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Los intelectuales autonomistas y la nación cubana (1878-1898). Lic. Dainerys Naranjo Fagundo1, Lic. Yoandy Sergio Villalonga Arencibi


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LOS INTELECTUALES AUTONOMISTAS Y LA NACIÓN CUBANA (1878-1898).

Lic. Dainerys Naranjo Fagundo1, Lic. Yoandy Sergio Villalonga Arencibia.2

1. Universidad de Matanzas “Camilo Cienfuegos”, Vía Blanca Km.3, Matanzas, Cuba.

2. Universidad de Matanzas “Camilo Cienfuegos”, Vía Blanca Km.3, Matanzas, Cuba.

Resumen.

El Partido Liberal Autonomista cubano se fundó en agosto de 1878 por un grupo de intelectuales como José María Gálvez, Eliseo Giberga, José A. Cortina, Rafael Montoro, entre otros. Este partido, basó su política en pedir reformas a España para transformar la realidad cubana, pero sin cuestionar la unidad nacional entre ambos territorios y la pertenencia de Cuba a España. Los intelectuales que pertenecían al Partido Autonomista defendieron la concepción de “la unidad territorial entre Cuba y España” a partir de la defensa de la nacionalidad hispánica de la isla. Además, definieron las características que debía tener la nación e hicieron énfasis en cuestiones sociales como: la abolición de la esclavitud, la igualdad racial y la inmigración. En este ensayo se fundamentan las concepciones de los intelectuales autonomistas cubanos sobre los temas mencionados anteriormente.



Palabras claves: intelectuales autonomistas cubanos, unidad nacional, nación, abolición de la esclavitud, inmigración, igualdad racial.

(La nación)

Aún hoy no es, ni será nunca únicamente el territorio en que se nace: aún es y siempre será aquella entidad, tan real como es real, aunque invisible e impalpable, la atmósfera, en que entra el territorio nacional dentro del cual se fija y dilata, pero también algo más que el territorio: los recuerdos del pasado, las aspiraciones del presente, los sueños del porvenir, el modo común de ser y de sentir, la comunidad de carácter, de sentimientos; de ideas, de aficiones; las instituciones y costumbres propias e ingénitas (…), la sangre que heredamos y las palabras que aprendemos en la cuna.

Eliseo Giberga.

El fin de la Revolución del 68 trajo transformaciones para la sociedad colonial cubana que pudieron constatarse en acciones como la fundación de partidos políticos, siendo los más importantes: el Partido Liberal, posteriormente Autonomista y el Partido Unión Constitucional.

El primero de estos, fue fundado en agosto de 1878 por intelectuales como: José María Gálvez, José Antonio Cortina, Eliseo Giberga, Antonio Govín, Rafael Montoro, Rafael Fernández de Castro, Carlos Saladrigas, entre otros. Estos autonomistas fueron, la mayoría, abogados que defendieron la unidad de Cuba y España pero con un gobierno que ampara la mayor descentralización posible.

Los intelectuales autonomistas fundamentaron sus concepciones sobre la unidad entre Cuba y España en sus juicios sobre la nación y la nacionalidad. Los juicios de los autonomistas sobre la nacionalidad cubana se basaron en la defensa de la españolidad de la isla y por tanto, de su pertenencia a la nación española. El investigador Luis Miguel García Mora ha opinado que “A lo largo del siglo XIX la idea de nación en Cuba ha tenido distintas manifestaciones, una reformista-autonomista, que siempre se expresó desde la legalidad colonial, frente a otra revolucionaria e independentista que a diferencia de la anterior, no trató de acomodarse al orden colonial, sino acabar con él.” (García y Naranjo, 1997: 117)

En 1887, Eliseo Giberga se oponía a la anexión de Cuba a los Estados Unidos y la condenaba rotundamente, calificaba la tendencia anexionista de determinados hacendados cubanos de “anexionismo materialista, inspirado únicamente en el afán de mejorar la situación material del país y con ella la de las fortunas privadas”. (1887: 94) El antianexionismo de figuras del autonomismo como Eliseo Giberga fue un reflejo de la defensa de la españolidad de Cuba y la unidad entre esta y España.

