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ÍNDICE



Nota del editor

Introducción
Capítulo I El Esoterismo y su Finalidad
Capítulo II. Algunas Indicaciones Prácticas para el

Estudio
Capítulo III. Literatura Esotérica
Capítulo IV. Las Organizaciones Espirituales
Capítulo V. Las Escuelas de Misterios
Capítulo VI. Diccionario Esotérico
Capitulo VII. Selección de Pensamientos

Nota del Editor



Este libro que la casa EDITORIAL KIER tiene el privilegio de publicar por primera vez para su fondo editorial, viene a llenar una sentida necesidad para los estudiantes que carecían de una guía orientadora en el estudio de tan compleja materia.
El autor ha puesto en su preparación la máxima diligencia exigible en un trabajo de esta naturaleza, no sólo por el tacto que ha demostrado en las valiosas indicaciones dadas, sino también por la cuidadosa selección de las obras que recomienda.
La casa EDITORIAL KIER que posee, en esta línea de libros, títulos suficientes para permitirse ofrecer el fruto de un nuevo esfuerzo, ha querido así presentar al público con esta publicación un panorama actualizado de lo mejor que se ha impreso en nuestro idioma sobre Filosofía Esotérica. Creemos que libro tan útil no puede faltar en ninguna biblioteca por modesta que sea.
El público -que es el más seguro crítico- sabrá juzgar nuestro esfuerzo.
El Editor.
INTRODUCCION
Porque la llave primera de la sabiduría es la llamada interrogación, diligente y sin fin... Por la duda marchamos hacia la investigación y por la investigación podemos percibir la verdad.

PEDRO ABELARDO
Generalmente, muchos de los que desean iniciar el estudio, se encuentran faltos dé orientación general y de guía en la elección de los textos adecuados para tal propósito. Algunos no saben con qué libro comenzar ni cómo estudiar, otros son erróneamente informados sobre diversos particulares del asunto, y el autor que ya ha pasado por esas experiencias, pues se encontró en situación similar años ha, piensa que una guía como la presente puede llenar su Cometido, aunque sea parcialmente, al orientar al lector en varios aspectos de esta compleja filosofía y en particular indicarle una selección de libros que le serán de suma utilidad para emprender un estudio metódico que pueda encaminarlo por etapas a un conocimiento más profundo sobre el tema.
El término "Ciencias Ocultas", que es sinónimo de Conocimiento Esotérico, ha llegado a ser bastante familiar para todo el mundo, pero sin embargo la mayoría lo interpreta erróneamente como un conjunto de doctrinas que abarcan sistemas contradictorios, interpretaciones confusas y una mística nebulosidad que justificadamente desalienta a la mente que ve claro y piensa con lógica.
Este libro-guía fue también concebido en un intento de clarificar tal situación y ayudar a las personas sensatas a obtener res-peto por esta sublime filosofía, ciencia y arte a la vez, promulga-dora en su correcta interpretación de lo Bueno, lo Verdadero y lo Bello, y la cual lamentablemente a medida que se hace más popular, se vuelve superficial y sensacionalista. Creemos que este asunta debe ser vertido con discernimiento y altura, pues consideramos al esoterismo esencialmente aristocrático y digno de ocupar un lugar excepcional en las corrientes del pensamiento filosófico de nuestra época, cosa que inevitablemente ocurrirá debido a los cambios de toda índole que se están produciendo y a los extraordinarios años que sin duda le tocará vivir a la humanidad en el período que se avecina.
Comprendemos perfectamente que el discurrir sobre esoterismo demanda considerable responsabilidad, ya que se debe disponer de un comprensivo conocimiento de la materia, pues aconsejar respecto a las sutiles y secretas técnicas para obtener experiencias en otros reinos puede conducir a peligrosos senderos, pero afortunadamente la mayoría de los libros existentes sobre el tema son de naturaleza informativa y muy necesarios para expandir las enseñanzas de este vasto estudio, pero aun así la mezcla de estos ingredientes requiere cierta habilidad. Por consiguiente el que algo entiende en estos asuntos se coloca en tal situación que debe por lo menos presumir conocer, como un químico, las drogas peligrosas de las inofensivas. Tiene que saber sobre lo útil y lo inútil en lo que se refiere a organizaciones espirituales, escuelas esotéricas, publicaciones y libros, para poder así sugerir al interesado las rutas mejores que puede seguir, las obras que le conviene adquirir y demás particulares, esperándose por consiguiente que su consejo no carezca de sabiduría y sobre todo de sentido común.
El autor considera que, salvo algunos intentos en otros idiomas, en el nuestro hasta la fecha no se ha publicado ninguna guía de este carácter y la presente no pretende ser, por lo tanto, nada más que un ensayo sobre un asunto tan complejo. A la misma se ha agregado un diccionario conciso de términos extranjeros y otros no usuales en nuestro idioma que se encuentran con frecuencia en la literatura esotérica moderna y para lo cual se ha recurrido a la mejor bibliografía especializada existente, habiéndose incluido también breves datos biográficos de los más importantes ocultistas y místicos antiguos y modernos; seguido de una selección de pensamientos de autorizados autores que consideramos de mucho valor para ser tomados como temas de meditación, por ser muchos de ellos inspiradas advertencias sobre la trascendencia y responsabilidad que significa emprender la realización de la Gran Obra.
Y ahora, saliéndonos un poco del tema, nos permitimos recordar al lector que nadie puede hacer un progreso efectivo en, su desarrollo espiritual, si solamente lee sin practicar nada o si salta de un sistema a otro sin parar en ninguno. El eclecticismo es muy bueno como un medio para decidirse por una ruta, pero no como un fin, pues nadie puede ser eficiente en muchas líneas de acción al mismo tiempo. No debe entonces olvidar el estudiante que ni leyendo todas las obras que se citan, ni todo lo escrito en el universo sobre Ciencias Ocultas, podrá obtener el debido progreso si no va acompañado del perenne esfuerzo que implica una disciplina eficiente y una práctica constante en las más altas virtudes al servicio de la humanidad.

