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Mujeres en la prensa de los años cincuenta en México José Martínez Torres


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Mujeres en la prensa de los años cincuenta en México

José Martínez Torres

(Universidad Autónoma de Chiapas)

Resumen: Hacia 1958, el horizonte cultural mexicano vivía cierto apogeo: habían proliferado revistas, bibliotecas y librerías, grupos teatrales, premios y editoriales. Ello se debía en parte a dos factores: la relativa estabilidad política del Estado Mexicano y la presencia de los refugiados de la República Española admitidos en el país durante el gobierno del general Lázaro Cárdenas. La presencia de la mujer en la prensa se había asimismo incrementado. En estas páginas se toma como muestra la colaboración semanal en el suplemento de Excélsior, Diorama de la Cultura, de la periodista Maruxa Villalta.

Al finalizar el decenio de los cincuenta en México ya se editaba la Revista de la Universidad, una publicación de gran solidez y contenidos editoriales de primera importancia. Asimismo existían secciones culturales de enorme relieve, como Diorama de la Cultura de Excélsior y México en la cultura de Novedades, aun cuando las técnicas de reproducción de entonces eran muy limitadas y se debía recurrir a dibujantes para acompañar los textos, que aparecían con dibujos de trazos rígidos, como estereotipados modelos de aparador. El paso del tiempo se ha encargado de recubrir estas publicaciones con una pátina de nostalgia, igual a la que también permite valorar el cine de aquella época.

Desde luego, la prensa de esos años no tenía una calidad uniforme1, y había innumerables recuadros con anuncios de “relojes de pared que reproducen el Ave María”, tipos duros con sombrero y señoras de cabello corto, guantes blancos y vestidos chemise; la Feria del Hogar era un acontecimiento; aparecían instrucciones2 para las señoritas acerca de cómo sentarse y subir las escaleras con propiedad; y mientras el INBA convocaba a un premio de pintura, el anuncio de al lado rezaba: “Vengan a ver Rumba Casino [donde] algunas gentes viven en una sola noche lo que la gente honrada no vive en toda su vida”, en mórbidas imágenes de tonos de sepia y títulos como “Al borde del abismo”.3

Era intensa la promoción de terrenos y casas nuevas; Anaconda Nacional; ofertas de cemento, calidra, pisos de duela, linoleum, ofertas de muebles, como signos del intenso desarrollo urbano que se vivía en la ciudad de México: las Lomas de Chapultepec y el Pedregal de San Ángel eran emblema de la modernidad que se hacía gala desde Miguel Alemán hasta Adolfo Ruiz Cortines. Planas completas de enormes desplegados anunciaban terrenos y materiales de construcción.

No faltaban los crucigramas, los guiones litúrgicos; proliferaban pseudónimos como Patalarga y el Vengador Solitario, pero estaba la presencia de José Alvarado, Francisco Martínez de la Vega y Salvador Novo; las imágenes referidas contrastaban con los cartones de Freyre y de Ernesto García Cabral; en diarios como El Universal colaboraban Carlos Denegri, Francisco Luguori y Tomás Perrín, así como profesores universitarios como Gutierre Tibón y Francisco Larroyo. Por lo demás, la vida cultural mexicana se había enriquecido con la presencia de los exiliados de la República Española que se abocaban a labores de investigación y difusión cultural, en la Universidad Nacional y El Colegio de México, en el Fondo de Cultura Económica o el La Casa del Lago; se contaba con librerías como Zaplana o la Librería de Cristal de la Alameda; había premios como el Xavier Villaurrutia, vastas bibliotecas y las revistas antes mencionadas.4

En los años cincuenta al fin se estrenaron las obras de Xavier Villaurrutia, Agustín Lazo, Salvador Novo y Rodolfo Usigli que se habían escrito veinte años antes; aparecieron dramaturgos como Emilio Carballido, Sergio Magaña, Luis G. Basurto, Luisa Josefina Hernández y Maruxa Villalta, cuya colaboración en Diorama de la Cultura ha sugerido estas páginas.

La televisión cobró auge: los actores que dejaron “la carpa” y se contrataron en el cine, ahora lo hacían en este flamante medio de comunicación. La fábrica Mundet competía con los refrescos norteamericanos de cola. Los Avisos de “pronta acción” anunciaban ofertas de Astor, Sears Robouck, el Palacio de Hierro, París-Londres y Liverpool. Estaban la revista Já-Já y los Supersabios. Un grupo de brujos chiapanecos causó revuelo en la prensa de aquel 1958: había reportajes y anuncios para consultar a Los yajalones astrovidentes.

