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Perfiles criminologicos de delincuentes sexuales y homicidas


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PERFILES CRIMINOLOGICOS DE DELINCUENTES SEXUALES Y HOMICIDAS

(extracto de la investigación, material aún no publicado, realizado por la Lic. Pamela Andrea González López, asesor académico el Dr. Vicente Garrido Genovés, Universidad de Valencia, España)
1.-DELINCUENTES SEXUALES

La sexualidad es inherente a nuestra existencia y de esta forma integra una magnitud fundamental y sobresalientemente positiva de nuestra propia esencia. Casi todas las personas muestran especial interés por el sexo en determinados momentos de su desarrollo. Este impulso sexual tiene una clara base genética, y es obvio que sin él nuestra especie no habría sobrevivido. En los delincuentes sexuales, sin embargo, el problema está en la dirección en que se manifiesta este interés. Es importante señalar al respecto que la adquisición de impulsos sexuales desviados no conlleva que una persona sólo sea capaz de este tipo de actos ( Marshall, 2001).



La intensidad del impulso sexual varía de unas personas a otras. En el caso de los agresores sexuales esta intensidad puede ser muy elevada, lo que podría explicar su tendencia a la promiscuidad (incluso con niños), que sean incapaces de vincularse a una pareja, o que lleguen a la agresión física para satisfacer sus deseos sexuales.
De todas las formas de infringir la ley, quizá, es la delincuencia sexual la que es más fuertemente rechazada por la comunidad en que vivimos. El hecho de aprovecharse de víctimas indefensas y débiles como mujeres y niños, vulnera y transgrede lo más íntimo de la persona, empujándola sino a la muerte, si al abismo de la tortura psicológica más despreciable e inmerecida (Tallo, 2002).
En la medida que se conozcan las causas, la actitud hacia los más vulnerables, las mujeres y los niños, la relación con la violencia, y las causas de la reincidencia (por nombrar algunos de los factores de la conducta delictiva de los agresores sexuales) se podrá plantear intervenciones para el área psicosocial de la penitenciaria.
1.1.-Antecedentes
La investigación sobre delincuentes sexuales ha seguido diversos caminos. Uno de ellos, necesariamente el primero, se ha dirigido a describir del modo más exhaustivo posible tanto los comportamientos de agresión sexual, como las características demográficas y personales más comunes de los propios agresores y de sus víctimas.
Entre los estudios que se han realizado se ha considerado la topografía de la excitación sexual, las actitudes hacia las mujeres y niños, las distorsiones cognitivas y la competencia social de los agresores sexuales. El análisis se plantea a la luz de los actuales conocimientos en la materia, de efectuar predicciones adecuadas del riesgo de comisión de nuevos delitos sexuales ( Garrido y Redondo, 2006).
Los abusadores sexuales son heterogéneos en las características de personalidad y psicopatología. Pueden o no tener trastorno de personalidad y cuando lo hay, es principalmente del tipo limítrofe, con dificultad en el control de impulsos y en lograr relaciones de intimidad. En el caso de violadores es más frecuente el trastorno de personalidad antisocial. En general, presentan distorsiones cognitivas, dificultades en el desarrollo de empatía y en la habilidad de entender y atribuir estados mentales a otros, lo que en la literatura se ha denominado la teoría de la mente. Tienen especial habilidad para identificar niños vulnerables. Si bien el consumo de alcohol y drogas es parte del debate abierto en torno a las características de los abusadores y no se puede negar el efecto deshinibitorio de algunas drogas, se considera importante tener en cuenta que muchas veces el abusador justifica su comportamiento inadecuado por el uso de drogas, en un intento de no responsabilizarse del hecho (González, 2004).
Y de acuerdo a lo que plantea el autor cuando nos referimos a la violación, este delito es un buen ejemplo del uso de una violencia insensible, egoísta e instrumental por parte de los psicópatas. No todos los violadores son psicópatas, por supuesto. Algunos violadores son individuos desequilibrados que sufren diferentes problemas psiquiátricos y psicológicos. Otros son el producto de actitudes sociales y culturales que reducen a las mujeres a roles serviles. Los actos delictivos de esos hombres, aunque repugnantes para la sociedad y horriblemente traumáticos para sus víctimas, se puede entender mejor que es cometido por los psicópatas por las características propias de ellos, como es el caso de la insensibilidad emocional, que lo detallaremos más adelante en el apartado correspondiente.
Antes de iniciar una revisión de la literatura especializada en el tema, es fundamental la aclaración del concepto parafilia, debido a que en algunos abusadores sexuales está implícito, será entendido como un tipo de comportamiento sexual ante objetos o situaciones que no forman parte de las pautas habituales de los seres humanos, siendo las más habituales en este tipo de delincuentes el fetichismo, voyerismo, exhibicionismo, por nombrar algunas.
Una exploración realizada desde la lectura científica, presenta la evidencia de que la mayoría de los agresores sexuales se inician en su desviación sexual en el período comprendido entre el final de la adolescencia y la primera edad adulta, es decir, entre los 17 , 18 y 25 años. En el estudio clásico de Abel y su equipo (Abel y Rouleau, 1989), estos autores encontraron que en una muestra de 561 agresores sexuales, el 53,6% había iniciado sus intereses sexuales desviados antes de los 18 años, incluso, en el caso de violadores de mujeres adultas, el 30 % informó que iniciaron su parafilia antes de esa edad. Estos datos confirman que los delincuentes sexuales crónicos comenzaron su carrera sexual desviada a una edad temprana. Por otra parte, es muy común hallar diversas parafilias presentes entre los delincuentes sexuales, es decir, en distintos estudios se ha encontrado que los violadores de mujeres adultas y los paidófilos tienen una mayor tendencia a mostrar además otro tipo de parafilias como el exhibicionismo, el vouyerismo, el fetichismo, etc.

