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Personajes mitológicos


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Mitología


Los mitos mantienen una relación directa con las maneras de obrar, pensar y sentir, que constituyen la herencia común de una sociedad determinada; la herencia que, a través de los tiempos, transmite de generación en generación los signos distintivos y las singularidades.

La existencia de los mitos va ligada, entre otros, a factores de antigüedad y tradición los cuales, por sí solos, permiten deducir la importancia que la mitología vasca tiene desde la perspectiva histórica y cultural para un pueblo peculiar que, siendo el más antiguo de Europa, busca afanosamente en sus raíces las claves de la propia identidad.

José Miguel Barandiaran recuerda que: "en las recopilaciones de mitos de diversos pueblos ibéricos, gálicos, latinos y nórdicos hallaremos noticias que nos recuerdan no pocas de nuestras leyendas y o relatos populares". Pero, "esto no ensombrece la originalidad de la mitología vasca. No olvidemos que la originalidad no consiste precisamente en que uno extraiga algo de su propia sustancia, sino en imprimir a las cosas comunes su marca individual". (OO.CC; t, I,p.14).

Personajes mitológicos

Mari


Mari es un númen de sexo femenino, que ocupa moradas subterráneas, dotado de funciones peculiares, tanto propias como de otros personajes míticos de Euskal Herria. Es considerada como jefe de los demás genios o númenes subterráneos. Así, pues, la Tierra que es madre del Sol y de la Luna y visitada por éstos todos los días, es también morada de Mari y de numerosos genios asociados a ella.

Mari se presenta muchas veces en forma de señora elegantemente ataviada, como se nos dice en relatos de Durango, en los que aparece, además, sosteniendo en sus manos un palacio de oro. Como mujer bien vestida es representada también en los relatos de Elosua, de Begoña, de Azpeitia, de Errenteria, de Ascain y de Leskun. En esta última localidad dicen que ella se presenta vestida con saya roja

Mari aparece también en forma de una señora sentada en un carro que cruza los aires tirado por cuatro caballos (Amezketa). También en figura de mujer que despide llamas ha sido vista en Zaldibia; como mujer que despide llamas que, tendida horizontalmente en el aire, cruza el espacio (en Bedoña); que despide fuego y que, unas veces, arrastra una barredera y, en otras, unas cadenas (según el ruido que le acompaña) (Errezil); señora que va montada en un carnero (Zegama y Oñati); que tiene su cabeza rodeada de luna llena (Azkoitia); mujer que tiene pies de ave (Garagartza); de figura de macho cabrío (Baztan); de la de caballo, según leyendas de Arano.

A pesar de la variedad de formas que los relatos populares atribuyen a Mari, todos convienen en que ésta es un genio de género femenino. Mari toma generalmente figuras zoomórficas en sus moradas subterráneas y forma de mujer en la superficie de la tierra y de mujer o de una hoz de fuego cuando atraviesa los aires.

Las figuras de animales, como la de toro, de macho cabrío, de novillo rojo, de caballo, de serpiente, de buitre, etc., a que hacen referencia las narraciones relativas al mundo subterráneo, representan a Mari y a sus subordinados.

Moradas de Mari

La morada ordinaria de Mari son las regiones situadas en el interior de la Tierra. Pero estas regiones comunican con la superficie terrestre por diversos conductos, que son las cavernas y las simas. Por eso Mari hace sus apariciones en tales lugares con más frecuencia que en otros. Tales lugares son, entre otros, las cuevas y simas de Balzola (Dima), de Anboto, de Atxorrotx (Eskoriatza), de Aketegi, de Gaiztozulo (Aloña), de Lezia (Sara), de Marixilo (Biriatu)...

Mari cambia de morada continuamente. Siete años pasa en Anboto, siete en Oiz y siete en Mugarra. Según creencias de Amezketa, pasa unas temporadas en Aralar, otras en Aizkorri y otras en Murumendi

Familia de Mari

En muchos mitos vascos en considerada Mari como jefe o reina de todos los númenes o genios que pueblan el mundo subterráneo. En una leyenda de Azkoitia se dice que Mari tiene un marido que se llama Maju. Cuando ambos se encuentran, desencadenan una furiosa tormenta con lluvia y predisco. Maju debe de ser el mismo genio o divinidad que en el Goierri guipuzcoano se llama Sugaar, "culebro".

Sugoi es el nombre del "culebro" de la cueva de Balzola (Dima). Es uno de los númenes o genios estrechamente ligados al ciclo de Mari. El significado de su nombre y sus funciones le asimilan a Sugaar o Maju, marido de Mari. Otros aspectos le asimilan a Mikelats y a Atarrabi, hijos de Mari y compañeros de Axular (según relatos de Sara).

Hay relatos en los que son mencionadas dos hijas de Mari; en otras, de sólo una que la acompaña en su morada; en otros, finalmente, se habla de dos hijos: Atarrabi y Mikelats. Atarrabi es el hijo bueno y Mikelats el malo.

Ciertas leyendas presentan a Mari, en sus diversas localizaciones, como si se tratase, no de un solo numen, sino de varias hermanas.


Cautiva de Mari

Además de la innumerable servidumbre de genios que Mari tiene en sus mansiones subterráneas, aparece a veces a su lado una joven cautiva. La cautiva se llama también Mari y fue reducida a tal condición o estado por diversos motivos. Unas veces, en cumplimiento de una promesa o compromiso de su madre. En otras leyendas no aparece el tema de la maldición, ni de la promesa. Mari se apodera simplemente de una niña que se acerca a su caverna.



Atributos y funciones de Mari

Según cuentan en Oñati y Aretxabaleta, cuando Mari se halla en Anboto llueve copiosamente; cuando está en Aloña, hay sequía pertinaz. En Orozko dicen que cuando Mari se halla en Supelaur, se recoge abundante cosecha.

Mari fragua tempestades. En Oiartzun dicen que las forma en Aralar y en Trinidademendi. En Zegama y en otros pueblos del Goierri guipuzcoano se cree que las lanza, bien de la cueva de Aketegi, bien de la de Murumendi. Asimismo, los vientos tempestuosos los suele sacar de un pozo situado junto al puente de Mai-mur según creencias de Leitza. En muchos pueblos de Alava creen que tales vientos vientos y nubes sale de la sima de Okina. En Tolosa dicen que Mari, montada en un carro tirado por caballos, cruza los aires durante las tormentas, dirigiendo las nubes. Sólo el dejarse ver de este numen suele ser señal de próxima tormenta.

Mari premia la fe de quienes creen en ella y atiende a quien acude a ella. Si alguien la llama en tres veces seguidas, diciendo "Aketegiko dama", ésta se coloca sobre la cabeza del invocante, según ha sido dicho corriente en la región de Zegama.



Culto a Mari

El mejor obsequio que se le podía hacer era sin duda llevar a su caverna un carnero. En muchas leyendas aparece este animal como especie predilecta de Mari. La costumbre que hasta hace poco ha sido observada en Ataun y en algunos pueblos de Navarra, de echar piedras a la cavernas diciendo "Au iretzat eta ni Jainkoarentzat" es uno de los ritos de culto a Mari o a otros númenes subterráneos

Lanzar piedras a una charca sagrada es también otro rito: en una que existe cerca del sitio donde, según tradiciones, apareció la Virgen de Ujue o su imagen, echan piedras las mujeres que desean tener hijos, como también lo hacen en otra que existe junto al castillo de Javier.

En otro tiempo, los romeros que iban a los santuarios de Urkiola, de Arantzazu, y de San Miguel de Aralar llevaban piedras y las colocaban en los muros de dichos templos.