Se celebraron el Centenario del Milagro de Lourdes y el Mundial de futbol de Estocolmo –el aeropuerto de la capital del país se había inaugurado cuatro años antes, por lo que Lufthansa y KLM promovían viajes a ambos eventos. La prensa se llenaba de productos de consumo: consolas de alta fidelidad; autos De Soto, VW, Morris; Brandy Evaristo primero; cerveza Don Quijote; Lovable, ropa íntima para señoras. Conservas Clemente Jacques desde 1887; Palillo y la porra universitaria, verán en exhibición privada, a Elvis Presley en Prisionero del Rock and Roll. La Callas interpreta con arte y sin vedetismo El barbero de Sevilla. Lana Turner actúa la tragedia de su propia vida en La caldera del diablo. A todo color... un drama con toda la fuerza del realismo, presentado con tacto y dignidad, pese a la grandeza de su audaz y valiente tema. Hollyday on Ice en la Arena México. Sombreros Tardán de Sonora a Yucatán.

“Pita Amor, la más pecadora, es también la más religiosa de nuestras escritoras”.

Finalizaba el período presidencial de Adolfo Ruiz Cortines y daba inicio el sexenio de Adolfo López Mateos. El movimiento ferrocarrilero que encabezó Demetrio Vallejo sería un período aciago de la historia de un México4 que recibía con beneplácito una infinidad de productos de la recientemente activada industria norteamericana. Era el inicio del tercer presidente civil tras sucesivos gobiernos militares, desde la Revolución de 1910. La idea de una identidad nacional expresada en aspectos superficiales seguía vigente, pero perdía fuerza. La idea de modernidad se cifraba en modelos como Nueva York y Chicago, de altos edificios y amplias avenidas, lo que favoreció la permanencia transexenal del regente Ernesto P. Uruchurtu, quien destruyó gran parte del patrimonio arquitectónico de la capital del país en aras de aquella aspiración urbana.5

Así también se observa una participación más activa de las mujeres en el horizonte cultural mexicano. En el suplemento cultural aludido anteriormente, Diorama de la cultura, había una sección que ofrece signos de ello, ciertos iniciales tintes feministas. Se dividía en dos partes: “Mujeres que trabajan / Hombres que descansan”. Aparecía firmado con un pseudónimo: Maruxa –y seguramente se trataba de la periodista y dramaturga Maruxa Villalta, nacida en Barcelona en 1932 y exiliada en México, autora de varias obras de teatro, entre otras de Pequeña historia de horror (y de amor desenfrenado) (1984). Debe recordarse que a Villalta se debe también una iniciativa singular: el Excélsior del 15 de febrero de 1960 publicaría un llamado suyo a las mujeres universitarias del país para establecer El día de la mujer mexicana.

Aquella sección representa un momento del periodismo mexicano que prefigura los más abundantes espacios que ocuparían numerosas colaboradoras en la prensa de años posteriores6. En aquel entonces comenzaban a aparecer artículos firmados por escritoras contemporáneas suyas, como Elena Poniatowska, María Luisa Mendoza y Margarita Michelena. Se reseñaban libros de Josefina Vicens, Rosario Castellanos, María Elvira Bermúdez o Pita Amor. Era un período de gestación de la tendencia crítica que unos quince años después, en los años setenta, iniciaría publicaciones de un sesgo más radical, como la revista Fem, cuya ideología iba signada por el propio título, y en donde destacarían otras intelectuales más, como por ejemplo Alaíde Foppa, trágicamente muerta en Guatemala, Margarita García Flores o Elena Urrutia. Debe recordarse que también en los años cincuenta otra mujer, la norteamericana Margarett Sheed había fundado el Centro Mexicano de Escritores, el cual dejaría una impronta muy significativa en la literatura mexicana a partir de entonces: por ejemplo, tendría entre sus becarios a la narradora Ángeles Mastretta, cuyas novelas agotarían, con el tiempo, ediciones masivas de libros.