La conducta delictiva sexual suele manifestarse junto a dificultades en el establecimiento de emociones íntimas y de relación sexual. Normalmente, el delincuente sexual siente un fracaso crónico de impotencia y de falta de asertividad con las mujeres, acompañado de una incapacidad para el control de los impulsos hostiles y sádicos (Karpman, 1954). Para Abel y Rouleau (1989), los delincuentes sexuales tienen un déficit general consistente en la falta de control de su impulso sexual, y no déficit concretos de naturaleza emocional. Un punto que cobra especial importancia es el estudio de las distorsiones cognitivas del agresor sexual. Para Becker y Abel (1985), esas distorsiones, que frecuentemente están presentes entre los agresores sexuales, son necesarias porque les permiten trasladar sus fantasías a la acción y así tienden a perpetuar su conducta sexual desviada (Garrido, 1997).


Dentro de la categoría de “agresores sexuales”, se engloba una población muy heterogénea, no sólo en lo que se refiere al tipo de actividad delictiva y a la comisión o no de delitos sexuales, sino también a características personales, proceso de socialización, psicopatología, estilo de vida, tasa de reincidencia y respuesta al tratamiento.
Así, en la evaluación del agresor sexual a nivel psicológico, se deberán tener en cuenta tanto los aspectos relacionados con la conducta delictiva (y sexual) del agresor, como los de tipo no sexual, para asi, intentar establecer los siguientes objetivos:
a) el alcance y la magnitud de la desviación sexual

b) la existencia o no de una amenaza social inmediata o a largo plazo

c) si se pueden modificar las cogniciones, actitudes, reacciones emocionales y conductas erróneas.

d) qué programas de tratamiento podrán ser los más apropiados y el nivel de motivación (Sánchez, 2004).


1.2.-Definiciones:


  • Criminología: Se trata de la realización de actos que atenten la sexualidad sin que medie consentimiento, aunque sin ejercer violencia e intimidación, circunstancia que caracterizaría a la agresión sexual. En concreto, existen tres supuestos en los que se entiende que hay abuso sexual: cuando se ejecutan sobre menores de doce años, el abuso de personas privadas de sentido o que padezcan un trastorno mental y cuando se realizan prevaliéndose de una situación de superioridad (Garrido, 1998).




