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Miguel hernández obra poética


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MIGUEL HERNÁNDEZ


OBRA POÉTICA




Durante los felices años 20 florece la poesía pura, la del arte por el arte y se desarrollan los movimientos vanguardistas, elitistas y minoritarios. En la onda de este oleaje, el filósofo Ortega y Gasset escribe La deshumanización del arte en 1925 y postula lo que de inmediato será una aberración “vida es una cosa, poesía es otra…No las mezclemos”. La década de los años 30 va a deparar vertiginosos y aplastantes cambios, tendentes a una literatura más social y comprometida con las libertades y los derechos del pueblo llano; de nuevo Ortega y Gasset, lúcido como siempre, vislumbra el porvenir y publica en 1930 La rebelión de las masas. Miguel Hernández con su autodidactismo, personaliza los efectos posibles de las reformas de esta época: un ciudadano de humilde extracción social con un deseo intuitivo e irrefrenable de ser escritor. Miguel Hernández será la voz que, fuera de su contexto histórico, permanecerá en este nuevo milenio como uno de los grandes poetas del amor, de la justicia y de la solidaridad de todo el siglo XX.

VIDA.-
El 30 de Octubre de 1910 Miguel Hernández Gilabert nace en Orihuela, Alicante, localidad en plena huerta del Segura, presidida por el edificio del Seminario de Santo Domingo, que destaca como símbolo y bastión de la religiosidad imperante, el ambiente espeso y cerrado. Forma parte de una familia con siete hijos de los que solo sobreviven a la infancia cuatro. Su padre era tratante de ganado y Miguel creció siendo pastor de cabras y vendiendo leche por las calles del pueblo, asistía a las escuelas del Ave María, ajenas al colegio de Santo Domingo, pero pronto lo mandaron a esta institución más distinguida y Miguel acude, en calidad de alumno pobre, al Colegio de Santo Domingo de jesuitas, situado frente a la casa de sus padres, y era apreciado por su saber deslumbrantemente precoz y por su jovialidad entre sus amigos. Formó parte del equipo de fútbol “La Repartiora”. En la casa familiar, Miguel duerme con su hermano Vicente, quien contaba las palizas que su padre le daba al pequeño Miguel, empeñado en estudiar y en escribir versos por las noches, sentado en la cama:
Por el viejo ventano donde interna la rama

Una albahaca apoplética de verdores, me llama

El paisaje romántico de la noche otoñal.

Dejo el lecho mullido que hoy me creo de

Plomo;

Abro el viejo ventano, y a la noche me asomo



Que me funde en un beso dulcemente glacial

(Insomnio pág. 81)


En un rincón del patio de su casa en la calle Arriba –hoy calle Miguel Hernández- nº 73 en la que viven desde 1914, el aprendiz de poeta instala, a la intemperie, una mesa con grandes piedras mirando a la peña, su despacho, rodeado del limonero, el pozo, la higuera, las pitas, la sierra…
Desde los 14 años compagina su labor de pastorear el rebaño de cabras familiar y la composición de sus primeros versos. En el curso de 1924 se incorpora a las clases, donde también estudiaba Ramón Sijé, quien más tarde sería su gran amigo. Pronto destaca el interés de Miguel por la lectura y los estudios consiguiendo excelentes calificaciones. En Marzo de 1925 tiene que abandonar sus estudios, obligado por su padre, ante la crisis económica que atraviesa la familia; el aprovecha las horas de pastoreo en la sierra para seguir estudiando. También trabaja en una tienda de tejidos. Miguel se convierte en un visitante asiduo de la biblioteca de Luis Almarcha, sacerdote y canónigo de la catedral, que lo anima en los estudios y será su protector y su benefactor en la época oriolana de Miguel. Allí entra en contacto con los clásicos. En esta etapa también se siente atraído por el teatro y junto con otros amigos forman un grupo teatral, La Farsa. Miguel representa diversos papeles en actuaciones realizadas en la Casa del Pueblo y en el Círculo Católico de Orihuela. Allí conoce a otro poeta oriolano joven, Carlos Fenoll, y éste le presenta a Ramón Sijé (pseudónimo de José Marín, conocido familiarmente como Pepito Marín. Pertenecía a una familia acomodada, propietaria de una tienda de tejidos junto a la catedral. Estudió Derecho en Murcia y murió a los 22 años). Sijé, aun siendo casi tres años menor que Miguel lo introduce en los mejores ambientes culturales y sociales de la Orihuela de la época.
El 13 de Enero de 1930 publica su primer poema, “Pastoril”(pág.70) en El Pueblo de Orihuela, aunque existen borradores de aprendiz de poeta desde los quince años. Es una muestra modernista de ambiente pastoril con influjos de Garcilaso de la Vega. Posteriormente gana un premio literario en Elche con el poema “Canto a Valencia”.

