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"organizaciones no gubernamentales u ongs"


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Abriendo veredas. Iniciativas públicas y sociales de las redes de organizaciones civiles, Editor Convergencia de Organismos Civiles por la Democracia, 1998, México.

Autor: Dr. Rafael Reygadas Robles Gil.

Este libro surge de la pasión por socializar la memoria de las organizaciones civiles de promoción del desarrollo en México, así como del placer de escribir sobre una historia viva y actuante.

En 1994 se dieron en México un conjunto de acontecimientos, que llevaron a diversos analistas a plantear, que no sólo concluía un sexenio, sino también un ciclo económico y político nacional[1]. El partido de estado se descompuso aceleradamente; los demás partidos políticos alcanzaron limitada capacidad de representación de los problemas vividos por el pueblo; surgió un movimiento armado indígena en el sureste chiapaneco y aparte se incubó una guerrilla, de composición social rural y urbana, dispersada en seis o siete estados; el candidato oficial a la presidencia de la república del Partido Revolucionario Institucional y su secretario general fueron asesinados en un lapso de seis meses; en diciembre, el peso mexicano perdió casi la mitad de su poder adquisitivo. Los movimientos ciudadanos se abrieron espacio social, político y jurídico; combatieron con mayor decisión al presidencialismo y al corporativismo; se sumaron a las luchas sociales; inventaron formas de participación del conjunto de la sociedad civil en la búsqueda de una paz justa e incluyente para Chiapas; y desplegaron estrategias y acciones para el fortalecimiento de las autonomías indígenas.

En esa coyuntura, aparentemente surgidas de la nada, hicieron su aparición en el escenario político mexicano, las "organizaciones no gubernamentales u ongs"[2], que como parte de la sociedad civil, emergieron con propuestas diversas y complejas: nuevas organizaciones campesinas, acciones afirmativas de género, fundaciones, alianzas ciudadanas, foros, comunidades indígenas, instituciones de asistencia privada, grupos de deudores, organizaciones civiles de promoción del desarrollo (ocpds)[3], centros de derechos humanos, y otras.

Algunas organizaciones fueron recogiendo parte de la memoria y de las demandas colectivas de amplios sectores de la población, potenciando su capacidad de acción en defensa de la dignidad ciudadana y de los derechos económicos, políticos y sociales de los mexicanos, y dando pasos hacia el campo de lo público. Por su actuación en el escenario nacional, se les denominó con el término genérico de organismos no gubernamentales (ongs), de acuerdo a una nomenclatura establecida a nivel internacional, aunque en aras de una mayor concordancia con su origen y con su identidad fundamental, aquí preferimos llamarles: organizaciones civiles de promoción del desarrollo (ocpds) o simplemente organizaciones civiles(ocs)[4], que a partir de 1989, en base a su propia imaginación del futuro, y para responder colectivamente a los retos planteados por la crisis y por las políticas globalizadoras, se fueron coordinando en redes.

Las características básicas de las políticas neoliberales frente a las cuales estas redes de organizaciones civiles plantearon sus propias alternativas son señaladas por José Luis Calva:

"A 11 años de la estrategia de modernización, de más mercado y menos estado, la economía mexicana se caracteriza por su alta vulnerabilidad externa, por el desplome de los coeficientes de ahorro y ahorro/inversión, por la profundización de la inequidad en la distribución del ingreso, por el crecimiento vertical del desempleo, por la profundización de la desarticulación interna y la desigualdad en el desarrollo de la planta productiva... por el incremento de la desnutrición infantil severa y de la pobreza y por el deterioro de los niveles de bienestar. Ha aumentado la concentración del ingreso y de la riqueza nacional en pocas manos y la dependencia financiera externa...[5]"

Sin embargo, la irrupción de las redes de ocpds en escena no se dió por generación espontánea, sino que tuvo que ver con un largo y complejo proceso de maduración de la conciencia de los derechos individuales y de la dignidad ciudadana, frente a un conjunto de decisiones económicas y relaciones políticas cada vez más autoritarias; tuvo que ver con la articulación y organización de cientos de movimientos sociales, que fueron generando a la par una promesa distinta y una capacidad de propuesta e intervención en aspectos de política pública; y tuvo que ver también, con la experiencia acumulada de las propias ocpds, en relación a su acción en la esfera pública y en la esfera política ciudadana, que fue saturando paulatinamente una imaginación de cambio.

Destacan dos facetas de estas acciones civiles, dialécticamente complementarias: una referida al contexto socio-económico y político, y otra relacionada con la imaginación y la creatividad de los nuevos sujetos sociales. Por un lado, los constriñentes y estrechos compromisos del gobierno federal y los estrechos marcos del paradigma económico en sí mismo, no le permitieron a éste reconstituir la sociedad, ni imaginar otra estrategia, ni bosquejar alternativas incluyentes, a pesar de la agudización de la crisis social y del incremento de las contradicciones al interior del propio partido oficial. Por otro lado, se fue dando de manera simultánea una multiplicación de iniciativas, y movimientos populares y ciudadanos, que como actores que padecían profundamente la pobreza, colocados en un lugar distinto al del gobierno y al de los grupos hegemónicos, empezaron a imaginar otros horizontes, a crear nuevas relaciones sociales, a realizar prácticas que buscaron amplia participación y consenso del conjunto de la sociedad.