Tal vez el único mérito de este libro radique en la reunión de informaciones dispersas, pero no obstante, son los sinceros deseos del autor, que esta GUIA PARA EL ESTUDIO sea con sus sugerencias e indicaciones una pequeña luz que pueda alumbrar, a aquellos que se inician en estos estudios, el principio del sendero tan arduo, pero tan grandioso y sublime, que conduce al conocimiento y liberación de sí mismo.


EL AUTOR.
Buenos Aires, 18 de Julio de 1953.
CAPITULO I

EL ESOTERISMO Y SU FINALIDAD
Mayor soy y para mayores cosas he nacido que para ser esclavo de mi carne.

Séneca
El esoterismo, que es la denominación más moderna de las llamadas ciencias ocultas de la antigüedad, abarca una gama de conocimientos tan grandiosa y sublime que por su enorme complejidad no puede ser definida con exactitud. Sólo cabría decir que es la síntesis de la Divina Sabiduría, la Verdad, la eterna realidad de las cosas.
El origen de esta Divina Sabiduría o Teosofía, como también se la designa, se pierde en la oscuridad de los tiempos y sin duda esta oculta tradición es la más antigua, profunda y completa revelación de los divinos misterios que haya sido dada al mundo por jerarquías pertenecientes a otras esferas. Es por ello que en cada generación unos cuantos sinceros e iluminados pensadores, comprendiendo la trascendental significación de esta doctrina han investigado y restaurado la Sabiduría Arcana para el provecho y redención de la humanidad. Basta recordar en este sentido a algunos de los más ilustres nombres de nuestro mundo occidental: Pitágoras, Roger Bacon, Paracelso, J. Boheme, R. Lulio, St. Germain, Blavatsky, etc. y otros muchos iniciados quienes dedicaron su vida y sus esfuerzos a descorrer el velo de los misterios que la naturaleza tan celosamente oculta.
No nos extrañe entonces que la humanidad que busca ansiosamente una respuesta a la incógnita de los siglos como también una solución a los múltiples problemas de la vida, se vuelque cada día en mayor proporción hacia el estudio de estas enseñanzas que en su portentosa magnitud involucran todos los conocimientos y sabiduría que se encuentran en el cosmos.
Y cabría concretar ahora, qué es lo que esta Antigua Sabiduría o Conocimiento Esotérico puede brindarnos para resolver nuestras dudas y problemas.
En primer lugar y desde el punto de vista externo el Conocimiento Esotérico puede satisfacer el anhelo que tiene la humanidad por una doctrina que satisfaga tanto a la mente como al corazón, que sea bálsamo para las heridas de incomprensión del hombre y que eche abajo las barreras de razas y religiones temporarias, ya que en el fondo todos somos hijos del mismo padre y partimos del mismo origen, y las creencias como los ríos, van siempre a parar a la mar que es la Verdad Una. Para ello, en su amplia heterogeneidad, el Conocimiento Esotérico ofrece un conjunto de enseñanzas de profundad verdad y sensatez para el que se disponga a desarrollar sus posibilidades latentes que, por su incalculable trascendencia, se pierden en el infinito.