  • Código penal: Los delitos contra la integridad sexual lo definen como un atentado contra la posibilidad de elección, o la no elección, que posee cada persona. En otras palabras se puede definir que la persona no quiere hacer lo que se impone (Parma, 2005).


1.3.- Prevalencia y etiología de las agresiones sexuales:
Las agresiones sexuales suponen una mínima proporción de la delincuencia conocida (en torno al 1% del total de los delitos denunciados) y sus autores suelen ser varones. La violencia sexual puede adoptar dos formas principales: las violaciones de mujeres y los abusos de menores ( Redondo, 2002).
Las alteraciones biológicas y los trastornos de la personalidad no son factores que, por sí solos, impulsan a los delincuentes sexuales a llevar a cabo sus prácticas delictivas. Su comportamiento sexual está trastornado en el sentido en que parecen estar obsesionados con el sexo y afrontan los altibajos de la vida con comportamientos sexuales tanto normales como anormales. Muchos de estos delincuentes fueron víctimas de abusos en la infancia y algunos muestran toda una serie de conductas sexuales desviadas. Su comportamiento sexual es anómalo y tienen percepciones y actitudes distorsionadas que les impiden entablar relaciones satisfactorias. Estas percepciones y actitudes distorsionadas, a su vez, justifican sus prácticas desviadas ( Marshall, 2001).

De acuerdo a las investigaciones que se han realizado, han aparecido algunas conductas repetitivas en esas poblaciones. No obstante, como antes comentamos, no es fácil la explicación de estos comportamientos, ya que en su etiología suelen concurrir factores variados de distinta cualidad. Más allá de las diferencias individuales, que necesariamente deberán ser estudiadas en cada caso, con mucha frecuencia los agresores sexuales suelen presentar problemas de tres tipos diferentes aunque interrelacionados: en su comportamiento sexual (lo que resulta obvio), en su conducta social más amplia, y en su pensamiento (“distorsiones cognitivas”).


El comportamiento sexual de muchos agresores sexuales se proyecta de un modo desviado hacia objetivos sexuales inaceptables, como son los menores de edad o el uso de la violencia para forzar el sometimiento sexual de una mujer. Es decir “prefieren” estas formas desviadas de relación sexual, que son las que les resultan más excitantes, y no logran “inhibir” tales maneras de obtener placer. Según sabemos (Marshall, 2001; Marshall y Redondo, 2002; Redondo, 2002), algunas de estas preferencias desviadas se han producido y consolidado en el individuo sustancialmente mediante condicionamiento clásico, a partir de la repetida asociación entre excitación sexual (a menudo, mediante masturbación) y pornografía infantil o violenta. Por otro lado, el problema se acrecienta debido a sus frecuentes dificultades para establecer relaciones sexuales normalizadas, es decir, con personas adultas que consiente. Ello puede deberse a que muchos agresores tienen menores habilidades de interacción social con mujeres y con otras personas en general. En concreto suelen presentar dificultades para comunicarse, para la empatía o comprensión de los otros, y suelen mostrarse más ansiosos o nerviosos ante las situaciones sociales. Todos estos déficit les producen un mayor aislamiento social. No son inferiores los problemas de los agresores sexuales en lo tocante a su manera de pensar sobre la conducta delictiva. Suelen presentar un gran número de distorsiones cognitivas o errores valorativos sobre las mujeres y su papel en la sociedad (p. ej., “las mujeres deben someterse a los deseos de los hombres; así ha sido siempre”), sobre la sexualidad (p. ej., “aunque sea obligada, seguro que ella disfruta”), y sobre las normas y valores sociales y legales acerca de qué puede y no puede hacerse en términos de comportamiento sexual humano (p. ej., “si un niño lo acepta, ¿por qué no voy a poder tener una relación sexual con él?”). Estas distorsiones o creencias erróneas orientan su conducta sexual de una manera inapropiada e ilícita, y, además, les ofrecen justificaciones para ella.
Para Marshall los delincuentes sexuales tienen una alta probabilidad de crecer en hogares en los que el apego con sus padres ha sido una experiencia destructiva, que les ha enseñado a enfrentarse a los problemas con violencia o con estrategias de no ocuparse de ellos; en ambos casos hay un sentimiento de autoindulgencia, de no sumir la responsabilidad personal. El origen de todo habría que ponerlo, entonces, en las características de las familias de los delincuentes sexuales, dominadas por el abuso del alcohol, el abuso y la negligencia hacia sus hijos, actividades delictivas y aislamiento social.
A lo anterior, Marshall añade al conjunto de experiencias relevantes para comprender la etiología de la delincuencia sexual el haber sufrido ellos mismos abusos en la infancia, lo que probablemente les orientó para que consideraran esas experiencias como algo positivo, dado que cuando eran abusados recibían atención de sus agresores, y en su edad adulta tienden a olvidar los aspectos emocionales negativos de tales experiencias.
Marshall y Barbaree crearon en 1990 un modelo comprensivo de la etiología de la agresión sexual, donde tenían cabida las influencias biológicas, el contexto socio-cultural y el desarrollo psicológico del individuo. Es en este punto (en la psicología) donde Marshall ubica el peso del proceso de convertirse en delincuente sexual, y para ello emplea el concepto de “vulnerable”. ¿Quién es “vulnerable”? Para Marshall, los niños que sufren un apego con sus padres caracterizado por la indiferencia e inconsistencia (relación padres e hijos ansiosa-ambivalente), o bien la frialdad y falta de cuidado y amor (relación de evitación) desarrollarán una pobre autoestima, escasas habilidades sociales y muchas dudas a la hora de enfrentarse a los problemas de la vida diaria (Garrido, 2005).
A continuación un esquema que refleja como el autor explica el proceso de convertirse en delincuente.

