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MÉxico y la hegemonía mundial norteamericana


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"MÉXICO Y LA HEGEMONÍA MUNDIAL NORTEAMERICANA”

La hegemonía mundial norteamericana se ha ido construyendo a través del tiempo, pero consultando la historia de nuestro país, será posible entenderla en toda su magnitud y en toda su complejidad, pues el nuestro ha sufrido ya por más de 180 años la agresión constante de los Estados Unidos al grado de no solamente arrebatarnos más de la mitad de nuestro territorio, sino interviniendo directamente en nuestros asuntos: imponiendo sus puntos de vista, sometiéndonos, explotando nuestros recursos naturales, abriendo nuestras fronteras para deshacerse de los excedentes de sus mercaderías, imponiendo funcionarios y hasta presidentes, dirigiendo nuestra política y nuestra economía o firmando tratados ominosos, ya sea a través de la fuerza militar, el chantaje o la corrupción desembozada.

La política de expansionismo, intervencionismo y sujeción llevada a cabo por los Estados Unidos en nuestra contra, en franca alianza con grupos de nacionales, se inicia desde el momento mismo de obtenida nuestra independencia de España.

Así tenemos que aún antes del 27 de septiembre de 1821, en nuestro país funcionaban dos sectas masónicas de tendencias extranjerizantes: la del Rito escocés, patrocinada por el agente diplomático de Inglaterra, Henry George Ward, y la del Rito yorkino, impulsada por Joel Roberts Poinsset, Embajador Plenipotenciario de los Estados Unidos en México, llamado el “predecesor de la CIA”, quien tenía en la mira entre otras, la de que México suscribieran un tratado de límites que incluyera a Texas dentro del mapa de Estados Unidos.

Ponsett “tan penumbroso personaje” no traía otra misión “que dividir fratricidamente al pueblo Mexicano...y preparar la escisión de Texas del territorio de Coahuila”1 “Es evidente que la verdadera misión encomendada a Poinsett, para erradicar de México las instituciones monárquicas se la dió oralmente James Monroe...Poinsett había abandonado su curul en el congreso de Estados Unidos desde agosto desde 1822 hasta enero de 1823, .Pero de esos cinco meses, sólo permaneció en nuestro país dos meses y días, tiempo suficiente para apoyar la caída de Iturbide y ayudar a fundar la República con la complicidad de Antonio López de Santa Ana”2

El discurso de Poinsset al ocupar nuevamente su curul como diputado por Charleston, EUA, el 8 de marzo de 1822, “muestra con claridad hasta qué punto monroísmo y poinsettismo eran dos formas de decir la misma cosa: expansión imperial de Estados Unidos para ensanchar su territorio y preservar a los países de orígen hispánicos de cualquier intervención monárquica europea, todo ello revestido de un lenguaje republicanizante y cuaqueroide”3. “A Poinsett no le interesaba sino el triunfo de los republicanos, cuyos intereses concretos nacionales e ideario anticolonialista coincidian, lamentablemente, con los intereses expansionistas norteamericanos”4 Y no es casual que la Constitución promulgada en 1824 sea de corte estadounidense, misma en la que se establece el presidencialismo y el sistema bicameral, a imagen y semejanza del vecino del norte, en la cual ni rastros quedaron de la Constitución promulgada por Morelos en Apatzingan el año de 1814.

James Monroe (el padre de la monstruosa doctrina que lleva su nombre) ya como Presidente de los Estados Unidos, nombra a Joel R. Poinsett como su Ministro Plenipotenciario en México y su regreso coincidió con la progresiva influencia de la Gran Logia Yorkina alentada por él y fundada en la propia legación yanqui el 29 de septiembre de 1825, a la cual “se la veía como encendidamente pronorteamericana”5.

Poinsett nunca dejó de intervenir en los asuntos de la recién fundada República. Conspiraba abiertamente en contra del gobierno de Victoria y lograba afiliar a su partido a personajes reputados hasta entonces como patriotas. Incluso hombres como Lorenzo de Zavala6 se constituyeron en sus admiradores. Poinsett consideró triunfos suyos tanto el inconcebible nombramiento acordado por el Presidente Victoria del ciudadano norteamericano David Porter como comandante en jefe de la Armada Mexicana, tanto como la frustrada presidencia a favor de Manuel Gómez Pedraza, electo para sustituir a Guadalupe Victoria, obligándolo a entregársela a Vicente Guerrero.

La injerencia descarnada del embajador poco a poco fue formando una opinión pública que reclamaba su expulsión del país, en donde las legislaturas de Veracruz y Puebla resolvieron solicitársela directamente al Ejecutivo. De esto da fe el folleto que bajo el título “Terribles cargos contra el Ministro Poinsett” declara que “El establecimiento del rito de York no tuvo entre nosotros otro objeto que el de destruir el rito de Escocia, cuyos miembros se suponía dirigían los negocios públicos...Se confirma con el renombre de eminentes patriotas que tomaron para sí los iniciados en el rito de York...Su institución, organización e incremento no tenía más objeto que la dirección de la causa pública, ni podía ocuparse de discusiones políticas, que debían refluir inmediatamente en los intereses nacionales... Su conducta ha sido criminal y ofensiva al derecho de gente y al decoro de los Mexicanos”7

