Página principal

Participación ciudadana en la riqueza petrolera


Descargar 97.15 Kb.
Fecha de conversión23.09.2016
Tamaño97.15 Kb.
Participación ciudadana en la riqueza petrolera

José Luis Cordeiro

Un pueblo es esclavo cuando el gobierno, por su esencia o por sus vicios,

huella y usurpa los derechos del ciudadano o súbdito.



Simón Bolívar, 1815

 

Hay que tener cuidado de... una nacionalización “chucuta”.



Juan Pablo Pérez Alfonzo, 1976

 

–¿Está usted de acuerdo con la privatización? – No.



–¿Sabe usted que es la privatización? – Tampoco.

Ciudadano entrevistado en la calle

 

La tragedia petrolera venezolana se remonta a la década de 1970, cuando Carlos Andrés Pérez asumió la presidencia por primera vez. Desde el inicio de la explotación petrolera en la década de 1920, Venezuela tuvo tasas de crecimiento anuales entre el 5% y el 10%, en promedio, gracias al acelerado desarrollo petrolero y a la creciente actividad privada. Sin embargo, en 1974, Carlos Andrés Pérez comenzó una política de mal llamadas “nacionalizaciones”. Las compañías de hierro, acero y, naturalmente, petróleo fueron “nacionalizadas”.



El día 21 de agosto de 1975 se firmó la Ley Orgánica que Reserva al Estado la Industria y el Comercio de los Hidrocarburos, también conocida como la Ley de Nacionalización Petrolera y que terminó siendo simplemente una expropiación a nacionales y extranjeros. Aunque el propio Estado venezolano popularizó la palabra “nacionalización”, lo que realmente ocurrió fue una completa estatización. De hecho, el anteproyecto de ley fue presentado originalmente en 1974 bajo el nombre de la Ley de Estatización de los Hidrocarburos, solicitado por la Comisión de Reversión Petrolera en base a las operaciones que serían revertidas, sin costo al país, a partir de 1983 después del final previsto para todas las concesiones petroleras.

El 1 de enero de 1976 entró en efecto la Ley Orgánica que Reserva al Estado la Industria y el Comercio de los Hidrocarburos, o simplemente la ley de “estatización” petrolera, con la que el Estado venezolano se otorgó a sí mismo el control directo de la principal industria del país. En ese momento la industria petrolera fue estatizada y 14 compañías petroleras concesionarias pasaron al control del Estado venezolano. Es importarte diferenciar entre la mal empleada palabra “nacionalización” y lo que realmente aconteció, o sea, una “estatización” completa de la principal actividad económica de Venezuela. Empresas con nombres tan criollos como Mito Juan y Las Mercedes nunca fueron “nacionalizadas” pues ya eran nacionales: desde sus dueños venezolanos, verdaderos empresarios criollos, hasta los trabajadores y accionistas más humildes. Esas empresas fueron estatizadas, no nacionalizadas, al igual que todas las otras compañías petroleras internacionales que contaban principalmente con personal venezolano.

Desde 1976 se aceleró en Venezuela el crecimiento desmedido del Estado, hasta el punto de recibir comúnmente el nombre de Petro-Estado. Ese Petro-Estado se ha convertido en el principal empleador, inversionista, productor, consumidor, distribuidor, controlador y regulador del país. El resultado ha sido trágico como lo demuestra la figura 1. En términos reales, el Producto Interno Bruto (PIB) por venezolano se ha reducido en más de una cuarta parte desde la estatización de la industria petrolera. Venezuela lleva prácticamente un cuarto de siglo de caída económica y contracción de inversiones. Hoy, iniciando el siglo XXI, el PIB por habitante es a penas igual al de un de inicios de los años 1950. Se puede decir que Venezuela ha sufrido la trágica historia de medio siglo de desarrollo perdido.

 

 



 

 

 



Figura 1: Evolución del Producto Interno Bruto (PIB) por habitante

(Índice 1977 = 100, en términos reales)

Fuente: Basado en A. Baptista y Banco Central de Venezuela (www.bcv.org.ve)

El Estado venezolano, a lo largo de los últimos años, ha demostrado ser tan incompetente que muchos le atribuyen el “toque de Midas al revés”: todo lo que toca lo convierte no en oro sino en pobreza. La culpa, sin embargo, no es sólo de nuestro Estado agigantado y corrupto, sino de todos los venezolanos que le hemos permitido llegar hasta su situación actual; quizás esperando cómodamente que fuera el Estado quien nos resuelva nuestros problemas y no nosotros mismos.



La verdadera nacionalización del petróleo

A pesar de la grave crisis nacional, sí hay una salida real a largo plazo para pasar de una Venezuela rentista a otra Venezuela productiva. Esta salida representa una gran transformación que requerirá gran visión y liderazgo. Por un lado, el Estado debe dedicarse a su verdadera función: gobernar y concentrarse en los problemas públicos de educación, salud, seguridad y justicia. Por otro lado, los venezolanos debemos concentrarnos en las actividades productivas, tanto petroleras como de cualquier otra índole.

