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Los ocupantes de wall street y el movimiento social norteamericano que se extiende por las grandes ciudades


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LOS OCUPANTES DE WALL STREET Y EL MOVIMIENTO SOCIAL NORTEAMERICANO QUE SE EXTIENDE POR LAS GRANDES CIUDADES

Estamos Unidos

Desde hace quince días, sin cobertura en los grandes medios, con la sorna de los comentaristas políticos y una brutal represión policial, pero también con el apoyo de celebridades y periodistas independientes, vecinos, donantes y peatones que se acercan de a centenares, el grupo de jóvenes que decidió ocupar Wall Street para deliberar de manera permanente hasta elevar un petitorio al gobierno no sólo viene creciendo, sino que se ha extendido a decenas de ciudades de Estados Unidos y del mundo y planea una marcha mundial para el 15 de octubre. Esta es la historia (hasta ahora) de ese movimiento que intenta hacer oír al “99 por ciento que no se beneficia con el sistema”.

Por Soledad Barruti


Mientras las Bolsas del mundo persistían en su psicótica crisis, esta semana se cumplieron quince días del acampe de indignados en las inmediaciones del corazón financiero del mundo: Wall Street. Se trata de cientos de jóvenes que pasaron ahí las últimas noches, y miles de personas con profesiones y necesidades diversas que de día se les unen en asambleas, debates y marchas. Pero si bien la atención está enfocada en lo que pasa en esa calle de Manhattan, lo más interesante es que no están solos. Esta última semana ya suman 66 las ciudades que se plegaron con campamentos propios y protestas diarias, y el movimiento está lejísimos de aplacarse. Con el apoyo de los manifestantes españoles que los inspiraron, también vieron surgir organizaciones espontáneas en Amsterdam, Londres, Atenas, Berlín... Formando una sociedad global de autoconvocados que desde Internet están gestando, en simultáneo y en más de 66 ciudades, una manifestación mundial para este 15 de octubre.

“La economía del mundo es una estafa que sólo beneficia al 1 por ciento de la sociedad, nosotros somos el otro 99 por ciento”, es la proclama que une a estudiantes endeudados y familias que han perdido su casa, trabajadores con frescos telegramas de despido y desocupados hace ya demasiado tiempo, militantes pacifistas que quieren acabar de una vez y para siempre con las empresas militares, inmigrantes que reclaman sus derechos y activistas ambientales que ya no quieren ser cómplices de la destrucción a la que está siendo llevado el planeta.

Con acciones en tiempo real tan vertiginosas como potentes, la breve historia de esto que los más entusiastas llaman el otoño americano (en referencia a la primavera árabe de liberación) casi no apareció en los medios en su primera etapa o apareció como un movimiento absurdo; lo que no significa que, interpretando las acciones parapoliciales, en el centro neurálgico del poder no se los estén tomando bien en serio.
HOY MANHATTAN, MAÑANA EL MUNDO

Todo empezó con una nueva campaña de Adbusters. Esta fundación multimedia surgida a fin de los ’80 hoy se define como “una red global que avanza hacia el nuevo movimiento activista social en la era de la información”. Con una plataforma web y una revista bimestral, el activismo de Adbusters se refleja en diversas campañas para despertar conciencia y cambio (http://www.adbusters.org/campaigns). En julio pasado, una vez más, se dirigieron a sus “agitadores culturales” con una nueva propuesta: “Wall Street nos pertenece. Hagamos que empiecen nuestros días de furia. Traigan sus carpas. Este 17 de septiembre ocupemos Wall Street”, decía un poster híper sugerente. “Queremos ver 20 mil personas armando pacíficas barricadas, repitiendo una demanda incesantemente hasta que Barack Obama la tome”, insistieron. Y en un país que en este momento tiene 14 millones de desocupados (el 80 por ciento de ellos, jóvenes de entre 18 y 21 años) y 40 millones de pobres, la idea prendió como dinamita.

El poster de Adbusters fue publicado en todos los muros de Facebook posibles y occupywallstreet se volvió hashtag. Hasta que se formó un primer grupo de activistas que decidió tomar el toro del centro financiero más que por las astas. Lo primero que armaron fue el sitio occupywallstreet.org, desde donde impulsaron una primera asamblea compuesta principalmente por un grupo que meses atrás había liderado una protesta contra el recorte del presupuesto público.

Por esos días hizo su mítica entrada en escena la agrupación emblema del activismo contemporáneo: Anonymous. Compuesta por un grupo de hackers enmascarados que en los últimos años han logrado entrar en las entrañas del sistema y revolver el corazón en red del poder económico y político, entre sus acciones más memorables está el haber ayudado a los jóvenes de Túnez en su revuelta hackeando las páginas del gobierno de ese país, haber cerrado el espacio del Tea Party en Facebook, y haber bloqueado a las empresas que trabajaron contra Wikileaks como PayPal, MasterCard y Visa.

A fin de agosto, Anonymous lanzó un videocomunicado en el que daba su apoyo a los ocupantes de Wall Street. En paralelo, el Departamento de Seguridad Nacional también hizo circular la información de la revuelta que se estaba armando, pero en forma de comunicado secreto, para aguzar la seguridad de los banqueros del mundo.
CONTRA LA LEY DE LOS MEDIOS

El 17 de septiembre encontró a 5 mil personas en las calles de Manhattan con pancartas hechas a mano, cartones pintados, cuerpos escritos, instrumentos de percusión y carpas al hombro. Las recibió un grupo de policías que había cortado Wall Street impidiendo que avanzaran. El lugar elegido, entonces, fue Liberty Plaza, a un par de cuadras, en donde cientos de ellos continúan acampando.

“Una rubia con cierto parecido a Joni Mitchell baila semidesnuda por la calle, los turistas sacan fotos y los policías sonríen.” “Parece un carnaval.” “Los protestantes de Wall Street se comportan como un grupo de niños mimados.” El New York Times, el Daily News y el Boston Globe, sólo por nombrar algunos medios, se burlaron de los manifestantes desde ese primer día; una tendencia que continuó en cada breve crónica que sacaron sobre los hechos.

“El periodismo está muerto”, twittearon los jóvenes y, acto seguido, explicaron una de las acciones más inteligentes que llevaron a cabo hasta ahora: armar su propio centro de comunicación para registrar cada acción y transmitir en vivo la protesta. El multimedio de occupywallstreet cuenta con miles de reporteros cámara en mano, un canal 24 horas por Internet, audios de radio y ahora están pidiendo colaboración para armar un diario (que ya recibió más de 13 mil dólares en donaciones y el apoyo de Naomi Klein). “Los medios no simpatizan con los movimientos. Se rigen con un sistema superficial y no reflejan lo que estamos intentando construir, por eso desde nuestro indymedia centre documentamos cuidadosa y fehacientemente todo”, explicó uno de ellos en entrevista con el ex gobernador de Nueva York David Paterson. “¿No creen que tener a los medios en contra puede invisibilizar el movimiento? –les retrucó él–. Pongo a Martin Luther King como ejemplo. El supo usar a los medios inteligentemente”, les dijo. “Mr. King vivía sin Twitter ni Facebook. Hoy no los necesitamos. Queríamos ser honestos y eso no se podía garantizar si nos hacíamos amigos de los medios”, respondieron ellos.