Costelau no deja de reconocer en qué consistió la labor de Poinsett “en términos generales favoreció las aspiraciones iniciales de la sociedad en tanto en cuanto se trataba de defender la federación contra la influencia centralista (para los escoceses) si no su creador...fue su mentor y guía político, y casi el único responsable de la larga y dura campaña contra ellos”8

El Presidente Jacksson extendió órdenes precisas a Pionsett en que se le imponía el deseo para que “sin dilación ninguna abra negociaciones con el Gobierno Mexicano para la compra de una extensión de la provincia de Texas”9

Vicente Guerrero, en quién “las masas solían ver un amigo cercano de Poinsett, como en efecto lo era”, paradójicamente fue el encargado de darle el pasaporte a su país a tan siniestro personaje en el año de 1830, quien como reflejo íntegro de su actividad, escribió a William Johnson el 22 de febrero de 1829 “No obstante, he tenido aquí un éxito sorprendente y al abandonar este país dejaré un poderoso partido favorable a Estados Unidos y un sentimiento pronorteamericano”10.

La política expansionista de los EU, continuada aún sin Poinsett, los llevó a que en el año de 1836 un grupo de mercenarios norteamericanos dirigidos por el ex Gobernador de Tennessee, Samuel Houston, y acompañados por la traición de Lorenzo de Zavala, declaran la independencia de Texas, que lleva a decir a William E. Channing “Texas es un país conquistado por nuestros ciudadanos; y su agregación a nuestra Unión será el principio de una serie de conquistas, que sólo hallará término en el istmo de Darén, a menos que la enfrente y rechace una providencia justa y bondadosa. En adelante (1836) deberemos abstenernos de gritar al mundo ¡paz!, ¡paz! Nuestra águila aumentará, no saciará su apetito en su primera víctima, y olfateará una presa más tentadora, sangre más atractiva, en cada nueva región que se extienda al sur de nuestra frontera. Agregar a Texas es declarar a México guerra perpetua. Esta palabra, México, asociada en los ánimos con riqueza infinita, ha despertado ya la rapacidad de la raza anglosajona que está destinada a regir ese magnífico reino, y que la ruda forma social establecida allí por España, debe ceder y disiparse ante una civilización más perfecta. Aún sin esa revelación de planes de subyugación y rapiña, el resultado no sería menos evidente en cuanto puede ser determinado por nuestra voluntad. Texas es el primer paso hacia México…paso - escribiendo a Clay - a otra consideración, gravísima, y es que ese acto hará entrar a nuestro país en una carrera de usurpación, guerra y crimen, haciéndole merecer y recibir al cabo el castigo debido a una repetición agravante de injusticias. La usurpación de Texas no se quedará aislada. Oscurecerá nuestra historia futura, y una necesidad férrea la eslabonará con larga sucesión de actos de rapiña y sangre”11

Para comprender el problema tezano es necesario desterrar el mito de los “intereses de los colonos texanos”, pues en la cuestión de Texas no había más interés que el hegemónico norteamericano, “La acción dramática y política de los colonos fue insignificante y el colaborador de las miras ambiciosas de los esclavistas americanos fue en primer lugar nuestro infeliz gobierno”, sentencia Don Francisco Bulnes. “El empeño de adquirir Tejas fue de la mayoría del partido demócrata sudista apegado con delirio a la institución de la esclavitud”12.

Francisco Bulnes se cuestiona con respecto a un personaje clave en la separación de Texas: Samuel M. Huoston, cuyos móviles comenta , y que presumiblemente han sido dejados del lado por la historiografía de la guerra: “¿Quién era en 1830 este personaje que en 1836 vemos figurar como general en jefe del ejército insurrecto tejano y después como presidente de la república de Tejas? Samuel Houston había sido gobernador de Tennessee, representante por el mismo estado al Congreso de la Unión y se jactaba por escrito y de palabra, en público y en privado, de contar con toda la confianza del presidente Jackson, por haber tomado parte y muy activa en la campaña electoral a favor de la presidencia del general Jackson” por lo que naturalmente se le imaginaba para un puesto “muy elevado y lucrativo...Era sorprendente que un hombre de esa categoría y con tan risueño porvenir, dejase el gran teatro de la política norteamericana para tomar residencia en Tejas sin ser colono, ni tener afición a la agricultura, ni negocio visible que lo obligara a fijarse en una pequeña aldea” la verdad, nos dice, “Se había dirigido al territorio tejano para revolucionar a favor de su independencia con el objeto de anexarlo después a los Estados Unidos” la Gaceta de Arkansas terminaba el artículo con estas palabras: “podemos esperar pronto saber que ha levantado el estandarte de su misión”13.

Para nuestro autor estaba más que demostrado que la adquisición de Tejas era para los esclavistas de los Estados Unidos “más que una simple ambición de territorio que no necesitaban, pues - de acuerdo con esto - poseían un superficie propia para el cultivo de algodón quince veces mayor que la que tenían en explotación en 1830, Tejas era en concepto de los del sur la salvación de la esclavitud y en consecuencia la de su poder...que según Calhoun podía dividirse hasta en nueve estados y dar dieciocho votos senatoriales con lo que había para asegurar la esclavitud muy largo tiempo”.