El petróleo no tiene nada de sagrado, es tan sólo un mineral para ser utilizado eficientemente como cualquier otro. El petróleo tampoco tiene nada de básico. Si hay algo verdaderamente básico para el desarrollo de un país es la educación; sin embargo, el Petro-Estado venezolano ha abandonado la educación para dedicarse a vivir del petróleo. Por eso la educación en Venezuela se ha convertido en el gran “fraude” nacional y la misma industria petrolera va por ese camino bajo el control de un Petro-Estado “demagogo”, “patriotero” y “rentista”. Un Estado que sólo vela por sus propios intereses y se olvida de los intereses de la población que supuestamente representa. Un Estado que subsiste principalmente de los ingresos petroleros directos sin rendirle cuentas ni prestarle servicios al pueblo ¿Es ése el Estado que queremos los venezolanos? ¿Es ése el Estado que nos merecemos los venezolanos? ¡Claro que no!

Los venezolanos podemos y debemos tener un mejor Estado que se dedique a sus verdaderas responsabilidades: educación, salud, seguridad y justicia. Pero esto sólo ocurrirá cuando el Estado se vea forzado a cumplir con su misión de gobernar y entregue el petróleo a sus verdaderos dueños, es decir, a los propios venezolanos. El Petro-Estado propietario del petróleo ha demostrado no sólo ser incompetente para manejar una riqueza que ni siquiera le corresponde directamente, sino que además ha sido el instrumento del desastre que vive el país actualmente. Desde el momento mismo de la estatización petrolera se perdió el equilibrio entre lo público y lo privado generando un Petro-Estado hipertrofiado que se apropió de la principal riqueza nacional en beneficio propio.

El punto de enlace entre la vieja Venezuela que muere y la nueva Venezuela que nace es precisamente el petróleo. La industria petrolera, como cualquier otra actividad productiva, debe pasar del Estado a los ciudadanos. La “desestatización” y “democratización” del petróleo son las bases para la construcción de la nueva Venezuela que tanto ansiamos. Una Venezuela más libre, más próspera y más justa, donde los venezolanos seamos realmente dueños del petróleo.

El petróleo debe pasar directamente a todos los venezolanos: debemos ir hacia la completa desestatización y democratización del petróleo. Venezuela tiene que avanzar hacia la desestatización de la economía y PDVSA hacia la democratización del petróleo. El principal recurso natural de Venezuela debe regresar a sus verdaderos propietarios: todos los venezolanos. La propiedad del petróleo tiene que pasar del Estado a los nacionales. El objetivo no debe ser una simple privatización sino la verdadera nacionalización petrolera venezolana: una desestatización democrática del petróleo. ¡La “venezolanización” del petróleo! Esta será la decisión más trascendental de la Venezuela de comienzos del siglo XXI. Venezuela ya ha perdido medio siglo de desarrollo: la segunda mitad del siglo XX. No podemos permitir que lo mismo ocurra al iniciarse este milenio.

La Venezuela del tercer milenio debe ser una Venezuela sin ningún tabú. Una Venezuela dinámica, progresista y abierta hacia nuevas ideas. Una Venezuela donde el petróleo sea verdaderamente, por primera vez en nuestra historia, de todos los venezolanos. Una Venezuela en que los venezolanos nos sintamos orgullosos del petróleo, al igual que los argentinos lo están de sus vacas, los colombianos de su café y los texanos de su petróleo. Sólo cuando los venezolanos seamos los verdaderos dueños de nuestro petróleo, éste pasará a nuestras mentes y corazones como un recurso útil y necesario del cual podemos sentirnos satisfechos frente a todo el mundo.

Esa será la decisión fundamental de la nueva Venezuela. Una Venezuela en la que podamos decir con conocimiento y sentir con orgullo que “el petróleo es nuestro”. Esa debe ser nuestra decisión: romper el tabú de la ignorancia con la verdad del saber.



Las privatizaciones petroleras alrededor del mundo

En todo el mundo se ha iniciado un proceso de privatizaciones masivas donde los Estados están devolviendo las empresas estatales, muchas de ellas mal administradas y poco rentables, al sector privado. Esta transferencia de propiedad, cuando se realiza bien, está logrando grandes avances sociales (como mejorar la distribución de la riqueza y aumentar la participación popular), económicos (como atraer inversiones y profundizar los mercados de capitales) y políticos (como delimitar el rol del Estado y redefinir sus prioridades).

Estos procesos de privatización han pasado desde industrias sumamente importantes para el futuro, como las de telecomunicaciones, hasta industrias más tradicionales, como las del petróleo. Es por eso que las empresas petroleras estatales (osificadas y burocráticas) están desapareciendo para transformarse en compañías privadas más dinámicas, flexibles y visionarias.

Los primeros “petrosaurios” estatales en transformarse en compañías privadas, acordes a la nueva dinámica internacional, fueron los de países europeos. En Estados Unidos (EUA) nunca llegó a existir una compañía petrolera estatal pues las leyes claramente definen y defienden la propiedad privada sobre la propia estatal, la segunda siempre al servicio de la primera y no a la inversa. (En Alaska, desde que se inició la explotación del petróleo, se creó un fondo para capitalizar los ingresos petroleros y anualmente se entrega a cada ciudadano su participación.) En países como el Reino Unido, Francia, España, Italia y Canadá, sin embargo, sí se llegaron a crear petroleras estatales bajo falsas consignas basadas en el valor “estratégico” y “soberano” del “oro negro”. Afortunadamente, todas esas compañías ya han sido privatizadas total o parcialmente, desde la británica BP hasta la española REPSOL, pasando por la italiana ENI y la canadiense PetroCanada.

