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Modelo de iglesia en salida


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MODELO DE IGLESIA EN SALIDA.


INTRODUCCIÓN
Desde 1983 nuestra Diócesis hizo una opción por un modelo de Iglesia: “El Nuevo Modelo de Iglesia” o “Iglesia de los Pobres”1 que tiene su concreción en las Comunidades Eclesiales de Base (CEB). Por eso, nuestra tarea ha sido que la parroquia sea una comunión de comunidades, y la Diócesis una comunión de parroquias.

El proceso diocesano va dando sus frutos entre ellos: hay experiencia teológica-pastoral en el proyecto, hay compromiso y testimonio, hay claridad en muchos agentes de pastoral sobre el estilo de Iglesia, pero siempre nos falta algo más porque la Iglesia nunca está terminada, siempre está en un devenir histórico.





  1. LA COMUNIDAD ECLESIAL DE BASE: IGLESIA QUE SALE A LAS PERIFERIAS GEOGRÁFICAS Y EXISTENCIALES

Cuando contemplamos y reflexionamos sobre el modelo eclesiológico de nuestra Diócesis vemos mucha sintonía con la Iglesia que se dibuja en el Documento de Aparecida y en la Exhortación Apostólica La Alegría del Evangelio del Papa Francisco, y en sus homilías diarias. Por eso, desde este Modelo de Iglesia queremos construir la Iglesia en el barrio, colonia y rancho, una CEB en salida a las periferias geográficas y existenciales, en estado permanente de Misión.




  1. Jesús Dios y hombre en salida: Modelo para la Comunidad Eclesial de Base.

Jesús se mueve en la periferia desde su Encarnación. Él es el Dios encarnado, “el cual, siendo de condicion divina, no consideró codiciable el ser igual a Dios. Al contrario, se despojó de su grandeza, tomó la condicicon de esclavo y se hizo semejante a los hombres. Y en su condicicon de hombre, se humillló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz” (Flp 2,6-8).




A lo largo de los Evangelios, Jesús en su vida y palabras nos revela una nueva manera de relacionarnos entre nosotros y con Dios, veamos algunos datos: Jesús nace en las periferias (Cfr. Lc 2,7), crece (CFr. Lc 2,50-51) y vive pobre (Cfr. Mt 9,20), humilde, sencillo (Cfr. Mt 11, 28-30), servidor (Cfr. Jn 13,1-15); se mueve en la periferia social de su época (Cfr. Mt 9, 1-8; 10, 16-25). Jesús, es un callejero (dice el Papa Francisco), constantemente se encuentra con muchas personas, en la ribera del lago, con los pescadores (Cfr.Mt 4,18-22), anda de pueblo en pueblo (Cfr. Mt 10,35; 5,23-25), sanando enfermos (Cfr. Mt 15, 29-30) y dándose el tiempo para compartir con hombres y mujeres (Cfr. Jn 4, 1-42) , en especial con pobres y pecadores (Cfr. Jn 11, 1-44), la Buena Noticia del reinado de Dios, dialoga con los excluidos (Mt 26, 6-13) ; se codea con los pecadores (Cfr. Mt 9,9-13) con los pobres (Cfr. Mc 2,13-17), los pequeños (Cfr.Mt 12, 25-30), formó parte de los desposeídos de la tierra. A pesar de todo, de ser de las perifeias, es un hombre feliz y quiere que todos sean felices (Cfr. Mt 5, 1-12). Con todo esto, nos revela que Dios es Amor misericordioso (Cfr. 1 Jn 4,8) que se solidariza con las periferias de este mundo.

Un ejemplo de encuentro de Jesús por estar en salida es el encuentro con la samaritana (Cfr.Jn 4,5-10.25-30). Jesús manifiesta la libertad para romper las barreras religiosas, culturales y sociales que separaban a los judíos de los samaritanos. Él se presenta ante ella con sed y fatigado de caminar, este pretexto provoca el encuentro con la mujer para entrar en diálogo con ella, conocerla e interesarse por su vida. Jesús entra en su vida y le hace experimentar “el don de Dios” que le permite reconocer su vida con verdad. “Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo...”, dice la mujer (Cfr. Jn 4,29). Este encuentro transforma a la samaritana y se convierte en testigo de Jesús. Gracias a su testimonio muchas gentes de aquel pueblo creyeron en Jesús. El proyecto de Jesús supone encontrarse con el ser humano para salvarlo, con ciertas actitudes propias del Reino que Jesús revela: el amor a todos, sin importar raza, religion, posición social. El amor de Jesús lleva a la conversion (Cfr. Lc19,1-10); valora lo pobre, pequeño y lo excluido (Cfr. Lc 16,19-31), aunque fueran paganos como el Buen Samaritano (Cfr. Lc 10, 25-37), valora la fe de las personas (Cfr. Lc 7,1-10). Por tanto, Jesús Dios y hombre es modelo para nosotros, Él está siempre de salida para servir y llevar la salvación. Este es nuestro desafio como evangelizadores.