La Guerra de Texas sobrevino en mayores desventuras para el pueblo y el ejército mexicano, pues en la batalla de San Jacinto queda palmariamente demostrada no sólo la impericia de la oficialidad mexicana representada por Santa Anna, en donde lo menos que se le acusa era de falta de previsión por traer a la tropa agotada, por no mantener un vigía y aún cuando hubiera habido sorpresa, por falta de vigilancia, aún así “la derrota no hubiera alcanzado las terribles proporciones de una catástrofe completa, sin la posición escogida por el general Santa Anna y definida para él como ventajosa, teniendo una laguna fangosa a la retaguardia”14, pues de haber dispuesto una posición distinta, las posibilidades de volver a reorganizar sus fuerzas pasada la batalla hubieran sido mayores.15

Y a diferencia de otros autores, Bulnes no vacila al calificar la conducta de Santa Anna, no sólo “por la depredación, por la falta de virilidad”, sino por los crasos errores militares “Este rasgo criminal ante la Ordenanza de Santa Anna, - que Filisola no moviera a su ejército de donde se encontraba, estando en peligro la vida del dictador - lo ponía bajo una sentencia de degradación militar y muerte, abrumándolo el desprecio de toda la humanidad. Pues bien, el gobierno mejicano (sic), tal vez para moralizar a nuestro ejército y enseñarle el código de honor, discurrió decretar a Santa Anna honores de héroe, precisamente cuando se mostraba traidor, cobarde y despreciable como el más inmundo de los hombres”16.

Después de la derrota de San Jacinto, el expansionismo norteamericano obtuvo sus primeros frutos, pero la ambición del Tio Sam no paraba con la anexión de Texas, como no va a parar con la conquista de Afganistán, pues en ese momento los estadounidenses aspiraban a quedarse con los estados de Nuevo México y la Alta California.

La declaración de guerra contra México ocurrió en 1846, momento en que también se escucharon voces dentro de los mismos Estados Unidos que abominaban de la política de su país, tal es el caso del senador por New Hampshire, John Parker Hale quién declaró “Desde su principio hasta su fín, en lugar de aumentar nuestra gloria nacional la ha disminuido; en lugar de investir de fama legítima nuestro carácter nacional, ha tornado el nombre de Estados Unidos en una vergüenza y en un reproche formulado por los amigos de los principios libres dondequiera que se conozca la historia de nuestras acciones en contra de México”17

En la guerra del ’47 volvió a surgir la improvisación de la oficialidad en el ejército mexicano, así como la impericia, la falta de carácter, la franca cobardía (como ocurrió en la batalla de Monterrey), pero sobre todo, la traición desembozada por parte de Santa Anna en las memorables batallas de la Angostura y Cerro Gordo, no obstante las pruebas de valentía y pundonor mostrados por la tropa y por la misma ciudadanía abandonada por quienes decían ser sus defensores (Padierna, Churubusco, Molino del Rey, Chapultepec y el centro de la capital son claros ejemplos de ello).

Una vez que fuimos despojados de más de la mitad de nuestro territorio mediante los tratados de Guadalupe Hidalgo, los Estados Unidos no cesaron de inmiscuirse en nuestros asuntos, pues aprovechándose de las disenciones internas, ahora durante la Guerra de Tres Años, también conocida como la de Reforma, se acercaron a los dos grupos en pugna de liberales y conservadores, para ofrecerles ayuda y el reconocimiento a cambio de concesiones, demostrando que la ambición norteamericana no parece tener fin.

Tal es lo que que ocurrió el 6 de marzo de 1959, ante el ataque de Miguel Miramón por tierra sobre Veracruz, donde se encontraban Juárez y sus ministros, el general mexicano Tomás Marín se presentó frente al puerto por órdenes de Miramón, a fin de atacar con dos pequeños buques, y fue entonces el marino norteamericano Turner, mandando la corbeta de guerra “Saratoga”, norteamericana también, “atacó la escuadrilla de Marín, se apoderó de ella y salvó a Juárez”18

Sobre este incidente, llamado de “Antón Lizardo” en donde Juárez, sitiado por Miramón, solicitó el auxilio de la armada norteamericana para aprehender a los barcos del segundo, Bulnes comenta: “Al pedir la ayuda de la armada norteamericana, Juárez deshonró a su gobierno y su nombre ante la historia”19

Se dice que “Ya desde los tiempos de la Guerra de Reforma, D. Benito Juárez contó con la simpatía de los norteamericanos. Esto que era una verdad en público, encontró cabida en la correspondencia personal...el 1° de marzo de 1858 el Sr. Miguel López...escribió al Sr. Juárez felicitándolo por la ‘adhesión de los Estados Unidos a su persona’, según vemos a páginas 115 del libro del Dr. Fernando Ocaranza “Juárez y sus amigos”...’Ya el Ministro americano Mr. Forsyth había propuesto en marzo del año pasado, una nueva demarcación de límites y había intentado seducir el patriotismo del Gobierno (Conservador), indicándole en la nota que pasó al Ministerio, que debía aprovechar la ocasión que se le presentaba para hacerse de algunos millones de pesos en un lance comprometido; es decir, en la lucha que sostenía contra las fuerzas constitucionalistas”20