El proceso de convertirse en un delincuente sexual según Marshall

Experiencias de abuso o crianza negligente en la infancia



Sentimientos de inferioridad y falta de competencia social



Tendencia a recurrir al sexo como estrategia de afrontamiento

Condicionamiento al sexo como acto de violencia y dominio

Estado de desinhibición


Existencia de una oportunidad



Características de los delincuentes sexuales

  • varones

  • sus víctimas son mujeres y menores

  • se manifiestan en violaciones a las primeras y abusos a los segundos

  • parecen estar obsesionados con el sexo

  • afrontan los altibajos de la vida con comportamientos sexuales tanto normales como anormales

  • muchos de ellos fueron víctimas de abusos en la infancia

  • algunos muestran toda una serie de conductas sexuales desviadas

  • comportamiento sexual anómalo

  • tienen percepciones y actitudes distorsionadas que les impiden entablar relaciones satisfactorias

  • suelen presentar problemas de tres tipos diferentes aunque interrelacionados: en su comportamiento sexual, en su conducta social más amplia, y en su pensamiento (“distorsiones cognitivas”).



1.4.- Tipologías
La imagen más popular del psicópata se relaciona con el agresor sexual compulsivo, insaciable en su necesidad de ultrajar y/o asesinar a sus víctimas. Afortunadamente y aún cuando estos casos existen, la gran mayoría de los agresores sexuales no toman la vida de sus víctimas, del mismo modo que los que utilizan a los niños para su disfrute sexual tampoco suelen ser homicidas de niños.
Existen tipologías de agresores sexuales. Es posible dividirlos en función de la naturaleza del acto cometido: pedófilos, agresores de mujeres adultas, agresores de homosexuales, necrofílicos, exhibicionistas, y los que practican la zoofilia. Este tipo de conductas son delictivas en España, pero no asi otro tipo de parafilias que suelen considerarse como desviaciones sexuales.
Muchos individuos suelen describir un estado alterado de consciencia durante la comisión del acto sexual, un estado de hiperalerta durante el que no están particularmente excitados, pero sí muy conscientes de lo que ocurre en ese momento en el ambiente. Llegan a excitarse pensando acerca del acto que van a cometer. La satisfacción obtenida de éste se suele relacionar más con el placer fantaseado (Garrido, 1993).
En general, hablar de tipologías ayuda a poder entender mejor algunos aspectos de dichos delincuentes que son categorizados en virtud de un patrón de conducta.
En relación a los violadores, una de las clasificaciones la ha realizado Nicholas Groth, donde aparecen tres componentes de modo necesario en la psicología de los agresores sexuales: hostilidad, poder y sexualidad (Groth, 1979). Las interrelaciones entre estos factores y la intensidad relativa con que son expresados varia de un sujeto a otro. Sin embargo, la agrupación de esas dimensiones le llevó a concluir tres patrones básicos de agresión:


  1. En la violación de hostilidad hay más violencia de la necesaria para consumar el acto, de modo tal que la excitación sexual es consecuencia de la propia exhibición de fuerza del agresor, al tiempo que es una expresión de hostilidad y rabia hacia las mujeres (en desagravio por todas las afrentas recibidas de manos de las mujeres). El sexo es un arma, y la violación es el modo en que éste es usado para herir y degradar a sus víctimas. Estas personas suelen ser también violentas con las mujeres en otros contextos (familia, trabajo, etc.).

  2. En la violación de poder la meta es la conquista sexual, como compensación a la vida rutinaria del agresor. Es decir, la violación es el medio por el que el sujeto afirma su identidad personal y su adecuación sexual. La satisfacción sexual alcanzada no parece elevada, ya que estos sujetos presentan una gran cantidad de fantasías masturbatorias como predecesoras del asalto.

  3. En la violación sádica, a diferencia de la violación de hostilidad, no hay una explosión de agresión concomitante con la agresión, sino que el asalto es aquí totalmente premeditado, proporcionando la perpetración de las lesiones una satisfacción sexual ascendente, en un feed-back a modo de espiral (Garrido, 1993).

Con una visión posterior Ronald Colmes en el año 1989, distingue cuatro tipos básicos que difiere del modelo anterior:


1.- el violador de afirmación de poder es el menos violento de los violadores, asi como el menos competente desde el punto de vista social. De un bajo nivel académico, tiende a permanecer soltero y a vivir con sus padres. Tiene pocos amigos, sin pareja sexual y usualmente es una persona pasiva, poco atlético. Suele visitar las tiendas donde se vende material pornográfico, y puede presentar otras desviaciones sexuales como travestismo, exhibicionismo, fetichismo o voyerismo. Por lo que respecta al proceso de violación, la motivación, es básicamente sexual, buscando elevar su autoestima: El se percibe como un perdedor. El control de otro ser humano le sirve para creer que es una persona importante. Por esta razón, sólo empleará la fuerza necesaria para dominar a su víctima. Su agresión sexual es una materialización de sus fantasías, de ahí que opere bajo la idea de que sus víctimas realmente disfrutan de la relación sexual, razón por la que puede conservar un diario de sus asaltos. Estos continuarán periódicamente hasta que sea atrapado.
2.- el violador por venganza quiere desquitarse, mediante su agresión, de todas las injusticias, reales o imaginarias, que ha padecido en su vida. Aunque es considerado socialmente competente, su infancia ha sido difícil, con sucesos habituales de malos tratos, divorcio de los padres, y sus diversas experiencias de residir con familias acogedoras y padres adoptivos. Su percepción de sí mismo es la de “macho” y atlético, suele estar casado, y es descrito por sus amigos como impulsivo y violento. En general, la violación es el resultado de una discusión anterior con una mujer significativa en su vida, como su madre o esposa, produciéndose de forma impremeditada y con el fin de dañar a la víctima. En efecto, el violador por venganza puede llegar hasta el asesinato de su víctima; empleará cualquier arma que esté a su disposición, y exigirá de su víctima a la que pretende aterrorizar cualquier vejación y humillación. Los asaltos pueden sucederse cada seis meses o un año.
3.- el violador depredador intenta expresar en su agresión su virilidad y su masculinidad. Experimenta un sentido de superioridad simplemente porque es un hombre; está legimitado para violar. Esa es la forma correcta de tratar a las mujeres. Su infancia es similar a la del violador por venganza, pero su vida doméstica actual es más tormentosa que la de éste. Le gusta vestir de forma llamativa, y frecuenta bares de encuentros. La víctima suele estar en el sitio equivocado en el momento equivocado; es una víctima de la oportunidad. Empleará la violencia que sea necesaria para dominarla y la someterá a múltiples asaltos. La agresión es un acto de depredación y no se preocupa por ocultar su identidad. La violencia puede incrementarse en violaciones subsiguientes, llegando a planear ciertos aspectos de las mismas, como el ir provisto de un arma.
4.- el violador sádico, es el más peligroso de todos. El propósito de la violación es la expresión de sus fantasías agresivas y sexuales. Tiene el propósito de dañar a sus víctimas tanto física como psicológicamente. Muchos de ellos tienen personalidades antisociales y son bastante agresivos en su vida diaria, especialmente cuando son criticados o resultan obstaculizados en su búsqueda de satisfacción personal. En la infancia-adolescencia manifiesta ya problemas sexuales, como excesiva masturbación y voyerismo. En su edad adulta, suele estar casado y ostentar una posición de clase media, teniendo el respeto de sus vecinos. Se trata de una persona inteligente, que planea sus asaltos, difícil de apresar. Su agresión está dirigiendo a disfrutar horrorizando a la víctima, de ahí que utilice parafernalia variada y en un ritual en su ejecución. Generalmente su violencia irá incrementándose, llegando probablemente a matar a sus víctimas, convirtiéndose en un asesino en serie. La periodicidad de sus ataques no está establecida, su perfil es el de un psicópata, y dependerá de su empleo de drogas, los planes que establezca, etc. ( Garrido, 1993).