  1. La Comunidad Eclesial de Base: una Iglesia que sale al encuentro de los demás.

Jesús marca un estilo de misionero periférico con su vida para la misión de la Iglesia. La Iglesia debe salir de su encerramiento, de su vitrina e ir a las periferias geográficas, sociales y existenciales. Debe dejar la orilla segura del ensimismamiento, confort y seguridades y remar mar adentro hacia los demás. La clave es “salir al encuentro de los demás”, como lo ha dicho y hecho el Papa Francisco: él come con los limosneros, va con los migrantes y refugiados que llegan a Italia procedentes de otros países. Él ha dicho que quiere una” Iglesia pobre para los pobres”2, “una Iglesia en salida”, porque “una Iglesia que no sale, a la corta o a la larga, se enferma en la atmósfera viciada de su encierro. Es verdad también que a una Iglesia que sale le puede pasar lo que a cualquier persona que sale a la calle: tener un accidente. Ante esta alternativa, les quiero decir francamente que prefiero mil veces una Iglesia accidentada que una Iglesia enferma”3.

La CEB debe ser una Iglesia de salida, que va al encuentro de los alejados, los marginados, los excluidos. La praxis de Jesús nos muestra claramente la opción ante estas periferias: no es sólo salir al encuentro de algo o alguien que me es ajeno, sino que es optar radicalmente por vivir desde la empatía cristiana, situándose en el corazón del sufriente (Cfr. Mt 25, 36-46).

Existen en nuestras ciudades, pueblos, barrios, colonias y ranchos especies de marginación y exclusión. El rostro de la marginación tiene nombre: “la globalización hace emerger, en nuestros pueblos, nuevos rostros de pobres… fijamos nuestra mirada en los rostros de los nuevos excluidos: los migrantes, las víctimas de la violencia, desplazados y refugiados, víctimas del tráfico de personas y secuestros, desaparecidos, enfermos de VIH y de enfermedades endémicas, tóxicodependientes, adultos mayores, niños y niñas que son víctimas de la prostitución, pornografía y violencia o del trabajo infantil, mujeres maltratadas, víctimas de la exclusión y del tráfico para la explotación sexual, personas con capacidades diferentes, grandes grupos de desempleados/as, los excluidos por el analfabetismo tecnológico, las personas que viven en la calle de las grandes urbes, los indígenas y afroamericanos, campesinos sin tierra y los mineros”4.

Las exclusiones que surgen de la sociedad en que vivimos son un profundo llamado a la conversión social y pastoral. Son los gritos de Dios que nos llama a la misión, porque la salvación es para todos. El Papa Francisco dice: “El Evangelio no es para algunos sino para todos no es sólo para los que nos parecen más cercanos, más receptivos, más acogedores. Es para todos. No tengan miedo de ir y llevar a Cristo a cualquier ambiente, hasta las periferias existenciales, también a quien parece más lejano, más indiferente”. Salir a las periferias implica asumir la opción por los pobres como parte fundamental para la evangelización y tambien implica “la promoción humana y la auténtica liberación “sin la cual no es posible un orden justo en la sociedad”. Entendemos además que la verdadera promoción humana no puede reducirse a aspectos particulares: “Debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre” desde la vida nueva en Cristo que transforma a la persona de tal manera que “la hace sujeto de su propio desarrollo (DA No.399).

Por tanto, esta realidad nos desafía y nos lleva a acentuar algunas dimensiones de la Iglesia en el barrio y rancho (la CEB):



  1. Una CEB en salida necesita ser más ministerial porque es esa su naturaleza como Iglesia, pero tambien por ser la ministerialidad respuesta a la misión. La respuesta se concretiza en servicios y ministerios en lo eclesial y lo social. La atención debe acentuarse en lo social ya que es la dimensión menos atendida, para que así surjan ministerios en lo social.

