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P. ÁNgel peña o. A. R. San andrés bessette el más grande devoto de san josé lima – perú San andrés bessette, el más grande devoto de san josé


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P. ÁNGEL PEÑA O.A.R.

SAN ANDRÉS BESSETTE

EL MÁS GRANDE DEVOTO DE SAN JOSÉ


LIMA – PERÚ
SAN ANDRÉS BESSETTE, EL MÁS GRANDE DEVOTO

DE SAN JOSÉ

Nihil Obstat

Padre Ricardo Rebolleda

Vicario Provincial del Perú

Agustino Recoleto

Imprimatur

Mons. José Carmelo Martínez

Obispo de Cajamarca

LIMA – PERÚ
ÍNDICE GENERAL

INTRODUCCIÓN

Devoción a san José.

Congregación de la Santa Cruz.

Los padres del hermano Andrés.

Apariciones de su madre.

En casa de sus tíos.

Trabajador en Estados Unidos.

Novicio.


Montreal.

Profesión temporal y perpetua.

Portero del colegio.

Su devoción a san José.

El aceite de san José.

Sigue curando.

Su vida ordinaria.

Penas y alegrías.

Conversiones

Miles de curaciones.

Su muerte.

Milagros después de su muerte

Devociones especiales: a) La Eucaristía.

b) La Virgen María. c) El ángel custodio.

d) Los santos. e) Almas del purgatorio.

f) El Viacrucis.

Algunas virtudes: 1.- Espíritu de penitencia.

2.- Castidad. 3.- Pobreza. 4.- Obediencia.

El demonio

Carismas: a) Levitación. b) Bilocación.

c) Conocimiento sobrenatural. d) Profecía.

e) Apariciones. f) Luces sobrenaturales.

El Oratorio de San José.

La revista



Su glorificación
CONCLUSIÓN

BIBLIOGRAFÍA

INTRODUCCIÓN
San Andrés Bessette, llamado el hermano Andrés, es el primer santo de Canadá, el más grande devoto de san José, el que ha construido la gran basílica u Oratorio de San José en Montreal en honor del santo, que tiene la cúpula más grande del mundo, después de la iglesia del Vaticano. Fue un gran taumaturgo, pues durante su vida, y después de su muerte, hizo miles de curaciones extraordinarias, muchas de ellas milagrosas.
Es el santo de Montreal, pues casi toda su vida la pasó en esta ciudad. Él aconsejaba a todos la devoción a san José y les pedía que le rezaran, que le hicieran novenas y procesiones en su honor. A los enfermos les aconsejaba frotarse con una medalla del santo y con aceite que había ardido en una lámpara ante su imagen. El hermano Andrés se hizo famoso en Canadá y Estados Unidos, de donde durante muchos años venían todos los días visitantes a pedirle su curación.
Su vida es una fuente de luz sobrenatural para nuestra fe dormida o quizás apagada, que cree poco en lo sobrenatural. Muchos lo consideraron como un loco charlatán, pero las curaciones eran pruebas evidentes de la eficacia de sus métodos. Al morir, toda la ciudad de Montreal se puso en pie para acompañarlo. Y actualmente cada año unos tres millones de visitantes van al Oratorio que él construyó en honor de san José y visitan su tumba.
Que su fe y su vida dedicada a Dios y a los demás sea una ráfaga de luz y de amor para que nuestra fe se encienda y podamos gritar al mundo entero: Dios existe y todavía hay milagros. Ojalá que esta pequeña biografía del hermano Andrés nos ayude a creer más en Dios y en su poder.

ACLARACIONES
Al citar Sum nos referimos al Proceso beatificationis et canonizationis servi Dei fratris Andreae. Positio super introductione Causae, vol II, Causae Summarium, donde se encuentran los testimonios directos de los testigos que lo conocieron, muchos de los cuales fueron sus amigos. Ponemos Sum seguido del número de página.
Catta hace referencia al libro de Etienne Catta, Le frère André et L´Oratoire Saint Joseph du Mont-Royal, Ed. Fides, Montreal-Paris, 1964.