En Latinoamérica existe un miedo, casi irracional, a la palabra privatización. El concepto es como un gran “tabú” del que no se puede ni hablar. Lo trágico es que las personas le tienen miedo a la palabra sin ni siquiera saber cuales son sus implicaciones reales. En ese sentido siempre se tiene miedo a lo desconocido, o como decían el italiano Maquiavelo y el irlandés Edmund Burke, respectivamente:

Los fantasmas siempre dan más miedo de lejos que de cerca

El miedo es el más ignorante, el más injusto y el más cruel de los consejeros.

Los diferentes gobiernos latinoamericanos han tenido que hacerle frente a este miedo privatizador de diferentes maneras. En Latinoamérica el proceso de traspaso de la propiedad del Estado a los ciudadanos ya se inició, pero de una forma a veces tímida pues aun existe la idolatría al Estado como buen administrador y operador, a pesar de haber demostrado rotundamente que “dirige mal y dilapida los bienes públicos” como lo advirtió Adam Smith en 1776. Aquí siguen las historias de los países que se han enfrentado, directa o indirectamente, al tabú privatizador petrolero en nuestra región.

 

 



La “Privatización” en Perú

El gobierno de Alberto Fujimori inició en 1991 un ambicioso programa de privatizaciones basado en su gran determinación frente al colapso de las empresas estatales. Sin embargo, la falta de información demostró ser un gran obstáculo; aunque en el caso del petrosaurio peruano, PetroPerú, el público conocía la gran incompetencia de la compañía.

PetroPerú tuvo pérdidas cuatro veces mayores a sus ingresos totales durante 1988 (ver el cuadro 1). Algo casi inimaginable, especialmente en el sector petrolero, del cual John Rockefeller dijo que es “el negocio más rentable del mundo cuando está bien administrado y el segundo negocio más rentable cuando está mal administrado”. La actuación de PetroPerú fue tan espectacular que se merecería dos premios Nobel: el de Física por demostrar la existencia de los “agujeros negros” y el de Economía por mostrar su aplicación impecable a la destrucción absoluta de riqueza.

Cuadro 1: El “agujero negro” de PetroPerú


(1987, 1988, 1989 y 1990 en MM de Intis, 1991 y 1992 en MM de Nuevos Soles)

Cuentas

1987

1988

1989

1990

1991

1992

Ingresos

18.172

101.959

2.562.805

217.079.246

1.607.460

1.988.419

Costos y Gastos

31.249

509.874

4.827.096

387.789.436

2.150.961

1.999.931

Utilidad (Pérdida)

(13.077)

(407.915)

(2.264.291)

(170.710.190)

(543.501)

(11.512)

























Fuente: Basado en PetroPerú

En 1988 PetroPerú recibió 101.959 MM de Intis pero gastó 509.874 MM de Intis, arrojando una pérdida de 407.915 MM de Intis. En 1987, 1989 y 1990 las pérdidas alcanzaron casi el valor de los ingresos. Perú vivía un período de hiperinflación en esos años así que es difícil entender que las pérdidas de PetroPerú fueron de 13.077 MM de Intis en 1987, 2.264.291 MM de Intis en 1989 y 170.710.190 MM de Intis en 1990. Es más fácil decir que las ventas de PetroPerú eran algo superior a los US$ 1 MMM y que por lo tanto las pérdidas de 1987, 1989 y 1990 casi alcanzaban esa misma magnitud. El año del premio Nobel para PetroPerú correspondería a las pérdidas por cerca de US$ 4 MMM en 1988.

La transferencia de la propiedad del sector público al privado (incluyendo tanto a ciudadanos como a empresas particulares) resultó ser todo un éxito al convertir compañías quebradas en generadoras de ganancias después de muchos años de pérdidas.

PetroPerú fue completamente reestructurada y comenzó a generar utilidades por primera vez después de muchos años. La privatización de PetroPerú fue un proceso paulatino, de cerca de 5 años, que se inició con la venta de las estaciones de gasolina y que terminó con la creación de nuevas compañías petroleras, las cuales compiten hoy entre ellas mismas para generar más alternativas a los consumidores. El antiguo monopolio estatal fue desmantelado para crear diferentes empresas privadas que operaran dentro del marco de un mercado abierto y competitivo. Los ganadores han sido todos los peruanos que comenzaron a comprender el verdadero significado de la palabra “privatización”.



La “Transformación Global” en Argentina

El gobierno peronista, normalmente asociado a los sindicatos, fue el que inició las privatizaciones masivas en Argentina. Algo realmente impensable para un gobierno peronista unos años antes. El Estado argentino transfirió casi todas sus empresas operativas al sector privado, con el ejemplo estelar de la antigua compañía petrolera estatal, Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF).

El 31 de diciembre 1990 se sancionó el Decreto de Transformación de YPF con el plan integral de “transformación global”, la sustitución de YPF “Sociedad Estatal” por YPF “Sociedad Anónima” de acciones mercantiles, y el proyecto de privatización de la compañía. En ese entonces YPF era una compañía sumamente burocrática, ineficiente, deficitaria y poco competitiva. El plan de transformación global comprendió tres partes:

• La privatización de las reservas: las llamadas áreas secundarias y las áreas centrales marginales para YPF fueron “privatizadas”. En realidad no se privatizaron las reservas mismas sino el derecho a producir el petróleo en dichas áreas, bajo las formas de concesiones y asociaciones. El resultado económico fue de US$ 1,8 MMM.

