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P
CINE

istolas y cachiporras



JOEGE

BERLANGA

Cuando a veces la realidad se impone a la ficción, y en unos mo­mentos en los que la pólvora deja su humareda en las calles, las balas silban por doquier, la gente se mata por un quítame allá un gol en propia puerta, se escucha el ruido de sables del nuevo fascismo, y los vándalos destrozan los monumentos como si volviésemos a la edad de piedra, lo mejor es volver a meterse en el cine a ver pelícu­las de tiros, de espadachines o de barrabasadas prehistóricas, que superan a la odiosa condi­ción de lo real en que son mu­cho más bonitas, en esa dife­rencia que existe entre el sueño volátil y la pesadilla tangible. El cine americano vive de pronto una moda de recupera­ción del "Western", un género clásico que andaba últimamen­te algo abandonado. Pero ante el agotamiento de las ideas, los grandes estudios se han debido decir, "¿por qué no volvemos a lo de siempre, a lo que nunca nos ha fallado?" Y aquí lo te­nemos. Si queríamos taza, nos dan taza y media, y las panta­llas se llenan de vaqueros, de caballos, de calles polvorientas, sombreros de ala ancha, salo­nes 'humeantes con pianista y whisky de garrafón, colts del calibre 45, chicas de alterne, indios, ganaderos, desespera­dos fuera de la ley, en fin, todos los ingredientes típicos de la épica de la frontera.

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« El cine americano vive de pronto una moda de

recuperación del

"Western", un género

clásico que andaba

últimamente algo

abandonado.»
evin Costner dio el primer aviso acapa­rando premios Osear con "Bailando con lobos". Al año siguiente llegó un solitario canalla, un silencioso pistolero, el último jinete errante, Clint Eastwood, y ofreció toda una lección de saber hacer, demos­trando estar ,en plena forma, con esa joya digna de codearse con las mejores obras de John Ford o de Henry Hathaway, llamada "Sin Perdón", que también barrió a la hora de lle­varse galardones de la Acade mia de Hollywood. Pues nada, visto por donde vienen los vientos de las preferencias del público, las productoras se han dedicado a explotar el filón. Como aperitivo, a principios de año nos Mego "Tombstone", una película menor, pero bas­tante digna en la calidad de la acción pura, sobre el duelo en el O.K. corral, un tema tratado infinidad de veces en el cine, donde hemos perdido la cuenta de todos los actores que han in­terpretado a los míticos Wyatt Earp y Doc Hollyday (por cier­to, que como dato curioso, hay que señalar que el propio she-riff Earp acabó en los gloriosos tiempos del cine mudo traba­jando como especialista, mon­tando a caballo en los primeros films del oeste). También, utili­zando personajes clásicos, vi­mos "Gerónimo", la historia hagiográfica del famoso jefe apache que tuvo en vilo duran­te años a las tropas del ejército americano, una película que acababa de por sí algo seca como el desierto de Arizona por su excesiva obsesión apolo­gética, y ahora nos llega la gran oleada, que nos calienta el verano con aires del oeste.

Caraduras y chicas malas. Empezamos por "Maverick", dirigida por Richard Donner, un especialista en el cine de acción, curtido en series televisivas, como "Kojak", "Cannon", o "El Fugitivo", dio el salto a la fama con "La Pro­fecía", "Supermán" o la trilogía de "Arma Letal". Contando con el protagonista de estas úl­timas, Mel Gibson, ha recu­perado a un popular personaje de la televisión de los años sesenta, que interpretaba Ja­mes Garner (que aparece aho­ra como el rival de sí mismo, el sheriff Zane Cooper), un sim­pático granuja que domina las artes de la seducción, jugador y mujeriego, timador profesional, que siempre consigue salir con bien de sus marrullerías para desesperación del represen­tante de la ley. La película está marcada por un tono de co­media agradable, donde reina un ambiente de camaradería, es de ese tipo de obras que dan la sensación de haber sido hechas por un grupo de amigos dispuestos a divertirse, y en donde el cine rinde un home­naje cómplice a la televisión, apareciendo como secundarios algunos actores clásicos de las series de la época, como Doug Me Clure, de "El virginiano", Robert Fulley, de "Valle de pasiones", o Cari Bartley, de "Bonanza". Por si fuera poco, además está una espléndida Jodie Foster, tomándose un descanso de interpretaciones más dramáticas. En resumen, un buen entretenimiento, sin más, que no decepciona.

