las cosas buenas y malas del universo. Los despreciados pardos, vacilantes al borde de una mayor sabiduría que el resto de la humanidad, son conscientes de esta trama y de vez en cuando logran torcer alguna hebra en su beneficio, pero están atrapados por ella como los demás.

Todas estas tramas se superponen en varios puntos coordinados, el más notable de los cuales es AM-WEB, una compleja estructura habitacional que posiblemente las Naciones Unidas construirán en cierto tiempo futuro en las Montañas Franklin Delano Roosevelt.

El hijo autista de Steiner, Manfred, es capaz de visualizar la estructura, a la que ve en un estado avanzado de deterioro. En la novela es un símbolo que representa las aspiraciones y fracasos de la humanidad. Cuando quede terminada, la estructura representará un logro importante, lo que no significa que no esté destinada a la ruina final. Parte de esa ruina puede ser decretada por las miserables maniobras políticas y financieras que constituyen uno de los temas menores de esta intrincada novela.
Martian Time-Slip (Tiempo de Marte) surge en uno de los períodos más creativos de Dick. The Man in the High Castle (El hombre en el castillo) se publicó en 1962. The Game Players of Titan salió en 1963, y en 1964 se publicaron The Simulacra, The Penultimate Truth, Clans of the Alphan Moon y el presente tomo. Si bien Dick es un autor prolífico que ha publicado unas quince novelas en treinta años, su ritmo de producción es bastante moderado en comparación con el de muchos escritores del pródigo campo de la ciencia-ficción.

Uno de los atractivos de las novelas de Dick es que todas se interrelacionan en algún punto, si bien Dick nunca repite personajes de libros anteriores. Se trata de una relación más sutil, más similar a una trama. En Clans of the Alphan Moon está formada por «el mundo-araña que hila su tela de determinación para todo lo que es vida». En la presente novela, la manera en que Marte es fragmentado entre diversas nacionalidades nos trae reminiscencias de la fragmentación de la Tierra entre las grandes potencias en The Penultimate Truth y The Game Players of Titan. El reino de Gubble, el horrible mundo corrupto de la esquizofrenia de Manfred, recuerda al mundo de la tumba en que cae John Isidore en Do Androids Dream of Electric Sheep?, o también a uno de los espantosos universos falsos de Palmer Eldritch en The Three Stigmata of Palmer Eldritch. En las primeras páginas de la novela, cuando Jack Bohlen espera la llegada de su padre desde la Tierra se anuncia la inminencia de un cambio y, paradójicamente, el cambio con frecuencia está personificado en alguien o en algo viejo, como Edwin M. Stanton envuelto en periódicos en la parte posterior del Jaguar de Maury Rock en las primeras páginas de We Can Build You. Y así sucesivamente.

Sin embargo, estos bloques narrativos comunes no son intercambiables entre un libro y otro; el caleidoscopio de Dick se agita continuamente y de él emergen incesantemente nuevos colores y diseños siniestros. La fuerza del universo de Dick reside en estos bloques narrativos más que en sus personajes, y aun cuando alguno de ellos tenga un poder especial (como la facultad para ver el futuro de Jones en The World Jones Made), muy raras veces le resulta provechoso personalmente.

Si observamos dos de los más importantes bloques narrativos y comprendemos cómo dependen uno de otro para mayor efecto, habremos estado muy cerca de comprender un aspecto del pensamiento de Dick. Estos bloques son la Ansiedad-por-la-Realidad y el Compromiso-con-el-Pasado.

La mayor parte de los temas característicos de la ciencia-ficción es materialista; solo el tema de la ansiedad por la realidad representa una especulación metafísica, y este es un tema que Dick ha hecho suyo. Entre sus cuentos de más temprana publicación se encuentra Imposter (1953), en el que un robot cree ser hombre. La intriga es tan perfecta que ni él es capaz de detectar la verdad, hasta que una bomba que lleva dentro de sí se activa a causa de una frase pronunciada por él mismo.