• La privatización de activos y operaciones: muchos activos independientes y algunas operaciones como refinerías, transportes marítimos, oleoductos, etc. fueron privatizados independientemente. Los ingresos alcanzaron los US$ 0,2 MMM.

• La privatización de YPF: la “joya” del Estado, aunque bastante sucia hasta antes de su transformación y privatización.

En 1993, después de una enorme reestructuración de YPF, se lanzó la oferta pública internacional que hasta ahora ha sido la mayor venta en un sólo día de toda Latinoamérica: US$ 3,1 MMM en las bolsas de valores de Argentina, Norteamérica, Europa y Asia.

El esquema de privatización de YPF fue sumamente innovador y consistió en la creación de 4 tipos de acciones:

• Acciones A: para el gobierno federal.

• Acciones B: para los gobiernos provinciales.

• Acciones C: para los trabajadores y pensionados.

• Acciones D: para los inversionistas argentinos y extranjeros.

El gobierno federal argentino controlaba originalmente el 100% de la propiedad de YPF (ver el cuadro 2). Con la emisión internacional de YPF el 29 de junio de 1993, la participación accionaria se redistribuyó con 31% para el Estado federal, 18% para las provincias, 10% para los trabajadores y pensionados públicos, y 41% para los inversionistas en los mercados bursátiles internacionales desde Buenos Aires hasta Nueva York (la oferta pública colocó el 25% de las acciones en Argentina, el 46% en EUA y el 29% en el resto del mundo). La colocación en Argentina buscó promover la participación ciudadana mediante el Programa de Propiedad Participada (PPP) para los trabajadores, el establecimiento de un límite máximo accionario del 3% por inversionista y la entrega de un bono de 3% en acciones para los argentinos que detentaran las acciones por un año y otro bono adicional de 2% para quienes conservaran las acciones por dos años. La disminución adicional de la propiedad estatal se logró a través de una oferta de recompra de acciones para los pensionados argentinos. El éxito fue tan grande que cerca de un millón de jubilados también participaron en la privatización mediante el proceso de recompra de acciones para el pago de sus beneficios de vejez.

Cuadro 2: Participación accionaria porcentual de YPF

Acciones

Pasado

28.VI.93

29.VI.93

1998

A

100%

51%

31%

20%

B

0%

39%

18%

11%

C

0%

10%

10%

10%

D

0%

0%

41%

59%

Fuente: Basado en YPF

La transformación global de YPF a veces ha sido llamada la “internacionalización” pues le permitió a la compañía expandir sus horizontes a los países vecinos y adquirir una de las pequeñas compañías petroleras independientes de EUA. A comienzos de 1995 YPF adquirió Maxus (que operaba un campo marginal en Venezuela) por un monto cercano a US$ 750 MM. La estrategia de internacionalización YPF incluyó proyectos enormes como el gasoducto andino a Chile e importantes acuerdos energéticos con Bolivia y Brasil.

La joya argentina de YPF nuevamente volvió a brillar bajo el esquema de la “transformación global” que le permitió convertirse en una compañía rentable y eficiente. YPF logró una visión internacional bajo la propiedad de cientos de miles de argentinos, incluyendo muchos pensionados que descubrieron los beneficios de la “privatización” a la argentina. A partir de 1999, gracias a su fusión con la española REPSOL, YPF es hoy una verdadera multinacional global.

La “Capitalización” en Bolivia

En Bolivia la privatización tomó una forma novedosa bajo el nombre de “capitalización”. Aunque el boliviano promedio no entiende que quieren decir las palabras capitalización ni privatización, el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada propuso un novedoso plan de gobierno en mayo de 1993 denominado el Plan de Todos. Ese plan se centró en tres grandes ideas: la educación, la capitalización y la descentralización. Aunque ninguna de esas ideas es desconocida en Venezuela, lo desconocido es su aplicación. Bolivia, no obstante, fue adelante y realizó lo que su presidente prometió valientemente en la primera página de su plan en 1993:

El Estado boliviano, a lo largo de 60 años, ha reunido un valioso patrimonio de empresas públicas que, de acuerdo con estimaciones técnicas, tiene un valor superior a los US$ 2 MMM. Desafortunadamente, este importante capital ha beneficiado sólo a un pequeño número de burócratas y políticos que han hecho de las empresas públicas fuentes de corrupción y de botín partidario. Con el propósito de rescatar para los bolivianos los beneficios de su propio patrimonio, proponemos la capitalización y democratización de las empresas públicas y la devolución de su real propiedad y utilidades a sus dueños originales, es decir, a los propios bolivianos.

Para Bolivia, la cantidad de US$ 2 MMM representaba la tercera parte de la economía, una cifra nada despreciable en ningún país. El esquema de capitalización planteó unas reflexiones verdaderamente radicales en este hemisferio: la entrega de acciones a cada ciudadano mayor de 18 años. La idea de entregar y no vender las acciones a los bolivianos radica en que si los bolivianos ya son los dueños como van a comprar algo que es suyo. Para lograr la transferencia masiva de propiedad del Estado a todos los bolivianos fue necesario:

• Crear una bolsa de valores en Bolivia: el primer mercado bursátil abrió en La Paz, capital administrativa de Bolivia, donde se negocian esas acciones y otros instrumentos financieros.

• Establecer administradoras de fondos de pensión (AFP): para depositar los fondos que fueron transferidos del Estado a cada ciudadano. Varias compañías compiten para prestar el servicio y el Estado sirve de regulador pero no de administrador.