Este matancero fue uno de los principales representantes del Partido Autonomista cubano, tanto en la isla como en las cortes españolas. Además, mostraba su preocupación con los deseos de anexión de Cuba a los Estados Unidos porque provocaría que “nuestra patria, nuestra Cuba, la que amamos, la que forma un pueblo, como tal distinto de los demás, con su propio y peculiar espíritu, desaparecería para siempre con la anexión” (Giberga, 1887: 94).

Esta preocupación, ante el peligro de la anexión de Cuba a Estados Unidos, había sido expresada, anteriormente, por José Antonio Saco cuando le escribió a Gaspar Betancourt Cisneros:

“En cuanto a mí, a pesar de que conozco las inmensas ventajas que obtendría Cuba con esa incorporación pacífica, debo confesar con todo el candor de mi alma, que me quedaría un reparo, un sentimiento secreto por la pérdida de nuestra nacionalidad, de la nacionalidad cubana. Somos en Cuba algo más de 400 000 blancos. Nuestra isla puede alimentar algunos millones de ellos. Reunidos al Norte-América, la emigración de este a Cuba sería muy abundante, y dentro de pocos años, los yanquis serían más numerosos que nosotros, y en último resultado no habría reunión o anexión, sino absorción de Cuba por los Estados Unidos.

Nunca olvidemos que la raza anglo-sajona difiere mucho de la nuestra por su origen, lengua, religión, usos y costumbres, y que desde que se sienta con fuerzas para balancear el número de cubanos, aspirará a la dirección política y general de todos los asuntos de Cuba…” (Saco, 1848: pp. 70-71)

La preocupación por lo que representaba la anexión de Cuba a los Estados Unidos era anterior a la fundación del Partido Autonomista y para intelectuales como José Antonio Saco había sido una preocupación. Los autonomistas preferían el vínculo con España y no con Estados Unidos porque así no se perderían los elementos fundamentales de la nacionalidad cubana: el idioma, la idiosincrasia, la cultura, las tradiciones, etc. Para estos intelectuales autonomistas, “la unidad territorial” entre Cuba y España no era un peligro, sino un garante, de que se mantuvieran los componentes identitarios de la nacionalidad cubana.

Aún así, estas personalidades sabían que los vínculos económicos con Estados Unidos eran muy importantes para Cuba. Planteaban la necesidad de que estas relaciones comerciales se sustentaran sobre la base de la reciprocidad arancelaria entre Cuba y otras naciones: “otorgando á todos los productos extranjeros en las aduanas y puertos de la Isla, las mismas franquicias y privilegios que aquéllos conceden á nuestras producciones en los suyos.” (Programa…, 1986: 410) Este lineamiento del Programa Político del Partido Autonomista intentaba colocar a Cuba, a través de los Estados Unidos, en el mercado mundial capitalista; en el cual España no se presentaba con fuerza y, en este sentido, las relaciones económicas con la Metrópoli presentaban notables limitaciones.

Además, después de finalizado el poder colonial español sobre Cuba, figuras del autonomismo como José María Gálvez se afiliaron a la idea de Cuba bajo un protectorado norteamericano. (Naranjo, 2009) No obstante esta posición posterior, los autonomistas, en el período que analizamos en este artículo, defendieron la cultura española de Cuba e intentaron que esta perdurara en el tiempo a través de diferentes mecanismos como la inmigración.

Los intelectuales autonomistas cubanos y la nación cubana.

Para los intelectuales autonomistas, la nación cubana debía beneficiarse de una evolución gradual que le permitiera desarrollarse y alcanzar la autonomía. El abogado José María Gálvez, Presidente de la Junta Central del Partido Liberal Autonomista, aseveró que los principios que aseguraban la eterna unión entre la Metrópoli y sus colonias, eran: el lazo del amor y la armonía de los intereses. (1880: 72) La autonomía permitiría que estos lazos de amor y la armonía de los intereses entre la metrópoli y la colonia, se mantuvieran y solidificaran.