No hay duda entonces de que el hombre moderno puede hallar en estos conocimientos una visión maravillosa del esquema divino, cuya magnificencia producirá en él una devoción hacia Dios no sentida antes, junto con una comprensión intelectual y una respuesta a los variados problemas de la vida, quedando en esta forma su mente satisfecha al saber cuál es el objeto y la finalidad del universo y de su existencia, preguntas todas que no contestan satisfactoriamente ni los cultos ortodoxos, ni la ciencia o la filosofía académica. Todo esto le permitirá ordenar su existencia y ajustarla al plan divino, lo cual debe ser su primordial tarea, haciéndolo en una forma comprensiva de tolerancia y mutuo respeto con todos los seres que le rodean.
Pero el conocimiento esotérico, bajo la faz interna, tiene todavía objetivos más trascendentales que los mencionados hasta aquí, así es como trata de desarrollar hombres y mujeres mejores que con un elevado desarrollo de conciencia sean el nexo de unión entre esa Sabiduría Divina y el resto de nuestros hermanos cuyas limitaciones evolutivas no les permiten todavía vislumbrar la luz en la oscuridad que los circunda.
La Sabiduría Antigua no dispone para este trabajo de fórmulas patentadas, ni de atajos iniciáticos y lo único que ofrece a los estudiantes que están decididos a dar sus primeros pasos en la realización de la Gran Obra, es el conocimiento esotérico del esquema divino de que ya hablamos, y la oportunidad de mejorarse ellos mismos por medio de un consistente programa de esfuerzos inteligentemente dirigidos, para que puedan recibir después de acuerdo a sus merecimientos la ayuda que necesiten para mayor superación.
Por consiguiente no nos equivoquemos entonces al estudiar estas sagradas enseñanzas, pensando que nos harán muy pronto superiores a los: demás o que coadyuvarán a aumentar nuestro prestigio o riqueza personal. Debemos tener bien presente que la Sabiduría Divina no está interesada en mejorar la condición material del individuo desde el punto de vista de rodearlo con la opulencia. Su finalidad no es hacer a los hombres ricos en posesiones externas, sino en conciencia o realizaciones internas.
Debe no obstante comprenderse e interpretarse lo antes dicho, pues el individuo puede lograr mejorar sus condiciones materiales con el estudio, pero siempre que entendamos por esta mejora las ventajas que nos otorga un vivir sano y correcto, para poder gozar así de esa relativa felicidad humana que nos cabe en suerte de acuerdo a nuestro Karma como habitantes de este plano, pero siempre sin la desmedida ambición nunca satisfecha que conduce sólo a anular las mejores posibilidades espirituales del hombre y a preocupaciones materiales sin cuento.
Por esto desde un principio debemos perfectamente entender que hasta que el egoísmo, fuente de todos los males, no se desarraigue de nuestras almas, no podremos esperar ganar ningún conocimiento de positivo valor que sea beneficioso para nuestra perfección y para nuestros semejantes. La Sabiduría Arcana demandaba muchos años de purificación y preparación antes de que sus adeptos estuvieran capacitados para instruir aún en las cosas más primarias.