Fue gracias a su completo sistema de cobertura que los manifestantes lograron documentar la brutalidad de una policía cebada y entrenada para tratar todo el tiempo con terroristas potenciales, y que con el propósito de disgregarlos arrastró a mujeres de los pelos, pateó en el piso a jóvenes indefensos, roció con gas pimienta y directo a los ojos a chicas que no estaban haciendo absolutamente nada (ese hecho se puede ver en incontables videos y fotos, y ya tiene causa abierta en la Justicia). El saldo de la redada fue de cien personas apresadas, hecho que, por supuesto, sí atrajo la atención de la prensa. “Necesitaron que hubiera cien arrestos para hacer una mención en Associated Press. Dan pena”, retwittearon.
EL PARLANTE HUMANO

“Son una protesta sin objetivos”, es una de las críticas más difundidas que se les hace. En ella los grandes medios han encontrado la justificación para explicar por qué ni los ocupantes de Wall Street ni los de Boston, ni los de Chicago, ni los de Denver, LA o Washington (las ciudades que en organización de protesta le van a la zaga a Nueva York) merecen su respaldo.

Pero lo que refleja la realidad es que lejos de ser una falencia, eso que se les reclama es sin dudas lo más atractivo de estas movilizaciones. “Partiendo de la base de que este sistema no puede continuar, los manifestantes estamos ejerciendo un artículo de la Constitución: unirnos a debatir, escuchar reclamos e ideas y trabajar en asamblea permanente el tiempo que sea necesario para llegar a armar una petición popular, que luego pueda ser elevada al gobierno. Para aquellos que insisten con los objetivos concretos: por el momento el objetivo es la ocupación y el acto democrático que aquí se está desarrollando. Si lo piensan profundamente, que eso suceda ya es un statement fuerte contra Wall Street”, dijeron en varias entrevistas.

“No sorprende que desde el establishment de los medios hayan sido condescendientes, desdeñosos y burlones con las protestas en Wall Street. Cualquiera que se declare un adversario del poder institucional va a ser visto con hostilidad por el establishment, siempre al servicio de las instituciones. Esto es algo natural. Es el desprecio que esos mismos círculos muestran por Wikileaks (y que previamente mostraron por las protestas contra la guerra): cuanto más efectivo es el adversario, más la hostilidad que van a recibir”, escribieron en Salon.com, uno de los pocos medios que se están tomando esto en serio.

Lo cierto es que, más allá de los medios, la sociedad ha manifestado su apoyo a los movimientos de diversas maneras. Sólo en comida, los ocupantes de Wall Street han recaudado más de 20 mil dólares. Recibieron teléfonos y computadoras. Impresiones de stickers, flyers y panfletos sin cargo. Constantemente llegan abogados para ofrecer asesoramiento gratuito y comerciantes de las distintas zonas que los ayudan cuando pueden (algunos de ellos denunciaron haber sufrido acoso policial por eso).

Juntar la mayor cantidad de gente posible es el desafío inmediato. Los sindicatos de trabajadores de correo, de pilotos aeronáuticos y de transporte ya se adhirieron en forma masiva. Los industriales les enviaron su apoyo y solidaridad. La última noticia son los trabajadores médicos y el Sindicato de Comunidades de Nueva York Para el Cambio, con un millón de miembros activos que apoyarán la ocupación.

Por otro lado, hubo muchos famosos que llegaron a la plaza. En esta última semana, los ocupantes de Wall Street recibieron, entre otros, la visita de Susan Sarandon y Roseanne Barr. Pero sin dudas los momentos más emotivos fueron cuando llegaron el filósofo, activista y socialista doctor Coronel West y Michael Moore (que este jueves además donó los ingresos de su último libro al movimiento). En todos los casos, como la policía les tiene prohibido utilizar micrófonos, los manifestantes encontraron una forma original de reemplazarlos: un grupo rodeaba al famoso y repetía a viva voz lo que éste acababa de decir. Como un rezo o un cántico poderoso que primero llevó a muchos a reír pero a los pocos minutos, a emocionarse profundamente.

El viernes, antes del cierre de esta nota, hubo un anuncio apócrifo de un recital de Radiohead en el lugar. Los cientos que se acercaron, lejos de retirarse, se sumaron a los que estaban y, con la adhesión unánime de la Unión de Trabajadores, miles marcharon juntos por las calles del centro financiero. “Otra ciudad es posible, otro país es posible, es posible un nuevo movimiento y con ese movimiento, un nuevo mundo es posible”, clamaban los participantes de esta ocupación que nació para que los gobernantes del mundo empiecen a trabajar por la sociedad y no por los intereses del poder.


Devolver al futuro

Por Michael Moore

Los ricos no se conformaron con todo lo que tenían, lo querían todo. Y en el camino para conseguirlo han hecho miserable la vida de millones. El número oficial de desempleo es de 14 millones, pero yo estoy seguro de que está sobre los 20. Y a eso hay que sumar a los que trabajan en condiciones precarias. Hay 45 millones viviendo en la pobreza. 50 millones no tienen seguro médico. Esas cifras son las semillas de esta revuelta. La gente está reclamando por su futuro. No su pasado, ni siquiera el presente: es el futuro lo que ha sido robado. Así de codiciosos son los de Wall Street.

Mucha gente se está preguntando cuáles son las demandas concretas, qué ha conseguido la movilización al momento. Y lo que hay que entender de esta protesta es que no se parece a ninguna de las que hayan visto antes en sus vidas. Porque se asemeja a esos pocos momentos que han acaecido en la historia americana: luego de la Primera Guerra o en la Gran Depresión, cuando comenzó el Union Movement. Por otro lado, tienen todo a su favor. Cuando la liberación femenina comenzó o cuando se armaron las primeras manifestaciones contra Vietnam, la mayoría de las personas no estaban con ellos. En este momento, en cambio, todos estamos de acuerdo en que nadie quiere a Wall Street.

De todos modos, éste no va a ser un movimiento violento por el simple hecho de que no es una pelea justa: nosotros somos millones y ellos (los ricos) son apenas unos cientos. Hay una armada de norteamericanos esperando desde hace mucho que alguien haga algo y ese algo empezó. Por eso estoy esperanzado. Esto tenía que surgir y surgió acá con unos cientos de personas que ya se volvieron miles, en un movimiento que sólo va a crecer.


Gangsters

Por Noam Chomsky

Cualquiera que tenga los ojos abiertos sabe que el gangsterismo de Wall Street –y de las instituciones financieras en general– ha causado daños severos al pueblo norteamericano y al mundo. Y también deben saber que eso es algo que vienen haciendo desde hace 30 años. En este tiempo, su poder económico y político han aumentado radicalmente y en un círculo vicioso un 1 por ciento de la sociedad amasó una inmensa fortuna mientras el resto se precarizó, y todo con total impunidad: no sólo son lo suficientemente grandes como para caer, sino también para ser apresados.

La corajuda y honorable protesta que se está desarrollando en Wall Street debería servir para llevar la atención pública hacia esta calamidad y dedicar esfuerzos para superarla y llevar a la sociedad hacia un curso más saludable.
Líneas ocupadas

David Brooks

La Jornada

Ocupa Wall Street ha logrado ubicarse en la parte central del debate nacional, apenas tres semanas después de aparecer en escena y con ello empezar a transformar el panorama político del país.

