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Pasen y vean


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Pasen y vean



El circo Medrano se va a Viladecans porque la normativa le impide actuar en Barcelona
Un circo sin niños no es un circo, y un circo sin animales es un circo a medias o un mediocirco. No es una greguería, aunque Ramón Gómez de la Serna asistiera a numerosas representaciones de lo que definía como “la verdadera y pura diversión”. El circo tradicional, con animales amaestrados, está en decadencia, acosado y casi perseguido. Un ejemplo es el itinerante circo Medrano de París, con 110 años de solera, ubicado originalmente en el mismo lugar de Montmartre en el que hoy se encuentra el Moulin Rouge. El Medrano da pan a unas 40 personas. Hoy despide su tercera gira por Cataluña (parque de la Torre Roja de Viladecans, actuaciones a las 12 h y a las 18 h), habiendo suspendido su programación en Barcelona por la negativa del Ayuntamiento a concederle la licencia. La razón esgrimida por el consistorio es simple: el cumplimiento estricto de la ley, que prohíbe la exhibición de animales.

El circo ha llegado. Pasen y vean. Disfruten de la función.

Genís Matabosch (Figueres, 1977) está en la taquilla vestido con chaqueta alevitada y “traje de luces”. Es una guerrera cuya pechera tableada, orlada de bordados y una guarnición de encajes, se parece en mucho a la que lucía Timothy, el ratón de Dumbo. Él vende las entradas en la rulot de la puerta, pero, micro en mano, está listo para entrar en acción y presentar el espectáculo. Como Dios, duplicado hasta el infinito.

Lanza diatribas como los candidatos de las formaciones políticas en el último tramo de la campaña electoral. Su discurso es contra la ordenanza barcelonesa que regula la presencia de animales en la ciudad, y que establece lo que son animales domésticos y lo que son animales salvajes. La considera “incomprensible y ramplona”.

“Me parece de una demagogia espectacular e incluso cínica. Hay que pensar que la persona que promueve esta ordenanza municipal, el señor Portabella [Jordi Portabella, ERC], es, al mismo tiempo, el presidente del Zoo de Barcelona, donde cada día hay espectáculos de delfines. Que yo sepa, los delfines no son animales domésticos, no conozco a nadie que los tenga en la bañera de su casa”.

Su conclusión es clara: “Una ordenanza como la de Barcelona no es beneficiosa para nadie”.

Genís ha dirigido su carrera profesional hacia la gestión de lo que él llama “circo-despacho”. No en vano, es el encargado de asuntos de management del circo Medrano en Cataluña (la triple P: permisos, publicidad, prensa).

“Mi pasión siempre fue el circo, y dentro del circo, lo que más me fascinaba y me fascina es su historia, el pasado de esta gente, de familias dedicadas, de generación en generación, al mismo oficio, casados entre ellos, con una vida ambulante”.

En el interior del circo Medrano, los niños lo miran todo asombrados, con la intensidad emocional de la firma de un tratado de paz. Las dimensiones de la carpa (32x34m), con una única pista, equivalen a un mar sin fronteras. Embobados en el regazo de sus madres, se sientan en los mismos asientos que antaño ocuparan Picasso, Toulouse-Lautrec y Degas, que volcaron sus inspiración en la paleta para dibujar funámbulos, saltimbanquis, titiriteros y arlequines.

Como en la canción de Casimiro, se apagan las luces y se encienden los sueños.

Aparece el divertido payaso Fips, “risas sin fin”. Es un inglés con la nariz roja, con zapatos que ya calzaban los legendarios hermanos Tonetti, con tirantes y gorra de chulapo, y un pito por boca. Hace lo que los demás no pueden hacer: ponerse una escoba en la frente sin que se le caiga.

—¡Tacháaan!



(Aplausos y cosquillas)

Entra la caballería. Dos frisones negros, Itak y Turkou, dan vueltas al trote. En el centro de la pista, con la tralla, Patrice Roche, “como los perfumes”. Este cuarentón trigueño y con los dedos aspeados de la localidad rural de Annonay, enganchada a la roca de los Alpes, se fue de casa a los 14 años para estudiar en la escuela de circo de París.

Es el dresseur-dompteur, una mezcla entre presentador y domador. De sándalo rojo, su vestido contrasta sobremanera con los lustrosos zapatos negros de charol, impecables pese a las boñigas.

“La gran cuestión, el gran dilema, es combinar el nuevo circo, el circo contemporáneo, como el Cirque du Soleil, con el circo tradicional, con animales. Para mí, circo son animales. Además, todos los animales que tenemos son nacidos en el circo, por lo que protegemos la especie”, alega en su defensa Patrice, que piensa en voz alta y está harto de “hipocresía verde”. “Antes, a las fieras se las irritaba para que enseñaran las garras; ahora se pretende que animal y domador congenien”.

La prohibición de animales en escenificaciones es una norma “políticamente correcta” cada vez más extendida: “A muchos pueblos de Francia y a casi toda Inglaterra ya no podemos ir”.

Los dos caballos negros sin albardas salen por la lona.



(Aplausos y aclamación)

Les relevan Nemo, Sofía y Daniella, unos camellos tan altos como un taburete.



(Aplausos y ovación)

Número de las vacas adiestradas. Seis vacas gordas y pintas, seis, atolondradas, sin cencerro. Las seis, Linda, Notella, Milka Lilla, Diana y Doris, se mueven al ritmo de la tierna música de Candilejas.



(Aplausos y un niño que llora asustado)

Cornetas anuncian “el ballet de los legendarios elefantes asiáticos”. Son tres elefantas: Camala, Lechme y Mina. Su cuidador es Lee Anthony (35), nacido en Northampton (Inglaterra) y figurante del Circo Medrano desde 1989.

Rollizo y rubicundo, Lee Anthony hace nueve años que alimenta a “sus gatitos”. El menú del día, por cabeza, es desproporcionado: 60 kg de alfalfa, 25 kg de manzanas, 25 kg de zanahorias, 30 kg de pienso, 250 l de agua... El pienso lo adquieren en las granjas de la zona. El resto, en el supermercado, donde acaparan todo lo que hay en los estantes.

Sus elefantas son sosegadas.

“Son como los humanos, disciplinados, calmados, tranquilos. El secreto es conocerlas”.

Lee Anthony, que ha actuado para las hijas de Rainiero de Mónaco, afirma que las acusaciones de maltrato de animales que les llueven de los ecologistas se deben a la ignorancia.



(Aplausos y expectación. El niño que lloraba, ríe)

El número final. Lo más esperado. El altavoz recomienda no estirar mucho los brazos a los que estén en primera fila. Es el turno del verdadero protagonista, la mascota del circo, un león blanco que responde al nombre de Eros. Es cariñoso y carnívoro.

Enrique Luna (Valencia, 1963), Magic Polo, es como Tarzán de los monos. Sus “bichos” de 300 kilos están en jaulas de 30 m2, tendidos, bostezando, indiferentes al peligro de extinción. Les presento: además del león blanco Eros, de ojos azules (“sólo hay uno entre un millón”), los tigres de bengala Phoenix y Duchess, la tigresa blanca Serina, que está a punto de parir, y los hijos de esta con Phoenix: Paris, Sito, Azul y Sansón, un tigre de creces que sólo tiene 11 meses.

Steven Spielberg le ofreció a Enrique 400 mil dólares por Serina; los rechazó.

A ellos les va el cine. Uno de estos tigres sale en Gladiator (Ridley Scott, 2000), en uno de los combates sobre la arena del Coliseo de Roma.

“Estos tigres trabajan en libertad en un show de magia que coordino”, explica Enrique, hijo de trapecistas, que ha trabajado en infinidad de países donde los conservacionistas son fuertes. “Los tigres blancos no pueden sobrevivir en la naturaleza, son muy delicados. Aquí tienen su espacio, no están estresados, las jaulas son supergrandes, tienen sus juguetes, su piscina...”.

Como salido de El Club de los Faltos de Cariño, de Manu Leguineche, Magic Polo se cree víctima, efecto de los daños colaterales de la guerra entre taurinos y antitaurinos. “En Barcelona, lo que quieren los ecologistas es parar los toros, y lo que no pueden hacer es permitir que los taurinos utilicen como argumento para su propio beneficio el hecho de que en el circo también se usen animales”.

Enrique Luna estuvo en el circo de La Monumental, a finales de los sesenta, con Mary Santpere. “Los mejores artistas del mundo del circo han estado en Barcelona”.

Ha pasado por el circo Ringling y por los casinos de Las Vegas. Fue actuando para la cadena de hoteles Hilton, en Australia, que Raoul Gibault, dueño del circo Medrano, le contrató. Paris Hilton era su jefa: “Es bastante calladita”.

Si quieren ver de lo que son capaces tigres y leones, pasen y vean. Si quieren ver, además, a François, un malabarista de mazas de negro riguroso; al Dúo Mitin, “estrellas del transformismo” y las acrobacias en las barras fijas de la Trouppe Zhuk, pasen y vean.

En tiempos de impostura, el circo sigue siendo el mayor espectáculo del mundo.

(Aplausos)

DESPIECE I. La ordenanza

Ordenanza de Barcelona sobre la protección, la propiedad y la venta de animales, de 22 de diciembre de 2003


Título II. Régimen jurídico de la propiedad de animales

Artículo 10 del Capítulo 1

h) Está prohibido utilizar animales salvajes en cautividad en los circos

DESPIECE II. Verde


La Asociación Defensa Derechos Animal (ADDA, www.addaong.org) es la primera ONG que se fundó en España para trabajar por el bienestar de todos los animales. Su sede está en Barcelona. En estos 30 años de existencia, una de las campañas permanentes que desarrollan es la de conseguir que los circos sean una “muestra de cultura y arte y, por tanto, que no utilicen para sus espectáculos animales salvajes”. Desde tigres y leones a elefantes son, según ADDA, “entrenados con métodos crueles para conseguir domesticarlos. Si no, un león nunca saltaría por un aro de fuego o un elefante no andaría sobre sus dos patas con una pelota”.

La coordinadora de ADDA, Francina Ballester, es contundente: “Son espectáculos que denigran al animal, porque se les fuerza a realizar comportamientos contrarios a su naturaleza, a vivir en lamentables condiciones, encadenados, a maltratos durante los entrenamientos y a largos y constantes viajes”.

Desde ADDA se lucha para que los animales salvajes vivan libres en su hábitat natural. “En pleno siglo XXI no se puede tolerar que por el mero entretenimiento del ser humano se prive de su libertad a los animales salvajes y que sean tratados como meros objetos. Los grandes circos artísticos no utilizan animales en sus espectáculos y cuentan con maravillosas actuaciones de malabaristas, magos y otros profesionales, demostrando que se puede hacer un excelente negocio y divertir al público sin la necesidad de utilizar animales”.

En muchos países desarrollados (Suiza, Finlandia, Suecia...) se ha prohibido la instalación de circos con animales. En Cataluña, además de Barcelona, hay otras ciudades que no lo permiten, como Lleida y Blanes. “Si queremos ser un país avanzado y progresista, no podemos permitir que las personas se diviertan y enriquezcan con el sufrimiento de los animales. Como decía Mahatma Gandhi, "la grandeza de una nación y su progreso moral puede valorarse en la forma en que tratan a los animales"”.







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