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Notas sobre José Carlos Mariátegui y "El problema de las razas en la América Latina"


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Notas sobre José Carlos Mariátegui y

“El problema de las razas en la América Latina” *




Silvana G. Ferreyra


UNMdP

silvanaf@copetel.com.ar

José Carlos Mariátegui fue un ser verdaderamente multifacético, al que sólo podemos comprender integralmente a través de lecturas múltiples y complementarias. Nuestro trabajo intentará llevar a la práctica este enfoque interdisciplinar. Partiendo de la historia de las ideas, que no es la historia de los grandes pensadores sino la de las fuerzas sociales que se materializan en discursos diversos y contrapuestos, nos introduciremos en los universos de la literatura y la lingüística.

El texto que será objeto de nuestro estudio: “El problema de las razas en la América Latina” 1 fue elaborado para ser presentado en la Iª Conferencia Comunista Latinoamericana, organizada por el Secretariado Sudamericano de la IIIª Internacional, realizada en Buenos Aires, en junio de 1929. Este artículo no es de autoría exclusiva del Amauta2, sino que, sobre el esquema básico de Mariátegui, Hugo Pesce, delegado por el Partido Socialista Peruano, redactó una parte importante del texto. La versión que analizaremos aparece en el libro El movimiento revolucionario Latinoamericano. Versiones de la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana editado por la Correspondencia Sudamericana, órgano de difusión del Secretariado Sudamericano de la IIIª Internacional3. Esta elección encuentra su justificación en el hecho de que este libro, en su sección dedicada al problema de las razas, reproduce el informe peruano e incluye además, las actas del debate suscitado tras su lectura.

Por otra parte, cabe aclarar que este trabajo es un avance de un proyecto mayor cuyo objetivo, encontrar las razones de las diferencias sostenidas entre Mariátegui y la IIIª Internacional evidenciadas en el debate sobre el problema del indio4, termina de indicar la pertinencia de esta versión. Finalmente, el soporte de la misma nos brinda una pista certera sobre la caracterización de este artículo como un discurso político, dado que se presenta como un documento de circulación interna de los Partidos Comunistas. De cualquier forma, no nos conformaremos con esta identificación del sentido común, sino que intentaremos darle forma a esta primera intuición. Con tal fin, seguiremos el planteo de Eliseo Verón quien procura explicar la dimensión polémica del discurso político, en estos términos:


En cierto modo, todo acto de enunciación política a la vez es un réplica y supone (o anticipa) una réplica. Metafóricamente, podemos decir que todo discurso político está habitado por un Otro Negativo (contradestinatario). Pero, como todo discurso, el discurso político construye también un Otro positivo (prodestinatario), aquél al que el discurso está dirigido. (...) Pero el análisis del discurso político en un contexto democrático revela la presencia de un tercer tipo de destinatario. Al paradestinatario va dirigido todo lo que en el discurso político es del orden de la persuasión.” ( Verón, 1987: 16 )
En este recorrido por el discurso, iremos anotando nuestras observaciones, esperando que este procedimiento algo anárquico nos permita, paradójicamente, organizar los distintos cruces.

El Contradestinatario: el tradicionalismo y el apra


Vayamos directamente al artículo:
El problema de las razas sirve en la América Latina, en la especulación intelectual burguesa, entre otras cosas, para encubrir o ignorar los verdaderos problemas del continente. La crítica marxista tiene la obligación impostergable de plantearlo en sus términos reales ...”(SSA de la IC, 1929: 263)
Desde el primer párrafo del artículo se empieza a delinear la imagen del adversario. Para el autor, las teorías que han propuesto soluciones administrativas, morales, religiosas, étnicas5 o educativas no son más que máscaras para la explotación del indio. En el mismo sentido se ha recurrido a una revalorización romántica del pasado pre – hispánico, a una idealización del Incario, proponiendo un pasado celebratorio y conciliador.