DEVOCIÓN A SAN JOSÉ
La devoción a san José es muy antigua. Ya hay autores del siglo II, como san Justino y san Ireneo, que hablan de san José al hablar de María o del misterio de la salvación. También en ese mismo siglo, Orígenes y Julio el Africano lo mencionan frecuentemente. En el siglo IV san Agustín, san Ambrosio y san Jerónimo hablan mucho de su virginidad y de su paternidad espiritual sobre Cristo, y de su verdadero matrimonio con María, presentándolo como modelo de virtudes cristianas. Ya en este siglo IV existía entre los coptos la fiesta de san José el día 20 de julio.
El escritor Nicéforo Calixto en su Historia eclesiástica (libro 8, c. 30: PL 146, 113) asegura que en la basílica construida en el siglo IV por santa Elena, madre del emperador Constantino, había una capilla dedicada a san José.
En 1888, en unas excavaciones en la antigua ciudad de Cartago del norte de África, se encontró un bello relieve del siglo IV donde está de pie san José, teniendo a su lado a la Virgen sentada con el niño Jesús en su regazo. También en las catacumbas de santa Priscila, en Roma, se encontró una imagen de los magos adorando a Jesús y donde está José al lado de María.
En los siglos VII-VIII aparece su nombre en los calendarios litúrgicos y en los martirologios. En 1129 ya había en Bolonia (Italia) una iglesia dedicada a san José. En este siglo XII encontramos a san Bernardo de Claraval, el gran devoto de María, que también lo fue de san José. Otros panegiristas y propagadores de la devoción de san José fueron santo Tomás de Aquino (+1274), santa Gertrudis (+1310), santa Margarita de Cortona (+1297), santa Brígida de Suecia (+1373), san Vicente Ferrer (+1419) y san Bernardino de Siena (+1444).
La Orden de los servitas ya en 1324 rezaba en todos los conventos de la Orden un oficio en honor de san José. Los franciscanos, en el capítulo de Asís de 1399, introdujeron la fiesta de san José en toda la Orden. La Orden de los carmelitas, en el capítulo de París de 1456, aceptaron la fiesta de san José para toda la Orden.
Entre los devotos de san José cabe destacar a Juan Gerson (1363-1429), que llegó a ser gran canciller de la universidad de París en 1395. Él mismo compuso un oficio para su fiesta y escribió 4.800 versos sobre él, llamados Josephina. Él creía en la Asunción de José en cuerpo y alma a los cielos. Otro gran devoto de san José fue Isidoro de Isolano, que en 1522 escribió el tratado Summa de donis sancti Joseph (Conjunto de dones de san José).
A partir del siglo XVI su devoción tomó mucho impulso debido al testimonio y devoción de santa Teresa de Jesús (+1582), de san Juan de la cruz y de los carmelitas descalzos y descalzas. Fray Jerónimo Gracián, confesor de santa Teresa, escribió en Roma en 1597 su Josefina, proclamando los dones y privilegios de san José. El Papa Gregorio XV, en 1621, estableció su fiesta y Benedicto XIII en 1726 colocó a san José en la letanía de los santos. En 1870 el Papa Pío IX lo nombró patrono de la Iglesia universal. Éste fue el año en que el hermano Andrés entró de novicio.
En 1955 el Papa Pío XII instituyó la fiesta de san José obrero el 1 de mayo. Juan XXIII lo nombró patrono del concilio Vaticano II y colocó su nombre en el canon de la misa.
En 1989 el Papa Juan Pablo II publicó la exhortación pastoral Redemptoris custos (custodio del Redentor) y el año 2004 regaló su anillo papal para el cuadro de san José de su iglesia natal de Wadowice en Polonia.
El Papa Juan XXIII en la homilía de la fiesta de la Ascensión del 26 de mayo de 1960, con motivo de la canonización de Gregorio Barbarigo, expresó su opinión de que san José estaba en el cielo en cuerpo y alma, es decir, de su Asunción a los cielos. Lo expuso como opinión aceptable. Algo parecido han manifestado a lo largo de los siglos distintos teólogos como Suárez, san Pedro Damián, san Bernardino de Siena, san Francisco de Sales, san Alfonso María de Ligorio, la Madre María de Jesús de Ágreda, Bossuet, san Enrique de Ossó y Cervelló, y otros.
El Papa Francisco ordenó que en el canon de la misa se mencione a san José como esposo de la Virgen María. Muchas Congregaciones religiosas e Instituciones católicas han tomado a san José como su patrón. Lo mismo han hecho algunos países como Austria, Bélgica, Canadá (en 1624). El 20 de enero de 1859 la Sagrada Congregación de Ritos confirmó a san José como patrono de Canadá. La fiesta del 19 de marzo sería allí desde entonces de doble de primera clase, sin ser todavía fiesta de obligación. En China fue elegido patrón en 1678.
En 1557 fue nombrado patrono general de México y en 1679 de todos los dominios españoles. Es patrono del Perú desde 1828. Otros países que lo tienen como patrono son Corea, Croacia y Vietnam.
San José, el más santo de los santos después de la Virgen María, fue el santo predilecto de san Andrés Bessette.