• Completar un censo y catastro nacional: Bolivia es prácticamente un país sin fronteras humanas con sus cinco vecinos (Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Perú). El censo y catastro nacional han sido básicos para establecer cuántos y quiénes son los verdaderos bolivianos (fundamental en un país con distintas etnias y diferentes idiomas) desde los que viven en el frío de las nieves eternas del altiplano hasta los que habitan la cuenca amazónica. Ahora se sabe más de los bolivianos, tanto los que viven en las mansiones de La Paz como los que sobreviven en los tugurios de Cochabamba.

La capitalización logró aumentar sustancialmente el capital de las empresas públicas para entregarle acciones a todos los bolivianos. El gobierno boliviano pasó de ser el dueño, y mal administrador, del 100% de las empresas públicas a tener 0% del capital: 50% pasó a los bolivianos y 50% a los nuevos accionistas privados que se comprometieron a capitalizar las empresas antes quebradas.

En diciembre de 1996 se realizó exitosamente la capitalización de la compañía petrolera boliviana (Yacimientos Petrolíferos Fiscales de Bolivia, YPFB) y se obtuvo casi US$ 1 MMM. Esa cifra, que representó la mitad de los recaudos del programa de capitalización y la sexta parte de toda la economía boliviana, fue destinada para los fondos de pensión de todos los bolivianos. ¡Una verdadera democratización del petróleo!

Los nuevos capitales para todos los bolivianos fueron depositados en las diferentes administradoras de fondos de pensión, que los bolivianos podrán cambiar según las condiciones de mercado para luego ser eventualmente redimidos al tiempo de jubilación de cada boliviano. Así, por primera vez, los bolivianos son dueños de su petróleo gracias a la “capitalización”, aunque todavía pocos la entienden en su totalidad. Lo importante es que funciona independientemente de cómo se llame el proceso.

 

 

La “Desmonopolização” en Brasil



En Brasil el proceso de privatización de las empresas públicas también ha comenzado. Aun sectores antes considerados de propiedad exclusiva del Estado han sido abiertos al capital privado, comenzando con el capital de los propios brasileños. La misma constitución fue modificada para permitir la participación del sector privado en actividades como electricidad, telecomunicaciones y petróleo.

La apertura de las diferentes actividades del sector petrolero al capital privado es casi una consecuencia misma del propio monopolio de Petrobrás en varias áreas. De hecho, después de más de un mes de huelga por los trabajadores de Petrobrás en 1995, que generó pérdidas millonarias para el Estado brasileño, los mismos parlamentarios brasileños decidieron casi unánimemente la eliminación del monopolio estatal de Petrobrás y la apertura del sector petrolero a nuevos capitales.

Aunque la industria petrolera brasileña no estaba totalmente cerrada a capitales privados, sí habían actividades restringidas o monopolizadas por Petrobrás, por ejemplo, la producción y la refinación. Afortunadamente, para la eficiencia misma de Petrobras, existían algunos competidores en otros sectores como el transporte y la comercialización. Brasil ha tenido por muchos años compañías petroleras privadas nacionales como Ipiranga y privadas internacionales como Esso y Shell. Ahora la “desmonopolização” ha traído nuevas oportunidades y más significado a la palabra “privatização”.

En Brasil ya se privatizó el sector petroquímico y la misma Petrobrás emitió acciones tanto en la bolsa de valores de São Paulo como en la de Nueva York. El objetivo eventual es que la compañía oferte públicamente la mayoría de las acciones ordinarias (con derecho a voto) y gran parte de las acciones preferenciales (sin derecho a voto). Muchas de esas acciones ya han sido ofrecidas fuera de Brasil en varias subastas internacionales en Nueva York. Una idea que unos años atrás hubiera sido considerada como una traición a la patria, hoy es vista con orgullo por los brasileños. ¡La principal compañía brasileña está listada en el mercado bursátil más importante del mundo!



La “Desincoporación” en México

En México la privatización apenas está comenzando a tocar el sector tabú del petróleo. En 1938 Lázaro Cárdenas expropió la industria petrolera, tanto mexicana como extranjera, y creó un monopolio 100% estatal. Ese hecho es tan penetrante en el pensamiento mexicano que había sido inmortalizado en el billete de 10.000,oo pesos mexicanos, ¡lástima que ahora valgan sólo 10,oo nuevos pesos! La expropiación se convirtió en el símbolo del “poder” mexicano frente a los extranjeros, especialmente frente a los “gringos”.

El petróleo tiene dimensiones casi míticas en la visión de muchos mexicanos, la educación escolar así lo ha inculcado. Sin embargo, las realidades son distintas de los caprichos y delirios de grandeza, asimismo lo describió el conocido politólogo socialista mexicano Jorge Castañeda en una visita a Venezuela. Durante una charla en la Universidad Central de Venezuela (UCV), Castañeda (actual canciller del país azteca) declaró ante una audiencia incrédula que la privatización de PEMEX se está convirtiendo en una realidad casi inevitable.

Por el momento, el sector de la petroquímica se está abriendo al capital privado mediante la “desincorporación” de las actividades de PEMEX en esa área. Varias de las plantas petroquímicas serán privatizadas por ser consideradas menos “estratégicas” y menos “soberanas” que la exploración y producción de petróleo. Eventualmente, el programa de desincorporación podrá extenderse a esas áreas aun más controversiales. Así el petróleo mexicano podrá ser realmente de los mexicanos, y no del Estado mexicano corrupto e ineficiente, gracias a la “desincorporación” petrolera.