En los últimos días, la cúpula se ha visto obligada a comentar acerca del fenómeno que empieza a cercarla. Pienso que expresan la frustración que siente el pueblo estadunidense, respondió el presidente Barack Obama al ser interrogado sobre Ocupa Wall Street. Culpan, con cierta justificación, al sector financiero por llevarnos a este desorden y están insatisfechos con la respuesta política aquí en Washington. En cierta medida, no los puedo culpar, comentó Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal. La líder de la minoría demócrata en la Cámara de Represenantes, Nancy Pelosi, dijo que Ocupa Wall Street es un movimiento joven, espontáneo, enfocado y será efectivo, y otros legisladores demócratas también han expresado desde su simpatía o comprensión hasta su apoyo explícito a las protestas.

Jeffrey Sachs, el famoso economista, antes promotor de políticas de austeridad y ahora reformista, apareció en el plantón de Wall Street para felicitar y expresar su acuerdo con algunos de los planteamientos de los manifestantes. Los economistas Premio Nobel Paul Krugman y Joseph Stiglitz ya han respaldado las protestas.

Para conservadores y defensores de los ricos, las protestas son alarmantes. Eric Cantor, líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, advirtió: “yo… estoy cada vez más preocupado por la creciente chusma que ocupa Wall Street y otras ciudades del país”. El precandidato presidencial republicano Mitt Romney advirtió de que esto es peligroso, es guerra de clases, mientras Herman Cain, otro precandidato republicano, afirmó: no culpen a Wall Street, no culpen a los grandes bancos; si no tienes empleo y no eres rico, cúlpate a ti mismo. El influyente representante federal Peter King acusó a los manifestantes de anarquistas y no tener otro propósito que ser antiestadunidenses y anticapitalistas, pero advirtió: “debemos tener cuidado en no permitir que esto adquiera legitimidad… no podemos permitir que eso ocurra”.

Pero, como dirían aquí: too late; ya ocurrió.

El New York Times, en su editorial principal de este domingo, dio la razón a los manifestantes: están exactamente en lo cierto cuando dicen que el sector financiero, con reguladores y funcionarios electos coludidos, infló una burbuja de crédito, con la que también se lucró, y que al estallar costó a millones de estadunidenses sus empleos, ingresos, ahorros y equidad. Ante críticas de que Ocupa Wall Street no ha formulado un mensaje claro, el Times opinó: en este momento, la protesta es el mensaje: la desigualdad de ingreso está triturando a la clase media, incrementando las filas de los pobres y amenazando con crear una subclase permanente de gente con voluntad, pero desempleada. En un nivel, los manifestantes, muchos de ellos jóvenes, están dando voz a una generación de oportunidad perdida. El Times concluye que, porque los políticos no han abordado ni resuelto los problemas de desigualdad, estas expresiones públicas de protesta son un fin legitimo e importante en sí mismas. También es la primera línea de defensa contra un retorno a las formas de Wall Street que hundieron al país en una crisis económica de la cual aún no logra salir.

Esta ola de protestas, en 21 días, ha obligado a los medios a cubrir cada vez más este fenómeno. Un análisis del New York Times revela que el 17 de septiembre, al iniciarse la acción, sólo hubo 10 reportes en los medios tradicionales (televisión y medios impresos). Cuando la policía realizó una primera represión, una semana después, este número se elevó a 96 reportes, y siete días más tarde se incrementó a 115 notas/reportes en la segunda represión en el puente de Brooklyn, con el arresto de 700 manifestantes. El 2 de octubre llegó a 258; al día siguiente a 391, y a 482 el 6 de octubre, al registrar la marcha masiva de apoyo en Nueva York. El promedio ahora a lo largo de las tres semanas de la existencia de Ocupa Wall Street a nivel nacional es de 144 reportes diarios en los medios tradicionales de noticias.

Pero si bien Ocupa Wall Street ha provocado un debate entre las cúpulas, lo más notable es el diálogo que ha generado en las calles. En la Plaza Libertad de Nueva York hay foros casi a diario en los cuales se presentan figuras como Michael Moore, Naomi Klein, Slavoj Zizek y el extraordinario ambientalista Bill McKibben, quien recientemente impulsó una de las acciones de desobediencia civil más grandes de los tiempos modernos contra un proyecto de oleoducto transcontinental (de Canadá a Texas). También se llevan a cabo foros con la Alianza de Taxistas de Nueva York, representantes del Movimiento de Alianza Nacional de Trabajadoras Domésticas, y con la Red de Justicia para Prisioneros.

A la vez, llegan representantes de movimientos de otros países: un par de griegos, unos españoles del 15-M; Mohammed, un egipcio que afirmó que este movimiento ahora abarca desde la primavera árabe a la caída de Wall Street. Agregó: muchas cosas nos mantienen separados: fronteras, inseguridades internas, ejércitos, policías y empresas. Ellos tienen sus leyes, pero nosotros tenemos nuestra revolución. Somos el 99 por ciento.

Estos diálogos se realizan y repiten en las decenas, tal vez cientos de espacios públicos que se van ocupando casi a diario a lo largo del país. Pero también se lleva a cabo en el universo cibernético. Según algunos informes, más de 200 cuentas de Facebook y Twitter se han creado en ciudades de todo el país para abordar tanto los temas nacionales como los locales relacionados con las protestas, así como para coordinar acciones y mítines.

Aún está por verse si esta expresión disidente se limita a ser una ola de protestas o logra volverse un movimiento. Pero por ahora desde Wall Street, el sitio más antidemocrático del planeta, ha logrado hacer soplar una brisa democrática por este país. Empieza a brotar lo que siempre hay abajo: cooperación, colectividad, compartir alimentos e ideas, reconocer que nadie por sí solo puede existir. Renace aquí tal vez el elemento más precioso en el mundo: la solidaridad.

Si eso logra florecer, será un triunfo mucho mayor que sólo ser reconocido por la cúpula. Por ahora, están muy ocupadas las líneas de un nuevo diálogo en las calles, casas y plazas en este país.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/10/10/opinion/027o1mun
Todos contra Wall Street

VS 0 | | sección: web | 08/10/2011



Socialist Worker

El movimiento sindical está poniendo su peso detrás de Ocupa Wall Street--y la patronal toma nota de la mayor alianza entre la izquierda y el movimiento laboral desde las protestas contra la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Seattle en 1999.


Los sindicatos--"los agitadores con más experiencia de la ciudad", como Crain's New York Business l puso--planearon un rally el 5 de octubre en Foley Square, cerca de City Hall, luego marcharon a Wall Street.
La entrada de los principales sindicatos a la lucha en Wall Street--de las gigantes filiales neoyorquinas del Sindicato Internacional de Empleados de Servicios (SEIU, por sus siglas en inglés), a los sindicatos nacionales Acereros Unidos (USW, en inglés) y Unión Nacional de Enfermeras (NNU, en inglés)--apunta a la posibilidad de que el movimiento Ocupa profundice sus raíces sociales. Varias luchas en curso--como la lucha contra las ejecuciones hipotecarias, contra empleadores rompe-sindicatos, o por construir un movimiento demandando trabajo para todos -se re-energizarán a partir de esta movilización.
Los dirigentes sindicales que tomaron la decisión de apoyar la protesta en Wall Street no sólo respondieron al llamado a la solidaridad con el movimiento Ocupa. Por muy importante que esto es, ellos además reflejan la ira de sus propios miembros de base por la pérdida de empleos, los recortes salariales y las reducciones en el gasto social--mientras la economía sigue empeorando, las corporaciones estadounidenses amasan ganancias récor, y el súper rico se enriquece aún más.
Esa ira es lo que está impulsando Ocupa Wall Street, que comenzó hace menos de tres semanas con cientos de, en su mayoría, jóvenes activistas que decidieron aglomerarse en el distrito financiero de Manhattan y acampar en Zuccotti Park--rebautizado Plaza de la Libertad, en honor de la ocupación de la Plaza Tahrir (Liberación) en Egipto--en Lower Manhattan.