1.5. Reincidencia
En los delincuentes sexuales suele ser menor que entre los delincuentes contra la propiedad (en torno al 20- 30 por 100%, sin diferenciar delitos), pero esto no es así en el caso de los delincuentes reincidentes, cuyos porcentajes en diferentes estudios se sitúan en un rango entre el 35 y el 75 por 100. También un último aspecto que se centra en valorar el riesgo de reincidencia concreto de estos sujetos. La evaluación tanto de aspectos sexuales como no sexuales, se centrará en la entrevista, la evaluación fisiológica, la evaluación psicométrica y las pruebas específicas (Urra, 2003).
Hasta la fecha, la investigación ha revelado que los delincuentes sexuales reinciden menos que los otros tipos de delincuentes. Además, cuando los delincuentes sexuales reinciden, sus delitos suelen ser de naturaleza no sexual. Así, cuando Langan y Levin (2002) examinaron la reincidencia de 9.691 delincuentes sexuales liberados de prisión en 1994, y que habían estado una media de tres años en libertad, hallaron que sólo un 12% habían vuelto a cometer un delito sexual. En el reciente estudio de Schumuker y Lösel (2008) se halló una tasa de reincidencia para delincuentes no sujetos a programas de tratamiento del 17,5 %. Ahora bien, a pesar de estos datos, que señalan claramente que los agresores sexuales tienden a reincidir menos que los otros delincuentes, cabe decir que son ellos los que mayor tendencia muestran a cometer un nuevo delito sexual (Duwe et al., 2008).
Por otra parte, al menos el 75% de las reincidencias por delito sexual se llevan a cabo en personas a las que los agresores conocían previamente (Duwe et al., 2008).
¿Cuáles son los mejores predictores de la reincidencia sexual? No todos los factores influyen por igual en todos los delincuentes sexuales, pero la investigación actual señala los siguientes como los más relevantes (Hanson y Morton-Bourgon, 2005):


  1. Tener un historial delictivo previo

  2. Diagnóstico de psicopatía

  3. Una orientación sexual desviada (parafilia; obsesión sexual)

  4. Víctimas previas desconocidas

  5. Relaciones íntimas conflictivas

  6. Identificación emocional con niños

  7. Historia previa de delitos sexuales que no implican contacto físico (p.ej., exhibicionismo).

Contrariamente, los delincuentes sexuales tendrán a reincidir menos cuando agredan en el hogar (incesto), sean primarios, mayores de 50 años, y que busquen víctimas niñas en vez de niños. Esto nos lleva a concluir que no todos los delincuentes sexuales deberían ser tratados de la misma manera. Actualmente hay un cierto consenso a la hora de señalar que son los agresores de niños extrafamiliares los que presentan mayores tasas de reincidencia (es decir, pedófilos homosexuales) ( Garrido, 2008).