Nombres y más nombres: de la China comunista a la Rusia en transición

La privatización en Perú, la transformación internacional en Argentina, la capitalización en Bolivia, la desmonopolização en Brasil, la desincorporación en México; la privatización ha tomado muchos nombres y muchas formas en Latinoamérica y alrededor del mundo. Sin embargo, el principio es el mismo: la transferencia del control del Estado a los ciudadanos con el objetivo de hacer las compañías más competitivas y eficientes, los Estados más responsables de sus verdaderas prioridades, y los ciudadanos más participativos en la toma de decisiones de sus empresas.

En los antiguos países comunistas, donde se había abolido la misma propiedad privada, los cambios han sido dramáticos. En la antes China comunista las privatizaciones se han llamado “comercialización” en el sector industrial y “descolectivización” en el sector agrícola. En otros países asiáticos, como Vietnam, se utiliza la palabra “reestructuración”.

l recientemente fallecido Deng Xiaoping, después de tomar el liderazgo chino en 1978, aceleró el paso de una economía comunista a una capitalista. La ideología se movió del campo teórico al práctico y Deng abandonó la lucha contra la riqueza y el crecimiento, además de dejar atrás las ideas autárquicas de Mao Zedong y abrir China al mundo. Deng se hizo famoso por sus pensamientos progresistas dentro de la fachada comunista:

Ningún país en el mundo, sin importar su sistema de gobierno, se ha modernizado con una política de puerta cerrada... El bajo crecimiento no es socialismo.

La práctica debe ser el único criterio para probar la verdad... No importa si un gato es negro o blanco mientras atrape ratones.

Hay que dejar mil capullos florecer... ¡Hacerse rico es glorioso!

El mismo Comité Central del Partido Comunista Chino abandonó la lucha de clases en 1986, la calificó como un “error” y dijo que el verdadero problema era la falta de balance entre las necesidades humanas y la pobreza productiva china:

La historia ha mostrado que el pensamiento igualitario es un serio obstáculo para implantar el principio de distribución de acuerdo al trabajo y, que si no se controla, las fuerzas productivas serán inevitablemente disminuidas. Una sociedad socialista, naturalmente, debe garantizar a sus miembros la prosperidad común y una mejora gradual en la vida material y cultural. Sin embargo, la prosperidad común no puede ser y nunca significará un igualitarismo absoluto.

Nosotros incentivaremos que algunas personas se hagan prósperas primero, antes de que el objetivo de prosperidad común sea alcanzado.

Deng Xiaoping inició la “descolectivización” de la agricultura permitiendo a los campesinos vender directa e independientemente sus productos en los mercados. La reforma industrial comenzó en 1979 con las zonas especiales y los incentivos financieros. En 1980 comenzaron a ofrecerse acciones de compañías a sus empleados y en 1986 se abrió oficialmente la bolsa de valores de Shanghai. Pronto se abrieron otros mercados de valores y ahora están listadas más de 2.000 empresas en ellos. Antiguas empresas estatales ya han pasado a la “comercialización” mediante la transferencia de sus acciones a trabajadores, empleados y otros ciudadanos.

Según los chinos, ahora que han abandonado el comunismo económico, aunque todavía no el comunismo político, ellos no están privatizando sino convirtiendo las operaciones estatales más “descolectivizadas” y “comerciales”. Los chinos indican que el mismo sistema de mercado fue una “invención” china hace miles de años. Por eso los chinos, de acuerdo a sus explicaciones actuales, sólo están regresando a su viejo orden natural.

El mercado, la propiedad privada y la ley de la oferta y la demanda no fueron creación de nadie sino que son, más bien, el estado natural de las cosas. Sin embargo, su aplicación no es automática y mientras más se violen esas leyes económicas, al igual que cualquier otra ley, peor será la situación. Las leyes naturales no tienen nacionalidad y son válidas desde Alaska hasta Argentina, desde Chile hasta China. Las leyes naturales tampoco tienen límites temporales, fueron válidas en la China de hace miles de años como en la de hoy, en la Latinoamérica del presente como en la del futuro.

Los chinos comunistas han privatizado su compañía petrolera PetroChina de la forma más “salvaje”: ofreciendo acciones a los capitalistas en Nueva York. Los rusos no se han quedado atrás y también han privatizado su gran empresa petrolera Lukoil y la gigante compañía gasífera Gazprom en los mercados financieros internacionales. No sólo China y Rusia han privatizado, sino también la pequeña República Checa mediante un sistema de cupones o “vouchers” para los ciudadanos.

 

 

Una propuesta: el petróleo de los venezolanos para los venezolanos



Con base en las diversas experiencias internacionales, es factible pensar en una propuesta para la desestatización y democratización del petróleo. Durante un breve período de transición inicial se revisaría el marco fiscal, laboral y legal de Venezuela para ponerlos a la altura de una nación progresista del siglo XXI dentro de un mundo globalizado. Algunas de esas reformas ya se han iniciado pero falta mucho por hacer.

Las transformaciones fiscales, laborales y legales son fundamentales para garantizar el éxito de un proyecto nacional de tal envergadura. Mientras tanto se deben hacer todos los preparativos pertinentes para la creación de una compañía petrolera con acciones de capital variable. Un modelo posible, basado en lo mejor de los casos anteriores, podría tener cuatro tipos de acciones distribuidos de la siguiente forma:

• Acciones A: para el Estado.