  2. Una CEB en salida necesita que todos los bautizados vivan su vocación bautismal como llamada al compromiso y seguimiento a Jesús en la Iglesia y en el mundo. Somos muchos los bautizados pero pocos son los comprometidos en la evangelizacion. Esta realidad influye en la transmisión de la fe en la familia y más con el impacto de la cultura postmoderna.

  3. Una CEB en salida con laicos, sujetos de la evangelización sin clericalismos. “El clericalismo es también una tentación muy actual en Latinoamérica. Curiosamente, en la mayoría de los casos, se trata de una complicidad pecadora: el cura clericaliza y el laico le pide por favor que lo clericalice, porque en el fondo le resulta más cómodo. El fenómeno del clericalismo explica, en gran parte, la falta de adultez y de cristiana libertad en buena parte del laicado latinoamericano. O no crece (la mayoría), o se acurruca en cobertizos de ideologizaciones como las ya vistas, o en pertenencias parciales y limitadas. Existe en nuestras tierras una forma de libertad laical a través de experiencias de pueblo: el católico como pueblo. Aquí se ve una mayor autonomía, sana en general, y que se expresa fundamentalmente en la piedad popular. El capítulo de Aparecida sobre piedad popular describe con profundidad esta dimensión. La propuesta de los grupos bíblicos, de las comunidades eclesiales de base y de los Consejos pastorales va en la línea de superación del clericalismo y de un crecimiento de la responsabilidad laical”5.

  4. Una CEB en salida debe estar enraizada en las culturas. Será más eficiente la siembra del Evangelio cuando se conoce el terreno. Hoy se necesita reevangelizar en los nuevos contextos de los alejados con nuevas herramientas, métodos y con misioneros apasionados por el Reino. La tarea es una evangelización inculturada para que dé frutos de vida y esperanza.

  5. Por último, para ser una CEB en salida, se necesita estar en un diálogo ecuménico que “responde a la oración del Señor Jesús que pide ‘que todos sean uno’ (Jn 17,21). La credibilidad del anuncio cristiano sería mucho mayor si los cristianos superaran sus divisiones y la Iglesia realizara «la plenitud de catolicidad que le es propia»”6.




  1. LA MISIÓN PROGRAMÁTICA Y PARADIGMÁTICA DE LA COMUNIDAD ECLESIAL DE BASE

Hace 55 años dijo el Papa Juan XXIII. “abramos las ventanas de la Iglesia”. “Quiero abrir ampliamente las ventanas de la Iglesia, con la finalidad de que podamos ver lo que pasa al exterior, y el mundo pueda ver lo que pasa al interior de la Iglesia. Se trata de buscar el aggiornamento de la Iglesia, es decir, “la puesta al día”, o “la actualización”, de la Iglesia católica con respecto a la situación que se vivía en aquel tiempo”. Actualmente, el Papa Francisco ha visto la realidad que vive la Iglesia y ha dicho: "veo con claridad que lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles, proximidad, acercamiento. Veo la Iglesia como un hospital de campaña después de una batalla. ¡Qué inútil es preguntarle a un herido si tiene altos el colesterol o el azúcar! Hay que curarle las heridas. Ya hablaremos después del resto. Curar heridas, curar heridas ... ¡Y hay que empezar por lo más elemental, como el buen Samaritano! Esa es la mision de la Iglesia. “La Iglesia, “comunidad del sí” forjada por el Espíritu Santo, se contrapone a la “Iglesia del no”, que obliga al Espíritu «a un doble trabajo»”7. Cuando decimos no a la misión, la Iglesia aparece como una ONG piadosa. Por todo esto, el Papa Francisco ha propuesto “la transformación misionera de la Iglesia”8, en “una Iglesia en salida”9. Esta transformación implica también la transformación profunda del Pueblo de Dios en todos los aspectos.

Para esta transformación de la Iglesia, nos lleva el Papa Francisco a la comprensión de la misión paradigmática y programática.
A. Misión Paradigmática.
La misión paradigmática, “implica poner en clave misionera la actividad habitual de las Iglesias particulares. Evidentemente aquí se da, como consecuencia, toda una dinámica de reforma de las estructuras eclesiales. El "cambio de estructuras" (de caducas a nuevas) no es fruto de un estudio de organización de la planta funcional eclesiástica, de lo cual resultaría una reorganización estática, sino que es consecuencia de la dinámica de la misión. Lo que hace caer las estructuras caducas, lo que lleva a cambiar los corazones de los cristianos, es precisamente la misionariedad. De aquí la importancia de la misión paradigmática”10.