Más adelante los personajes de Dick se encuentran con frecuencia atrapados por alucinaciones o mundos ficticios de diversa índole, a menudo sin saberlo, o si lo saben, sin la posibilidad de hacer nada al respecto. En El hombre en el castillo el mundo que conocemos —en el que los Aliados ganaron la Segunda Guerra Mundial y los poderes del Eje la perdieron— se reduce a un mundo hipotético que sólo existe en una novela titulada La langosta se ha posado, que los japoneses y alemanes triunfantes han prohibido.

Y no solamente hay mundos ficticios; objetos, animales y personas pueden también ser irreales de diversas maneras. La impostura abunda en las novelas de Dick, desde reproducciones de revólveres enterrados en las rocas en The Penultimate Truth que más tarde son usados, convirtiéndose por lo tanto en imitaciones verdaderas, hasta el sapo que apenas se distingue del verdadero en Do Androids Dream of Electric Sheep?, y los androides que imitan a los humanos en la misma novela. Las cosas muchas veces contestan a las personas. Hay puertas que discuten, paquetes de medicinas que protegen; al final de Now Wait for Last Year, el taxi aconseja al doctor Eric Sweetscent que se quede al lado de su esposa enferma. Hay, además, un verdadero despliegue de toda clase de drogas que conducen a universos imaginarios, como la dañina Can-D y el Chew-Z, que en The Three Stigmata of Palmer Eldritch usan los colonos de Marte, o la JJ-180 cuyo empleo está prohibido en la Tierra en Now Wait for Next Year.

En la novela que nos ocupa, los colonos de Marte sólo usan drogas que están a nuestro alcance, aunque ellos lo hacen en forma más generalizada. Ya en la primera escena encontramos a Silvia Bohlen dopada con fenobarbital. En este caso, el tema de la preocupación por la realidad se elabora a través de la fractura del tiempo del título, y a través de Manfred el niño autista.

Manfred cae en poder de Arnie Kott, Presidente del Gremio de Fontaneros que, debido a la escasez de agua, disfruta de una supremacía especial en Marte (típico ejemplo de la imaginación de Dick). Arnie se preocupa mucho y en una ocasión le pregunta a su sirviente pardo si alguna vez ha sido psicoanalizado.
—No, señor. Toda la cuestión del psicoanálisis es una tontería jactanciosa.

—¿Qué estás diciendo, Helio?

—Lo más importante, y a lo que nunca prestan atención, es cómo transformar a una persona enferma, en base a qué proceder para remodelarla. No hay un cómo ni un porqué, señor.

—No te entiendo, Helio.

—Si desconocemos el propósito de la vida, si la verdadera manera de ser está oculta a los ojos de los seres vivos, ¿quién puede decir que los esquizofrénicos no están en lo cierto? Créame, señor, emprenden un viaje muy arriesgado; vuelven la espalda a las meras cosas que usamos con fines prácticos. En cambio, vuelven hacia adentro en busca del sentido. Se enfrentan con el pozo, la negra noche sin fondo...

CAPÍTULO 6
Hay, naturalmente, muchas maneras de caer en el pozo, una de las cuales es estar demasiado envuelto en el pasado. En una entrevista con Philip Purser, que fue publicada, Dick reconoce que siente una fascinación por el pasado y cita al efecto unos versos de Henry Vaughan:
«Some men a forward motion love but I by backward steps would move...»*.
Mientras afirma encontrar placer en la hojarasca del pasado, Dick agrega: «Pero asimismo soy consciente de sus nefastas posibilidades. También a Ray Bradbury le apasiona la década de 1930 y creo que la falsifica y adorna un poco...».

(Revista Daily Telegraph, 19 de julio 1974)

Arnie Kott siente una simple fascinación por objetos del pasado —posee el único clavicordio que hay en Marte—. De la misma forma, en El hombre en el Castillo cambiar relojes Ratón Mickey e historietas Tip Top a los victoriosos Japoneses es algo completamente inocuo. Los problemas comienzan cuando la obsesión con el pasado y toda su parafernalia se convierte en una pesadilla, como Wash 35 de Virgil Ackerman, un enorme país de infantes regresivos que aparece en Now Wait for Last Year.

Y aquí es, justamente, donde Dick se aleja de Ray Bradbury y de muchos otros escritores, tanto dentro como fuera de la ciencia-ficción. Si bien ve muy poca seguridad en el futuro, el pasado es más corruptor, y de una forma más insidiosa. El pasado de Manfred es tan espantoso que es posible morirse en él. Una de las ideas más notables de Dick es considerar al pasado como algo regresivo. Se trata de la «regresión de las formas» que tiene lugar en Ubik, una magnífica novela, aunque con ciertos fallos, en la que los personajes tratan de avanzar en un mundo que se transforma gradualmente en algo más primitivo, de modo que un avión moderno se transforma en un Ford trimotor y luego en un biplano Curtis, mientras que el sintonizador de frecuencia modulada múltiple retrocederá hasta un fonógrafo y un cilindro que transmite un recitado, a gritos, del Credo.

En Tiempo de Marte existe con el pasado un compromiso que es general, además de estar particularizado en la enfermedad de Manfred. El mismo Marte está considerado por la Tierra como «algo que ha sido» y está dividido en comunidades sacadas del pasado, basadas en versiones primitivas de la historia terrestre. Esto hace particularmente difícil escapar a la condenación.

Con un pasado tan corrupto, un presente tan incierto y un futuro tan amenazador, bien podemos preguntarnos si existe alguna salida. El secreto para sobrevivir en el universo de Dick no es intentar escapar a cualquier versión alternativa de la realidad sino solucionar los problemas lo mejor posible; de esa manera se podrá al menos salir del paso, aunque sin llegar al triunfo. El personaje más favorecido en Tiempo de Marte es Jack Bohlen, y al final le encontramos reunido con su mujer, en un oscuro jardín, alumbrando las tinieblas con una antorcha para buscar a alguien. Su voz es segura, competente y perseverante, virtudes muy exaltadas estas, en la teología dickiana. Es muy significativo que Jack sea un mecánico en reparaciones (un idiota que puede arreglar cosas, según Kott), un trabajo con muchas posibilidades de supervivencia, puesto que ayuda a mantener el statu-quo. En otras novelas existen supervivientes semejantes: curanderos, negociantes, médicos, fabricantes de instrumentos musicales y eliminadores de androides (los androides amenazan el statu-quo).

Los personajes que sobreviven cuentan, por lo general, con la ayuda de un sistema de conocimiento que implica fe, sistema que muy raras veces es científico, y más probablemente antiguo. En Tiempo de Marte es la comprensión paranormal, nunca específicamente formulada, que poseen los pardos; así, Bohlen, sin comprenderla, siente respeto por esa vaga fe escatológica mientras que Kott la desprecia.

En el Hombre en el castillo, el I Ching o Libro de las mutaciones cumple una función similar, mientras que en Counter-Clock World Lotta Hermes consulta la Biblia al azar y puede predecir el futuro con alarmante exactitud. En ambas obras maestras de la primera época de Dick, Tiempo de Marte y El hombre en el castillo, el elemento religioso, presentado como algo frágil, poco fiable y que se entrevé con dolor, está muy bien integrado dentro de la textura de la novela.

La próxima gran novela de Dick, The Three Stigmata of Palmer Eldritch fue escrita poco después de Tiempo de Marte y ambas están íntimamente ligadas, no sólo porque en ambas se usa Marte como escenario. Considero que Eldritch es una obra con fallos, supercomplicada, que por último se desvanece en una nube de cuasiteología, mientras que Tiempo de Marte se caracteriza por una buena dosis de calma y lucidez. Asimismo, en Eldritch encontramos una antigua y poco confiable estructura de fe, personificada en esta caso en la feroz entidad extraña que se fusiona con el ser de Eldritch.
Nuestro antagonista, algo feo sin lugar a dudas y alienado, que invadió a uno de nuestra raza como una enfermedad durante el largo viaje entre la Tierra y Próxima... y sin embargo, sabía mucho más que yo en cuanto al sentido de nuestras vidas finitas aquí, pues lo veía en perspectiva. De sus siglos de largo flotar en vano como esperando que pasara alguna forma de vida que pudiera tomar y convertirse... tal vez eso es lo que está en la fuente de su sabiduría, no la experiencia sino una interminable melancolía solitaria.