CONGREGACIÓN DE LA SANTA CRUZ
Esta Congregación, a la que perteneció el hermano Andrés, había sido fundada por el francés padre Basilio Antonio María Moreau (1799-1873), quien, después de haber estudiado en París, se ordenó sacerdote a los 22 años y fue designado por su obispo formador y profesor del Seminario. Daba clases de filosofía, teología y sagrada Escritura. En 1835 organizó un grupo de da sacerdotes para predicar misiones y retiros en las parroquias. El obispo le encomendó la tarea de dirigir el Instituto de los hermanos de san José, dedicados a la educación, que había sido fundado en 1820 por el padre François Dujarié. El padre Moreau unió su grupo con este nuevo con la tarea de educar y evangelizar a la gente del campo. Tomaron el nombre de Santa Cruz y tuvieron su casa central en Le Mans, ciudad a 200 kilómetros al sudoeste de París. En 1841 el padre Moreau unió una rama femenina, siendo así tres ramas: hermanos, sacerdotes y hermanas.
En 1840 el padre Moreau emitió sus votos en la naciente Congregación y fue constituido como fundador y prior general. Ese mismo año un grupo fue enviado a Argelia. El año 1842 otro grupo fue enviado a Estados Unidos. En 1847 llegaron a Canadá ocho hermanos con dos sacerdotes y cuatro hermanas, para ayudar en la educación del país, ya que en ese tiempo el 90% de los hombres entre los francocanadienses no sabía ni firmar con su nombre. En 1853 envió una misión a Bangladesh.
El padre Moreau consagró a los sacerdotes al Corazón de Jesús, a los hermanos a san José y a las hermanas al Corazón de María. En 1857 el Papa Pío IX aprobó oficialmente la Congregación de la Santa Cruz de los hermanos y sacerdotes. Las hermanas lo fueron diez años después. En 1860 el padre Moreau hubo de dimitir como superior general, debido a disensiones internas. En los últimos años de su vida se dedicó a predicar en los alrededores de Le Mans hasta su muerte en 1873.
Hoy día los religiosos y religiosas de la Santa Cruz se dedican especialmente a la educación en escuelas y universidades. También tienen otros ministerios pastorales y sociales. La devoción a san José fue una herencia que dejó a sus hijos el fundador. El padre Basilio Moreau fue beatificado por el Papa Benedicto XVI el 15 de septiembre del 2007.

LOS PADRES DEL HERMANO ANDRÉS
Sus padres se llamaban Isaac Bessette y Clotilde de Foisy. Vivían en Saint-Gregoire (San Gregorio), donde su padre había comprado un terreno después de su matrimonio. Su padre era carpintero y hacía muebles para las casas. También era albañil y construía casas. En 1847, después de nacer Alfredo (nuestro santo), compró un terreno más grande en Sainte Brigide (Santa Brígida) que tenía árboles. Tenía que hacer también de leñador para conseguir leña para el invierno y, a la vez, madera para hacer muebles. Por este motivo dejaron San Gregorio y se fueron a vivir a Farnham, más cerca de su terreno.
Un día, el 21 de febrero de 1855, al cortar un árbol, éste le cayó encima ante la mirada de su hijo mayor, y murió. Tenía 45 años. El hermano Andrés diría a sus íntimos amigos: Mi mamá se quedó helada 1.
Su madre Clotilde era muy piadosa. Como Alfredo nació muy débil y parecía que iba a morir, fue bautizado en la casa por la misma partera. Al día siguiente, fue llevado a la iglesia parroquial de San Gregorio para suplir las ceremonias. Según la partida de bautismo nació el 9 de agosto de 1845.