Entonces, para justificar esta concepción, los autonomistas se basaron en la doctrina evolucionista de Spencer que les sirvió como teoría para negar la obtención de la independencia de la isla mediante la utilización de los recursos revolucionarios. Estas ideas transponían la teoría de la evolución biológica a la sociedad y concebían las revoluciones como regresiones y atavismos sociales.

Sin embargo, el historiador español Luis Miguel García Mora ha opinado que: “En el fondo, su posición se explica más por sus intereses de clase, que por cualquier pensamiento filosófico que sólo les ofrecía una coartada para justificar su política. Los autonomistas, en primer lugar, eran conscientes de sus intereses, de las necesidades de la sociedad cubana y de los medios más óptimos para conseguir la resolución de sus fines. Posteriormente, como intelectuales de su tiempo, encontraron en el evolucionismo y el positivismo argumentos filosóficos para dar cuerpo teórico a su ideología. (1997: 119)

La autonomía era el modo mediante el cual los intelectuales autonomistas concebían la implantación de reformas que progresivamente transformarían la sociedad. La sociedad cubana para transitar hacia la civilización necesitaba del apoyo de la metrópoli española y en concordancia con esta idea expresó José María Gálvez que la colonia cubana como una sociedad en plena formación, necesitaba que la metrópoli le procurase un desenvolvimiento económico con toda suerte de facilidades para su comercio. (Gálvez, 1880: 77) En su concepción de nación, Cuba necesitaba de una potencia que le facilitara el camino hacia la modernidad y la civilización.

Las ventajas de la autonomía de Canadá fueron difundidas por figuras del autonomismo como Ramón Meza (1891), José María Gálvez (1880: 72), Rafael Montoro (Actas del PLA, 26 de enero de 1887), entre otros. Ellos tomaban como ejemplo a los Dominios del Canadá que habían alcanzado la autonomía en 1867 y mostraban los logros alcanzados a partir de ese momento como las metas que Cuba tenía en su futuro.

Estos, utilizaron numerosos espacios y momentos para difundir sus concepciones autonomistas y las ventajas que tenía esta forma de gobierno. Los periódicos oficiales del Partido, primero El Triunfo (1878-1885) y luego El País (1885-1898) fueron un espacio muy utilizado para difundir estas concepciones y los logros de los países en que se había implementado el régimen autonómico. Además, utilizaron periódicos como El Tábano, La Lucha, La Semana, entre otros, para difundir y propagar las ideas autonomistas.

Además, las reuniones por el aniversario de la fundación del Partido Autonomista fueron espacio de regocijo por los logros alcanzados y de llamado a luchar por cumplir las metas no conseguidas. Este momento fue un espacio para explicar las ideas autonomistas y captar adeptos a ella. Utilizaron las conferencias que se ofrecían en el Círculo Autonomista para difundir las concepciones autonomistas y exponer el modelo colonial inglés.

La Revista de Cuba (1877-1884), fundada y dirigida por el autonomista José Antonio Cortina, publicó artículos referidos a las ventajas de la autonomía y las concepciones positivistas y evolucionistas de filósofos como Comte y Spencer.

En estos espacios también difundieron los principios fundamentales de la nación que ellos soñaban. Entre los elementos tuvieron en cuenta los autonomistas en el diseño de la nación cubana que soñaban estaban: la cuestión racial, la esclavitud y la inmigración.



La nación pensada por los intelectuales autonomistas: esclavitud, inmigración e igualdad racial.

