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Nuestra Doctrina como uad por José Luis Vena- secretario nacional


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Nuestra Doctrina como UAD

Por José Luis Vena- SECRETARIO NACIONAL


El que tiene al Hijo,

tiene la vida;

el que no tiene al Hijo de Dios

no tiene la vida”

1 Jn.5.12


Hay quienes le hacen decir a la Ley lo que no dice, y caen en errores doctrinales.

La Ley dada a través de Moisés, o sea, el mandamiento, es santo, justo y bueno. Ro.7.12


La Palabra de Dios nos dice que, aquellos que quieren estar bajo la ley, es necesario que oigan lo que la ley dice: (Gá.4.21-31). En este pasaje hay dos realidades: Los que viven en esclavitud y los que experimentan una vida de libertad. Los que viven en la “carne” y los que viven en el “Espíritu”. Esclavos o libres.
¿Quiénes son los que viven en esclavitud?


  • Los del viejo pacto.

  • El que proviene del Sinaí

  • La Jerusalén actual

  • Los que persiguen al que nació del Espíritu

  • Estos son los de Agar, la esclava, y que no heredan nada.

¿Quiénes son los que viven en libertad?




  • Los del Nuevo Pacto

  • Los que nacieron por la Promesa

  • Son los de la Jerusalén de arriba

  • Son los que nacen del Espíritu.

  • Los que heredan conforme a la Promesa

  • Estos son, alegóricamente, de Sara, la libre.

¿Por qué el Señor habla que los que quieren depender de las obras de la ley son los que viven en la carne? Acaso, dicen algunos, ¿la ley no ayuda a mantener una cierta disciplina? Esta tendencia hacia la ley Pablo la llama “levadura” (Gá.5.9) que solo provoca perturbación (vs.10), como tales buscan que se practique la “circuncisión” , pero tal cosa ataca la cruz de Cristo (vs.11). Por tanto, los que se circuncidan quieren agradar en la carne, pero los que imponen esta práctica, ellos mismos no pueden guardar la ley, pero quieren gloriarse en los que los obedecen (6.12,13).


La Palabra lo dice bien claro: “PUES ESTAS MUJERES SON LOS DOS PACTOS (No uno que ha sido “renovado”, como dicen: NPR “Nuevo Pacto Renovado”).
Veamos los contrastes, porque la CRUZ de Cristo y su RESURRECCIÓN marca las diferencias:

EN EL ANTIGUO PACTO EN EL NUEVO PACTO





No hay junto, ni aún UNO.

No hay quien ENTIENDA.

No hay quien BUSQUE a Dios.
“venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí” (Ro.7.9).
Los que dependen de la Ley están bajo MALDICIÓN (Gá.3.10)
La Ley no es de FE (Gá.3.12)
Los que por la Ley se justifican, de la GRACIA han caído (Gá.5.4).

La Ley no fue dada para los JUSTOS, sino para los transgresores y desobedientes, y la lista es larga (1 Ti.1.9-11)



Mas el JUSTO por la FE vivirá (Ro.17)
Por GRACIA somos salvos, por medio de la FE (Ef.2.8)
Al que no obra (según la Ley), sino cree en aquel que justifica al impío, SU FE le es contada por JUSTICIA (Ro.4.5).
JUSTIFICADOS pues por la FE, tenemos paz para con Dios (Ro.5.1)
Los que son hallados en él (Jesús), y no tienen su propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que ES DE DIOS por la fe (Fi.3.9).


¿Cuáles son las bases doctrinales de nuestras iglesias?


  1. EL NUEVO PACTO.

El escritor a los Hebreos (a los judíos) expresa en forma clara y absoluta, que el NUEVO PACTO ha dado por viejo al primero (8.13), o sea, a la Ley. La expresión “está próximo a desaparecer” no significa que es algo futuro, sino que es una expresión profética de lo que iba a suceder en los tiempos de Dios. Ese momento llegó y por eso la Carta a los Hebreos (He.1.1).
Este mensaje del Nuevo Pacto fue profetizado por Jeremías en un contexto donde, por un lado, no hay posibilidad de sanidad (Je.30.13) pero le sigue un mensaje de esperanza (Je.30.17) donde dice Dios que “hará venir sanidad” cosa que parece contradictorio, pero se basa enel Nuevo Pacto (Je.31.33,34). Este pacto vendría “después de aquellos días”.
A Dios le tocaba actuar y así lo hizo, porque tuvo que pasar por alto los tiempos de la ignorancia espiritual de los hombres y dar a Su Hijo en propiciación por todos los hombres y levantándolo de los muertos, otorgó Su fe a todos los humanos para que se arrepintieran y así no ser juzgados por este mismo Señor (Hch.17.30,31).
De este Nuevo Pacto Pablo declara que es apóstol y ministro competente (2 Co.3.4-18) cuya competencia no proviene de él sino del Señor que vive en él, contrastándolo con el ministerio de la letra que es la Ley. El ministerio que corresponde a la Ley es la “letra que mata”, la cual fue “grabado con letras en piedras” (vs.6,7) y tuvo su gloria, a tal punto que no podían fijar sus ojos en el rostro de Moisés. Lo llama:


  • “ministerio de condenación” (vs.9),

  • “lo que perece” (vs.11),

  • “lo que había de ser abolido” (vs.13),

  • donde el “entendimiento de ellos se embotó”

  • de tal manera que los que así se conducen y dependen de la Ley “les queda el mismo velo no descubierto”,

  • velo que “está puesto sobre el corazón de ellos” (vs.14,15).

¿Qué necesitan? ¡CONVERTIRSE! (vs.16) y el “velo se quitará”.
¡QUE GLORIOSO CONTRASTE! Porque el Nuevo Pacto es el del “Espíritu” y esto significa que:


  • “el Espíritu vivifica”, o sea, da vida, hace vivir (vs.6).

  • Este ministerio del Espíritu abunda “en gloria” porque se lo llama “ministerio de justificación” (vs.9), por eso Pablo expresa, “gloria más eminente” (vs.10), y lo amplía, “mucho más glorioso será lo que permanece” (vs.11).

¿Qué caracteriza este Nuevo Pacto?



  • Que el mismo Señor opera para sanidad y libertad porque “por Cristo es quitado” el velo del entendimiento y corazón (vs.14).

  • porque “el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (vs.17).

  • Los ojos están abiertos para mirar a cara descubierta como en un espejo la gloria de Dios (vs.18a), “lo que no se ve” lo “eterno” (4.18).

  • Aquí se producen los cambios cuya expresión dice más de lo que rápidamente viene a la mente: “somos transformados” (metamorfosis) “de gloria en gloria” (vs.18b).

  • Estos cambios significan una sola cosa: apuntan a la persona de Jesucristo, nuestro Señor y Dios, “en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”.




  1. EL NUEVO NACIMIENTO

¡Qué interesante que esta expresión: “el que no naciere de nuevo” (Jn.3.3) fue dirigida por Jesús nada menos que a Nicodemo, un “Rabí”, un fariseo, sano en su religión y comprometido con la Ley!


¡Otro caso interesante es lo que dice Santiago, el apóstol al cual algunos no entienden cuando dice que la “fe sin obras es muerta”! Porque su epístola está basada sobre un hecho milagroso cuando dice: “nos hizo NACER por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas” (Stgo.1.18), nacimiento que es de su exclusiva voluntad.
Gracias a este nuevo nacimiento Santiago hace referencia a la FE (1.3) la cual es probada, la cual hace perfectos y cabales a los creyentes, con alcance de abundar en sabiduría “el cual da a todos abundantemente y sin reproche”. Sigue hablando de la JUSTICIA DE DIOS (vs.20); de la PERFECTA LEY, LA DE LA LIBERTAD (vs.25). Y en el capítulo dos hace referencia a aquel que queriendo guardar toda la Ley (de Moisés) no sabe que si quebranta u ofende en un punto, “se hace culpable de todos” (2.10), enseñándoles que todos serán juzgados por la LEY DE LA LIBERTAD (vs.12).
Hablar de fe es hablar de la justicia de Dios, y el fruto de la justicia se manifiesta en la vida práctica como es el uso de la lengua (3.1-18). La buena conducta del creyente refleja que goza de la sabiduría que viene de arriba porque sus obras son en sabia mansedumbre, y todo esta riqueza está escondida en el Hijo: “Cristo poder de Dios y sabiduría de Dios” (1 Co.1.24).
Si nadie ha sido justificado por guardar la Ley, y fue el pueblo judío a quien se le dio la Ley, ¿cómo es posible que algunos lleguen a decir que “nacer de nuevo” es “cuando un hombre se convierte de la idolatría al judaísmo”?
Sólo como NUEVOS NACIDOS en Cristo se puede leer y apreciar la verdad del apóstol San Juan en su primera epístola, cuando dice:


  • “Si sabéis que él es justo, sabed también que todo el que hace justicia es NACIDO DE EL” (1 Jn.2.29).

  • “Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo” (3.7).

  • “Todo aquel que es NACIDO DE DIOS, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él y no puede pecar, porque es NACIDO DE DIOS” (vs.9).