Dentro del espacio cultural peruano que se nos presenta como un complejo juego de fuerzas, este conjunto de teorías va subordinándose a la nueva tendencia indigenista. Las rebeliones indígenas de principios del ’20 6 ofrecen la clave de lectura de todo el proceso, pues los movimientos sociales son mediadores entre la base material y la superestructura cambiando, a través de la lucha, el carácter de un bloque histórico. En esta línea de trabajo, el indigenismo puede ser pensado dentro de una fuerza social, como parte de un programa que atiende a los problemas actuales del indio, otorgándole sentido y proyección estratégica a las luchas políticas y sociales del período. Así leemos:

El conflicto es efectivo sólo con el tradicionalismo. Los revolucionarios encarnan la voluntad de la sociedad de no petrificarse en un estadio, de no inmovilizarse en una actitud. A veces la sociedad pierde esta voluntad creadora, paralizada por una sensación de acabamiento o desencanto.”(Mariátegui, 1970: 164)
Este proceso de decadencia de la sociedad burguesa se manifiesta con claridad cuando comienza a formarse una superestructura espiritual: en este caso el indigenismo como fenómeno literario que anuncia ya las nuevas estructuras materiales y que, aunque originándose en la sociedad contradictoria, empieza a negarla. El problema que se nos presenta es que, ni siquiera el indigenismo puede entenderse como un bloque homogéneo. Desde Clorinda Matto de Turner hasta Mariátegui, pasando por Valcárcel, Luis Alberto Sánchez y Haya de La Torre los matices son de los más variados. Y es justamente de este grupo de “enemigos íntimos” de donde emerge el adversario más acérrimo. El debate con el APRA7 atraviesa toda la conferencia, pues se figuraba como el principal competidor dentro de la izquierda latinoamericana. El tratamiento del problema de las razas apuntaba, nada menos que a discutir sus eclécticas bases teóricas. Haya de La Torre sostenía, como González Prada, que la solución para el problema del indio era económico – social; sin embargo consideraba que el subconsciente indio vivía en todos los peruanos. De esta manera, construía una “mística del mestizaje” (bajo la impronta de Vasconcelos) que era el resultado de un largo proceso físico y espiritual en el que el pueblo peruano había aprendido a reconocer las necesidades indígenas como propias, íntimas y no sólo sociales. En consecuencia, el actor político protagonista del cambio no podía ser otro que el mestizo - generalmente pequeño burgués -, líder de un frente amplio en el que, junto a su hermano de espíritu y raza - el aborigen -, lucharía contra el imperialismo norteamericano8. Como lo ilustra Rodó y tantos otros modernistas, podría decirse que la lucha de razas liberaría a “Indoamérica” de la opresión de los anglosajones.

La respuesta de Mariátegui es contundente, la fe mesiánica en los indios no conduce a ningún lugar... “Las posibilidades de que el indio se eleve material e intelectualmente dependen del cambio de las condiciones económico – sociales” (Mariátegui, 1969: 31) Aquí el orden de los factores, sí altera el producto.

La experiencia de lucha cotidiana contra el APRA influirá, sin lugar a dudas, en las tesis de los comunistas peruanos. Las discusiones suscitadas en la Conferencia sobre los límites analíticos que acarrearía este condicionamiento, nos abrirán las puertas al paradestinatario de este discurso.
El Paradestinatario: el estalinismo y el problema de la nación.

Introduzcámonos en las actas del debate suscitado en la Conferencia mirando de cerca la intervención del camarada Peters, miembro de la Internacional Juvenil Comunista y estalinista confeso.

Los camaradas del Perú han reaccionado con mucha razón frente a la concepción idealista y pequeño – burguesa del problema, precisando su base agraria, su base de clase, pero en esta reacción, de todo punto de vista exacta, me parece que han caído en el error contrario: el de negar el carácter nacional a la lucha de los indígenas.” (SSA de la IC, 1929:298)


. Dos discursos contrapuestos, dos soluciones posibles, que argumentan y contraargumentan para persuadir a los “indecisos”. Diagnósticos encontrados que nos están indicando la posibilidad del disenso No es éste un dato menor, pues nos permite afirmar que a fines de la década del ´20 en América Latina, el discurso del estalinismo aún no había obtenido el monopolio de la verdad.

La alternativa al informe de los peruanos era la consigna que proponía la autodeterminación para los pueblos indígenas, priorizando la cuestión nacional por sobre la lucha de clases. Esta solución abrevaba en el desarrollo teórico de Stalin sobre el problema nacional, explicitado cuando Peters asevera:


En general, las naciones se forman con la penetración de las relaciones capitalistas. Este proceso de formación en países como el Perú, Bolivia, etcétera no está terminado y no podía terminarse porque la revolución victoriosa borrará las actuales fronteras, creando la federación de las repúblicas obreras y campesinas, sobre una nueva base y no debe excluirse que en el proceso de la revolución –como consecuencia de levantamientos simultáneos de indígenas de diversos países- tengamos formada una república indígena” (SSA de la IC, 1929: 299)
Por otra parte, Peters cae en planteos evidentemente dogmáticos, recurre a Lenin para autorizar su postura, afirmando que en el caso de los pueblos atrasados que luchen contra las metrópolis capitalistas “cada cuestión nacional tiene en el noventa por ciento cuestión agraria”. Sin embargo, mientras que el joven comunista cree defender la posición leninista, frente a la espartaquista9 sostenida por Mariátegui, no hace más que fosilizar el leninismo.
El derecho de las naciones a separarse libremente –decía Lenin- no debe confundirse con la conveniencia de la separación de una nación determinada en un momento determinado. Esta última cuestión debe resolverla el partido del proletariado de un modo absolutamente independiente en cada caso concreto, considerando los intereses de todo el desarrollo social y los intereses de la lucha de clases del proletariado por el socialismo” (Mármora, 1986: 57)
En otras palabras, el problema de la nación en Perú no era lo mismo que el problema ruso de la autodeterminación de comunidades que sobrevivían en el seno de Estados multinacionales, ni tampoco se parecía a la cuestión oriental donde los comunistas debían brindar alternativas a la opresión colonial10. El planteo mariateguiano era fiel al espíritu de Lenin11, pero más en su método que en su letra. Abría un espacio propio para Latinoamérica dentro de la taxonomía clásica, al permitir la búsqueda de una mayor especificidad del objeto nacional latinoamericano, desde el marxismo

Para el Amauta, el problema del indio era el problema de la tierra, cuya solución implicaba la liquidación de la feudalidad. Dada la debilidad de la burguesía peruana frente a la oligarquía terrateniente y teniendo en cuenta su enquistamiento dentro del capital imperialista, la remoción de las rémoras feudales sólo podría ser realizada por un bloque obrero campesino bajo hegemonía proletaria. La construcción de la nación sería una de estas labores inconclusas de la burguesía peruana. En este sentido, el rol de los intelectuales orgánicos al proletariado sería la consolidación de un bloque indivisible entre la base clasista (bloque obrero campesino) y la superestructura cultural (Perú Integral). La nación peruana debería incluir a la mayoría del pueblo, cuatro quintos de población indígena, que todavía hoy se encuentra culturalmente marginada. Por tal razón, la socialización de la nación deberá despojar al pasado de sus deformaciones interesadas. El objetivo sería construir una tesis revolucionaria de la tradición, explicando las causas de la subsistencia y persistencia de las “comunidades” dentro y contra estructuras económico sociales antagónicas.


Nosotros creemos que entre las poblaciones ‘atrasadas’, ninguna como la población indígena incásica, reúne las condiciones tan favorables para que el comunismo agrario primitivo, subsistente en estructuras concretas y en un hondo espíritu colectivista, se transforme, bajo la hegemonía de la clase proletaria, en una de las bases más sólidas de la sociedad colectivista preconizada por el comunismo marxista” (SSA de la IC, 1929: 279)

El camino que los peruanos habían trazado hacia el socialismo no era el más convencional. La tesis etapista12 reinaba, por esos días, en la táctica de la IIIª Internacional para los países coloniales y semi – coloniales; en consecuencia, su propuesta de “salto al socialismo” se volvía, por lo menos, sospechosa. Conscientes de esta herejía los peruanos intentaron no correrse totalmente de la institucionalidad, aclarando que


El VI Congreso de la Internacional Comunista ha señalado una vez más la posibilidad para pueblos de economía rudimentaria, de iniciar directamente una organización económica colectiva, sin sufrir la larga evolución por la que han pasado otros pueblos” (SSA de la IC, 1929: 279)
Esta necesidad de amparar sus propuestas en una estructura verticalizada nos obliga a retomar la inquietud que nos planteábamos al comienzo de este apartado: ¿en qué estado se encontraba el proceso se estalinización en América Latina? Si a lo antedicho le sumamos la presencia central de la tesis estalinista sobre las nacionalidades, moción que recibió adhesiones más explícitas y menos tímidas que la de los peruanos13 y lo sopesamos con la posibilidad de disenso y el rol central jugado por el bujarinista Jules Humbert Droz14, representante del Comité Ejecutivo de la Internacional, quien fomentó la publicación de dos resoluciones para el tema de las razas, el panorama es mucho más complejo de lo que esperábamos. Sin duda, el estalinismo ya había comenzado a avanzar en América Latina, había cooptado varias direcciones nacionales y empezaba a extenderse un clima de “temor al disenso”. Dado el carácter internacional del Partido Comunista, los coletazos de los cambios en la URSS ya comenzaban a sentirse en América Latina, pero las transmisiones no era directas ni mecánicas; dado que la “ortodoxia estalinista” aún no se había cristalizado como corriente hegemónica dentro del comunismo latinoamericano. El dilema sartreano “si me afilio al partido pierdo libertad, pero si me incorporo pierdo organicidad” todavía no atrapaba a Mariátegui, quien murió antes de tener que tomar una decisión al respecto.
El prodestinatario y el problema de la exterioridad

En cualquier caso, no podemos negar que Mariátegui se sentía parte integrante de la IIIª Internacional. En el plano enunciativo son constantes las identificaciones con los Partidos Comunistas Latinoamericanos15. Este colectivo aparece en los fragmentos del texto escritos exclusivamente por Mariátegui; en cambio, en los segmentos redactados por Pesce, quien ya no era ajeno a las disidencias dentro de la Conferencia, esta identificación se debilita, cuando no desaparece16. Las referencias al “nosotros” dejan de marcar un sentido espíritu de cuerpo, limitándose a invocar la atención de los comunistas asistentes17. Esta figura del “nosotros” se revela heterogénea en muchos planos, particularmente en cuanto a la amplitud de la entidad que designa. En este texto, el prodestinatario aparece vinculado a dos sujetos sociales de distinta amplitud. Uno de ellos eran las clases explotadas peruanas18., constituidas por obreros y campesinos indígenas, como así también por el proletariado mestizo y blanco. Este destinatario nos introduce de lleno en una controvertida polémica dentro del campo de los estudios mariateguianos: el debate sobre la exterioridad. ¿En qué medida el marxismo indigenista de Mariátegui consideraba las concepciones provenientes de los “pobladores originarios” para resolver el problema indígena? ¿No era otra forma de paternalismo? Algunos autores, han analizado estos interrogantes desde una perspectiva eminentemente cultural, siguiendo esta línea se ha sugerido que el comunista peruano proponía el “frente único de las razas y culturas sojuzgadas” (Forgues, 1994: 97). Desde nuestro punto de vista, este enfoque pone el acento en un conjunto de elementos que el Amauta había colocado en posición subordinada, se confunde a los indígenas con el sujeto revolucionario, cuando en el planteo mariateguiano eran las clases explotadas peruanas, en su mayoría pertenecían a la raza indígena, las que protagonizarían el cambio social. Por tal razón, y con el objetivo de ser fieles a su análisis, el enfoque debe ser necesariamente político y clasista19. Intentemos construirlo, haciendo entrar en escena al otro prodestinatario: el Partido Socialista Peruano.

La obsesión de Mariátegui era la construcción de una voluntad colectiva de transformación social, un bloque de obreros y campesinos indígena bajo la hegemonía proletaria. El partido político, en este caso el Partido Socialista Peruano, era el organizador y la expresión activa y operante de esa voluntad. Por lo tanto, y retomando el interrogante del comienzo, Mariátegui como dirigente del Partido Socialista Peruano, era y no era exterior a esa voluntad. Era, porque como intelectual pequeño burgués mestizo no pertenecía de manera directa al primer colectivo de identificación que mencionábamos. Pero no era exterior, porque su función como intelectual orgánico a la fuerza social revolucionaria lo convertía, junto a su Partido, en el elemento de cohesión principal, que transformaría en potente y eficiente un conjunto de fuerzas que, abandonadas a sí mismas, serían cero o poco más. La resolución del problema de la exterioridad, se nos presenta entonces, a través del complejo concepto de la “vanguardia política”. Al penetrar dialécticamente en el vínculo entre la fuerza social revolucionaria y su dirección, negamos la condición de paternalismo, pues el nivel de conciencia de las masas determina la concepción política de la dirección20; a la vez que ésta procura impulsar la lucha hacia delante21. Mariátegui consideró que en su época, la utopía andina podía tomar la forma del socialismo, siempre que “la vanguardia obrera (disponga) de aquellos militantes de la raza india, que en las minas o en los centros urbanos, particularmente en los últimos, entran en contacto con el movimiento sindical, se asimilan a sus principios y se capacitan para jugar un rol en la emancipación de su raza.” (SSA de a IC, 1929: 289)
Conclusión

De las notas delineadas alrededor de “El problema de las razas en América Latina” ha surgido este trabajo, a través del cual hemos procurado acercarnos analíticamente a la propuesta crítica marxista en respuesta a dicha problemática. La enunciación política construida por Mariátegui se nos reveló inseparable de su dimensión polémica. Más allá de las diferencias que hemos marcado entre los destinatarios del discurso, las diversas características del enemigo parecen reducirse a una: la especulación burguesa sobre el problema de las razas es el adversario de los tres rostros . Mientras el tradicionalismo aparece como su versión más descarada; el APRA disfraza sus intereses con una fe mesiánica en los indios; pero lo más sorprendente es que , incluso la alternativa de autodeterminación nacional impulsada por un grupo de delegados comunistas, aparece como solución burguesa.


Del mismo modo, la constitución de la raza india en un estado autónomo, no conduciría en el momento actual a la dictadura del proletariado indio ni mucho menos a la formación de un estado indio sin clase, como alguien ha pretendido afirmar, sino a la constitución de un Estado indio burgués con todas las contradicciones internas y externas de los Estados burgueses”. (SSA de la IC, 1929: 288)
Como arma de combate para demoler estas posiciones, Mariátegui se vale únicamente del método del materialismo histórico22. Parte del análisis de una situación concreta, estudiando en perspectiva histórica la economía, la sociedad y la política para dar una imagen acabada y compleja de la formación social peruana que le permita conocer en profundidad el problema del indio. Asciende a lo abstracto, de tesis tradicionalista y antítesis aprista emerge la síntesis que brinda una explicación al problema de las razas, “el problema no es racial, sino social y económico; pero la raza tiene su rol en él y los medios de afrontarlo” (SSA de la IC, 1929: 290). Después de descubrir las múltiples determinaciones de lo concreto, regresa al mundo real con un discurso dominado por el componente programático. El orden de las consignas evidencia las conclusiones a las que el Amauta ha llegado. En primer lugar, lucha por la tierra para los que la trabajan; luego, lucha del proletariado y del campesinado indígena por las mismas reivindicaciones que constituyen el objetivo de sus hermanos de clase pertenecientes a otras razas; y por último, una consigna exclusivamente racial, derogación de leyes onerosas para el indio.

A raíz de esta estrategia analítica y amparándonos en las conceptualizaciones de Lukács23, creemos pertinente caratular a Mariátegui como marxista ortodoxo24. Este rótulo se revela aún más adecuado si consideramos que a fines de la década del ’20, tal como lo hemos demostrado, el proceso de institucionalización del estalinismo en América Latina aún no se había completado. Dos nociones de ortodoxia se encontraban en disputa dentro del campo del marxismo, pero el triunfo de la versión estalinista ocultó la lucha que la había precedido. En suma, relacionar a Mariátegui con la ortodoxia nos permite recuperar la historicidad de su pensamiento; a la vez que remitirnos a los orígenes de dicha noción, limpiándola de sus rémoras dogmáticas y mecanicistas y retomando su fuerza explicativa y su capacidad transformadora.



Material consultado
Fuentes:

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  • Mariátegui, J.C. (1970) Peruanicemos al Perú, Lima, Amauta (11ª ed., 1988).

  • SSA de la IC. (1929) El movimiento revolucionario Latinoamericano. Versiones de la Primera Conferencia Comunista Latino Americana, Junio de 1929, Buenos Aires, La Correspondencia Sudamericana, pp. 261 –317.

Bibliografía:

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Notas
* El presente trabajo forma parte de las primeras conclusiones provisorias de un proyecto “El debate sobre el problema del indio en la Iª Conferencia Comunista Latinoamericana (Buenos Aires, 1929)” dirigido por el Prof. Rodolfo Rodríguez y co-dirigido por la Lic. Mónica Scarano, financiado por una beca para estudiantes avanzados otorgada por la Universidad Nacional de Mar del Plata. Asimismo se enmarca en el trabajo que realizo como integrante del Grupo de Estudios Latinoamericanos, Departamento de Historia, Facultad de Humanidades, UNMdP y en mi labor como ayudante de segunda en la cátedra Historia Americana Independiente en la misma dependencia.

1 Para evitar equívocos conceptuales cabe aclarar, siguiendo a Nelson Manrique que “los términos ‘etnia’ y ‘raza’ son utilizados por Mariátegui – válidamente, en el contexto en el que entonces se usaban esos términos (los nazis todavía no habían llegado al poder)- de una manera exactamente inversa a como se emplean hoy día: definiendo la etnia como más vinculada a lo biológico que a lo cultural” (Manrique, 2000: 283)

2 Mariátegui ha sido comúnmente apodado con el nombre de la revista que ha creado y dirigido: Amauta.

3 Cabe aclarar que la versión más divulgada de dicho texto no es ésta, sino J.C. Mariátegui. “El problema de las razas en la América Latina” incluida en Ideología y Política. Este texto es similar al discutido en la Conferencia aunque incluye fragmentos de la tesis enviada al Congreso Constituyente de la Confederación Sindical Latino Americana efectuada en Montevideo un mes antes, además de algunas modificaciones realizadas para su publicación en Amauta, dos meses después.

4 El tratamiento del problema de las razas incluía reflexiones sobre la cuestión indígena; aunque también sobre la cuestión negra. Hemos decidido omitir esta última temática simplemente porque nuestro recorte de investigación nos obliga a focalizar la atención en otros problemas. Queremos deslindar esta elección de cualquier asociación con la tesis del “exclusivismo indio” mariateguiano. Para nosotros, no hay en el espíritu general de su obra ningún resabio de racismo frente al negro y, menos aún, una exaltación mesiánica del indio; perspectivas ambas que no sólo no comparte, sino que además critica.

5 El párrafo que transcribiremos a continuación es sumamente ilustrativo de la crítica a la solución étnica: “Buena parte de nuestros burgueses y gamonales sostiene calurosamente la tesis de la inferioridad del indio: el problema indígena es, a su juicio, un problema étnico cuya solución depende del cruzamiento de la raza indígena con razas superiores extranjeras. (...) La tesis de que el problema indígena es un problema étnico no merece siquiera ser discutida; pero conviene anotar hasta que punto la solución que propone está en desacuerdo con los intereses y las posibilidades de la burguesía y del gamonalismo, en cuyo seno encuentra sus adherentes" (SSA de la IC, 1929: 265)

6 Véase A. Flores Galindo. “El horizonte utópico” en Los rostros de la plebe. Barcelona. Crítica. 2001

7 En 1924 un joven dirigente de la izquierda peruana , Víctor Raúl Haya de la Torre, trazó las bases para una Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) dedicada a la liberación antiimperialista y social de Indoamérica. Fue inspirado, fundamentalmente, por las experiencias de la revolución mexicana y por el modelo del Kuomintang (frente popular, alianza entre burguesía y proletariado) en China.

