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Paciencia en toda situacióN


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PACIENCIA EN TODA SITUACIÓN
La perseverancia y la paciencia, aunque no son lo mismo exactamente, trabajan de acuerdo. El propio apóstol Pablo lo aplica así, en forma precisa:
Y ser fortalecidos en todo sentido con su glorioso poder.

Así perseverarán con paciencia en toda situación.” Colosenses 1:11 (NVI)
Se liga aquí la perseverancia con la paciencia, y añade: “en toda situación”; no hay opción posible al respecto, no se debe perseverar con paciencia en algunas situaciones que podemos seleccionar a nuestro gusto. Perseverancia y paciencia corren juntas en toda clase de pistas. Para decirlo precisamente: perseverancia con paciencia suman constancia. El reto es ser paciente, perseverante y constante en toda situación.
En la carta de Santiago hallamos una precisa conclusión:
Por tanto, hermano, tengan paciencia hasta la venida del Señor. Miren cómo

espera el agricultor a que la tierra dé su precioso fruto y con qué paciencia

aguarda las temporadas de lluvia. Así también ustedes, manténganse firmes

y aguarden con paciencia la venida del Señor, que ya se acerca.” Santiago 5:7,8
Todo se reduce al pasaje que acabamos de leer: ¿Para qué debemos aprender paciencia? ¿Por qué Dios nos exige paciencia? Muy sencillo, hay una sola razón fundamental: es para que esperemos la venida del Señor. Paciencia en la esperanza bienaventurada. Ahora bien, si usted no tiene fe no puede ser paciente; la falta de fe trae falta de paciencia y no hay nada que muestre más la fe como la paciencia. Hay quienes imaginan mil cosas erróneas sobre esta virtud; por ejemplo, que paciencia es indiferencia o ineficiencia.
Algunos dicen: ´ Yo me sentaré aquí a esperar con paciencia que el Señor me mande Sus bendiciones; no moveré ni un dedo porque yo soy una persona muy paciente.” ¡Mentiroso! Realmente es un haragán, un perezoso, un holgazán. La paciencia es activa y no pasiva, como algunos piensan. Por eso, precisamente, trabaja con la constancia y con la perseverancia al unísono.
Todos nos impacientamos de alguna manera, unos con otros. A este respecto, convendría recordar el ejemplo del antiguo sabio Sócrates. Encarcelado por sus ideas lo condenaron a muerte, obligándolo a tomar la cicuta para envenenarse. Estando en prisión, uno de sus discípulos que era muy rico, sobornó a la guardia y tenía todo listo para llevárselo al exterior; pero cuando le dijo: - Las puertas de la cárcel están abiertas; vente conmigo –, Sócrates le respondió: – Eso no lo puedo hacer; debo cumplir una condena impuesta por la ley –. Entonces el discípulo le preguntó: – ¿Y cómo vas a morir inocente? –, y Sócrates le respondió: – Pero tú me estás proponiendo que muera culpable.
La biografía de este hombre excepcional nos cuenta que cierto día, como posando para el pensador de Rodin, vino su mujer Xantipa a hacerle una larga serie de reclamos. Transcurrió un buen rato con el viejo pensando y ella regañando: Que tal cosa, que tal otra, que no sé qué; pero Sócrates no se inmutaba. La buena señora, finalmente, furiosa, tomó una jofaina, sacó agua de la alberca y se la echó encima al pensativo Sócrates. Este se levantó, sacudió su túnica y comentó: “Era muy natural que después de tanto tronar lloviera”.
Cristianismo es la vida activa de Cristo en ti y en mí, y tenemos que vivirla. Trabajemos desde hoy en oración y en acción por el desarrollo de una paciencia activa dentro del cristianismo.
[Tomado del libro “El Fruto Eterno. Pequeña semilla – árbol frondoso”, del Dr. Darío Silva – Silva]


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