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Lyceum club femenino


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LA SEGUNDA REPUBLICA. ILIÀ EHRENBURG, JULIAN MARIAS Y CARMEN CONDE. MARIA DE MAEZTU, EL “LYCEUM CLUB FEMENINO” Y LA RESIDENCIA DE SEÑORITAS.
Este caldo de cultivo dio sus frutos con la llegada de la Segunda República, en la que la mujer se sigue incorporando a los estudios universitarios. Ya es más normal ver a estudiantes femeninas por los pasillos de las universidades, sobre todo en algunas Facultades concretas, aunque según cuenta el escritor y periodista lliá Ehrenburg en la publicación España, república de trabajadores, “las cosas no han cambiando tanto, porque una estudiante jamás se acercaría llanamente a un estudiante. No le preguntará con sencillez, como a un camarada, «¿qué lección toca hoy?». Previsora, llevará siempre consigo a una amiga que la proteja.

En Salamanca y Valladolid vi en los pasillos de la universidad a las estudiantas. Paseaban en patrullas. Nunca se ve un guardia civil sólo. Hacen siempre el servicio en parejas. Uno sólo tendría miedo. También tiene miedo una muchacha sola… ¿Qué pensarían de ella? Basta una mala lengua para que no encuentre novio”

Una visión diametralmente opuesta de la misma época, es la que nos da el filósofo Julián Marías, en sus memorias tituladas Páginas de espuma. Según él, “había gran naturalidad en el trato, que no excluía la cortesía –la grosería no tenía buena prensa entre nosotros, ni estaba de moda-. Las chicas tenían fuerte sentido de su dignidad: a la mayoría les hubiera parecido una injuria que se pensara que buscaban marido”.

Pero además de esto, es la época del boom de la educación y la instrucción pública para todos. Destaquemos en este sentido a Carmen Conde, que, además de ser la primera mujer en ocupar un sillón de la Real Academia de la Lengua (1978), fundó en 1932, junto con su marido Antonio Oliver, la Universidad Popular de Cartagena.

En este mismo ambiente nos encontramos en Madrid el Lyceum Club Femenino, que había nacido en 1926 y que mantuvo su actividad hasta la Guerra Civil. Esta asociación de mujeres pensaba que las fracturas provocadas por las ideologías políticas y religiosas podían superarse mediante la educación. Entre sus miembros encontramos a quizá, la más brillante generación de mujeres que ha habido en España: María de Maeztu, Hildegart, Victoria Kent, Ernestina de Champourcin, Maruja Mallo, y la propia Carmen Conde, a la que su marido, que por entonces vivía en Cartagena, le suplicaba en una carta que, por favor, no fuese al Lyceum Club y no se relacionase con las mujeres que asistían a él.

Podemos suponer que para él, estas mujeres eran el mismo demonio.

La misma visión tenía un tal Lorent en la revista Iris de Paz, publicada por los claretianos. Este individuo consideraba a las liceómanas enormemente peligrosas; de hecho, pedía su hospitalización o confinamiento: «¡Desgraciados niños los que tienen una madre liceómana!...¡Pobres niños los que tenéis madres en el club! Quizás os valiera más tenerlas en la Patagonia. Sois para ellas un estorbo. (...)».

Por aquél entonces, la ya mencionada María de Maeztu dirigía la Residencia de Señoritas (el equivalente femenino a la famosa Residencia de Estudiantes), que ella misma había fundado en 1915.

Carmen Galán Soldevilla, catedrática de la Universidad de Córdoba y directora del Departamento de Botánica, Ecología y Fisiología Vegetal, nos leerá seguidamente un nuevo fragmento del anteriormente citado artículo “Las mil estudiantes de la Universidad de Madrid”, en el que Josefina Carabias habla de la Residencia de Señoritas.


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