8 Para Mariátegui un Kuomintang latinoamericano iría directo hacia el fracaso “La solidaridad de clase, se suma a la solidaridad de raza o prejuicio, para hacer de las burguesías nacionales instrumentos dóciles del imperialismo yanqui o británico. Y este sentimiento se extiende a gran parte de las clases medias, que imitan a la aristocracia y a la burguesía en el desdén por la plebe de color, aunque su propio mestizaje sea demasiado evidente.” (SSA de la IC, 1929: 266) Para un desarrollo más amplio de los argumentos que explicarían los desaciertos de la política aprista, véase “Punto de vista antiimperialista” (Mariátegui, 1969), texto que también fue expuesto por la delegación peruana en la Iª Conferencia Comunista Latinoamericana, en ocasión de debatirse la lucha antiimperialista y los problemas de táctica los Partidos Comunistas de la América Latina.

9 Rosa Luxemburgo, una de las dirigentes principales de la tendencia espartaquista dentro del Partido Socialista Polaco, colocaba la unidad de los obreros rusos, alemanes, austríacos y polacos por encima de la lucha por la autodeterminación de Polonia. Su tesis sobre la nación se opuso, en la IIª Internacional, a la leninista.

10 La homologación con la cuestión oriental también es defendida en la Conferencia. Martínez, el delegado venezolano, establece una comparación con el caso sudafricano Hugo Pesce (alias Saco) crítica con dureza su posición.

11 Hay en toda la obra de Mariátegui adhesiones claras a la postura de Lenin. “ Pero la función de la idea socialista cambia en los pueblos política o económicamente coloniales. En esos pueblos, el socialismo adquiere, por la fuerza de las circunstancias sin renegar absolutamente ninguno de sus principios, una actitud nacionalista” en (Mariátegui, 1970: 100) y “Sin comprender el carácter decisivo que tiene para la revolución social la emancipación de las establece una comparación con el caso sudafricano Hugo Pesce (alias Saco) crítica con dureza su posición.

 Hay en toda la obra de Mariátegui adhesiones claras a la postura de Lenin. “ Pero la función de la idea socialista cambia en los pueblos política o económicamente coloniales. En esos pueblos, el socialismo adquiere, por la fuerza de las circunstancias sin renegar absolutamente ninguno de sus principios, una actitud nacionalista” en (Mariátegui, 1970: 100) y “Sin comprender el carácter decisivo que tiene para la revolución social la emancipación de las colonias del dominio capitalista, esos socialistas han objetado a la IIIª Internacional la cooperación que esa organización presta a la emancipación política de las colonias” (Mariátegui, 1959: 144)

12 Partiendo del diagnóstico de la ausencia de relaciones capitalistas de producción en los países atrasados, el Partido Comunista plantea la necesidad de la revolución democrático – burguesa como etapa previa a la revolución socialista. Sostener la tesis etapista equivale a afirmar que todas las sociedades deben seguir el mismo desarrollo histórico en el camino hacia el comunismo; es decir, implica una perspectiva ciertamente eurocéntrica.

13 Algunos ejemplos. Martínes (Venezuela) “...considero exacta la manifestación del compañero Peters” (SSA de la IC, 1929: 301); Suarez (México) “...Sobre el asunto que plantea el compañero Peters creo que es exacta la consigna de autodeterminación” (SSA de la IC, 1929: 304) Muñoz (Argentina) “Nuestra posición ante este problema, debe ser la de pedir para los indios, el derecho de darse un gobierno propio” (SSA de la IC, 1929: 305). Analizando la alocución de los delegados boliviano y cubano puede desprenderse alguna simpatía hacia la postura peruana, aunque resulta imposible encontrar una adhesión explícita.