Se libra del servicio militar, lo que le enfurece y le deprime porque deseaba realizarlo para escapar del autoritarismo de su padre, empeñado en frenar su carrera de poeta. El amor de Hernández en esta época es una vecina, conocida de la infancia, llamada Carmen Samper, “La Calabasica”.

A mediados de octubre de 1931 lee y escenifica en el Casino de Orihuela el poema “Elegía media del toro”(pág. 106)

El 30 de noviembre viaja por primera vez a Madrid para dar a conocer su obra. Ramón Sijé le paga el billete, le deja un traje y unos zapatos, y le da dinero para hospedarse y comer en la capital. Miguel iba ilusionado porque el gran poeta Juan Ramón Jiménez le recibiría a quien escribió desde Orihuela. Su sueño de escritor dura solo seis meses, aunque fructíferos pues entra en contacto con poetas del 27. El 1 de mayo de 1932 en La Gaceta Literaria publicará su primer poema en Madrid, “Reloj rústico”, quince días antes de su vuelta a Orihuela; llega con ideas totalmente renovadas y con el deseo de trabajar en la poesía con avidez. En agosto de 1932 Miguel conoce a Josefina Manresa; ella trabaja de costurera en un tienda de la Calle Mayor por cuya puerta pasa él todos los días con la ilusión de verla; en esta época el trabaja como mecanógrafo con el notario de Orihuela Luis Maseres. Conoce a todo un círculo de intelectuales murcianos como son Carmen Conde, Antonio Oliver, Maria Cegarra, Raimundo de los Reyes, Juan Guerrero Ruiz…El 20 de enero de 1933 aparece su primer libro Perito en lunas en las ediciones del diario La verdad de Murcia. En esta ciudad conoce a uno de sus poetas más admirados: Federico García Lorca, quien se mostró despreciativo y hostil hacia él. De esta época también es la escritura de su auto sacramental Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras, resultado del ambiente clerical de la Orihuela de esa época, y los poemas religiosos de El silbo vulnerado, que fueron publicados en revistas literarias, El Gallo Crisis,( dirigida por Sijé, con quien discutiría a menudo sobre el tema social y político) pero que no vieron la luz como libro. Son poemas de transición entre su primer y segundo libro.


Miguel sigue cortejando a Josefina inspiración de sus versos.

En 1934 realiza su segundo viaje a Madrid financiado por una gala benéfica organizada por Ramón Sijé. En este segundo viaje conoce a José Bergamín, a través de su amigo oriolano, director de la revista Cruz y Raya. En la tertulia de la revista le presentan a José Mª Cossío, y le prometen publicar su auto sacramental.

En ese mismo año viaja de nuevo a Madrid y conoce a Pablo Neruda y a otros poetas. En verano publica su auto sacramental Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras y escribe El torero más valiente (tragedia inspirada en la rivalidad de Ignacio Sánchez Mejías y su cuñado Joselito), se la entrega a Lorca para su representación pero la rechaza. Sus viajes a Madrid son frecuentes, amplia su círculo de amistades, sobre todo de grandes personalidades que acaban despertando en él el germen social que tenía dormido. Formaliza su relación con Josefina Manresa, comenzando una de sus mayores pasiones “a su gran Josefina adorada”.