1.6. Tratamiento
Hace unos años, el tratamiento de los delincuentes sexuales no ofrecía resultados favorables y junto a la población de delincuentes adictos a las drogas, eran los sujetos que menos índice de éxito alcanzaban en la literatura especializada. Esta afirmación se aplicaba especialmente a los casos donde la violencia sexual se acompañaba de hechos agresivos más graves, denotadores de la existencia de una psicopatía sexual. Es decir, la tipología de los violadores sádicos representaría el desafío más notable que han de abordar los especialistas en la rehabilitación de los delincuentes sexuales, sin descartar aquí los sujetos responsables de agresiones repetidas y violentas a niños.
En la actualidad tenemos datos para mantener buenas esperanzas en el caso de delincuentes sexuales paidófilos y exhibicionistas, pero con los violadores apenas sí sabemos mejorar los porcentajes de éxito esperados por el mero transcurso del tiempo. (Marshall et al., 1991). Tal vez la pregunta relevante ahora no es la de si los delincuentes sexuales pueden ser tratados con éxito, sino esta otra: ¿podemos extraer algunos resultados alentadores de las experiencias que tenemos hasta la fecha?.
En Norteamérica, donde existe más tradición de los programas diseñados para este tipo de delincuentes. Los delincuentes no violentos suelen ser derivados a programas comunitarios, si bien en general no suelen haber muchas oportunidades para tratar a este grupo de poco riesgo- voyeuristas, exhibicionistas, etc ( Garrido, 1993).
En estos últimos años, Hanson et al (2002) demostró mejores resultados, quienes revisaron 43 estudios de tratamiento con estos delincuentes (comparando más de 5000 sujetos tratados con más de 4000 no tratados), y hallaron que mientras los no tratados reincidían en un nuevo delito sexual con una tasa del 16,8%, los tratados reincidían en un 12,3%. Las ganancias fueron parecidas cuando se comparó la reincidencia en otros delitos.
Un estudio más moderno, el de Schumucker y Lôsel (2008), llevó a cabo, tras un estudio exhaustivo de la literatura especializada, 80 comparaciones independientes entre grupos de delincuentes sexuales tratados y no tratados (con un número total de 22,181 sujetos). La mayoría de los estudios mostraron un efecto positivo. En conjunto, los delincuentes tratados reincidieron el 11.1%, mientras que los no tratados llegaron al 17.5% (es decir, un 37% de diferencia). Los hallazgos en reincidencia violenta y no violenta fueron parecidos (Garrido, 2008).



    1. Conclusión

Existe diversidad de factores, al hacer alusión a los abusadores sexuales, se puede hacer referencia a distorsiones cognitivas, a parafilias, a estructura de personalidad psicopática, por nombrar las más relevantes. Pero si, existe una relación estrecha al referirse a los violadores por poseer características propias del psicópata.


Según la revisión de la literatura especializada, se llega a la conclusión que este tipo de conducta que podríamos denominar desviada se inicia en la adolescencia y edad adulta, etapa en que generalmente se da la iniciación de experiencias.
Las agresiones sexuales suponen un 1% de la delincuencia y el sector vulnerable son mujeres y niños. Este tipo de delincuentes enfrentan sus problemas a través de su conducta sexual. Como tienen un comportamiento anómalo, es imposible que establezcan relaciones satisfactorias.
Los abusadores sexuales obtienen una gran excitación como
consecuencia de sus prácticas desviadas, de ahí que tengan
muchos problemas para inhibir ese comportamiento. Si a esta
dificultad en el control del impulso sexual le añadimos otras carencias en el ámbito de las relaciones interpersonales, entenderemos que les resulte muy difícil confrontar una relación adecuada con el sexo femenino, y justifiquen mediante excusas y distorsiones su desviación sexual.
En relación al comportamiento sexual de muchos perpetradores se proyecta de un modo desviado hacia objetivos sexuales inaceptables, como son los menores de edad o también en el uso de la violencia para forzar sexualmente a una mujer. Asi es como lo explica, los investigadores Marshall y Redondo, estas preferencias desviadas se consolidan mediante el condicionamiento clásico, por la asociación entre excitación sexual y pornografía infantil, en el caso de los menores. Además, suelen presentar dificultades para comunicarse, por lo que las situaciones sociales las vivencian como amenazantes. Suelen presentar un gran número de distorsiones cognitivas o errores valorativos sobre las mujeres y su papel en la sociedad. Estas distorsiones o creencias erróneas orientan su conducta sexual de una manera inapropiada e ilícita, excusándose de su accionar.

