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P. ÁNgel peña o. A. R ¿la ciencia contra la fe?


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P. ÁNGEL PEÑA O.A.R

¿LA CIENCIA CONTRA LA FE?

LIMA - PERÚ

¿LA CIENCIA CONTRA LA FE?


Nihil Obstat

P. Ignacio Reinares

Vicario Provincial del Perú

Agustino Recoleto


Imprimatur

Mons. José Carmelo Martínez

Obispo de Cajamarca (Perú)

ÁNGEL PEÑA O.A.R

LIMA - PERÚ
ÍNDICE GENERAL

INTRODUCCIÓN

¿Ciencia contra fe?

El cientificismo.

La evolución. El marxismo

El universo.

Reflexiones de Jean Guitton.

Dios existe.

Errores de la ciencia.


  1. Fraudes.

  2. Ejemplos de seudociencia.

  3. Homosexualidad.

  4. Astrología.

  5. Sábana santa.

  6. Control de natalidad

Galileo

La Iglesia católica y la ciencia.

La ciencia confirma la fe.


  1. La Virgen de Guadalupe.

  2. Milagro de Lanciano

  3. El Cristo de Cochabamba

  4. Hostia que sangra

  5. Virgen de Akita

Reflexiones.


CONCLUSIÓN
BIBLIOGRAFÍA


INTRODUCCIÓN

En este libro deseo manifestar con toda claridad que no hay oposición entre la ciencia y la fe. Ambas son obra de Dios y, por tanto, ambas, si son auténticas, deben llevarnos a Dios. Cuando algunos datos de la ciencia parecen oponerse a la fe, algo anda mal. O no es auténtica ciencia o no es auténtica fe.


Observaremos que, muchas veces, lo que se llama científico ni es científico ni es verdadero. Analizaremos el evolucionismo, el marxismo y todo materialismo que niega la existencia de lo sobrenatural.

Por otra parte, veremos casos extraordinarios en los que la ciencia confirma nuestra fe católica, como en el caso de la Virgen de Guadalupe, el milagro eucarístico de Lanciano y otros más.


Les deseo a todos una ciencia tan grande que confirme su fe. Y una fe tan grande que los lleve a estudiar los misterios que Dios ha dejado en la naturaleza.
Fe y ciencia son dos vías paralelas que nunca se oponen, sino que se apoyan y acompañan, cuando ambas son verdaderas, pues nos llevan al mismo autor y creador de la ciencia y de la fe, que es Dios.

Un poco de ciencia

nos aleja de Dios,

pero mucha ciencia

nos acerca a Él.

(Pasteur)