Dice así: El diez de agosto de 1845 ha sido bautizado, bajo condición, por el suscrito (padre Silvestre), Alfredo, nacido la víspera de legítimo matrimonio, de Isaac Bessette, carpintero, y de Clotilde Foisy de esta parroquia. El padrino fue Eduardo Bessette, y madrina Josefa Foisy, tío y tía del niño 2.


Azarías Claude, gran amigo del hermano Andrés, dice: Me habló muchas veces de sus padres. Él me contaba que su madre le hacía rezar de rodillas y tenía un recuerdo muy emotivo de sus padres, que perdió pronto... Su educación le fue dada, sobre todo, por su madre, que era muy virtuosa. Me confió que su madre le había enseñado las primeras nociones de lectura, al mismo tiempo que sus oraciones 3.

Otro testigo del Proceso, Adelardo Fabre, dirá: Me contó que desde muy joven tenía devoción a san José y que su madre le había enseñado esta devoción. Ella también lo llevaba a la iglesia y a confesarse 4.


Su madre lo cuidaba más que a sus otros hermanos, porque era muy débil de salud. Él tenía mucho amor y admiración por su madre, que era muy piadosa y sacrificada por sus hijos. Me dijo que su madre lo llevaba desde muy niño a la iglesia y que en las tardes, en familia, les hacía rezar el rosario y que en su hogar había recibido una buena educación cristiana 5.
Fueron 10 hermanos, dos murieron muy pequeños. Y Clotilde, valiente ante la adversidad, después de la muerte de su esposo, quiso tenerlos a los ocho con ella y salir adelante. Alfredo tenía 10 años y la última un año.
Pero los planes de Dios son incomprensibles a los ojos humanos. Pronto su madre se enfermó de tuberculosis y, al no poder atenderlos, tuvo que repartirlos entre sus hermanos. Sólo se quedó con Alfredo, su hijo predilecto, por ser el más débil y necesitado. Él dirá: Probablemente porque yo era el más enfermizo, mi madre parecía que me quería más que a los otros. Ella me abrazaba muchas veces. Yo también la amaba 6.
Ella con Alfredo se fue a vivir con su hermana Rosalía, casada con Timoteo Nadeau, que vivían en Saint-Césaire (San César). Pero la enfermedad siguió su curso. En otoño de 1857, antes de los tres años de la muerte de su esposo, murió a los 43 años de edad. Sus últimas recomendaciones a Alfredo fueron: Cree en Dios, no abandones nunca la fe y no faltes a la misa dominical 7.

APARICIONES DE SU MADRE
Alfredo dijo en varias ocasiones: He rezado rara vez por mi madre, pero le he rezado muchas veces 8. Él estaba seguro que su buena madre estaba en el cielo y que desde allí vigilaba por él y le ayudaba en su caminar por la tierra. Por ello la invocaba frecuentemente como a una santa. Y no quedaba defraudado. Veamos algunos ejemplos.
José Pichette refiere: Él me ha dicho que su madre era muy buena con él. Me ha contado que una tarde había sido invitado a una velada. Como llegó demasiado temprano, se paseó un poco antes de entrar en la casa. Pasando por un arroyo, oyó un ruido insólito y fijó su atención. Entonces se acordó que las personas que lo habían invitado no eran católicos muy practicantes; y le dijo a su madre: “Mamá, si no quieres que vaya, haz que oiga ese ruido otra vez”. El ruido se dejó oír una vez más. Y no fue a la velada 9.
Adelardo Fabre relata que el hermano Andrés le contó que su madre le aconsejaba llegar temprano a casa. Pero un día tardó en llegar por estar con sus amigos. Ese día, al regresar a casa, vio cerca de una zanja como una forma humana que había creído ser una aparición de su madre, ya difunta, y que él interpretó como un aviso para no regresar tarde a casa. Me dijo que normalmente llegaba a casa antes de las nueve de la noche y que ese día fue algo excepcional 10.
El hermano Leopoldo recordaba lo que el hermano Andrés le dijo un día: Mi madre, después de fallecida, me ha sonreído muchas veces. Al preguntar él donde se le aparecía, respondió: “Al costado del altar de la Virgen” 11.
Antonio Valente anota: El hermano Andrés me contó que, cuando era portero del colegio Notre Dame, una noche estaba haciendo la limpieza de la capilla del colegio y vio a su madre, toda vestida de blanco, de rodillas delante del altar. Él gritó: “Mamá”. Pero su madre desapareció 12.