Por consiguiente, todos los que intentemos emprender el estudio de las verdades sagradas contenidas en el Conocimiento Esotérico, deberíamos proponernos, una vez que hemos considerado con conciencia nuestro sincero interés en estos estudios, un plan de vida y disciplina dentro de nuestras posibilidades que pueda capacitarnos, si somos constantes y con la madurez del tiempo, para transmitir un mensaje de luz y verdad a nuestros semejantes. Dicho en otra forma, si nuestro propósito está bien encaminado, debería ser desde su comienzo una ofrenda de servicio a la humanidad. Y manifestamos esto, porque en toda alma existe el interno anhelo de expresión, y lo que es tan característico en el caso del artista, se acrecienta como un imperativo categórico en el ocultismo o místico a medida que avanza en el sendero del logro, al comprender que la única manera de obtener es dando, y que cuando se esfuerza en transmitir al mundo lo que él ha ganado, es cuando recibe más.


Nuestras almas, que han estado entorpecidas durante siglos, aspiran con vehemencia vislumbrar la posibilidad de servir a Dios y cuando ello ocurre se nos presenta un problema serio a los estudiantes, que es el de pretender llegar de inmediato a la meta sin tener en cuenta las etapas sucesivas que es imprescindible superar. Entonces en lugar del lento y gradual camino que debe recorrerse con inteligente prudencia, atrevidamente buscamos escalar las alturas para alcanzar la cima por rutas más cortas, olvidando en nuestra ceguedad que los caminos están llenos de los despojos de aquellos que han fracasado por no haber tomado el recto sendero.
Nuestra meta no debe ser entonces la gloria del momento, ya que el poder que buscamos es de acumulación lenta y progresiva, y aunque el ansia de conocimiento es una de las más loables de las emociones humanas, la mayoría de las veces este deseo no llega a concretarse debido a nuestra precipitación, falsa orientación y equivocados entusiasmos, y al no saber discernir -primer paso hacia el conocimiento lo importante de lo que no lo es, lo útil de lo inútil, lo superfluo de lo imprescindible.
Debe hacerse entonces conciencia en todos los que aspiramos al Conocimiento Esotérico genuino, proyección de la Divina Sabiduría o Ciencia Arcana, que la consecución de este logro como humanos, es lo máximo a que podemos aspirar en nuestras vidas, como también tenemos que reconocer que su realización es grandiosa y sublime, y que aunque el camino es arduo el galardón es inconmensurable.
Esperanzados en que con este breve bosquejo hayamos logrado dar una idea, aunque unilateral e imperfecta, de lo que significa y de la finalidad que persigue el Conocimiento Esotérico, daremos en el próximo capítulo algunas indicaciones, que nos ha sugerido la práctica, sobre el arte de estudiarlo.
CAPITULO II

ALGUNAS INDICACIONES PRACTICAS PARA EL ESTUDIO DE LA FILOSOFÍA ESOTÉRICA
Un hombre no llega a comprender ninguna cosa, a menos que la ame.

Goethe
Existe un concepto erróneo muy generalizado de que el estudio consiste en memorizar lo que se lee, cuando en realidad es un ejercicio del entendimiento para comprender y saber alguna ciencia, arte o filosofía, y es bien sabido que el trabajo de la inteligencia es el más noble y elevado que puede realizar el hombre.

En general se conocen y se practican reglas para todo menos para el estudio, y "es fácil llegar al convencimiento de que el arte de estudiar es una disciplina que no se enseña en las escuelas ni en las universidades. Requiere pues la misma un sistema de trabajo orgánico y metódico que nos facilite la adquisición de los conocimientos que anhelamos y nos permita salvar con éxito los problemas comunes y diversos que aparecen a cada paso.


