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Milagro que ha sido aprobado para la canonización del beato Damián de Veuster


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CANONIZACION DEL BEATO DAMIAN DE MOLOKAI, 11 DE OCTUBRE 2009
GUION (III) PARA UNA GRABACION

PARA EDICION DE UN CD O REALIZACION DE UN PROGRAMA RADIOFÓNICO


Milagro que ha sido aprobado para la canonización del beato Damián de Veuster


Este guión está destinado a dar a conocer la vida de Damián de modo que lo podamos imitar; y, más que todo, a destacar su poder de intercesión.


PRESENTACION


La Congregación de los Sagrados Corazones, comunidad religiosa internacional, está presente en Ecuador con sus religiosas desde la segunda mitad del siglo XIX; y desde mediados del siglo XX con sus religiosos sacerdotes. Desempeñan su misión evangelizadora, social y educativa desde el sur (Cariamanga, Piñas, Cuenca) hasta Quito, pasando por Guayaquil y la zona de Santo Domingo de los Colorados.
El próximo 11 de octubre, uno de sus miembros va a ser canonizado o sea proclamado oficialmente santo por el Papa Benedicto XVI en la Plaza San Pedro.
Es el famoso Padre Damián de Veuster (1840-1889), belga de origen, apóstol de los leprosos en la isla Molokai (Hawai), mártir de la caridad, uno de los misioneros de mayor impacto de los últimos 150 años.
CANTO MISIONERO O VOCACIONAL

http://www.sscc.cl/quienes%20somos/nuestros%20testigos/Damian%20de%20Molokai/oraciones%20y%20cantos.html


Presentador

En este programa, vamos a dar a conocer la vida de Damián de modo que lo podamos imitar. Y, más que todo, vamos a destacar su poder de intercesión a través de la presentación del milagro que ha sido aprobado para su canonizacion.

VIDA DE SAN DAMIAN DE VEUSTER


(en forma de entrevista)
Presentador

La figura, el espíritu y el mensaje de Damián son más actuales que nunca y ofrecen una orientación luminosa para el nuevo milenio, en la línea del respeto a las culturas, del amor y de la entrega. Es necesario que vayamos descubriendo su personalidad, que conozcamos su vida.

Usted, como miembro de su misma congregación religiosa, sabe mucho de él, díganos en qué siglo y en qué país nació.

José de Veuster, el futuro Padre Damián, nació en 1840 en Bélgica, en una familia profundamente cristiana. Desde pequeño demostró un gran amor a Dios y a los pobres. A los 13 años tuvo que dejar la escuela para ayudar en los trabajos de la finca.
¿Cómo oyó el joven Damián el llamado de Dios a la vida religiosa y al sacerdocio?

Más tarde, cuando tenía 18 años, su padre lo destinó al comercio de granos y lo mandó, fuera de casa, a estudiar el francés. Allí descubre su vocación. Escribe a sus padres: - Quiero ser sacerdote.

Sin más tardar los convence de dejarle ingresar a la Congregación de los Sagrados Corazones. Esta Comunidad, nacida durante la Revolución Francesa, tenía la finalidad de llevar el amor del Corazón de Cristo al mundo y así renovarlo.



¿Y cómo nació en él la vocación misionera?

Cuatro años más tarde, en 1863, su hermano mayor, religioso de la misma Comunidad y recién ordenado sacerdote, es designado para ir de misionero a las islas Hawai. Pero, habiendo caído enfermo de gravedad, no puede partir.

Con la entereza que le caracteriza, Damián escribe al Superior General de su Congregación: - Quiero ir en lugar de mi hermano. Aunque no ha terminado sus estudios, su ofrecimiento es aceptado.



¿A qué se dedicó en las islas?

Ordenado sacerdote en Honolulu, a los 24 años, el joven misionero toma inmediatamente posesión de un extenso y difícil territorio misionero en el distrito de Puna al oeste de la gran isla Hawai.
¿Pero acaso no se hizo famoso en la isla de Molokai?

Esta isla en efecto, igual que sus vecinas, es un pequeño paraíso: primavera perpetua, belleza del paisaje, flora exuberante. Y, sin embargo, en el siglo pasado fue un infierno. En 1850, al aparecer la lepra en el archipié­lago, el rey decide confinar a todos los leprosos en Molokai. Comienza la caza al hombre; la policía aco­sa a todos los que se esconden en las montañas; unos tristes convoyes conducen a la isla maldita a los in­felices condenados a muerte lenta. Son un millar, alejados del mundo, entregados a sí mismos, destinados a pudrirse.

¿En qué circunstancias llegó Damián a Molokai?

Los misioneros de los Sagrados Corazones se conmovieron con la situación de los pobres leprosos. ¿No habrá en­tre ellos un voluntario que se ofrezca a vivir con esos deportados?

Se presenta un muchacho alto, rubio, fuerte, hijo de campesinos flamencos. Se llama José de Veuster, en religión padre Damián. Tiene treinta y tres años. «Como Jesucristo», murmura su superior al oír su heroica propuesta.

Unas semanas más tarde, en mayo de 1873, se en­cuentra ya sumergido en un mundo de degradación física y moral. Hay madres que abandonan a sus hi­jos; los moribundos son tirados al muladar; algunos se entregan a repugnantes bacanales.

¿Qué obras emprendió Damián entre los leprosos?

Es preciso convertir a esos reclusos en serres humanos. Al mismo tiempo que cura a los enfermos, el padre Damián hace que trabajen todos los que pueden ha­cerlo, y los ocupa en el cultivo de la tierra y la cons­trucción de casitas que, poco a poco, van sustituyendo a las infectas cabañas de paja. También él hace de agricultor, arquitecto, albañil, carpintero...

A la reno­vación material le acompaña la moral: los robos y agresiones van siendo raros; el alcoholismo disminu­ye; las familias se rehacen; las jóvenes se agrupan en coros, y los muchachos, en equipos deportivos. In­cluso el sector de los «locos», que es el lugar más vil, poco a poco se apacigua.



¿Logró Damián evitar el contagio?

Cuando ya está realizado lo esencial, sucede lo que era natural y ya había previsto el padre: a fuerza del trato continuo con los enfermos, de coger el poi en la misma calabaza que los dedos purulentos, es ven­cido por el bacilo, a pesar de su robusta constitución.

Ya es un leproso más entre los otros. Su hermoso rustro se hincha; las úlceras y las costras lo invaden.

Pronto ya no puede levantarse. Sus ojos vidriosos se fijan en el «San Francisco estigmatizado» de Burne, que está colgado a su vista. ¿No lleva también él a su modo los estigmas de la Pasión?

De día y de noche hay un centenar de leprosos orando de rodillas junto a su casa. «Mis queridos le­prosos», murmura el padre al oírlos. Y unas lágrimas caen por sus mejillas.

Una última alegría: llega un sacerdote que se que­dará con sus leprosos. Ya puede morir.

Y, ¿cómo fue su muerte?

Muere, en efecto, el 15 de abril de 1889, después de haber visto morir, en dieciséis años, a 1.823 de sus compañeros. Tiene cuarenta y nueve años. Poco des­pués, las señales de la lepra desaparecen de su rostro. El día de los funerales, precedido de la banda de mú­sica y de las cofradías, llevado por ocho leprosos, es enterrado el ataúd, como lo había deseado el padre, al pie del pandanus que había cobijado sus primeras noches. Encima de su tumba plantarán una cruz de mármol negro que lleva en letras plateadas estas pa­labras: MURIÓ MARTIR DE SU CARIDAD.

CANTO MISIONERO O VOCACIONAL


TESTIMONIO (milagro aprobado para la canonización)

Presentador

Quizás nos preguntemos porque demoró tanto la canonización de Damián si ha muerto en el 1889. Ya han pasado 120 años.

Antes de proclamar oficialmente a un “santo”, los órganos competentes de la Iglesia reúnen y estudian toda la información disponible. El proceso puede prolongarse por décadas, a veces siglos… El último requisito es un caso de sanación sin explicación natural, sanación operada mediante la intercesión del candidato a “santo”. A continuación, el testimonio de Audrey Toguchi, 69 años, madre de familia, habitante de la Isla Oahu en el estado de Hawai, USA. Su curación ha sido reconocida como auténtico milagro y ha sido aceptada para la canonización del beato Damián.



Señora Audrey Toguchi, cuéntenos de que sufría y cómo todo empezó.

En 1996, limpiando el piso de casa, me resbalé cayéndome al piso. Me quedó un hematoma, el médico no dio mayor importancia al hecho diciéndome que con el tiempo la tumefacción desaparecería.

El año siguiente, 1997, la tumefacción no solamente no había desaparecido sino que había crecido. Otro médico que me examinó me dio un diagnóstico sin esperanza: “Usted tiene un liposarcoma en el muslo izquierdo; es un cáncer maligno que no se puede curar; la matará”.



Señora Audrey, ¿usted acaso se resignó o buscó alguna salida para su enfermedad?

Para tener más conocimiento y seguridad sobre la enfermedad, me fueron hechas varias biopsias e intervenciones quirúrgicas sacándome partes de las masas infectadas; otras veces me fue extraído líquido sueroso. Las heridas se infectaron y hubo presencia de necrosis. En una visita de control en septiembre de 1998, las radiografías revelaron que las masas cancerosas habían también atacado los pulmones. La biopsia confirmó la metástasis y como consecuencia me dieron al máximo tres meses de vida. Además me dijeron que una cirugía solamente me procuraría más sufrimientos inútiles; la quimioterapia no me sería de ninguna ayuda.

¿Entonces, Señora Audrey, usted recurrió a la fe?

En efecto, mientras tanto, desde enero 1998, junto a mis familiares, amigos y conocidos, había empezado una cadena de oraciones al Beato Damián. A lo largo del tiempo en el cual estuve enferma, fui a rezar sobre la tumba del Beato Damián a Kalawao. Para mí Damián es como alguien de la familia: en efecto algunos de mis familiares antepasados fueron enfermos de lepra y fueron confinados a Molokai. Yo oré mucho al Beato Damián. El fue el personaje central en mis oraciones: desde el 1 de mayo 1997 hasta el 19 de enero 2004 mis oraciones fueron dirigidas a Dios exclusivamente por medio del P. Damián.