“Efectivamente, viendo los norteamericanos que les fallaban los propósitos que perseguían cerca de Miramón, desconocieron al Gobierno de éste y reconocieron al de D. Benito Juárez el 6 de abril de 1859. El Ministro que comunicó la nueva al Gobierno liberal fue Mr. Mac Lane, el cual dijo al Sr. Juárez ‘Confío en que la administración de V. E. En los asuntos públicos de su patria, sea distinguida por la perfección y consolidación de aquellos principios de libertad constitucional que forman los elementos fundamentales de la verdadera libertad...El patriotismo ilustrado y el vivo anhelo de V. E., por dichos principios, son altamente reconocidos por el pueblo como por el Gobierno de los Estados Unidos’ (50) ¡Que enorme hipocresía: dirigirse en esos términos al bando liberal, cuando uno o dos meses antes había procurado negociar con el bando conservador – Desde luego principiaron los Estados Unidos a impartir amplia protección al Gobierno del señor Juárez, y entre otros hechos en que ésta se manifestó podemos citar la actitud de la corbeta americana Saratoga en Veracruz durante el primer tercio del año de 59...Correspondió D. Benito a esta buena voluntad de los americanos, autorizando el 1° de diciembre de 59 el tratado Mc Lane – Ocampo...Mr. M. X. Mc Lane, Ministro Plenipotenciario de los Estados Unidos en México”21

El 14 de diciembre de 1859 el gobierno juarista firmó con el representante del gobierno norteamericano uno de los convenios que mayor repulsa han provocado entre los mexicanos, en donde se comprometía la soberanía territorial, comercial y política de la nación tan sólo para obtener el reconocimiento y el apoyo norteamericano en la guerra civil entre liberales y conservadores, recordándonos la sentencia de Poinsett al partir de nuestro país en 1830 “...he tenido aquí un éxito sorprendente y al abandonar este país dejaré un poderoso partido favorable a Estados Unidos y un sentimiento pronorteamericano”. El convenio lleva el nombre de “Tratado de Tránsito y Comercio entre los Estados Unidos y México” y fue suscrito por Robert Mac Lane, Ministro de los Estados Unidos en México y Melchor Ocampo, Ministro de Relaciones Exteriores de México.

Por dentro y por fuera el tratado constituye una agresión a los principios mínimos de la convivencia entre las naciones22, ya que el gobierno mexicano se comprometía a ceder todo a cambio de nada, pues por ejemplo en el Articulo 1º se acuerda que por vía de ampliación del Articulo 8º del tratado del 1º de diciembre 1853, cede la República Mexicana a los Estados Unidos...en perpetuidad, el derecho de tránsito por el istmo de Tehuantepec. En el Art.4º se establece que en el caso excepcional de peligro inprevisto o inminente para la vida o las propiedades de los ciudadanos de los Estados Unidos, quedan autorizadas las fuerzas de dichas repúblicas para obrar en protección de aquéllos, sin haber obtenido previo consentimiento, y se retirarán dichas fuerzas cuando cese la necesidad de emplearlas.

En el Art 6º la república de México concede a los Estados Unidos el simple tránsito de sus tropas, abastos militares y pertrechos de guerra por el istmo de Tehuantepec, y por el tránsito o ruta de comunicación a que se alude en este convenio desde la ciudad de Guaymas, en el golfo de California hasta el rancho de Nogales. En el Artículo 7º la república mexicana cede por el presente a Estados Unidos, a perpetuidad, y a sus cuidadanos y propiedades, el derecho de vía o tránsito al través del territorio de la república de México, de las cuidades de Camargo y Matamoros...hasta el puerto de Mazatlán...Por cualquier ferrocarril o ruta de comunicación, natural o artificial, que exista actualmente o existiera.

En el Art 10º se señala que en consideración a las precedentes estipulaciones y por vía de compesanción a las rentas que renuncia México permitiendo el transporte de mercancías libre de derecho por el territorio de la república, conviene el gobierno de Estados Unidos en pagar al gobierno de México la suma de cuatro millones de duros... Dos millones quedarán en poder del gobierno de Estados Unidos, para pagar las reclamaciones de ciudadanos de los Estados Unidos contra el gobierno de la república mexicana. O sea que a cambio de 2 millones de pesos, los deseos de libre comercio de los EU hacia México quedaban saldados.

En los artículos convencionales se plantea la remebranza a que aludió el Presidente Vicente Fox en su viaje a Vancouver a principios de este año, en que solicitó que el TIAR fuera sustituido por un mecanismo más moderno, en el que los gobiernos del área se comprometan a reinstalr por la vía de la fuerza, al gobierno electo democráticamente. El artículo de los tratados dice así: Artículo 1º Si se violara en algunas de las estipulaciones de los tratados existentes entre México y los Estados Unidos o si peligrara la seguridad de los ciudadanos de una de las dos repúblicas dentro del territorio de la otra y el gobierno legítimo y reconocido de aquella no pudiera, por cualquier motivo hacer cumplir dichas estipulaciones o proveer a esa seguridad, será obligatorio para ese gobierno el recurrir al otro para que le ayude a hacer ejecutar lo pactado y a conservar el orden y la seguridad en el territorio de la dicha república donde ocurra tal desorden y discordia”23

En los tratados de McLane-Ocampo se pacta la intervención norteamericana a cada momento en que se vea en peligro “la paz de la república” (léase, el gobierno de Juárez) arriesgándose a perder más de la mitad de nuestro territorio y a la primera guerra civil el resto, pues en el tratado de McLane-Ocampo, “Juárez no sólo pactó una intervención, sino a cada guerra civil su correspondiente intervención, todo esto independiente de la cesión que se hace tanto del Istmo de Tehuantepec, como de la soberanía del estado de Sonora y del Territorio de la Baja California”24.