¿CIENCIA CONTRA FE?
Carl Sagan, físico norteamericano de la NASA, fallecido en 1996, era ateo y se hizo famoso por su serie televisiva Cosmos, donde hablaba de que la ciencia había nacido cuando los hombres empezaron a librarse de las ideas religiosas supersticiosas. La historia de la ciencia es, para él, la historia de la lucha continua entre la ciencia y los prejuicios socio-religiosos. Según su opinión, la religión y concretamente la religión cristiana frenó el progreso científico. Según él, ser religioso es sinónimo de ser atrasado, anticuado y supersticioso.
Lo malo es que en muchos colegios y universidades, los profesores ateos o agnósticos están convencidos de que la ciencia y la fe son enemigos y así lo enseñan a sus alumnos. Dicen que la ciencia hace tiempo ha arrinconado y superado las ideas religiosas, basadas en creaciones de la mente para dar explicaciones humanas a fenómenos incomprensibles, que ahora la ciencia ha podido resolver, dejando superadas esas ideas. Pero ¿será eso cierto? ¿Por qué entonces hay grandes científicos que son creyentes? ¿Por qué muchos grandes sabios han sido ateos y después, a través de la ciencia, han encontrado a Dios?
Francis Collins es un genetista norteamericano, uno de los científicos más brillantes de la actualidad, que ha sido el jefe del proyecto genoma humano durante más de 10 años y lo ha llevado a su culminación. El año 2005 presentó el proyecto ante el mundo junto con el presidente Clinton, y dijo: Éste es un día feliz para el mundo. Me llena de humildad y sobrecogimiento el darme cuenta de que hemos echado el primer vistazo a nuestro propio libro de instrucciones que previamente sólo Dios conocía1. Para mí, la experiencia de secuenciar el genoma humano y de revelar el más notable de todos los textos era, a la vez, un asombroso logro científico y una ocasión para orar2.
La ciencia es el único modo confiable de entender el universo. Pero la ciencia no tiene capacidad para responder preguntas tales como ¿por qué el universo llegó a existir?, ¿cuál es el significado de la vida humana? ¿Qué sucede después de la muerte?3.
Yo era agnóstico, alguien que sencillamente no sabe si Dios existe o no. Gradualmente, pasé del agnosticismo al ateísmo. Me sentía muy cómodo al desafiar las creencias espirituales de cualquiera que las mencionara en mi presencia y descartaba tales perspectivas como sentimentalismo y supersticiones pasadas de moda4.
Estudié medicina… Algo que me impactó profundamente en mis conversaciones junto a los lechos de las buenas gentes de Carolina del Norte era el aspecto espiritual. Fui testigo de numerosos casos de individuos cuya fe les daba una fuerte seguridad y paz absoluta, ya fuera en este mundo o en el siguiente, a pesar del sufrimiento que, en la mayoría de los casos, les había llegado sin que ellos hubieran hecho nada para ocasionárselo… Un día, una viejecita que sufría diariamente por una severa e intratable angina de pecho, me preguntó qué era lo que yo creía. Sentí que mi cara enrojecía mientras balbuceé: No estoy seguro.
Ese momento me persiguió durante varios días. ¿No me consideraba a mí mismo un científico? ¿Sacaba un científico conclusiones sin considerar los datos? ¿Podría existir una pregunta más importante en toda la existencia humana que si existe Dios? De repente, todos mis argumentos parecían débiles y tuve la sensación de que el hielo bajo mis pies se estaba quebrando. Caer en la cuenta de esto fue una experiencia totalmente aterradora.
Al principio, confiaba en que una investigación completa sobre la base racional de la fe negaría todos los méritos de creer y reafirmaría mi ateísmo. Pero decidí mirar los hechos sin importar el resultado5.
Empecé un viaje de exploración intelectual para confirmar mi ateísmo, que ahora estaba en ruinas, ya que el argumento de la ley moral y muchos otros temas me forzaban a admitir la posibilidad de la hipótesis de Dios. El agnosticismo ahora me parecía un refugio seguro de segunda mano y como una gran evasiva. La fe en Dios ahora me parecía más racional que el no creer.
También me quedó claro que la ciencia no me llevaría lejos para resolver la cuestión de Dios. Si Dios existe, debe estar fuera del mundo natural y, por tanto, las herramientas de la ciencia no son las adecuadas para conocerlo. La decisión final tendría que estar basada en la fe, no en la evidencia. Así, aún acosado por las incertidumbres del camino por el que me había iniciado, tenía que admitir que había llegado al umbral de aceptar la posibilidad de una visión espiritual del mundo, incluyendo la existencia de Dios6.