• Acciones B: para los trabajadores públicos y de PDVSA.

• Acciones C: para todos los venezolanos mayores de edad.

• Acciones D: para los inversionistas venezolanos y extranjeros.

Originalmente todas las nuevas acciones de PDVSA serían del tipo A, es decir, acciones para el Estado. Un proceso de desestatización de PDVSA debe ser continuo y paulatino pero con metas claras y sostenidas: la disminución progresiva de las acciones estatales para dar mayor participación a la propiedad privada individual, mayoritariamente de los propios venezolanos. El proceso de desestatización y democratización del petróleo podría iniciarse con una primera emisión de acciones en el año 2005, seguida de otras emisiones secundarias en intervalos quinquenales.

En tan sólo 15 años sería posible reducir la propiedad estatal del 100% al 10% (acciones A) de PDVSA y aumentar la propiedad directa de los venezolanos del 0% a más del 60% (10% de acciones B, 40% de acciones C y al menos 10% de acciones D). Nuevos inversionistas extranjeros también podrían participar en el proceso, aunque minoritariamente, adquiriendo acciones D, quizás hasta un 30% del valor total de PDVSA (o sea el 75% de las acciones D en forma colectiva). Cada tipo de acciones cumpliría un papel fundamental (como en el caso de YPF en Argentina) y cada emisión sucesiva profundizaría los logros del proceso (como en los casos de BP en el Reino Unido, ENI en Italia y de REPSOL en España). El cuadro 3 muestra un posible esquema mediante el cual la participación gubernamental decrecería para ir cediendo la propiedad a los nuevos accionistas principales.



Cuadro 3: Posible distribución accionaria porcentual de PDVSA

Acciones

2000

2005

2010

2015

2020

A

100%

70%

50%

30%

10%

B

0%

10%

10%

10%

10%

C

0%

10%

20%

30%

40%

D

0%

10%

20%

30%

40%

Nota: Se puede establecer un porcentaje máximo de participación extranjera colectiva, digamos un 75%, e individual, digamos un 5%, de las acciones D.

Este esquema puede servir de base para una verdadera discusión de lo que no sólo es posible sino que, en realidad, es una necesidad histórica para Venezuela. La desestatización y democratización del petróleo no es una utopía, es un imperativo nacional. Sin embargo, hay varias formas de completarla y algunos de los puntos previos pueden ser refinados. Por ejemplo, es posible ir transfiriendo una PDVSA entera durante diferentes emisiones o ir transfiriendo filiales separadas en cada emisión: PDV Exploración y Producción, PDV Manufactura y Mercadeo, PDV Servicios, Pequiven, CITGO, etc. También podría ser un punto de debate si el Estado debe transferir toda su participación a los venezolanos o si realmente conviene conservar una participación accionaria del 10%, una simple “acción dorada” o un Director en la Junta de Accionistas. Otra consideración importante es qué hacer con los ingresos generados a través la desestatización petrolera. Obviamente esos ingresos no deben destinarse al gasto corriente, y mucho menos al pago de burócratas, pero tampoco está claro si conviene utilizarlos en nueva infraestructura, pago de la deuda o creación de un verdadero fondo petrolero de estabilización macroeconómica. La solución a ese dilema puede muy bien ser un compromiso entre diferentes alternativas.

Otro punto interesante es el defendido por el economista José Toro Hardy: las regalías deben ser entregadas a los venezolanos en forma de cupones para educación y salud. Al igual que los dividendos le corresponden a los accionistas, las regalías son propiedad del dueño del recurso y, por ende, de los ciudadanos y no del Estado. De esa forma se lograría una reforma pública basada en la demanda de los servicios de educación y salud, y no como ahora con malos servicios que se mantienen por los subsidios ineficientes a la oferta de escuelas y hospitales, sin importar los estudiantes ni los pacientes. En otras palabras, es mejor financiar la demanda que la oferta. El ingeniero Humberto Calderón Berti, desde otra perspectiva, también ha defendido la tesis de vender reservas pesadas de la Faja del Orinoco, puesto que tenemos muchas veces más bitúmenes que crudos livianos. La venta de esas reservas, o mejor dicho, la venta del derecho a producir tales reservas bituminosas, también es una alternativa a ser considerada dentro del proceso completo de desestatización y democratización del petróleo. Adicionalmente, Alberto Quirós Corradi y Francisco Monaldi han defendido la creación de los fondos de pensión con acciones de PDVSA.

Variaciones de la propuesta anterior son absolutamente viables y sólo hace falta tomar las decisiones políticas adecuadas. El éxito de planes similares en países tan distintos como Argentina, Bolivia, China y la República Checa demuestra que estamos a las puertas de una decisión fundamental que transformaría radicalmente el futuro del país. Sólo así se revertirían inmediatamente las fortunas de millones de venezolanos pobres que viven, irónicamente, en el país con mayores reservas petroleras del hemisferio.

Una nueva PDVSA: de Petróleos de Venezuela a Petróleos de los Venezolanos

La desestatización y democratización del petróleo hacen posible pensar en una compañía no del Estado sino de los propios venezolanos. Una nueva PDVSA que signifique Petróleos de los Venezolanos, Sociedad Anónima, y no Petróleos de Venezuela, Sociedad Anónima. Una compañía con millones de accionistas en lugar del accionista único actual: el gobernante de turno.