  • “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es NACIDO DE DIOS, y conoce a Dios” (4.7).

  • “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es NACIDO DE DIOS;” (5.1a).

  • “Porque todo lo que es NACIDO DE DIOS vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.” (vs.4).

  • “Sabemos que todo aquel que ha NACIDO DE DIOS, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca.” (vs.18).

Sin Nuevo Nacimiento no se es justo; no tiene la simiente de Dios; no ama porque el amor es de Dios y es necesario conocerlo a él; no cree que Jesús es el Cristo; no cuenta con la fe que vence y practica el pecado porque Jesús, el engendrado por Dios no le guarda y el maligno le toca.




  1. LA JUSTICIA DE DIOS EN CRISTO.

La cruz de Cristo tiene dos lados: Uno apunta al problema del pecado y el otro hacia la nueva vida en Cristo.


Para Dios que es justo y santo, le fue necesario juzgar el pecado de los hombres a fin de hacer Justicia permaneciendo Su santidad. Ahora bien, muriendo todos los hombres por cuanto “la paga del pecado es muerte”, ¿alcanzaría para satisfacer Su sed de Justicia? Por tanto, por causa del propósito divino con respecto al Reino de Su Amado Hijo Jesucristo:


  • Cristo fue hecho pecado por todos nosotros (2 Co.5.21). Jesús, el Cristo, aceptó lo que fue determinado en la misma eternidad y profetizado por Isaías: “Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Is.53.6). Esta es la “copa amarga” que tuvo que aceptar del Padre, lo cual su solo pensamiento lo hizo estar en agonía, orar intensamente y sudar con “grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (Lc.22.42-45). ¿Le fue impuesto a tal punto que tuvo que resignarse a la voluntad del Padre? ¡No! De ninguna manera. Jesús dijo: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.” (Jn.10.17,18).




  • Cristo fue muerto por nuestros pecados. Como Cordero de Dios, él tuvo que ser “herido de Dios y abatido”... “herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” (Is.53.4b,5).


Conforme a la Justicia de Dios, tuvo que ser juzgado con un juicio justo. ¿De acuerdo a cuál ley? ¿La de los hombres? ¿La del Imperio Romano como el poder más grande y según sus leyes que llegaron a ser la base de la jurisprudencia actual? Jamás Dios va a estar sujeto a las limitaciones del mismo hombre para juzgar el pecado de todos ellos. Para ese fin fue dada la Ley. Dios mismo la dio y por eso tiene alcance eterno porque es conforme a su propia naturaleza. Sus juicios son juicios eternos, “los juicios de Jehová son verdad, todos justos.” (Sal.19.9); “Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justos, y que conforme a tu fidelidad me afligiste.” (Sal.119.75). De acuerdo a esta verdad, Jesús dijo que él vino para CUMPLIR la Ley, y que ni “una tilde” pasaría de ella “hasta que todo se haya cumplido” (Mt.5.17,18).
“¿Para qué sirve la ley?” (Gá.3.19), pregunta Pablo. La ley es el “ayo” para llevarnos a Cristo y en el cuerpo de muerte de Cristo fue juzgado el pecado de todos nosotros. ¡Bendito sea el Señor! No dejó nada sin que se cumpliera de la ley en él. ¡Así murió! ¡Dios hizo justicia! El fue condenado; por tanto “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Ro.8.1). Por tanto, “¿Quién acusará...? ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros?” (Ro.8.33-34).
Porque hubo una “Ley”, Cristo murió. Y murió, porque estuvo presente el pecado. Si Jesús no hubiera sido hecho pecado, jamás hubiera muerto. Para la muerte fue el fin de su imperio porque significó que el pecado fue juzgado “una vez y para siempre”. “Oh muerte, yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, oh Seol; la compasión será escondida de mi vista” (Os.13.14). Conforme a esta Escritura, el apóstol grita victorioso en nombre de Jesús: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley” (1 Co.15.55). Por tanto, habiendo sido juzgado el pecado y saldada la deuda para con Dios, la Ley ya no ejerce más poder. Ya cumplió su propósito. La Cruz es el punto final de ella con trascendencia eterna.