Durante el primer año en que llegué a aceptar la existencia de Dios, me vi atacado por dudas en todas direcciones. Pero me sentí aliviado al comprobar que no existía objeción alguna en mi lista que no hubiera ya sido aún más fuerte y claramente expresada por otras personas a lo largo de los siglos7.
Uno de los escollos más importantes para muchos buscadores honestos es la innegable evidencia, a lo largo de la historia, de que se han hecho cosas terribles en nombre de la religión… Pero hay que recordar también que se han hecho cosas maravillosas en nombre de la religión. La Iglesia (hablo, en general, sin hablar de una religión concreta) ha jugado un papel importante en el respaldo de la justicia y de la benevolencia.
La Iglesia está hecha de gente caída. El agua pura y limpia de la verdad espiritual está colocada en contenedores oxidados. Por eso, hay que mirar más allá de la conducta de los seres humanos pecadores para encontrar la verdad. ¿Condenaríamos a un roble, porque su madera se ha usado para fabricar arietes? ¿Culparíamos al aire por permitir que las mentiras viajen a través de él?
Por otra parte, reconozcamos que gran parte de nuestro sufrimiento y el de nuestro prójimo, es causado por lo que nos hacemos entre nosotros. Es la humanidad, no Dios, la que ha inventado cuchillos, flechas, armas, bombas y toda clase de instrumentos de tortura. La tragedia de un niño atropellado por un conductor ebrio o de un hombre inocente que muere en el campo de batalla, difícilmente se pueden atribuir a Dios... ¿Debería Dios restringir nuestra libertad para evitar esa clase de conducta maléfica?
Conozco a una joven estudiante universitaria que vivía sola durante unas vacaciones de verano, mientras realizaba investigaciones, preparándose para una carrera como médico. Al despertar una noche, descubrió que un hombre había entrado en su departamento. Colocándole un cuchillo en la garganta, el intruso ignoró sus súplicas, le vendó los ojos y abusó de ella. La dejó devastada, tanto como para revivir esa experiencia una y otra vez durante muchos años. El agresor nunca fue capturado.
Esa joven era mi hija. Nunca fue la maldad pura tan evidente para mí como esa noche y nunca deseé con más pasión que Dios hubiera intervenido de alguna manera para detener ese horrible crimen. ¿Por qué no hizo que al agresor le hubiera partido un rayo o hubiera tenido al menos un cargo de conciencia? ¿Por qué no colocó un escudo invisible alrededor de mi hija para protegerla?
En raras ocasiones, Dios realiza milagros. Pero en la mayoría de las veces la existencia del libre albedrío y del orden en el universo físico son hechos inexorables... En mi caso, la violación de mí hija fue un reto para que yo tratara de aprender el verdadero significado del perdón en una circunstancia terriblemente desgarradora. Quizás fue una oportunidad para que yo reconociera que en realidad, yo no puedo proteger a mis hijas de todo el dolor y sufrimiento. Tenía que aprender a confiarlas al amoroso cuidado de Dios. Ciertamente, mi hija diría que esta experiencia le dio la oportunidad y la motivación para aconsejar y reconfortar a otras personas que han sufrido esa misma clase de asalto8.
Tras veintiocho años como creyente, la ley moral sigue siendo para mí la más clara señal de Dios. Más que eso: apunta hacia un Dios que se preocupa de los seres humanos, un Dios que es infinitamente bueno y santo9.
No hay oposición entre la ciencia y la fe. Porque un mismo Dios ha creado a ambas. Pero para muchos todavía es como una lucha sin tregua entre la mente y el corazón. Muchos materialistas creen que los avances de la ciencia hacen que la religión se quede obsoleta y afirman que estaríamos mejor sin Dios y sin religión. Otros creyentes, ante estas ideas, ven los avances de la ciencia como peligrosos, sobre todo, cuando van directamente contra la moral como las investigaciones con embriones humanos, la clonación, etc.
¿Daremos la espalda a la ciencia porque a veces se opone a la moral? ¿Daremos la espalda a la fe, considerando algunas actitudes poco cristianas de los creyentes o creyendo que no es necesaria? Ambas opciones son peligrosas. Ambas niegan la verdad del Dios creador. Por eso, debemos aceptar que el Dios de la Biblia, el Dios que vino a la tierra como uno de nosotros y permanece siempre a nuestro lado en la Eucaristía, es el mismo Dios del genoma humano y el creador de las leyes del universo, que los científicos tratan de descubrir. Lo importante es saber que Dios quiere la ciencia y la fe. Ama a los científicos y ama a los creyentes, porque todos son sus hijos. Y desea que todos, como hermanos, se den le mano y crean en Él y lo amen, descubriendo admirados las maravillas que ha dejado en la creación. Dios es amor y nos ama a cada uno. Por eso, la fe y la ciencia son dos alas para volar hacia el único Dios que nos espera más allá de las estrellas.