“...Es un contrato terrible, escribió Justo Sierra...¿Puede imaginarse más incalificable sumisión que la aceptada por Juárez en este infortunadísimo documento?...para Justo Sierra ‘El Tratado o seudo Tratado Mc lane-Ocampo no es defendible; todos cuantos lo han refutado, lo han refutado bien; casi siempre han tenido razón y formidablemente contra él. Estudiándolo hace la impresión de un pacto, no entre dos potencias iguales, sino entre una potencia dominante y otra sirviente; es la constitución de una servidumbre interminable”25

La intervención francesa de 1862-1867 y el segundo imperio, fueron otras tantas oportunidades para que los Estados Unidos intervinieran en nuestros asuntos, pues casi desde que se convocó a la Convención de Londres, el gobierno norteamericano se ofreció como aval de las reclamaciones franceses, británicas y españolas.

Napoleón III invadió a nuestro país siendo rechazado en Puebla el 5 de mayo de 1862, pero sin abandonar nuestro territorio envió nuevos refuerzos para vencer al ejército mexicano en Puebla pero del año de 1863. Con posterioridad llegó a nuestro país Maximiliano como Emperador.

Después de la derrota de Puebla, Juárez partió hacia el norte, estableciendo formalmente su gobierno en la ciudad fronteriza Paso del Norte, hoy Ciudad Juárez. Los franceses casi sin oposición se fueron adueñando de las ciudades importantes y solamente la resitencia civil le creo variados contratiempos, pues no se puede hablar de un ejército mexicano, ni siquiera liberal, que les plantara formal combate. La intervención francesa coincidió con la guerra de secesión en los Estados Unidos, y esta particularidad es considerada por algunos historiadores como la razón que da cuerpo a la intervención napoleónica en América, que contrariaba los principios de la Doctrina Monroe norteamericana, por estar estos ocupados en sus problemas internos.

Mucho se ha escrito acerca del papel que jugó Juárez durante la intervención, pero son pocos los que pueden documentar alguna resistencia o alguna acción decisiva a favor de su causa. En cambio hay quien cuestiona severamente la actitud del llamado Benemérito durante estos años.

"¡Juárez , salvador de la república! lo único que procuró siempre don Benito Juárez fue poner a salvo su persona...(pues Juárez era) enérgico y valiente únicamente contra cualquier pretendiente a su silla presidencial"26. El Nigromante acusaba “A Juárez "lo fuimos a buscar al confín de la nación, palpitante bajo los pliegues de una bandera extranjera (sic), mientras los buenos mexicanos median sus armas contra los invasores...los insensatos que recomiendan a Juárez...se estiman muy poco no ya como republicanos sino como hombres, al creerse incapaces de hacer lo que ha hecho Juárez"27.

Don Matías Romero, (Ministro Plenipotenciario de México ante el gobierno de Washington) comenta "...mientras Seward está en el Departamento de Estado (del gobierno de Abraham Lincoln), los E.U. toman parte en nuestras dificultades con las naciones europeas, solo para sacar a nuestro costo el provecho que puedan de ellas, y no porque tengan el mas ligero deseo de ayudarnos de buena fe a sostener nuestra nacionalidad y nuestras libertades"28.

Juárez en tono resignado, decía: "si nosotros, pues, hemos de tener que recurrir alguna vez a este país (E.U.) para que nos ayude a arrojar a los franceses del nuestro; (y si) hay peligro grave de que perdamos una porción de territorio, parece que la política más sabia y patriótica (sic) sería la que tratara de reducir la pérdida a la menor porción posible"29.

Lo que constituye un espléndida confesión de que la actuación del juarismo se limitaba a aguardar que los yankis arrojarán a nuestro invasor es esta carta de Pedro Santacilia dirigida su suegro el 2 de diciembre de 1865. (Caja 12/156/1364) “yo no puedo comprender que los enemigos abandonen así enteramente toda la frontera cuando tenemos desde Bagdad hasta Laredo setenta mil yanquis que simpatizan con nuestra causa...Ayer dijo un periódico que el Gobierno americano había autorizado al Gral. Logan para ofrecer diez millones de pesos en cambio de no se qué pedazo de territorio nacional. Hace algunos días me habló Plumb de alguna cosa parecida, a la que no di ninguna importancia como era natural ¿Qué habrá? ¿Pensarán sacar sacar otra vez a Ud. los proyectos de Doblado en que figuró también el amigo Mr. Plumb?...Dicen los papeles que Napoleón ha diferido la reunión del Cuerpo Legislativo hasta saber lo que dice Johnson en su esperado mensaje...Hemos perdido nueve meses desde abril hasta la fecha, esperando la acción oficial del gabinete americano’ (Espléndida confesión.”30

Por fin, Napoleón se convence de la inutilidad de mantener un ejército de ocupación en este continente y apurado por sus conflictos en Europa retira a los 25,000 soldados franceses que sostenían a Maximiliano, pero es la acción norteamericana, a la que con tanta fruición apela Juárez, la que decide a final de cuentas el fin del Imperio. “De Juárez a Santacilia. El Paso, 12 de enero de 1866. ‘La noticias que me comunica Ud. de México son muy importantes, no menos que las resoluciones de Mr. Johnson de sostener invariablemente la doctrina Monroe, y todo indica que la causa de México saldrá triunfante al fin, a pesar de cuanto más hagan los invasores para conservarse otro poco de tiempo en el país”31