Regresa a Madrid en varias ocasiones y se incorpora a las Misiones Pedagógicas, experiencia similar a La Barraca de García Lorca, que lo lleva por distintos pueblos de España, Salamanca, Puertollano y Jaén, y escribe su tragedia en prosa Los hijos de la piedra. Se mantiene en Madrid trabajando como secretario personal de José Mª Cossío, que estaba redactando su enciclopedia sobre toros; entra en contacto también con el grupo de intelectuales de la Escuela de Vallecas.

En 1935 conoce a la pintora gallega vanguardista Maruja Mallo (perteneciente a la Escuela de Vallecas) en la casa de Pablo Neruda. Cuando esto sucede, la relación epistolar que mantiene con su novia de Orihuela comienza a sufrir un considerable deterioro, hasta romperse a los cinco meses de su llegada a Madrid; por esas fechas, el poeta acompañaba a la pintora a varios viajes y los rumores de su relación iban de boca en boca. Al dar por concluida su noviazgo con Josefina Manresa deja en el camino los poemas dedicados a ella menos hondos que los que empieza a escribirle a Maruja Mallo. Solo tres poemas provocado por Josefina estarán en El rayo que no cesa, (hito de la lírica amorosa española) que empieza a escribir ahora, en cambio la destinataria de las nuevas composiciones es la pintora, 18 de los 29 textos del libro. Con ella mantuvo una pasión encendidísima que lo marcó durante años. El distanciamiento de Josefina viene acompañado con el de Ramón Sijé, desatándose una clara enemistad entre éste y Neruda.
Maruja Mallo

En agosto de 1935 Miguel se hallaba en Orihuela y recibe una carta del poeta chileno en la que éste le anima a volver a Madrid, porque está apunto de imprimirse el primer número de Caballo Verde para la poesía poniéndolo en contra de El Gallo Crisis por su carga religiosa. Miguel acude a Madrid y se mueve en todos los frente literarios, y le conduce a un cambio de mentalidad, sobre el concepto y la función que debe tener la literatura en los tiempos modernos, de la poesía pura pasa a la poesía “impura”, es decir comprometida. Eran famosas las reuniones en casa de Pablo Neruda. En pleno cambio estético conoce a Vicente Aleixandre, que acababa de publicar La destrucción o el amor.

El 24 de diciembre de ese mismo año muere Ramón Sijé en Orihuela, a los 22 años, Miguel está en Madrid y conoce la noticia por Vicente Aleixandre. Ese mismo mes se publica El rayo que no cesa con la “Elegía”(pág. 172) que Miguel dedica a su compañero del alma.
Miguel reanuda formalmente sus relaciones con Josefina, tras un escarceo amoroso con María Cegarra. En el reencuentro le regala un ejemplar de El rayo que no cesa con una dedicatoria escrita a mano.

El 9 de febrero de 1936 un importante grupo de intelectuales organizan una comida homenaje a Rafael Alberti y a Mª Teresa León en el Café Nacional, a su regreso de América y de la Unión Soviética, donde también acuden Pablo Neruda, García Lorca y Luis Cernuda…pero no invitan a Miguel Hernández pese a la aceptación favorable de Neruda, pero no de Lorca y Cernuda. En el verano de ese año termina su obra teatral El labrador de más aire y estalla la Guerra Civil estando en Madrid aunque días después regresa a Orihuela. Se afilia al Partido Comunista. El 18 de septiembre regresa a Madrid y se incorpora al frente como voluntario, cava trincheras en el frente de Valdemoro. Más tarde es nombrado Comisario de Cultura del batallón (arengas, periódicos, murales de poesías, representaciones…)




El 9 de marzo se casa civilmente en Orihuela con Josefina. Se trasladan a Cox (Alicante) y a Jaén, Miguel está destinado en el “Altavoz del Frente”.