Lo Paradigmático de la misión queda definido entonces por su referencia a la naturaleza misma de la Iglesia que existe para evangelizar, esto es, comunicar al mundo la Buena noticia del Evangelio acontecida en Jesucristo11. Hacer de Jesús nuestro modelo para ponernos en movimiento hacia una Iglesia decididamente misionera, implica tener sus opciones y la pasión por el Reino. La misión es como el epicentro de un dinamismo permanente en el corazón de la Iglesia, que permea a todas las mediaciones de la Iglesia en los diferentes niveles, que lleva siempre a tomar la frescura del Evangelio, saca de lo estático, de lo empolvado, lleva a los pobres, a los alejados, a los olvidados y provoca cambios, los cambios que no ayudan a vivir la misión. Lo que hace cambiar y caer las estructuras caducas, lo que lleva a cambiar los corazones de los cristianos es precisamente la misionariedad. Esta es la misión paradigmática. Esta realidad expresa la dinámica interna que vive quien se ha encontrado con Jesús pues, como Aparecida nos recuerda, “el discípulo, a medida que conoce y ama a su Señor, experimenta la necesidad de compartir con otros su alegría de ser enviado, de ir al mundo a anunciar a Jesucristo, muerto y resucitado...”12. Y para ser fieles a esta misión es necesario “poner en clave misionera la actividad habitual de las Iglesias”13.

Esta misión paradigmática exige que los cuatro componentes teológicos de la Iglesia: el Teológico, el Pastoral, el Institucional y el Espiritual, estén en sintonía, y en sintonia con la Exhortación Apostólica La Alegría del Evangelio del Papa Francisco. No puede estar ningún componente teológico fuera de la clave misionera; es decir, algunos componentes en clave conservadora y otros en la clave misionera.



  1. Componente teológico:

El marco teológico y reflexión teológica del discipulo y misionero debe ser fresca y actual en la linea de la teologia que nos presenta la Exhortacion Apostolica del Papa Francisco La Alegría del Evangelio. Debe ser una teologia no desconectada de la espiritualidad. La teologia no debe ser desde el escritorio sino desde la experiencia de Iglesia, de compromiso misionero. Debe contener un fuerte contenido bíblico, del Magisterio Latinoamericano y Universal14, y con el método teológico de la teología latinoamericana: ver, pensar, actuar.

El componente teológico “responde a la necesidad de dar fundamento, sistematización y profundización científica a la vivencia de la fe y de la praxis eclesial”15. Por último, toda la Iglesia es sujeto de la reflexión de fe. El primer nivel es el del pueblo, el segundo nivel es el del pastor, y el tercero es el del teólogo sistemático, lo que llamamos propiamente reflexión teológica16. A una teología misionera corresponde una pastoral en clave misionera.




  1. Componente Pastoral:

La pastoral, es la expresión concreta y encarnada de la praxis diaconal, de servicio, de compromiso, de testimonio y entrega a la comunidad cristiana a la manera de Jesucristo, principio, centro y modelo de toda pastoral.

La pastoral en clave de misión va a cambiar la pastoral de conservación, va a detectar las estructuras caducas para que la evangelización sea más testimonial, como lo pide el Papa actual. Y también forma a los bautizados como discipulos y misioneros. Él Papa propone abandonar “el criterio pastoral del “siempre se ha hecho así”17. Para esto se necesita lo que dicen Aparecida y el Papa: una conversion personal y comunitaria.

La Conversión Pastoral atañe principalmente a las actitudes y a una reforma de vida. Un cambio de actitudes necesariamente es dinámico"18. El Papa pide que el sacerdote sea pastor y no administrador, que huela a oveja; que vaya a las periferias.


  1. Componente Institucional:

Se entiende como Iglesia-Institución, la organización-estructura de la Comunidad de fieles, la Jerarquía, lo que se refiere a la parte Dogmática, los Ritos, el Derecho Canónico y la Tradición. La dimensión histórica de la Iglesia requiere de una estructura y organización visibles, pero en la perspectiva del devenir histórico, atenta a los signos de los tiempos y a las mociones del Espíritu Santo, siempre para trasparentar el misterio de la Iglesia: ser comunidad y comunión. Esto significa que las estructuras y la organización de la Iglesia Local no son absolutas, lo absoluto es el Reino. Por consiguiente, toda la Iglesia, instancias de servicios y servidores están vueltos hacia el Reino19, y no como meras instancias de poder, y tampoco como funcionarios burocráticos o dueños del Reino sino como humildes servidores y trabajadores del Reino.