CAPÍTULO 12
Así medita Barney Mayerson. Jack Bohlen necesita desesperadamente un acto de fusión; está separado de su mujer, vendido por su primer patrón y amenazado por el segundo, e invadido por la esquizofrenia del niño a quien brinda su amistad. En esta enfermedad, tan terriblemente descrita en el libro, reconoce al enemigo definitivo. De este enemigo definitivo procede la fractura del tiempo del título y ese párrafo admirable que parece condensar en mucho el significado del libro y, por cierto, de la obra de Dick en general, cuando Bohlen descifra lo que significa la enfermedad mental de Manfred.
«Es un detenerse del tiempo. El fin de la experiencia, de todo lo nuevo. Después que la persona se convierte en psicótica, nada más vuelve a sucederle».
Los seres de Dick se mueven dentro de este circulo maldito, del que tienen que escapar, aunque. Casi todo cambio es para peor. Extasis significa muerte, si no la verdadera, por lo menos la espiritual.

Cualquier discusión de la obra de Dick nos hace pensar en un mundo apabullante y triste; así puede parecer en la superficie. Sin embargo, debe decirse también que Dick es humorístico y que en él se funden el terror y el humor. Esta rara cualidad es la que destaca a Dick, y por eso los críticos, al tratar de describir su sabor esencial, piensan en los nombres de Dickens y Kafka, antiguos maestros de la comedia de horror.



Tiempo de Marte está llena de encantadores efectos cómicos, como por ejemplo el modo en que Steiner y el libidinoso Otto Zitte embarcan ilegalmente alimentos para gourmets desde la Tierra en cohetes suizos autodirigidos. La predilección de Dick por entidades y títulos descabellados se pone de manifiesto sobre todo en la Escuela Pública surrealista en la que el emperador Tiberio, Sir Francis Drake, Mark Twain y otros personajes famosos hablan a los niños. Debajo de este humor bonachón yace una capa de humor más negro. El terrible y fatal error de Arnie Kott al creer que la realidad es meramente otra versión del pasado esquizoide, es también parte de la comedia de errores que hace bailar a los personajes de Dick.

La obra tiene más similitud con Dickens que con Kafka. Al igual que el primero, Dick se inclina por una novela de complicado argumento. Lo que la metáfora legal significa en Bleak House, el mundo-prisión en Little Dorrit, el cúmulo de polvo en Our Mutual Friend, la riqueza dudosa en Great Expectations, es Marte en Tiempo de Marte. Está descrito con trazos vivos y precisos, no es el Marte de Edgar Rice Burroughs —una feria de aventuras—, ni el de Ray Bradbury —un paralelo con la prístina América—: aquí está empleado en una forma muy hábil y elegante, como metáfora de pobreza espiritual. Al funcionar como un escape de la realidad, tiene mucho en común con los escenarios semi-alegóricos y semi-surrealistas empleados por Kafka para realzar su comedia negra (Mientras contempla su casa, al borde del escuálido desierto marciano, Bohlen sonríe y dice: «Este es el sueño de un millón de años, estar aquí para ver esto»).

La unión de Dick, si así pudiera llamarse, con escritores tales como Dickens, crea una instantánea compatibilidad con el lector inglés y europeo. Es posible que esta cualidad le haya valido la reputación que goza de este lado del Atlántico antes de que sus virtudes fueran reconocidas en su propio país.
Tal vez se me permita agregar que me siento particularmente deleitado al ver esta novela agregada a las crecientes listas de títulos de Master Series*. La leí hace diez años en la edición Ballantine y la admiré intensamente, además de recomendarla a varias editoriales inglesas en los años siguientes. Algunos opinaban que era un poco «avanzada» para el mercado inglés, además de que tenía ciertas dificultades contractuales. Un admirador del libro fue Mr. Ronald Whiting, que en ese momento estaba estableciendo su propia editorial, pero se le opusieron varias circunstancias desgraciadas y su firma quebró antes de que pudiera publicar Tiempo de Marte.

Desde entonces Tiempo de Marte ha estado flotando en un limbo propio, en el cementerio de lo que no se publica sin que nada más vuelva a sucederle. Esta edición señala su primera publicación inglesa, un tanto retrasada tal vez —en vista de la creciente reputación de Dick como maestro de la ciencia-ficción—, pero no por eso menos oportuna.



Brian W. Aldiss, 1976
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