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Movimiento Juvenil ancla escuela de Líderes III la familia de Nazaret


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Movimiento Juvenil ANCLA Escuela de Líderes III



La familia de Nazaret
A todos nos interesa de verdad conocer más de cerca lo que en realidad fue la familia más íntima de Jesús, lo que aquella familia nos puede enseñar a nosotros ahora y la significación que tiene para nuestra vida de creyentes. Jesús nació en una familia concreta y determinada. Y vivió en ella más de treinta años: allí creció, se educó y aprendió muchísimas cosas (Lc 2, 40. 52). Como todo ser humano, Jesús fue, al menos en cierta medida, un producto de su propia familia; por eso aquella familia es, para todos los creyentes en Jesús, un dato de primera importancia, incluso un criterio especialmente significativo para entender y vivir su propia fe.
A veces, hemos visto pintadas en las estampas y libros una cierta imagen ideal de la Sagrada Familia: San José, un viejito encantador y venerable; la Virgen María, tan pura, tan inocente y tan hermosa; y el Niño Jesús, con carita de ángel celeste y jugueteando con un pajarito. La sociedad cristiana necesita un modelo, el ejemplar perfecto en el que cada familia pueda fijarse. Pero considerar a la Sagrada Familia con esos detalles es un poco ingenuo y, a veces, puede rozar en el ridículo. Parece bastante claro que la Sagrada Familia ha cumplido el papel de ser “imagen ideal” de toda familia, ejemplo perfecto de todas las cualidades, valores y virtudes que debe tener cualquier familia que pretenda ser y comportarse “como Dios manda”.
Pero esta lleva un peligro: en vez de aprender nosotros las cualidades y virtudes de la familia de Jesús, quizás lo que estamos haciendo es aplicar a aquella familia las cualidades y virtudes que a nosotros nos parecen las mejores para una familia, y así hemos construido una imagen de la Sagrada Familia en la que el marido (José) es un ciudadano ejemplar, modesto y resignado en paz con su suerte; en el que la esposa (María) es una santa mujer de su casa, con todas las virtudes que adornan a la esposa y a la madre y en donde el hijo es el mejor de los hijos, sobre todo el más obediente a sus padres; o sea, la familia ideal. ¿Fue realmente así la familia de Jesús?
UNA FAMILIA CON PROBLEMAS

La primera idea que tenemos que quitarnos de la cabeza es que la Sagrada Familia fue una familia sin problemas. Por los datos que nos suministran los evangelios, sabemos que en aquella casa hubo problemas y situaciones bastante desagradables. Apenas comprometidos oficialmente a contraer matrimonio María y José, éste se dio cuenta que su mujer estaba embarazada, antes de haber vivido juntos (Mt 1, 18). Lógicamente, la primera idea que se le ocurrió a José fue repudiar a su esposa (Mt 1, 19); es decir, divorciarse de ella y abandonarla definitivamente. Menos mal que una inspiración que tuvo en sueños le hizo abandonar la idea (Mt 1, 20). Pero en todo caso, este incidente nos indica hasta qué punto en aquel matrimonio hubo situaciones difíciles casi desde el primer momento.



Por otra parte, el nacimiento de Jesús acarreó problemas muy serios al matrimonio: la persecución política, el exilio y el tener que verse como emigrantes en un país extranjero (Mt 2, 13 – 15). Incluso después de la muerte del dictador Herodes, José se siguió sintiendo amenazado y seguramente como persona sospechosa ante la autoridad política (Mt 2, 21 – 22), hasta el punto de tener que cambiar de residencia (Mt 2, 23), para ir a parar a un pueblo perdido, Nazaret, en la región más pobre, Galilea (Mt 2, 23). Un pueblo, además, que tenía mala fama (Jn 1, 46).
Por lo demás, lo mismo José que María tenían motivos para temer. Cuando llevaron al niño al templo por primera vez, un hombre de Dios inspirado por el cielo, le dijo a la madre cosas terribles: que el muchachito estaba destinado a ser “señal de contradicción” y un motivo de conflictos (Lc 3, 35), y ella misma se vería traspasada por un sentimiento mortal.
Finalmente, recordemos el extraño episodio del niño, leído al comenzar la celebración cuando se quedó en el templo sin decir nada a sus padres (Lc 2, 41 – 50). Esto preocupó mucho a sus padres que no lo entendieron.
En resumen: una familia con problemas. Y, por cierto, problemas de todas clases: problemas matrimoniales, problemas políticos, problemas entre los padres y el hijo. Una familia en la que se llegó al borde de la separación y el divorcio. Una familia perseguida políticamente, desterrada, exiliada, arrinconada en un pueblo perdido, arrastrando sombrías amenazas y viviendo situaciones tensas que no resultaban fáciles de entender. En definitiva, una familia con problemas muy graves. Sin duda, como los problemas de tantas familias. Pero, de cualquier manera, un ambiente familiar muy distinto del que seguramente nos hemos imaginado tantas veces, con más ingenuidad que otra cosa.
Desde el punto de vista de la fe cristiana, nosotros sabemos que en aquella familia estuvo presente lo mejor que puede haber en una casa y en una familia: el favor de Dios, la gracia de Dios, la palabra y la voluntad de Dios. En una palabra, allí estuvo presente Jesús. Pero todo esto nos viene a indicar que la presencia más palpable y cercana de Jesús no excluye los problemas, la incomprensión y hasta la conflictividad. Más aún, precisamente la presencia de Jesús fue la causa de las tensiones y conflictos que se produjeron en aquella casa. Por consiguiente, la familia ideal no es la familia donde no hay problemas, sino la familia que escucha el Evangelio, que acoge el Evangelio y que vive ese mismo Evangelio, aunque eso sea a costa de tener que soportar las situaciones más problemáticas de la vida. En eso, seguramente, está la enseñanza más importante que tiene para los creyentes la familia de Jesús.
Cuando una familia acepta y vive este tipo de planteamientos, entonces es precisamente cuando encuentra el camino de la unión y una felicidad que seguramente resulta un descubrimiento para muchas personas. Una familia que se abre a sus responsabilidades sociales y públicas es una familia que descubre su significación más sorprendente: se convierte en el agente privilegiado de un cambio social que puede aportar a los hijos un mejor futuro.