La Iglesia es institución pero cuando se erige en "centro" (eclesiocentrismo) se funcionaliza y poco a poco se transforma en una ONG. Entonces, la Iglesia pretende tener luz propia y deja de ser ese "misterium lunae" del que nos hablaban los Santos Padres. Se vuelve cada vez más autorreferencial y se debilita su necesidad de ser misionera. De "Institución" se transforma en "Obra". Deja de ser Esposa para terminar siendo Administradora; de Servidora se transforma en "Controladora". Aparecida quiere una Iglesia Esposa, Madre, Servidora, facilitadora de la fe y no controladora de la fe20.




  1. Componente Espiritual:

La espiritualidad es importantísima porque va a dar las motivaciones profundas para que la teología, la pastoral y la institución sean para hacer presente el Reino de Dios, que es de justicia, verdad, amor, igualdad, fraternidad, etc. Lleva a vivir en comunión con toda la Diócesis, con su proyecto de Iglesia, con sus opciones.

Es importante entender la espiritualidad como nos enseña el papa Francisco, para que no sea una espiritualidad individualista (Cfr. DA 100c) sino misionera y de comunión. De esta manera impulsaremos que nuestra Iglesia sea una Iglesia de salida por el dinamismo del Espíritu Santo.

La espiritualidad lleva a que los discipulos y misioneras tengan motivaciones profundas para un renovado impulso misionero, y a pasar de una Iglesia de conservación a una Iglesia misionera, por tanto, a un seguimiento de Jesús pobre, apasionado por el Reino, y a un seguimiento que implica cargar con la Cruz. El discípulo-misionero vive el seguimiento de Jesús lleno del Espíritu Santo. Jesús quiere evangelizadores que anuncien la Buena Noticia no sólo con palabras sino sobre todo con una vida que se transfigura en la presencia de Dios.

Entonces, la espiritualidad se ha entendido como vivir el seguimiento de Jesús, su evangelio según su Espíritu y en la fuerza del Espíritu para construir el Reino de Dios21. No es una experiencia vacía, ni abstracta. Se irradia en la Iglesia y en el mundo porque la espiritualidad es histórica (experiencia de Dios en la realidad injusta que cuestiona e interpela) y meta-histórica22, es cristológica (de contemplación y seguimiento a Cristo como liberador)23, eclesial (de contemplación: en la participación y en la comunión evangelizadora, en la oración y en el compromiso evangelizador, y en el testimonio de María)24, y pneumatológica (vivir abiertos a las interpelaciones y exigencias del Espíritu a través de los signos de los tiempos)25. Y que es liberadora (porque en la historia se dan anticipaciones de liberación como símbolos del seguimiento radical de Jesús)26.

Por lo tanto, los cuatro componentes son como las cuatro llantas del carro: tienen que ser de la misma medida y para un tipo de carro; si no, no camina, no sale a la misión, se estaciona, se empolva.

Así se puede estacionar el proceso de la Iglesia. El pueblo fiel de Dios, al que pertenecemos, del que nos sacaron y al que nos enviaron tiene un especial olfato originado en el sensus fidei para detectar cuándo un pastor de pueblo se va convirtiendo en clérigo de Estado, en funcionario.


B. Misión Programática.
“La misión programática, como su nombre lo indica, consiste en la realización de actos de índole misionera”27. Lo programático está dentro de la naturaleza misionera de la Iglesia (del paradigma) y es expresión de ella. Aparecida dice: si nuestros proyectos pastorales, quieren ser una respuesta consciente y eficaz para el anuncio de Jesucristo, deben contar con “indicaciones programáticas concretas, objetivos y métodos de trabajo, de formación y valorización de los agentes y la búsqueda de los medios necesarios”28. En nuestra Diócesis el 4to. Plan Diocesano está en la msión programática, para realizar la Misión Continental.