14 Desde el VI Congreso de la Internacional en 1928, se desplegaba una lucha de líneas en la dirección del Partido Comunista de la URSS y en la Internacional. Jules Humbert-Droz era un hombre de Bujarin y como integrante del Presidium y el Secretariado de la Internacional Comunista estaba inmerso en esa disputa. La victoria de la fracción estalinista provocó, según el mismo Droz, su designación como delegado a las conferencias latinoamericanas. Esta decisión, instrumentada para alejarlo de Europa, evidencia la marginalidad de Latinoamérica en la agenda de la IC. Ya en Montevideo, en mayo de 1929, Droz escribió “La atmósfera es infinitamente mejor que en Moscú. Incluso Pièrre, de la Juventud, que es estalinista de nacionalidad (sic), conserva a mi respecto una excelente camaradería, absolutamente exceptuada de esa bilis fraccional que corre hasta el borde en Moscú. (...) Tendremos al contrario fastidios con Codovilla”. Stalin venció a todos sus rivales gracias a una hábil manipulación y utilización de los órganos del partido y del Estado, y en 1929, ya había consolidado su posición como reconocido sucesor de Lenin y reforzado su poder como líder único de la Unión Soviética. (Otto Vargas, 1999)

15 “la tarea de nuestro Congreso” (SSA de la IC,1929: 263); “una de las tareas más urgentes de nuestros Partidos” (SSA de la IC, 1929: 275)

16 “...el deber que todos los Partidos Comunistas tienen de impedir...” (SSA de la IC,1929: 288)

17 “Más adelante veremos” (SSA de la IC,1929: 273) “más volvamos a seguir el desarrollo” (SSA de la IC, 1929: 277)

18 “Buena parte de nuestros burgueses y `gamonales`” (SSA de la IC,1929: 265)) , “Pero si de esta organización que entre nosotros ha sido la institución política intermediaria entre el ayllu o comunidad” (SSA de la IC, 1929:278)

19 Para construir este enfoque utilizaremos como guía Gramsci, 1972.

20 “La solución del problema del indio tiene que ser una solución social. Sus realizadores deben ser los propios indios” (Mariátegui, 1970: 45)

21 “Este elemento está dotado de una potente fuerza de cohesión, que centraliza y disciplina y , sin duda, a causa de esto, está dotado, igualmente, de inventiva (si la “inventiva” se entiende en cierta dirección, según ciertas líneas de fuerza, ciertas perspectivas y también ciertas premisas)” (A. Gramsci, 1972: 33)

22 Hugo Pesce, antes de dar lectura al informe, dijo: “La tarea de nuestro Congreso, por lo que a este punto se refiere, consiste en estudiar objetivamente la realidad y enfocar según los métodos marxistas, los problemas que ella encierra, para poder llegar a su solución revolucionaria a través de una táctica clara y eficiente, establecida para este caso particular de acuerdo con la línea general de la Internacional Comunista” (SSA de la IC, 1929: 263)

23 “Así pues, ‘marxismo ortodoxo’ no significa reconocimiento acrítico de los resultados de la investigación marxiana, ni ‘fe’ en tal o cual tesis, ni interpretación de una escritura ‘sagrada’. En cuestiones de marxismo la ortodoxia se refiere exclusivamente al método. Esa ortodoxia es la convicción científica de que en el marxismo dialéctico se ha descubierto el método de investigación correcto, que ese método no puede continuarse, ampliarse ni profundizarse más que en el sentido de sus fundadores.” (Lukács, 1969: 19)

24 Para más información sobre esta conceptualización veáse S. Ferreyra “Mariátegui frente a la ‘crisis del marxismo’” en Actas de las V jornadas de investigadores del Departamento de Historia. (en CD-ROM) Septiembre 2004. ISBN 987-544-25-2





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