En aquella columna del suplemento cultural de Excélsior, Maruxa Villalta publicaba entrevistas con mujeres de los más diversos oficios: una semana aparecía la entrevista con una secretaria; a la siguiente era el turno de la dependienta de una tabaquería; a la siguiente, de la vendedora de un almacén como El Palacio de Hierro. En cada número del Diorama salía del anonimato una cajera, una mesera o la dueña de algún negocio. Entre las mejores entregas de la sección “Mujeres que trabajan / Hombres que descansan” está la entrevista a una joven cuya labor consistía en distribuir jabones, toallas y estropajos a los clientes de unos baños de vapor, en donde había conocido a los boxeadores del momento, como el Pájaro Moreno y José el Toluco López.

La tribuna de Maruxa no se limitaba a dar expresión a las clases populares, sino que también daba en entrevistar a representantes de empresas, como a las propietarias de restaurantes y joyerías; directivas y mujeres de negocios de todo tipo. Además, estaba la contraparte de la sección: “Hombres que descansan”, en la que un escritor o un pintor, un atleta o un torero era entrevistado por Maruxa. Ambas colaboraciones, acompañadas con viñetas y grabados alusivos, deben recordarse como algo notable que sucediera en la prensa mexicana a la mitad del siglo XX, en un país en el que ellas se dedicaban primordialmente al cuidado de los hijos y a las labores de la casa.

Con indudable ingenio se invertían los papeles tradicionalmente asignados a los sexos: los hombres descansaban y las mujeres iniciaban un proceso de apropiación de espacios que se reservan cada vez más a la participación femenina, no sólo en la prensa.
Bibliografía
Agustín, José (1990): Tragicomedia mexicana. La vida en México de 1940 a 1970. México. Editorial Planeta.

Alonso, Antonio (1972): El movimiento ferrocarrilero mexicano. 1958-1959. De la conciliación a la lucha de clases. México. Ediciones Era.

Benítez, Fernando (1981): La ciudad de México (1325-1982). México. Editorial Salvat. 3 vol.

García Terrés, Jaime (2000): Obras. La feria de los días (1953-1994). Vol. 3. México. FCE-El Colegio Nacional. Colección Letras Mexicanas.



Tuñón, Julia (1992): “La ciudad como actriz. La imagen urbana en el cine mexicano”, en Historias. Revista de la Dirección de Estudios Históricos del INAH, No. 27. Octubre de 1991-Marzo de 1992.

1 Recientemente, la Dirección General de Difusión Cultural de la UNAM anunciaba una gran exposición. “La mujer en la plástica mexicana”. Cfr. México en la Cultura, suplemento cultural de Novedades, 2 de marzo de 1958. Este evento permite observar el contraste tan significativo entre este periodismo al que se alude y la presencia de una auténtica vanguardia cultural. Véase también Jaime García Terrés (2000: 815).



2 Excélsior, 12 de abril de 1958.

3 Excélsior, 4 de abril de 1958.

4 Fernando Benítez (1981: 144, vol. III) escribe que desde el decenio de los cuarenta se observa una serie de cambios significativos en la vida de la capital del país: “el cine desplaza al teatro, la estufa de gas al bracero de carbón. El radio se hace indispensable y los discos proscriben al piano y a la pianola. La clase media adquiere la costumbre de tomar un baño diario y leer los periódicos. Con la llegada de los refugiados españoles proliferan librerías, cafés y restaurantes. Las peñas de escritores y artistas se incorporan a los hábitos urbanos. La ciudad vive una época de transición”.

4 Al respecto, véase Antonio Alonso (1972) y José Agustín (1990).

5 Julia Tuñón (1992: 192) recuerda aquellos inicios de película de los años cuarenta y cincuenta, con un recorrido de la lente por la ciudad de México: “la toma se hace desde arriba y la ciudad hierve de gente y coches que atraviesan avenidas, muchas veces refora y Juárez. Se dejan ver los edificios clave: la Lotería Nacional, bellas Artes, el Monumento a la Revolución, la Torre Latinoamericana. A menudo se retratan estructuras de edificios en construcción. La ciudad va para arriba y la cámara se deleita en mostrarla. [...] con una voz en off que informa de la gran urbe. En [este tipo de] escena, la voz y la imagen presentan el progreso”.

6 Los artículos de Maruxa en Diorama de la Cultura de Excélsior fueron consultados en el Fondo Reservado Silvino Macedonio González de la Hemeroteca Nacional. Lamentablemente aparecen sin fecha, pero se deduce, a veces por las coincidencias de noticias con otros diarios, que aparecieron aproximadamente entre marzo y julio de 1958.





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