Para Marshall algunos indicadores relacionados con las familias de los abusadores sexuales, es que han tenido una experiencia negativa con sus progenitores, por lo que las situaciones han sido resueltas con violencia o las han enfrentado sin hacerse cargo de la situación. Se deduce que el origen de este tipo de delincuentes se da al interior de la familia, y a esto se suma el poder del abuso de alcohol, el abuso de drogas y la negligencia hacia sus hijos, actividades delictivas y aislamiento social.


Marshall y Barbaree en el modelo para comprender la etiología de la agresión sexual, considera a tres elementos constitutivos como son: las influencias biológicas, al contexto socio-cultural y el desarrollo psicológico del individuo. Es asi, como el autor aduce a la evolución de transformarse en perpetrador sexual, utiliza el significado de vulnerable. Toma en consideración la relación de los padres en referencia al apego caracterizado por la indiferencia e inconsistencia o bien la frialdad, dando como consecuencia un deterioro en su autoimagen, y un manejo deficitario al momento de enfrentarse a las dificultades de la vida.
En relación a la tipología, existe diversidad en base a un patrón de conducta, porque está implícito el concepto de parafilia, conducta sexual donde la fuerza predominante de placer es traducida a otra actividad que no es la cópula.
En relación a la reincidencia, suele ser menor que en los delincuentes contra la propiedad, no es asi, en el caso de delincuentes reincidentes, donde el porcentaje trasciende el 35%. Y en estos casos, los delitos son de naturaleza no sexual. Otro dato relevante es que en un 75% las reincidencias por delito sexual se llevan a cabo en personas a las que los agresores conocían previamente. También se ha llegado a la conclusión que los agresores de niños tienen una reincidencia mayor al resto.
Al referirse al tratamiento de los delincuentes sexuales, hace un tiempo, no se observaba resultados favorables conjuntamente con la población de delincuentes adictos a las drogas. Refiriéndose exclusivamente a los casos donde se advertía violencia, como denotador de una psicopatía sexual. Por lo que, los violadores sádicos representaría el reto más considerable que han de abordar los especialistas en la rehabilitación de este tipo de delincuentes. En relación a las diferencias entre los abusadores que utilizaron la violencia y los que no fueron violentos, fueron las mínimas, no lográndose una diferencia significativa entre ambos grupos.

Lic. Pamela Andrea González López

pamdrea@hotmail.com

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  1. Parma, Carlos. Abuso sexual.(2006) Enfoque interdiscilplinario de los lineamientos normativos actuales. Estudios sobre la víctima y el victimario. Libros jurídicos.




  1. Parma, Carlos.(2005) Código Penal Argentino. Editorial Mediterránea.




  1. Soza, Hernán y Rabié, Patricia (2006). ¿Por qué mata el hombre?. Descubra el apasionante mundo de la criminología. Editorial Mare Nostrum.




  1. Torres, Mauro. (2006). Compulsión y crimen. Legis Editores S.A. Colombia.




  1. www.penitenciaria.mendoza.gov.ar



MONOGRAFIAS DE REVISTAS ESPAÑOLAS

1.- Consejo General del Poder Judicial. Cuadernos de Derecho Judicial. Criminología.
2.- ICADE Revista de las Facultades de Derecho y Ciencias Económicas y Empresariales. Mayo-Agosto 2001. nº53. Madrid.
3.- Escuela Judicial Consejo General del Poder Judicial. Delitos contra la libertad sexual. Cuadernos de Derecho Judicial.1997.
4.- Serta in memoriam Alexandra Baratta. Aquilafuente. Ediciones Universidad Salamanca.


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