En este período, la disputa por el campo ciudadano se agudizó. Las redes de ocpds, a través de su imaginación y alternativas, y de la defensa de su autonomía, participaron de esta disputa. En este estudio se destacan algunas de las respuestas, propuestas e iniciativas que las redes de ocpds hicieron, desde su autonomía, y desde su propia identidad cívico popular, frente a la coyuntura de crisis social progresiva que se había profundizado en el sexenio de Carlos Salinas.

Este trabajo relata la historia de iniciativas, que involucraron a miles y miles de mexicanas y mexicanos, que se sintieron convocadas y convocados a participar activamente en la construcción de un México distinto; cuenta los sueños, la imaginación y las profecías de estos actores y actrices sociales; sus posicionamientos frente al gobierno y frente al resto de la sociedad; su simultánea fascinación y crítica por el movimiento indígena zapatista; sus limitaciones y conflictos internos; su imaginación creadora e inventora de vías nuevas, para evadir los escollos del presidencialismo, del corporativismo y de la ciudadanía subyugada, servil; sus logros, sus fracasos y sus limitaciones; en fin, sus estrategias y métodos de trabajo.

Para comprender este fenómeno nuevo y poder escribir historia de este sujeto social, nos guiaron las siguientes preguntas: ¿cómo y por qué a partir de la década de los noventa, las ocpds, que siempre habían trabajado profesionalmente de manera más o menos local, a pequeña escala y con pocos nexos entre sí, empezaron a imaginar e inventar nuevas respuestas, a coordinarse en redes y a incursionar como actores sociales que buscaban un mayor impacto en la vida pública regional y nacional?, ¿cómo trabajaron estas redes y cómo se relacionaron con otros grupos de la sociedad y con el gobierno y qué respuesta tuvo éste frente a ellas?, ¿cuáles fueron sus logros y cuáles sus limitaciones?, ¿cuáles fueron finalmente las formas de organización y las dinámicas internas que siguieron las redes en su propia conformación como sujetos en los procesos sociales?

Para responder a las inquietudes profundas expresadas en las preguntas anteriores, empezamos a organizar el material que teníamos, a ordenar documentos, a buscar la información existente sobre la historia de las redes de ocpds. En el otoño de 1994 encontramos que había muy pocas investigaciones sobre las organizaciones civiles de promoción del desarrollo (ocpds) en México. La ausencia no tenía que ver solamente con el campo de la historia sino con los campos de la sociología, el derecho, la psicología, la economía, la pedagogía, el trabajo social, la ciencia política, la arquitectura, la administración pública. Existían en realidad muchos documentos, folletos, materiales de trabajo, artículos de divulgación, declaraciones, informes, caracterizados casi todos, por enfoques temáticos de problemas particulares; había un solo trabajo de carácter más global: "Sociedad Civil y Pueblos Emergentes. Las Organizaciones Autónomas de Promoción Social y Desarrollo"[6], elaborado desde una visión de conjunto, que tocaba algunos elementos de historia de las ocpds, hasta 1986, explicitando rasgos sociales, económicos y políticos por décadas, y definiendo frente a ellos, las tareas centrales realizadas por las ocpds en cada uno de esos períodos.

Hoy, cuarenta meses después de iniciado este trabajo, el lugar ocupado por las ocpds en el escenario público, había llevado a investigadores nacionales e internacionales, a periodistas, y a estudiosos de diversas disciplinas, a preocuparse por comprender el fenómeno dentro de las perspectivas de análisis de la sociedad civil. Empezaron a aparecer algunas investigaciones en proceso y algunos trabajos temáticos ya terminados: diez monografías breves sobre ongs de los sesenta[7]; un documento que analiza los objetivos y estrategias de cuatro redes[8], con algunos datos sobre sus orígenes; un trabajo introductorio al conocimiento de las ongs[9]; una tesis sobre organismos de derechos humanos[10]; una más sobre el Colectivo Mexicano de Apoyo a la Niñez[11]; y otra sobre el Espacio Civil por la Paz[12]; algunos libros y artículos sobre Alianza Cívica[13]; pero no se había publicado ningún trabajo dedicado a la historia de las redes de ocpds.

Al avanzar en el estudio de los documentos y al imaginar cómo ir tejiendo y elaborando la historia, después de pasar de una necesaria visión cronológica a una visión de las tramas, de los procesos y de los sujetos, se hizo presente un importante debate teórico, que permearía toda la búsqueda: ¿cómo escribir historia reciente?; sin duda que ésta se ve atravesada por las implicaciones del historiador y de los sujetos sociales historizados, pues el relato del pasado queda preñado inmediatamente de las expectativas sociales del presente y es invadido por la necesaria toma de posición del historiador ante los problemas vivos. Todo esto incide de manera franca en la lectura de los acontecimientos y en la escritura de los mismos, ya que los documentos incluídos o excluídos, los relatos priorizados, muchos de ellos vivientes, tienen consecuencias inmediatas y efectos visibles. Y precisamente desde esas condiciones de escritura surgen las posibilidades de la historia reciente.