La costumbre de depositar monedas en las cuevas como ofrenda dedicada al numen que en ellas habita, estaba muy difundida en tiempos anteriores al cristianismo. Monedas romanas han sido halladas en las cuevas de Isturitz, de Santimamiñe, de Sagastigorri, de Solacueva y de Cavairada, y monedas ibéricas en la de Usategi (Ataun).

En otros sitios se practica también algo parecido, aunque no precisamente en cuevas, sino al aire libre. Así, en la sierra de Aralar, cuando un pastor pierde una oveja, ofrece a San Miguel una limosna en dinero y la deposita encima de la peña llamada "Amabirjiña-arri", situada cerca del prado de Igaratza, junto al camino que sube de Amezketa a dicho paraje.



Programa de vida

Mari quiere que sean respetadas las personas, prescribe la asistencia mutua y el cumplimiento de la palabra empeñada. Condena la mentira, el robo, el orgullo y la jactancia. Los delincuentes son castigados con la privación o pérdida de lo que ha sido objeto de la mentira, el robo, etc.

Ninguno debe penetrar en el albergue de este numen sin ser invitado o autorizado por él, ni apoderarse allí de algún objeto. Mari castiga también las faltas, enviando o causando inquietudes interiores a los delincuentes, apoderándose de algo que pertenece a los culpables.

Mari es el punto de convergencia de diversos temas míticos. Atendiendo a algunos de sus atributos, como el dominio de las fuerzas terrestres y de numerosos genios subterráneos y su identificación con muchos fenómenos y agentes telúricos, se le puede considerar como un símbolo de la madre Tierra.

Algunas de las cuevas donde aparece Mari: Muru, Aketegi, Anboto, Agamunda, Larrunarri, Putterri, Zaldiaran, Lezia, Otsibarre...

Oveja


En la sima de Okina el genio o guardián de la misma aparece en figura de oveja, según cuentan en aquel pueblo. Un vecino de Albaina, por su parte, cuenta la siguiente leyenda:

Un pastor dormía en cierta ocasión a la sombra de unas hayas, mientras sus ovejas se dispersaban por el monte de Okina, costumbre bastante frecuente entre los de su oficio. Cuando empezó a anochecer, las ovejas se retiraron a un abrigo bajo roca, salvo unas pocas.

El pastor fue a buscar las que faltaban, dirigiéndose hacia el lado de donde le parecía que venía un sonido de cencerro. Llegado allí, continuaba oyendo el sonido, pero no veía sus ovejas.

Le parecía que el cencerro estaba debajo de sus pies. Avanzó un poco y cayó en el fondo de la sima de Okina. Allí estaban unas ovejas misteriosas cuyos cencerros sonaban como los de las ovejas del pastor. Este se apuró y se acordó de la Virgen de Arantzazu, a la que pidió que le protegiera. A la mañana siguiente se encontró debajo del campanario de Arantzazu.

De Okina se cuenta también que un joven de aquella localidad se dirigía a Arantzazu y que, al pasar cerca de la sima de aquel pueblo, vio al lado un cordero. Entonces dijo para sus adentros: "a mi regreso me vas a venir bien, si aún continúas ahí". Cuando, al cabo de unos días, volvía de Arantzazu, encontró al cordero en el mismo lugar, cerca de la sima. Trató de apoderarse de él, pero, al tocarlo con la mano, fue empujado con fuerza misteriosa hacia el interior de la cueva por el pequeño animal. No podía separarse de él. Invocó entonces a la Virgen de Arantzazu y al instante se sintió libre, mientras que el cordero desaparecía en el fondo del abismo.

Basajaun


Basajaun es un genio o numen que, en muchos casos, habita en lo más profundo de los bosques o, en otros, en cavernas situadas en lugares altos. Basajaun significa "señor salvaje" y "señor de la selva". Es alto y su cuerpo tiene forma de humano, pero está cubierto de pelo que le llega hasta las rodillas y le cubre la cara, el pecho y el vientre. Uno de sus pies es como el de los hombres, el otro tiene planta circular.

Basajaun es el que protege a los rebaños. Cuando se acerca una tormenta da un grito para avisar a los pastores que retiren su ganado. También evita que el lobo se acerque. Las ovejas anuncian la presencia de Basajaun con una simultánea y colectiva sacudida y con el sonido de sus cencerros. Así, los pastores saben que pueden estar tranquilos, porque esa noche o día, el lobo no irá a molestarlos.

En algunos sitios, Basajaun es representado como un ser maligno, dotado de fuerzas colosales y agilidad extraordinaria.

También algunos relatos populares muestran a Basajaun como el primer agricultor, primer herrero o primer molinero. Los hombres, mediante tretas, obtuvieron de Basajaun la primera semilla de trigo y aprendieron su cultivo. El hombre también le robó el secreto de la fabricación de la sierra, del eje del molino y el del modo de soldar metales.

Los Basajaunes cultivaban trigo en Ataun, en la montaña de Muskia. Un día, un hombre valiente, San Martiniko, fue a visitarles con la intención de quitarles algunas semillas de trigo. Llevaba calzado ancho y retó a los Basajaunes para ver quién atravesaba mejor, de un salto y sin tocar ningún grano, los montones de trigo que tenían en su cueva. Los Basajaunes lo atravesaron fácilmente, pero San Martiniko cayó en medio del montón donde sus abarcas se llenaron de trigo. Luego se despidió y se fue monte abajo. Los Basajaunes se dieron cuenta de que llevaba grano de trigo en su calzado y lanzaron contra él un hacha, su arma arrojadiza, que no alcanzó a Martiniko.

Los hombres ya tenían la semilla de trigo pero no sabían cuando sembrarla. Martiniko volvió a ir a la cueva de los Basajaun y les oyó cantar una canción: "si los hombres supieran esta canción, bien se aprovecharían de ella: al brotar la hoja, siémbrase el maíz; al caer la hoja, siémbrase el trigo; por San Lorenzo, siémbrase el nabo". Después de escuchar eso, San Martiniko sembró las semillas en otoño y en verano obtuvo la primera cosecha de cereal. Y así su cultivo y el uso del pan se extendió por todo el mundo.

Gracias a otra treta, San Martiniko consiguió quitar al Basajaun el secreto de la fabricación de la

sierra. Según cuenta la leyenda ocurrió en Oiartzun, allí los Basajaunes fabricaban sierras pero San Martiniko no sabía como hacerlo. Para descubrirlo mandó a su criado a anunciar que ya había fabricado la sierra. Al oír esto, el Basajaun le preguntó si su amo había visto la hoja de castaño, "no la ha visto, pero la verá" contesto el criado. San Martiniko vió la hoja dentada del castaño y labró una lamina de hierro. De noche, Basajaun fue a la herrería de San Martiniko para comprobar si éste había fabricado alguna sierra. Al encontrar una allí, le e torció, alternativamente, a uno y otro lado,  los dientes, queriendo así inutilizarla. Pero el resultado fue el contrario, y mejoró la herramienta. Desde entonces se extendió el uso de la sierra en el mundo.

De la misma manera consiguió averiguar San Martiniko, en Kortezubi, como el Basajaun soldaba dos piezas de hierro. Mandó anunciar que había conseguido el procedimiento para unir dos piezas y el Basajaun le preguntó al pregonero si San Martiniko roció con agua arcillosa ambas piezas. El pregonero contestó: "no lo hizó, pero lo hará". Así San Martiniko logró la soldadura del hierro y esa técnica se extendió por todo el mundo.

