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Peleas y orgasmos, al zambullirse en el cuento


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Guadalajara, Jalisco, a 2 de diciembre de 2012


Peleas y orgasmos, al zambullirse en el cuento

Escritores teorizaron sobre el relato dentro del Encuentro Internacional de Cuentistas, en una jornada más de “esa realidad paralela que es la FIL”


Atendiendo a la comparación, de las tantas que se hicieron, de que la novela es como bañarse en el mar y el cuento hacerlo en una piscina, los asistentes se sumergieron en aguas de añoranza, violencia, fábula y sátira, ayer en la segunda jornada del Encuentro Internacional de Cuentistas.

Hubo teoría y práctica por parte del cuarteto participante, al igual que de los asistentes, que sobrevivieron a las multitudes de “esa realidad paralela que es la FIL”, como la describió el moderador Ignacio Padilla (México), y llegar a salvo al salón. Jóvenes en su mayoría, cuentistas algunos, al final muchos quisieron conversar particularmente con su escritor predilecto. Lo de realidad paralela se refiere también al hecho de que aquí los escritores son queridos y la gente lee, añadió Marcelo Mellado (Chile).


Mellado, de quien se dice practica el arte de la injuria, eligió un cuento cercano a México, aventuró. Un militante de un partido indeterminado diserta sobre los caminos a seguir para mejorar la organización, pero termina mandando todo al carajo envuelto en una retórica atropellada. El hombre rana de la quinta fila hizo glu, glu, glu, aunque pudo ser interpretado como un ja, ja, ja.
El poeta, cuentista y editor Roman Simic —“en Croacia somos tan poca gente que debemos dedicarnos a varias cosas”—, dijo que el cuento es el espacio entre dos latidos del corazón, “lo importante es que logre captar el ritmo propio de cada ser humano”, dicho que conquistó a más de una chica, aunque alguien lo atribuyó a que es un come años. O será que en su historia el protagonista escribe una carta a su amada ausente.
El más histriónico fue Jordi Puntí (España), con su historia de recuerdos de niñez, cuando se disfrazaba de Frankenstein [y Puntí levantó horizontalmente los brazos y se balanceó], e iba a nadar con sus compañeros [y Puntí hizo una curva con la mano a manera de clavado], y saltaba sobre la fogata [y Puntí sacudió los brazos como señal de abrirse paso]. Su actuación se dio sólo durante la lectura y no cuando comparó al cuento con el orgasmo masculino y a la novela con el femenino.
Para Etgar Keret (Israel) existe un ánimo por menospreciar al cuento por parte de su agente, porque a pesar de que sus libros son los más vendidos en su país, le insiste siempre: ¿y para cuándo la novela? Su cuento fue una fábula sobre el proceso de creación, donde la historia vuelve en sí misma para crear situaciones límite, que llevó a hombres y mujeres por igual al éxtasis. Durante la mesa se dijo que la novela es como el cónyuge y el cuento el amante. Así, al final, los asistentes salieron con los guantes bien puestos a luchar por su lugar en la siguiente actividad.


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