Miguel y Josefina en Jaén, 1937. Corrigen las pruebas de Vientos del pueblo y Josefina las mecanografía.
Su poesía se hace bélica y prepara Viento del pueblo dedicado a Vicente Aleixandre, una de las más altas cumbres del arte de España; fue una recopilación de poemas cantados por los soldados de España.
Miguel está en el frente en Extremadura y Madrid, posteriormente viaja a la URSS con una comisión de intelectuales y termina Pastor de la muerte, una obra de teatro. A su vuelta ya está Viento de pueblo en la calle. En diciembre de 1937 nace su primer hijo, Manuel Ramón estando él en el frente y escribe el poema “Canción del esposo soldado”. Miguel sigue escribiendo a Josefina desde el frente, de esta época es “El niño yuntero”. En octubre de 1938 con menos de un año muere su hijo Manuel, esta circunstancia acelera los versos de su Cancionero y romancero de ausencias.

En enero de 1939 nace su segundo hijo, Manuel Miguel. Se hace entrega a la imprenta de la obra El hombre acecha dedicado a Pablo Neruda, que queda sin encuadernar.

En abril Miguel Hernández huye de Orihuela, pide ayuda a varios intelectuales del lado franquista, decide exiliarse a pie hacia la frontera portuguesa y es detenido por la guardia portuguesa en la frontera con Huelva, es entregado a la Guardia Civil y un paisano de Orihuela lo delata, acusándolo de comunista y ateo. Ingresa en varias prisiones y escribe el poema “Nanas de la cebolla”, una trágica canción de cuna que refleja la situación familiar: en su casa solo comían pan y cebolla. En septiembre es puesto en libertad, intenta el asilo político en la embajada de Chile, no lo consigue y comete su mayor error: vuelve a Orihuela a visitar a su familia y la de Ramón Sijé. Es detenido en Orihuela el 29 de septiembre, día de S. Miguel, después de catorce días de libertad; fue internado en el Seminario, convertido en cárcel, donde permanece hasta finales de noviembre. Josefina le subía comida a diario, hecho que disgustaba a Miguel. En diciembre lo ingresan en una cárcel de Madrid y coincide con Antonio Buero Vallejo. A principios de 1940 es juzgado en Consejo de Guerra y condenado a pena de muerte. José Mª Cossío promueve un pliego de firmas de intelectuales que hace que se le conmute la pena de muerte por treinta años de cárcel. Paseó por trece prisiones de toda la Península. En 1941 debido a una enfermedad, tuberculosis, consigue su traslado a un Reformatorio de Adultos en Alicante, su última cárcel. Los poemas escritos durante su estancia en la cárcel fueron recogidos en distintos soportes, incluso en papel higiénico. Estos poemas se salvaron porque fueron sacados por su esposa de la cárcel de forma clandestina, y dieron lugar a su obra Cancionero y romancero de ausencias. Su familia se traslada también a Alicante a la casa de una hermana de Miguel para estar cerca de él. En 1942 se casan de nuevo Miguel y Josefina pues el matrimonio anterior es anulado por haberse realizado en plena Guerra Civil, él está casi moribundo, y lo hizo presionado y por no dejar desamparados a su esposa y a su hijo, fue en la enfermería de la cárcel. El 28 de marzo de 1942 muere en torno a las seis de la madrugada, tenía 31 años. Uno de sus últimos poemas fue “Eterna sombra” (pág. 318)

LA POESÍA ESPAÑOLA DESDE PRINCIPIOS DEL SIGLO XX HASTA LA POSGUERRA. (PAU)

Como el mismo epígrafe indica, se trata de un período muy amplio en el que los movimientos literarios, las generaciones de poetas, las figura inclasificables se precipitan, tal y como ocurre con los acontecimientos históricos de esa época, tanto en España como en Europa. Intentaremos poner orden en este gran universo creativo, tal y como los distintos estudios referidos a estos años han ido haciendo. Nuestro objetivo debe quedar claro desde el primer momento. No se trata de realizar en estas páginas un estudio exhaustivo, que ocuparía mucho más de lo que se espera de este curso. Lo que pretendemos es dar una visión ordenada, sistemática de las décadas que supusieron para el género literario más valorado una verdadera renovación estética. Con este fin hemos propuesto los siguientes momentos literarios:

• Renovación de la lírica (Modernismo y Generación del 98).