PREGUNTAS PARA EL EXAMEN DE CONCIENCIA

  1. ¿Cuál es el origen más frecuente de los problemas en tu casa?

  2. ¿A qué se deben los problemas que hay en tu familia? ¿Han sido por causa del Evangelio? Si no es por eso, ¿será que viven muy a medias o muy de lejos el Evangelio?

  3. Los conflictos y problemas que has vivido o que tienes en tu familia, ¿de qué manera influyen en tu vida cristiana?

  4. ¿Muestras tu independencia y libertad como Jesús al buscar responsablemente tu camino con respecto a la familia?

  5. ¿Tu familia te está ayudando a desarrollar una personalidad equilibrada o desequilibrada?

  6. ¿Estás ahora en camino de adquirir hábitos que te llevan a ser infiel en el matrimonio o crees que tu formación es correcta?

  7. ¿Podrás superar las dependencias familiares que tienes?

  8. ¿En qué deberías cambiar con relación a las desavenencias que hay en tu familia?

  9. ¿Qué estás haciendo para salvar el matrimonio de tus papás cuando se encuentran en dificultades?

  10. ¿Te ha ayudado tu familia para vivir mejor en una comunidad de fe?

  11. ¿Has superado la huella que te dejó el divorcio o separación de tus padres, la muerte de alguno de ellos, el no haber conocido a mamá o papá?

  12. ¿Cuáles son, a tu manera de ver, los fallos más graves que debe evitar un matrimonio para educar bien a los hijos?

  13. ¿Tu formación en ANCLA te ha llevado a vivir un cristianismo de compromiso con la verdad y la justicia; morir a la ambición de poder y privilegio; actuar responsablemente, luchando contra toda injusticia, opresión, dominio, humillación o explotación del ser humano; con preferencia por los más débiles y desgraciados, estando al lado de los marginados?

  14. ¿Qué fallos encuentras en tu vida con relación a tus familiares y de qué les pedirías perdón en estos momentos?



ORACIÓN A MARÍA


María:

Todos dicen que la familia es la piedra angular de la sociedad. Tú viviste y creaste la familia de Nazaret; nos diste un vivo ejemplo de diálogo, desde el comienzo de la llamada de Dios.


Supiste escuchar y responder, supiste dialogar y tomar decisiones, supiste pensar, reflexionar y comprometerte.
Dijiste: “¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo, todos te buscábamos”. Ayúdanos a crear el clima necesario de diálogo en nuestras familias. Ayúdanos a comprender a los otros y danos la fuerza necesaria para llevarlo a la práctica.
Hoy, más que nunca, queremos dar gracias a Dios por nuestras familias. A pesar de nuestras faltas de entendimiento, de comprensión, de diálogo. A pesar de la rutina y frialdad en muchos momentos, a pesar de nuestras rencillas y discordias, a pesar de todo lo que rompe nuestra unión:
¡Gracias, Señor, por nuestras familias!



La familia de Nazaret

ESQUEMA GENERAL


  • Ambientación: afiches relacionados con la familia, opción, vocación, noviazgo, álbum de fotografías, un afiche de María, anillos entrelazados, cirio pascual, frases ambientales, mesa familiar con jarra…




  • Se va entrando al salón con la canción “Por amor”. Dos personas reparten un corazón en la entrada y cada uno pone el nombre que desee. Reparten también las hojas de la celebración.




  • Una persona da la bienvenida y la motivación.




  • Se hace un gran corazón con los corazoncitos. Al colocarlo, cada uno dice qué quiere celebrar (cada cuatro participantes se canta: “Que suerte es tener un corazón sin puertas. Que suerte es tener las manos siempre abiertas”).




  • Los que hayan traído fotos familiares, la colocan dentro del corazón, alrededor del afiche de María, diciendo los nombres de sus familiares para tenerlos presentes y rezar por ellos. Después de tres fotografías, cantamos: “Danos un corazón grande para amar, danos un corazón fuerte para luchar”.




  • Lectura del Evangelio Lc 2, 41 – 50. Después del primer párrafo se canta: “Que alegría cuando me dijeron…” y, al terminar la lectura, se canta: “Junto a ti María…”




  • Todos leen, lentamente, la “Oración a María” que aparece en la hoja entregada al inicio.




  • Explicitación de la lectura (aparece en la hoja entregada al inicio). Se lee y se comparte. Al terminar, se escucha la canción “No basta”.




  • Cada uno hace su examen de conciencia (también en la hoja que se entregó).




  • Se apagan las luces, se reconocen los fallos y se da gracias a Dios. Al final se escucha la canción “Una casa vacía”.




  • Escribir en un papel lo que más nos duele con respecto a la familia: papás, hermanos, otros…




  • Confesión con el símbolo de la quema de los pecados. Absolución. Padre Nuestro. Ave María. Bendición y abrazo de paz.


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