En Sara, el molino de San Martiniko era de roble y no aguantaba mucho, en cambio, el de Basajaun duraba mucho más. San Martiniko quería saber cómo era ese molino. Esta vez también utilizó el mismo método para averiguarlo: mandó a anunciar que su molino funcionaba perfectamente. El Basajaun dijo, "eso quiere decir que le ha puesto eje de aliso", a lo que el pregonero respondió, "se lo pondrá". Así los hombres pudieron usar sus molinos en todo el mundo.


Basandere


Basandere significa "señora salvaje" o "de la selva". Es un genio que a veces aparece en las leyendas como mujer del basajaun. En la región de Ezpeleta cuentan que Basandere aparecía en la entrada de una sima que, según una vieja creencia, existía en la cumbre de Mondarrain. Allí peinaba su caballera con un peine de oro.

En el camino que sube de Mendibe a la montaña de Irati, se encuentra la ermita de Salbatore, a donde va en peregrinación, sobre todo el día de Corpus Christi, mucha gente de los pueblos vecinos. La ermita es objeto de varias leyendas, en las que aparecen localizados algunos temas que se repiten en diversos relatos populares.

Una de tales leyendas es la que se refiere a un viejo candelabro que se halla en Salbatore. El genio Basandere, que vivía en una cueva de Galharbeko-potxa, lugar situado cerca de Irati, poseía ese candelabro, robado, al parecer por Basajaun.

Un joven del caserío Lohibarria (Mendibe) pasaba por aquel paraje con sus vacas, cuando vio lucir al sol el candelabro que acababa de ser abrillantado por su dueña, la cual estaba en aquel momento ocupada en peinarse con un peine de oro.

El chico pidió insistentemente el candelabro a Basandere y esta acabó por entregárselo. El pastor lo llevaba a la ermita de Salbatore y al ver esto, Basandere empezó a protestar a gritos y a perseguirlo.

Basajaun que se encontraba en lo alto del monte, advirtió lo que pasaba y se lanzó también tras el joven. Éste, que ya se encontraba cerca de Salbatore, dijo a gritos: Jondoni Salbatore, zuretzat nuen, othoi urrikal zakizkit! "¡Señor San Salvador, lo tenía para usted; por favor, tenga piedad de mí!". Al instante la campana de Salbatore empezó a sonar y Basandere y Basajaun se detuvieron. Este último dijo a gritos: "te ha valido esa maldita campana; pero el día en que yo te sorprenda en ayunas, lo pagarás".

Unos días más tarde, el joven pastor de Lohibarria iba en ayunas al monte, tras una jornada de trilla y le salió al encuentro Basajaun. El pastor se acordó de la amenaza que le hizo éste, por lo que llevó la mano a la cabeza donde encontró unos granos de trigo entre su cabello y lo introdujo en su boca. Así, el pastor rompió el ayuno y Basajaun desapareció al instante.

El candelabro continúa todavía en la ermita de Salbatore. Los habitantes del próximo pueblo de Mendibe han pretendido llevarlo al pueblo; pero nunca han podido bajarlo más allá del collado de Haritz-kurutxeta.


Vaca roja


Según las creencias de diversos pueblos de Vasconia, un genio subterráneo aparece en figura de vaca roja. Vive normalmente en los antros, pero algunas veces suele salir a la superficie de la tierra. En ciertos casos ha secuestrado a personas que se han acercado a ella para llevársela a casa, pensando que era una res de su propiedad.

Según se cuenta en Amezketa, una joven, hija del caserío Irabi, subió a la sierra de Aralar para llevar a casa una vaca que allí pacía. Vio una vaquilla roja y, creyendo que era suya, se acercó a ella y la agarró por la cola. La vaca corrió precipitadamente llevándose consigo a la joven a la cueva de Marizulo (antro de Mari). Más tarde, pudo ser vista en el interior de dicha caverna, y junto a ella estaba un perro rojo que hacía respetar la tranquilidad de aquel lugar.


Etsai


El nombre Etsai significa diablo y enemigo; también un genio que hace su aparición, desempeñando funciones de magisterio en las cavernas Lezia (Sara) y Akelarren-leze (Zugarramurdi).

Este genio subterráneo ha sido llamado también Iraunsuge "dragón". Se cree que la cueva de Sara, llamada Lezia, tenía su escuela antiguamente. En ella enseñaba en poco tiempo las ciencias, las artes y las letras, haciendo competencia a las universidades de Salamanca y otros lugares. En esa caverna realizaron sus estudios Axular, su hermano y otros compañeros.

El pago que les exigía a sus discípulos por la enseñanza y por el hospedaje, al cabo de los estudios, era que se quedara como cautivo suyo para siempre uno de ellos, es decir, aquél en quien recayera esta suerte en el txotx-ala-motx, juego en el que sale ganando quien saque el palo mayor de los varios que les presentan a los jugadores.

El tema de Etsai que tiene una escuela en la que imparte cuantos conocimientos enseñan las universidades reaparece en varias leyendas, si bien asociado a otras narraciones complementarias. He aquí la leyenda de Atarrabi:

Según la versión de Ordizia, Atarrabi era el hijo bueno de Marimundiko y junto a un hermano más joven, realizó sus estudios en la escuela de Etsai. Al terminar sus cursos, uno de los escolares tenía que quedarse para siempre al servicio del diablo. Echaron a suertes y le tocó al hermano de Atarrabi quedarse con el diablo. Pero Atarrabi se compadeció de su hermano y se quedó en su lugar como esclavo de su infernal maestro.

La Tierra y su parentela


La Tierra, según muchas de leyendas de Euskal Herria, es la madre del Sol y de la Luna. También es considerada como un lugar inmenso, que sirve como morada para las almas de los difuntos, y la mayoría de los númenes y otros personajes míticos.

La Tierra posee la fuerza vital que es la base del reino vegetal y a través de los alimentos, y a veces por medio de magias o ruegos, da fuerza al cuerpo humano. Además, también ayuda a los animales a vivir, mediante los alimentos que les proporciona y a veces con ofrendas y sacrificios de reses.

La creencia de que la Tierra posee en sus entrañas tesoros está muy extendida. Muchas leyendas hablan de montes y cuevas en las que hay escondidos pellejos de buey llenos de oro, pero ninguna da datos sobre el lugar exacto en donde se encuentran guardados esos tesoros. Muchos campesinos han excavado sin encontrar nada en "Urrezuloko-Armurea" de Ataun, en las cuevas de Balzola, Putterri (Aralar) eta Iruaxpe (Goronaeta). Numerosas creencias hablan sobre los tesoros que tiene escondidos la Tierra, entre esas creencias, una cuenta que en Urbasa hay escondido un tesoro de oro (una campana, una devanadera o un arca), justo donde las ovejas pasan a diario. Casi a flor de Tierra, la pezuña de la oveja que pace encima, lo tocará y lo pondrá al descubierto en cualquier momento.

Pero la codicia de quienes desean hacerse ricos desenterrando tales tesoros, no logra sus designios. Se trata de un tabú cuyo acatamiento es obligado por el genio de la Tierra. A ese genio iban dirigidas muchas ofrendas y plegarias, la mayoría de las veces monedas, que eran depositadas en las entradas de las cuevas para recibir sus favores. Con ese culto estuvieron relacionados, al parecer, el origen de algunas ermitas erigidas en cuevas o algunas cuevas convertidas en ermitas.


Macho cabrío


Entre las leyendas relativas a genios, que aparecen en figura de macho cabrío, las más conocidas son las que aluden al Akelarren-leze "caverna de Akelarre", situada en Zugarramurdi. En el vestíbulo de este supuesto refugio de genios y de brujas se ve a cierta altura una abertura llamada jarleku , "cátedra", de donde, según se dice, emitía sus oráculos el diablo que se presentaba en figura de buco.

