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Nota sobre Rafael Gómez Mario Crespo López


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Nota sobre Rafael Gómez

Mario Crespo López


Acabo de publicar la primera parte de la biografía de José María de Cossío, que corresponde a las cuatro décadas de su vida que culminan con la Guerra Civil (1892-1939). La prensa se ha hecho eco de la noticia y agradezco el tratamiento que se ha dado desde las páginas de ALERTA a las presentaciones de la obra, el miércoles día 3 en la Biblioteca Central de Cantabria y ayer sábado en la Casona de Tudanca. Varios profesores como Agustín Sánchez Vidal, Jordi Gracia, José Carlos Mainer, Jaime Siles o Gabriele Morelli han prestado atención a este trabajo, entre otras cosas porque pone sobre la mesa, al alcance de quien quiera, parte de la peripecia vital de un hombre, Cossío, que trató a tantos otros nombres incuestionables de nuestra Edad de Plata. Estos días he tenido ocasión de compartir momentos intensos con personas que trataron a Cossío, muchas de las cuales lo conocieron bastante bien y seguramente podían haber acometido con mucho más rigor que yo la biografía de este personaje, que es uno de los más importantes y olvidados de la cultura española del siglo XX. No quiero dejar de citar, por ejemplo, a quien fuera su secretario, Esteban Arenys, hombre sensible y discreto, a quien me gustó mucho ver entre el público el pasado miércoles. Lo que unas páginas biográficas tienen es que, a la vez, sacan a la luz biografías cruzadas, restos del pasado que no son sólo hechos, sino nombres propios e irrepetibles.

Aprovecho esta columna dominical para reconocer la obra de un notable estudioso de la Generación del 27 con el que todos los investigadores sobre el tema estamos en deuda científica. Lamento no haber podido contactar estos últimos tiempos con Rafael Gómez de Tudanca, conservador en su día de la Casona, a quien tuve ocasión de conocer en 2006, durante un ciclo de conferencias sobre José María de Pereda. Su intervención fue muy brillante y trató sobre la vinculación de la Casona de Tudanca con los personajes de “Peñas arriba”, un tema complicado, pero absolutamente imprescindible para entender lo que Tudanca supuso para José María de Cossío. Escribo sobre Rafael Gómez sin haberle tratado apenas más que como investigador que le ha leído y utilizado sus trabajos (con la correspondiente referencia respetuosa), que forman parte de lo más granado que se ha editado en Cantabria en cuanto a la recuperación documental más exportable fuera de nuestra Comunidad Autónoma. Y, en este sentido, hay que lamentar que algunas ediciones en las que ha participado, como por ejemplo la revista “Peña Labra”, no hayan tenido la difusión que merecen. Otro tanto ocurre con una de las obras más importantes de Rafael Gómez, valorada este año más que nunca, que publicó en 1985 la Institución Cultural de Cantabria. Se trata de la carpeta titulada “Las cartas de Miguel Hernández a José María de Cossío”, con introducción de Vicente Aleixandre. En el prólogo, el estudio y las notas de este trabajo, que cuenta con magníficas reproducciones facsimilares de las cartas, Rafael Gómez ofrece un derroche informativo que no ha pasado desapercibido para numerosos investigadores que lo han seguido, hasta el punto de que incluso han vertebrado verdaderos discursos que, precisamente por basarse en algo ya publicado, ya no son novedosos; así ha sido el caso de la ponencia de José Luis Ferris presentada como tal en el III Congreso Internacional sobre Miguel Hernández recientemente celebrado en Elche. Me parece que justo es decirlo.



Notable ha sido el papel de Rafael Gómez en la edición de epistolarios del 27. Con Eladio Mateos publicó “Rafael Alberti. Correspondencia a José María de Cossío seguido de Auto de fe y otros hallazgos inéditos” (1998), así como el epistolario con Gerardo Diego Nuevas claves de la Generación del 27” (prólogo de Elena Diego, 1996) y con Jorge Guillén (edición crítica con Julio Neira, 2002). Además, Rafael Gómez ha firmado en las últimas décadas numerosos artículos en diferentes cabeceras regionales sobre la importancia de Cossío en la Generación del 27 o de su “Cancionerode manuscritos, así como escritores presentes de alguna manera en la historia de Tudanca, como Miguel de Unamuno, Concepción Arenal, Fernando Villalón, León Felipe, Gerardo Diego, Miguel Hernández (incluyendo la reseña del libro Juan Guerrero Zamora sobre el proceso al hoy celebrado poeta oriolano), Azorín, Pablo Neruda, Dionisio Ridruejo o la revista Cruz y Raya. Su “Semblanza y obra de José María de Cossío. Contribución a la bio-bibliografía” (2000) era hasta ahora la referencia más concreta que había sobre el llamado “señor de Tudanca” y así lo recuerdo para que conste, con mi pequeño reconocimiento.


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