Por tanto, la misión Paradigmática y la Programática son importantes las dos. Estas misiones nos llevan a renovar, a transformar, a formar la Iglesia, y, por consiguiente, a los discípulos y misioneros. Aparecida señala que la tarea misionera “no depende tanto de grandes programas y estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos que encarnen dicha tradición y novedad, como discípulos de Jesucristo y misioneros de su Reino, protagonistas de vida nueva”29.



CONCLUSIÓN
Vivimos un Kairós en la Iglesia universal con el Papa Francisco para caminar hacia el cambio de paradigma, hacia una Iglesia de salida, más misionera. “Esta firme decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos y de cualquier institución de la Iglesia. Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de renovación misionera, y de abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe”30. El Papa Francisco nos dice: “Dios no tiene miedo… va siempre más allá de nuestros esquemas”31, y una Iglesia que no teme, cambia las estructuras caducas para ser fiel a la Misión.

1La Iglesia diocesana se ha planteado el reto de responder, de identificarse y de caminar con y desde los pobres con una praxis desde la perspectiva de la liberación, de la transformación histórico-social, en fidelidad al Evangelio y al Magisterio. Donde el estilo de vivir la Iglesia sea desde los pobres, tanto su estructura, organización y misión. Esto implica la opción por ellos en el compromiso y la solidaridad con su causa. Y así se va respondiendo a las situaciones históricas que abarcan las categorías Iglesia-Reino-Mundo, y los aspectos ad intra y ad extra de la Iglesia, lo cual también se hacen presentes con proyectos históricos. Esto implica ir a los pobres, acercarse al pueblo, a las clases populares y dar la posibilidad de su irrupción en el escenario histórico eclesial como sujetos eclesiales. Así también se va construyendo la Iglesia de los pobres.

2 Durante la audiencia concedida el 16 de marzo de 2013, en la Ciudad del Vaticano, el Papa Francisco comunicó su deseo de una Iglesia pobre para los pobres a los profesionales de la comunicación que trabajan en la Santa Sede, así como a periodistas y comunicadores sociales que vienen cubriendo las últimas actividades en el Vaticano.

3 Carta del Papa Francisco a la 105º Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, 25 de marzo de 2013.

4 DA, 402.

5 Estas fueron las palabras del Papa Francisco en el encuentro con el Comité de Coordinación del CELAM en el Centro de Estudios de Sumaré, Río de Janeiro, Brasil, en el último día de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Río 2013.

6 EG No. 244.

7 Misas matutinas en la capilla de la Domus Sanctae Marthae del 2 de mayo al 8 de mayo de 2013.

8 EG, p. 19.

9 EG, p. 19.

10 Estas fueron las palabras del Papa Francisco en el encuentro con el Comité de Coordinación del CELAM en el Centro de Estudios de Sumaré, Río de Janeiro, Brasil, en el último día de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Río 2013.

11 Pablo VI. Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, 14.

12 DA, 278.

13 Cf. Discurso del Papa Francisco al Comité de coordinación del CELAM en Rio de Janeiro, el 28 de julio de 2013; Cfr. 4to Plan Diocesano de Pastoral.

14 EG, No. 259-262.

15 ALBERICH Emilio, Catequesis y praxis eclesial, Ed. CCS, Madrid 1983, p. 111.

16 Cf. PROCALA, Teología 1, pp. 33-45.

17 EG, No. 33.

18 Estas fueron las palabras del Papa Francisco en el encuentro con el Comité de Coordinación del CELAM en el Centro de Estudios de Sumaré, Río de Janeiro, Brasil, en el último día de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Río 2013.

19 Cfr. DA 168-169, 172, 201-203.

20 Cf. Discurso del Papa Francisco al Comité de coordinación del CELAM en Rio de Janeiro, el 28 de julio de 2013; Cfr. 4to Plan Diocesano de Pastoral.

21 Cf. 2 DS Nos. 385-387.

22 Cf. Ibíd. Nos. 384. 401. 408.

23 Cf. Ibíd. Nos 370-373. 386. 389.

24 Cf. 1 DS No. 94; Cf. 2 DS Nos. 388. 391-393.

25 Cf. 2 DS No. 4; Cf. 2 DS No.48.

26 Cf. Ibíd. No. 384. 391.

27 Ibíd.

28 Cfr. Novo Millenio Ineunte 29, en DA, 371.

29 DA, 11. El subrayado es nuestro.

30 DA, 365.

31 Francisco. Discurso a los participantes en el congreso internacional sobre la catequesis. Roma, 27 de septiembre de 2013.



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