Tales creencias tuvieron amplia resonancia en Euskal Herria en los siglos XVI y XVII. Según las leyendas, en aquella época las brujas se reunían en Akelarre , "padro del buco", bajo la presidencia del diablo. Las brujas se trasladaban a este lugar en volandas en virtud de una untura que se daban y de la siguiente fórmula que decían: Sasi guztien gañetik eta odei guztien azpitik , "por encima de todas las zarzas y por debajo de todas las nubes". Pero en el cuadro Description et figure du sabbat des sorciers que figura en el libro Tableau de lInconstance... de Pierre de Lancre (París, 1612) se ve cómo llega una bruja montada en un macho cabrío, con dos niños que ella ha secuestrado.

En el mismo libro de Pierre de Lancre aparecen las declaraciones que hicieron, ante el juez, María de Aguerre, de trece años, y varios más, según los cuales, en Akelarre, el diablo en forma de buco sale de un voluminoso cántaro que se halla en el centro del campo.

Según los lugareños de Baigorri, un genio, en figura de macho cabrío, habita en algunas cavernas de aquella región. He aquí lo que le contó en Urepel Juan Monako del caserío Biurretabuxtan: En el monte Auza existe una caverna que contiene oro en su interior. Junto al oro se hallan una enorme serpiente y un macho cabrío. El cura de Martiene de Aldudes estuvo allí muchas veces y veía el oro, la serpiente y el macho cabrío. Por lo que, recitaba las oraciones de su libro al fin de ahuyentar la serpiente y el buco. Con las oraciones del cura la serpiente adelgazaba como una hebra, pero no huía.

El cura se introdujo en la cueva llevando sobre su pecho la hostia sagrada. Pero cuando empezaba a tocar el oro, la serpiente crecía y el cura no pudo coger el oro y salió de allí con las manos vacías, mientras oía estas palabras misteriosas que procedían del fondo de la caverna: "gracias a eso que llevas sobre le pecho; de lo contrario, aquí hubieras tenido que quedar". Desde entonces es común decir: Auza, han baduk gauza; baina neok ezin har , "Auza, allí hay cosas; pero nadie puede tomarlas".

Mairu


Maru es el nombre común de unos personajes míticos de figura humana con dos cuernos en la frente que, según las distintas leyendas de Ataun y su contorno, viven en regiones subterráneas o cavernas del monte llamado Maumendi .

Estos genios han sido temidos por la población del entorno, porque a veces secuestraban a las personas que se acercaban a aquel paraje con el fin de retirar su ganado o por cualquier otro motivo. También robaban el ganado que pacía cerca de su morada.



Maruelexa , "iglesia de Maru", es el nombre de la cumbre del monte Arrola, cerca de Nabarniz. Existen allí unas ruinas de antiguo recinto fortificado que, según unos exploradores (Blas Taracena Agirre y A.Fernández de Avilés), es un castro anterromano.

En los pueblos de los alrededores se comenta que el día de San Juan (24 de junio), a la salida del sol, aparece una caldera misteriosa en Maruelexa . Además, en ese lugar no nace el helecho y existe un tesoro enterrado.


Torto


Torto es un genio maligno de un solo ojo, antropófago. Es también conocido con el nombre de Tartalo. De él se habla en los relatos más aterradores de los hogares del Goierri guipuzcoano, si bien es conocido también en otras varias comarcas de Euskadi.

Una de las cosas que de este genio se dice en los relatos populares es que secuestra a los jóvenes que se ponen a su alcance y los devora. Una leyenda de Ursuaran narra lo siguiente: Dos hermanos del caserío Antimuño de Zegama salieron al monte con intención de cazar. Empezó a tronar y, viendo que un gran chubasco les venía encima, empezaron a correr hacia un abrigo a lo largo de la meseta del monte Saadar. Allí vieron una gran choza y entraron en ella.

Luego entró también en la chabola un rebaño de ovejas y, tras éstas, el pastor, un hombre corpulento de un solo ojo en su frente. Era Torto o Tartalo. Cuando Torto vio a los de Antimuño, dijo al más viejo de los dos: "Tú , para hoy", y al más joven: "Tú para mañana".

A continuación metió un asador en el cuerpo del mayor de los hermanos, lo asó al fuego y lo comió. Seguidamente se tendió en el suelo y se puso a dormir. En ese momento, el joven de Antimuño cogió el asador, lo caldeó al fuego y se lo metió en el ojo a Torto. Este se levantó con su asador en el ojo, pero ciego. Torto andaba a tientas buscando al joven de Antimuño; pero inútilmente; el joven se ocultaba entre las ovejas y las pieles.

A la mañana siguiente Torto abrió la puerta de la chabola y llamando a cada oveja por su nombre empezó a sacarlas fuera. El joven de Antimuño, cubierto con una piel de oveja, pasó entre las piernas de Torto y huyó fuero de la choza. Éste se dio cuenta de lo sucedido y empezó a perseguir al fugitivo, atendiendo al ruido de su pasos. El joven llegó a un río y lo atravesó a nado, y Torto, que se lanzó al agua no sabiendo nadar, falleció ahogado.

El mito de Torto se halla localizado en varios lugares de Euskal Herria. En la planicie de la cumbre de la montaña Saadar hay un sitio llamado Tartaloetxeota, "lugar de la casa de Tartalo". Allí se ve un dolmen llamado Tartaloetxe, donde tuvo lugar la tragedia de los hijos de Antimuño.


Caballo


La visión de este animal ha legado hasta nuestros días asociada a diversos mitos. Así, en muchos relatos populares, unos genios o personajes míticos son representados en figura de caballo.

En la región de Tardets existe la creencia de que en la caverna de Lexarrigibele (cerca del monte Ahuski) vive un irelu o genio de figura de caballo blanco que una vez secuestró a un mozo de aquella comarca. También fue secuestrada una muchacha del caserío Etsoinberri por el genio de la sima de Obantzun, que se le apareció en figura de yegua.

A un pastor, que tenía su rebaño en Putterri (sierra de Aralar), se le apareció un hombre montado en un caballo blanco y le preguntó dónde estaba la cueva de aquella montaña, y el pastor se la enseñó. El caballero, en recompensa, le dio una moneda de oro y se marchó. La moneda, en manos del pastor, se convirtió en polvo.

Se dice también que sobre el desfiladero de Artzate (en Ataun), entre las peñas de Gurutzegorri y Aspildi, en cierta ocasión cruzaban de noche el espacio incontables caballos de fuego al nivel de Sugaarzulo (caverna del culebro), abierta sobre el abismo y a la vera de una estrecha senda que atraviesa la peña. El mismo espectáculo de caballos de fuego se veía también de noche en aquel tiempo sobre el monte Igartu, donde aún se pueden ver las ruinas de un viejo caserío.

El pastor de un caserío de Ataun estaba un día ordeñando ovejas en su establo de Agaoz. De pronto, se le presentó un caballero montado en un caballo de fuego y le preguntó dónde estaba el camino que conducía al santuario de San Miguel. El pastor se asustó y se santiguó, y al instante, el caballo y el caballero se ocultaron, introduciéndose en la sima de Unbedi.

El Fuego


El fuego, agente indispensable para diversas funciones culinarias y para proteger la casa y a las personas contra el frío, lo ha sido también en la defensa del hombre en su lucha con las fieras y en la elaboración de diversos materiales e instrumentos.

