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Pedro duque a 550 kilómetros de la tierra un español entra en órbita en una misión histórica John Glenn, desde el espacio: «Esto es formidable, me siento muy bien «Mira papá cómo se va»


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SOCIEDAD


Viernes, 30 de octubre de 1998

PEDRO DUQUE A 550 KILÓMETROS DE LA TIERRA

Un español entra en órbita en una misión histórica

John Glenn, desde el espacio: «Esto es formidable, me siento muy bien - «Mira papá cómo se va», dijo Irene, la hija del astronauta madrileño, al ver el despegue

CARLOS FRESNEDA

Enviado especial

CABO CAÑAVERAL.- Lo que sintió ayer Pedro Duque con ese volcán tronándole a las espaldas lo sabremos a la vuelta. Lo que sintieron su mujer, sus padres y sus tres hijos al ver esa estela de fuego que impulsó hacia arriba el Discovery es la suma atropellada de muchas cosas: incredulidad, asombro, pánico... ¡alivio!

Despegó sin contratiempos la lanzadera espacial. Entraron sanos y salvos en órbita nuestro admirado astronauta, el abuelo John Glenn y los otros cinco tripulantes. Suspiraron Bill y Hillary Clinton, el Príncipe Felipe, Consuelo y los niños.

Hubo tan sólo dos ligeros imprevistos -una caída de presión en la cabina y la irrupción inoportuna de una avioneta en la zona de seguridad- que obligaron a retrasar el lanzamiento 18 minutos, los justos para crear esa atmósfera de incendiaria expectación.

Consuelo no encontraba palabras para describir su doble emoción. La noche anterior, conversando informalmente, confesó sentirse un poco como la mujer del torero.

La mujer de un torero que tiembla al mismo tiempo de miedo y de orgullo por la proeza del padre de sus hijos: Mark, Andrés e Irene, una pequeña que sueña ya con recoger el testigo de su padre y convertirse en la primera astronauta española.

La familia Duque contempló el despegue desde el observatorio reservado a los invitados ilustres. Allí, a cinco kilómetros de la rampa de lanzamiento, pudieron observar primero la bola de humo blanco y después el chorro cegador de fuego. El ruido, que empezó como una lejana tormenta, acabó como el fragor de miles de truenos.

Y de pronto, mágicamente, el Discovery ascendió en vertical. La lanzadera partió impulsada por los dos cohetes gemelos que se despegaron exactamente a los dos minutos y 11 segundos y cayeron después en mar abierto.

En ese momento remitió la inabarcable humareda, que acabó dibujando las únicas nubes que ayer se vieron en el cielo. El transbordador era ya poco menos que un punto luminoso, una estrella diurna con la Luna en cuarto creciente como telón de fondo.

Hasta los ocho minutos y 31 segundos, el Discovery continuó su ascenso en parábola con sus tres motores a toda máquina y, antes de entrar en órbita, se liberó del colosal tanque anaranjado de combustible (dos millones de litros de oxígeno e hidrógeno quemados en un suspiro).

A las 8.30 horas de la tarde, hora española, la lanzadera alcanzó los más de 500 kilómetros de altitud y se enganchó a la órbita terrestre a una velocidad 25 veces superior a la del sonido.

Primera órbita

Pedro Duque había tomado asiento en el puente de mandos, junto con el comandante Curtis Brown y otros dos tripulantes. John Glenn viajaba en segunda clase, sin derecho a vistas y sin acceso a la cabina de mandos. «Me han dicho que el asiento que me han reservado es un poco frustrante», comentó recientemente John Glenn, «pero espero que durante estos nueve días me dejen asomarme alguna vez a la ventana...»

Los siete tripulantes pudieron por fin respirar tranquilos, superados los cambios de presión y los riesgos del momento crítico. Pedro Duque activó poco después el botón de apertura de las compuertas para liberar el calor, y debió sentir entonces una gran liberación. Parecida sensación debió tener en tierra el otro Pedro Duque, el padre, mientras escuchaba por los altavoces la noticia de que todo transcurría con absoluta normalidad, que el Discovery -al cabo de 39 minutos- estaba completando ya su primera órbita y que en ese preciso instante volaba sobre las cabezas de los habitantes de Madagascar.

Nos habíamos olvidado de la otra familia, la americana. Allí, junto con Bill y Hillary Clinton, estaban también la esposa, Annie, los dos hijos y los dos nietos adolescentes de John Glenn, el último héroe americano.



El pulso de Glenn

David Glenn, el hijo díscolo, se abrazó a su madre y entornó los ojos: «Avisadme cuando se hayan despegado los dos cohetes», les dijo. «Hasta entonces prefiero no saber nada». Los temores de David, muy parecidos a los miedos de Consuelo, se desinflaron en gran medida cuando el Discovery desapareció en el cielo. El ojo vigía de Houston tranquilizaba a la audiencia: ningún problema.

A la hora escasa del despegue, los astronautas pudieron desprenderse de sus corazas naranjas y recuperar su aspecto de humanos. Ingrávidos y perplejos, comenzaron sus experimentos: el doctor Parazynski le tomó el pulso a John Glenn, que se conectó en el acto todos los aparatos para medir la presión sanguínea y las ondas cerebrales. La densidad de sus huesos, la coordinación de movimientos y la producción de proteínas pasarán día y noche por someros controles médicos. Los resultados los tendremos en nueve dnas. El regreso triunfal de John Glenn y Pedro Duque será el 7 de noviembre, en estas mismas costas. Aquí estaremos.

Bill Clinton: «Es un gran día para EEUU»

El presidente estadounidense, Bill Clinton, declaró ayer que estaba muy emocionado ante la nueva misión espacial del senador John Glenn a bordo de la nave Discovery, y afirmó que este vuelo hacía que fuera «un gran día para Estados Unidos». Clinton hizo un llamamiento, en la cadena de televisión CNN, a continuar con la exploración del espacio y aseguró que el programa estadounidense en este campo ha resultado ser una gran inversión. El presidente norteamericano indicó además que si Rusia atravesase dificultades económicas para seguir participando en la puesta en órbita de la Estación Espacial Internacional (ISS), Estados Unidos le ayudaría, para evitar que se retire de este programa. «Es muy importante tener a los rusos, a los europeos y a los japoneses con nosotros en este proyecto», añadió.



López Alegría: «Lanzamiento perfecto»

El astronauta estadounidense de origen español Miguel (Michael) López Alegría vio en directo desde el Kennedy Space Center el lanzamiento de su compatriota Pedro Duque. «Ha sido precioso, perfecto», comentó a EL MUNDO 27 minutos y 30 segundos después de finalizar la cuenta atrás. «El primer retraso ha sido porque ha habido unos pequeños problemas técnicos que al final no eran tales. Luego, una cosa totalmente anormal ha provocado que la cuenta atrás se detuviera por segunda vez. Una avioneta se ha metido en la zona del espacio aéreo que no puede ser violada en esos momentos», explicó. El miércoles por la noche (madrugada del jueves en España) estuvo con la madre de Duque. «Yo la vi muy tranquila. Sobre todo estaba emocionada, pero nada nerviosa», afirmó.



http://www.el-mundo.es/diario/1998/10/30/sociedad/30N0127.html


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