EN CASA DE SUS TÍOS
Alfredo siguió viviendo en casa de su tía Rosalía y de su tío Timoteo, que tenían cinco hijos, en Saint Césaire (San César), a doce millas de Farnham, donde había muerto su padre. Su tío era muy fuerte y molestaba a Alfredo por su debilidad. José Pichette afirma: Me dijo que su tío había sido duro con él, pues era robusto y creía que los demás eran capaces de hacer el mismo trabajo que él13.
Le decía: Cuando tenía tus años ya me ganaba la vida arando en los campos. Como no podía seguir el trabajo duro de su tío en la granja procuraron que aprendiera un oficio. Sus principales oficios fueron de zapatero, hojalatero, herrero, panadero y trabajador en una granja. También quiso estudiar, pero fue muy poco a la escuela.
Su sobrina Actaria Lafleur nos dice: Cuando tuvo oportunidad de ir a la escuela, él tenía buenas notas, pero debió dejar la escuela a los 14 ó 15 años 14. Apenas aprendió a leer y firmar, lo que ya había empezado a enseñarle su madre. Con la práctica llegó a leer bastante bien.
Desde niño manifestó un espíritu religioso extraordinario. Al poco tiempo de la muerte de su madre, con doce años, el padre Provençal, párroco de San César, lo preparó y le administró la primera comunión. Ese mismo año de 1858 fue confirmado en la misma parroquia el 7 de junio por Monseñor Prince 15.
Azarías Claude nos informa que no le gustaba jugar con sus compañeros y, cuando el párroco de Saint Césaire lo buscaba, iba a la iglesia, donde estaba al pie de la imagen de san José 16. Un amigo de su infancia, que trabajó con él, declaró que no quería jugar a las cartas con otros compañeros y lo encontraba a veces rezando arrodillado con los brazos en cruz delante de un crucifijo 17. Este crucifijo se lo había regalado el padre Ouimet de la parroquia de San César.
Un día cayó enfermo y su tía tuvo que desvestirlo, encontrándole una cadena de hierro a la cintura. Ella le dijo que estaba muy débil y que no la debía llevar. Él obedeció 18.
Como ninguno de sus oficios le iba bien por su salud, el alcalde del pueblo de San César, Luis Ouimet, se interesó por él y le ofreció adoptarlo e incorporarlo a su familia con la aceptación de sus tíos. Y Alfredo comenzó a trabajar en la granja de los Ouimet.
Cuando trabajaba en esta granja, rezaba en el establo delante de un crucifijo que siempre llevaba consigo, pero el amo lo sorprendió en oración. En esa casa no se rezaba en familia ni se rezaba el rosario, pero ese hecho de rezar en el establo había sido un buen ejemplo para la familia, que, a partir de entonces, tomó la costumbre de orar en común 19.
Después de trabajar un tiempo con los Ouimet, a los 19 años, se fue a Estados Unidos a trabajar en las fábricas textiles.