¿Estas oraciones a Dios mediante la intercesión de Damián le alcanzaron una mejoría?

El 2 de noviembre de 1998, los exámenes médicos demostraron que el cáncer había desminuido y en diciembre aún más. El 14 de mayo de 1999, lo rayos X revelaron una completa regresión de la metástasis sin uso de ninguna terapia: regresión quiere decir desaparición del cáncer al 100%.

Estaba sanada del terrible “Liposarcoma pleomórfico metastatizado”.


Presentador

El 18 de octubre 2007, los Peritos Médicos de la Congregación de los Santos han examinado los documentos médicos; han compartido sus opiniones y juntos han llegado a la conclusión que hay certeza moral que la “sanación” no es solo excepcional sino “extranatural”.

Luego la Comisión de Teólogos determinó que esta curación es un verdadero milagro, obra de Dios, alcanzada por la intercesión de Damián.


Concluyamos con una reflexión. Hoy Damián, desde el cielo, manifiesta su poder de intercesión ante Dios, al curar la enfermedad. Sin embargo en vida, no curó milagrosamente a ningun leproso.

El milagro más patente, que operó en Molokai, consistió en devolver la paz y procurar la esperanza en medio de la tremenda enfermedad. Mediante el poder del amor, logró colmar de gozo los corazones aunque sin sanar los cuerpos. Logró humanizar la leprosería. No le tocó anunciar la salud y la prosperidad, no le tocó proclamar la curación y la riqueza. Le tocó testimoniar del gozo, del amor y de la paz que Cristo puede comunicar al corazón aunque el resto del cuerpo esté en proceso de descomposición.

Preguntémonos, ¿cuál es el más grande de los milagros, la sanación de Audrey o la conversión del infierno de Molokai en antesala del cielo? Y si queremos hacer milagros, ¿cuál milagro está más a nuestro alcance, el de la sanación física, o la transformación de la familia y de la sociedad en “Reino de Dios”?

CANCIÓN Y ORACIÓN


LOS SANTOS, MODELOS PARA IMITAR A LA VEZ QUE INTERCESORES

Presentador

Los santos son modelos para imitar. Comprometámonos a imitar a Damián, ayudándonos con la canción “Hay que construir” (Cantata, “Nosotros los leprosos”, Chile, Esteban Gomucio y Alex Vigueras, sscc).
(cantado o recitado)

Hay que construir la vida, hay que sembrarla de esperanza

Hay que regarla de sueños, hay que abonarla de amor.
Hay que andar estos caminos, hay que vencer el cansancio

Hay que levantar los ojos, hay que mirar hacia el sol.


Hay que acariciar las manos, hay que vendar las heridas

Hay que abrazar el dolor, hay que romper los silencios


Hay que irrumpir con el canto, hay que secar este llanto

Hay que dar el corazón.


Hay que calmar los dolores, hay que ser fuerza y consuelo

Hay que abrazar a este pueblo, hay que abrazar el dolor.


Presentador

Los santos no son solo modelos para imitar, son también amigos de Dios que pueden interceder por nosotros, como nos lo demuestra el testimonio de la Señora Audrey Toguchi. Ella siente a Damián como a alguien de su familia. Dios nos invita a establecer relaciones entre la tierra y el cielo, una relación confiada con los santos del cielo, es la llamada “comunión de los santos”. ¿Tenemos a amigos, entre los santos del cielo? ¿Sentimos a Damián como a un amigo, a un hermano, a un padre? Mientras tanto vamos a invocarlo con las mismas palabras del Papa Juan Pablo II.
Voz 1

Beato Damián,

tú te dejaste conducir por el Espíritu Santo

como hijo obediente a la voluntad del Padre.


Voz 2

Con tu vida y tu obra misionera,

manifiestas la ternura y misericordia

de Cristo por nosotros,

desvelándonos la belleza de nuestro ser interior,

que ninguna enfermedad,

ninguna deformidad,

ninguna debilidad

pueden desfigurar totalmente.
Voz 1

Con tu acción y tu predicación,

recuerdas que Jesús asumió la pobreza

y el sufrimiento de los hombres,

revelando así su valor misterioso.
Voz 2

Intercede ante Cristo, médico de los cuerpos y de las almas,

por nuestros hermanos y hermanas,

para que, en la angustia y el dolor

no se sientan abandonados,

sino que, unidos al Señor Resucitado y a su Iglesia,

descubran que el Espíritu Santo viene a visitarlos

y obtengan así el consuelo prometido a los afligidos.


Voz 1

Amén.



CONCLUSION



Misa solemne de celebración de la canonización:

  • Sábado 24 de octubre a las 11am

  • Basílica de la Dolorosa

  • Celebrante: Mons. Raul Vela, arzobispo de Quito


Para más información:

  • Padres de los Sagrados Corazones: T. 2 2292 515

  • Religiosas de los Sagrados Corazones: T. 2255 475

  • Página Web: www.ssccpicpus.com/








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