Este trabajo se mete en el pasado, pero también busca en él las razones de sus pasiones, los fundamentos de sus expectativas, las raíces de su imaginación. Ciertamente, gran parte de la información obtenida y procesada, sólo fue posible gracias a haber participado, de alguna manera, en la historia que se escribe, gracias a haber conocido y vivido de cerca, esa misma historia. Sin duda que esta profunda implicación[14] subjetiva del aprendiz de historiador en el relato de los acontecimientos, se traduce en sesgos y omisiones. No obstante, sólo por haber estado inmerso en las ocpds y sus redes, se hicieron posibles tantos y tan rápidos vínculos, el acceso a tantos documentos internos y a historias silenciadas; sólo la implicación previa hizo posible escribir contando con información que no tenía beneficio de inventario. Así pues, la implicación ofreció un horizonte posible de comprensión y escritura, a modo de un contexto metodológico que, de alguna manera, permitió ver desde el interior de los procesos que se iban a narrar.

Al proseguir la búsqueda de caminos para la escritura, con un afán de vigilancia teórica y metodológica, se encontró un concepto central, el de analizador histórico[15] , que permite abordar la complejidad de las relaciones, dinámicas y atravesamientos en los que están implicados los diferentes actores de los procesos económicos, políticos y culturales que se dieron en este período. El analizador histórico facilitó encontrar múltiples determinaciones de un período, en el que se pusieron en juego variados intereses, se develaron paulatinamente diversos conjuntos de compromisos e implicaciones, saberes y poderes de los actores, que antes aparecían como datos aislados e inconexos o parcialmente ocultos.

Así pues, el analizador histórico hizo posible que la determinación del tiempo de un núcleo de problemas de la historia reciente no fuera pautada de antemano o por circunstancias externas, sino a partir de articuladores intrínsecos a los procesos, que marcaban su inicio, su desarrollo, sus conflictos y sus repercusiones. La coherencia interna de cada período provino entonces de las vinculaciones intrínsecas entre actores, intereses, prácticas sociales, y acontecimientos o conjunto de acontecimientos, que develaron, descubrieron y analizaron las implicaciones profundas, a menudo ocultas, los compromisos, los intereses en juego de los diversos actores, así como las consecuencias derivadas de sus prácticas y de los nuevos contextos, que iban resultando de las modificaciones del escenario que las acciones producían.

Con los referentes hasta aquí esbozados, ampliamente desarrollados en los capítulos II y III de este libro, es posible ofrecer una visión panorámica del mismo, que permita apuntar algunos problemas centrales y discusiones relevantes que fueron apareciendo al escribir esta historia.

La introducción ofrece una visión general del tiempo del relato, que va fundamentalmente de 1988 a principios de 1996. Algunas escuetas exploraciones de los antecedentes lejanos, permiten una mejor comprensión de la lógica misma de los problemas histórico sociales trabajados. En el caso de hechos posteriores al período, se colocaron en notas a pie de página.

El capítulo primero analiza cómo esta historia está escrita desde el presente, en relación a intereses, preguntas y demandas[16] que el historiador va expresando a modo de encargos que la sociedad o una parte de ella han depositado explícita o implícitamente en él, para que investigue y escriba en referencia a ellos. En los periodos más cercanos estos encargos sociales son más visibles, más politizables, y por lo tanto, más conflictivos pues se refieren a realidades vivas, a asuntos candentes, a personas que siguen actuando, a situaciones que siguen repercutiendo en la vida cotidiana.

Enseguida abordamos la génesis social[17] de dos formas diferenciadas de intervención civil no lucrativa en la sociedad: la asistencia y la promoción, como un par de conceptos a veces complementarios, a veces antagónicos. Se hace un rápido recorrido por la génesis social de las prácticas que sirvieron de base para conformar el concepto de asistencia, encontrando como arraigan en antiguas costumbres indígenas de reciprocidad y solidaridad social combinadas con formas hispánicas de ayuda mutua, aunque también las prácticas asistenciales operaron vinculadas a los encargos de organismos dependientes del gobierno, que como lugares especializados en el manejo de los riesgos derivados de la política económica, llevaron a aislar "ascépticamente" a los asistidos, separándolos del resto de la sociedad.

Después indagamos la génesis social de las redes de organizaciones civiles de promoción del desarrollo, buscando sus raíces en las prácticas de reciprocidad y ayuda mutua y más recientemente en prácticas social cristianas y de izquierda, impregnadas de una imaginación orientada a abrir espacios en una sociedad autoritaria y corporativa.

Las organizaciones civiles de promoción del desarrollo formaron redes a partir de 1988. Por sus prácticas de amplia información, discusión y decisión colectiva, fueron generando internamente una cultura democrática y de distribución de responsabilidades. De 1988 a 1994 acumularon experiencias en lo que se refiere a la democracia electoral, lucha contra el fraude y capacidad de convocar a una ciudadanía deseosa de ser tomada en cuenta para la elaboración de políticas públicas y de políticas democráticamente definidas.