Durante el porfiriato y con el país pacificado, se dio una avalancha de inversores extranjeros que simularon el paso de México a la modernidad, sin embargo la dependencia al capital extranjero es la característica esencial del período, pues es claro que el objetivo que perseguían los gobiernos extranjeros al tratar de apoderarse aún por la fuerza del país entero, eran nuestros inmensos recursos narturales, denunciados por el Barón de Humboldt desde el inicio del siglo decimonónico. Un dato que confirma lo expuesto, es el de que el principal destino geográfico de las exportaciones mexicanas eran los Estados Unidos, que en 1899-1900 recibieron efectos por valor de 116.102 millones de pesos, siguiéndole Europa con apenas 27.474 millones de pesos. Para 1910-1911, el intercambio resultó más abultado, pues los E. U. recibieron mercancías por 224.498 millones de pesos y Europa 63.297 millones de pesos. En cuanto a las importaciones de E. U. en 1899-1900 recibimos el 73.4% (20,146 millones), mismo que aumentó ostensiblemente a 113.147 millones de pesos, aunque ahora solamente representara un 54.9% del total, toda vez que de Europa recibimos el 42% de las importaciones (86.472 millones de pesos).

De diversas estimaciones que se han elaborado respecto al valor total de las inversiones extranjeras en México en los primeros años del siglo XX, a Estados Unidos le corresponde el 38% del total, a la Gran Bretaña el 29%, a Francia el 27.5%, a Alemania el 2%, Holanda el 1% y otros países el 2.5%.32

En el petróleo había un control del 100% en las inversiones por parte de 3 empresas, dos británicas y una norteamericana. En la banca predominaba el capital francés con 45.7% del capital, le seguían los E. U. con 18.3% y Gran Bretaña con el 11.4%; en la electricidad 13 empresas: 9 británicas, 3 norteamericanas y una francesa, controlaban el 87% de la inversión total del sector, en donde las 9 inglesas controlaban el 78.2% del total; En la minería el capital de los Estados Unidos monopolizaba el 81% de la inversión del sector, con 229 millones de pesos, contra solamente 14.5% de capital británico; En la industria predominaba con 53.2% (58 millones de pesos) el capital francés, le seguían los E. U. con el 15.3% , Gran Bretaña con 12.8% y Alemania con el 3.7%; las empresas agrícolas eran predominantemente de capital norteamericano con el 66.7% del total con 46 millones de pesos invertidos, siguiéndole Gran Bretaña con el 28.9%, dichas empresas se dedicaban principalmente a la producción de caucho, guayule, madera, café, algodón y vainilla para la exportación.

Por lo tanto para las grandes potencias representaba un reto la nueva situación después de la derrota del huertismo en 1914, pues como dice Katz “Contrariamente a las expectativas del gobierno de Wilson, la derrota de Huerta y la victoria de los revolucionarios aumentaron en vez de reducir los problemas que los Estados Unidos enfrentaban en México” 33

En el estudio del período no deben soslayarse hechos como el retiro de la armada norteamericana del Puerto de Veracruz en las mismas fechas en que coincidentemente se establecía el gobierno de Carranza en ese mismo lugar a partir de noviembre de 1914; la libertad indiscriminada de Carranza para adquirir armamento y municiones en ese país, mientras que Villa empezó a tener dificultades desde el momento del rompimiento para hacer lo que durante la guerra con Huerta no le representó mayores dificultades: adquirir armas aunque fuera de contrabando de los E.U.A. La denuncia de que el ejército norteamericano permitió el ingreso de las tropas de Benjamín Hill por territorio norteamericano, estando acorraladas por Maytorena, el mismo reconocimiento del gobierno de facto de Carranza por los E.U. en octubre de 1915, la confesión de Obregón de que barcos de la armada norteamericana transportaron a los carrancistas de Diéguez de Manzanillo a Guaymas, así mismo la relativa a que Obregón utilizó el territorio y el ferrocarril norteamericano para transportar tropas de Naco a Nogales..34

Mason Hart concluye “A pesar de lo que parecía ser una derrota inminente a manos de la abrumadora División del Norte que ya se aproximaba a la ciudad de México, a los constitucionalistas les quedaba una oportunidad: los estadunidenses…Carranza y Obregón Salido hicieron una alianza con el gobierno de los Estados Unidos. A pesar de las protestas de los villistas y de Flores Magón, que exigía el nombramiento de una comisión bipartidista, los norteamericanos entregaron, para capital provisional de los constitucionalistas en retirada, la inestimable Veracruz y sus alrededores”.35

Para terminar diremos que Carranza no era remiso a las discusiones que apenas un año antes en la Soberana Convención Revolucionaria se habían dado, y confiesa “...en los últimos años se ha estado discutiendo, con el objeto de hacer aceptable, cierto sistema de gobierno que se recomienda como infalible, por una parte, contra la dictadura, y por la otra, contra la anarquía, entre cuyos extremos han oscilado constantemente, desde su independencia, los pueblos latinoamericanos, a saber: el régimen parlamentario...(y no oculto mi disposición) para no aceptar dichos sistema”36. “Los pueblos de que se trata (con un régimen parlamentario), han necesitado y necesitan todavía de gobiernos fuertes, capaces de contener dentro del orden a poblaciones indisciplinadas, dispuestas a cada instante y con el más fútil pretexto a desmanes” ¿Qué es lo que se pretende con la tesis del Gobierno parlamentario? - se pregunta Carranza - Se quiere, nada menos, que quitar al presidente sus facultades gubernamentales para que las ejerza el Congreso...En otros términos, se trata de que el presidente personal desaparezca, quedando de él una figura decorativa.” “¿En dónde quedaría entonces la fuerza del gobierno? En el Parlamento. Y como éste, en su calidad de deliberante, es de ordinario inepto para la administración, el Gobierno caminaría siempre a tientas, temeroso a cada instante de ser censurado.”37