Desde que el Partido Liberal se había fundado en 1878, los autonomistas se habían preocupado por la abolición de la esclavitud. En el Programa Político del Partido se abogaba por la abolición de la esclavitud con indemnización, como estipulaba el artículo 21 de la Ley de Vientres Libres. Según la investigadora María del Carmen Barcia este planteamiento de los miembros del Partido Liberal Autonomista tenía relación con su situación económica, los cuales se habían convertido en hacendados venidos a menos y se encontraban ante la “disyuntiva de mecanizar sus fábricas de azúcar y ponerse a nivel del desarrollo tecnológico de la época, o conformarse con la esfera agrícola y convertirse en breve plazo en colonos de los ingenios mecanizados, por lo cual la indemnización les representaba la posibilidad de reunir algún capital que le permitiese abordar las necesarias transformaciones” (Barcia, 2000: 238-239)

Sin embargo, un año después pidieron la abolición de la esclavitud sin indemnización porque “El liberalismo autonomista era consciente de la dificultad que entrañaba formar un orden constitucional y democrático con el mantenimiento de la esclavitud y de ahí arranca su fervor abolicionista” (Mora, 2001: 728).

La cuestión de la abolición de la esclavitud fue uno de los temas más complejos dentro del Partido Liberal Autonomista y propició debates muy fuertes en las sesiones de la Junta Central de dicho Partido. La historiadora Mildred de la Torre ha expresado que: “Los propietarios de esclavos y miembros de la Central como José María Gálvez, Carlos Saladrigas, Eliseo Giberga y Rafael Fernández de Castro, imposibilitaban el acercamiento al radicalismo abolicionista, a la vez que, con frecuencia, lo cuestionaban de forma violenta. Este radicalismo fue expresado por José A. Cortina, Miguel Figueroa, Enrique José Varona, José del Perojo y, sobre todo, por Rafael María de Labra. Este último desde Madrid, a través de su cargo de Jefe de la delegación antillana ante las Cortes” (1997: 101).

Sin embargo, en el discurso de José María Gálvez, a pesar de la posesión de esclavos, se podía percibir la preocupación por el régimen esclavista cubano y su concepción sobre la necesidad de terminarlo.

“Estas son nuestras soluciones; mas, como lo han demostrado concluyentemente los notables oradores que me han precedido en el uso de la palabra, para que aquellos puedan dar sus naturales frutos, necesario es que vayan acompañados de otra grande y trascendental reforma: la abolición inmediata de la esclavitud. Tiempo es ya, señores, de que en el orden de los sucesos se cumpla lo que cumplido está en el orden de las ideas: tiempo es ya de que la ley dé satisfacción en este punto al corazón y á la inteligencia: tiempo es ya de que las brisas de esta tierra lleven á todas las frentes el refrigerio de la libertad.” (Gálvez, 1879: 48)

El año 1886 representó una ruptura en la política del Partido porque habían logrado uno de sus principales objetivos: la abolición de la esclavitud. El investigador García Mora piensa que para el Partido Liberal “conseguida esta e integrado el liberto en el “orden blanco”, la lucha contra la discriminación racial era un problema que debía resolver la evolución de la sociedad” (Mora, 2001: 728).

Sin embargo, el historiador cubano Yoel Cordoví muestra otra perspectiva de la cuestión, ha explicado que “En el modo de asumir la cuestión racial a finales del siglo XIX se definían dos tendencias regeneracionistas que desde sus respectivos puntos de vista buscaban solucionar el polémico asunto. Una de las líneas de regeneración era la que consideraba el negro apto para superar el atraso y la ignorancia en que estaba sumido y apelaba para ello a la educación como principal instrumento.” (Cordoví, 2003: 36)

Esta línea regeneracionista que consideraba al negro apto para superar el atraso y la ignorancia, se puede constatar en autonomistas como Enrique José Varona. Este intelectual refirió, en varias ocasiones, que los ex–esclavos necesitaban educación para asumir su nueva condición de hombres libres.