Las prácticas sociales de asistencia, de promoción y de conformación de redes de los años estudiados, estuvieron relacionadas con un contexto determinado, se aproximaron a él, lo leyeron, lo analizaron e intervinieron en él, a partir de su propia imaginación, del proyecto que configuraron, de sus objetivos, estrategias, metodología, líneas de acción y actividades específicas. La asistencia y la promoción son como dos paradigmas de intervención de la sociedad para atender las demandas sociales, que ponen en juego las formas como la sociedad misma se imagina y realiza su reproducción o transformación.

La exploración de estos conceptos y su concreción en la historia reciente, permitió en primer lugar dar cuenta de la modernización de las formas de control de una parte de la sociedad civil que buscó absorber las formas nuevas de responsabilidad ciudadana bajo el manto de renovadas formas corporativas de la Junta de Asistencia Privada; y en segundo lugar, permitió aproximarse a la imaginación de las ocpds que sirvió como horizonte para emprender caminos inusitados para la democracia, la paz y el quehacer civil de cara a lo público, como espacio de responsabilidad de la sociedad en su conjunto y no sólo del gobierno.

En el segundo capítulo trabajamos sobre la génesis teórica de la problemática presentada. Apuntamos algunos conceptos y categorías desde las cuales exploramos y abordamos el pasado reciente[18]. Ahí se desglosan y desconstruyen, a nivel de categorías teóricas, los componentes del título general de la investigación: Iniciativas Sociales de las Redes de Organizaciones Civiles de Promoción del Desarrollo.

Se trabaja sobre los conceptos de imaginario social e imaginación colectiva, como campos teóricos que permiten comprender los procesos de conformación del proyecto y las prácticas de las redes de ocpds en un permanente debate entre "los cielos mercantiles" promulgados con fuerza por la sociedad neoliberal, "los cielos ciudadanos" incluyentes, participativos, y "los cielos indígenas", arraigados en una cultura milenaria de convivencia con la tierra y consenso para la resolución de conflictos, que son antitéticos de los primeros y diferentes de los segundos. Esta disputa recorre toda la tesis.

Otro debate se refiere a las instituciones imaginarias autoritarias: presidencialismo, corporativismo y partido de estado, y cómo a través de los procesos sociales de lucha frente a ellas, fueron surgiendo organizaciones civiles y sociales autónomas. Finalmente se da una fuerte discusión entre el concepto de tercer sector y el de sociedad civil, inclinándonos por este último porque permite dar cuenta de manera más profunda y cabal de los complejos fenómenos que observamos en México. Enseguida se documentan de manera crítica la génesis teórica de los conceptos de desarrollo y de promoción.

El capítulo tercero relata las vicisitudes de las organizaciones de promoción del desarrollo y la lucha por el reconocimiento público como parte de la sociedad civil organizada, en defensa de su identidad y de su autonomía, frente a una política gubernamental de sometimiento a través de mecanismos burocráticos, legislativos, fiscales y represivos.

En este capítulo se avanza en la escritura de la historia de las redes de ocpds en torno a su identidad civil, que se fue configurando a partir de vínculos fundantes con organizaciones y movimientos sociales. Se trabaja sobre las relaciones de las ocpds con el gobierno y con el conjunto de la sociedad. Aquí las fuentes primarias fueron los documentos internos producidos por las mismas redes en su proceso; a partir de ellos fue posible encontrar un analizador histórico privilegiado alrededor del cual se construyó el capítulo: la Iniciativa de Ley de Fomento de las Actividades de Bienestar y Desarrollo Social, que fue analizando los compromisos profundos y la imaginación de los diferentes actores: organizaciones civiles, instituciones de asistencia privada, Convergencia de Organismos Civiles por la Democracia, Centro Mexicano para la Filantropía, Foro de Apoyo Mutuo, Gobierno Federal, Secretaría de Hacienda, Junta de Asistencia Privada, ocpds de Oaxaca, Gobierno de Oaxaca y otros muchos actores que fueron mostrando sus intereses, compromisos contraídos, encargos, alianzas, límites, estrategias, propuestas de corporativización, nivel de burocratización, y procesos instituyentes de nuevas relaciones sociales.

El capítulo ofrece un laboratorio privilegiado de historia de las ocpds, de análisis de las redes, que concreta los alcances de los conceptos teóricos y metodológicos propuestos para la escritura de la historia reciente.

El capítulo cuarto, basado también fundamentalmente en documentos internos, contiene la escritura de la historia de iniciativas ciudadanas de algunas redes de organizaciones civiles en relación a la lucha por la democracia, sin prejuzgar su concepción, sino a partir de la forma como ésta apareció en el discurso y sobre todo en sus propias prácticas y en sus propios establecimientos, reveladores de su propia imaginación colectiva, por lo menos en tres campos: 1) las batallas por la dignidad ciudadana, por la equidad, la justicia, la imparcialidad y la transparencia electoral; 2) las luchas por incidir en los contenidos, la estrategia y los dispositivos concretos postulados para la configuración del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica; y 3) las redes orientadas a apoyar la construcción de poder local ciudadano y a incrementar la capacidad de gestión colectiva de los municipios.

En este capítulo, los analizadores históricos que permitieron develar los encargos gubernamentales y partidarios subyacentes en los procesos electorales estatales, fueron las luchas ciudadanas por la democracia.

A partir de 1991 se fue dando una creciente resonancia[19] de las luchas por la dignidad ciudadana, emprendidas inicialmente por el movimiento navista en San Luis Potosí. De 1991 a 1994, ante problemas de fraude electoral en otros estados, como eco de la lucha cívica potosina, se desplegaron nuevos movimientos ciudadanos y nuevas prácticas sociales, que a modo de rituales, revivieron y actualizaron una y otra vez, la profecía de elecciones limpias, convocando a su realización a miles de ciudadanos y ciudadanas. La culminación de estos complejos procesos y experiencias fue la Alianza Cívica/Observación 94.

Para las redes de ocpds, la práctica de la democracia se dirigió también a otros campos: por un lado, a la profecía de relaciones comerciales internacionales incluyentes, orientadas al bienestar social, al respeto a los derechos laborales y al medio ambiente sustentable, por lo que se buscó orientar el Tratado de Libre Comercio de manera diferente a como lo negociaba en esos momentos la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial con las élites de Estados Unidos y Canadá; y por otro lado, las ocpds y sus redes incursonaron en el campo del municipalismo democrático, como terreno fértil para el ejercicio de poder ciudadano ligado a la vida cotidiana y al poder público.

En el capítulo quinto, construído en base a un gran volumen de información de circulación restringida, se hace un relato historiográfico de los avatares de las organizaciones civiles para incidir en los procesos y propuestas para buscar la paz en Chiapas y en el país. En este capítulo, el horizonte temporal, por la lógica intrínseca de los acontecimientos y por exigencia de los analizadores del período, llevó a extender la escritura hasta los primeros meses de 1996, en que se firmaron los Acuerdos de San Andrés, que son una clave de sentido para el cierre y comprensión, tanto de los procesos histórico sociales anteriores, como de las luchas posteriores de los pueblos indios, de las ocpds y de la sociedad mexicana por la paz, y sobre todo, por el acuerdo de su inclusión formal y real en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, como reconocimiento público de su derecho a existir, y por lo tanto de concreción del derecho a la libre determinación, expresado en la autonomía.

En este capítulo el gran analizador es sin duda el mismo movimiento zapatista en torno al cual todos los actores nacionales y muchísimos internacionales fueron apareciendo en escena y tomando posición, manifestando sus intereses, sus compromisos, y haciendo palpable su muy diferente imaginación social. Dada la inmensa complejidad del conflicto en el sureste, fue necesario encontrar analizadores de etapa, en donde un acontecimiento o conjunto de acontecimientos podía mostrar la clave de sentido de la acción de los actores y de los problemas, de ahí resultó una periodización del conflicto chiapaneco hasta febrero de 1996. El hilo conductor de esta compleja construcción fue el papel jugado y la identidad desplegada en cada momento por las redes de ocpds, que siendo personajes secundarios en el reparto, estuvieron siempre presentes con una posición que fue evolucionando hacia la conformación de una propuesta propia para la paz.

La explicación de la presencia y las iniciativas de las redes de ocpds en la lucha por una paz digna en Chiapas forma parte de un capítulo de la fecunda imaginación creadora, despertada por el movimiento zapatista, pero desplegada por el conjunto de la sociedad civil, de manera autónoma, frente a un conflicto altamente polarizado. Ahí se prefiguraron algunos rasgos de lo que puede ser una ciudadanía de nuevo tipo, arraigada en la rica herencia cultural indígena, vinculada a la sustentabilidad, a la democracia, al respeto a las diferencias y a los derechos humanos.

Los sueños de inclusión de los pueblos indios en la sociedad mexicana actual y las prácticas indígenas consecuentes con esos sueños, se transformaron, sin duda, en un referente obligado para realizar un análisis histórico que develara los límites y las consecuencias del imaginario neoliberal, oponiéndole otra lógica, otro paradigma: "para todos, todo; para nosotros, nada"; crítica radical al imaginario que está en la base del proyecto económico del neoliberalismo y germen de la solidaridad y la simpatía nacional e internacional.

También en este capítulo se expresan muy concretamente los conceptos teóricos fundamentales, permitiendo ver la novedad que adquiere la conjugación de la imaginación indígena y la imaginación ciudadana para elucidar las implicaciones de la política salinista y para plantear los carriles de inclusión social en la construcción de un futuro que reconozca y respete las diferencias culturales como base de la convivencia nacional.

Finalmente, en el capítulo sexto, a manera de aprendizajes y síntesis, planteamos algunas reflexiones finales en torno a las iniciativas sociales de las redes de organizaciones civiles de promoción del desarrollo.

Durante treinta años, las ocpds en el país, se habían dedicado por lo general a trabajos puntuales, de alta especialización al servicio de sectores populares, obreros y campesinos, en parte debido a la política de financiamiento internacional, que apoyaba solamente proyectos puntuales y no procesos más articulados, en parte por los orígenes cristianos, que destacaban la sencillez y la humildad de muchos promotores, en parte porque la teoría revolucionaria señalaba como clases fundamentales al proletariado y al campesinado en alianza con él. El campo de experiencia acumulado por las ocpds a lo largo los años, arrojaba un primer saldo que relacionaba estrechamente su identidad con sus servicio a los movimientos sociales.

