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Manual de formacióN sobre CÓdigo ético y guía de conducta para la actuación de los trabajadores y trabajadoras de la once


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MANUAL DE FORMACIÓN

sobre

CÓDIGO ÉTICO Y GUÍA DE CONDUCTA PARA LA ACTUACIÓN DE LOS TRABAJADORES Y TRABAJADORAS de la ONCE








Índice



CÓDIGO ÉTICO Y GUÍA DE CONDUCTA PARA LA ACTUACIÓN DE LOS TRABAJADORES Y TRABAJADORAS de la ONCE
1.- Introducción 3

2.- ¿Por qué necesitamos la ética? 3

3.- Definición de ética y sus rasgos esenciales 5

4.- Qué son los valores y qué papel juegan en las organizaciones 7

Valores en acción 10

Ejercicio para la reflexión 11

5.- ¿Qué es un código ético y para qué sirve? 12

6.- Código Ético ONCE 15

Contextualización y elaboración del Código Ético 15

Los ONCE valores en acción 16

7.- Glosario 30

8.- Bibliografía 32
1. Introducción
Objetivo general:

El objetivo general de este tema es formar a los trabajadores y trabajadoras de la ONCE sobre la relevancia de los aspectos éticos en la vida de la organización y presentar el potencial del código ético para la mejora profesional y la excelencia en la gestión de la ONCE.


Objetivos específicos:

Al finalizar este tema la persona:

  • Conocerá los conceptos éticos básicos

  • Reconocerá el papel de los valores éticos para la gestión de las organizaciones

  • Conocerá las potencialidades y limitaciones de los códigos éticos

  • Conocerá los valores éticos esenciales de la ONCE y sus implicaciones para la gestión.



2. ¿Por qué necesitamos la ética?

Lo primero que debemos empezar a preguntarnos, incluso antes de saber qué significa la palabra ética, es si ese hecho, o esa disciplina que llamamos ética, tiene algún sentido. Es decir, ¿tiene sentido que hablemos de ética?


Si ha respondido mentalmente a esta pregunta, seguramente Ud. habrá elaborado sin demasiado esfuerzo una lista de razones de por qué necesitamos la ética: para convivir en paz, para que no nos hagan daño, para que los fuertes no abusen de los débiles, para garantizar la supervivencia de la especie, etc. La gran respuesta que podemos dar para justificar la necesidad de la ética, es que: ¡¡la necesitamos para vivir y convivir!!
La ética tiene que ver con la capacidad humana de dirigir nuestra libertad: ¿Qué quiere decir esto? Pues algo tan sencillo como que el ser humano está obligado a ser libre. Mientras que en los animales la carga genética determina casi totalmente su comportamiento, en el ser humano no ocurre lo mismo. Nosotros somos libres incluso para dejar de comer y morir de hambre (¡esto es increíble!). Esa libertad para dirigir nuestra conducta nos obliga a decidir permanentemente, y esas elecciones las hacemos en base a muchos factores; pero sin lugar a dudas el elemento esencial es el impacto que tiene nuestra libertad en la vida de otras personas.
Todas las culturas que se conocen han tenido algún sistema o mecanismo de control, orientación y limitación de la libertad de las personas. En algunos casos se trata de mecanismos ideológicos, mágicos, religiosos; en otros de mecanismos más materiales como normas, ejércitos, etc. Es decir, que allí donde se ha formado un grupo humano se han dado determinados procesos o mecanismos para organizar la convivencia y eso ha exigido orientar la conducta de los miembros del grupo.
En este sentido, hay que entender que la ética es una capacidad intrínseca del ser humano (igual que el lenguaje o la capacidad de imaginar), no es, por tanto, algo artificial o superfluo. Nuestra capacidad de juzgar lo que nos parece bien o mal está en nosotros y no la podemos ignorar. En consecuencia, el concepto “amoral” no tiene sentido, hablando con rigor, alguien puede actuar de forma más o menos moral, pero nadie puede estar “más allá del bien o el mal”. Es decir, cada hecho o situación en la que entra en juego nuestra capacidad de decisión y afecta a la vida de otras personas exige una evaluación moral a la que ni debemos ni podemos renunciar.
Por ser un poco más concreto, vamos a enumerar algunas razones de peso para tener en cuenta las cuestiones éticas en nuestra vida:


  • Facilita nuestra convivencia. Las normas, valores o criterios morales nos orientan en nuestra relación con otras personas y justifican nuestras expectativas de comportamiento.



  • Evita conflictos. En los grupos humanos en los que hay una visión de justicia compartida y unos valores comunes se evitan muchos conflictos, y cuando surgen se resuelven de forma más eficiente y pacífica.




  • Mayor eficiencia. En las organizaciones y grupos humanos en los que las personas comparten unos valores y respetan las normas comunes se gastan menos recursos en la coordinación de las actuaciones y es más fácil que todos “empujen en la misma dirección”.




  • Menos corrupción. La conciencia ética y el comportamiento honesto evitan las acciones de aprovechamiento de las ventajas impropias y genera un comportamiento de lealtad hacia la comunidad y el bien común.




  • Mayor satisfacción personal. Una de las situaciones que más “desmoraliza” a las personas es sentirse tratada de forma injusta y/o saberse partícipe de una injusticia. Aun cuando hay personas que se sienten bien en organizaciones totalitarias y mafiosas, la mayoría de las personas se sienten más felices en organizaciones y colectivos donde predominan valores éticos.