“Los hombres de color han sabido comprender lo que de ellos exige la nueva condición a que al fin son llamados, y quieren prepararse dignamente a los deberes del hombre libre y del ciudadano; para esto han convertido sus centros de recreo en centro de enseñanza, y han realizado por la asociación –que es la verdadera fórmula de todo progreso en la época actual- lo que el Estado no ha sabido hacer o ha hecho tan mal. Así ejecutaban una obra buena y patriótica y dan al mismo tiempo un grande ejemplo. Para que las clases se eleven al nivel que requiere la participación de derechos comunes es preciso la libertad. Esta es la condición de todo adelanto social, pero importa saber emplearla en provecho del procomún. Una raza totalmente desheredada en la vida del derecho y de la cultura no puede adquirir en un día los elementos con que cuentan las que con ella compiten para cumplir la difícil labor que deben realizar las sociedades; mas hay una vía –una sola- para que llegue a poseerlos: la educación, profusa y sabiamente distribuida. Y esto a todos importa igualmente, a los que están por educar y a los ya educados; porque un pueblo –por separado que se crean sus componentes- no puede padecer una parte, sin que todas adolezcan. Harto lo sabemos” (Varona, antes de 1895: 35-36)

La directiva del Partido Liberal Autonomista, en ocasiones se contradijo con la concepción anteriormente mencionada y en 1893, cuando Juan Gualberto Gómez era el líder del Directorio de la Raza de Color, le propuso al Partido Autonomista que apoyara “Que en las escuelas de color se admitan indistintamente los niños de color y los blancos.” (Actas del PLA, 23 de enero de 1893)

A lo cual contestó el Partido, en la figura de su presidente José María Gálvez, “que era de tenerse en cuenta las preocupaciones raciales; que los partidos políticos no incumbe la formación de costumbres.” (Actas del PLA, 23 de enero de 1893)

En el propio Partido hubo posiciones diferentes con respecto a este tema y en ocasiones, una misma figura mostró contradicciones en sus posiciones con respecto a la cuestión racial. La tendencia del Partido fue hacia la discriminación de las razas negra y china, pero defendiendo la integración de los que ya habitan en la isla a la sociedad cubana mediante la educación. La educación de estos sectores sociales permitiría que aprendieran a hacer uso de sus derechos y cumplir con sus deberes, facilitando su inserción en la sociedad.

También, el investigador Yoel Cordoví explica que la segunda tendencia regeneracionista, existente en esta época, tenía un carácter eminentemente excluyente porque abogaba por la absorción o exclusión de las “razas inferiores”, concebidas desde una perspectiva antropológica por la pigmentación de la piel. La corrupción y los altos niveles de criminalidad, según esta tendencia, extendida en América Latina, con ideólogos importantes como el brasileño Raimundo Nina Rodríguez (1862-1906), pensaba necesariamente por el punto de vista etnológico, y sus causas estaban relacionadas con la “impulsividad”; movimiento innato en este tipo de razas.

La extensión de la patología en condiciones climáticas adversas a la “evolución superorgánica”, según definición spenceriana del desarrollo social, no podían tener otra prescripción que la del cruzamiento racial, en busca de razas mejores y más adaptables. En tal sentido, las tesis del antropólogo M. de Gabineau, contrarias a las mezclas y a los cruzamientos étnicos; causantes de las variaciones biológicas en las “razas superiores”, y creadores de “los grupos satos en las razas humanas”, eran calificadas de “exageradas”, y creadores de “los grupos satos en las razas humanas”, eran calificadas de “exageradas”, y alegaban que la mezcla de razas desiguales tendía inevitablemente a eliminar la inferior.

En función de este objetivo, la inmigración blanca –española y canaria- se presentó como una de las principales líneas de la propaganda del P. L., siguiendo las tesis del “blanqueamiento” de José A. Saco y de los reformistas del 60. Los razonamientos en los círculos autonomistas, interesados en el fomento de la inmigración, no se circunscribían a este aspecto, pero evidentemente se trataba de un punto decisivo a tener en cuenta en los debates alrededor de los destinos políticos de la Isla.” (Cordoví, 2003: 41-42)

El Partido Liberal Autonomista, desde su Programa Político, se había referido a la necesidad de la inmigración blanca “exclusivamente”, prefiriéndola en familias que se asentaran en la Isla y trabajaran en su desarrollo; fomentando el colonato que no involucrase la compra permanente de fuerza de trabajo. Por este motivo, planteaba la necesidad de remover todas las trabas puestas a la inmigración peninsular y extranjera, siempre que esta fuera hecha por iniciativa propia. (Programa…, 1986: 410) La referencia de este programa político a la emigración “exclusivamente” blanca demuestra que la nación propuesta por los autonomistas prescindía, en gran medida, a la población de color y de origen asiático.