  • Cristo fue resucitado para nuestra justificación. Aquí la otra cara de la Justicia de Dios. Así como hizo justicia juzgando el pecado en el Cristo que fue a la cruz; ahora, en el Cristo que resucitó manifiesta Su Justicia en los que creen. “Para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Co..21). La justificación POR LA FE es la revelación, que por el Espíritu Santo nos ha sido dado, para que vivamos de acuerdo a Su Justicia. Ser justificado es LO JUSTO de parte de Dios. Y es INJUSTO que el hombre no viva como Justo. Por tanto, él justifica al pecador y lo declara justo. Le toca ahora a éste, vivir conforme a la voluntad de Dios, porque lo contrario es “incredulidad” siendo que ya hizo justicia. Habrá un juicio para los que así se comporten y respondan a Su Gracia, y serán condenados por rechazar a Jesús, el Cristo, y su obra redentora (Mr.16.16) (No por otra cosa, como son las obras de la Ley). Es aquí y ahora, por voluntad específica de Dios que el justo por la fe viva. (Ro.1.17).




  • Cristo es el 2do. Adán. Esta nueva realidad, de ser justos delante de Dios, es una obra perfecta de Creación. Dios creó, en la persona de Jesucristo y por Su FE, UN NUEVO HOMBRE. Repetimos, así como hubo un primer Adán que fracasó usando su libre albedrío y sus descendientes demostrando la gravedad de su pecado a la luz de la Ley, Dios tenía un camino mejor, bien escondido desde los tiempos eternos, el “Misterio del Evangelio” en la persona, nada menos, que de su Hijo. Hoy, los que creen se visten de este Nuevo Hombre “creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Ef.4.24).

¿Cómo es posible que haya quienes intenten hacer creer que por la Ley es posible ser justificado? De esta forma se desecha el Nuevo Hombre. Porque éste surge de la obra de Cristo Jesús en la cruz y su resurrección. “Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos (judío y gentil) hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz,.. reconciliar... a ambos en un solo cuerpo,..” (Ef.2.14-16).




  • Este Nuevo Hombre es el que puede ser fortalecido con poder por Su Espíritu donde Cristo habita por la fe en los corazones (Ef.3.16,17). Este Nuevo Hombre fue creado conforme a la imagen del resucitado, por tanto, se va renovando hasta el conocimiento pleno (Co.3.10). Aquí radica, en la naturaleza del Nuevo Hombre, esta vida que es el misterio del Evangelio y es “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Co.1.27), cuenta con lo que de Dios se manifestó, “la supereminente grandeza de su poder, ... según la operación del poder de su fuerza” (Ef.1.19,20) que opera en los creyentes en Cristo Jesús. ¿Cuál la medida del poder de su fuerza? La que operó en Cristo al resucitarlo de los muertos, y sentándolo a la diestra del Padre y hecho Señor de Su Iglesia, que es Su cuerpo (Ef.1.20-23).




  1. LA PALABRA DE DIOS, LAS SAGRADAS ESCRITURAS.

La iglesia evangélica se ha caracterizado por el amor a la Palabra y afirmar lo que ella misma dice de sí misma, que ES Palabra de Dios. En los primeros siglos Satanás “cegó el entendimiento de los incrédulos para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Co.4.4). ¿Cuál fue su táctica diabólica? Impedir que las Sagradas Escrituras fueran leídas y creídas. En la medida que la Palabra corrió, trajo luz y verdad.


Hoy vivimos tiempos semejantes. Hay resistencia a la lectura de la Biblia. Se intenta evitar que su mensaje sea recibido y los pueblos vivan y conozcan el poder de Dios. Pero hay una tendencia aún más peligrosa, traer dudas del contenido. Se comienza diciendo que la traducción de tal palabra quiere decir otra cosa de lo que se lee y como si esto no fuera suficiente, se ataca en forma directa a los escritores del Nuevo Testamento.
Como iglesia decimos en Palabra de Dios: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Ti.3.16).
El A.T. tiene sentido porque tiene su cumplimiento en Cristo. Cuando Jesús resucitó le dijo a dos de sus discípulos: “¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer a todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?” (Lc.24.25,26). Nada dejó de cumplirse en Jesús.
Aún en su ministerio Jesús dejó establecido un principio de vida. Su vida y ministerio fue respaldado por la palabra profética. Bajo la unción del Espíritu Santo, y después de estar en el desierto por cuarenta días, vuelve a Nazaret, lee en la sinagoga el pasaje de Is.61.1, y “enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó, y ..comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros” (Lc.4.20,21).
En Pentecostés el apóstol Pedro confirmó la experiencia de la investidura de poder en todos ellos haciendo mención de lo dicho por el profeta Joel (Hch.2.16).
De la misma manera aconteció con el que asolaba a la iglesia porque invocaban el nombre de Jesús, después de tener su encuentro con él y reconocerlo como “Su Señor” (Hch.9.6 siendo esta la palabra de fe que comenzó a predicar Ro.10.9), los judíos fueron confundidos y empezaron una persecución que hasta el día de hoy persiste, porque Pablo les demostraba por las Escrituras que “Jesús era el Cristo” (Hch.9.22). Por tanto, las Escrituras dan testimonio de la oposición a ella misma por parte de los que no creen:


  • Los judíos rechazaron el mensaje que Dios levantó a Jesús sin ver corrupción y en él hay perdón de pecados “y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree” (Hch.13.38,39), Pablo les dijo que de esta manera estaban cumpliendo lo dicho por el profeta Habacuc (vs.41). Aunque la reacción fue grande y levantaron persecución contra Pablo y Bernabé, “la palabra del Señor se difundía por toda aquella provincia” (vs.49).




