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Paso del Norte: Siguiendo Huellas Margarita Medina


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Paso del Norte: Siguiendo Huellas


Margarita Medina

Encontrar la mejor definición para describir el trabajo y la trayectoria artística de cinco mexicanos, cuyo destino los ha llevado al otro lado de la frontera norte, es hablar en cierta forma de una estética que deambula en una retórica de historia e identidad.


“Paso del Norte: Siguiendo Huellas”, deja entre ver el vasto mundo de la fuerte presencia, aunque todavía muy reservada, de iconografías, hechos, y aportaciones de la estética mexicana en los Estados Unidos, especialmente en California, la cual, sin dejar a la zaga las manifestaciones desde los nativos americanos, y más tarde con David Alfaro Siqueiros, quien establece la pauta a seguir en la primera mitad del siglo pasado, hasta el surgimiento de la nueva estética, generada en los últimos cinco lustros, se fortalece con los actuales exponentes contemporáneos, entre los que se reconoce a José Antonio Aguirre, Daniel Márquez, Isabel Martínez, Francesco Siqueiros y Marianne Sadowski.
Mientras su estatus se define en una sociedad adoptada, el devenir de su realidad, en ocasiones, cae en clichés que van desde “ni de aquí, ni de allá”, “traidores”, “los vecinos ricos”, “en el limbo”, “¿chicanos?”, etc., y continua con una lista de motes y derivaciones dirigidos a aquellos mexicanos que, aunque separados físicamente del territorio mexicano, están en la delantera patentando su identidad con una carga histórica y cultural que los respalda, con la seguridad y las herramientas para proyectar su diálogo estético, entre vericuetos de una segunda nacionalidad, inquietudes, temores, angustias, recuerdos y valores bien justificados.
Pero son ellos, y en California, quienes han contribuido al cambio no solamente de esos bonitos paisajes de California, o de aquellas etiquetas de frutas que atraían e invitaban a voltear los ojos a ese estado de la Unión Americana. Ahora, como lo implica Howard N. Fox en su ensayo: “Many Californias 1980 – 2000”, para “Made in America”; debido al crecimiento más diverso de la mezcla cultural y social de California, comenzaron a surgir múltiples puntos de vista y formas de ver el estado. Imágenes como la guadalupana, figuras populares o imaginarias mexicanas, la muerte, máscaras y enmascarados, el día de muertos, etc., entre muchas otras, vienen a tomar parte en la propuesta artística de la actual California ecléctica y que a la vez, han establecido el puente entre dos países, considerado por estos mexicanos, como una extensión de su propio territorio, culturalmente hablando.
Encontrar y seguir huellas, no es mero romanticismo, sino un planteamiento de continuidad en la nueva iconografía californiana/mexicana que pone de manifiesto la experiencia y la conciencia, como lo demuestra el trabajo de José Antonio Aguirre, Marianne Sadowski o Francesco Siqueiros, quienes dejan ver en su obra la condición social del ser humano en sus distintas facetas. Mientras que Marianne Sadowski recrea simbolismos para codificar y descodificar, ya sean problemas sociales o simples fantasías mentales, “Oda a Siqueiros II” de José Antonio Aguirre no solo utiliza la imagen de David Alfaro Siqueiros, sino que hace eco de una postura controversial al añadir sus propios elementos iconográficos. En oposición, Francesco Siqueiros utiliza la imagen del cómico “Adalberto Martínez “Resortes” para jugar con los sentidos y trascender en la memoria popular, a través de una fantasmagoría que diluye rasgos y expresiones en cada una de las impresiones fotográficas de las series denominadas “Apariciones de Resortes”.
Mucho hay que decir y poco de explicar cuando la propuesta estética mina toda esa iconografía de la cultura popular y fetichismo mexicanos para transportarlos a cualesquiera superficies llámense lienzo, terciopelo, papel o madera en donde Isabel Martínez encuentra su bien lograda expresión creativa, en un mundo de faunos y alebrijes, que hablan por sí solos de una profusión de emociones muy particulares, como también lo plasma Daniel Márquez, de manera más inocente, en sus piezas de terciopelo negro donde el luchador, el ídolo, el artista, la mujer como ícono de conquista y la madre patria, toman vida con un toque de dramatismo, y cuyo simbolismo se acentúa todavía más cuando los enmarca sobre un cofre de auto. Asimismo, se puede apreciar en las máscaras de José Antonio Aguirre una ambivalencia que promueve, intencionadamente, la tradición mexicana de la máscara tallada, y las máscaras que encuentra en la diversidad de rostros de su entorno multicultural.
El bagaje cultural que respalda a los cinco artistas, que concurren en esta muestra, se conjuga con la influencia de la cultura pop y experiencia americana, bajo una percepción que responde a la experiencia propia de cada uno de ellos, y que comprende una constante donde el concepto tiene un valor en el contexto mexicano, pero que bien engrana en su “otro” contexto americano.
Esta breve exhibición, alude a respuestas planteadas a partir del color, del formato y de la técnica, manifestadas como apreciaciones subjetivas, que el espectador ira hilvanando para llevarla consigo por otros rumbos de su propia imaginación e interpretación.
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