Pero los promotores de las ocpds se fueron relacionando también simultáneamente con grupos cristianos de base y con grupos de izquierda comprometidos en los procesos populares, de tal manera que las demandas y respuestas organizativas de estos últimos las fueron convocando paulatinamente a inventar formas más avanzadas de articulación y lucha. La maduración de los movimientos sociales y populares, la dureza y persistencia de la crisis, el retiro progresivo de financiamiento para el desarrollo proveniente de la cooperación europea, y sobre todo, las prácticas políticas autoritarias y excluyentes del gobierno mexicano, casi siempre en proporción inversa al discurso abierto y plural, pusieron las condiciones para que las ocpds dieran un salto hacia su conformación como sujetos, fuertemente vinculados con los movimientos sociales, pero con identidad propia. El salto a la conformación de las redes como dispositivo de mayor impacto político provino de que las ocpds tuvieran que enfrentar juntas, severas agresiones gubernamentales, leyes fiscales que las desconocían, fraudes electorales sofisticados en todos los casos de elecciones disputadas, hostigamiento por defender los derechos humanos y por pugnar por la paz. Así, se fueron sumando energías, articulando esfuerzos, formando redes, reconstruyendo identidades.

La forma de organización desplegada es el resultado de procesos complejos, de insistentes búsquedas, de negociaciones, pues otras formas de lucha y de articulación de esfuerzos sociales y civiles habían fracasado. Las redes aparecieron como crítica hacia los instrumentos organizativos dominantes, a las formas saturadas por el corporativismo y el autoritarismo presidencialista, que no podían ser la matriz de cambios sociales. Por sus prácticas democráticas internas y por la lucha cívica por la democracia que impulsaron, las redes de acción ciudadana de nuevo tipo incidieron en el debilitamiento de las instituciones imaginarias del autoritarismo presidencialista, del corporativismo y del partido de estado. Obviamente estas prácticas sociales no podían surgir desde el corazón de la sociedad que generaba el fraude y el vasallaje, y que reproducía sus formas de control, desconociendo cualquier otra identidad social pública.

En ese sentido, las redes de ocpds, tejieron iniciativas que sumaron a miles de hombres y mujeres a las propuestas ciudadanas por la democracia, la dignidad, la paz y por el reconocimiento público de que no toda la vida social tenía que pasar por las esferas del gobierno, de los partidos o de la empresa lucrativa. Lo que estuvo en disputa fue también la imaginación de la sociedad posible. Desde experiencias periféricas, las redes de ocpds fueron sólo una parte de una sociedad civil en proceso de autonomía y de edad adulta, que era casi inexistente en los cuarentas, y que en los noventas apareció por todo el país, demandando transformaciones políticas y económicas de fondo, que permitieran la sobrevivencia y la vida digna para la mayor parte de las y los mexicanos.

En su tarea, las redes de ocpds, al lado de la inmensa mayoría de los mexicanos enfrentaron al gobierno más autoritario de la historia reciente de nuestra patria, aunque en el momento en que gobernaba, pocos se atrevieron a señalarlo y a combatirlo; las ocpds lo hicieron, y así, formaron parte del esfuerzo por construir y fortalecer una identidad cívica. Por esa ubicación y posicionamiento radical como sociedad civil política, las redes fueron ignoradas por algunos partidos que veían en ellas una cierta competencia; y fueron tratadas de manera contradictoria por el gobierno, que elaboraba un discurso abierto, progresista, que en la práctica política cotidiana mantenía una gran ambigüedad, pues por un lado abría convocatorias a proyectos sociales y a consultas ciudadanas, mientras que por otro las hostigaba sistemáticamente a través de dispositivos de control, de corporativización, de desconocimiento público y de búsqueda del sometimiento de su autonomía.

En lo que se refiere a las fuentes de este texto, ofrecemos al final del mismo una Bibliografía General referida a todos aquellos documentos, eventos, libros, artículos, videograbaciones, casettes, que fueron encontrados en circulación pública amplia o relativamente amplia.

Los materiales tomados de archivos, cartas, documentos privados, memorias, entrevistas, videocasettes, grabaciones, caracterizados por su circulación limitada, por su formato y uso de carácter más restringido, por no estar publicados, los ofrecemos en una Bibliografía de Documentos Internos, que se presenta en entregas, al término de cada uno de los respectivos capítulos.

No podría concluir esta introducción sin mencionar siquiera a otros autores y autoras, que han contribuido a que este texto fuera surgiendo, aunque la responsabilidad de su redacción final sea mía.

Este trabajo no hubiera sido posible sin el apoyo y el cariño cotidiano de mi esposa Leti y de mi hija Gabi, y de Leonardo, Pablo y Andrés, que acompañaron un largo proceso de investigación, con todo lo que esto significa de cambios en la vida familiar: salidas, viajes, temas de conversación, lectura de capítulos enteros, limitación del tiempo libre, cientos de horas y deshoras frente a libros, revistas, archivos, papeles y documentos, y frente a la computadora.

Los compañeros y compañeras de Servicio, Desarrollo y Paz, de la Convergencia de Organismos Civiles por la Democracia, del Espacio Civil por la Paz y de Alianza Cívica, con quienes viví y compartí muy intensamente durante ocho años, desde dentro, desde las tareas cotidianas, la mayor parte de los sueños, procesos, conflictos, logros y fracasos de las ocpds, que como un río abierto corrieron por nuestras propias vidas, y que ahora están relatados de manera más o menos ordenada, y que a pleno derecho, los hacen autores y autoras colectivas de esta historia. Me refiero a Mari Carmen, Gloria, Malena, Judith, Irma, Gabriel, José, Celeste, Roberto, Becki, Lulú, Olga, Miguel, Betty, Leonel, Gilda, Luisa María, Manolo, Roberto, Camerino, Gabi, Cleme, Sergio, Rafael, Guti, Poli, Claudia, Doménico, Ricardo, John, Judy, Héctor, Carolina, y Víctor, amigo entrañable, amigo del alma, que desde hace cuatro años, nos acompaña desde algún lugar. Todos ellos, son autores y soportes de los procesos colectivos aquí narrados.

Quiero agradecer especialmente a Roberto Manero, que acompañó la escritura de esta historia leyendo y comentando cada página y cada línea y entrelínea, ofreciendo de manera permanente un espejo crítico y una fuente de lecturas y reflexiones que contribuyeron a dar fondo y forma al texto.

En Ilán Semo, Lorenzo Meyer, Darío Salinas y Jane-Dale Lloyd que en diferentes momentos acompañaron las ideas para el desarrollo de este estudio, encontré importantes reflexiones, comentarios y aportaciones: la importancia de trabajar el autoritarismo, acudir a los documentos internos de las redes, el concepto de sociedad civil, el descubrimiento de las relaciones de reciprocidad y ayuda mutua en el México prehispánico y colonial, la construcción de relatos particulares y el énfasis en los complejos procesos de las relaciones sociales de las ocpds.

Otros compañeros y compañeras de las redes y de la vida universitaria, que comentaron y analizaron partes o capítulos enteros del trabajo, o con quienes tuve charlas formales e informales en relación a problemas específicos aquí abordados, y que aportaron su experiencia, reflexiones y comentarios precisos y oportunos, y con quienes compartí cotidianamente la alegría de escribir estas páginas, fueron Carlos Ortega, Mario Monroy, Ernestina Godoy, Anita Salazar, Octavio Acosta, Dolores González, Cecilia Loría, la China Herrasti, Rogelio Gómez-Hermosillo, Alejandro Luévano, Rocío Lombera, Manuel Canto, Cristina Safa, Carlos Núñez, Patricia Casanova, Carlos Zarco, Andrea Navarro, Armando Palomo, Javier Vargas y Javier de la Rosa.

Por último, pero muy adentro del corazón, quiero agradecer a compañeros y compañeras que además de ser miembros de las redes colaboraron en entrevistas y reflexiones muy puntuales que permitieron afinar diversos capítulos del trabajo: Laura Sarvide, Gabi Sánchez, Enrique Ortiz, Martín Longoria, Sergio Aguayo, Martha Pérez, Gerardo González, Marcos Arana, Mónica Pacheco, Hugo Trujillo, Fernando Michel, Onécimo Hidalgo, Gustavo Castro, Rogelio Gómez Hermosillo, Margot Aguilar y Clementina Gutiérrez.

La edición de este trabajo ha sido posible gracias al ánimo, entusiasmo y colaboración financiera de los siguientes centros y redes: Convergencia de Organismos Civiles por la Democracia; Servicio, Desarrollo y Paz; Servicios Informativos Procesados; Centro de Servicios Municipales "Heriberto Jara"; Instituto Mexicano de Desarrollo Comunitario; Centro de Estudios Ecuménicos; Alianza Cívica; Frente Auténtico del Trabajo; Fundación Vamos; Centro Operacional de Vivienda y Poblamiento; y Enlace, Comunicación y Capacitación.

El recuento de todos los que estuvieron presentes de una u otra manera sería difícilmente agotable. Lo que queda muy claro, es que el trabajo es colectivo desde muchos lugares, como una encrucijada, donde convergen caminos, convergen actores y actrices, convergen rumbos; contiene utopías y sueños, que por su propia naturaleza son compartidos; contiene parte de la memoria de mujeres y hombres, compañeros y compañeras del camino, memoria de luchas individuales y sociales por un México más justo e incluyente, con nombres y apellidos, con identidades autónomas y diferentes, por el cual ha valido y vale, gastar la vida.

Ciudad de México, febrero de 1998.

 

[1]"...Estamos asistiendo al fin de un largo ciclo de la política mexicana y al inicio de uno nuevo. El ciclo que concluye lo hace en medio de una situación de crisis a todos los niveles, en lo económico: la manera elegida para adecuarse a las tendencias del mercado internacional generó la profundización del empobrecimiento de los sectores populares, la desestructuración de las organizaciones sociales, la quiebra de los pequeños y medianos empresarios, la desesperanza de los sectores campesinos, el fin de las ilusiones de las clases medias y el enriquecimiento de sólo unas centenas de mexicanos; en lo social: los derechos de los ciudadanos a recibir el apoyo público fueron convertidos en mecanismos clientelares para mantener al grupo en el poder; en lo político, el regateo continuo de la voluntad popular a consecuencia de la violación reiterada del estado de derecho, ha puesto en riesgo el desarrollo pacífico de la sociedad mexicana...". Encuentro Nacional de Redes. Documento Base, Guadalajara, Jalisco, 15 de junio de 1995. Mimeo. Pág. 1.