  • La Palabra fue la que trajo luz al conflicto suscitado por aquellos de Judea que enseñaban a los hermanos a circuncidarse conforme al rito de Moisés para ser salvos (Hch.15.1). Los apóstoles y ancianos, junto a Pablo y Bernabé, como así también varios otros de ellos entendieron que lo acontecido con los que no eran judíos no era capricho de nadie sino que “concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito:” (vs.15).




  • ¿Y qué de las Epístolas de Pablo? Ningún creyente duda que todas las epístolas del Nuevo Testamento fueron inspiradas por el Espíritu Santo. Y el mismo apóstol Pedro dio testimonio que las escritas por Pablo son conforme a Dios; “Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición” (2 Pe.3.15,16).




  • El mensaje de las Escrituras es claro con respecto a la salvación y revelan la Gracia de Dios. Gracia que es dada para salvación y es nuestro Señor Jesucristo. “Y aquel Ver bo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre) lleno de gracia y de verdad. Juan dio testimonio de él,... Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.” (Jn.1.14-17).


Conclusión
Como iglesia de Jesús, nuestra confesión de fe es conforme a las Escrituras.


  • JESUS es el nombre del Hijo de Dios, el Cristo, que vino para salvarnos. Sabemos muy bien que Dios exaltó al Hijo hasta la sumo y le dio un nombre, “para que en el nombre de JESUS se doble toda rodilla.... y toda lengua confiese que JESUCRISTO es el Señor, para gloria de Dios Padre.” (Fi.2.9-11).




  • EL NUEVO PACTO es una expresión nueva de vida como cumplimiento de Su promesas, el cual da por Viejo al Antiguo Pacto, el Mosaico.




  • EL NUEVO NACIMIENTO ha dado como resultado al NUEVO HOMBRE, una nueva obra de Creación en el poder de la resurrección con que Jesús fue levantado de entre los muertos. Este milagro, por obra del Espíritu que nos mete o sumerge en el Cuerpo (1 Co.12.13) no es otra cosa que ser Iglesia, el Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo y él es la Cabeza (Ef.1.22,23). Por tanto, “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” (Gá.3.28). “Pero el que se une al Señor, un ESPIRITU es con él” (1 Co.6.17).




  • LA JUSTICIA DE DIOS se revela por FE y para FE, como está escrito: Mas el justo por la FE vivirá” (Ro.1.17), y este es el Evangelio que predicamos, aceptamos y vivimos.




  • LA CRUZ DE CRISTO es sobre la cual nos gloriamos “por quien el mundo me (nos) es crucificado a mí (nosotros), y yo (nosotros) al mundo.” (Gá.5.14). Y como el apóstol Pablo decimos: “Me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.” (1 Co.2.2).




  • LA SANTA CENA es la expresión de fe y en obediencia al mandato de nuestro Señor Jesucristo. Esta participación en comunión como Cuerpo es para vida, sanidad y con un mensaje: “PORQUE NUESTRA PASCUA, QUE ES CRISTO, YA FUE SACRIFICADA POR NOSOTROS” (1 Co.5.7).




  • EL DOMINGO ES EL DIA DEL SEÑOR y nos gozamos en él porque significa que hemos entrado al Reposo de Dios (He.4.10); por tanto, le hacemos culto, lo adoramos y festejamos Su vida, poder y autoridad. En este día, “el primero de la semana” (Jn.21.19) hubo un Jesús resucitado que dijo: “Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.” (vs.21,22).




  • LA PALABRA DE DIOS es y seguirá siendo la Palabra de Dios que “es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” (He.4.12). Aceptamos incondicionalmente lo dicho por el apóstol Juan en su Revelación y lo ampliamos a toda la Escritura: “Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad, y de las cosas que están escritas en este libro.” (Ap.22.18,19)

Porque hay aún muchos contumaces,



habladores de vanidades y engañadores,

mayormente los de la circuncisión,

a los cuales es preciso tapar la boca;

que trastornan casas enteras,

enseñando por ganancia deshonesta

lo que no conviene.”

(Tito 1.10,11)




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