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Nuestra historia contemporánea. Por Osvaldo Cazanga M


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Nuestra historia contemporánea. Por Osvaldo Cazanga M.
Primera parte. Iniciamos la publicación de estos apuntes, destinados a servir de base, en un futuro próximo a una revisión de la historia nacional, centrada en el período 1920 – 1973. Estos apuntes han sido trazados en el convencimiento de que todos tenemos derecho a poner por escrito el resultado de nuestros análisis, respecto al tiempo que nos ha correspondido vivir y sufrir. Creemos que para escribir historia se debe conocer el método del historiador y la ética para reconocer la verdad. El único objetivo de esta publicación es invitar a una reflexión sobre los problemas aquí tratados, para establecer, si fuera posible, un intercambio de ideas y opiniones en el talante de que en historia no hay verdades absolutas y finales. Intentaremos hacer la historia de Chile, correspondiente al período que se abre con el golpe de estado del 5 de septiembre de 1924 y se cierra con otro golpe de fuerza el 11 de septiembre de 1973, considerando, que es la sociedad civil y el estado nacional, que se diseñan y construyen en ese lapso de cincuenta años, contra los que se levantan los sectores conservadores apoyados por el imperialismo norteamericano que operará mediante las propias fuerzas armadas nativas, a las que ha venido transformando en clientes cautivos de su industria bélica y obsecuentes pupilos de sus doctrinas militares y políticas.
Esto en la perspectiva de hacer comprensible todos aquellos fenómenos históricos sociológicos, que se metamorfosean tras la globalización, a la cual se quiere hacer responsable de aquellos, en consecuencia que aquellos son antecedentes de ésta
Todos los sectores de nuestra clase gobernante inician sus análisis sosteniendo que la globalización es un hecho más de carácter natural que histórico, vinculado a un cierto cambio cultural, al parecer inexplicable, que ha dejado obsoletos los modelos de desarrollo que concitaron la participación política de las clases medias y trabajadoras hasta comienzos de la década de los ochenta del siglo pasado. Sin embargo, basta recordar, que la actual situación del mundo, asimétricamente interdependiente, que caracteriza la globalización, estuvo ya esbozada en las tesis contenidas en la investigación realizada por varios sociólogos latinoamericanos, en la década de los años sesenta y que fue conocida como la teoría de la dependencia. Esta teoría fue expuesta en una obra publicada en Santiago en 1969 ”La Dependencia Latinoamericana”, de Enzo Faletto y Fernando H. Cardoso.
Por dependencia proponían entender “una situación en que la economía de ciertos países está condicionada por el desarrollo y la expansión de otra economía a la que está sometida. La relación de interdependencia entre dos o más economías, y entre éstas y el comercio mundial, asume la forma de dependencia cuando algunos países (los dominantes) pueden expandirse y pueden ser autosuficientes, mientras que otros países (los dependientes) sólo pueden hacer lo anterior como un reflejo de tal expansión, la que puede tener un efecto positivo o negativo sobre su desarrollo inmediato”.
¿Acaso, no se refieren a esto los políticos de la Concertación o sus economistas, así como los de la oposición parlamentaria y empresarial cuando esperan que la reactivación de la economía norteamericana provoque el crecimiento de la economía chilena?
Podemos hacer presente, también otro antecedente respecto a la construcción de este concepto de la globalización , remitiéndonos a las hipótesis planteadas, ya en la década de los años sesenta del siglo pasado, por el profesor canadiense Marshall MacLuhan, en una obra que fue muy difundida por la crítica vinculada a los nuevos medios de comunicación que emergían, especialmente la TV. “El Medio es el Mensaje”, en el cual se afirmaba que el planeta empezaba a ser percibido como una Aldea Global" .

Mac Luhan es responsable, también, de una imagen que mostraba a las tecnologías de la comunicación, que empezaban a divulgarse, en esos años, como las prolongaciones de los sentidos humanos y al hombre como una creatura mitad natural y mitad tecnología


Entre nosotros se ha hecho un lugar común denotar como globalización casi todas las transformaciones que viene experimentando el mundo y que en la medida que es entendida y percibida como la compresión material y simbólica del mundo y la intensificación de la conciencia de la certeza de un mundo percibido, pensado como un todo, conduce a una creciente experiencia cotidiana, cuyo contenido de sentidos se referencia en planos espacio-temporales, diferenciados y comprimidos, entretejidos por la textura unificadora de la instantaneidad de acciones y relaciones sociales cada vez más mundializadas.
Los políticos marxistas del siglo XX, hoy casi todos neoliberales, con escasas excepciones, apreciaban en alto grado el cambio social y el progreso tecnológico, por lo menos en el plano teórico. También, en Chile nuestros ex marxistas, hoy se han convertido al neoliberalismo, con la excusa de que la globalización no permite ya otra ideología que la neoconservadora que es la que realmente está detrás de este “liberalismo” rescatado de las ruinas de las revoluciones del siglo XX. Para esta gente, el marxismo como teoría facilitadora de una interpretación científica de la historia de la humanidad, fue superada ampliamente por las ciencias sociales capitalistas. Sospechamos que muchos de estos individuos que, sin pudor alguno, se ponen la etiqueta política de socialistas o cuando menos de socialdemócratas, pero terminan, por un buen salario, haciendo consultorías y lobby para las grandes transnacionales, nunca merecieron ser considerados, no ya marxistas, sino siquiera izquierdistas. Aparentemente no leyeron nada de lo escrito por Marx y / o por algunos de sus divulgadores o comentaristas.
La actual etapa del desarrollo capitalista global, está ya prevista en el Manifiesto Comunista, de Marx y Engels, redactado en 1848.
La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción, y por consiguiente, las relaciones de producción, y con ello todas las relaciones sociales. (...) Una revolución continua en la producción, una incesante conmoción de todas las condiciones sociales, una inquietud y un movimiento constantes distinguen la época burguesa de todas las anteriores. Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas; las nuevas se hacen añejas antes de haber podido osificarse. Todo lo estamental y estancado se esfuma; todo lo sagrado es profanado, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas.

Espoleada por la necesidad de dar cada vez mayor salida a sus productos, la burguesía recorre el mundo entero. Necesita anidar en todas partes, establecerse en todas partes.

Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía dio un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Con gran sentimiento de los reaccionarios, ha quitado a la industria su base nacional. Las antiguas industria nacionales han sido destruídas y están destruyéndose continuamente. Son suplantadas por nuevas industrias, cuya introducción se convierte en cuestión vital para todas las naciones civilizadas, por industrias que ya no emplean materias primas indígenas, sino materias primas venidas de las más lejanas regiones del mundo, y cuyos productos no sólo se consumen en el propio país, sino en todas las partes del globo. En lugar de las antiguas necesidades, satisfechas con productos nacionales, surgen necesidades nuevas, que reclaman para su satisfacción productos de los países más apartados y de los climas más diversos. En lugar del antiguo aislamiento de las regiones y naciones que se bastaban a sí mismas, se establece un intercambio universal, una interdependencia universal de las naciones. Y esto se refiere tanto a la producción material como a la producción intelectual

. La `producción intelectual de una nación se convierte en patrimonio común de todas. La estrechez y el exclusivismo nacionales resultan de día en día más imposibles; de las literaturas nacionales y locales se forma una literatura universal1
En el ámbito académico la globalización se ha constituido en un tópico y fenómeno de importancia para entender el sentido y direccionalidad de los procesos societarios contemporáneos. Se trata de un fenómeno multidimensional que admite diversos ángulos de interpretación, tensionando los dispositivos metateóricos y teórico-metodológicos con que las ciencias sociales han interpretado y asumido la realidad, y abriendo nuevos horizontes que tensionan la dialéctica de las relaciones entre disciplinariedad e interdisciplinariedad prevaleciente en sus prácticas.
El carácter polisémico atribuído en la práctica a la categoría de globalización hace referencia a la expresión mutidimensional de sus manifestaciones fenoménicas que vienen acaeciendo principalmente en las dos últimas décadas, acompañadas de crecientes y fuertes controversias y confrontaciones sociopolíticas e ideológicas que suscita su dinámica. Sin duda, estas transformaciones se experimentan en diversas instancias de la vida social, por eso se habla del carácter multidimensional de la globalización cuando se alude a la globalización de la tecnología y la economía, la globalización de la política y de la cultura, como también la globalización entre los estados y la expansión de los medios de infocomunicación, así como la creciente oposición manifiesta en diversas voces críticas y movimientos sociales que plantean el control social de la globalización económica, junto a la globalización de los derechos humanos y la afirmación política de su respeto universal.
En la comprensión de los procesos de globalización, con el fin de incorporar un principio de inteligibilidad en la complejidad y multidimensionalidad de los procesos a los que alude la globalización, algunos autores distinguen diversos planos de observación y análisis. En este sentido se distingue la globalización como proceso histórico-objetivo que se concreta en un contexto o escenario mundial. Otro plano es entenderlo como imaginario e ideología, y como enfoque político normativo prescriptivo. En general se ha producido una amplia literatura frente a estos procesos, así como una amplia actividad en múltiples foros, que plasmando diversos compromisos teóricos metodológicos, epistemológicos, ontológicos y éticos, paulatinamente apunta a superar una visión de la globalización, homogenizadora, inexorable, sin fracturas, así como la conformación paulatina de nuevas perspectivas e iniciativas que tienden a matizar las transformaciones y rol de los estados-nación y a redimensionar la textura de los sujetos y de la acción colectiva que confronta esta nueva realidad como campo de alternativas y de posibilidades de construcción histórica y renovados compromisos humanistas.

En este sentido, por ejemplo, autores como Beck distinguen en primera instancia el globalismo como la ideología del dominio del mercado mundial o la ideología del liberalismo que expresaría la concepción por la cual el mercado mundial, como un eje de fuerzas incontenibles sustituye el quehacer político y subsume las otras dimensiones de la globalización, como la ecológica, cultural, política y social bajo su predominio; esto lleva al autor a hablar del “hechizo despolitizador del globalismo”. La globalidad sería propiamente la constatación de la existencia de una sociedad mundial donde diversas formas económicas, culturales y políticas coexisten y se articulan como pluralidad, sin su necesaria integración ni unidad junto a la conciencia y percepción por parte de todos y cada uno de sus miembros de esta existencia, lo que de algún modo se torna relevante en la subjetividad. En este sentido las crisis y guerras percibidas desde un punto de vista global, el uso de la energía nuclear y las crisis ecológicas son algunas expresiones de este tipo de constatación. Finalmente, la globalización según el autor, se refiere a los procesos por los cuales los estados nacionales soberanos se articulan mediante actores transnacionales y sus respectivas probabilidades de poder, orientaciones identidades y entramados varios.


En general se pueden distinguir diversas tendencias que ilustran estos procesos de globalización entre las cuales se distinguen : nuevos procesos de industrialización incorporando nuevas áreas del llamado anteriormente tercer mundo, junto a la desindustrialización en regiones y ciudades tanto en países desarrollados como subdesarrollados, que se expresa en el desmantelamiento de formas fordianas anteriores de producción industrial; la conformación de formas globales y en redes de producción manufacturera. El acelerado movimiento internacional de personas, bienes, servicios, información y el crecimiento de mercados globales de trabajo y de mercancías producidas en redes globales. La reorganización de los sistemas de intercambio internacional y de mercados, como el ámbito de la Unión Europea y el acuerdo de libre de comercio de Norteamérica así como de otros bloques de Asia, Africa y América Latina. La activa emergencia de las corporaciones trasnacionales para racionalizar y coordinar la inversión global, la producción y la acumulación de capital, así como el fortalecimiento de instituciones internacionales para promover la integración financiera internacional y consolidar los circuitos del capital comercial, industrial y financiero y que conllevan la ampliación del espacio geográfico y la rearticulación de lo global, lo regional y lo local; la revolución permanente en el campo de la infocomunicación y la expansión del quehacer de la industria global de la cultura; la exigencia y aspiraciones aunque muchas veces formales del respeto a los derechos humanos y la democracia; la política mundial postinternacional y policéntrica en que junto a los gobiernos, se observa, como ya vimos, una creciente participación de actores transnacionales, como las empresas, las organismos no gubernamentales y organismos internacionales con un poder cada vez mayor. Asimismo han pasado a constituir componente de la globalización procesos como las propias consecuencias de la globalización económica, como la problemática de la pobreza global, los daños y amenazas de crisis ecológica global y los conflictos transculturales en espacios concretos.
Sin el ánimo de reproducir aquí, in extenso, el complejo debate que alienta la actual reflexión en torno a este proceso y dado que nos interesa establecer algunas líneas fundamentales que definan un contexto orientador para nuestra reflexión se tratará de adoptar un enfoque descriptivo de las principales tendencias societarias que se asocian al proceso de globalización.
No obstante que se reconocen los notables avances y extraordinario desarrollo tecnológico y económico, así como la difusión de valores y sentidos culturales significativos y valiosos, para una gran mayoría de la población estas transformaciones han presentado costos sociales y amenazas concretas, al mismo tiempo que se manifiestan como ajenas, incontrolables e inevitables.
Sin duda el componente de sentido esencial del término globalización alude al proceso histórico de reestructuración que experimenta el capitalismo a nivel mundial desde la década de los setenta y que alcanzará una plena definición de sus contornos durante las dos últimas décadas.

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