El fuego del hogar ha sido considerado como un numen, símbolo de la casa y ofrenda de los antepasados. A él se le piden ciertos favores, como la segunda dentición de los niños, la purificación de aquellos alimentos (agua, pan, café) que se sospecha que están envenenados, la consagración y la incorporación de personas y animales foráneos a la casa.

Cuando uno deseaba que cierta persona ingresara en su casa o en su familia como miembro de la misma (por casamiento o para servicio), procuraba atraerle a su albergue y hacer que diera unas vueltas alrededor del hogar o del fogón de la cocina. Con esto se creía seguro el logro de sus deseos. Así pensaban y practicaban hasta hace poco en Goierri y en Zuberoa.

En muchos lugares, en el momento de apartar del fuego la infusión de café, era costumbre introducir en ella un carbón encendido (Meñaka, Lekeitio, Ataun). También se introducía carbón encendido en el agua que de noche se traía de la fuente. La costumbre de cocer la leche con piedra candentes y de que un enfermo tome vasos del agua que hierve mediante piedras candentes introducidas en ella, aún está vigente en algunas comarcas del país.


El fuego del hogar, según se cree, es bien recibido por los antepasados que habitaron allí y que lo visitan de noche. Asimismo, el fuego de Nochebuena es de singular importancia. En muchos pueblos tienen la costumbre de encender en el hogar un tronco de árbol, al que en Zegama le llaman "gabonzuri". A ese tronco atribuyen virtudes especiales que favorecen a los habitantes y a los animales de la casa donde aquél se halla.


Errolan


Bajo el nombre de Errolan es conocido en Navarra un personaje mítico de fuerza extraordinaria. Alrededor de él se han concentrado diversas leyendas, que en otros lugares de Euskal Herria se refieren a Sugaar, a Sansón y a los gentiles.

Cuentan en Zalba (valle de Arragoiti) que pasó su juventud hasta los dieciocho años en una cueva, alimentándose con la leche de una cabra que tenía consigo, y que a esa alimentación debió principalmente su gran fuerza.

Errolan vino con Carlomagno a la conquista de Navarra y se propuso demoler la iglesia de un pueblo cuando ésta se hallaba llena de fieles. Para ello, subió a la cumbre del monte llamado Iga de Monreal con la intención de arrojar desde allí una enorme piedra sobre la iglesia. Pero, al hacer el último esfuerzo, resbaló con estiércol, y la piedra y Errolan rodaron hasta la localidad de Urrotz, donde se conserva aún la piedra.

También en Erratzu una piedra llamada "Errolan-ena" tiene leyenda parecida a la de Urroz.

En el prado de Alta, por su parte, situado en la sierra de Aralar, se halla una piedra llamada "Errolan-arriya". Es una piedra, de tres metros, metida en gran parte en el suelo. Tiene figura antropomorfa, razón por la cual, y porque se halla en una región dolménica o posiblemente relacionada con los dólmenes vecinos, ha sido considerada como estatua fúnebre.

Inguma


Inguma, llamado también Maumau en la región de Baigorri, es un genio maléfico que aparece de noche en las casas, cuando sus moradores están dormidos. Inguma tiene la costumbre de apretar la garganta de algunos de éstos, dificultándole la respiración.

Para evitar la agresión de este genio es costumbre tradicional, en la región de Ezpeleta, decir la siguiente fórmula mágico-religiosa:



"Inguma, henauk hire bildur,
Jinkoa eta Andre Maria
Artzentiat lagun;
Zeruan izar, lurrean belar, kostan hare,
Hek guztiak kondatu arte
Echaidela nereganat ager."


En Sara, por su parte, dicen esta otra fórmula:


"Inguma erromes,
Ez niok hire beldurrez,
Jesus diat aita,
Ama Birjina ama,
Zeruko aingeru eta saindu guztiak guarda."

En Ithorrotz, este genio es considerado como causante de malos sueños. Para ahuyentarlo, decían la misma fórmula de Ezpeleta, a la que añadían a esta invocación otro genio o numen: "Hi, aldiz, jin akitela, Gauargia!"

Por otro lado, el sueño que se tiene en la noche 13 de cada mes, o lo que se sueña en esa noche, se realiza o se cumple, según dicen en Euba.

Izaki Doneak


Con el nombre de Izaki Doneak son conocidos unos seres (animales, plantas y yerbas) a los que muchos lugares de Euskadi atribuyen virtudes sobrenaturales o significado de algo bendito.

Un ente sagrado es el asno, en euskera "asto". Se cree que este animal es un ser bendito porque su espalda es en figura de cruz y porque fue portador de Jesús y de la Virgen. Rara vez una bruja se presenta en figura de asno. Las muerte de un asno se expresa diciendo "hil da", como la de una persona, y no "galdu da" como la de los restantes ganados, ni "akabau", que se dice de las fieras. Del perro se dice que solo su lengua es sagrada.

"Erlea", la abeja, es también un animal sagrado. Su tratamiento es "zu" y dicen que es pecado matarla. Cuando uno se dirige a ella para pedirle que se recoja a una colmena se le habla llamándola "anyere ederra" señora hermosa. Asimismo, la muerte de una abeja se expresa diciendo "hil da", ha muerto.

Para que alguien se apropie de un enjambre situado en una roca o en un árbol, hace una cruz con pintura en la roca o el tronco del árbol. También se señala la apropiación colocando una ropa en el árbol o en la peña donde se halla el enjambre.

Cuando muere una persona de la familia dueña de las abejas, un vecino o familiar suyo se traslada al colmenar perteneciente a la casa mortuoria, golpea con la mano la tapa de una colmena y les dice lo siguiente a las abejas: "Jatzar zite, buruzagia hil zaizie" Despiértense, el amo se les ha muerto.  Lo mismo hace con los animales del establo, obligándoles a levantarse si están echados. Con esta ceremonia se supone que las abejas producen más cera para que arda en la sepultura del difunto. En caso contrario, las abejas fallecen como también un animal del estado.

Gentil


Gentil era el hombre salvaje, dotado de fuerza extraordinaria, que vivía en una lejana casa de una montaña; el que lanzó diversos peñascos hasta lugares lejanos; el pagano que generalmente vivía en paz con sus vecinos cristianos; el que habitó en muchas cuevas de Euskadi.

Gentil era también el minero que trabajó en las minas de Arrola (Zerain), los que vivieron en Ausa-Gaztelu de Zaldibia y los que vivieron en Jentilbaratza de Ataun. Lo eran igualmente el primer cultivador de trigo, el primer herrero, el primer molinero, el que colaboró (gracias a su enorme fuerza) en la construcción de muchas iglesias cristianas (en Muxika, Ondarroa, Markina, Elgeta, Antigua de Zumarraga, Oñati, Opakua...), el constructor de cromlechs y el de ciertos dólmenes y de algunas casas.

Por otro lado, en Euskadi hay muchos topónimos que recuerdan a los gentiles:

"Jentilarri": Con este nombre son designados algunos peñascos que, según ciertas leyendas, ocupan los sitios actuales por haber sido lanzados de lejanos parajes por los gentiles. Tales son los del barranco de Urdiola (Arrankudiaga), arrojados a aquel lugar por los gentiles que jugaban a bolos entre la montaña del mismo nombre y el Castillo Arakaldo; el de Markola (Karrantza) que, al ser lanzado por un gentil, aplastó a un hombre y a su yunta de bueyes; el llamado Aitzbiribil (en Mutriku), lanzado por los gentiles desde Santakruzmendi que está sobre Ondarroa; el de Amil (en Mutriku), lanzado por los gentiles desde la montaña Arno; el de Osunako-erreka (en Soraluze), arrojado por un gentil desde la cumbre de Atxolin....