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CINE


«Para quien no pueda con tanto vaquero, mejor ir a

dar un paseo por

modernos inmemoriales, y

dedicarse a gozar con

"Los Picapiedra".»
as chicas son un com­ponente típico de las películas del Oeste, pero lo que no se había hecho hasta ahora era una película del género protagonizado por mu­jeres. Las productoras no se olvidan de que el porcentaje de público femenino que acude a los cines es muy superior al masculino, y después del éxito de "Thelma y Louise", han debido pensar que la fórmula se podría trasladar al "Wes­tern", y el resultado es "Cuatro mujeres y un destino". El admi­tir que unas damas de bandera como Madeleine Stowe, Andie MacDowell, Mary Stuart Mas-terson o Drew Barrymore superan en atractivo a los mismísimos Robert Redford y Paul Newman.

Se habla de que hubo muchos problemas en el rodaje, cosas de señoras, porque todas iban de estrellonas, odiándose cor-dialmente, chupándose plano, poniéndose moñudas, y era difícil lograr ese compincheo típico del género cuando unos cabalgan juntos. De todas for­mas, viendo el resultado, no se puede decir que el Western sólo sea cosa de hombres, por­que estas cuatro jinetes de un apocalipsis de rompe y rasga, encarnando a unas prostitutas dispuestas a defender su digni­dad y su dinero cogiendo las armas y montando un lío de cuidado, despenando a cual­quiera que se les ponga por delante, acaba siendo un pro­ducto bastante digno, resulto con buen oficio por el director, Jonathan Kaplan, aunque por encima de la historia, lo más atrayente sea el lucimiento de las actrices, unas de las intér­pretes en más sazón actualmen­te en Estados Unidos.

Un actor que, en cam­bio, andaba última­mente algo alicaído, al borde de la marginación y el malditismo, enfrentado a la in­dustria por sus declaraciones despreciativas, problemático y rebelde,a punto de caer en el paro, o de dedicarse solamente a poner copas en una barra o hacer el payaso boxeando en cuadriláteros de cuarta catego­ría, era Mickey Rourke. Pero ahora vuelve al cine con "El úl­timo forajido", de Geoff Mur-phy.

El desesperado Rourke encar­na a Graff, un ex-oficial confe­derado que se convierte en bandido, junto a una banda de maleantes, también antiguos miembros del ejército del sur. Cuando tras un atraco se enre­dan en un tiroteo,él intenta rematar a uno de los suyos que ha quedado malherido, pero sus hombres se niegan y dispa­ran contra él. Por supuesto,no muere, porque la película ha de seguir, así que se recupera y se alia con el sheriff para perseguir y vengarse de sus antiguos compañeros. El resultado es una película de escasa enjun­dia, en la que la




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Jodie Foster, Mel Gibson y James Gadner, protagonistas de “Maverick”, uno de los estrenos más interesantes del verano.
cción se ve disminuida por los tics de Rourke, que sufre una conside­rable melopea de método que lleva su actuación a límites de cierta estolidez ridicula por lo forzado. De todos modos, siempre se puede ver, sobre to­do si se es aficionado al género. Cabe preguntarse si no se de­berían plantear los cineastas españoles regresar también a su tradición, volver a recons­truir los pueblos fantasmas de Almería, buscar a un nuevo Fernando Sancho para hacer de mexicano malo, y seguir las huellas que dejó en aquellos terrenos Sergio Leone para dedicarse al "Paella western", en

vez de pedir subvenciones para sosas disquisiciones de­presivas. Puede que tal vez les fuera mejor, pero en fin, sólo en una idea. No hay que olvi­dar que Clint Eastwood co­menzó aquí su andadura, y mi­ra a dónde ha llegado. En fin, para quien no pueda con tanto vaquero, mejor ir a dar un paseo por modernos tiempos inmemoriales, y dedi­carse a gozar con "Los Picapiedra".



Los famosos dibujos animados han pasado a ser de carne y hueso gracias al mago Steven Spielberg, un niño grande acos­tumbrado a convencernos de que en este mundo nada es imposible. Nadie mejor que John Goodman para interpre­tar a Pedro Picapiedra, o Rick Moranis para ser Pablo Már­mol. Los dinosaurios del Par­que Jurásico son ahora mas­cotas caseras, o grúas para trabajar en las canteras. Para todos los que seguimos siendo fans de las divertidas fantasías de Hanna y Barbera, no nos podían hacer por estas calendas un regalo más de agradecer. Para ir con los niños, con el abuelo, con el chucho, y salir después a comer una deliciosa chuleta de brontosaurio. Ge­nial.




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