• La poesía de principios de siglo. Las vanguardias literarias: Juan Ramón Jiménez y la Generación del 27.

• La poesía marcada por la guerra
Renovación de la lírica (Modernismo y Generación del 98)

En la poesía existe un afán de renovación que se viene escuchando desde la segunda mitad del siglo XIX. Blanco García señala que “se comienzan a notar ráfagas de inspiración nueva, vislumbres de un cambio, tendencias simultáneas en los autores a cambiar estilos y gustos”, soplos de aires nuevos que culminarán en el Modernismo y la Generación del 98.


El Modernismo.

El paso definitivo de la evolución poética lo ha de dar el Modernismo, o si queremos ser más exactos la estética modernista. Esta estética es consolidación de algo ya previamente insinuado, se trata de la evolución de la expresión del sentimiento a la expresión de sensaciones. Hemos hecho uso de forma absolutamente intencional del concepto estética modernista, pues de ella haremos partícipes tanto a poetas adscritos al Modernismo como aquéllos que forman tradicionalmente parte de la nómina del 98. La música, la pintura y, por supuesto, la literatura se hacen eco de la crisis finisecular que se vive a nivel europeo y que se agudiza en España por sus propias circunstancias históricas, no hace falta aludir al desarme moral que supuso “el desastre”.

Florece en este ambiente de crisis la poesía como sólo antes lo había hecho, durante una época marcada también con el estigma de la crisis, el Barroco. Lo interesante del modernismo es que en esa eclosión de sensaciones que surge del choque terrible con la realidad, una realidad de la que huyen hacia paraísos lejanos e irreales o hacia las galerías del alma, buscando refugio en el yo más íntimo, se esconde cierta rebeldía, que obliga a la poesía a estar en un continuo estado de superación. Es un movimiento que no surge sin más, sino que conoce las tendencias previas a él así como algunas de las que se están cultivando o creando simultáneamente. Así para determinar en qué consiste su poética podríamos decir que toma del Romanticismo el misterio y la fantasía, la perfección formal y el gusto del “arte por el arte” del parnasianismo y el poder de la sugestión del simbolismo.

Si hablamos de Modernismo es inevitable hacer alusión al que fue su precursor y cuyos versos introdujeron este concepto poético en los metros españoles, nos estamos refiriendo a Rubén Darío. Azul sería su primer libro importante, 1888. Todos sabemos que se trata de una obra miscelánea, compuesta por poemas en prosa, ensayos “de color y dibujo”, y dos colecciones de poemas: “El año lírico” y “Medallones”. Otras obras del autor son Prosas Profanas y Cantos de vida y esperanza

Modernismo y 98.

Tanto Unamuno como Machado pertenecen a la que conocemos como “Generación del 98”. El hecho de que ambos compartan matices de Modernismo nos da pie para hacer una reflexión sobre la problemática distinción entre ésta y el movimiento modernista. Los críticos más tradicionales mantienen la distinción de movimientos que parte del estudio de Pedro Salinas. La línea divisoria entre ambos movimientos ha sido seguida por otros críticos, señalando como característica más importante la actitud de los poetas ante el lenguaje. Otros sostienen que ambos movimientos no son excluyentes. Esta viene a ser la tendencia crítica más actual. Muchos son los que han advertido de la imposibilidad real de tal separación, que se muestran partidarios de incluir a los autores de ambas tendencias en un solo movimiento. Machado y Unamuno: Si bien es cierto que la Generación del 98 es una escuela de prosistas que prefiere la novela o el ensayo hay una voz poética que destaca por encima de todos, alcanzando una popularidad inusitada y consiguiendo una repercusión altamente beneficiosa para la lírica. Nos referimos, por supuesto, a Antonio Machado, conocido como “el poeta del pueblo”. Pero junto a su voz, otra está empezando a recuperarse desde el punto de vista poético, se trata de Miguel de Unamuno, estudiado tradicionalmente como novelista y ensayista. Las claras diferencias entre ambas formas de crear poesía, hace que algunos críticos establezcan la dificultad de hablar de una lírica generacional.