TRABAJADOR EN ESTADOS UNIDOS
Como tantos franco-canadienses emigró a Estados Unidos en busca de trabajo en las fábricas textiles. Estuvo trabajando en Moosup. Hartford y Phoenix, en el Estado de Connecticut, entre 1863 y 1867. Cuatro años en los que aprendió inglés lo suficiente para hacerse entender y que le serviría mucho en sus comunicaciones con los enfermos que atendería más tarde; muchos de ellos visitantes norteamericanos.
Al irse de emigrante se encomendó especialmente a san José, del que era gran devoto. Él refirió en alguna ocasión que desde niño pensaba: Mi padre era carpintero como san José y él me ayudará a encontrar trabajo.
Apenas sabemos nada de estos años. Después del trabajo se retiraba a su habitación y se encerraba para orar sin tomar parte en las diversiones de sus compañeros.
Cuando decidió regresar a su tierra, fue primero a visitar a sus dos hermanos que vivían en Sutton, Estados Unidos. Allí vivía su hermana Leocadia, casada con José Lefebvre, y su hermano Claude, casado con Rosalía, hermana del cuñado Lefebvre. El párroco de Sutton era en ese tiempo el padre Quinn, un irlandés que había estado anteriormente en Farnham, y a quien encontró al año siguiente al regresar. Como su devoción a san José había crecido mucho en los años de soledad de Norteamérica, les hablaba a sus compañeros de la devoción a san José, pero ellos le llamaban el loco de san José.
Un día el padre Ouimet le preguntó:


  • Alfredo, ¿estas enfermo?

  • No

  • Tienes cara de enfermo.


Alfredo había pasado tres horas seguidas orando en una jornada de oración y reparación ante el Santísimo Expuesto. Algunas veces el padre Ouimet le mandaba cuidar los caballos de la parroquia, pero regresaba tarde. Un día decidió espiarlo a ver qué hacía y lo encontró orando de rodillas ante una cruz. El padre Ouimet refiere: “Cuando me di cuenta de cómo era, le hablé al padre Provençal, que era el párroco 20.

NOVICIO
El padre Provençal le insistió en que entrara en la Congregación de la Santa Cruz, aunque Alfredo creía que no sería capaz de asumir sus responsabilidades por la mala salud, pero aceptó. El padre Provençal lo envió a los padres de la Santa Cruz con una carta de presentación, en que decía: Les envío un santo.
Recibió el hábito religioso el 27 de diciembre de 1870, recibiendo el nombre de Andrés. Recibió el nombre de Andrés en honor del padre Andrés Provençal que lo ayudó a entrar. Pero su mala salud se manifestó claramente durante el año de noviciado y no fue admitido a los votos temporales. En el Acta de le sesión del consejo provincial del 8 de enero de l872 se lee: El hermano Andrés no ha sido admitido a los votos temporales, porque su estado de salud no hace esperar que pueda ser admitido a la profesión 21. Sin embargo, le dieron medio año de prórroga a ver si mejoraba. En este tiempo cambiaron al maestro de novicios y entró el padre Guy, que lo apreciaba como un hombre de Dios y que, al final, informó que, si no servía para trabajar, serviría para rezar 22.
También ocurrieron algunas cosas favorables que le abrieron el camino. Dios no lo abandonó a su suerte en esos momentos en que, al ser rechazado para la profesión, pensó que debería volver de nuevo al mundo a ganarse la vida.
En el colegio Saint Laurent (San Lorenzo), donde terminó el noviciado, se desató una epidemia de viruelas. A los alumnos se les envió a su casa. En la enfermería había ocho o más alumnos afectados. Cuatro debieron ser llevados al hospital, de los que dos fallecieron. Entonces el hermano Andrés dio la idea de llevar en procesión por las salas del colegio la imagen de san José. El consejo fue aceptado. Al día siguiente, la epidemia disminuyó. A los dos días había desaparecido y no hubo más muertos que los dos novicios llevados al hospital.
Un día el obispo de Montreal, Mons. Ignacio Bourget visitó el colegio y el hermano Andrés fue a hablarle de su vocación en duda. Sor Leblanc asegura: El hermano Andrés me ha contado que acudió a Monseñor Bourget, quien lo acogió con gran bondad. Me dijo: “Yo me arrodillé a sus pies y apoyé mis dos manos juntas sobre su rodilla con toda confianza. Monseñor me habló como un padre”23. Y con su apoyo y el del padre Guy fue aceptado.
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