No es irreverente pensar en una compañía petrolera de venezolanos y con capitales venezolanos. De hecho, en el siglo XIX, Petrolia del Táchira fue la primera compañía petrolera venezolana y sus accionistas eran todos precisamente venezolanos. Un siglo más tarde, la nueva PDVSA también debe ser de los venezolanos, para que todos podamos ahorrar, invertir, producir y participar en el principal negocio del país.

Es absolutamente factible, si existe la voluntad política, que el mismo año 2005 salgan las primeras acciones de esta nueva PDVSA, de los venezolanos y para los venezolanos. Los venezolanos nos convertiremos en los verdaderos dueños de nuestro petróleo cuando tengamos acciones de PDVSA: Petróleos de los Venezolanos, Sociedad Anónima.

Es necesario que Venezuela enfrente el gran reto que tiene para transformarse en una sociedad moderna. En un mundo globalizado no caben políticas anacrónicas: el sistema rentista y el estatismo han fracasado. Es fundamental que los venezolanos actuemos urgentemente en la decisión más trascendental que enfrenta el país. No podemos seguir perdiendo tiempo mientras el estatismo crece como un cáncer que destruye a la nación. Ni la crisis bancaria, ni la discusión sobre las cuotas petroleras, ni los más de 10 planes económicos del último quinquenio son comparables con la decisión que está frente a nuestros ojos. ¿Queremos un país rico y libre o un país pobre y usurpado?

La desestatización y democratización del petróleo es el “nudo gordiano” que hay que cortar para que una nueva Venezuela arranque. Es la gran oportunidad de nuestra generación; para distribuir riqueza directa y equitativamente, pagar prestaciones sociales, crear fondos de pensión, disminuir la deuda, etc. Muchos de los políticos relativamente jóvenes se han percatado de esta realidad y han “jugueteado” con la idea de vender acciones de PDVSA. Pero lo que hay que hacer no es vender a PDVSA para pagar los gastos del enorme Petro-Estado fracasado sino para crear un nuevo Estado pequeño, eficiente y responsable que comience a representar a los venezolanos dueños del petróleo. Cortar el nudo gordiano del estatismo venezolano será la decisión económica, política y social más importante del país. La democratización del petróleo, por su lado, hará que los venezolanos nos sintamos orgullosos de nuestro petróleo, al igual que los argentinos lo están de sus vacas, los colombianos de su café y los texanos de su petróleo. Sólo cuando los venezolanos seamos los verdaderos dueños de nuestro petróleo, éste pasará a nuestras mentes y corazones como un recurso útil y necesario del cual podemos sentirnos orgullosos frente a todo el mundo.

El proceso de transferencia de la propiedad estatal a los venezolanos debe ser gradual, debido a los considerables montos e implicaciones, pero continuo. De hecho, la parte más difícil será el comienzo de este proceso. Sin embargo, no se deben permitir excusas para dar más oxígeno al estatismo colapsado y para retener la justa propiedad de los venezolanos que hemos sido expropiados de nuestra riqueza. Hemos de cuidarnos de los políticos “gatopardianos” que cambian para no cambiar, de los gradualismos que esperan las condiciones adecuadas y los momentos oportunos. La urgencia es ahora, no podemos esperar otro cuarto de siglo de estatismo para reaccionar. Los argumentos circulares de que aun no estamos preparados no conducen a ninguna parte. Obviamente nunca estaremos preparados hasta que nos decidamos a hacerlo. Un filósofo dijo una vez: “si piensas que puedes o si piensas que no puedes, en ambos casos tendrás la razón”. Claro que los venezolanos podemos y, mucho más importante, debemos hacerlo antes de que los historiadores del futuro nos dicten juicio por incapaces y temerosos de cambiar ante un país que se derrumba frente a nuestros propios ojos.

La democratización y desestatización del petróleo deben ser el catalizador de un proceso fundamental de cambio para Venezuela y los venezolanos. La apertura petrolera puede ser beneficiosa, pero si no logra la transformación de un sistema fracasado, ésta solo prolongará la agonía de una sociedad que se empobrece cada día bajo el peso creciente del estatismo que frena el desarrollo nacional y la potencialidad de cada venezolano. Una visión integral de cambio con un pueblo unido es el elemento necesario para transformar a Venezuela en una sociedad realmente productiva y capaz de alcanzar el desarrollo sostenido, con equidad y justicia social, que se merece.

El gran tabú nacional, la desestatización y democratización del petróleo, determinará el rumbo del país en el siglo XXI. Muchos de los retos que Venezuela está enfrentando, y seguirá enfrentando en los próximos años, son difíciles. Creatividad, iniciativa, perseverancia, solidaridad y valentía son necesarias para encarar el desafío de construir una nueva Venezuela. Tenemos en las manos una oportunidad única y un deber histórico para consolidar la gran revolución pacífica que haga que los venezolanos digamos y sintamos de verdad que “el petróleo es nuestro”. En vista de la dimensión de este proyecto trascendental, el error más grave que podríamos cometer es abandonar la carrera antes de comenzar. Esta será la verdadera revolución bolivariana, de lo contrario corremos el riesgo de padecer la trágica advertencia que nos dejó Arturo Uslar Pietri.

La manera como el petróleo ha deformado la vida venezolana

nos ha corrompido... Podría llegar ese día trágico...

en que la historia de Venezuela se escribirá con tres frases:



Colón la descubrió, Bolívar la liberó y el petróleo la pudrió.

Arturo Uslar Pietri, 1990


La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje