Página principal

Orar la biblia


Descargar 0.56 Mb.
Página1/9
Fecha de conversión22.09.2016
Tamaño0.56 Mb.
  1   2   3   4   5   6   7   8   9



José L. Caravias sj

ORAR LA BIBLIA

Inspiraciones bíblicas

Contenido:


Introducción 5

1.- Canto al Creador 5

2.- Conocer a Dios 6

3.- El Dios de la vida 8

4.- Sólo Dios 8

5.- Padre nuestro 10

6.- Fuego y Dios 11

7.- El Dios en el que creo 13

8.- Conocer a Jesús 16

9.- Amar a Jesús 17

10.- Seguir a Jesús 19

11.- Sólo la fe en Jesús 21

12.- Jesús, fuerza de Dios 21

13.- Ven, Señor Jesús 22

14.- Canto a Cristo Jesús, el Señor 24

15.- Al Cristo de la Carta a los Hebreos 25

16.- María, la madre de Jesús 26

17.- Ven, Espíritu Santo 30

18.- El Espíritu y el Mesías 30

19.- Los hombres del Espíritu 32

20.- Amor de Dios 33

21.- Amor de hermanos 35

22.- Amor de esposos 36

23.- Amor de padres 38

24.- Amor de hijos 38

25.- Vocación de jóvenes 39

26.- Perdón, Señor 41

27.- Humildad radical 43

28.- Que actúe tu fuerza desde mi debilidad 45

29.- Débiles, pero fuertes 46

30.- Dios, Jeremías y su pueblo 47

31.- Vocación de los pequeños 51

32.- Comprometidos con los pobres 52

33.- Vivir del propio trabajo 54

34.- Campesinos sin tierra 56

35.- Salmo de los pobres con esperanza 56

36.- Rebeldías desde la injusticia 59

37.- Quejas contra Dios 60

38.- Quejas de Dios 61

39.- Sufriente como nosotros… 62

40.- Sufrir y triunfar con Cristo 64

41.- Canto de confianza 67

42.- Gracias, Padre Dios 67

43.- Gracias, Jesús 68

44.- Las alegrías de Dios 69

45.- Alegrías desde Dios 71

46.- Bienaventuranzas bíblicas 73

47.- ¿Cuándo podré ver tu rostro? 74

48.- ¡Quisiera llegar ya! 75

49.- Llegar a la plenitud… 77

50.- Quiero ver tu rostro, Jesús 79

51.- La fuerza del Resucitado 80

en nuestro caminar hacia la resurrección 80



Presentación

PREPARADOS PARA ORAR
Un amigo, con quien he orado intensamente durante muchos años de tra­bajo pastoral en campos y ciudades del Austro del Ecuador, tiene constancias íntimas, fraternas, del significado de la Biblia en nuestros diálogos con la Palabra viva, con Cristo que caminó con nosotros en el dolor y la esperanza y que acampó con nosotros en todos los Emaús que hospedaron nuestros cansan­cios de camino, nuestro reposo en la generosidad de los pobres y nuestro aliento en la seguridad de una presencia de Él en la comunidad.

El amigo, José Luis Caravias, tiene la convicción de la amorosa revela­ción de la providencia creadora de Dios, en todo lo que significa e importa vida. La paternidad divina se prolonga indeclinablemente, con amoroso poder, en cada jornada y en todo espacio. Esa presencia constante y esa constancia universal del Padre y Señor de la vida, abre camino al anuncio y manifestación de su Hijo. La humanidad le gritó secularmente “ven, Señor Jesús”, y su es­pera fortaleció la certeza de su Palabra, espada de doble filo que penetra el corazón del Padre y en lo más íntimo de todo ser humano. Allí, la Palabra des­cubre para nosotros el auténtico rostro de la Madre, madre tan íntegra como transverberada por el dolor de todo hijo.

El Espíritu aletea en la razón íntima de todas las profecías y nos prepara en la verdad más pura y nítida, para entender el amor en la intensa gama de todas sus expresiones y exigencias. La Biblia nos enseña a amar y descubre en la verdad la relación íntima del amor humano con la paternidad creadora, la verdad revelada y el aliento inextinguible del Espíritu. Nos anonada esta par­ticipación humana, señalada permanentemente por la Biblia, en la misteriosa trinidad de Dios –Paternidad, Filiación y Amor– desde la cual el pobre, el sencillo y el humilde, el que ha sufrido con esperanza y el que ha sonreído con limpieza, gozan de la bienaventuranza de ser hijo y de vivir hermano.

Y así, casi sin sentirlo, porque Dios no es sensación, pero regestándole, porque Dios es sustancia de vida, vida misma, José Luis Caravias nos conduce en la humilde seguridad de ser llevados de la mano por la misma Palabra, a la oración contemplativa, propia del que camina con Cristo y del que abre la puerta para ofrecerle hospedaje de amor, de luz y de esperanza.

Al amigo y compañero de misión pastoral, le ofrezco desde sus enseñan­zas en la Biblia y en la plegaria, mi aprobación eclesiástica de su obra “ORAR LA BIBLIA, Inspiraciones bíblicas. Imprimátur, Cuenca, junio 1996.

Fr. Luis Alberto Luna Tobar OCD

Arzobispo de Cuenca - Ecuador



Introducción
Este libro de oraciones bíblicas no es para leérselo de un tirón. No quiere ser huracán, ni chaparrón. Sino lluvia mansa, ésa que casi no se nota, pero cala hondo, poco a poco, por largo tiempo, hasta llegar a las vetas del ser.

Estas oraciones son fruto de un caminar insistente por los senderos de la Biblia. Muchos de los paisajes bíblicos me son familiares. Hay zonas que aun conozco poco. Y todavía, en mis tardes de recorrido, aun encuentro recodos del camino que me resultan con aspectos nuevos, de belleza deslumbrante.

Los paisajes bíblicos tienen la particularidad de cambiar de color según la perspectiva de la vida desde la que se les contemple, de forma que siempre destaca algo resplandecientemente novedoso. Aun en los paisajes más recorri­dos se descubre con frecuencia algún reflejo de luz de una intensidad quizás nunca antes vista, justo lo que se necesitaba para ese momento de la vida…

Cuando se ha visto mucho mundo, con frecuencia paisajes y situaciones concretas nos recuerdan sitios y acontecimientos ya pasados. El observador reflexivo encadena así rosarios de acontecimientos similares, que invitan a la oración. Algo así me ha ido sucediendo a mí con la Biblia. Según los problemas que vivo o acompaño, una cita bíblica se me encadena automáticamente a otra y a otra, y así se han ido entrelazando estas guirnaldas, que ofrezco, enamo­rado, a mis hermanos.

Sí, me reconozco un enamorado de la Biblia, y de mi entusiasmo nacen estos cantos, que llevan como subtítulo: “Inspiraciones bíblicas”. Y no son, sino eso: inspiraciones. No se trata de dar citas al pie de la letra, ni en un or­den determinando. Son sólo efusiones de un corazón que quiere ser cada vez más ampliamente bíblico, profundamente centrado en Jesús.

Se trata de temas vitales, como poco a poco han ido llegando a mi cora­zón, en sucesivas oleadas, fruto de una constante tensión entre fe y vida, iluminada e impulsada por la Palabra de Dios.

He tenido muchos escollos en mi caminar. Y he podido salir adelante, su­perándolos y trascendiéndolos, a base de esta mezcla efervescente de Biblia, fe y vida, cocinada en la olla a presión del compromiso con los pobres.

De ninguna forma pretendo en este libro realizar técnicamente ningún estudio bíblico. Se trata de los temas vitales que a mí personalmente me han interesado y, por ello están desarrollados de una forma muy personal. Son oraciones realizadas en mi intimidad o en mi pastoral. Y las publico con senci­llez porque pienso que les pueden ser útiles a otros hermanos…

Dedico esta publicación a los miembros de la Comunidad de Vida Cris­tiana del Paraguay (CVX-Py), con quienes comparto mi trabajo en la actua­lidad.



I
DIOS

1.- Canto al Creador



1. Cantemos al Señor un cántico nuevo, cantémosle con guitarras y arpas…, porque los cielos fueron he­chos por su palabra y el soplo de su boca hizo surgir las estrellas (Sal 33,3.6).

2. Él solo extendió los cielos… Él hizo la Osa y Orión, las Pléyades y la Cruz del Sur. ¡El hace muchas y gran­des maravillas, cosas que nadie es capaz de comprender! (Job 9,8s).

3. En sus manos está el fondo de la tierra y suyas son las cumbres de los cerros; suyo es el mar; él fue quien lo creó, y la tierra formada por sus manos (Sal 95,4s).

4. El viste los cielos con sus nubes y prepara las lluvias de la tierra, hace brotar el pasto de los cerros, y las plantas que al hombre dan sus­tento (Sal 147,8).

5. El entrega a los animales su ali­mento y a las crías de cuervo cuando gritan (Sal 147,9).

6. El tiene en su mano el soplo de todo ser viviente y el espíritu de todo ser humano. En él están la sabiduría y el poder (Job 12,10-13).

7. Él solo formó el corazón del hombre y se fija en cada una de sus obras (Sal 33,15).

8. Tú, Señor, formaste mi cuerpo y me tejiste en el seno de mi madre. Te doy gracias porque me has for­mado portentosamente, porque son admirables todas tus obras (Sal 139,13s).

9. ¡Aleluya! Demos gracias al Señor porque es bueno. Sólo él hizo grandes maravillas, porque es eterno su Amor (Sal 136,1.4).

10. El hizo sabiamente los cielos porque es eterno su Amor… El da alimento a todo viviente, porque es eterno su Amor (Sal 136,6.25).

11. Alaben al Señor todos sus án­geles… Que lo alaben el sol, la luna y todos los astros luminosos… Alaben el nombre del Señor, porque él lo mandó y existieron. Les dio consistencia perpetua y una ley que no cambiará (Sal 148,2-6).

12. Alaben al Señor los grandes peces y los abismos del mar; cerros y cordilleras, árboles frutales y sel­vas; fieras y animales domésticos, reptiles y pájaros que vuelan; reyes y pueblos de la tierra, príncipes y jefes de gobierno; los jóvenes y también las doncellas, los viejos junto con los niños; todos alabemos el nombre del Señor (Sal 148,7-13).

13. ¡Dios mío, qué grande eres!… ¡Cuántas son tus obras, Señor, y to­das las hiciste con sabiduría! El mundo entero está lleno de tus cria­turas (Sal 104,1.24).

14. Tú cuidas de la tierra, la rie­gas y la enriqueces sin medida (Sal 65,10).

15. ¡Qué admirable es tu nombre en toda la creación! (Sal 92,5).


2.- Conocer a Dios



1. Reconocemos, Señor, que du­rante esta vida nunca te podremos conocer del todo. Acá nadie te ha visto, ni te puede ver cara a cara (1Tim 2,16). Ningún ser humano podría verte y seguir viviendo (Ex 33,20).

2. Algunas veces tu presencia causa terror y obscuridad (Gn 15,12). Otras veces, en cambio, te manifies­tas en el murmullo de una suave brisa (1Re 19,12).

3. Siempre se te ha conocido un poco a la vista de tus creaturas. La grandeza y hermosura de las cosas creadas te dan a conocer a ti, su Creador, mucho más grande y her­moso (Sab 13,5).

4. ¡Tu gloria llena toda la tierra! (Is 6,3).

5. Te muestras desde el fuego y las nubes (Ex 14,24). A veces te pre­sentas bajo la apariencia de una llama ardiente, entre truenos y relámpagos (Ex 19,16), o en medio de una gran tempestad (Job 40,6).

6. Pero te conocemos de una forma especial a través de tu presencia li­beradora en medio del dolor humano (Job 42,5).

7. Tú eres el Dios que ve y escucha la aflicción de las mujeres desprecia­das, como Agar (Gn 16,13). El que oye los gritos de los niños que están en peligro de morir de hambre, como Ismael (Gn 21,17).

8. Tú ves la humillación del pueblo y escuchas sus gritos cuando lo mal­tratan sus explotadores (Ex 3,7). Conoces los sufrimientos de los oprimidos (Ex 3,9), y existes en medio de su proceso de liberación (Ex 3,18).

9. Eres el Dios de los hebreos: de los marginados y oprimidos, que qui­tas de sus espaldas sus duros traba­jos y los libras de la esclavitud (Ex 6,7).

10. Tú eres el único Dios, verda­dero y fiel, (Dt 7,9), capaz de liberar de la opresión (Dt 5,6).

11. Todo el que te conoce de veras se preocupa de practicar la justicia con el desamparado (Jer 22,16). Los que te buscan anhelan siempre la jus­ticia (Is 51,1). Pues todos tus caminos son justicia, Señor (Dt 32,4). ¡Por eso el que obra la justicia, ése ha nacido de Dios! (1Jn 2,29).

12. Por eso, para conocerte es im­prescindible amar la justicia (Sab 1,1). Pues la injusticia destruye la verdad sobre ti, Señor (Rm 1,18).

13. Señor, aunque todavía no te conozco como debo (Sab 2,13), quiero dejar de adorar a los ídolos inútiles, para poder servirte sólo a ti, el Dios vivo y verdadero (1Tes 1,9).

14. En otro tiempo hablaste a nuestros antepasados por medio de los profetas (Heb 1,1). Pero ahora, llegada la etapa final, nos has hablado por medio de tu Hijo (Heb 1,2), que es reflejo resplandeciente de tu gloria e imagen perfecta de tu ser (Heb 1,3).

15. En Jesús, la vida que estaba junto a ti, Padre Dios, se ha hecho visible, y la hemos visto y oído (1Jn 1,2).

16. Jesús te conoce perfecta­mente, pues viene de ti (Jn 6,46; 10, 15). Dice tus palabras (Jn 3,34). Está en ti, Padre Dios, y tú en él (Jn 14,9). Por eso es el único que con toda ver­dad te da a conocer (Jn 1,18).

17. Señor Jesús, te suplico que me hagas conocer al Padre, pues nadie lo conoce sino tú y aquellos a quienes tú se lo das a conocer (Mt 11,27). Cono­ciéndote a ti, Jesús, conoceré tam­bién al Padre (Jn 8,19). Pues nadie va al Padre sino por ti (Jn 14,6).

18. Danos a conocer a ese Dios que se alegra cuando los pobres le cono­cen (Mt 11,25), que hace fiesta cuando el hijo perdido vuelve a él (Lc 15,23s) y hace llover sobre malos y buenos (Mt 5,45).

19. Quien te ve con corazón limpio, ¡bendito seas!, ve a Dios (Mt 5,8). Queremos aprender a ver tu rostro sufriente en los desamparados del mundo (Mt 25,31ss) y en ellos detectar el amor preferencial del Padre.


3.- El Dios de la vida



1. El río de agua de la vida, trans­parente como el cristal, brota cons­tantemente de tu trono, Señor (Ap 22,1), pues en ti se halla la fuente de toda vida (Sal 36,10).

2. ¡Eres verdaderamente el Dios de la vida! (Sal 42,3). ¡Por eso tu Palabra, Señor, está viva! (Jn 1,4).

3. Haces crecer a todas las plan­tas, das aliento a todos los habitantes de la tierra y a los seres que se mue­ven en ella (Is 42,5). Por tu voluntad existen y son creadas todas las cosas (Ap 4,11).

4. Todo lo que ha llegado a ser tiene su origen en ti, Señor (Jn 1,4).

5. Todos nosotros estamos hechos a imagen y semejanza de tu propia vida (Gn 1,26). Tú mismo has soplado en nosotros tu aliento vital (Gn 2,7) y nos has formado en el seno de nuestra madre (Is 44,24).

6. No eres Dios de muertos, sino de vivos (Lc 20,38). Tú no has hecho la muerte (Sab 1,13). Ni te alegras por la muerte de nadie (Ez 18,32). No quieres que el pecador muera, sino que cam­bie de camino y viva (Ez 18,23).

7. Amas todo lo que existe y no aborreces nada de lo que has hecho (Sab 11,24). Tienes lástima de todo: porque todas las cosas son tuyas, Señor, que amas la vida (Sab 11,26).

8. Has puesto en medio de nosotros el árbol de la Vida (Gn 2,9), y nos ofreces, a nuestra libre elección, el bien y la vida, por una parte, y por la otra, el mal y la muerte (Dt 30,15).

9. Pero sabemos que nos das las fuerzas suficientes para que podamos conquistar la prosperidad que nos ofreces (Dt 8,18), pues tus leyes son fuente de vida para quienes las cum­plen (Ez 20,11). La alianza contigo lleva a la vida, a la paz y al respeto (Mal 2,5).

10. Nos has dado tu bendición para que crezcamos, nos multipliquemos, llenemos la tierra y la sometamos (Gn 1,28). Por eso nos ordenas que no haya necesitados en medio de los que creemos en ti (Dt 15,4). Quieres que vivamos unidos, compartiendo todo lo que nos has dado, según las necesida­des de cada uno (Hch 2,44s), de forma que nadie sufra necesidad en medio de nosotros (Hch 4,34).

11. No se trata de que otros tengan comodidad y que a nosotros nos falte lo necesario, sino de poner en marcha una igualdad fraterna (2Cor 8,13). Por eso los miembros de tu pueblo debe­mos saber repartirnos la tierra que nos has dado para vivir, según las necesidades de cada familia (Núm 33, 53s).

12. Danos fuerzas, Señor de la vida y del espíritu (2Mac 14,25), para poder conseguir prosperidad para to­dos (Sal 118,25). Creemos que si vol­vemos a ti con todo nuestro corazón y con toda nuestra alma tú nos darás abundante prosperidad en todo lo que hagamos; nuestra tierra será fecunda y tendremos de todo en abundancia (Dt 30,9s).

13. Jesús, tú eres Señor de la vida (Hch 3,15). ¡Eres la misma Vida! (Jn 14,6). Existes antes que todos, y todo se mantiene en ti (Col 1,17). Por eso nos has podido rescatar de la existen­cia vacía que teníamos antes (1Pe 1,18), y nos ofreces ahora vida en plenitud (Jn 10,10).

14. El que te tiene a ti, tiene la vida (1Jn 5,12). Danos a conocer, pues, los caminos de esa vida que viene de ti (Hch 2,28).

15. Enséñanos a no adorar a ídolos hechos por manos humanas, sino sólo al Dios vivo que hizo el cielo y la tie­rra y que tiene poder sobre todo vi­viente (Dan 14,5).

16. Ayúdanos a anunciar al pueblo tu mensaje de vida (Hch 5,20). Y a dar testimonio de ella ayudándote a vivir más dignamente en los pobres, pues sabemos que cuando servimos a los más necesitados de tus hermanos, te servimos a ti mismo en persona (Mt 25,40).



4.- Sólo Dios



1. Yo, Yavé, soy tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre. No habrá para ti otros dioses fuera de mí (Ex 20,2s).

2. Yo soy Yavé, y no hay otro igual; además de mí no hay ningún otro dios… Nada existe fuera de mí (Is 45,5).

3. Dios justo y salvador no hay otro (Is 45,21). Yo soy el primero, y también soy el último (Is 48,12). Sólo en mí está tu socorro (Os 13,9).

4. Sí, creemos y confesamos que eres el único Dios (Dt 6,4).

5. Sólo tú eres íntegramente sabio (Eclo 1,8). Sólo tú conoces el camino de la sabiduría (Prov 28,23). Sólo tú eres justo (Eclo 18,2). Sólo tú eres santo (Ap 15,4).

6. Sólo tú eres capaz de hacer grandes maravillas porque es eterno tu amor (Sal 136,4).

7. Señor Dios, creador de todo, temible y fuerte, justo y misericor­dioso, tú, rey único y bueno, tú solo generoso, tú solo justo, todopoderoso y eterno (2Mac 1,24s), mándanos tu Espíritu para que podamos conocer y experimentar tu poder (Is 11,2).

8. ¡Sólo tú puedes ayudar entre el poderoso y el desvalido! ¡Ayúdanos, pues, Yavé, Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos y en tu nombre mar­chamos! (2Cró 14,10).

9. Sólo tú, Señor nos haces vivir tranquilos (Sal 4,9). Solo tú eres mi roca, mi salvación: mi alcázar (Sal 62,3).

10. Tú haces brotar ríos en los ce­rros pelados (Is 41,18); conviertes el desierto en lagunas y la tierra seca en manantiales (Is 11,7); consigues que el lobo viva en paz con el cordero (Is 11,6); haces arados de las espadas y hoces de las lanzas (Is 2,4).

11. Sólo a ti te queremos reve­renciar y servir fielmente, con todo el corazón (1Sm 12,24). Pues ¿quién es Dios, fuera de ti? ¿Quién es Roca, sino sólo tú, que nos ciñes de fuerza y haces nuestro camino irreprocha­ble? (2Sm 22,32s). Sólo tú nos guías a nuestro destino (Dt 32,12). ¡Sólo en ti hay victoria y fuerza! (Is 45,24).

12. Un corazón de piedra se con­vierte con tu acción en corazón de carne (Ez 36,26). Una adúltera prosti­tuida se transforma contigo en esposa amante y fiel (Os 2,22).

13. Puedes dar vida al feto arro­jado al desierto (Ez 16,5-6); y honrar y embellecer a la jovencita desampa­rada y deshonrada (Ez 16,7-8).

14. Eres capaz de dar alas de águila a un gusano indefenso (Is 40,31; 41,14); y de poner en pie a un montón de huesos secos para hacerles cami­nar como ejército en marcha (Ez 37, 2.10).

15. Con una sola piedrita puedes destrozar los pies de barro del ídolo brillante del poder (Dan 2,34).

16. Lo que es imposible para los hombres, es posible para ti, Señor (Lc 18,27). ¡No existe otro semejante a ti! (Is 46,9).

17. Das fuerza al que está cansado y robusteces al débil (Is 40,29). Contigo los cobardes se vuelven va­lientes (Joel 4,10). Los que esperan en ti sienten que les crecen alas de águila (Is 40,31).

18. Tú, Yavé, lo dices, y lo haces (Is 60,22); dices, y lo pones por obra (Ez 37,14).

19. Tu salvación dura para siem­pre y tu justicia nunca se acaba (Is 51,6).

20. Todas nuestras capacidades provienen de ti (2Cor 3,5). De ti nace la fuente de nuestra fuerza interior (2Cor 4,7).

21. Haznos sentir ese tu poder, Señor (Ez 40,1). Que nuestros días de desgracias se transformen por tu su­premo poder en días de felicidad (Est 16,21).

22. ¿Quién hay como tú, que libras al débil de la mano del fuerte, y al pobre y al pequeño del que lo despoja? (Sal 35,10). ¡Fuera de ti no hay otro protector para el pueblo! (Jdt 9,14).

23. Sabemos que el Espíritu que nos has dado viene a ayudar a nuestra debilidad e intercede continuamente por nosotros para que te entendamos (Rm 8,26). Por eso, su acción poderosa nos colma de esperanza (Rm 15,13).

24. Envíanos, Señor, esa fuerza de tu Espíritu, que nos capacita para dar testimonio de ti (Hch 1,8). En todo saldremos triunfadores gracias al amor que nos tienes. Nada ni nadie podrá apartarnos del amor que nos has manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor (Rm 8,37s).

25. Gracias, Señor Dios, dueño de todo, porque con tu inmenso poder estás estableciendo tu reinado (Ap 11,17). ¡Aleluya! ¡Nuestro Dios es un Dios salvador, fuerte y glorioso! (Ap 19,1).

26. Bendito seas porque eres capaz de hacerlo todo nuevo (Ap 21,5): un cielo nuevo y una tierra nueva (Ap 21,1), un mundo en el que reine la jus­ticia (2Pe 3,13).

27. Sólo a ti te queremos adorar y dar culto (Mt 4,10). Pues sólo tú, nuestro Salvador, puedes mantener­nos limpios de pecado y conducirnos alegres e intachables hasta tu glo­riosa presencia (Jud 1,24).

28. A ti, Señor Dios, que, desple­gando tu poder sobre nosotros, eres capaz de realizar todas las cosas in­comparablemente mejor de cuanto pensamos o pedimos, a ti la gloria en Cristo y en la Iglesia (Ef 3,20s). Amén.




5.- Padre nuestro

¡Papá querido!

• de mi familia grande,

• de TODOS y de CADA UNO,

que nos aprietas y nos abarcas.

• Mano tierna, única y segura.

• ¡Ojos llenos de bondad, novedad y picardía!

Que te conozcamos



- más y más

◊ ¡en tu hondura de mar inagotable

• lleno de BONDAD

para mirarnos por dentro!

• ¡lleno de NOVEDAD

para enseñarnos a contemplar el horizonte!

◊ en tu profundidad de CORAZÓN

inmenso y gratuito

• ¡lleno de AMOR Y JUSTICIA,

de FUERZA y TERNURA!



- más y más

◊ ¡en tu proyecto de CAMINO y de CASA!

◊ ¡en tu sueño de PUEBLO y de HOGAR QUE ARDE!

- más y más

◊ ¡en tu ser “YO SOY-YO ESTOY”!

◊ en tu Ser, siempre mayor…

Que tu Reino venga

adentro de nuestras entrañas,

¡haciendo DERRAMAR y CONSTRUIR fraternidad!

¡Sé nuestro REY desde ahora y para siempre!

Que nos abramos a tu querer en nosotros,

siempre fuego que purifica,

siempre vida que estalla,

• ¡llamado a más y a plenitud!

• ¡Voluntad de hacer FLORECER Santidad y Vida!

Abre tu mano generosa y danos la abundancia de tu PAN

haciéndonos acercar y entregar cada día tu PROSPERIDAD,

que ALCANZA y SOBRA para todos

• Y me atrevo con temor y temblor

¡seguro de vos!

a querer vivir la estrecha picada del AMOR,

pidiéndote el regalo de TU PERDÓN

que nos regenera.

Pero esto

si yo implico mis entrañas

- de HIJO y de HERMANO

en el perdón al que me ofende,

reconociendo que sos, Papá querido,

- de TODOS y de CADA UNO

Y no nos dejes ceder a la constante tentación

de tantas idolatrías

¡gordas y sutiles!,

que desfiguran tu SONRISA DE PAPA,

- de AMOR y LIBERTAD,

- de VERDAD y JUSTICIA.

Que no nos empeñemos en inventarnos

otros rostros de Dios,

distintos al tuyo:

menos exigentes

y menos amorosos…

¡Líbranos así de este terrible mal

de no probar tu MANANTIAL DE AGUAS VIVAS!

  1   2   3   4   5   6   7   8   9


La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje