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Nostalgiosa llevo el alma (Epístola a mis colegas de los foros interpal y uacinos)


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NOSTALGIOSA LLEVO EL ALMA

(Epístola a mis colegas de los foros interpal y uacinos)
Lunes 28 de agosto de 2000
Talán talán... viene el tranvía por Tucumán
Hay un tango de Canaro que se llama “Nueve puntos”. Nueve puntos era la velocidad máxima del tránguay (una manija giratoria con las nueve muescas). Piero (¿recordáis?) tenía una maravillosa milonga “Es un buen tipo mi viejo” donde de pronto decía “Se crio con tranvía y vino tinto”. Acá en Viena (como en toda Europa central) tenemos tránguay. Con qué emoción me recorrí esta maravillosa ciudad traqueteando nostalgiosamente. En aquella época, las avenidas (Sta. Fe, Córdoba, Callao, Pueyrredón, etc.), salvo Corrientes, eran de dos manos, con garitas para los vigilantes que llevaban un parasol blanco colgando de la gorra. Las infracciones de tránsito las cobraban los zorros grises (por el color del uniforme) de la Municipalidad. El teléfono automático no llegaba allende la General Paz, de modo que para hablar con San Fernando se marcaba el 744 y a aguardar que la operadora terminase de pintarse las uñas. De la Provincia al centro era más difícil. Las características todavía tenían nombre: el 42 era Callao, y el fono de mi abuela Callo 1389. Por eso el fono de Corrientes 348 es Juncal 1224 (¡telefoneá sin temor!). A La Plata se llamaba por larga distancia y al extranjero ni se llamaba. Los restoranes de las estaciones Retiro (Mitre), Constitución y Tigre C eran de primera.

Para ir a Villa Gesell (que no tenía un palmo de asfalto y pocos argentinos) teníamos pavimento hasta Gral. Madariaga, pero solo una mano, de modo que había que meterse en la banquina para dejar pasar al que venía. De Madariaga en mas, tierra. Se llamaba a Vialidad Nacional antes de salir, para estar seguros de que el camino (ese y tantos otros) estaba transitable. El Paraná se cruzaba en ferry (no había complejo Zarate-Brazo Largo, y el “vapor de la carrera” viajaba durante la noche entre Buenos Aires y Montevideo, ciudades hermanas que, al decir de Tito Lusiardo, están separadas por un rio que las une.

En las casas de la clase media media e incluso baja, solía haber un pianito vertical donde estudiaba la nena, que tomaba clases particulares con la profesora del barrio y, además, iba al conservatorio local a estudiar danzas. El nene recibía, en cambio, clases de inglés. Ambos se castigaban con maestros particulares de todas las materias que debían. En Caraza, gran empalme del trencito que aun hoy sale de Puente Alsina con su trocha tan angosta como solitaria, en la plaza, había una casita de aquellas llamadas italianas con un garaje a la calle y al costadito una puerta de reja a un pasillo que lo bordeaba hasta el patio al que daban longitudinalmente las habitaciones. El garaje fungía de taller modesto, de lo que viviría el dueño. El hijo, en cambio, se conoce que era intelectual, porque en el istmo que separaba la portaza del taller de la puertita de la casa había un cartel primorosamente manuscrito que rezaba “Se dan clases de Historia, Geografía, Literatura, Castellano, Latín y Griego. Preguntar al fondo”. Nunca he dejado de rememorar y difundir esta historia encerrada en una imagen de aquella Argentina que pudo ser y parecía camino de ir siendo.

Ese trencito vale la pena (aunque acaso no el riesgo) para conocer cómo vive el pueblo que no tiene la suerte de saber idiomas.

En donde ahora se yerguen el Hilton y demás rascacielos era el patio de maniobras de los FFCC Mitre, San Martin y Belgrano, que usaban locomotoras eléctricas con catenaria.

En Belgrano C no había más que quintas, y la Avda. de los Incas, arteria central del “Belgrano de los ingleses” estaba bordada con chalets estilo Tudor, como los que todavía perduran barrio adentro. Quien quiera ver Londres desde el tren, que tome el Mitre y se siente a la derecha: todo el tramo entre Acassusso y San Isidro esta plagiado. Vale la pena bajar y recorrerlo. El tren de la costa permite la única vista del “skyline” porteño cuando asoma hacia atrás y la derecha camino de “Las Barrancas”, estación abandonada desde que Frondizi levanto tantos ramales y donde di mi primer beso (eso sí, sin lengua) allá por 1960 a una compañerita que volví a ver el año pasado. El Tren de la Costa permite, además verle la espalda a la zona más pudiente de la metrópoli. Vale, repito, la pena.

Si van en 60 por “el alto”, fíjense que más o menos a la altura de cada estación del paralelo FC Mitre (San Isidro, Beccar y Victoria casi seguro, Martínez tal vez ya no) están aun, disfrazadas de siglo XXI las viejas postas de diligencia.

El locutor de Radio Colonia se llamaba Ariel Delgado. Como se escuchaba mas en Baires que en el Uruguay, era la voz del exilio en la época peronista. Cuando el golpe del 55, mientras Delgado se traía las tropas de Lonardi a Buenos Aires y los cinco cruceros del Almirante Rojas (“Hormiga Negra” que le decían y gran fusilador) bombardeaban los tanques de YPF en Mar del Plata, por LRA proseguían en Córdoba las “tareas de limpieza”.

El trencito ese que sale de Puente Alsina y va bordeando el Riachuelo por el Sur es el único suburbano que nunca entra en la Capital (después de que Frondizi cerró el ramal Avellaneda-La Plata, cuya estación estilo Pocho 50’s esta aun muy oronda entre muñones de cemento y demás reliquias de autopistas jamás consumadas). Da ahí salían in illo tempore los cochemotores a las piletas de Ezeiza (¿recordáis?). Yo, como puede inferirse, soy ferrófilo empedernido y conozco toda la red metropolitana, de donde el acervo de historias que sigue. La primera vez que fui a tomar el susodicho trencito (que sale de debajo del puente) había un pizarrón donde el Jefe de la Estación cumplía en informar a los distinguidos usuarios de que
EL SERVICIO DE COCHEMOTORES

ENTRE ESTACIÓN PUENTE ALSINA Y EZEIZA

SE HALLA MOMENTÁNEAMENTE SUSPENDIDO

POR ESTARSE EFECTUANDO REPARACIONES EN LA UNIDAD


Pasando Constitución, hay una estación que se llama Buenos Aires (!). Los trenes de trocha angosta van a dar en González Catán. De esa estación salían unos vetustos cochemotores Ganz (húngaros ellos, como las grúas derrotadas frente a Puerto Madero) que unían la Capital con Formosa y Resistencia. En el Museo Ferroviario están las fotos de cuando eran nuevitos y acababan de batir el record americano de velocidad en larga distancia al cubrir el tramo Bs As - Mendoza a un promedio de 106 Km por hora (!) ... corría el año de nuestro Señor de 1937 y la Argentina parecía que iba a ser la que después no fue. Bueno, en la Estación Bs. As. había, a la entrada de la Sala de Espera para Señoras, una salivadera llena de arena sobre la que presidia un cartel esmaltado que rezaba
POR RAZONES DE SALUBRIDAD PÚBLICA

SE RUEGA NO ESCUPIR FUERA DE LA SALIVADERA.


El cartel ya no está, creo, pero estaba hace unos pocos años.

El Museo Ferroviario, sobre Libertador a la altura de Rodríguez Peña es una joyita. Yo iba a menudo. La primera vez, uno de los empleados, al verme tan entusiasmado me dijo. Venga, tiene que conocer al Director. El quídam era un Suboficial retirado del Ejército. Hombre entusiasta y tesonero. Me contaba, Acá solamente vienen los estudiantes rateros... y cuando llueve. Nadie nos conoce. ¡Es que los argentinos no entienden que la historia del ferrocarril es la historia del país! Me hizo una visita guidada personal inolvidable. Cuando salía, el empleado me dijo, ¡No sabe cuánto bien le ha hecho a ese hombre! Con todo lo que pelea por este lugarcito... ¿Sabe que no tenemos presupuesto ni para limpieza? Entre todos ponemos camisas viejas, manteles rotos o lo que sea y compramos detergente y Brasso (¡Brasso! porque la mitad de los artículos están en bronce diáfano y reluciente como ese futuro que la Argentina dejo atrás). Como decía Américo Barrios, Que barbaridad, gente, “¿no le parece?” Aunque, como gritaba Don Juan José de Sousa Reilly “¡Arriba los corazones!

El resto, está, al decir del poeta, José Ferreyra Basso “Más allá de las palabras” Ha sido “un yayo de luz con los grandes pensadores de la vida. Les hablo el Amigo Invisible.”

Bajémonos del tren y apaguemos la radio. Los ómnibus, trolebuses y tranvías de la Capital tenían chofer (bueno, los tranvías “mótorman”) y guarda de uniforme, que se pasaba con una maquinita expendedora de billetes colgada de la muñeca izquierda, los billetes de 50 centavos (yesss!) y un peso enrolladitos entre los dedos de la mano ídem y la como siringa con las monedas de cinco, diez y cincuenta centavos a la cintura. No había paradas: se paraba en cada esquina, pero había que hacer señas desde tierra o avisar desde a bordo.

Yo todavía llegue a ver los enormes taxis Buick de los años 30 con el chofer al aire libre, como en las primeras películas de Fred Astaire y Ginger Rogers (que luego denunció a medio mundo ante el tribunal McCarthy).

Y me despido con las palabras de Américo Cataruzza, primer meteorólogo del primer canal de TV: ¡Templadas noches, amigos!


Martes 29
AGUA DEL RECUERDO, VOY A NAVEGAR
... al decir del cubano Nicolás Guillén (por cierto que con Neruda se detestaban, pese a ser correligionarios acérrimos: la única mención de Nicolás que hace Neruda en su biografía, “Confieso que he vivido”, es deliciosamente elíptica: en cierto momento habla de Guillen y añade entre paréntesis; “el bueno, el español”).

Bueno, bogo: A las siete nos sacudía Carlos Ginés (viudo que quedo de la tiernísima Virginia de la Cruz) con “¡Despiértese contento!” (luego “¡Levántese cantando!”). Los programas de preguntas y respuestas que inauguro Iván Casadó los lleva Carlos D’Agostino a la TV con “Odol pregunta”. Pinocho tenía un programa donde hacía de funebrero que contaba las escabrosas peripecias de algún gomia. Al final, su adlátere le preguntaba, ¿Y su amigo? y el fulmine respondía, ¡Azul quedo! Había a eso de las siete por canal ídem una publicidad de una agencia de viajes, TRIO (Esmeralda y Tucumán, si no yerro): la Dra. Lola Pita Martínez leía unas conferencias interminables acerca del último viaje, que debió haber sido un truculentísimo plomo. Jesús Pampín, en cambio, era el simpático Maestro Barbita que sorteaba discos infantiles de 78 rpm (yo me gane “Pecos Bill” cantado por.... ¡Alberto de Mendoza!).

La Presidenta de la Rama Femenina del Partido Peronista tenía un nombre para ponerle los pelos de punta a cualquier feminista: Delia Degliuomini (de Parodi, eso sí). El Jefe de Policía era el tierno Comisario Gamboa, y Espejo secretariaba la CGT. En el ‘52 hubo enormes manifestaciones para que no mandáramos carne de cañón a Corea. Perón tuvo que echarse atrás: Yo creo que hay que ir, le dijo a la multitud, pero si Uds. no quieren, no vamos. (En 1965, el estudiante de medicina Daniel Grinbak cayó en el Monumento a los Dos Congresos asesinado por los pichones de la Guardia Restauradora Nacionalista en la multitudinaria manifestación para impedir que fuéramos cómplices de la invasión a la República Dominicana).

No más fugado Perón llevándose de acoplado al Gobernador Aloe y al nazi croata Branko Benzon (su médico personal, como lo había sido del sátrapa Ante Pávelic, que luego lo nombró embajador ante el Tercer Reich) por el túnel secreto que lo dejo casi a bordo de la cañonera Paraguaya, comenzaron las intrigas entre los vencedores. Uno de los más connotados fue el Coronel Reimúndez, capo de la Logia Dragón Verde. Tía Vicenta, que acaba de estallar en los quioscos, le tomaba el pelo (y después al Vicepresidente Gómez “Y a mí por qué me miran?”). A poco de aparecer la revista, Carlos del Peral se peleó con Landrú y fue reemplazado por Jordán de la Cazuela, libretista que fue de Tato Bores (después de Cesar Bruto y antes de Aldo Cammarotta) y que se calcinó en un avión turco que no llegó a decolar del aeropuerto de Orly. Las comedias amarillas las firmaban Abel Santa Cruz y Miguel Coronatto Paz. Al final de la década apareció el mejor programa radial de todos los argentinos tiempos, Calle Corrientes, con libreto de Roberto Gil (Guido Gorgatti era “el novio de la Lucita” que se la pasaba con Charles, también estaba Don Pepe Pérez y Pepe y Chela Ruiz y su príncipe ruso... Había un personaje viejito que decía “Cuando Don Hipólito/Marcelo, etc., era Gobierno -y ya Canaro tenía su orquesta- ...). En la Revista Dislocada (programa de Délfor) el suicidado De Grazia contaba la película con... ¡Alan Ladd! Por una radio rival, y a la misma hora, pasaban Farandulandia... ¡con los mismos libretos!

En el ring, aparte de Pérez, daban tortazos Lausse y Gatica (que acabo pegando a los presos políticos por algunos cobres y una copa en las comisarias del centro).

La UCR se dividió, Frondizi se presento con apoyo del peronismo proscrito al frente de la UCRI, mientras Balbín perdía como candidato de la UCR. También se dividieron los socialistas entre democráticos (Repetto y Ghioldi) y del Pueblo (con Palacios a la cabeza). Frondizi lanzo la cacareadísima “Batalla del petróleo” (“la batalla del petróleo la ganara el pueblo” proclamaban desde su revés los boletos de Transportes de Bs. As., la empresa de los ómnibus grises con franja azul). En eso se armo el tole tole de la enseñanza laica vs libre. El debate fue mayúsculo y termino en la concentración más grande desde el peronismo, en defensa de la Ley 1420 que proclama la educación laica, gratuita y obligatoria. Mientras la multitud se paseaba con las cintitas morada (los laicos) o verde (los libres), como en 1810, el Presidente firmaba los funestos contratos petroleros que consumaban el primer loteo del patrimonio nacional (tan prolijamente consumado por Menem). MacKay era el Ministro de Educación, el del Interior, Vitolo (punta de lanza del plan CONINTES impuesto por los milicos), Mazar Barnett se mandaba el negociado de la compra de ómnibus al Brasil. En su programa de los martes, el Ministro de Economía, Capitán Ingeniero Álvaro Alsogaray (el papá de la compañera María Julia) nos explicaba que “hay que pasar el invierno”. En el estadio de River se aglomeraban los ahorristas víctimas de la descomunal estafa de los hermanos Todres.

Por la tele, el crítico de cine Raymundo Calcagno “Calqui” tenía un perrito que ladraba según la película le hubiera gustado mucho poquito o nada. Fernando Ochoa era el patético predecesor de Landriscina. Había, además un esplendido programa cómico, algo así como “La troupe” (¡las veces que he tratado de recordar el nombre!) con Tincho Zabala, Marianito Bauza, Noemí Lasserre y Renée Monclair, que murió al poco tiempo (¿quién se acuerda de aquella magnífica actriz cómica?). Tincho Zabala, por cierto, descollaba en una de las grandes películas argentinas de todos los tiempos, con Ubaldo Martínez y Luis Tasca, “El negoción”. Tincho hacía de presidente militar argentino, acorazado de medallas de buena conducta mientras desde las paredes vigilaba su gestión la galería de próceres dibujados por Oski. El argumento iba de un país donde todo era caballo y barrer, a Ubaldo Martínez se le ocurre colgar una bolsita del culo de los equinos para que no ensucien. Quedan desempleados los barrenderos, la empresa acapara el estiércol... En la Casa Rosada, el Presidente se acerca a un embajador visiblemente inglés, precedido de una gélida pipa, y le dice, Señor Embajador, tienen la concesión de los ferrocarriles, tienen la concesión de los puertos... ¿y ahora también la de las bolsitas? El embajador se limita a exhalar una bocanada de humo. El Presidente pone cara compungida y dice. Claro, si es así, veré lo que puedo hacer.