  • Mayor confianza. Normalmente no somos conscientes de la cantidad de acciones que realizamos cotidianamente y que suponen una base de confianza sólida: cuando damos la tarjeta de crédito en un restaurante, cuando tomamos un taxi, cuando preguntamos algo por la calle, cuando damos dinero para una ONG, etc. En muchos países y en otras épocas esas acciones serían impensables y comportarían un riesgo enorme. Una sociedad y una organización en las que predominan unos valores y normas compartidos ofrecen más garantías para las expectativas de las personas. Es decir, tenemos más seguridad de que la gente va a hacer aquello que se espera de ella; y eso facilita mucho nuestra vida.

Estas son sólo algunas de las razones para el desarrollo de las cuestiones éticas en nuestra sociedad y en las instituciones en que vivimos. Ahora ha llegado el momento de que definamos con propiedad qué es la ética y a qué nos estamos refiriendo cuando hablamos de ética, de valores morales, de normas justas, etc.


3. Definición de ética y sus rasgos esenciales
La palabra ética, como tantas palabras con raíz griega (ethos) y con más de 20 siglos de historia tiene diversos y plurales significados. Para intentar clarificar un poco esta palabra vamos a seguir la definición presentada por Adela Cortina.
Para A. Cortina la ética es: “un tipo de saber de los que pretende orientar la acción humana en un sentido racional; es decir, pretende que obremos racionalmente (....). La ética es esencialmente un saber para actuar de modo racional (...) en el conjunto de la vida” (Cortina, 1994: 18).
De esta definición podemos destacar una serie de rasgos que tienen una importancia enorme para el desarrollo de la ética en nuestra vida personal y profesional. Los rasgos más importantes son:


  • Es un saber”. Esto significa que es una disciplina que tiene sus autores y obras de referencia, así como su método de trabajo propio. Es un saber riguroso y fundamentado aunque no estrictamente científico. De aquí se deben extraer dos conclusiones: 1. Hablar de ética con propiedad requiere estudio y conocimiento, no vale decir cualquier cosa; y 2. como todo saber, se puede aprender y se puede enseñar.




  • Para actuar”. Frente a lo que algunas personas afirman, la ética o filosofía moral no es algo “muy teórico”, sino que es esencialmente práctico. La ética se ocupa de cómo debemos actuar, no de cómo son las cosas, ni qué hace la mayoría de la gente. Y de esta afirmación también podemos extraer tres importantes conclusiones: 1. El que las cosas no sean como deben, no deslegitima lo que deberían ser. Es decir, que existan personas que hagan daño por diversión (que siempre hayan existido y probablemente siempre existirán) no resta fuerza a la norma: “no se debe hacer daño por diversión a las personas”. 2. El que mucha gente realice una acción inmoral no la hace moral; o, lo que es lo mismo, la afirmación “es que todo el mundo lo hace” no es una excusa válida. 3. La estadística tiene poco que ver con la ética. Es lo mismo que acabamos de decir en el punto anterior; en cuestiones éticas no se trata de cuánta gente lo hace o lo deja de hacer, opina o deja de opinar.




  • De un modo racional”. Hace un momento hemos afirmado que la ética nos dice “cómo deben ser” las relaciones y las acciones de las personas. Ahora la cuestión es de dónde sacamos los criterios para decir lo que se debe y no se debe hacer. A lo largo de la historia, y aún hoy en día, se han presentado diversas fuentes de criterios morales: la tradición, la religión, la ideología, etc. Desde nuestra concepción de la ética, se afirma que la fuente de los criterios morales debe buscarse en el uso propio de la razón. Es decir, pensando en serio y con rigor, podemos descubrir criterios y argumentos para orientar nuestras decisiones. También de esta afirmación se pueden extraer dos conclusiones muy importantes: 1. En cuestiones éticas “no todo vale” y no “cualquier argumento, idea u opinión es correcta”. Tiene que pasar el examen de la razón, tiene que poder presentar buenos argumentos a la pregunta ¿por qué? Es decir, quítese de la cabeza esa idea tan extendida de que en cuestiones éticas “toda opinión merece respeto”. No, la opinión: “los negros son personas de categoría inferior”, no merece ningún respeto (otra cosa es el respeto hacia la persona que emite esa afirmación). 2. La ética es subjetiva. ¡¡¡Falso!!! La ética es intersubjetiva. Es decir, no es algo que sea objetivo y externo a la persona, pero tampoco es cierto que “cada uno tenga su ética”, sino que nuestros criterios y opiniones morales las aprendemos en un contexto y en relación con otras personas, y aun cuando llegamos a interiorizarlas y a asumirlas como propias, no son “nuestras sólo”. Esto también significa que la ética no es “relativa”; que no da igual cualquier cosa, sino que hay criterios racionales y argumentos para dilucidar qué modo de actuación es más correcto que otro.




  • En el conjunto de nuestra vida”. Y finalmente, debemos asumir que la reflexión ética no es sólo válida en algunos ámbitos de nuestra vida y en situaciones especiales. Desde luego, hay momentos en que se nos hace más presente – cuando tenemos que tomar una decisión difícil o nos enfrentamos ante un conflicto – pero realmente la dimensión ética está presente en nuestras decisiones más cotidianas. Y en todos los ámbitos, no sólo en el personal, sino también en nuestra dimensión pública (política y cívica), y en nuestra dimensión laboral y profesional.



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