El Presidente del Partido Liberal Autonomista pensaba que la evolución social exigía otras evoluciones económicas y por esto, replicaba: “¡no más razas inferiores! No más causas de peligro y perturbación en el porvenir! A nuevo orden de cosas, nueva organización del trabajo agrícola. Hagamos por atraer familias peninsulares”. (Gálvez, 1 de febrero de 1884)

Para Gálvez, la inmigración de familias blancas tenía varias causas. La primera de ellas se debía a la supuesta inferioridad de los negros y los chinos que mostraba sus concepciones racistas y discriminatorias. La segunda causa también mostraba estas ideas, pensaba que sólo los blancos estaban aptos para el cultivo perfeccionado y que los negros y chinos eran salvajes y abyectos. (Gálvez, 29 de agosto de 1884)

Estas concepciones discriminatorias, Gálvez las mostró en sus escritos en la sección Picadas y Aguijonazos del periódico El Tábano (1882-1884). Sin embargo, en sus discursos públicos no hizo referencia a ello y enfatizó en las posibilidades que tenía el esclavo liberto para insertarse en la sociedad y hacer uso de sus derechos y deberes como ciudadanos.

Además, en el periódico El País (1885-1898), Gálvez con el seudónimo de Nazario escribió cartas desde Unión de Reyes que muestran su preocupación sobre la igualdad racial. El 23 de junio de 1892 escribió en el periódico:

“…cuando salió á este una mujer de color, joven, robusta, de bondadosa y plácida fisonomía: era nuestra antigua conocida, la buena Presentación. Quedose un momento suspensa, como si dudase de lo que veía; mas reconociéndome al punto, dilatose en franca alegría su redonda cara, y mostrando al descubierto sus blanquísimos dientes. -¡D. Nazario! exclamó. –Niña Chepita, aquí está D. Nazario! -;y por el movimiento indeciso de su brazo, dejaba adivinar que deseaba y no se atrevía á tenderme la mano; efecto del hábito inveterado de sumisión y de respeto que no ha desaparecido con la abolición, porque la igualdad de derechos que la abolición produjo, no ha podido trascender á las relaciones sociales entre las dos razas que principalmente forman la nación cubana.” (Gálvez, 1892)

La cuestión racial es uno de los temas más complejos en las concepciones autonomistas y muestra concepciones congruentes y divergentes con respecto a la abolición de la esclavitud, la inmigración y la igualdad racial.

A modo de conclusiones.

Los intelectuales que fueron miembros del Partido Liberal Autonomista diseñaron la nación cubana que deseaban. La nación se basaba en la unidad territorial entre Cuba y España y por tanto, se preocuparon porque la anexión de Cuba a otro país de cultura anglosajona pudiera afectar la nacionalidad cubana y defendieron constantemente la españolidad de la isla.

Concibieron una Cuba que pertenecía a España y que se gobernara mediante una Autonomía. Una Cuba en la que la esclavitud fuera abolida y los antiguos esclavos se educaran para insertarse a la sociedad y hacer uso de sus derechos y deberes como ciudadanos.

A la vez, pensaron que las razas china y negra eran inferiores a la blanca y pidieron inmigración española que trajera progreso y no “abyectos salvajes” como los negros. La igualdad racial fue una temática compleja para los autonomistas porque entre su membrecía se encontraban estos sectores sociales o ellos intentaban que así fuera. Entonces, sus verdaderas concepciones estaban mediadas por esta realidad.

El proyecto autonomista para Cuba defendía la pertenencia de la isla a España aunque reconocía la necesidad de comerciar con los Estados Unidos. Este no era un proyecto homogéneo, tenía diferentes matices y contradicciones entre los intelectuales autonomistas y en ocasiones, hasta en una misma persona. El concepto de nación autonomista se basó en los criterios antes mencionados de una nación blanca y dependiente.

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