Se estrenó (con otro nombre, claro) “Dial M for Murder” de Hitchcock, que venía tridimensional y en el cine daban anteojos bicolores para verla. Poco después, la primera película en Cinerama (Las siete maravillas del mundo, con una pareja americana que recorría Europa y una europea que recorría los EEUU... ¡en tren!). En 1958 el capote lo hizo “La vuelta al mundo en 80 días”, con David Niven, Cantinflas, Shirley McLaine, Robert Newton y todo el mundo: John Mills, Fernandel, Cedric Hardwicke, Red Skelton, Frank Sinatra, Dominguín, John Carradine, Charles Boyer, Peter Lorre, Vitor MacLaglen (otro soplón de MacCarthy) y ainda mais. La melodía de Víctor Young se oye aun de vez en cuando.

Los titulares de los tabloides (“La Hora” y “Crónica”) se afanaban con la enfermera descuartizada que iba apareciendo en cuotas. Al asesino lo agarraron tomando el tren para Mar del Plata. Decolando de Mar del Plata, por cierto, cayó un avión al mar del cual solo se salvo nadando hasta la costa el Ingeniero Servente, que fue el que insistió en que el avión saliera pese al mal tiempo.

En el ‘53 River le dio la gran paliza (3 a 1) a los ingleses con el equipo llamado “la maquina”: Carrizo, Pérez (que era dentista) y Guastavino; Mantegari, Bernini y Sola; Bernaza, Prado, Walter Gómez, Labruna y Lusteau. El arquero de boca era Mussimessi, “el guardavalla cantor”. En Independiente descollaba Grillo y en San Lorenzo Sanfilippo. Racing también tenía su estrella (que luego paso a River) Néstor Rossi (tenía un hermano también famoso). Un par de años más tarde Boca gano su primer campeonato en diez años y el barrio festejo a lo grande -me vienen a la sabiola los nombres de Pescia y Di Stefano. El turiferario de Luis Elías Sojit era el impagable Córner, un Minguito Tinguitella del fóbal radiofónico (precursores del combo Muñoz, “el locutor [más facho] de América”, y Sabatarelli). En turismo de carretera se turnaban Oscar Alfredo (“el Aguilucho”) y Juan Gálvez (que se mató) en Ford, aunque una vez ganó Marcos Ciani con Chevrolet. En fórmula uno Fangio, claro, pero también Sterling Moss, Ascari, Marimón y Froilán González.

Decía don Manrique (el poeta, no él nunca bien ponderado Ministro de Bienestar Social de Lanusse y fundador del gorilísimo Correo de la Tarde allá por el ‘56) “cómo a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor”. No creo que haya un solo argentino, en todo caso, para quien este tiempo presente no sea decididamente peor. Y termino esta nueva rapsodia despidiéndome como el inolvidable Pablo Lorenzo, “Borocotó”: “Y hasta mañana, muchachos, a la misma hora.”
ULTIMA LÁGRIMA
Miércoles 30
y después, un merecido descanso. Anoche no me pude dormir de tanto ruido que me hacían los recuerdos Me levanté y me puse a hurgar en la memoria de la computadora, en un archivo caótico donde tengo mezclados toda suerte de escritos ocasionales. Exhumo algunos que pegan con el nostálgico tenor de los emilios anteriores que aquí acaban:
MONTREAL, abril de 1988

A algunos nos corrió la pobreza que se venía y a otros la que se vino.

Otros buscaban un futuro más ancho...

un laboratorio más completo,

tocar la Kreuzer en un Stradivarius.

Hubo quien salió corrido por los disparos

y también quien fue corrido a tiros.

Hay quien voló en alas del pavor

y a quien tuvieron, en cambio, que arrastrarlo de los pelos.

Algunos buscaban simplemente respirar

y otros solo buscaban donde les fueran a pagar treinta dineros.

Otros, los menos, añorábamos no más el horizonte.

Según el último censo,

somos, a ojo de buen cubero,

como dos o tres millones.

Esta noche de abril en Montreal nos habremos juntado una veintena.

Y el que no lagrimea por fuera, solloza para adentro.

Todos, en el fondo, sollipeamos.

Porque somos eso: unos ítalo-hispano-judeo-panterrestres sentimentales,

gauchos wagnerianos, de ingenio veloz y orgullo frágil,

anclados al cabo de una larga cadena de herrumbre melancólica

en una rada perenne que, para no complicar la geografía,

llamamos simplemente

Buenos Aires.