Más que nada esto debería aplicarse al estudio de la filosofía esotérica, materia ésta que, menos divulgada que las ciencias o las artes, presenta continuamente asuntos abstractos y de difícil comprensión que ponen a prueba la perseverancia del estudiante. De ahí pues la importancia que tendría para esos estudiantes poder contar con un conjunto de indicaciones definidas que les facilitara la tarea a la par que les permitiera con el tiempo crearse un sistema propio de estudio, ya que cada ser humano tiene una idiosincrasia propia para encarar las cosas.
No pretendemos aquí ni remotamente dictar tales normas. Eso estaría por encima de nuestras fuerzas. Únicamente hemos considerado oportuno dar algunas indicaciones de carácter práctico, dictadas siempre por la propia experiencia, que creemos permitirán al que desea aprender esta materia desenvolverse con mayor soltura. Lo esencial en este asunto del estudio es como en muchas cosas de la vida perseguir con constancia perenne la meta propuesta, hacer las cosas y no contentarse con pensarlas y proporcionar el tiempo y los medios al fin que se desea alcanzar.
CONDICIONES, FACULTADES Y ACTITUDES FAVORABLES PARA EL ESTUDIO
Condiciones físicas

Como es natural, las condiciones físicas favorables para el estudio deben ser las de un cuerpo sano. Mente sana y tranquilidad espiritual en un físico saludable son fundamentales, ya que la función normal del cerebro desarrolla toda su eficiencia cuando el cuerpo se halla fisiológicamente en óptimas condiciones. No queremos decir con esto que aquellos que tienen la desgracia de no tener buena salud no puedan dedicarse al estudio. Son muchos los hombres que han brillado en todas las ramas del saber y lucharon con tremendas dolencias o imposibilidades físicas. Claro está que la voluntad que se necesita en estos casos es mucho mayor y que el esfuerzo es doblemente meritorio.


No es oportuno hablar aquí de los sistemas que tienen como objetivo lograr un cuerpo sano, pero no podemos dejar de mencionar tres factores que son fundamentales para la salud: la higiene, la dieta y el descanso. La primera tiende a llevar el físico a condiciones ideales, la dieta o régimen alimenticio lo mantiene y el descanso le recupera las energías perdidas.
Momento y lugar para el estudio

Dos factores que tienen cierta importancia, a pesar de que generalmente no se los tiene muy en cuenta, son los del hábito de la hora y el lugar. La repetición de nuestras acciones las hace más fáciles al crearse hábitos, consecuentemente debemos tratar de obtener el mejor partido posible de esta peculiaridad. El hábito de la hora debemos fomentarlo distribuyendo la labor diaria en tal forma que la del estudio coincida diariamente en todo lo posible, con preferencia cuando haya menores posibilidades de interrupciones y el cerebro esté más despejado. Como la costumbre es un eficaz colaborador nuestro, observaremos que cuando llegue la hora de estudiar nos sentiremos impelidos a hacerlo sin tener que desarrollar mayores esfuerzos.


Con respecto al hábito del lugar, sería conveniente se estudiara siempre en el mismo sitio, ya que esto contribuye a que sea más fácil concentrarse. Claro está que si se dispone de muy poco tiempo, siempre puede intentarse estudiar en cualquier lugar, aún mismo en el vehículo que empleamos para concurrir a nuestras ocupaciones cotidianas. Todo reside en llegar a saber hacer abstracción total de los ruidos y del movimiento que nos rodee.
Creemos que los que no están acostumbrados a estudiar con regularidad deberían comenzar sus estudios, dedicándoles poco tiempo, tal vez no más de media hora diaria, lapso este que podrá aumentarse paulatinamente.

Aquellos estudiantes que no tengan buena disposición para estudiar a solas y no encuentran atractivos en pasar largas veladas con libros filosóficos, podrían reunirse en pequeños grupos de 3 ó 4 personas, interesadas en el mismo tema para estudiar y comentar un mismo libro como texto. Esto a veces produce buenos resultados y permite en un período razonable realizar muchos progresos, pero cuando esta práctica se quiere llevar a grupos más grandes, generalmente fracasa.


Algunas facultades y actitudes que exige el estudio

El estudio exige cierta capacidad mínima intelectual que, como el poder físico del hombre, puede desarrollarse adecuadamente con el ejercicio metódico y ordenado. Además existen ciertas facultades y actitudes de ánimo que influyen enormemente en este desarrollo. Trataremos a continuación de analizar algunas de ellas.