[2] Para mayor precisión en el concepto de ong, ver más adelante el capítulo III.6

[3] Un poco más adelante presentamos una explicación amplia de la denominación, y en el capítulo III damos cuenta de manera detallada de los alcances y límites del nombre propuesto. En la denominación de ocpds incluímos también a las organizaciones de promoción, educación y defensa de los derechos humanos.

[4] Gómez Hermosillo, Rogelio. "Una oportunidad para la sociedad civil. Encuentro Nacional de Organizaciones Ciudadanas". En: Rostros y Voces de la Sociedad Civil N º O. México, 1995, págs 4 a 7.

[5] Calva, José Luis. "Problemas Fundamentales de la Economía Mexicana." Ponencia inaugural del: Seminario Nacional sobre Alternativas para la Economía Méxicana. México, 1994, Mimeo, Foro de Apoyo Mutuo, México, 1994, pág 24.

[6] Promoción del Desarrollo Popular. Sociedad Civil y Pueblos Emergentes. Las Organizaciones Autónomas de Promoción Social y Desarrollo", PDP, México, 1987.

[7] Sobre las fuentes bibliográficas de estos primeros trabajos, puede consultarse la nota a pie de página número 3 del Capítulo II.

[8] Sobre las fuentes bibliográficas de esta investigación, puede consultarse la nota a pie de página número 1 del Capítulo II.

[9] Foro de Apoyo Mutuo. Organismos No Gubernamentales. Definición, Presencia y Perspectivas, Foro de Apoyo Mutuo, México, 1995.

[10] Peebles L. Joy. Las Organizaciones No Gubernamentales de Derechos Humanos en México, Estudios Latinoamericanos, Facultad de Ciencias Políticas, Tesis de Maestría, México, 1993.

[11] Escorcia, Edith y otros. El principio de una nueva historia: los Derechos de la infancia y una experiencia en el Colectivo Mexicano de Apoyo a la Niñez. Tesis de Licenciatura en Psicología, UAM-Xochimilco, México, 1996.

[12] Amaya Bautista, Eva Francis. La participación de las Organizaciones No Gubernamentales del Area Metropolitana en la Búsqueda de la Paz en Chiapas. Tesis de Licenciatura en Psicología. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, México, julio de 1995.

[13] Calderón Alzati, Enrique y Cazés, Daniel. (coordinadores). Las elecciones presidenciales de 1994, La Jornada, México, 1996. Ramírez Sáiz, Juan Manuel y Alonso, Jorge. "Movimientos Ciudadanos y Democracia: el caso de Alianza Cívica", La democracia de los de abajo en México, La Jornada-Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Humanidades-UNAM-Consejo Electoral del Estado de Jalisco, México, 1997. Gómez-Hermosillo, Rogelio. "La Coacción de voto". Enfoque, Periódico Reforma, 15 de junio de 1997, pp. 7-9.

[14] "Con esta noción quiero significar el conjunto de compromisos teóricos y prácticos, conscientes e inconscientes que el profesional sostiene con diversos elementos y estructuras de una sociedad... Estar implicado significa estar atrapado en una red de compromisos que van más allá de la voluntad o de la intención del practicante, que sobreimprimen el sentido de la acción o el proyecto que éste intenta instrumentar. Este es el sentido más estricto de la noción de implicación" Manero Brito, Roberto. "Los psicólogos y la implicación", en "Las Profesiones en México". Num. 6, Psicología, Op. cit., p. 43.

[15] El analizador es intrínseco a los procesos sociales, es una clave de sentido que descubre, que devela, el lugar que cada actor ocupa y juega en un período y en un proceso determinados; surge de la lógica misma de los acontecimientos. Puede consultarse: Manero Brito, Roberto. "Introducción al análisis institucional", Tramas Nº 1, UAM-Xochimilco, México, 1990, pp. 143-145.

[16] Siguiendo a Casanova, me refiero a demandas como el concepto que hace referencia a las múltiples necesidades y problemáticas que se generan en el proceso de complejización social y que son expresadas públicamente como interpelación para su atención y posible resolución. Casanova, P. y Manero R. En: "Presentación". Las Profesiones en México. Nº 6 Psicología, UAM-Xochimilco, México, 1990, págs. 10 y 11. La noción de encargo se refiere a una demanda específica o focalizada, a la que tiene que responder el encargado para cumplir una determinada tarea, podríamos decir que es una mandato o consigna explícita o implícita en el cumplimiento de una actividad o proceso.

[17] Para ampliar el significado de este concepto ver el capítulo II.

[18] Para precisar estos conceptos, ver más adelante el apartado 1.1 del capítulo I.

[19] En relación a los conceptos de resonancia y eco elaborados por Henri Desroche, se puede consultar el capítulo III de esta misma tesis.


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