****
Recordarás los días

de tu infancia remota y desdichada

en aquel Buenos Aires con tranvías

como una bendición desperdiciada.


****

Hay un rostro que se va, rostro querido,

y otro que se está yendo, igual de amado,

y tantos que no están, que ya se han ido,

y tantos que no han vuelto ni deseado.
Yo miro el firmamento desde el huido

planeta en el que moro avejentado.

Las estrellas fugaces que han pasado

se me hacen estrellas que he perdido.


Las broncas colisiones que he soñado

ni fueron colisión ni han sucedido;

este presente yermo me ha engañado:

me devuelve un ayer que no ha existido.


****
DANTE EN PANTUFLAS (1987)
¿A qué sabe la pipa solidaria,

a qué el solidario vino,

y esta vida un tanto estrafalaria

por que camino?


¿A qué aquel pasado que quedó en las fotos

en blanco y negro (y gris) que ya no miro,

a qué la infancia de los sueños rotos

por la que, a veces, pierdo algún suspiro?


¿A qué aquellas niñas que ya son mujeres

y las muchachas niñas no hacía tanto,

y mis amores y mis padeceres,

mi dicha poca y mi asaz quebranto?


A nada, o a poco: solo un gusto

a soledad sentida mansamente,

las ansias de un amor, la espera, el susto,

y el hastío que cunde de repente.


Una casa de sol donde fui triste,

las lenitivas manos de mi abuela,

y cierto rostro que de pronto insiste

y cierto instante que por ahí se cuela:


Hay mañanas de Harrods en el centro,

tranvías quejumbrosos, coches negros

y trenes de vapor. Hay un encuentro

con Mozart en las notas de un allegro.


Hay nostalgia de Londres y de Europa

abrevada en la Escuela San Andrés,

y hay historias de muy baja estopa

y la mitad de mí que está en inglés.


Hay Salgari y su mundo de piratas,

hay de pronto un verso de Guillén,

y la mucama erguida, a quien, a gatas,

he espiado sin falda y sin sostén.


Hay un día que sé que Buenos Aires

se ha hecho para mí y no será mía,

y mis rimas primeras y al desgaire

y este afán por partir de todavía.


Hay calles de París, puentes de Praga,

viajes en autostop y noches solo;

hay de Moscú una memoria vaga

y memorias más vivas de algún dolo.


Me marcan Pushkin, Dickens, Marechal,

Beethoven, Haydn, Schumann y el bel canto.

Me entero bien del sexo (¡menos mal!)

y acabo de filólogo entretanto.


Otra vez Buenos Aires y el deseo

de volver a partir. Conozco a una

que no quiero evocar y el desempleo.

Me caso sin querer y sin fortuna.


No sé cómo empecé y aquí concluyo

esta reseña que me asombra escrita.

(¡Tenía que escribir algún garbullo

nel mezzo del camin della mia vita!)
****
Se olvida con el tiempo lo leído,

como roen los años el recuerdo,

torpe se torna, se disipa, lerdo,

el color de lo que se ha vivido.


No hace tanto -¿o sí hace?- que han partido

momentos que en agraz todavía muerdo

cuando por sendas del ayer me pierdo,

y, sin embargo, su sabor es ido.


Discurre la existencia, no demora

la vida ni un instante. Ya la Parca

sonríe al niño cuando el tiempo empieza.
Lo ve crecer paciente desde ahora

Caronte meciéndose en su barca.

Y entre ambas nadas, media la tristeza.
*****
Aprietas un botón y ya no existe,

lo borras y es como que nunca ha estado,

ni huellas, ni vestigios has dejado

de aquello que hace nada que escribiste.


Resuelves que no es más y nunca ha sido,

decides que no está y no fue pensado,

no quieres que se quede y no ha llegado,

prefieres que se vaya y ya ha partido

.

La magia está en las teclas, no en tus manos,



pero no hay nadie más que tú que sepa

que has pulsado al azar. Son tus hermanos


los tahúres, la cábala... Escriben

tus dedos como tocan. Y es la estepa



de los versos vacíos donde viven.
sergio, que ahora tira la cadena.



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