La acción ha capturado la imaginación y simpatía de una gran cantidad de personas hartas de todos los diferentes aspectos de un sistema dirigido por el 1 por ciento de los súper-ricos, simbolizados por los banqueros y los especuladores financieros de Wall Street. En Plaza de la Libertad, Nueva York, las protestas y el debate político, veinticuatro horas del día, siguen creciendo, mientras activistas en otras ciudades han organizado sus propias acciones Ocupa.


En suma, Ocupa Wall Street se ha convertido en un faro para todo el descontento acumulado en EE.UU.

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El espíritu de lucha desplegado en Manhattan no salió de la nada. Estuvo además detrás de la sublevación en Wisconsin, el invierno pasado, contra ley antisindical del gobernador republicano Scott Walker, y ha podido ser visto en muchas otros lugares desde entonces: animando piquetes de huelga en Verizon en agosto, en los bloqueos de carga esquirol por los trabajadores portuarios la Costa Oeste, desafiando una orden judicial con los maestros en huelga de Tacoma, Washington, y más. Hay un nuevo aire de militancia, incluso entre los trabajadores organizados.
La atmósfera de rebeldía, sin duda, influyó en la junta directiva del Local 100 de los Trabajadores del Transporte de Nueva York para decidir apoyar Ocupa Wall Street--el primer sindicato importante en hacerlo. El Local 100 representa a unos 30.000 trabajadores de los autobuses y el metro, y tiene una historia de lucha, teniendo que soportar duras sanciones y multas por librar una huelga ilegal de tres días en diciembre del 2005.
Hoy en día, los líderes del Local 100 hablan de Ocupa Wall Street como una lucha de hermana. El presidente del sindicato, John Samuelson, explicó en una entrevista televisada por Countdown:
Creo que en gran medida, los manifestantes en Wall Street están cantando la misma canción, y lidiando la misma batalla, que nuestro sindicato ha luchado durante los últimos 18 meses...
Hay desesperación, creo, entre el pueblo y las familias obreras en este país, que la gente en el gobierno simplemente no entiende. Hay un montón de millonarios en el Congreso que no tienen ni idea--una gran cantidad de millonarios en la legislatura estatal, para el caso--que no tienen idea de lo que es tener que alimentar a los niños o pagar la matrícula o pagar una hipoteca. Hay un montón de gente en el gobierno que está fuera de toque.
Estas protestas, por un lado, han puesto de relieve la disparidad de riqueza en Estados Unidos que se ha desarrollado durante las últimas décadas. Creo que uno de los grandes beneficios del movimiento sindical entrando en esta lucha es traer es la capacidad de articular ese mensaje... en nombre de las familias obreras, ya sea sindicalizada o no.
La participación del movimiento laboral en Ocupa no se limita a la ciudad de Nueva York. Los miembros de base de los Maestros Unidos de Los Ángeles (UTLA, por sus siglas en inglés) se unieron a una organización comunitaria y al grupo Ocupa Los Ángeles para protestar un banco local. En Bay Area, los miembros de SEIU Local 1021 llegaron a Ocupa San Francisco durante los primeros esfuerzos del movimiento ahí. En Chicago, la dirección del Sindicato de Maestros de Chicago (CTU, en inglés) mostró su apoyo a Ocupa Chicago, los activistas de Ocupa, a su vez, votaron a favor de apoyar un rally planeado con anterioridad para 10 de octubre, iniciado por los maestros y la SEIU.
Todas estas iniciativas son muy importantes para los sindicatos americanos, que, con algunas notables excepciones, tienen más de 50 años tratando de evitar el activismo izquierdista radical. Desde el inicio de la Guerra Fría, hasta después de la caída de la URSS, el anticomunismo aquí y en el extranjero fue central a la política del movimiento laboral estadounidense.
Este enfoque se había desvanecido para la década de 1990, y sindicatos en apuros tentativamente buscaron aliados en la izquierda, como los activistas del medio ambiente, en la lucha contra la globalización. Fue la alianza "Teamsters y Tortugas" que se formó en las protestas de 1999 contra la OMC en Seattle, reuniendo a decenas de miles de sindicalistas de base.
Desafortunadamente, la recién nacida coalición se derrumbó bajo la marea conservadora luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001. Casi todos los sindicatos importantes se alinearon en apoyo de la guerra de EE.UU. contra Afganistán, y algunos dirigentes sindicales pidieron la reactivación de la "asociación" entre trabajadores y empleadores (política sindical del era de la Guerra Fría) para ayudar en "guerra contra el terror".
Sin embargo, el respaldo al esfuerzo bélico dio peor que nada al movimiento sindical. La patronal siguió machacando a los sindicatos, eliminando los empleos en la manufactura y recortando los salarios--incluso durante los años de crecimiento económico en la década de 2000. Esto dejó a la clase obrera americana aún más vulnerables cuando comenzó la recesión a finales de 2007.
La respuesta de los sindicatos fue invertir dinero y recursos en la elección de Barack Obama en 2008, con la esperanza de que él liderara la batalla por una ley pro-sindical y aplicara políticas económicas para crear puestos de trabajo. Pero Obama, por supuesto, hicieron a los banqueros su prioridad.
Ciertamente, los líderes sindicales volverán a presionar a sus miembros para organizar a favor de Obama en las elecciones de 2012--esta vez no sobre la base de la esperanza de cambio, sino del miedo por la alternativa republicana.
Pero el apoyo sindical al movimiento Ocupa abre el camino para un más amplio activismo político dentro del movimiento obrero. La declaración del presidente de USW, Leo Gerard, puede ser usada en los sindicatos estadounidenses como la base para una resolución de apoyo al movimiento Ocupa:
El sindicato Acereros Unidos se solidariza con y apoya firmemente Ocupa Wall Street. Los valientes hombres y mujeres, muchos de ellos jóvenes sin empleo, que se han manifestado todo el día durante casi dos semanas en Nueva York están hablando por los muchos en nuestro mundo. Estamos hartos de la codicia de las empresas, la corrupción y la arrogancia que han infligido dolor a tantos, por tanto tiempo.
El movimiento laboral también puede ayudar al movimiento a enfocarse a ganar victorias concretas. Por ejemplo, las enfermeras del NNU--que también dedicaron recursos para la marcha laboral de 5 de octubre hacia Ocupa Wall Street--han estado organizando "Main Street" (una calle cualquiera en cualquier ciudad. N del T), una campaña que demanda un impuesto sobre las transacciones financieras.

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El apoyo sindical al movimiento Ocupa significa, sin embargo, algo más que recursos adicionales o grandes números en las marchas y manifestaciones. La participación de los sindicatos en la lucha crea el potencial de usar el poder social de los trabajadores para ganar importantes luchas inmediatas, así como la batalla a largo plazo por un tipo diferente de sociedad.
Considere la experiencia de las protestas laborales en el Capitolio estatal en Madison, Wisconsin. Fue un enfermazo masivo de los maestros en Madison--y luego en todo el estado--lo que transformó una sentada, en su mayoría, estudiantil en una completa ocupación del Capitolio, organizada por trabajadores y estudiantes por igual. Los líderes sindicales, en última instancia, recularon de usar el poder económico de los trabajadores para ganar esa pelea, concentrándose más bien en un esfuerzo por destituir los legisladores republicanos. Pero el potencial para ampliar la batalla estuvo cuando la huelga general seriamente se discutió entre los activistas sindicales.
El movimiento Ocupa ofrece una oportunidad similar para revivir y crear vínculos críticos entre el movimiento obrero y la izquierda--con el fin de tomar acción. Existe el potencial para movilizarse por conflictos importantes, como salvar los trabajos de 716 auxiliares de educación afectando en gran medida barrios pobres Negro y Latinos en Nueva York. El movimiento puede proporcionar un punto focal para militantes sindicales que pueden sentirse aislados en su sindicato o lugar de trabajo, y puede ayudar a revivir redes de activistas de base dentro y entre los sindicatos.
Para el casi 90 por ciento de los trabajadores sin sindicato, el movimiento Ocupa puede dar el impulso necesario para organizar sus propios centros de trabajo. Y todos los activistas sociales--sean miembros de sindicato o no--pueden desempeñar un papel crucial en construir el apoyo para el movimiento sindical en los enfrentamientos contractuales que se ciernen, como el de los maestros en Chicago y Los Ángeles, o los trabajadores de autobuses y metro de Nueva York.
En un momento en que la crisis económica, una vez más, tiene a los empresarios y políticos al borde del pánico, es importante para el movimiento de proyectar su propia visión de una sociedad basada en las necesidades humanas en vez del provecho económico. Los activistas necesitan discutir y debatir sus prioridades y estrategias a nivel local.
Pero también debe enfocarse en el gran prospecto-la reactivación de un movimiento obrero capaz de defender los intereses de todos los desposeídos, en su lucha contra el 1 por ciento.

Socialist Worker, editorial

Chicago, 7/10/2011

http://socialistworker.org

Traducción de Orlando Sepúlveda

Difundido por Correspondencia de Prensa germain5@chasque.net



15-M EN NUEVA YORK

IndigNation contra Wall Street

A diferencia de España, los indignados de Nueva York aceptan el apoyo de los sindicatos y de los famosos. Pero no quieren líderes y cuestionan a los partidos y al propio Obama

BARBARA CELIS 09/10/2011
He sido diplomático durante 15 años. He asistido a decenas de reuniones del Consejo de Seguridad de la ONU, me he sentado con jefes de Estado de todo el mundo, he visto cómo los Gobiernos se dejan corromper por los bancos y las empresas y al final, me convertí en un cínico. Pero durante las últimas dos semanas he recuperado mi pasión por la política, que alimento desde niño. Una de las conversaciones más interesantes que he vivido en los últimos años la tuve sentado en la plaza de la Libertad".

La idea de que la protesta puede ser una amenaza para la reelección de Obama es parte de las discusiones

"El 15-M destapó una España secuestrada por el voto útil, creo que en EE UU pasará lo mismo", opina un indignado

Carne Ross no es un joven romántico, hippie o perrofláutico. A muchos de los integrantes del 15-M se les trataba de encasillar ahí y ahora ocurre lo mismo con su réplica estadounidense, los que apoyan al movimiento Occupy Wall Street, nacido hace tres semanas en Nueva York y contagiado ya, en pequeñas dosis, al resto de Estados Unidos. Ross es la prueba de que esos movimientos incluyen a gente heterogénea, desde estudiantes a personas con larga trayectoria profesional. Ross era parte del cuerpo diplomático de Gran Bretaña hasta 2004, en que renunció a su puesto ante la ONU, un año después de la invasión de Irak, "por problemas de conciencia ante una guerra que justificamos creando pruebas inexistentes".

Él habla de la Plaza de la Libertad, el nombre con el que se ha rebautizado el parque Zucotti, en las inmediaciones de la zona cero, el lugar de Nueva York donde se mantiene el movimiento de protesta. Carne Ross, cerca de los cincuenta, define así la plaza: "Quienes afirman que solo hay un puñado de idealistas trasnochados no tienen ni idea de lo que está pasando. Allí se está construyendo el futuro, cada tarde, con la voz y la participación de todos. Sé que cuesta entenderlo cuando has vivido creyendo que la democracia de partidos es la mejor forma de gobierno posible. Pero somos muchos los que hemos dejado de creer en el voto y ahora buscamos nuevos caminos a través de la participación ciudadana". Hoy dirige Independent Diplomat, una organización que da "asesoramiento diplomático" a aquellos que apenas tienen voz, como el Frente Polisario. Para él, entrar en la plaza de la Libertad, donde se desarrolla la protesta contra el poder financiero que encarna Wall Street, ha significado poder escuchar un crisol de propuestas que se construyen día a día en las asambleas abiertas y grupos de trabajo independientes, sin líderes ni mayorías, solo con decisiones consensuadas.

¿Quiénes están realmente en el corazón de la protesta? Lo que arrancó "con bastante gente antisistema, en el sentido tradicional de la palabra", se ha abierto deprisa a "un crisol muy amplio de ciudadanos, incluida mucha gente que pasaba de política o sindicatos, organizaciones que aquí no se ven con recelo como ocurría en España, sino como una forma de hacer crecer el movimiento". Lo explica Antonio, un español implicado en la indignación neoyorquina, que pide ser llamado simplemente así.

Robert Grodt, uno de los jóvenes pioneros de la plaza, lo confirma. "Yo estoy a favor de todos los que se quieran unir. Los sindicatos son bienvenidos, siempre que entiendan que aquí no queremos líderes. Y los famosos, igual. Muchos son muy majos. Y nos traen más gente, así que está bien que se sigan sacando fotos por aquí. Este lugar está abierto a todos", asegura Grodt, californiano, de 24 años.

La idea de que la protesta podría convertirse en una amenaza para la reelección de Obama forma parte de discusiones y grupos de trabajo, como lo son muchas otras. "La política estadounidense está obsesionada con las elecciones y aún falta un año. Aquí lo que importa son los problemas a resolver. El resultado de las elecciones ahora da igual", declara a EL PAÍS la activista y analista política Naomi Klein, expresando un sentimiento muy compartido en la plaza.

En ese nuevo ágora en ebullición, cada uno sigue sus inquietudes. Carne Ross ahora busca una cosa: crear un sistema bancario alternativo. "El actual está en la raíz de esta crisis económica y es necesario otro diferente. Queremos generar formas participativas de gestionar el dinero y la política y por eso estamos recopilando propuestas, como los bancos-cooperativa".