Y sin ocultar sus inclinaciones concluye que “Para mi, la prueba más palmaria de que (el parlamento) no es un sistema de Gobierno del que se puedan esperar grandes ventajas, está en que los Estados Unidos del Norte, que tienen establecido en sus instituciones democráticas el mismo sistema de Presidente personal, no han llegado a pensar en dicho régimen parlamentario, lo cual significa que no le concede valor práctico de ninguna especie.”38.

El constituyente del ‘16-‘17 aprobó casi por unanimidad y en muchos casos sin discusión, el establecimiento de un régimen presidencialista, y aunque hubo algún tibio signo de oposición en su seno, éste resultó francamente irrelevante.

Al asesinato de Carranza, en que se señala a Obregón como uno de los autores intelectuales, después de las elecciones en que compitió con Pablo González, Alvaro Obregón Salido llega por fin a la presidencia en el año de 1920, pero no fue reconcido por los Estados Unidos. Se dice que las relaciones entre México y los Estados Unidos no eran cordiales porque el país vecino exigía la derogación de los artículos de la Constitución de 1917, entre ellos el 27, que lesionaban los intereses económicos de sus connacionales.

Para Obregón el reconocimiento a nivel diplomático de su gobierno por el país del norte era un asunto prioritario porque así evitaba la constante amenaza de un conflicto armado con dicho país y le restaba fuerza a sus enemigos internos, quienes buscaban el apoyo de los norteamericanos.

Obregón, para no variar, consideraba como indispensables las inversiones extranjeras. Por su parte, Estados Unidos condicionaba el reconocimiento a México al establecimiento de un tratado entre los dos países, en el cual México garantizaría los derechos de propiedad de los estadounidenses radicados en nuestro país. En 1921, Obregón recibió, de parte del Departamento de estado norteamericano, un proyecto de tratado "de amistad y comercio", cuya propuesta se refería a los derechos que los ciudadanos de un país tenía cuando vivía en la otra nación.

En otras palabras, el gobierno estadounidense se pronunciaba en contra de la nacionalización de los bienes de sus ciudadanos, contra la aplicación retroactiva del decreto del 6 de enero de 1915, instrumentado por Carranza en el cual se reconocía la propiedad comunal por medio de la restitución y dotación de tierras a los grupos indígenas y particularmente, en contra de la Constitución de 1917?

Obregón reiteró su deseo de respetar los derechos adquiridos por los estadounidenses pero no aceptó el proyecto bajo el pretexto de que habían temas que sólo el poder judicial podía resolver. Tres fueron las condiciones que exigieron al gobierno mexicano: a. Especificar en el contenido del art. 27 constitucional la situación legal en la que quedarían la industria petrolera y las propiedades agrícolas de los extranjeros; b. reanudar el pago de la deuda externa, suspendida durante el gobierno de Carranza; c. pagar las compensaciones a los extranjeros, que por daños a sus personas o propiedades hayan sufrido durante la lucha revolucionaria.

Obregón mostró flexibilidad ante los planteamientos norteamericanos y decidió no aplicar el art. 27 contra los derechos de propiedad de los estadounidenses en México.

La Suprema Corte de Justicia dictó 5 fallos en los que determinaron que el art. 27, no sería retroactivo en la parte correspondiente a la industria petrolera.

En los Tratado de Bucareli se llegaron a los siguientes acuerdos:


  1. Las propiedades agrícolas expropiadas a estadounidenses se pagarían con bonos, si no eran mayores a 1755 hectáreas.

  2. Las propiedades que rebasaran dicha extensión, el pago sería de inmediato y al contado.

  3. Se integraría una comisión que se encargaría de revisar las reclamaciones pendientes a partir de 1868; las reclamaciones originadas por la Revolución se resolverían aparte.

  4. Con relación al petróleo, el art. 27 no era retroactivo para los norteamericanos que habían adquiridos sus concesiones antes de 1917, lo que les permitía seguir explotando libremente el hidrocarburo.?

Se dice que es un mito el que con los "Tratados de Bucareli" se impusieron valladares para desarrollar industrialmente a México, pero queda demostrado que no es un mito si observamos que el país no se industrializó ni se ha industrializado hasta la fecha.

Otro asunto implicado es el pretendido Tratado de Amistad y Comercio que el gobierno estadunidense, primero de Harding y luego de Coolidge, intentó imponer a México. Pero si seguimos con esta, que parece una interminable cadena de intervenciones, imposiciones, intromisión directa en nuestros asuntos, en el año de 1942 fue firmado por fin el Tratado MéxicoAmericano de libre comercio, que venían persiguiendo los norteamericanos desde el siglo pasado, el cual formó parte de una estrategia continental emprendida por los Estados Unidos y que resultó necesariamente en algo sumamente desventajoso para nuestro país, pues llevó a la ruina a múltiples pequeños y medianos empresarios, pero no fue la acción del gobierno mexicano la que lo llevó a su fin, sino la del gobierno de aquel país.