EL CIENTIFICISMO
Algo que no se puede aceptar es el llamado cientificismo, es decir, que la ciencia tenga la última palabra en todo. Para muchos la palabra científico es una palabra mágica. Decir que algo está científicamente demostrado es decir que es algo que ya está definitivamente aclarado y que nadie puede contradecir. Científico es para muchos sinónimo de verdadero. Pero ¿será cierto? Harold Brown dice: El conocimiento científico en cualquier época es lo que los científicos creen como tal en ese momento, pero el conocimiento científico de una época puede ser rechazado como erróneo en la siguiente10.
Esto ha ocurrido cientos de veces. Durante siglos se creyó que la tierra era el centro del universo y que el sol daba vueltas alrededor de la tierra. Esto era tenido como verdad científica indiscutible. Copérnico empezó a considerar que era la tierra la que daba vuelta alrededor del sol como si él fuera el centro del universo; pero ahora sabemos que el sistema solar está en un extremo de nuestra galaxia, la cual es una de las millones y millones que existen y que, de ninguna manera, podemos hablar de estar en el centro del universo.
Durante mucho tiempo, se decía que la distancia más corta entre dos puntos era la línea recta. Pero eso será cierto en cortas distancias; porque a distancias astronómicas, la línea curva es la más corta, porque los campos gravitacionales impiden ir en línea recta. Es como si dijéramos que la distancia más corta a Tokio es de una línea recta. ¿Cómo va a ser recta, si la tierra es redonda? Incluso, conceptos tan normales como el tiempo y el espacio han sido puestos en duda con las teorías de la relatividad de Einstein. Porque, a grandes distancias y a velocidades de la luz, las cosas cambian, parece que el tiempo se detiene y el espacio no es tan uniforme como vemos todos los días.
Ya pasó la época en que se pensaba que la ciencia daría respuesta a todos los problemas humanos y los solucionaría. Se acabó hace tiempo el optimismo de la ciencia. Cuanto más conoce el hombre, más se da cuenta de lo que le queda por descubrir. La naturaleza es como un libro abierto, lleno de misterios, tan inalcanzables que el hombre se queda pequeño ante la simple consideración de la magnitud del universo o ante la pequeñez infinitesimal de los elementos del átomo. Lo malo está en presentar ideas como científicas por el hecho de que las dice un científico y no han sido confirmadas por otros.
Algunos científicos, con el prestigio de sus títulos, quieren hacernos creer que la ciencia ha arrinconado a la fe y ha eliminado las realidades espirituales, porque nunca las ha encontrado. Algunos dicen que, si la ciencia no ha descubierto a Dios, es porque no existe. Pero la ciencia no puede descubrir a Dios, porque sólo trata de lo que puede observarse, es decir, del mundo material. En cambio, Dios es espiritual y la religión trata de cosas espirituales, que no pueden ser comprobadas ni rechazadas por la ciencia, porque son de un orden diferente.
Como diría Collins: No se puede usar la ciencia para tratar de desprestigiar a las grandes religiones monoteístas del mundo, que descansan en siglos de historia, filosofía moral y la poderosa evidencia que ofrece el altruismo humano. Es el culmen del orgulloso científico afirmar lo contrario. Pero eso deja con un desafío, si la existencia de Dios es verdad y si son ciertas también ciertas conclusiones de la ciencia sobre el mundo natural, no se pueden contradecir entre sí. Debe ser posible lograr una síntesis armoniosa11.
Sin embargo, pareciera que estas dos versiones de fe y ciencia no estuvieran buscando la armonía sino la guerra. Esto es especialmente patente en la teoría de la evolución de Darwin. Aquí es donde las batallas se están librando con más furia. Aquí es donde los malentendidos de ambos lados son profundos. Aquí es donde las apuestas sobre el futuro del mundo son más altas. Aquí es donde la armonía se necesita con desesperación12.