La protesta en Wall Street arrancó el pasado 17 de septiembre con una tímida manifestación de apenas 2.000 personas. Los participantes apuntaron con el dedo al culpable genérico de la crisis económica: el poder financiero, ese 1% que posee el 40% de la riqueza de un país en el que 46 millones de personas viven por debajo del umbral de la pobreza, 50 millones carecen de seguro médico y el índice de desempleo no baja del 9% -muy alta para la historia laboral de Estados Unidos-. Solo 110 millones de electores, de los más de 230 millones que podrían haberlo hecho, ejercieron su derecho al voto en las últimas elecciones presidenciales.

Esas cifras podrían extrapolarse a la situación que se vive en otros países democráticos, donde la crisis económica ahoga y la participación electoral se reduce. "Creo que el 15-M destapó una España secuestrada por el voto útil, dio un puñetazo sobre la mesa y dejó claro que en una democracia bipartidista, cuando ambos partidos son fagocitados por corporaciones y bancos, incluso ese voto deja de servir y hay que buscar otras vías. En Estados Unidos creo que va a pasar lo mismo que en España".

Otros sostienen que el discurso del líder político ha muerto. "Barak Obama era el más preparado, el más inteligente, el más guapo... y no ha hecho nada de lo que prometió. Seamos benevolentes y digamos que no le han dejado los republicanos. No importa. Solo demuestra que votar y luego irte a tu casa y esperar a que los políticos te resuelvan la vida ya no funciona. Por eso hay que valorar el movimiento político Occupy Wall Street. La alternativa al poder somos nosotros, todos los ciudadanos". Todo esto lo explica Antonio, filólogo, que participó en la marcha en apoyo a la Spanish Revolution del 21 de mayo pasado en Nueva York, de la que se escindió un grupo que apostó por la internacionalización del movimiento 15-M.

Integrado por una decena de profesores, doctorandos, o artistas, este grupo conectó a lo largo del verano con otros colectivos ciudadanos. Y cuando la revista Adbusters llamó de forma simbólica a la ocupación de Wall Street "el Diecisiete de Septiembre" -denominación que no se ha consolidado-, ese grupo de varias nacionalidades recogió el guante e hizo correr la voz. Hoy, esos españoles se ocupan del Open Forum, una cita diaria para el debate económico en la plaza "que busca producir conocimiento e intercambio de ideas", en palabras de Vicente Rubio. Allí han acudido el Nobel de Economía Joseph Stieglitz, Jeffrey Sachs y Naomi Klein, pero también dirigentes de comunidades latinas y afroamericanas fuertemente afectadas por la crisis.

La anómala condición legal del parque Zuccotti, (alternativa improvisada a un Wall Street en que la policía les impidió quedarse) ha facilitado la permanencia de los manifestantes. Al ser de propiedad privada, pero de uso público, no se rige por las normas vigentes en los parques gestionados por el Ayuntamiento, que se cierran a las diez de la noche. "Nosotros haremos valer la ley cuando el dueño nos pida que les echemos", declaraba a los pocos días un portavoz policial. Aún no ha ocurrido y, mientras tanto, el paso de estrellas mediáticas como el cineasta Michael Moore o la actriz Susan Sarandon, más las detenciones masivas de cientos de personas el anterior fin de semana, han dado visibilidad a una acampada que ha evolucionado de débil enclave ignorado por la prensa a pequeño "poblado de Astérix", con su farmacia, biblioteca, cocina...

Muchos no conocen una de las mayores paradojas de esta ocupación: Brookfield Properties, la inmobiliaria propietaria del parque, también gestiona un edificio enemigo: el 245 de Park Avenue, la antigua residencia de Bearn Stearns, la primera institución financiera que alcanzó el colapso en Estados Unidos, en marzo de 2008, y que fue adquirida a precio de saldo por JP Morgan Chase, uno de los grandes beneficiarios de la crisis.

La casualidad quiso que un día antes de iniciarse la protesta, el alcalde Michael Bloomberg, hablando de la situación económica, advirtiera: "El público sabe que algo no funciona en este país. Y es cierto. Y están enfadados. Hay un montón de jóvenes que se gradúan y no encuentran trabajo. Eso es lo que ha pasado en El Cairo. Eso es lo que ha pasado en Madrid. Y nosotros no queremos ese tipo de protestas en Nueva York". El alcalde prácticamente no ha dicho más sobre lo sucedido posteriormente y no ha dejado claro si permitirá que continúe la acción de protesta en curso. El presidente Obama, a las tres semanas de iniciado el movimiento, reconocía la "frustración ante la crisis" de los indignados estadounidenses, mientras su vicepresidente los definía como "un grupo con mucho en común con el Tea Party", la corriente de extrema derecha surgida tras el rescate bancario de 2008.

El jueves de esta semana, Naomi Klein contestaba en la abarrotada plaza de la Libertad: "Occupy Wall Street no es una respuesta al Tea Party. Es la respuesta al partido Demócrata". Jessica Stickler, una portavoz de Moveon.org, que agrupa a cinco millones de jóvenes que fueron clave en la elección de Obama, se mostraba cauta. Su colectivo aún no ha decidido si apoyará al actual presidente. "De momento no vamos a apostar por nadie", indica. Habla de "la decepción" de sus integrantes con el rumbo que ha tomado "la política de Washington", mientras enarbola los 10 puntos del Contrato por el Sueño Americano, cuyo principal representante es Van Jones, primer caído de la administración Obama (fue su zar verde) al que se le atribuía un pasado "demasiado radical". Jones lidera un movimiento cercano al partido Demócrata que, entre otras cosas, también pide un impuesto sobre el flujo de capitales -como la mayoría de los que se encuentran en la plaza. El grupo sí nació en respuesta al Tea Party, según han proclamado ellos mismos. "Pero Occupy Wall Street aspira a más. Aspira a separar el poder político del económico, como se separó hace siglos el religioso del político. Desde fuera nos piden propuestas concretas, una obsesión que corre paralela a la falta de exigencias a los políticos", explica Antonio, con más de una década en la ciudad.

No obstante, para los afroamericanos es difícil renegar de su primer presidente negro. "Él advirtió que tardaría dos legislaturas en cumplir sus promesas. Le han dado muchos golpes. Yo le volveré a votar", comentaba un músico de hip hop de tamaño XL, involucrado en la Coalition for Public Education, dirigida a mejorar la educación de los de su minoría. Ben, un neoyorquino veinteañero embarcado en la creación de un videojuego "para explicarle al mundo de qué discutimos en la plaza", también piensa igual. Y es que Obama para muchos aún representa un sueño agridulce difícil de abandonar.

Tres semanas después de nacer, el movimiento sigue creciendo tras el apoyo recibido en una marcha de 20.000 personas organizada por los sindicatos para sellar su compromiso con Occupy Wall Street. Jackie di Salvo, una profesora universitaria implicada en la organización, fue la que buscó su apoyo. "Ya no tienen tanto peso como antes pero agrupan y defienden a miles de personas en este país que representan a la clase trabajadora, la que sufre la crisis. Sabía que su apoyo era fundamental para impulsar este movimiento, aunque aquí nadie quiera líderes". En el seno de esos sindicatos, incluido el de ella, el debate sobre Obama está candente, según confirman a este diario miembros de diversos colectivos.

El tejido de organizaciones civiles estadounidenses, fuerte hasta 1968, fue aniquilado poco después: asesinados o encarcelados sus líderes políticos, se eliminó la educación gratuita universitaria, se encareció la vivienda y el seguro médico, y los jóvenes dejaron de tener tiempo para implicarse políticamente: había que ganar dinero para pagar los estudios. En Nueva York, uno de los bastiones progresistas del país junto a California, la ley Taylor penalizó las huelgas de empleados públicos, reduciendo así el poder de los sindicatos de forma radical. Las protestas antiglobalización de Seattle marcaron un renacer de los movimientos sociales a finales de los noventa. Pero el 11-S los abortó, transformando a todo activista en sospechoso de terrorismo. "Perecimos bajo la ola de patriotismo y militarismo que siguió a los ataques (a las Torres Gemelas) y nos hizo desaparecer completamente", recordaba Naomi Klein.

El movimiento contra Wall Street marca una nueva etapa en ese sentido, que simbólicamente también grita "la imaginación al poder", pero de momento, y sobre todo, "banqueros a la cárcel", "políticos, a casa" y "ciudadanos al ágora, a crear una nueva democracia". En la plaza de la Libertad les bendice desde el primer día una escultura a la que muchos se refieren como "ese chisme rojo". La firma el expresionista abstracto Mark di Suvero y su título es Alegría de vivir. Es el sentimiento que de momento se respira entre los indignados por haber ocupado las calles y abrazado el debate de ideas. Y es posible que eso también sea una paradoja. Alegría e indignación nunca fueron de la mano. ¿Hasta ahora?
A ocupar Wall Street

Juan Gelman

Tomado de www.pagina12.ar



Es la consigna de centenares de jóvenes -y no tan jóvenes- que desde hace dos semanas protestan en el Zuccotti Park, ex Liberty Plaza Park, en pleno centro financiero de Nueva York. La Policía detiene a algunos, les rocía la cara con pimienta a otros, pero ellos no abandonan el lugar donde se reúnen y debaten qué hacer. Alzan carteles que dicen ''Me gradué, no tengo trabajo'' y están tan indignados como sus coetáneos españoles.
Los medios no les hacen mucho caso, el New York Times los tilda de actores de ''un progresismo de pantomima'', pero los reclamantes viven en un país con 14 millones de desocupados según cifras oficiales (www.bls.gov, 2-9-11) o 34 millones según estimaciones europeas (www.eutimes.net, 6-3-11). En el extremo opuesto de la pirámide social, exactamente en la cúspide, se encuentra Bill Gates, el más rico de los 400 estadounidenses más ricos en la lista de Forbes, con bienes por valor de 54.000 millones de dólares (www.forbes.com/forbes400, 21-9-11). Los 400 tienen juntos más riqueza que 180 millones de sus conciudadanos juntos (www.politicalfact.com, 5-3-11) y su total, que asciende a 1,5 billón de dólares, aumentó un 12 por ciento respecto del 2010 (//blog.nj.com, 20/9/11). Decididamente, la crisis económica global tiene características especiales en la primera potencia del mundo. Y ciertas curiosidades.
Los CEO o directores ejecutivos de las grandes empresas reciben en promedio 11 millones de dólares anuales (www.aflcio.org/corporate watch, 2011) y aun ganan dinero ya en la tumba si fallecieron durante el desempeño de sus funciones. La familia de Eugene Isenberg, CEO de la Nabor Industries especializada en la perforación de pozos de petróleo, habría recibido 263,6 millones de dólares en concepto de compensaciones póstumas, incentivos, bonos y diferentes seguros de vida si Eugene hubiera muerto antes de que la empresa renegociara el trato (The Wall Street Journal, 10/6/08). Para Michael Jeffries, de la fábrica de ropa Abercrombie & Fitch, la suma concertada fue modesta: apenas 17 millones de dólares (www.marketwatch.com, 13/5/09). Huelga decir que no es la situación de muchos asalariados que mueren antes de retirarse, incluso en sus lugares de trabajo.
Pocas compañías estarían dispuestas a conceder compensaciones póstumas a las familias de sus empleados, por mínimas que fueran. Pasa lo contrario y es siniestro: hace años que las empresas estadounidenses conciertan seguros de vida para sus millones de operarios, obtienen así descuentos fiscales y embolsan el importe cuando alguno de ellos fallece. El Wall Street Journal narró el caso de la viuda de un empleado de banco que demandó al Amegy Bank de Houston reclamando los 1,6 millón de dólares que la entidad recibió por el seguro de vida de su marido, un seguro que los directivos habían contratado meses después de que lo operaran de un cáncer y que mantuvieron a pesar de haberlo despedido (//online.wsj.com, 24/2/09).
A poco más de un año de los comicios de los que espera salir reelecto, el presidente Obama presentó al Congreso un plan para reducir el déficit fiscal, que llegó a 1,23 billón de dólares en agosto pasado, es decir, el 8,5 por ciento del PIB nacional. El plan incluye un alza tributaria para los que tienen ingresos anuales superiores al millón de dólares: es la llamada ''norma Buffet'', por el multimillonario Warren Buffet, que desde 2007 proclama que él y sus amigos ''megarricos'' suelen pagar menos impuestos que el ciudadano corriente y que, en consecuencia, habría que aumentarles la imposición fiscal. Es difícil que la aprueben los republicanos pero, aunque lo hicieran, el número de alcanzados por la norma llegaría al 0,3 por ciento de los contribuyentes y rala sería la recaudación posible en una década, estima el New York Times (17/9/11). Claro que, como movida electoral, no es mala.
El plan de Obama propone una inversión de 447 mil millones de dólares para crear fuentes de empleo, pero algunos especialistas no comparten el optimismo que despierta una proposición que tampoco goza del afecto de los republicanos. ''Tiende más bien a conservar puestos de trabajo que a aumentarlos'', opinó el conocido estratega financiero John Hermann (www.bloomberg.com, 27/9/11). Contribuiría a crear o a mantener unos 280.000 empleos en los dos próximos años, cantidad muy exigua dada la desocupación imperante.
Por Internet se organizan y alimentan las manifestaciones de Zuccotti Park, como sucedió en Egipto, y el twitteo es la vía de contacto preferida. De la revolución egipcia han aprendido otras lecciones: el régimen de Mubarak bloqueó Internet con eficacia y un grupo de expertos y activistas está empeñado en generar redes alternativas para el caso de que algo similar eventualmente se produzca (//chronicle.com, 18/9/11). Con la ayuda de las nuevas técnicas, las redes sociales han adquirido un peso político notorio y bien lo saben quiénes invitan a ocupar Wall Street.
Los ocupantes indignados

Por: Dharmadeva

Uno de los ocupantes de Wall Street, en el corazón de la Gran Manzana, comenta que la protesta que allí se lleva a cabo “señala lo disfuncional que es nuestro sistema económico”, y añade: “debemos remodelarlo para las necesidades humanas y no para las ambiciones de las corporaciones”. Y tiene razón. Como se volvió obligatorio alabar el capitalismo, que está blindado por un tabú, las críticas a este sistema se señalan de herejía, terrorismo y deslealtad, cuando menos.
El capitalismo, tal como va, se ha convertido en un desastre social, ineficaz para distribuir la riqueza; se ha especializado en fomentar la desigualdad y prohijar un “totalitarismo invertido” que llega hasta el alma de los ciudadanos de las llamadas democracias que lo sostienen. La realidad no está tan lejana del eslogan extremo que proclaman los ocupantes de Wall Street: “el 1% de la gente posee el 99% del dinero”. Y por eso hay indignados de todo el mundo que salen a la calle y ponen en evidencia que la Bolsa, las corporaciones, los bancos, las aseguradoras y las hipotecas han roto por las vértebras el “sueño americano”.
Estas protestas fueron al principio cubiertas por los medios —que son a su vez dependientes de las corporaciones— de una manera lateral y desdeñosa. El 6 de octubre dice el New York Times: “Occupy Wall Street es un difuso grupo de activistas que dicen estar contra la codicia corporativa, la desigualdad social y otras disparidades entre ricos y pobres”. Pero cuando los ciudadanos del común comienzan a salir y la ola va más allá de Nueva York y se esparce poco a poco, hay señales de alerta. La policía comienza sus usuales arrestos y violencias, la prensa se ve obligada a cubrir las proclamas de la gente, el “sistema nervioso” engatilla sus armas y se prepara para la defensa de la seguridad nacional del Estado, como si los miles de hombres y mujeres que salen a decir que ya están hartos de tanta inequidad no fueran, precisamente, los verdaderos y mayoritarios integrantes de ese Estado.
Comenta otro activista, el poeta Phil Rockstroh: “Estos aquí reunidos responden al ansia humana de vivir sin cadenas. Por eso intentan alejarse navegando en dirección opuesta de las áridas zonas del aislamiento y la alienación que produce el totalitarismo invertido de un estado corporativo/consumista/de seguridad nacional”.
Porque los poderes que creen manejar el mundo a su arbitrio se meten en la siquis, suya y mía, y nos convencen de que vender el alma con tal de estar cómodos es magnífico, y nos enseñan que la conformidad y la resignación nos hacen ciudadanos ejemplares. El problema es que ya hay muchos que desde hace tiempo no se tragan ese cuento, por ejemplo los ocupantes indignados.
Y si los colombiano nos preguntáramos si nos conciernen las protestas gringas, la respuesta la da el mismo poeta: “Sí, hay que ocuparlo todo, empezando por tu propio corazón. De otra manera serás reducido por las fuerzas de la iglesia, el Estado, la corporación, el matón de tu cuadra y el amigo de agresiva pasividad que está dizque a tus órdenes”.

Declaración de principios de la ocupación de la Ciudad de Nueva York
El presente documento ha sido consensuado por la Asamblea General de NYC con fecha del 29 de septiembre de 2011
En estos momentos en los que nos reunimos solidariamente para expresar un sentimiento de injusticia generalizada, no debemos perder de vista lo que nos ha unido. Escribimos estas palabras para que todos aquellos que se sientan agraviados por los poderes corporativos del mundo sepan que nosotros también estamos a su lado.

Como un solo ser, unidos, nos encontramos ante una realidad en la que el futuro de la especie humana depende de la cooperación de sus miembros; en la que nuestro sistema debe proteger nuestros derechos y, en caso de que el sistema se corrompa, queda en manos de las personas proteger sus propios derechos y los de sus vecinos; en la que un gobierno democrático deriva su competencia legítima de su pueblo, pero las corporaciones no piden permiso para expoliar la riqueza de la gente o de la Tierra; y en la que no es posible una democracia real, cuando el proceso depende de los poderes económicos. Apelamos a ustedes en un momento en el que las corporaciones, que ponen por encima el beneficio a las personas, sus propios intereses a la justicia, y la opresión a la igualdad, son las que manejan nuestros gobiernos. Nos hemos reunido aquí pacíficamente, pues es nuestro derecho, para que se conozcan estos hechos.


Las corporaciones se han quedado con nuestras casas mediante procesos ilegales de ejecución hipotecaria, a pesar de no contar con la hipoteca original.
Con total impunidad, se han quedado con los rescates provenientes del dinero de los contribuyentes, al mismo tiempo que continúan concediéndoles exorbitantes primas a sus directivos.
Han perpetuado la desigualdad y la discriminación en el entorno laboral en función de la edad, el color de la piel, el sexo, la identidad de género y la orientación sexual.
Han emponzoñado las reservas alimenticias por su negligencia, y han minado el sistema agrario mediante el monopolio.
Han sacado provecho de la tortura, la reclusión y el trato cruel de innumerables animales, y se han puesto de acuerdo para ocultar dichas prácticas.
Han tratado constantemente de despojar a sus empleados de sus derechos a la hora de negociar un aumento de sueldo o unas condiciones laborales más seguras.
Han esclavizado a los estudiantes con decenas de miles de dólares en deudas para recibir una educación que es, en sí misma, un derecho fundamental de los seres humanos.
Han externalizado sistemáticamente la mano de obra y empleado dicha externalización como medida de presión para recortar la asistencia sanitaria y el sueldo de los trabajadores.
Han manipulado a los tribunales para obtener los mismos derechos que las personas, sin que recaiga sobre ellas ningún tipo de culpabilidad o responsabilidad.
Han despilfarrado millones de dólares en equipos de asesoramiento jurídico para encontrar el modo de librarse de contratos de cara a las coberturas sanitarias.
Han comerciado con nuestra privacidad como si fuera una materia prima más.
Han empleado las fuerzas militares y policiales para impedir la libertad de prensa. Se han negado deliberadamente a retirar del mercado productos defectuosos que ponían en peligro vidas, únicamente en pro de su beneficio.
Son las que establecen las políticas económicas, a pesar de los fracasos catastróficos que dichas políticas han producido y continúan produciendo.
Han donado grandes sumas de dinero a los políticos, que son los responsables de dictar las normas que las regulan.
Continúan bloqueando formas alternativas de energía para que sigamos dependiendo del petróleo.
Continúan bloqueando los medicamentos genéricos que podrían salvar vidas o proporcionar una útil ayuda, únicamente con la intención de proteger sus inversiones que ya han producido sustanciosos beneficios.
Han ocultado deliberadamente derrames de petróleo, accidentes, fallos en la contabilidad e ingredientes inactivos, solamente en pro de su beneficio.
Han mantenido deliberadamente a la gente desinformada y con miedo, mediante su control de los medios de comunicación.
Han celebrado contratos privados para acabar con la vida de presos, incluso cuando se habían presentado dudas legítimas sobre la culpabilidad de los mismos.
Han perpetuado el colonialismo tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Han participado en actos de tortura y en el asesinato de civiles inocentes en el extranjero.
Continúan creando armas de destrucción masiva para ganar contratas con el gobierno.*
A la gente de todo el mundo:
Nosotros, la Asamblea General de la Ciudad de Nueva York que ocupa Wall Street en Liberty Square, les instamos a que reivindiquen su poder.
Ejerzan su derecho a reunirse pacíficamente; a ocupar el espacio público; a crear un proceso para gestionar los problemas a los que nos enfrentamos; y a generar soluciones accesibles para todos.
A todas las comunidades que entren en acción y formen grupos inspirados en la democracia directa, les ofrecemos apoyo, documentación y todos los recursos que tenemos a nuestra disposición.
¡Únanse a nosotros para que su voz también se oiga!
*Esta enumeración de agravios no es cerrada ni está completa.


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