En 1994, ya remediados los defectos que el gobierno estadounidense había detectado en el de 1942, y en plena expansión económica por el control de los mercados y de las fuentes de materias primas, se firmó el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, que ha traido mayores males a nuestro país, pero que es considerado como la consumación de la Doctrina Monroe dictada por los Estados Unidos desde el mes de diciembre de 1823.



1 Iturriaga op. cit. p 27

2 Iturriaga, op. cit, p 76

3 Iturriaga, op. cit. p 42

4 Ibíd. P 71

5 Iturriaga, op. cit., pp 83-84

6 Liberal yucateco, ocupó varios cargos públicos entre ellos el de gobernador del Estado de México mediante un fraudulento procedimiento; gran admirador de los EU; expulsado de México fue a residir a Texas en donde sostenía negocios con varios esclavistas, fue el encargado de redactar la Constitución de la ilegítima República independiente de Texas y nombrado su primer vicepresidente junto con Samuel Houston como Presidente.

7 Lafrauga, imprenta a cargo de Rivera, México 1827, pp 4-6

8 Costeloe, Michael, La primera República Federal , Fondo de Cultura Económica, México, pp123-124

9 Iturriaga p 92 citando a Fuentes Mares, José en Poinsett .Historia de una intriga, editorial Jus, México 1951, p 173.

10 Iturriaga pp 106-108

11 Las invasiones norteamericanas en México Gastón García Cantú Serie Popular Era segunda edición 1974 citando a William E. Channing pp 57-58

12 Ibídem f 49

13 Bulnes citando a (1) Biblioteca Nacional, Dirección, Tomo Vl primera serie de documentos para la historia de México.

14 Bulnes f 62 Texas

15 Refiere Bulnes en una de sus obras “En San Jacinto no hubo derrota, sino completo desastre; los muertos, por no tener retirada el ejército, llegaron a 500, porque el pánico favoreció una enérgica persecución, y sobre todo la inmovilidad de los fugitivos espantados en la laguna fangosa de la retaguardia” Bulnes, Francisco, Las grandes mentiras de nuestra historia, Editora Nacional, México 1973 pp 585-586.

16 Bulnes f 761) La verdad desnuda sobre la guerra de Tejas, p.53.

17 Iturriaga, op. cit. pp 19-20

18 González Ortega, José, El golpe de Estado de Juárez, A. Del Bosque Impresor, México 1941, p 19

19 Apud. E. Zondowics en “Francisco Bulnes y su visión de las relaciones diplomáticas en la época de Juárez” en Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, p 139

20 González pp 168-169

21 González p 169

22 “Tiene eso algo de siniestro y de infernal, parecía un pacto de venta de alma al diablo” Sierra, Justo, Juárez su obra y su tiempo, Editorial Porrúa, México 1970, p 152-153

23 Matute, Alvaro, México en el siglo XIX, Antologías universitarias, UNAM, México 1981, pp 489-493

24 “Desde el primer artículo hasta el último, el tratado es un modelo de crimen político,de indignidad y de desprecio para el decoro de la nación e integridad de su territorio” Bulnes, Francisco. Juárez y la revolución de Ayutla, p 469

25 González p 172

26 Ibídem Citado por Roeder p 1055

28 Ibídem Roeder p 546

29 Justo Sierra op cit p 434

30 González op. cit. p 294

31 González op. cit. p 310

32 Nicolau D’Olwer, Luis. “Las inversiones extranjeras”, en Historia Moderna de México, p 1157

33 Katz, Episodios mexicanos pp 340-341. Seguramente se refiere a la carta enviada por Wodrow Wilson a ambos bandos de fecha 1º de junio de 1915, a la cual nos referiremos más adelante.

34 Obregón confiesa sin ambages “De esta manera, la fuerza con que Villa logró internarse en Chihuahua quedó reducida a menos de 3,000 hombres, con escasa artillería...me confirmé en la creencia de que la columna del reaccionario Rodríguez...se preparaba en Bacuachi...tratarían de escapar a Chihuahua...desde luego decidí hacer movilizaciones ...a fin de cortar el paso al enemigo...ordené...que estuvieran listas las tropas del general Laveaga en Nogales, para ser embarcadas y emprender la marcha a Agua Prieta por territorio norteamericano...Estas fuerzas deberían reconcentrarse en Nogales, para de allí continuar a Agua Prieta por territorio norteamericano (sic), tan pronto estuvieran hechos los arreglos con la compañía del ferrocarril Sudpacífico, para su transportación; arreglos que con toda actividad estaban tratando ya, por instrucciones mías, el teniente coronel Garza y el C. Baldomero A. Almada, agente comercial nombrado por mi Cuartel General, en los Estados Unidos. Previamente y con autorización de esa Primera Jefatura, había yo solicitado y obtenido el correspondiente permiso del gobierno norteamericano, por conducto del mayor general Frederick Founston, del ejército norteamericano, quien por esos días se encontraba en Nogales, Arz.” Obregón “18,000 kilómetros en campaña” pp 465-466

35 Ibídem, Mason Hart p 382

36 Debates del Constituyente de 1917, p 395, T I

37 Ibídem, p 396, T I

38 Ibídem, p 397, T I


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