La vida en silencio de Antonio Machado se resume en unas pocas líneas, unidas a otras tantas ciudades y algunos acontecimientos de sobra conocidos: Sevilla que le ve nacer en 1875; Madrid que lo acoge; Soria donde conoce al amor de su vida, Leonor, con la que contraerá matrimonio en 1909; Baeza, lugar en donde se refugia como viudo inconsolable; Segovia y un bello amor de senectud, Guiomar, y finalmente, Colliure, lugar al que llega exiliado, cansado y enfermo. Allí descansa en la actualidad.

Sin esta vida gris, marcada por la tristeza y la melancolía, sombra indeleble de la nostalgia (“estos días azules y este sol de mi infancia”), no se entienden los versos de un hombre “solo, cansado, pensativo y viejo”.

No procede en estos momentos detenernos en hacer una referencia detallada a su producción poética, pero si tuviéramos que sintetizarla, nos veríamos obligados a recordar que para Machado la vida (“el vivir”) es conducida por el tiempo, noción de la que deriva toda su poesía: el paso inexorable del tiempo («tempus fugit, irreparabile causa») nos conduce a todos hacia un mismo destino, la muerte. En sus versos nos encontramos con la tarde, el ocaso, las fuentes, la noria, los ríos Manrique, los caminos de Rosalía, el onomatopéyico tic-tac del reloj…. símbolos más que estudiados en su poesía, que apuntan en un mismo sentido: “Dice la monotonía del agua al caer: / un día es como otro día., / hoy es lo mismo que ayer”. Pero vivir es soñar. El sueño no es sino una forma de retornar al pasado, de detener el tiempo. Sin embargo no olvidemos que el sueño no es vida, de ahí su tono agridulce. En sus poemas recorrerá las galerías de sus sueños, pero el vacío que siente lo hace detenerse una y otra vez en el mismo sueño. La presencia de la muerte y del tema noventayochista de España se hace más concreto en Campos de Castilla. Parece que todo la evoca: la monotonía gris, la esterilidad del paisaje castellano y del hombre de Castilla.

Este mismo camino de renovación lo comparte la voz del poeta tardío Miguel de Unamuno (su primer libro de versos aparece cuando tiene ya cuarenta y tres años). G. Brown destaca que en sus versos nos encontraremos con la misma fuerza intelectual que en su prosa. Canta la ausencia de Dios y las ansias de eternidad con la intensidad de una retórica desnuda. Para él el movimiento literario encabezado por Rubén Darío es banal, superficial… sin embargo, no podrá sustraerse del todo de la huella modernista. Más que la perfección formal, lo que destaca en su poesía es su humanidad, consecuencia de su angustia existencial, provocada principalmente por el silencio divino. Destacamos de su producción. (Poesías (1907), Rosario de sonetos líricos (1911), Andanzas y visiones españolas (1922) y Rimas desde dentro (1923) Unamuno fue enemigo de la musicalidad, de la sensualidad, por lo que el valor de sus versos se encuentra en su desnudez altamente expresiva.


La poesía de principios de siglo. Juan Ramón Jiménez, entre el posmodernismo y las vanguardias.

Haremos un enfoque panorámico muy superficial de la trayectoria de este poeta, a quien de ninguna manera podemos silenciar. Se ha considerado a Juan Ramón Jiménez el padre de la poesía moderna y perfeccionador de las tendencias vanguardistas. En realidad, Juan Ramón pertenece a la llamada Generación del 14 y la evolución de su poesía va mucho más allá de toda adscripción generacional o de escuelas y tendencias.

Los pilares sobre los que se basa su estética son los siguientes:

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