Son también llamados Jentilarriak unos peñascos existentes junto a la ermita de San Martín (Mañaria) y una cueva abierta, según se supone, por los gentiles y considerada vivienda de los mismos.

"Jentilbaratza": Con este nombre es conocido una cima situada sobre el puerto de Arrateta (Ataun). Se cree que en esta cumbre fueron enterrados los gentiles que en su última etapa habían vivido en aquel lugar. Asimismo, se cuenta que los gentiles de Jentilbaratza mantenían relaciones amistosas con los moradores de la casa Agerre situada al otro lado del desfiladero.

Según una leyenda, Agerre enfermó y los gentiles llevaron a la casa de éste una colcha de oro para que fuera puesta en la cama del enfermo cuando le fuera administrado el Viático. Pero los familiares del enfermo clavaron en la cama la colcha para impedir que los gentiles se la llevasen después de la ceremonia. Además, hicieron cantar al gallo del corral mediante luces, sabiendo que con esto los gentiles se retirarían rápidamente, sin tiempo para desasir la colcha. En efecto, al canto del gallo los gentiles agarraron su colcha y no pudieron soltarla por la prisa que tenían. En su huida dijeron lo siguiente: "No faltará manco o tullido aquí, mientras Agerre sea Agerre".

"Jentileio": Es un hueco abierto en lo alto del monte Laiene (Urdiain), en una zona rica en leyendas y mitos. Los romeros de Ataun que se dirigían a la ermita de San Pedro atravesaban el río Agaunza en el puente de Mandabita, lugar de cita de las brujas, conforme a viejas leyendas. Subían luego por una antigua calzada hasta el collado de Berno, en la montaña de Ataun-Burunda. Existe en aquella zona un dolmen, también al lado de un antiguo "dantzaleku". De allí bajaban, por la vertiente meridional de la montaña, pasando junto a otro dolmen situado en el término de Txikilantegi.

Atravesaban luego el portillo de Atilun, entre los montes Sarabe y Urrizti, dejando a la izquierda la ermita de Aitziber, y, siguiendo para abajo, llegaban a otro portillo entre las peñas Jeztene y Laiene, ya cerca de la ermita de San Pedro. Mirando del lado sur al monte Laiene, veían en su cima el hueco llamado Jentileio y en él creían ver sentada y peinándose a una hermosa gentil.

Este hueco mide casi dos metros de alto y metro y medio de ancho. Es el boquete de un túnel artificial de casi cinco metros de largo, que atravesando de sur a norte la montaña desemboca en un recinto llamado "Jentillen-sukalde".

Asimismo, en la toponimia vasca aparece el nombre gentil en numerosos casos:

"Jentiletxe", es el nombre de los dólmenes situados en la montaña de Ataun-Burunda y en Alzania. Asimismo, en Mutriku existe una cueva que tiene el mismo nombre.


"Jentiletxeeta" en Mutriku
"Jentilzubi", cerca de la cueva de Balzola (Dima)
"Jentilzulo" en Leitza y Orozko

Lamia


Las lamias son, en la mitología vasca, entes de género femenino que vivían en cuevas o ríos. Los hombres se enamoraban de ellas y las lamias también de ellos. Según algunas leyendas, las lamias ayudaban a los agricultores en sus quehaceres, después de comer por las noches la comida que les dejaban. Pero no todo lo que hacían las lamias era positivo, secuestraban a los hombres y en otras ocasiones, si no estaban dispuestos a ayudarlas, les hacían el mal.

Lami, lamin, lamiña, lamiñaku, amilamia y eilamia son los distintos nombres con los que se designa

a las lamias en diferentes sitios de Euskal Herria. La huella de las lamias se aprecia todavía en algunos nombres toponímicos, como por ejemplo, Lamiategi (Oñati), Lamiako (Leioa), Laminazilo (Isturitz) y Lamiaran (Mundaka).

La mayoría de las leyendas describen a las lamias como entes femeninos. Vivían en cuevas, estanques o ríos. La idea que se tiene de las lamías varía según la fábula: en algunos casos se cree que son más poderosos que los humanos y que son también divinidades en cuyo honor el humano hace distintos sacrificios. O incluso como seres cuya potencia puede ser dominada mediante objetos o amuletos.

Las ocupaciones de las lamias también eran diversas, como por ejemplo, hilar, construir dólmenes, puentes, casas, castillos o iglesias y lavar las ropas por las noches. Comían el pan de trigo o de maíz con tocino y sidra que les pedían a los humanos. Y también el pan, la cuajada y la leche que les daban sus amantes.

Pidiendo favores

Las lamias pedían diversos servicios a los humanos. Según cuenta una leyenda muy popular, las lamias pidieron un favor a una comadrona de su vecindad. La mujer se trasladó donde vivían las lamías y cumplió con su trabajo. La invitaron a comer y, viendo que el pan era blanco, cogió un trozo y lo guardó en el bolso. Cuando se disponía a marcharse a casa no pudo levantarse del asiento y las lamias le dijeron que era porque había cogido algo que no le pertenecía. La mujer confesó que había cogido un trozo de pan y la obligaron a dejarlo en la mesa, así pudo levantarse de la silla. Al salir le advirtieron: "no mires hacia atrás en el camino". Al llegar a casa, con un pie dentro y otro en la calle, miró hacia atrás: al instante perdió la mitad de sus regalos de oro.

En otras versiones de esa leyenda, los regalos son cardas de oro que se convierten en ceniza o carbón, plata que se convierte en manteca... En Soginen-Leze de Zugarramurdi, Santimamiñe de Kortezubi o en la cueva de Ogoño de Elantxobe, por ejemplo, se conoce esta leyenda.

Cuando las lamias estaban a punto de morirse, pedían la presencia de un humano, ya que si no les veía una persona y rezaba por ellas no podía morir.



Ayudaban a los hombres

Según otras leyendas, las lamias también prestaban ayuda a los hombres. Un vecino de un barrio de Dima, tuvo que refugiarse de un chaparrón en la cueva de Balzola. Allí lo acogió una lamia. Cuando dejó de llover y se disponía a abandonar la cueva, una lamia le entregó un trozo de carbón que al salir de la cueva se convirtió en oro.

Pero las lamias no siempre han sido tan generosas, también han prestado favores a cambio de las almas de los humanos. Así construyeron algunos puentes como el de Ebrain (Bidarrai), Azelain (Andoain), Urkulu (Leintz-Gatzaga) y el de Kastrexana, por ejemplo. Incluso construyeron casas, castillos e iglesias.

También se enamoraban de los hombres, y en algunos casos, presentándose como mujeres de aspecto atrayente, las lamias enamoraron a más de un campesino. Una lamia de Zeanuri se enamoró de un chico de Goristiaga. El chico murió y la lamia sacó una sábana de una cáscara de nuez y cubrió con ella el cuerpo de su amado. Cuando cantó el gallo la lamia tuvo que irse, dejando allí la sábana.



Secuestros

La creencia de que las lamias secuestraban a los hombres también está muy extendida. Un día secuestraron a un joven de Ezpeleta y lo llevaron a su cueva. Un sacerdote acudió a liberar al joven, con una cruz y una hostia benditas, pero no consiguió liberarlo. Cuando se disponía a salir escuchó lo siguiente: "gracias a eso que llevas en la mano y más gracias a eso que llevas en el pecho; de lo contrario, hubieras tenido que quedar aquí".

Un hombre del caserío Atzemin de Dima estaba haciendo carbón una noche cuando debió de proferir una maldición, al instante alguien le obligó a dar tres vueltas alrededor de una pira de carbón y después desapareció. Durante ocho días estuvieron buscándole y al final le encontraron en la cueva de Bernaola. El hombre dijo que durante esos días le cuidaron las lamias.