LA EVOLUCIÓN
La teoría de la evolución es muy antigua. Ya en la Edad Media, santo Tomás de Aquino y otros grandes teólogos hablaban de que Dios había puesto en la materia las cualidades especiales para que pudiera dar lugar a seres vivientes. Algunos eran partidarios de la teoría de la generación espontánea. Pero estas teorías no tuvieron mucho arraigo hasta que llegó Charles Darwin.
En 1859, publicó su libro El origen de las especies en el que propuso que todas las especies vivas descienden de un pequeño grupo de ancestros comunes, quizás de uno solo. Sostenía que la variación de especies se debía a la selección natural, una especie de fuerza vital que hacía que la naturaleza fuera eliminando por sí misma a los individuos más débiles y haciendo que sólo sobrevivieran las especies y los individuos más fuertes. Al mismo tiempo, sugirió que este proceso de selección natural podía aplicarse también al hombre. Este tema lo desarrolló en su libro El origen del hombre.
En este libro llega a proponer que los mismos hombres aceleren el progreso de la humanidad y favorezcan la selección artificial de los seres humanos ¿Cómo? Veamos lo que escribió: Entre los salvajes, los más débiles de cuerpo o de mente resultan rápidamente eliminados y los que sobreviven generalmente exhiben un vigoroso estado de salud... Los hombres civilizados entorpecen el proceso de eliminación de los menos aptos; promulgamos leyes para los menesterosos y nuestros profesionales de la medicina ejercitan toda su habilidad para salvar la vida de cada persona hasta el último momento... De esta manera, los más débiles de las sociedades civilizadas propagan su debilidad. Y tal obstáculo a la severidad de la selección natural, es manifiestamente absurdo, porque nadie, que haya presenciado cómo se crían los animales domésticos, puede dudar de que ese obstáculo sea algo altamente dañino para la raza humana13.
Para Darwin, el hombre es solamente un ser biológico, como cualquier otro animal, y rige también para él la teoría de la selección natural en su proceso evolutivo que siempre está en marcha. Algunos dirán que vamos hacia el superhombre. El problema es que estas teorías para muchos científicos son estrictamente verdaderas y, por tanto, el hombre es sólo fruto de un proceso natural sin ninguna intervención de Dios.
De ahí que, utilizando estas teorías evolucionistas, muchos atacan al cristianismo como algo anticuado y supersticioso, ya que consideran que está demostrado científicamente que el hombre viene de sus ancestros antropoides, de modo totalmente natural y en evolución progresiva al igual que los animales. Mucha gente está convencida de que Darwin demostró que el hombre procede del mono. Y considera que no creer en esta teoría de la evolución es señal de oscurantismo y superstición. Pero, en realidad, como dice Antonino Zichichi, el gran científico italiano miembro de la Academia pontificia de ciencias, descubridor de la antimateria nuclear, presidente del centro Enrico Fermi de Roma y presidente de la Federación mundial de científicos, los oscurantistas son los que pretenden dar el rango de verdad científica a una teoría, privada de la más elemental estructura matemática y sin la más mínima base experimental. Los experimentos irrepetibles no son parte de la ciencia14.
Hay que desconfiar de todos los que elaboran teorías, olvidando las pruebas experimentales reproducibles. Un fenómeno, observado una sola vez y nunca más, no vale para la ciencia, sino para las fábulas. Una cosa es segura, el hombre ha permanecido exactamente idéntico desde hace 10.000 años, por lo menos, hasta la fecha, como si el tiempo se hubiera detenido. No ha habido evolución biológica, pero sí evolución cultural.
¿Por qué la evolución no ha continuado? Si la evolución tuviera bases científicas serias, debería estar en condiciones de predecir el valor exacto de los tiempos que caracterizaron a la evolución humana. Pero estas teorías evolucionistas no tienen ninguna base matemática, porque no pueden ser reproducidas para constatar lo que ocurrió en el pasado una sola vez y que no puede ser experimentado de nuevo. Por eso, es una presunción hablar de evolución humana como una teoría científica que debe estar confirmada por verificaciones experimentales reproducibles…
Ciertamente existen pruebas de evolución biológica de numerosísimas formas de materia viviente, pero la evolución biológica de la especie humana va por distinto camino. Esto por un simple motivo. Entre todas las formas de materia viviente, nosotros somos la única dotada del extraordinario privilegio de saber descifrar la lógica con que se ha hecho el mundo. Este privilegio nos distingue de cualquier otra forma de materia viviente. Por eso, no se puede dar por descontado el mismo principio evolutivo biológico que sea válido para otras formas vivientes.

Sabemos con certeza que la evolución biológica de la especie humana se ha detenido hace unos diez mil años. Pero la evolución cultural ha sido muy grande. Un hecho claro es el de Nueva Guinea. Esos seres humanos quedaron durante miles de años fuera de la evolución cultural y, en poco tiempo, recuperaron los siglos perdidos y, después de pocos años, se encuentran ahora en perfecta igualdad con nosotros. Estaban atrasados culturalmente, pero tenían la misma capacidad biológica. La evolución cultural no distingue razas. Vale para todos15.
Por ello, promover la teoría de la evolución biológica de la especie humana al rango de teoría científica corroborada por pruebas experimentales para poder negar la existencia de Dios, es uno de los actos de mistificación cultural más graves que se han cometido desde que nació la ciencia16.
Los evolucionistas a ultranza dicen que los organismos simples celulares existen desde hace 3.500 millones de años, y que los organismos multicelulares existen desde hace unos setecientos millones de años. Los vertebrados, desde hace unos 400 millones. Los mamíferos, desde hace unos 200 millones de años. Los primates, desde hace 70 millones de años. La familia de los simios, llamada Dryopitecos desde hace 20 millones. De esta familia, habrían salido los chimpancés, gorilas y orangutanes actuales. La otra cadena, que debe llegar hasta nosotros, tiene anillos faltantes, desarrollos milagrosos e inexplicables extinciones.
Llegados al homo sapiens neandertal, hace 100.000 años, con un cerebro superior al nuestro, la teoría evolucionista habla de que hace 40.000 años el homo sapiens neandertal se extingue de modo inexplicable. Y aparece de modo totalmente inexplicable, hace 20.000 años el homo sapiens sapiens, es decir, nosotros. Pero una teoría con eslabones perdidos y desapariciones imprevistas no es ciencia ni teoría científica17.
En 1912, los científicos celebraron el encuentro de lo que estaban buscando: el eslabón perdido entre el orangután y el homo sapiens. En unas canteras de piedra en el condado de Sussex, en Inglaterra, junto al pueblo de Piltdown, se encontró la parte superior de un cráneo con una capacidad cerebral superior a la de un mono, pero inferior a la de un hombre moderno.
Todos los científicos del mundo, empezando por los paleontólogos del Museo británico de Londres celebraron el hallazgo. A los descubridores se les dio el título de barones de la Corona inglesa y en el pueblo de Piltdown se erigió un monumento en el lugar del hallazgo. Al final, resultó que todo había sido una burda falsificación, pero esto se descubrió en 1953. Durante 40 años, todos los científicos habían creído en una verdad “científica”, que era falsa. Y a ese supuesto ser mono-hombre le habían dado el nombre de eoanthropus.
Al descubrirse la mentira, presentaron al hombre de neanderthal como el eslabón perdido, a pesar de haberse descubierto que no es un antepasado nuestro, como habían creído los científicos durante un siglo y medio. Era solo un ejemplar de una especie extinguida de mono antropomorfo. Actualmente, las teorías darwinistas están puestas en tela de juicio por muchos científicos serios.
Como diría Isaac Bashevis Singer, que fue premio Nóbel de literatura en 1978: Son muchos los pensadores que han atribuido al ciego mecanismo de la evolución muchos más milagros que todos los que le han sido atribuidos a Dios por todos los teólogos del mundo18.
Juan Pablo II en 1986 decía: Desde el punto de vista de la doctrina de la fe, no se ven dificultades para explicar el origen del hombre en cuanto al cuerpo mediante la hipótesis del evolucionismo. Es preciso, sin embargo, añadir que la hipótesis propone solamente una probabilidad, no una certeza científica. En cambio, la doctrina de la fe afirma de modo invariable que el alma espiritual del hombre es creada directamente por Dios. O sea, es posible, según la hipótesis mencionada, que el cuerpo humano, siguiendo el orden impreso del Creador en las energías de la vida, haya sido preparado gradualmente en las formas de seres vivientes antecedentes. Pero el alma humana, de la cual depende en definitiva la humanidad del hombre, siendo espiritual, no puede haber emergido de la materia19.
El mismo Papa en un mensaje a los miembros de la Academia Pontificia de Ciencias, el 22 de octubre de 1966, les decía: Las teorías de la evolución que consideran que el espíritu surge de las fuerzas de la materia viva o que se trata de un simple epifenómeno de esta materia, son incompatibles con la verdad sobre el hombre; estas teorías son incapaces de fundar la dignidad de la persona humana. Al llegar al hombre, nos encontramos con una diferencia de orden ontológico, ante un salto ontológico podríamos decir: El momento del paso a lo espiritual no es objeto de observación… Compete a la teología deducir el sentido del hombre según los designios del Creador.
En resumen, podemos decir que la evolución puede ser perfectamente conciliable con la religión. Sólo hay que reconocer que Dios-creador fue el que puso en la materia esa fuerza vital para que pudiera desarrollarse hasta dar lugar a la vida más primitiva y, después, poco a poco, a seres vivientes más desarrollados hasta llegar a un antropoide, del cual pudo servirse Dios para darle un alma racional y así convertirlo en ser humano; no sólo por su inteligencia, sino especialmente por su destino eterno, ya que Dios lo elevó al orden sobrenatural y lo hizo hijo suyo, creado a su imagen y semejanza. La fe católica puede aceptar la evolución con tal de aceptar una intervención especial de Dios en la creación del alma humana. De todos modos, la ciencia nunca podrá probar de modo científico o experimental el paso del animal al ser humano.
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