Interés. En nuestro caso es la inclinación que nos lleva a desear la obtención de algún objeto o conocimiento; de realizarlo con gusto y afición y sobre todo con cariño, como bien dice el inmortal Goethe en la sentencia que abre este capítulo. Sin interés no hay preocupación, si no ponemos amor en el estudio no llegaremos a comprender ninguna cosa.
Fuerza de voluntad. Es ésta la facultad básica e indispensable que exige cualquier trabajo y con cuya ayuda llevamos adelante nuestros esfuerzos para que los corone el éxito. La voluntad nace en buena parte del hábito y para nuestra finalidad debemos fomentarla continuamente reflexionando sobre la labor de trascendencia que vamos a emprender.
Atención y concentración. La atención es el enfoque de la mente en una determinada tarea y la concentración consiste en no desviar ese enfoque del trabajo que queremos realizar. Son éstas dos condiciones esenciales para el estudiante. Aquellos que estudian sin concentración llenan sus cerebros de ideas indefinidas e inconexas, cosa ésta que no es precisamente la más aconsejable para el estudiante que aborda los profundos y variados temas de la filosofía esotérica.
Memoria. No hay duda de que la memoria influye en forma considerable en el fruto del estudio, ya que es la facultad de recordar los conocimientos adquiridos. La memoria es susceptible de cultivo o mejora por medio de sistemas diversos, como el de asociación de ideas, pero la extensión de esta obra no nos permite extendernos sobre el particular y además debemos tener en cuenta que para el propósito de nuestro estudio no es necesario aprender nada de memoria. Si prestamos un poco de atención a la lectura, conservaremos fácilmente en nuestro cerebro las ideas principales, ya que se trata sólo de recordar los fundamentos de lo estudiado, lo cual quedará sin mayor esfuerzo grabado en la mente con sucesivas lecturas analíticas, tal como explicaremos más adelante.
Mente decidida y confiada. La mente con ayuda de la voluntad puede asumir ciertas actitudes que debemos cultivar y que nos predispondrán para conseguir el provecho máximo en nuestra labor diaria. Por mente decidida y confiada debemos entender esa actitud mental que al iniciar el estudio nos hace pensar y formularnos el propósito de que estamos decididos a no desanimarnos ante los pasajes difíciles a la par que confiar en nuestra capacidad intelectual para salir airosos de la prueba.
La ventaja de cultivar estas actitudes las comprobaremos a medida que se adelanta en el estudio, ya que todo requiere un proceso de asimilación o sedimentación y lo que nos parece oscuro e ininteligible un día se aclara al siguiente. Por eso nuestra decisión y confianza serán el mejor abono mental que podamos emplear para recibir nuestra recompensa en frutos de comprensión y claridad mental.
Mente imparcial e investigadora. Estas otras dos cualidades mentales son de gran importancia. La imparcialidad significa estar siempre dispuesto a considerar con criterio no sectario los temas de estudio, o sea que ni las ideas preconcebidas ni los prejuicios deben ser obstáculo para hacer justicia y reconocer a la verdad donde la hallemos. En otras palabras, muchos buscamos en nuestras lecturas nada más que lo que está de acuerdo con nuestras convicciones y ni siquiera somos capaces de suspender juicio hasta que ulteriores comprobaciones modifiquen nuestra opinión. Este proceder no es práctico ni beneficioso para el que confronta hechos e ideas a veces completamente distintas, a las que sustenta. La mejor actitud, entonces, es la de la imparcialidad que por encima de opiniones propias trata de descubrir siempre la verdad subyacente en la materia que estudia.
Mente investigadora es aquélla que al análisis imparcial antes descrito, une la disposición de confrontar hechos nuevos o similares fuera de nuestro campo de estudio, ahondando el tema al máximo. Y este análisis comprensivo de ideas y opiniones de otros autores, nos permite muchas veces encontrar puntos de acercamiento que creíamos alejados y nos proporciona agradables sorpresas al notar que a pesar de los distintos ángulos de visión, la Verdad es solamente una e inmutable.
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