Una joven del caserío Askondo de Mañaria iba todos los días al caserío de Izuntza a hilar. Un día, al pasar por delante de la cueva de San Lorenzo, salieron a su camino las lamias y le dijeron que no pasase más por allí. Pero la chica no les hizo caso y volvió a pasar otras dos veces. La última vez la secuestraron y no se supo nada más de ella. Las cuentas de su rosario aparecieron dispersas por el campo.

Pero los secuestros se podían evitar. En un barrio de Zeanuri, a principios del siglo XX, había una tradición: al pasar por el barranco de Memiño los niños se tapaban las narices y decían "guk barikuan makallua jan gendun" ("nosotros, en viernes, comimos bacalao"). Así las lamias les dejaban en paz.

Los amuletos también pueden proteger de los ataques de las lamias, sobre todo las que contienen ruda y apio. Las leyendas de Ataun, Ondarroa, Mutriku o Deba, por ejemplo, dan cuenta de la eficacia de los amuletos. Cuando un hombre se acercó a dos lamias, una de ellas le dijo a la otra que atrapase al hombre, la otra le contestó que lo hiciese ella, que el hombre llevaba apio y ruda puestos por su madre.

Al gallo de marzo también se le pedía ayuda para protegerse de las lamias, según las leyendas de Abaurrea Baja y en Lekeitio, por ejemplo. En esa última localidad se cuentan las "Liñuen minak" (penas del lino): desde las doce de la noche hasta las dos de la madrugada no se podía pasar por delante de la cueva que hay en Okabixo, entre Lekeitio y Markina. Por una apuesta, un joven pasó por delante de la cueva y una lamia le agarró y lo llevo dentro, para comerlo. El hombre pidió que antes de ser sacrificado, le dejasen contar las "penas del lino":

"Lehenego sorotik atera,


gero leortu,
gero trangatu,
gero sapindu makilakin edo buztarriakin,
gero zurezko trunkesekin trangatu,
gero txarrantxatu,
gero ardatzean jarri,
gero iruin,
gero astalkatu,
gero egosi,
gero errekan garbitu,
gero leortu,
gero arildu,
gero eio,
gero josi edo soineko bihurtu,
gero erabili,
gero hautsi,
gero..."

El hombre lo recitó muy despacio y la lamia, como tenía hambre, le dijo que fuese más rápido. Entonces cantó el gallo del caserío de al lado y la lamia tuvo que huir: "Ai Okabixoko oilar gorri martxoan jaioa! Nik afaltzeko eskutan neukan legatz aundia kendu didazu. Azari batek aterako al dizu ezkerreko begia!". (¡Ay gallo rojo de marzo (nacido en marzo) de Okabixo! Me has arrebatado la gran merluza que yo tenía en mis manos para cenar. Que un raposo te arranque el ojo izquierdo).

Pero también sucedía al revés, los hombres secuestraron alguna que otra vez a una lamia. En Mendaro llevaron a una lamia a casa. La lamia no hablaba; un día pusieron una olla llena de leche al fuego, cuando la leche hirvió la lamia dijo: "txuria gora!" (¡Lo blanco hacía arriba!) y escapó por la chimenea.

La lamia pedigüeña

A las lamias, como se mencionaba antes, les gustaba comer grasas e iban frecuentemente a pedir tocino a los caseríos.

Una familia de Abadiño trabajaba en Urkiola. Cuando llegó la hora de comer la madre de familia repartió un trozo de tocino entre todos, entonces llegó una lamia y le quitó el trozo de las manos a la madre diciendo: "ni koipetsu eta i kakatsu" (yo pringosa y tú fangosa).

En Isturitz, en la torre Gaztelu se cree que vivían unas lamias. Desde el castillo al caserío de Otsozelai había un paso subterráneo. Todas las noches una lamia iba a la cocina del caserío y una de esas noches le preguntó a la ama de casa cómo se llamaba, esta le contestó: "ni-ni-neuk" (yo-yo-misma). Todas las noches, cuando la mujer estaba preparando la comida, la lamia le pedía que le diese de comer. Un día, la ama de casa, enfadada, le arrojo la sartén llena de aceite. La lamia huyó gritando, y las otras lamias le preguntaron a ver quién le había hecho eso a lo que ella respondió: "ni-ni-neuk" (yo-yo-misma). "Entonces súfrelo tu misma", le contestaron la otras lamias.



Regalos para las lamias

A las lamias les dejaban alimentos como ofrendas, lo que ellas agradecían haciendo algunos trabajos o favores. El la cueva de Abauntz, en Ultzama, antaño vivían las lamias. Un pastor les dejaba todas las mañanas un kaiku lleno de leche y que las lamias se lo devolvían lleno de oro. Se dice que el caserío de Sunbillenea se reconstruyó gracias a ese oro. Pero un día, el pastor les llenó el recipiente de excrementos, las lamias le persiguieron pero consiguió entrar en casa antes de que le alcanzaran. Las lamias le lanzaron una maldición: "No faltará en esa casa algún inválido o desgraciado". Desde entonces nunca ha faltado en Sunbillenea un inválido o un anormal.

En Uhart-Mixe las lamias eran seres de baja estatura. Los agricultores les dejaban la comida al borde de los terrenos y las lamias, como agradeciemiento, trabajaban las tierras de los agricultores. La familia Basterretxea era una de las que hacía eso, pero un día se les olvido dejar la comida y las lamias, enfadadas, no aparecieron más por allí.

La leyenda de la lamia y el cantero también es muy popular. El cantero, cansado de picar piedra, quería ser rico. Y una lamia le hizo rico. Se cansó de ser rico y quiso ser emperador. Una lamia lo convirtió en emperador. Un caluroso verano el sol le molestaba y quiso ser sol. Una lamia lo convirtió en sol. Cambió el tiempo y una nube se puso delante del sol, y entonces pensó que era mejor ser una nube. La lamia lo convirtió en nube. Empezaron a caer trombas de lluvia y viendo que la roca quedaba inmóvil, quiso ser roca. Una lamia lo convirtió en roca. Un día, un cantero empezó a picar piedra, y el que fuera cantero quiso ser como aquel hombre. La lamia lo convirtió en cantero, y le dijo, burlándose de él: "quien tiene una cosa quiere otra: te hallas tan avanzado como al principio de tu carrera; quedémonos en adelante como ahora: yo lamia y tú cantero".


Mairi


En Baja Navarra llaman Mairi a un genio de sexo femenino dotado de una fuerza extraordinaria, según creencia popular. Además, es el ser humano más antiguo que habitó Euskadi según cuentan en algunos lugares.

Mairi, según la leyenda, transportaban a mano enormes peñascos de la montaña de Arradoi hasta los lugares donde construían dólmenes, castillos... Las grandes cubiertas de piedra, tanto de Marietxe, o dolmen de Gaxteenia (Mendibe), como del de Armiaga (en Behorlegi), fueron llevadas a tales sitios por una Mairi.

He aquí (traducido al castellano) lo que le contó de Marietxe, en el año 1952, el vecino J.Etxemendi, de la casa Gaxteenia, a D. Jose Miguel de Barandiaran, estando ambos junto a dicho dolmen.

"Los lugareños decían que Mairietxe fue la iglesia de las Mairi. Según contaban, la piedra de su cubierta la trajo en su cabeza una Mairi mientras hilaba. Tuvo que traerla del monte Armiaga o del de Urtxuri, ya que tal clase de piedra no existe en otros lugares de este contorno".

Los temas de esta leyenda se hallan extendidos, en forma de variantes por gran parte de Euskadi. Así, una Amilamia, de las que vivían en la cueva de Lezao (en sierra de Entzia, Alava), llevó sobre su cabeza las grandes piedras del dolmen de Arrizala, situado cerca de Salvatierra, e hilaba mientras andaba.

Las Mairi figuran también en algunos relatos suletinos recogidos por Cerquand. Así, dicen que los Mairi machos se reunían un día a la semana con las Lamias para divertirse en el campo de Mendi. Se dice que fue Errolan quien desterró de estas regiones a las Mairi.


Mairu


Con el nombre de Mairu son llamados generalmente en Iparralde ciertos tipos de hombres de otro tiempo, no cristianos. Hoy en día Mairu es uno que no está bautizado. Así, en la zona de Garazi llaman "mairu-beso" al brazo de un niño muerto sin bautismo.

El término Mairu se encuentra, en nuestro país, bastante extendido como elemento de varios nombres de lugar y de otros: "Mayrumendia" (En Artajona de la edad media), "Mairubide" (Cerca de Manurga, Alava), "Mairuburueta" (término de Okoizta), Mairubaratz (Cromlechs de Oiartzun), "Mairuilarri" (Cromlechs de Zugarramurdi), "Mailarreta" o "Mairuilarrieta" (sobre la montaña Otsondo-Mondarrain), "Mairuetxe" (piedras del monte Buluntsa y el dolmen de Mendibe y el de la región de Okabe), "Mairuaran", "Mairuilhar" o "Maiilhar", "Mairukeri".

A los Mairu ha sido atribuida la construcción de algunas casas fuerte, como las de Irissarry, Donamarte (Lekunberri), Aphatea (Bussunarits), Logras (Zaro), Larrea y Lahostanea (Ispuru).

También se atribuye a los Mairu la construcción de dólmenes y cromlechs, como los de Ibañeta de Zugarramurdi, los de Oiartzun, los de Buluntsa...

Personajes de este nombre figuran en la leyenda de Baja Navarra, de Lapurdi y de la zona oriental de Gipuzkoa, con funciones constructivas. En otras zonas tales funciones van asociadas a otros nombres, como Moru, Mairi, Moro, Jentil, Maide, Lamina...

En algunas leyendas el brazo humano desecado o un hueso del brazo de Mairu tiene virtudes misteriosas. Su nombre es Mairu-beso, hueso de niño muerto sin bautismo. Según narraciones populares, el protagonista utiliza ese hueso como antorcha para alumbrar de noche y a veces para adormecer a los habitantes de la casa donde ese personaje quiere robar algo (Esta leyenda es conocida en la región de Garazi). Pero las leyendas, en las que figuran personajes que se sirven de huesos humanos para alumbrar de noche, también aparecen en los siguientes lugares: Meñaka

(Bizkaia) y Ataun (Gipuzkoa)

Los niños no bautizados han sido considerados como mairu y, si morían en tal estado, eran enterrados, hasta hace poco, en las inmediaciones de la casa o en la huerta contigua de la misma.



Mateo -Txistu


Mateo-Txistu figura en las versiones vascas de la leyenda del cazador errante que, en castigo de su desmedida afición a la caza, corre sin tregua por todo el mundo, acompañado por sus perros, forma parte del inmenso ciclo de cazas aéreas y nocturnas que figuran en diversos relatos míticos.

En Zerain, le llaman "Juanito txistularia"; en Gesalibar, "Martin-abade"; en Ataun, "Mateo-Txistu"; en Oiartzun, "Salomon-apaiza"; y en Usurbil, "Prizti-Juan"

El cazador es habitualmente un cura que, dejando a medio celebrar la Misa, partió con sus perros tras una liebre y no ha vuelto ni volverá jamas, según las variantes de esta leyenda. Nadie le ha visto todavía; pero son muchos los que aseguran haber oído, en nuestros bosques y montañas, su silbido y el triste y monótono aullar de sus perros.

Según contaban en Ataun, a principios de este siglo, una mujer del caserío Tellerietxe vio las sombras del cura y sus perros en una noche de invierno a la luz de la luna. En el barrio Gesalibar de Mondragón, por su parte, dicen que el cazador Martin abade, que había sido cura de Udala, anda por todo el mundo con sus perros y que éstos ladran constantemente. Además, los canes lanzan una llama de su boca al ladrar.

Asimismo, cuentan en Soraluze que Juanito txistularixa, cura de Elosua, estaba celebrando Misa, cuando se le presentó a su derecha el diablo en figura de liebre. El cura dejó la misa al instante y siguió con sus perros a la supuesta liebre. A raíz de aquello Dios le castigó a que anduviese eternamente cazando.

Las brujas dijeron entre ellas: los pescadores deberán colocar su embarcación en tal forma para no ser volcada por nosotras. Casualmente se le oyó un pescador y la embarcación fue colocada como habían dicho las brujas. Gracias a esto la embarcación no fue hundida.


Traganarru


Las aguas del mar, las de varias lagunas y las de diversos pozos y remansos de los ríos son tenidos, en muchas localidades de Euskadi, como mansiones de determinados genios (lamias, sobre todo) y como lugares en cuyo fondo están hundidas antiguas casas o poblados malditos.

El genio de la tromba, que ha causado terror a los hombres de la mar en tiempos pasados y aún a no pocos de este siglo, ha sido llamado Traganarru. Otros genios, denominados laminak, sorginak y gaizkinak, generalmente malignos, aparecen persiguiendo a los pescadores y marineros.

Juan V. Araquistain publicó una leyenda titulada "Las tres olas" en su obra Tradiciones vasco-cántabras (Tolosa, 1866) y Jose Miguel de Bariandaran en sus Obras Completas publicó una versión fragmentaria de dicha leyenda:

"Unas lanchas de Bermeo arribaron en el puerto de Elantxobe y sacaron al muelle los remos, velas, palos y las demás cosas, salvo los cestos. Un anciano volvió de noche a dormir. Mientras el anciano dormía, llegaron a la lancha dos mujeres vestidas de saya roja. Soltaron las cuerdas y empezaron ambas mujeres a remar y a decir: a cada palada cien leguas, y llegaron hasta La Habana. Las dos mujeres se dirigieron a la ciudad y, mientras éstas hacían su fiesta, el anciano también saltó a tierra y, después de arrancar una rama a un árbol de La Habana, volvió pronto a su lancha y empezó a fumar en pipa. Llegaron las dos mujeres y empezaron a decir: aquí hay olor a pipa, ¿habrá entrado algún hombre? El anciano guardó silencio temiendo ser descubierto.

Las dos mujeres volvieron a remar y, antes de la madrugada, llegaron a Elantxobe. El anciano mostraba la rama del árbol para convencer a sus compañeros de que había estado en La Habana durante esa noche.

"Si esto ocurrió así, métase en la calabaza y salga a Derio en la plaza".

Por otro lado, un relato de Azkoitia cuenta lo siguiente: "Ciertas brujas odiaban a los habitantes de una casa de pescadores y decidieron perderlos. Eran tres brujas y las tres se convirtieron en tres olas a cual más potente cuando los pescadores salieron al mar.

Después aquel pescador asestó un fuerte golpe a una de las tres olas con un largo punzón y la bruja quedó casi muerta



BARANDIARAN, JOSE MIGUEL: Mitología del Pueblo Vasco , Ostoa, 1984
BARANDIARAN, JOSE MIGUEL: Mitología Vasca , Txertoa, 1982
BARANDIARAN, JOSE MIGUEL: Mitología Vasca , Minotauro, 1960






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